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Ben 10 es traiciinado y ed adoptado por Bunny de game shakers
Fandom: ben 10/Game Shakers
Created: 4/14/2026
Tags
CrossoverIsekai / Portal FantasyScience FictionActionAdventureHumorBuddy Movie
El Héroe del Código y el Reloj
El aire en las oficinas de Game Shakers en Brooklyn solía oler a pizza fría, bebida energética y a la fricción de los cerebros de dos genios adolescentes tratando de superar un nivel imposible. Sin embargo, esa tarde, el ambiente cambió por completo. Un destello de luz verde esmeralda, tan intenso que eclipsó las pantallas de las computadoras, inundó la sala principal.
Babe se cubrió los ojos con el brazo, soltando un grito de frustración.
—¡Kenzie! Te dije que el nuevo prototipo de realidad virtual no estaba listo. ¡Me acabas de quemar las retinas!
—¡Yo no hice nada! —protestó Kenzie, agachada detrás de su escritorio—. ¡Mis dedos ni siquiera estaban en el teclado!
Cuando la luz se disipó, en medio de la alfombra, apareció un niño de unos diez años. Llevaba una camiseta blanca con una raya negra vertical, pantalones cortos verdes y un reloj de aspecto tecnológico bastante voluminoso en su muñeca izquierda. El niño sacudió la cabeza, despeinado, y miró a su alrededor con una mezcla de confusión y esa arrogancia típica de quien cree que siempre tiene el control de la situación.
—¿Abuelo? ¿Gwen? —preguntó el chico, antes de notar que no estaba en el bosque ni en el Rustbucket—. Genial... otro salto dimensional. O tal vez es solo un centro comercial muy extraño.
Hudson, que había estado observando todo desde el sofá con una bolsa de papas fritas en la mano, parpadeó un par de veces.
—Vaya... ese efecto especial es increíble. ¿Es un holograma? —Se acercó al niño y le picó la mejilla con un dedo—. Se siente muy real.
—¡Oye! ¡Cuidado con la cara, segundón! —exclamó Ben Tennyson, apartando la mano de Hudson con un manotazo—. Soy Ben Tennyson, el salvador del universo. ¿Y quiénes son ustedes? ¿Aliados de Vilgax? ¿O solo unos tipos con ropa rara?
Babe dio un paso al frente, recuperando su postura de líder.
—Mira, "Salvador del Universo", estás en Game Shakers. Yo soy Babe, ella es Kenzie, el despistado es Hudson y...
—¡Y yo soy Triple G! —exclamó Triple G entrando desde la cocina con un batido en la mano—. Espera, ¿quién es el niño nuevo? ¿Es un actor para el comercial de "Sky Whale"?
Ben resopló, cruzando los brazos sobre el pecho. Su mirada se posó en el reloj de su muñeca, que emitía un suave pitido rojo.
—No soy un actor. Soy un héroe. Y mi reloj se quedó sin energía justo cuando estaba a punto de darle una paliza a un robot gigante. ¿Dónde estoy? ¿Esto es Nueva York?
—Sí, Brooklyn —respondió Kenzie, acercándose con curiosidad científica—. Ese reloj... tiene una firma de energía que no he visto nunca. ¿Es tecnología de fibra óptica? ¿O microprocesadores cuánticos?
—Es el Omnitrix —dijo Ben, inflando el pecho con orgullo—. Es la tecnología más poderosa de la galaxia. Me permite transformarme en diez alienígenas diferentes... bueno, a veces más, si el reloj no decide darme al que no quiero.
Babe soltó una carcajada seca.
—Claro, y yo soy la reina de Inglaterra. Escucha, niño, no sé cómo entraste aquí, pero tenemos una entrega de un juego en dos horas y no tenemos tiempo para juegos de rol.
Ben frunció el ceño. Odiaba que no lo tomaran en serio, especialmente cuando era la pura verdad.
—¿Ah, sí? ¿Creen que miento? —Ben comenzó a presionar los botones del Omnitrix. El núcleo del reloj se elevó, mostrando una silueta holográfica de una criatura con cuatro brazos—. Solo esperen a que esto se recargue y verán quién es el mentiroso.
En ese momento, las luces de la oficina parpadearon. Una interferencia estática llenó las pantallas de televisión de la sala. De repente, una figura digital apareció en todos los monitores: era un rostro pixelado pero amenazador.
—Señal de energía detectada —dijo una voz metálica—. El Omnitrix está en este sector. Iniciando protocolo de extracción.
—¿Qué es eso? —preguntó Triple G, dejando caer su batido—. ¿Kenzie, es un virus?
—¡No es mío! —gritó Kenzie, corriendo hacia su computadora—. ¡Alguien está hackeando nuestro sistema desde una fuente externa... y no es de este planeta!
De repente, las ventanas de la oficina estallaron hacia adentro. Tres drones metálicos, con luces rojas y garras afiladas, entraron flotando en la sala. Eran sondas de caza de Vilgax, adaptadas para rastrear la señal del reloj.
—¡Abajo todos! —gritó Ben, lanzándose al suelo mientras un láser chamuscaba el sofá donde Hudson estaba sentado hace un segundo.
—¡Mis papas! —exclamó Hudson, mirando con tristeza su merienda destruida.
—¡Olvida las papas, Hudson! —Babe se escondió detrás de una mesa de mezclas—. ¡Esos robots intentan matarnos!
Ben miró desesperadamente su reloj. El símbolo seguía en rojo, parpadeando lentamente.
—¡Vamos, vamos, chatarra vieja! ¡Funciona ya! —le gritó al Omnitrix.
—¡Kenzie, haz algo! —pidió Triple G, cubriéndose la cabeza.
—¡Estoy intentándolo! —Kenzie tecleaba furiosamente—. Si puedo sobrecargar la señal de Wi-Fi de la oficina, tal vez pueda freír sus circuitos de navegación, pero necesito tiempo.
—¡Yo les daré tiempo! —dijo Ben, poniéndose de pie con valentía, a pesar de ser solo un niño humano en ese momento. Agarró un extintor de incendios de la pared—. ¡Oigan, latas de sardinas! ¡Por aquí!
Ben arrojó el extintor hacia uno de los drones. El impacto lo desvió, pero el robot se recuperó rápidamente, apuntando sus cañones hacia el chico.
—¡Ben, muévete! —gritó Babe.
Justo cuando el dron iba a disparar, un sonido metálico resonó en la habitación. Double G entró pateando la puerta, vestido con un traje de cuero brillante y rodeado de sus guardaespaldas, Bunny y Ruthless.
—¡Nadie ataca mi empresa de videojuegos sin mi permiso! —exclamó Double G, aunque al ver a los robots su expresión cambió instantáneamente a una de puro terror—. ¡AHHH! ¡Robots asesinos! ¡Bunny, Ruthless, hagan algo!
Bunny y Ruthless se miraron, luego miraron a los robots y, con un encogimiento de hombros, se lanzaron hacia adelante. Bunny usó una silla de oficina para golpear a uno de los drones, mientras Ruthless intentaba atrapar a otro con sus manos desnudas.
—¡Es mi oportunidad! —Ben vio que el Omnitrix finalmente emitía un destello verde—. ¡Es hora de ser héroe!
Ben presionó el reloj con fuerza. En un estallido de luz, su cuerpo se transformó. Sus extremidades se alargaron, su piel se volvió negra con rayas verdes brillantes y su cabeza se convirtió en una forma aerodinámica.
—¡Ultra-T! —exclamó la criatura en una voz electrónica.
Los chicos de Game Shakers se quedaron boquiabiertos.
—¡Se convirtió en un moco tecnológico! —gritó Hudson, fascinado.
—No es un moco, es un Galvanic Mechamorph —corrigió Ultra-T, aunque nadie lo entendió—. ¡Kenzie, apártate!
Ultra-T se lanzó contra la computadora principal de Kenzie. En lugar de chocar, se fundió con ella, fluyendo como metal líquido por los circuitos. En segundos, todas las pantallas de la oficina se volvieron verdes con el símbolo del Omnitrix.
—¡¿Qué estás haciendo con mi servidor?! —gritó Kenzie, entre el pánico y la admiración.
—¡Mejorándolo! —respondió la voz de Ben desde los altavoces de la habitación.
De repente, los cables de la oficina cobraron vida propia. Se enrollaron alrededor de los drones de Vilgax como serpientes mecánicas. Las impresoras 3D del rincón comenzaron a disparar proyectiles de plástico sólido a una velocidad increíble, impactando en los sensores de los robots.
—¡Toma esto, y esto! —Ben usó el sistema de sonido de Double G para emitir una onda sónica tan potente que los cristales de los drones se resquebrajaron.
Uno de los drones logró liberarse y cargó contra Babe.
—¡Cuidado! —gritó Triple G.
Pero antes de que el dron pudiera tocarla, una mano de metal líquido surgió de la tableta de Babe y golpeó al robot, mandándolo contra la pared. Finalmente, Ultra-T envió una descarga eléctrica masiva a través de la red, haciendo que los tres drones explotaran en una lluvia de chispas y metal inerte.
La oficina quedó en silencio, salvo por el sonido de los ventiladores de las computadoras volviendo a la normalidad. El metal líquido verde salió de la computadora principal y se reformó en el centro de la sala, transformándose de nuevo en el pequeño Ben Tennyson con un destello de luz roja.
Ben se tambaleó un poco, pero mantuvo su sonrisa de suficiencia.
—De nada —dijo, limpiándose el polvo de la camiseta.
Double G salió de detrás de Ruthless, ajustándose la chaqueta.
—¡Eso fue... increíble! Niño, te daré lo que quieras. ¿Quieres un contrato? ¿Quieres tu propio juego? ¡Podemos llamarlo "El Niño Reloj y los Robots del Espacio"!
Babe se acercó a Ben, mirándolo con un nuevo respeto.
—Tengo que admitirlo, Tennyson. Tienes estilo. Aunque casi destruyes nuestro servidor de respaldo.
Kenzie estaba revisando su computadora, con los ojos como platos.
—No solo no destruyó el servidor... lo optimizó. ¡La velocidad de procesamiento es diez veces mayor! ¡Ben, tienes que explicarme cómo funciona ese reloj!
Ben se rascó la nuca, volviendo a su actitud infantil.
—Bueno, en realidad no sé cómo funciona. Solo lo golpeo y espero que no me convierta en una planta apestosa.
—¿Puedes convertirte en una planta? —preguntó Hudson—. ¿Y puedes dar flores? Porque necesito un regalo para mi tía.
Ben rodó los ojos.
—Es más para lanzar semillas explosivas, pero...
Antes de que pudiera terminar, el reloj volvió a brillar, esta vez con una luz azulada y constante. Un portal circular se abrió en medio de la oficina, mostrando la imagen de un hombre mayor con una camisa hawaiana y una chica de cabello naranja con cara de pocos amigos.
—¡Ben! ¡Ahí estás! —gritó Gwen desde el otro lado—. ¡El abuelo Max encontró tu rastro! ¡Vuelve aquí antes de que Vilgax encuentre tu posición!
—¡Tengo que irme! —dijo Ben, caminando hacia el portal—. Fue divertido, chicos. Si alguna vez necesitan un héroe de verdad y no solo personajes de videojuegos, ya saben a quién llamar.
—¡Espera! —gritó Triple G—. ¡Ni siquiera nos diste tu autógrafo para el club de fans!
Ben se detuvo en el umbral del portal, miró hacia atrás y guiñó un ojo.
—Busquen en su base de datos. Les dejé una sorpresa.
Con un salto, Ben desapareció y el portal se cerró, dejando la oficina de Game Shakers en un silencio sepulcral.
Babe corrió hacia la computadora principal.
—Kenzie, ¿a qué se refería?
Kenzie presionó una tecla y, de repente, un nuevo icono apareció en el escritorio. Era un acceso directo con la forma del Omnitrix. Al hacer clic, se abrió un juego completamente terminado, con gráficos que parecían venir del futuro. El título decía: "Ben 10: Invasión en Brooklyn".
—Es... es el código más perfecto que he visto —susurró Kenzie.
Double G se acercó, mirando la pantalla con ambición.
—Chicos, olviden "Sky Whale". ¡Vamos a ser billonarios!
Hudson, mientras tanto, recogió una pieza de metal de uno de los drones destruidos y trató de morderla.
—Sabe a pollo —comentó, mientras los demás lo ignoraban, centrados en el regalo que el héroe más inmaduro de la galaxia les había dejado antes de volver a su propia aventura.
Babe se cubrió los ojos con el brazo, soltando un grito de frustración.
—¡Kenzie! Te dije que el nuevo prototipo de realidad virtual no estaba listo. ¡Me acabas de quemar las retinas!
—¡Yo no hice nada! —protestó Kenzie, agachada detrás de su escritorio—. ¡Mis dedos ni siquiera estaban en el teclado!
Cuando la luz se disipó, en medio de la alfombra, apareció un niño de unos diez años. Llevaba una camiseta blanca con una raya negra vertical, pantalones cortos verdes y un reloj de aspecto tecnológico bastante voluminoso en su muñeca izquierda. El niño sacudió la cabeza, despeinado, y miró a su alrededor con una mezcla de confusión y esa arrogancia típica de quien cree que siempre tiene el control de la situación.
—¿Abuelo? ¿Gwen? —preguntó el chico, antes de notar que no estaba en el bosque ni en el Rustbucket—. Genial... otro salto dimensional. O tal vez es solo un centro comercial muy extraño.
Hudson, que había estado observando todo desde el sofá con una bolsa de papas fritas en la mano, parpadeó un par de veces.
—Vaya... ese efecto especial es increíble. ¿Es un holograma? —Se acercó al niño y le picó la mejilla con un dedo—. Se siente muy real.
—¡Oye! ¡Cuidado con la cara, segundón! —exclamó Ben Tennyson, apartando la mano de Hudson con un manotazo—. Soy Ben Tennyson, el salvador del universo. ¿Y quiénes son ustedes? ¿Aliados de Vilgax? ¿O solo unos tipos con ropa rara?
Babe dio un paso al frente, recuperando su postura de líder.
—Mira, "Salvador del Universo", estás en Game Shakers. Yo soy Babe, ella es Kenzie, el despistado es Hudson y...
—¡Y yo soy Triple G! —exclamó Triple G entrando desde la cocina con un batido en la mano—. Espera, ¿quién es el niño nuevo? ¿Es un actor para el comercial de "Sky Whale"?
Ben resopló, cruzando los brazos sobre el pecho. Su mirada se posó en el reloj de su muñeca, que emitía un suave pitido rojo.
—No soy un actor. Soy un héroe. Y mi reloj se quedó sin energía justo cuando estaba a punto de darle una paliza a un robot gigante. ¿Dónde estoy? ¿Esto es Nueva York?
—Sí, Brooklyn —respondió Kenzie, acercándose con curiosidad científica—. Ese reloj... tiene una firma de energía que no he visto nunca. ¿Es tecnología de fibra óptica? ¿O microprocesadores cuánticos?
—Es el Omnitrix —dijo Ben, inflando el pecho con orgullo—. Es la tecnología más poderosa de la galaxia. Me permite transformarme en diez alienígenas diferentes... bueno, a veces más, si el reloj no decide darme al que no quiero.
Babe soltó una carcajada seca.
—Claro, y yo soy la reina de Inglaterra. Escucha, niño, no sé cómo entraste aquí, pero tenemos una entrega de un juego en dos horas y no tenemos tiempo para juegos de rol.
Ben frunció el ceño. Odiaba que no lo tomaran en serio, especialmente cuando era la pura verdad.
—¿Ah, sí? ¿Creen que miento? —Ben comenzó a presionar los botones del Omnitrix. El núcleo del reloj se elevó, mostrando una silueta holográfica de una criatura con cuatro brazos—. Solo esperen a que esto se recargue y verán quién es el mentiroso.
En ese momento, las luces de la oficina parpadearon. Una interferencia estática llenó las pantallas de televisión de la sala. De repente, una figura digital apareció en todos los monitores: era un rostro pixelado pero amenazador.
—Señal de energía detectada —dijo una voz metálica—. El Omnitrix está en este sector. Iniciando protocolo de extracción.
—¿Qué es eso? —preguntó Triple G, dejando caer su batido—. ¿Kenzie, es un virus?
—¡No es mío! —gritó Kenzie, corriendo hacia su computadora—. ¡Alguien está hackeando nuestro sistema desde una fuente externa... y no es de este planeta!
De repente, las ventanas de la oficina estallaron hacia adentro. Tres drones metálicos, con luces rojas y garras afiladas, entraron flotando en la sala. Eran sondas de caza de Vilgax, adaptadas para rastrear la señal del reloj.
—¡Abajo todos! —gritó Ben, lanzándose al suelo mientras un láser chamuscaba el sofá donde Hudson estaba sentado hace un segundo.
—¡Mis papas! —exclamó Hudson, mirando con tristeza su merienda destruida.
—¡Olvida las papas, Hudson! —Babe se escondió detrás de una mesa de mezclas—. ¡Esos robots intentan matarnos!
Ben miró desesperadamente su reloj. El símbolo seguía en rojo, parpadeando lentamente.
—¡Vamos, vamos, chatarra vieja! ¡Funciona ya! —le gritó al Omnitrix.
—¡Kenzie, haz algo! —pidió Triple G, cubriéndose la cabeza.
—¡Estoy intentándolo! —Kenzie tecleaba furiosamente—. Si puedo sobrecargar la señal de Wi-Fi de la oficina, tal vez pueda freír sus circuitos de navegación, pero necesito tiempo.
—¡Yo les daré tiempo! —dijo Ben, poniéndose de pie con valentía, a pesar de ser solo un niño humano en ese momento. Agarró un extintor de incendios de la pared—. ¡Oigan, latas de sardinas! ¡Por aquí!
Ben arrojó el extintor hacia uno de los drones. El impacto lo desvió, pero el robot se recuperó rápidamente, apuntando sus cañones hacia el chico.
—¡Ben, muévete! —gritó Babe.
Justo cuando el dron iba a disparar, un sonido metálico resonó en la habitación. Double G entró pateando la puerta, vestido con un traje de cuero brillante y rodeado de sus guardaespaldas, Bunny y Ruthless.
—¡Nadie ataca mi empresa de videojuegos sin mi permiso! —exclamó Double G, aunque al ver a los robots su expresión cambió instantáneamente a una de puro terror—. ¡AHHH! ¡Robots asesinos! ¡Bunny, Ruthless, hagan algo!
Bunny y Ruthless se miraron, luego miraron a los robots y, con un encogimiento de hombros, se lanzaron hacia adelante. Bunny usó una silla de oficina para golpear a uno de los drones, mientras Ruthless intentaba atrapar a otro con sus manos desnudas.
—¡Es mi oportunidad! —Ben vio que el Omnitrix finalmente emitía un destello verde—. ¡Es hora de ser héroe!
Ben presionó el reloj con fuerza. En un estallido de luz, su cuerpo se transformó. Sus extremidades se alargaron, su piel se volvió negra con rayas verdes brillantes y su cabeza se convirtió en una forma aerodinámica.
—¡Ultra-T! —exclamó la criatura en una voz electrónica.
Los chicos de Game Shakers se quedaron boquiabiertos.
—¡Se convirtió en un moco tecnológico! —gritó Hudson, fascinado.
—No es un moco, es un Galvanic Mechamorph —corrigió Ultra-T, aunque nadie lo entendió—. ¡Kenzie, apártate!
Ultra-T se lanzó contra la computadora principal de Kenzie. En lugar de chocar, se fundió con ella, fluyendo como metal líquido por los circuitos. En segundos, todas las pantallas de la oficina se volvieron verdes con el símbolo del Omnitrix.
—¡¿Qué estás haciendo con mi servidor?! —gritó Kenzie, entre el pánico y la admiración.
—¡Mejorándolo! —respondió la voz de Ben desde los altavoces de la habitación.
De repente, los cables de la oficina cobraron vida propia. Se enrollaron alrededor de los drones de Vilgax como serpientes mecánicas. Las impresoras 3D del rincón comenzaron a disparar proyectiles de plástico sólido a una velocidad increíble, impactando en los sensores de los robots.
—¡Toma esto, y esto! —Ben usó el sistema de sonido de Double G para emitir una onda sónica tan potente que los cristales de los drones se resquebrajaron.
Uno de los drones logró liberarse y cargó contra Babe.
—¡Cuidado! —gritó Triple G.
Pero antes de que el dron pudiera tocarla, una mano de metal líquido surgió de la tableta de Babe y golpeó al robot, mandándolo contra la pared. Finalmente, Ultra-T envió una descarga eléctrica masiva a través de la red, haciendo que los tres drones explotaran en una lluvia de chispas y metal inerte.
La oficina quedó en silencio, salvo por el sonido de los ventiladores de las computadoras volviendo a la normalidad. El metal líquido verde salió de la computadora principal y se reformó en el centro de la sala, transformándose de nuevo en el pequeño Ben Tennyson con un destello de luz roja.
Ben se tambaleó un poco, pero mantuvo su sonrisa de suficiencia.
—De nada —dijo, limpiándose el polvo de la camiseta.
Double G salió de detrás de Ruthless, ajustándose la chaqueta.
—¡Eso fue... increíble! Niño, te daré lo que quieras. ¿Quieres un contrato? ¿Quieres tu propio juego? ¡Podemos llamarlo "El Niño Reloj y los Robots del Espacio"!
Babe se acercó a Ben, mirándolo con un nuevo respeto.
—Tengo que admitirlo, Tennyson. Tienes estilo. Aunque casi destruyes nuestro servidor de respaldo.
Kenzie estaba revisando su computadora, con los ojos como platos.
—No solo no destruyó el servidor... lo optimizó. ¡La velocidad de procesamiento es diez veces mayor! ¡Ben, tienes que explicarme cómo funciona ese reloj!
Ben se rascó la nuca, volviendo a su actitud infantil.
—Bueno, en realidad no sé cómo funciona. Solo lo golpeo y espero que no me convierta en una planta apestosa.
—¿Puedes convertirte en una planta? —preguntó Hudson—. ¿Y puedes dar flores? Porque necesito un regalo para mi tía.
Ben rodó los ojos.
—Es más para lanzar semillas explosivas, pero...
Antes de que pudiera terminar, el reloj volvió a brillar, esta vez con una luz azulada y constante. Un portal circular se abrió en medio de la oficina, mostrando la imagen de un hombre mayor con una camisa hawaiana y una chica de cabello naranja con cara de pocos amigos.
—¡Ben! ¡Ahí estás! —gritó Gwen desde el otro lado—. ¡El abuelo Max encontró tu rastro! ¡Vuelve aquí antes de que Vilgax encuentre tu posición!
—¡Tengo que irme! —dijo Ben, caminando hacia el portal—. Fue divertido, chicos. Si alguna vez necesitan un héroe de verdad y no solo personajes de videojuegos, ya saben a quién llamar.
—¡Espera! —gritó Triple G—. ¡Ni siquiera nos diste tu autógrafo para el club de fans!
Ben se detuvo en el umbral del portal, miró hacia atrás y guiñó un ojo.
—Busquen en su base de datos. Les dejé una sorpresa.
Con un salto, Ben desapareció y el portal se cerró, dejando la oficina de Game Shakers en un silencio sepulcral.
Babe corrió hacia la computadora principal.
—Kenzie, ¿a qué se refería?
Kenzie presionó una tecla y, de repente, un nuevo icono apareció en el escritorio. Era un acceso directo con la forma del Omnitrix. Al hacer clic, se abrió un juego completamente terminado, con gráficos que parecían venir del futuro. El título decía: "Ben 10: Invasión en Brooklyn".
—Es... es el código más perfecto que he visto —susurró Kenzie.
Double G se acercó, mirando la pantalla con ambición.
—Chicos, olviden "Sky Whale". ¡Vamos a ser billonarios!
Hudson, mientras tanto, recogió una pieza de metal de uno de los drones destruidos y trató de morderla.
—Sabe a pollo —comentó, mientras los demás lo ignoraban, centrados en el regalo que el héroe más inmaduro de la galaxia les había dejado antes de volver a su propia aventura.
