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multiverso reacciona multiverso

Fandom: multiverso

Created: 4/14/2026

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El Génesis del Vacío Blanco

El silencio no era algo común en la Ciudad de la Justicia, ni en la Aldea Oculta de la Hoja, ni mucho menos en las bulliciosas calles de Nueva York o los pasillos metálicos de la Atalaya. Sin embargo, en un parpadeo que pareció fracturar la realidad misma, el sonido del multiverso se apagó.

En cada rincón de la existencia, desde el rincón más oscuro del Inframundo hasta la cumbre del Olimpo, una superficie blanca y pura se materializó en el cielo. No era humo, ni tampoco una construcción física; era una pantalla de dimensiones imposibles que desafiaba las leyes de la física y la magia.

En el mundo de los Shinobis, Naruto Uzumaki alzó la vista, dejando caer su tazón de ramen. A su lado, Kakashi Hatake activó su Sharingan por instinto, solo para descubrir que la pantalla no estaba hecha de chakra.

—¿Qué es esa cosa, Kakashi-sensei? —preguntó Naruto, con la voz cargada de una mezcla de emoción y miedo—. ¿Es un genjutsu de algún enemigo nuevo?

—No lo sé, Naruto —respondió el sexto Hokage, ajustándose la máscara—. Pero si lo es, es uno que abarca todo el horizonte. Mira a los demás... nadie parece poder apartar la vista.

A miles de realidades de distancia, en una Tierra protegida por héroes de capa y acero, Superman sobrevolaba la atmósfera, observando cómo la misma pantalla envolvía el planeta. Batman, desde la Batcomputadora, analizaba los niveles de energía.

—Diana, ¿puedes sentir algo? —preguntó Bruce a través del comunicador—. ¿Es magia divina?

—No es magia que yo reconozca, Bruce —respondió la Mujer Maravilla desde Temiscira—. Se siente... antiguo. Como si el tiempo mismo se hubiera detenido para presentarnos algo.

De repente, la blancura de la pantalla comenzó a ondular. Un sonido vibrante, similar al tañido de una campana cósmica, resonó en los oídos de cada ser vivo, desde el insecto más pequeño hasta el dios más imponente. No era un ruido molesto; era una frecuencia que vibraba en el alma, una melodía de creación.

—Bienvenidos, habitantes del tejido infinito —una voz sin género ni procedencia clara llenó el aire—. Para entender el presente, deben contemplar la semilla. El origen de lo que fue, lo que es y lo que podría ser.

En la pantalla, las nubes blancas se disiparon para revelar un vacío absoluto. No era negro, sino una nada turbulenta donde la materia y la energía aún no tenían nombre.

—Miren el inicio —continuó la voz—. Antes de que el primer sol ardiera, antes de que el primer pensamiento naciera.

En el centro de ese vacío, un huevo comenzó a formarse. No era un objeto sólido, sino una amalgama de luz dorada y pura voluntad. Los espectadores de todos los universos observaron con aliento contenido. En el mundo de los piratas, Monkey D. Luffy se sentó en la proa del Sunny, con los ojos brillando de curiosidad.

—¡Oigan! ¡Va a nacer algo gigante! —gritó Luffy, señalando al cielo—. ¡Espero que sea algo divertido!

—¡Idiota, cállate y mira! —le recriminó Nami, aunque ella misma temblaba ante la magnitud de la imagen.

El huevo se fracturó. No hubo explosión, sino una expansión rítmica de luz. De su interior, emergió una criatura cuya elegancia superaba cualquier descripción mortal. Poseía un cuerpo cuadrúpedo de un blanco inmaculado, rodeado por una rueda dorada incrustada con joyas verdes que parecían contener galaxias enteras. Sus ojos, rojos como el rubí, irradiaban una sabiduría que hacía que incluso los seres más antiguos del multiverso se sintieran como niños.

—Arceus —susurró un joven de gorra roja en una región llamada Kanto, cayendo de rodillas mientras su Pikachu se erizaba—. El Dios de los Pokémon...

La pantalla mostró entonces a Arceus flotando en la nada. Con un solo movimiento de sus patas, el espacio comenzó a plegarse. De su cuerpo emanaron mil brazos invisibles que empezaron a moldear la realidad.

—En el principio, Arceus creó el flujo —explicó la voz multiversal—. De su aliento nacieron Dialga y Palkia, los señores del Tiempo y el Espacio.

Dos figuras colosales aparecieron junto al creador. Uno, un dragón cubierto de diamantes azules; el otro, una bestia espacial con perlas en sus hombros. Los espectadores vieron cómo los segundos empezaban a correr y cómo las dimensiones tomaban forma geométrica.

—Esto es increíble —dijo Tony Stark en su laboratorio, grabando cada segundo de la transmisión—. Está creando las leyes de la termodinámica y la relatividad con solo existir. Es... es la ingeniería suprema.

—No es ingeniería, Stark —dijo Thor, sujetando el Mjolnir con fuerza—. Es el Padre de Todo de un reino que ni siquiera nosotros conocíamos.

La pantalla cambió de escena. Ahora, Arceus no estaba solo. El universo Pokémon se expandía, pero la visión no se detenía allí. Las ondas de choque de la creación de Arceus empezaron a filtrarse por las grietas de la realidad, tocando otros vacíos, encendiendo otras chispas.

—Arceus no solo creó su mundo —continuó la voz—. Sus vibraciones fueron el eco que despertó a otros creadores. Las cuerdas de su arpa cósmica resonaron en el vacío, permitiendo que el multiverso floreciera en una red de posibilidades infinitas.

En el mundo de los héroes, Midoriya Izuku tomaba notas frenéticamente en un cuaderno que había aparecido de la nada.

—Entonces... ¿todos estamos conectados por este ser? —se preguntó el joven héroe—. Si él es el origen, ¿significa que nuestras habilidades, nuestros dones, son fragmentos de esa luz original?

En la pantalla, Arceus descendió hacia un mundo joven, cubierto de océanos y volcanes. Con un gesto, creó a Giratina para gobernar el mundo inverso, y luego a los guardianes del conocimiento, la emoción y la voluntad. Uxie, Mesprit y Azelf brotaron como destellos de luz, descendiendo hacia los lagos de la tierra naciente.

—Sin conocimiento, no hay progreso —dijo la voz—. Sin emoción, no hay alma. Sin voluntad, no hay destino. Arceus otorgó estos dones no solo a sus criaturas, sino que los sembró en el ADN de la existencia misma.

De repente, la imagen cambió. Ya no solo se veía el mundo Pokémon. La pantalla se dividió en miles de fragmentos. En uno, se veía a un hombre de azul volando hacia el sol; en otro, a un joven con una espada de energía luchando en las estrellas; en otro, a guerreros con cabellos dorados gritando hacia el cielo.

—Él es el Alfa y el Omega —dijo la voz mientras la imagen de Arceus volvía a ocupar el centro, brillando con una intensidad que obligó a muchos a cubrirse los ojos—. El primer latido en el pecho del infinito.

—¿Por qué nos muestran esto ahora? —preguntó Vegeta, cruzando los brazos con una mueca de desafío—. ¿Es una advertencia? ¿O simplemente quiere que nos arrodillemos ante su poder?

—No es una advertencia —respondió la voz, como si hubiera escuchado al príncipe Saiyajin—. Es un recordatorio. En tiempos de oscuridad, cuando los universos colisionan y las sombras amenazan con devorar la luz, deben recordar que todos provienen de la misma chispa. La unidad es la única defensa contra el vacío que busca regresar.

Arceus, en la pantalla, alzó su cabeza y lanzó un rugido silencioso que se transformó en una explosión de pétalos de luz. Cada pétalo cruzó la pantalla y se materializó en los mundos reales. Pequeñas motas de energía dorada cayeron sobre las personas, sanando heridas leves, calmando corazones angustiados y otorgando una claridad momentánea.

—La historia ha comenzado —declaró la voz—. El origen ha sido revelado. Ahora, observen cómo sus propios hilos se entrelazan en el tapiz del Multiverso.

La pantalla no desapareció, pero la imagen de Arceus se desvaneció lentamente, dejando tras de sí una constelación que formaba su silueta. En todos los mundos, el silencio continuó por un largo rato.

—Bueno —dijo Naruto, rascándose la nuca mientras miraba el cielo de Konoha—. No entendí todo, pero ese Pokémon blanco se veía realmente genial. ¡Me pregunto si será fuerte!

—Naruto —dijo Sasuke, apareciendo entre las sombras con su Rinnegan desactivado—, acabas de ver al creador de la realidad. "Fuerte" es una palabra que se queda corta.

En la Atalaya, Batman se alejó de los monitores.

—J'onn, ¿pudiste rastrear el origen de la señal? —preguntó Bruce.

—No hay señal, Bruce —respondió el Detective Marciano con voz solemne—. Fue una proyección telepática a nivel existencial. Lo que vimos no fue una grabación. Fue un eco vivo.

Mientras tanto, en el vacío entre dimensiones, el gran Arceus cerró sus ojos rojos. Su labor de recordarles su origen a las razas del multiverso había terminado por hoy. Sabía que se avecinaban tormentas, que seres de inmenso poder intentarían romper el equilibrio que él había ayudado a cimentar desde el inicio de los tiempos.

Pero por ahora, el conocimiento estaba allí. La semilla de la esperanza había sido plantada en cada universo.

La pantalla en el cielo cambió de nuevo. Ya no mostraba el pasado, sino que empezó a mostrar rostros de diferentes mundos, héroes y villanos que nunca se habían conocido, pero cuyos destinos estaban a punto de cruzarse.

—El prólogo ha terminado —susurró la voz cósmica por última vez—. Que la luz del Juicio los guíe.

Y así, mientras los habitantes de un millón de mundos observaban, el multiverso dejó de ser una serie de islas aisladas para convertirse en un solo océano, conectado por el recuerdo de un dios blanco y la promesa de una historia que apenas comenzaba a escribirse. Luffy sonrió, Goku se puso en guardia con una risa desafiante, y Superman miró hacia el horizonte con renovada fe.

El espectáculo apenas estaba empezando.
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