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Entre amor y afrodisíaco

Fandom: My hero academia

Created: 4/18/2026

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RomancePWP (Plot? What Plot?)Drug UseCanon SettingExplicit LanguageDramaActionJealousyOmegaverse
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El Aroma del Deseo y la Explosión de los Celos

El día en la Academia U.A. había comenzado con una normalidad casi sospechosa. Eijiro Kirishima, con su habitual energía desbordante y esa sonrisa que dejaba ver sus característicos dientes de tiburón, se encontraba ordenando sus cosas antes de que empezara la primera clase. Sin embargo, algo rompió su rutina: un pequeño frasco de vidrio, elegante y sin etiquetas obvias a simple vista, descansaba sobre su pupitre.

—¿Qué es esto? —se preguntó en voz alta, girando el frasco entre sus dedos—. ¿Alguien lo habrá olvidado aquí?

Kirishima miró a su alrededor, pero el salón todavía estaba medio vacío. Con su torpeza habitual, potenciada por la curiosidad, el frasco se le resbaló de las manos. El sonido del cristal rompiéndose contra el suelo fue seco, y antes de que pudiera reaccionar, una nube de fragancia dulce, intensa y extrañamente embriagadora lo envolvió por completo. El líquido empapó la parte inferior de sus pantalones y sus zapatos, subiendo por su ropa como una mancha invisible pero potente.

—¡Rayos! Qué torpe soy —exclamó, agachándose para intentar recoger los pedazos de vidrio sin cortarse.

En ese momento, Shoto Todoroki entró al salón. Su paso era tranquilo, casi despreocupado, como siempre. Pero al cruzar el umbral, un aroma lo golpeó con la fuerza de un camión de carga. No era un perfume normal; era algo que parecía filtrarse directamente por sus poros y llegar a su torrente sanguíneo, haciendo que su corazón diera un vuelco violento.

—Kirishima... ¿estás bien? —preguntó Shoto, aunque su voz sonó más ronca de lo habitual.

—¡Ah, Todoroki! Sí, solo se me cayó esta cosa —respondió el pelirrojo, levantándose con una sonrisa apenada—. Huele un poco fuerte, ¿verdad? Lo siento, voy a limpiar esto ahora mismo.

Todoroki se acercó. A cada paso que daba, el aire se volvía más denso. Sus ojos heterocromáticos se dilataron y sintió que una oleada de calor, que nada tenía que ver con su lado izquierdo, comenzaba a recorrerle la columna vertebral. El olor de Kirishima, mezclado con esa esencia desconocida, era... hipnótico. Sentía una necesidad primitiva de acercarse más, de tocarlo, de perderse en ese aroma que parecía prometerle el paraíso.

—Estás... muy sucio —murmuró Todoroki, fijando su vista en las piernas de Kirishima. Su mente, usualmente lógica y fría, se estaba nublando rápidamente—. Ven conmigo. Te ayudaré a limpiarte en el baño antes de que lleguen los demás.

—¡Oh, gracias, hombre! Eso es muy varonil de tu parte —dijo Kirishima, sin sospechar absolutamente nada de las intenciones que empezaban a arder en el pecho del bicolor.

Mientras tanto, a unos cuantos pasillos de distancia, Katsuki Bakugo corría como un alma que lleva el diablo.

—¡Maldito despertador de mierda! —rugió para sí mismo, con las explosiones saltando de sus palmas por el puro estrés.

Bakugo no solía llegar tarde, pero hoy su cuerpo le había jugado una mala pasada. Y lo que más le molestaba no era la posible reprimenda de Aizawa, sino el hecho de que no había podido escoltar al "pelo de pinchos" hasta el salón como hacía casi todos los días, aunque fingiera que solo "coincidían" en el camino. Bakugo estaba enamorado, aunque se arrancaría la lengua antes de admitirlo frente a alguien que no fuera su propio reflejo.

Cuando finalmente irrumpió en el salón 1-A, se detuvo en seco. El lugar estaba extrañamente silencioso. Sus ojos recorrieron las filas de asientos.

—¿Dónde está el idiota de Kirishima? —gruñó, acercándose al pupitre del pelirrojo.

Notó el charco en el suelo y los restos de vidrio. Frunció el ceño y se agachó, recogiendo un pequeño trozo de etiqueta que Kirishima no había visto. Sus ojos se abrieron de par en par mientras leía las letras pequeñas y elegantes: *“Aphrodisiaque: Concentré pur. Ne pas inhaler directement”*.

El rostro de Bakugo pasó del rojo de la ira a un blanco sepulcral en cuestión de segundos.

—Un... ¿un afrodisíaco? —susurró, y luego su mente conectó los puntos—. ¡¿Y dónde está el bastardo mitad y mitad?!

La ausencia de ambos solo podía significar una cosa. Un rugido de pura furia escapó de su garganta mientras salía disparado hacia el pasillo, siguiendo el rastro del olor que, incluso para su sentido del olfato saturado de nitroglicerina, resultaba evidente.

En el baño de la academia, el ambiente estaba cargado de una tensión eléctrica y sofocante. Todoroki había cerrado la puerta con seguro. Kirishima estaba sentado sobre el borde de uno de los lavabos, tratando de frotar su pantalón con un papel mojado.

—Vaya, Todoroki, esto no sale —dijo Kirishima, riendo nerviosamente—. Gracias por ayudarme, pero creo que tendré que ir a los dormitorios a cambiarme...

No terminó la frase. Todoroki no estaba usando el jabón ni el agua. Se había hincado frente a él, entre sus piernas, con una mirada que Kirishima nunca le había visto. Era una mirada de hambre pura, de deseo descontrolado.

—Todoroki... ¿qué haces? —preguntó el pelirrojo, sintiendo por primera vez un escalofrío que no era de frío—. Te ves un poco... ¿rojo? ¿Tienes fiebre?

—Hueles tan bien, Kirishima —susurró Shoto, ignorando la pregunta. Su mano derecha subió por el muslo del pelirrojo, apretando con una fuerza que hizo que Kirishima soltara un jadeo—. Siento que voy a volverme loco si no te tengo ahora mismo.

—¡O-oye! ¡Eso no es muy varonil! —exclamó Kirishima, tratando de endurecer su piel por puro instinto, pero se dio cuenta de que sus manos temblaban.

Todoroki no se detuvo. Se acercó más, enterrando su rostro en la entrepierna del pelirrojo, justo donde la tela estaba más empapada por el perfume. Kirishima sintió la lengua húmeda y caliente de Shoto lamiendo la tela de su pantalón, trazando líneas lentas y deliberadas que lo hicieron estremecerse de pies a cabeza.

—¡Espera, Todoroki! ¡Para! —pidió Kirishima, aunque su propia voz lo traicionaba, sonando más como un ruego que como una orden. El aroma también lo estaba afectando a él, despertando un calor inusual en su vientre.

—No puedo parar —respondió Shoto contra la tela, su aliento caliente atravesando la ropa—. Quiero devorarte. Quiero saber si sabes tan dulce como hueles.

Justo cuando Todoroki se disponía a desabrochar el cinturón de Kirishima con manos temblorosas, la puerta del baño vibró bajo un impacto violento.

—¡¡¡ABRE ESTA MALDITA PUERTA, BASTARDO MITAD Y MITAD!!! —el grito de Bakugo resonó en todo el lugar, seguido de una explosión que hizo saltar la cerradura en mil pedazos.

La puerta se abrió de par en par, revelando a un Bakugo fuera de sí, con chispas saltando de sus manos y los ojos inyectados en sangre. La escena que encontró lo hizo estallar internamente: su Kirishima, acorralado contra el lavabo, y el estúpido de Todoroki arrodillado frente a él en una posición inequívoca.

—¡Aléjate de él ahora mismo si no quieres que te convierta en cenizas! —rugió Bakugo, lanzándose hacia adelante.

Todoroki se levantó lentamente, sus ojos aún nublados por el efecto del afrodisíaco, pero mostrando una chispa de desafío.

—Bakugo... llegas en mal momento —dijo Shoto con una calma aterradora, mientras su lado izquierdo comenzaba a soltar pequeñas llamas—. Él es mío ahora. El olor... él me eligió.

—¡Él no eligió una mierda, imbécil! —Bakugo agarró a Todoroki por el cuello de la camisa y lo lanzó contra la pared de los cubículos—. ¡Está drogado por esa basura de perfume y tú te estás aprovechando, maldito extra!

—¡Bakugo, espera! —intervino Kirishima, tratando de bajar del lavabo, pero sus piernas se sentían como gelatina—. Todoroki no está bien, él... él intentaba ayudarme y luego...

—¡Cállate, Shitty Hair! —Bakugo se giró hacia él, y por un breve segundo, su expresión de furia se suavizó en una de pura preocupación y posesividad—. Estás empapado de esa mierda. No te muevas.

Todoroki se recuperó del golpe y lanzó una ráfaga de hielo hacia Bakugo para apartarlo de Kirishima.

—No dejaré que te lo lleves —declaró Shoto, su voz perdiendo la monotonía habitual para volverse vibrante de deseo y agresividad—. Lo quiero. Mi cuerpo lo necesita.

—¡Pues tendrás que pasar sobre mi cadáver antes de ponerle otra mano encima! —respondió Bakugo, bloqueando el hielo con una explosión masiva que llenó el baño de vapor.

Kirishima observaba la escena mareado. El olor seguía allí, intensificándose con el calor de las explosiones de Bakugo y el fuego de Todoroki. Sus instintos estaban en guerra; una parte de él quería que se detuvieran, pero otra parte, impulsada por la sustancia química, solo quería que ambos se acercaran y calmaran el incendio que sentía bajo su piel.

—¡Basta los dos! —gritó Kirishima, logrando ponerse de pie—. ¡Es solo un perfume! ¡Podemos ir a la enfermería con Recovery Girl!

Pero sus palabras cayeron en oídos sordos. Todoroki volvió a la carga, usando su fuego para crear una cortina de calor mientras intentaba llegar de nuevo al pelirrojo. Bakugo, sin embargo, era más rápido. Se impulsó con sus explosiones, interceptando a Shoto en el aire y derribándolo.

—¡Él es mío! —gritó Bakugo, y en ese grito no solo había rabia, sino una confesión que llevaba meses guardada en su pecho.

Se giró hacia Kirishima y, antes de que el pelirrojo pudiera reaccionar, Bakugo lo tomó por la nuca y lo atrajo hacia él. Kirishima esperó un golpe o un regaño, pero lo que recibió fue un beso desesperado, cargado de una posesividad salvaje. Bakugo inhaló el aroma directamente de la piel del cuello de Kirishima, y sintió cómo su propio autocontrol se desmoronaba.

—Maldita sea... —gruñó Bakugo contra sus labios, su respiración agitada—. Hueles a pecado, Eijiro.

Todoroki, desde el suelo, se levantó con la mirada sombría. El efecto del afrodisíaco en él no estaba disminuyendo; al contrario, ver a Bakugo tocar lo que él deseaba solo aumentaba su urgencia.

—Si no vas a soltarlo, Bakugo... entonces tendré que quitártelo por la fuerza —dijo Shoto, su lado izquierdo estallando en llamas que iluminaron todo el baño.

Kirishima miró a uno y luego al otro. Sabía que estaba en medio de una situación peligrosa, pero el aroma seguía nublando su juicio. Su corazón latía con fuerza, sus dientes de tiburón rozaban su labio inferior y una parte de él, la más salvaje y menos varonil en el sentido tradicional, se preguntaba qué pasaría si dejaba que ambos lo alcanzaran.

—Chicos... —murmuró Kirishima, su voz quebrandose—. Realmente... me siento muy extraño.

Bakugo lo apretó más fuerte contra su pecho, mirando a Todoroki con un desafío mortal.

—Inténtalo, mitad y mitad. Pero te advierto... de aquí no sale nadie hasta que yo decida qué hacer con él.

El baño se convirtió en un campo de batalla silencioso, donde el aire pesaba más que el plomo y el deseo era una fiera hambrienta que amenazaba con devorar a los tres aspirantes a héroes. El rastro del perfume seguía flotando, uniendo sus destinos en una tarde que ninguno de ellos olvidaría jamás.
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