Fanfy
.studio
Loading...
Background image
← Back
0 likes

La pasión desbordada

Fandom: My hero academia

Created: 4/20/2026

Tags

RomanceDramaAngstCurtainfic / Domestic StoryJealousyPWP (Plot? What Plot?)Canon SettingExplicit Language
Contents

Marcas de Propiedad y Encaje Negro

Katsuki Bakugo no era un hombre paciente, y mucho menos uno razonable cuando se trataba de lo que consideraba suyo. Sentado en el sofá de cuero del apartamento que compartía con Kirishima, apretaba el teléfono inteligente entre sus manos con tanta fuerza que el dispositivo comenzó a emitir pequeños crujidos. Sus ojos, rojos como la lava a punto de entrar en erupción, estaban fijos en la pantalla, analizando cada maldito píxel de la fotografía que se había vuelto viral en menos de una hora.

"¿Red Riot involucrado con el modelo y cantante Jake?", decía el titular de la revista de chismes más vendida de Japón.

—Ese extra de mierda... —gruñó Bakugo, sintiendo cómo el sudor de sus palmas se volvía peligrosamente explosivo.

En la imagen, Eijiro Kirishima, el hombre más amable, varonil y radiante que Katsuki conocía, aparecía contra una pared en un callejón cercano a la agencia de modelos donde había ido a dar una charla sobre seguridad. Frente a él, el tal Jake —un tipo con cara de niño bonito y una sonrisa que Bakugo quería borrar a base de explosiones— se inclinaba demasiado cerca. Desde ese ángulo, parecía que estaban a milímetros de un beso, o que compartían un secreto íntimo.

Katsuki sabía que Eijiro era incapaz de serle infiel. Lo sabía en su mente, pero su corazón y su orgullo eran otra historia. Desde antes de que formalizaran su relación, cuando aún estaban en la UA, Bakugo sentía una punzada de ira cada vez que alguien intentaba acaparar la atención del pelirrojo. Ahora que eran héroes profesionales y compartían una cama, ese instinto territorial se había multiplicado por mil. Habían decidido mantener su relación en secreto para evitar que los villanos usaran su vínculo como debilidad, pero ver ese titular le hacía cuestionar si la discreción valía la pena el sabor amargo de la bilis en su garganta.

—¿Crees que puedes tocar lo que es mío y salirte con la tuya? —le siseó a la foto del modelo—. Te voy a matar.

Pero su ira pronto se transformó en una frustración diferente. Se miró en el espejo del pasillo. Hacía semanas que ambos estaban tan ocupados con patrullajes nocturnos y misiones de rescate que apenas tenían tiempo para cenar juntos, y mucho menos para la intimidad. Bakugo sintió un vacío ardiente en su vientre. Quizás, pensó con una lógica retorcida por los celos, Kirishima necesitaba un recordatorio. Un recordatorio físico y contundente de a quién pertenecía realmente. De quién era el que lograba hacerlo gemir hasta perder el aliento.

La idea cruzó su mente como una chispa en un barril de pólvora. Si la prensa quería historias, él le daría a Kirishima una realidad que no olvidaría en semanas.

Se levantó y se dirigió al dormitorio. Rebuscó en el fondo del cajón, donde guardaba algunas cosas que solo salían a la luz en ocasiones muy especiales. Sacó una prenda de encaje negro, fina y delicada, que contrastaba violentamente con su personalidad agresiva, pero que sabía que volvía loco a Eijiro. Era un conjunto que resaltaba sus atributos: sus piernas fuertes, su cintura estrecha y la curva de su espalda. Lo más importante es que la parte inferior estaba diseñada para dejar su entrada completamente expuesta, lista para ser reclamada.

Se desvistió con movimientos bruscos, deshaciéndose del uniforme de héroe que aún olía a humo y asfalto. Se duchó rápidamente, asegurándose de dejar su piel suave y con el aroma a granadina que a Kirishima tanto le gustaba. Al salir, se puso el encaje. Se miró al espejo y una sonrisa depredadora apareció en su rostro. Se veía jodidamente bien. Se preparó con cuidado, usando lubricante con paciencia hasta que sintió que estaba lo suficientemente flexible para recibir al pelirrojo sin preámbulos.

Se recostó en la cama, apoyado sobre sus codos, dejando que la tela negra se tensara sobre su piel clara. Las horas pasaron lentamente, alimentando su anticipación. Cada vez que recordaba la imagen del modelo cerca de Eijiro, su deseo aumentaba. Quería que Kirishima lo tomara con fuerza, que borrara cualquier rastro de ese extra con su peso y su calor.

Finalmente, escuchó el sonido de la cerradura electrónica. La puerta principal se abrió y se cerró.

—¡Bakugo! ¡Ya llegué! —la voz de Kirishima sonaba cansada pero, como siempre, llena de esa energía cálida que irritaba y atraía a Bakugo a partes iguales—. Siento llegar tarde, el patrullaje se complicó y luego un tipo de una agencia no dejaba de hablarme de no sé qué colaboración...

Bakugo no respondió. Escuchó los pasos de Eijiro acercándose al dormitorio. El pelirrojo entró en la habitación mientras se desabrochaba los protectores de los brazos de su traje de héroe.

—Oye, Katsuki, ¿estás despierto? Vi las noticias y te juro que ese tipo solo estaba...

Las palabras de Kirishima se cortaron en seco. Se quedó congelado en el umbral de la puerta, con la mandíbula casi tocando el suelo. Sus ojos recorrieron la figura de Bakugo en la cama: el encaje negro que apenas cubría su pecho, sus piernas abiertas con descaro y esa mirada desafiante y hambrienta que solo el rubio podía proyectar.

—Cierra la maldita boca, pelos de pincho —dijo Bakugo con voz ronca, arrastrando las palabras—. Y ven aquí ahora mismo.

Kirishima tragó saliva. El cansancio de doce horas de patrullaje desapareció instantáneamente, reemplazado por una oleada de calor que hizo que su don de endurecimiento amagara con activarse involuntariamente.

—Katsuki... ¿qué es esto? —preguntó Eijiro, dando un paso hacia la cama, su voz volviéndose más profunda.

—Es un recordatorio, idiota —respondió Bakugo, sentándose un poco más para que la luz de la lámpara de noche resaltara su entrada preparada—. He visto las noticias. He visto a ese extra pegado a tu cara.

Kirishima dejó caer su equipo al suelo con un estrépito metálico. Se acercó a la orilla de la cama, sus ojos fijos en el contraste del encaje negro contra la piel de Bakugo.

—Ese tipo no significa nada, de verdad. Estaba intentando convencerme de hacer una sesión de fotos y se puso demasiado intenso, yo solo estaba tratando de ser amable... —explicó Kirishima, aunque su atención estaba claramente dividida.

—No me importa lo que ese imbécil quiera —interrumpió Bakugo, extendiendo una mano para agarrar a Kirishima por el cuello de su traje de héroe y tirar de él hacia abajo—. Me importa que todo el maldito país piense que puede tocar lo que es mío. Me importa que hace semanas que no me tocas como es debido.

Kirishima sonrió, una sonrisa que ya no era la del héroe amable, sino la del hombre que deseaba desesperadamente a su pareja. Se subió a la cama, quedando por encima de Bakugo, atrapándolo entre sus brazos musculosos.

—Tienes razón —admitió Eijiro, su aliento rozando los labios de Bakugo—. He estado demasiado ocupado. Pero si crees que alguien podría ocupar tu lugar, estás muy equivocado, Katsuki. Eres el único para mí. Nadie más podría manejarme así.

—Demuéstralo entonces —desafió Bakugo, rodeando la cintura de Kirishima con sus piernas, sintiendo la dureza del otro contra su muslo—. Déjame lleno de tus marcas. Quiero que mañana, cuando te veas en el espejo, solo puedas pensar en lo que me hiciste. Y quiero sentirte dentro de mí hasta que olvide cómo me llamo.

Kirishima no necesitó que se lo repitieran. Se deshizo del resto de su traje con una urgencia que hizo que Bakugo soltara un gemido de satisfacción. Cuando el pelirrojo quedó completamente desnudo, su físico imponente y su virilidad dejaron claro que había estado deseando esto tanto como el rubio.

—Te voy a recordar exactamente a quién perteneces —susurró Kirishima al oído de Bakugo, antes de morderle el lóbulo de la oreja.

—Cállate y hazlo de una vez —gruñó Bakugo, aunque sus manos se hundieron en el cabello rojo de su pareja, atrayéndolo para un beso posesivo y profundo.

Cuando Kirishima se posicionó entre sus piernas, Bakugo sintió que el mundo volvía a tener sentido. La presión inicial, el calor abrasador y la sensación de plenitud lo hicieron arquear la espalda contra el colchón. El encaje negro se estiró y se tensó mientras Kirishima comenzaba a moverse, con embestidas potentes y rítmicas que buscaban reclamar cada rincón de su interior.

—¡Ah... Eijiro! —exclamó Bakugo, perdiendo su fachada de control. Sus uñas se clavaron en los hombros del pelirrojo, dejando marcas rojas que tardarían días en desaparecer.

—Eres tan estrecho... —jadeó Kirishima, apretando los dientes mientras su don se activaba ligeramente por la intensidad del placer—. Maldición, Katsuki, me vas a volver loco.

—Eso es... lo que quiero —logró decir Bakugo entre jadeos, mientras su cabeza se movía de un lado a otro sobre la almohada—. Más fuerte... no te detengas, maldito extra...

Kirishima aumentó el ritmo, sus manos sujetando las caderas de Bakugo con fuerza, anclándolo a la cama. Cada vez que sus cuerpos chocaban, el sonido de la carne contra la carne llenaba la habitación, una sinfonía de posesión y deseo que borraba cualquier rastro de inseguridad o celos. Bakugo se sentía abrumado por la sensación de ser dominado por el único hombre al que respetaba, el único que podía ver a través de su armadura de explosiones e ira.

—Mírame —ordenó Kirishima.

Bakugo abrió los ojos, empañados por las lágrimas de placer. Vio el rostro de Eijiro, sudoroso, con los dientes de tiburón apretados y una expresión de pura devoción y lujuria.

—Eres mío —dijo Kirishima, antes de dar una estocada final y profunda que hizo que ambos llegaran al límite.

Bakugo gritó el nombre de Kirishima mientras su propio clímax lo golpeaba, sintiendo el calor del pelirrojo llenándolo, marcándolo desde adentro de una manera que ninguna cámara o revista podría captar jamás. Se desplomó contra el colchón, con el pecho subiendo y bajando frenéticamente, mientras Kirishima se dejaba caer sobre él, envolviéndolo en un abrazo protector.

El silencio que siguió fue cómodo, solo interrumpido por sus respiraciones agitadas. Kirishima besó la sien de Bakugo, aspirando el aroma a sudor y victoria.

—¿Mejor? —preguntó el pelirrojo con voz suave.

Bakugo bufó, aunque no hizo ningún intento por apartarse. Se sentía pesado, satisfecho y extrañamente en paz.

—Si vuelves a dejar que un extra se te acerque así, te haré explotar la cara —amenazó, aunque no tenía fuerza en la voz.

Kirishima soltó una pequeña risa y apretó más el abrazo.

—No habrá más extras, Katsuki. Solo tú. Siempre solo tú.

Bakugo cerró los ojos, permitiéndose por fin relajarse. Mañana volverían a ser los héroes número dos y tres de Japón, manteniendo las distancias en público y fingiendo que solo eran rivales y amigos. Pero esta noche, y todas las noches que siguieran, él sabía la verdad. El encaje negro estaba roto en algún lugar de la cama, las marcas de dientes adornaban su cuello y el peso de Kirishima sobre él era el único ancla que necesitaba.

—Más te vale, pelo de pincho —murmuró Bakugo antes de quedarse dormido—. Más te vale.
Contents

Want to write your own fanfic?

Sign up on Fanfy and create your own stories!

Create my fanfic