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Fandom: CORTIS

Created: 4/20/2026

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PWP (Plot? What Plot?)DarkJealousyExplicit LanguageCharacter StudyDrama
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Prisionero entre dos coronas

—Supongo que ahora tendré que unirme —dijo Seonghyeon, deteniéndose justo frente a ellos con una parsimonia que helaba la sangre—. Mi erección no se va a bajar sola después de ver este espectáculo.

Juhoon, aún vibrando por el orgasmo que acababa de sacudir sus cimientos, giró la cabeza con lentitud, sin atreverse a soltar el cuello de Keonho. Sus ojos, empañados por una neblina de lascivia y agotamiento, se clavaron en la figura de Seonghyeon. Al bajar la vista y encontrarse con la mano del recién llegado apretando aquel bulto obsceno y rígido bajo la tela de su pantalón, un escalofrío eléctrico le recorrió la columna.

La imagen de Seonghyeon, usualmente el epítome de la elegancia y el orden, tocándose de forma tan desvergonzada, fue el detonante que su cuerpo necesitaba para reactivarse. Juhoon entrecerró los ojos, sus labios entreabiertos dejando escapar un vaho caliente mientras el juicio se le escapaba entre los dedos. Sintió cómo su sexo, lejos de calmarse, volvía a latir con una fuerza renovada, derramando un nuevo flujo de deseo que humedeció sus muslos internos. En un acto reflejo, apretó las piernas alrededor de la cintura de Keonho, intentando inútilmente retener el líquido que se deslizaba por su piel.

—Ah... —un sonido gutural, a medio camino entre un sollozo y un reclamo, escapó de su garganta.

Su rostro era una máscara de perdición; las mejillas encendidas en un carmín profundo, las pestañas húmedas y esa boca entreabierta que invitaba a cualquier pecado. Keonho, que hasta ese momento disfrutaba de su victoria, frunció el ceño al notar la reacción inmediata de Juhoon ante la presencia del otro. Sus manos grandes apretaron la cintura del mayor con una fuerza que rozaba el dolor, marcando su posesividad.

—¿En serio, hyung? —gruñó Keonho, su voz cargada de un celo juvenil y amargo—. ¿Basta con que él se toque para que vuelvas a chorrear así? ¿No te fue suficiente conmigo?

El maknae se separó del abrazo, rompiendo la unión física para llevarse las manos a su propio miembro, que palpitaba dolorosamente bajo la tela. Obligó a Juhoon a mirarlo, sujetándole la mandíbula con una mano mientras con la otra comenzaba a masturbarse con movimientos rápidos y desesperados.

—Mírame bien —le ordenó Keonho con los ojos encendidos—. Mira lo que me haces. Estás tan necesitado que cualquier mano te sirve, ¿verdad, pequeña princesa sucia?

Juhoon se mordió el labio inferior con tal fuerza que casi se saca sangre, atrapando un gemido que amenazaba con romper el silencio de la cocina. Ver la mano de Keonho moviéndose con esa urgencia, mientras Seonghyeon los acechaba como un depredador hambriento, lo sumergió en una espiral de placer prohibido.

Seonghyeon soltó una risa seca, un sonido que carecía de su habitual dulzura. Se acercó más, invadiendo el espacio personal de ambos hasta que pudo atrapar el mentón de Juhoon entre sus dedos largos y finos. Obligó al mayor a clavar sus ojos en los suyos, ignorando por un momento la rabieta de Keonho.

—Keonho tiene razón en algo —murmuró Seonghyeon, su voz limpia ahora teñida de una oscuridad densa—. Juhoon es tan insaciable que un solo hombre nunca será suficiente para llenarlo. Necesitas que dos penes te follen al mismo tiempo para que tu cabecita deje de dar vueltas, ¿verdad?

Seonghyeon ladeó la cabeza, observando cómo la pupila de Juhoon se dilataba hasta casi borrar el iris castaño.

—Dime, ¿estoy en lo cierto? ¿Quieres que ambos te usemos hasta que no puedas ni recordar cómo te llamas?

Juhoon, incapaz de articular una sola palabra coherente, simplemente asintió con la cabeza, dejando que una lágrima de pura sobreestimulación rodara por su mejilla.

Keonho, perdiendo la paciencia y el humor, agarró a Juhoon por las axilas y lo bajó del mostrador con un movimiento brusco. Lo giró sin ceremonias, obligándolo a inclinarse hacia adelante contra el mueble de granito. Juhoon soltó una mueca de sorpresa, sus manos buscando apoyo en la superficie fría mientras giraba el cuello para mirar a los dos menores por encima del hombro. La posición era humillante y perfecta: su espalda arqueada ofrecía una vista impecable de su trasero blanco y firme, y de su sexo aún goteante.

—Si vamos a hacer esto —dijo Keonho, deslizando una mano por la curva de las nalgas de Juhoon—, tendremos que preparar tu otro agujero. No quiero que te rompas cuando intentemos entrar los dos.

Juhoon tembló, un gemido agudo escapando de sus labios ante la perspectiva de ser invadido por partida doble. La idea de ser llenado en su vagina y en su ano simultáneamente le provocó una punzada de placer tan intensa que sus rodillas casi cedieron.

—Es mi turno de prepararlo —intervino Seonghyeon, apartando la mano de Keonho con un gesto autoritario—. Tú ya te divertiste bastante mientras yo miraba desde la sombra. Déjamelo a mí.

Keonho soltó un suspiro de descontento, pero asintió, dando un paso atrás. En un silencio sepulcral, solo roto por el sonido de las telas rozando contra la piel, ambos menores se despojaron de su ropa. Seonghyeon se deshizo de su elegancia con una eficiencia fría, revelando un cuerpo de músculos largos y fuertes, mientras Keonho exhibía su complexión atlética y pulida, su piel aún brillante por el sudor de la excitación previa.

Ya desnudos, Seonghyeon se pegó a la espalda de Juhoon, mientras Keonho se posicionaba frente a él, obligándolo a mantener el torso erguido para que sus pechos chocaran. El contacto de piel con piel fue como una explosión térmica. Seonghyeon comenzó a depositar besos hambrientos en el hombro de Juhoon, sus labios succionando la carne tierna mientras sus manos amasaban las nalgas del mayor con una fuerza posesiva.

—Estás temblando, princesa —susurró Seonghyeon al oído de Juhoon, su aliento enviando una descarga de estática por todo el cuerpo del mayor—. ¿Tanto miedo tienes de lo que te vamos a hacer?

Seonghyeon bajó una mano, deslizando los dedos por la raja del sexo de Juhoon. Recogió el lubricante excesivo que se acumulaba allí, una mezcla viscosa y caliente que se deslizaba por los muslos del mayor como hilos de seda. Al sentir el tacto invasivo, Juhoon soltó un sonido quebrado, una mezcla de placer y vergüenza.

—Dios... —suspiró Seonghyeon al notar la cantidad de fluido que empapaba su mano—. Pareces una fuente, Juhoon. Tu coño no para de soltar esta mierda por nosotros. Estás tan jodidamente sucio por dentro, ¿verdad?

Seonghyeon lamió la zona de su boca, sus ojos fijos en cómo Keonho observaba la escena con la mandíbula apretada. El menor de los tres, al notar que los dedos de Seonghyeon ya estaban cubiertos por la esencia de Juhoon, bajó sus propias manos hasta las nalgas de su hyung. Las separó con firmeza, revelando el pequeño anillo rosado de su ano, que se contraía rítmicamente ante la exposición.

—Qué servicial eres, Keonho —se burló Seonghyeon, aunque su voz carecía de verdadera malicia, concentrado como estaba en la tarea de lubricar la entrada trasera de Juhoon con sus propios fluidos.

Keonho le lanzó una mirada asesina, pero no soltó el agarre.

—Solo hazlo rápido —ordenó el maknae—. Quiero estar dentro de él ya. Me estoy volviendo loco oliendo cómo se deshace por ti.

Juhoon cerró los ojos, dejando que su cabeza cayera hacia atrás, apoyándose en el pecho de Keonho. El contraste entre la frialdad del mármol bajo sus palmas y el calor abrasador de los cuerpos que lo rodeaban lo estaba volviendo loco. Sintió el primer dedo de Seonghyeon presionar contra su entrada anal, una intrusión lenta y metódica que lo hizo jadear.

—Relájate, Juhoon —susurró Seonghyeon, su voz recuperando ese tono dulce que usaba para calmarlo después de los ensayos, aunque ahora cargado de una intención perversa—. Si no te abres para mí, te va a doler cuando Keonho intente forzar su camino. Y sabes que él no tiene tanta paciencia como yo.

—Ah... Seong... —balbuceó Juhoon, su cuerpo arqueándose involuntariamente—. Duele... un poco...

—Es porque estás apretado, mi pequeña princesa —dijo Seonghyeon, añadiendo un segundo dedo y comenzando un movimiento de tijera que estiraba las paredes internas de Juhoon—. Pero mira qué bien te sienta. Estás tan caliente aquí atrás también.

Keonho no pudo contenerse más. Se inclinó hacia adelante y atrapó los labios de Juhoon en un beso voraz, metiendo su lengua con una agresividad que buscaba reclamar su territorio. Sus manos bajaron hasta la cintura estrecha de Juhoon, sus pulgares hundiéndose en la carne suave, justo encima de los huesos de la cadera. El mayor estaba siendo estirado y reclamado por ambos extremos, una marioneta de carne en manos de sus dos menores.

Seonghyeon, sintiendo cómo la resistencia inicial de Juhoon cedía ante la estimulación, introdujo un tercer dedo. El sonido de los fluidos lubricando la entrada era rítmico y obsceno en la quietud de la cocina. Juhoon estaba completamente perdido, sus sentidos saturados por el olor a testosterona, el sabor de Keonho y la invasión de Seonghyeon.

—Ya está listo —anunció Seonghyeon con una sonrisa depredadora, retirando los dedos con un chasquido húmedo que hizo que Juhoon sollozara por la pérdida repentina de contacto—. Keonho, tú primero. Quiero ver cómo se ve tu polla entrando en su coño mientras yo me encargo de lo demás.

Keonho no necesitó que se lo dijeran dos veces. Agarró a Juhoon por los muslos y lo levantó ligeramente, posicionando su miembro, ya goteante de deseo, contra la apertura empapada de la vagina de Juhoon. Con un empuje firme y decidido, se enterró en él hasta la base.

—¡Ahhh! —el grito de Juhoon fue ahogado por el hombro de Keonho, donde hundió los dientes para no gritar más fuerte.

—Dios, Juhoon... estás tan apretado —gruñó Keonho, sus ojos cerrándose con fuerza mientras sentía cómo las paredes internas de su hyung lo abrazaban con una fuerza increíble—. Siento que me vas a romper.

Seonghyeon, lejos de quedarse atrás, se posicionó detrás de ellos. Sus manos volvieron a las nalgas de Juhoon, abriéndolas de nuevo para revelar el camino que él mismo había preparado. Sin ceremonias, apoyó la punta de su erección contra el ano de Juhoon.

—Mírame, Juhoon —le ordenó Seonghyeon—. Mira lo que te estamos haciendo.

Juhoon, con los ojos vidriosos y la boca abierta en un mudo grito de placer, giró la cabeza lo suficiente para ver a Seonghyeon por el rabillo del ojo. Vio la determinación en el rostro del chico que siempre consideró el más sensato del grupo. En ese momento, Seonghyeon empujó.

La doble penetración fue un choque eléctrico que paralizó el sistema nervioso de Juhoon. Sentirse lleno de esa manera, con un miembro en cada cavidad, era una experiencia que desafiaba toda lógica. Su cuerpo se tensó, sus músculos se contrajeron alrededor de ambos invasores, y un gemido agudo, casi animal, escapó de sus labios.

—Eso es... —susurró Keonho, comenzando a moverse con embestidas cortas y potentes—. Cógenos a los dos, hyung. Sé la buena princesa que siempre quisiste ser.

Seonghyeon siguió el ritmo de Keonho, coordinando sus movimientos para que Juhoon fuera golpeado desde ambos lados en una sincronía perfecta. El sonido de la carne chocando contra la carne llenaba el espacio, un eco sordo de su lujuria desenfrenada. Juhoon solo podía colgar de los brazos de Keonho, sus pies apenas tocando el suelo, mientras su mundo se reducía a la sensación de ser reclamado por sus compañeros.

—Míralo, Keonho —dijo Seonghyeon entre jadeos, sus ojos fijos en la expresión de éxtasis puro de Juhoon—. Mira cómo se le ponen los ojos. Está completamente ido.

—Es nuestro —respondió Keonho, aumentando la velocidad de sus estocadas—. Nadie más puede tenerlo así. Solo nosotros sabemos lo que la princesa de Cortis esconde bajo su ropa.

Juhoon sentía que su mente se fragmentaba. El placer era demasiado, una marea que lo arrastraba hacia un abismo del que no quería regresar. Sus uñas se clavaron en la espalda de Keonho, dejando surcos rojos que daban fe de su desesperación. Cada vez que Seonghyeon empujaba profundamente en su ano, sentía que tocaba su alma, y cada vez que Keonho golpeaba su cuello uterino, su visión se llenaba de chispas blancas.

—Voy a... voy a correrme... —gimió Juhoon, su voz apenas un susurro quebrado.

—Todavía no —sentenció Seonghyeon, apretando sus manos sobre los muslos de Juhoon para controlar el ritmo—. No te vas a correr hasta que nosotros lo digamos. Tienes que aguantar un poco más para tus dueños.

Keonho soltó una risa ronca, su rostro hundido en el cuello de Juhoon, dejando marcas que tardarían días en desaparecer. La competencia entre los dos menores se había transformado en una colaboración perversa, un pacto silencioso para llevar a su hyung al límite absoluto de su resistencia.

Juhoon sollozaba, su cuerpo sacudido por espasmos que amenazaban con derribarlo. El sudor empapaba su cabello castaño, pegándolo a su frente, y sus ojos expresivos estaban fijos en algún punto invisible en el techo de la cocina. Estaba siendo usado, devorado por la juventud y el hambre de Keonho y Seonghyeon, y lo único que podía hacer era pedir más.

—Por favor... —suplicó Juhoon, su voz cargada de una vulnerabilidad que rompió la última barrera de autocontrol de los menores—. Por favor, Keonho... Seonghyeon... ya no puedo más...

El uso de sus nombres fue el catalizador final. Keonho soltó un gruñido profundo y comenzó a embestir con una ferocidad renovada, su cuerpo arqueándose con cada golpe. Seonghyeon, contagiado por la urgencia del maknae, también perdió la compostura, sus movimientos volviéndose erráticos y desesperados mientras buscaba su propio clímax en la calidez prohibida de Juhoon.

—¡Ahora, Juhoon! —gritó Keonho, sus manos apretando las nalgas del mayor con una fuerza brutal.

Juhoon sintió cómo su propio orgasmo estallaba, una explosión de color y calor que recorrió cada fibra de su ser. Su sexo derramó chorros de fluido que mancharon el abdomen de Keonho, mientras sus paredes internas se contraían con una violencia que casi hizo que los menores se corrieran en ese mismo instante. Segundos después, Keonho se tensó, soltando su semilla dentro de la vagina de Juhoon con un grito de triunfo. Casi al mismo tiempo, Seonghyeon hundió su rostro en la espalda de Juhoon y llenó su ano con su propio calor, su cuerpo temblando por el esfuerzo.

El silencio que siguió fue denso, cargado con el olor del sexo y el sonido de tres respiraciones agitadas. Juhoon quedó colgado entre ellos, sus piernas temblando tanto que no podían sostenerlo. Keonho y Seonghyeon no se retiraron de inmediato, disfrutando de la unión y del calor que compartían con su hyung.

—Te lo dije —susurró Seonghyeon, dejando un beso suave en la nuca sudada de Juhoon—. Una sola mano nunca iba a ser suficiente para ti.

Keonho, con una sonrisa de satisfacción que iluminaba su rostro cansado, levantó la barbilla de Juhoon para que lo mirara.

—Eres nuestra, princesa —dijo el maknae con una madurez que contrastaba con su edad—. Y no vamos a dejar que lo olvides nunca.

Juhoon, agotado y completamente reclamado, solo pudo cerrar los ojos y dejarse acunar por los dos chicos que, a pesar de su juventud, acababan de demostrarle que eran los únicos capaces de domar su naturaleza insaciable. La cocina de Cortis, antes un lugar de orden y ensayos, se había convertido en el escenario de su rendición total.
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