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reencarne como asia argento en dxd
Fandom: high school dxd
Created: 4/21/2026
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Isekai / Portal FantasyAU (Alternate Universe)Gender SwapCrack / Parody HumorActionFix-itDivergenceOOC (Out of Character)FantasyParodySatire
La Rubia Equivocada y el Arte de la Creación Infinita
Damián no recordaba haber muerto. Lo último que tenía en su memoria era el sabor amargo de una bebida energética barata y el brillo de la pantalla de su computadora mientras terminaba un maratón de *High School DxD*. Sin embargo, ahora se encontraba en un espacio blanco, infinito y extrañamente silencioso, frente a un anciano que parecía sacado de una pintura renacentista, pero con una expresión de absoluta confusión.
—A ver si lo entiendo —dijo el anciano, moviendo las manos de forma exagerada mientras señalaba un audífono dorado que parecía no funcionar—. ¿Tres deseos y un mundo?
Damián asintió con entusiasmo. Sabía exactamente lo que quería. No iba a desperdiciar la oportunidad de ser el tipo más genial del universo.
—Primero: quiero reencarnar como mi personaje favorito de *DxD*, Vali Lucifer. Quiero ese estilo, esas alas y esa actitud de "me importa todo un bledo".
El dios asintió, aunque sus ojos estaban un poco desenfocados.
—Segundo —continuó Damián, alzando la voz por si acaso—: quiero la habilidad de crear lo que sea. Armas de anime, videojuegos, habilidades, poderes, almas, conceptos, recuerdos, experiencia, energías... ¡todo! Y sin ningún coste. Nada de "intercambio equivalente" o "mana limitado". Creación pura y absoluta.
El anciano hizo un gesto de aprobación, anotando algo en una nube flotante.
—Y tercero: quiero ser inmune al poder de la trama. No quiero que el protagonista me gane solo porque "cree en sus amigos", ni quiero que el guion me debilite cuando sea conveniente para la historia. Inmunidad total a los *nerfeos* y a los *power-ups* ajenos.
El dios terminó de escribir, levantó el pulgar y, con un soplido, envió a Damián al vacío.
—¡Espera, no te dije en qué momento de la historia quería aparec...! —La voz de Damián se perdió en el abismo.
El despertar fue... diferente. Damián sintió una ligereza extraña en su cuerpo. No había rastro de la armadura de escamas plateadas que esperaba, ni la sensación de poder demoníaco oscuro de un Lucifer. En su lugar, sentía una brisa suave acariciando sus piernas y algo pesado golpeando rítmicamente contra su pecho mientras caminaba.
Se detuvo frente al escaparate de una tienda en una calle que reconoció de inmediato: la ciudad de Kuoh.
—¿Qué... qué demonios es esto? —Dijo, pero su voz no era la de un joven arrogante y poderoso. Era dulce, aguda y cargada de una inocencia que le dio náuseas.
Damián miró su reflejo. El cabello rubio caía en cascada sobre sus hombros, enmarcando un rostro angelical de ojos verdes esmeralda. Llevaba un hábito de monja que le quedaba perfectamente, ocultando un cuerpo que, aunque menudo, tenía curvas notables.
—¡Asia Argento! —Gritó, llevándose las manos a la cabeza—. ¡Ese viejo sordo! ¡Dije Vali! ¡Mi personaje favorito es Vali! ¡Asia es mi *chica* favorita, no el personaje que quería *ser*!
Varios transeúntes se detuvieron a mirar a la hermosa monja que gritaba desesperada en medio de la acera. Damián, ahora Asia, respiró hondo, tratando de calmar los latidos de su corazón.
—Cálmate, Damián... o Asia... o como sea —se susurró a sí misma—. Tienes los otros deseos. El viejo no pudo haber arruinado eso también.
Cerró los ojos y se concentró. "Crear lo que sea", había dicho. "Sin coste".
—Bien —murmuró con una sonrisa traviesa que no encajaba en absoluto con su rostro angelical—. Empecemos con algo básico. Quiero la *Yamato* de Vergil.
En un destello de luz azul que nadie más pareció notar, una katana de funda negra y empuñadura blanca apareció en su mano izquierda. El peso era real. El filo, capaz de cortar dimensiones, vibraba bajo sus dedos.
—Oh, esto va a ser divertido —dijo Asia, guardando la espada en una dimensión de bolsillo que acababa de crear con un simple pensamiento—. Si voy a ser la monja de esta historia, voy a ser la monja más peligrosa que este mundo haya visto jamás.
Caminó por las calles de Kuoh con una indiferencia absoluta hacia el destino. Sabía que, según la historia original, debía encontrarse con Issei Hyoudou pronto. Pero a Asia no le importaba Issei. El protagonista y su "poder de la amistad" no tenían efecto sobre ella gracias a su tercer deseo.
Mientras caminaba, un grupo de hombres con aspecto de matones se interpuso en su camino en un callejón estrecho.
—Oye, hermanita, ¿te has perdido? —dijo uno, con una sonrisa asquerosa—. Este no es lugar para una chica tan linda.
Asia se detuvo y los miró con una expresión de aburrimiento total.
—Tengo cosas más importantes que hacer que lidiar con basura de nivel uno —dijo ella, su voz sonando extrañamente melodiosa a pesar del insulto—. Desaparezcan. No estoy de humor.
—¿Qué dijiste, perra? —El hombre extendió la mano para agarrarla del hombro.
Asia ni siquiera parpadeó. Con un pensamiento, creó una pequeña esfera de "Borrado Conceptual" en la punta de su dedo.
—Dije que desaparezcan.
Al tocar el pecho del hombre, este no gritó. Simplemente dejó de existir. No hubo sangre, no hubo restos. Sus compañeros retrocedieron, con los ojos desorbitados por el terror.
—¿Qué... qué eres? —tartamudeó el otro.
—Soy un error en el guion —respondió Asia, sonriendo de una manera que habría hecho que el mismísimo Lucifer sudara frío—. Ahora, lárguense antes de que decida borrar el concepto de "dolor" y lo reemplace por algo mucho peor para ustedes.
Los hombres huyeron como si el mismo diablo los persiguiera. Asia suspiró y siguió caminando, ajustándose el hábito.
—Demasiado fácil. Necesito algo de entretenimiento real.
No pasó mucho tiempo antes de que sintiera una presencia poderosa. No era humana. Era algo oscuro, afilado y lleno de una arrogancia que ella reconoció de inmediato. Raynare. El ángel caído que, en la historia original, debía matarla para robarle su *Twilight Healing*.
Asia se sentó en el banco de un parque, esperando. Sabía que la estaban observando.
—Vaya, vaya —una voz seductora y cargada de veneno descendió desde los árboles—. Una pequeña monja exiliada, tan lejos de casa. ¿Sabes que tienes algo que me pertenece, pequeña Asia?
Raynare aterrizó frente a ella, sus alas negras desplegadas con orgullo. Su belleza era innegable, pero su aura era pútrida.
—¿Te refieres al *Twilight Healing*? —preguntó Asia, sin levantarse, mirando sus uñas recién creadas con desinterés—. Es una habilidad de curación bastante mediocre, si me preguntas. Solo sirve para sanar heridas físicas. Un poco aburrido.
Raynare parpadeó, desconcertada por la falta de miedo de la chica.
—¿Mediocre? Es un Sacred Gear único. Y voy a arrancártelo del cuerpo ahora mismo.
—Podrías intentarlo —dijo Asia, levantándose finalmente. Su estatura era pequeña, pero en ese momento, Raynare sintió que la presión en el aire cambiaba. No era poder mágico ordinario; era como si la realidad misma se estuviera doblando para acomodarse a la chica rubia—. Pero antes de que lo hagas, déjame mostrarte algo.
Asia extendió la mano.
—Creación de concepto: "Anulación de Existencia de Ángeles Caídos".
Una onda de choque invisible barrió el parque. Raynare cayó de rodillas, gritando mientras sus alas comenzaban a desintegrarse en cenizas grises. Su poder desaparecía, drenado por una fuerza que no podía comprender.
—¡¿Qué me has hecho?! —aulló Raynare, aferrándose a su pecho—. ¡Mi poder! ¡Mis alas!
—Te dije que era aburrido —comentó Asia, caminando hacia ella con pasos lentos y elegantes—. Podría matarte ahora, pero eso terminaría la diversión demasiado pronto. Necesito que le lleves un mensaje a tus superiores, o a quien sea que esté al mando de esta operación de pacotilla.
Asia se inclinó y tomó el mentón de Raynare, obligándola a mirarla a los ojos. Las pupilas de Asia brillaron con una luz dorada y caótica.
—Diles que Asia Argento ya no está en el mercado. Y diles que si vuelven a molestarme, crearé un infierno personal para cada uno de ustedes donde el tiempo no pasa y el sufrimiento es infinito. ¿Entendido?
Raynare asintió frenéticamente, temblando. Asia chasqueó los dedos y la devolvió a su estado anterior, aunque el trauma psicológico era evidente. El ángel caído no perdió ni un segundo; invocó un círculo de transporte y desapareció en un instante.
—Bueno, eso se encargará de los caídos por un rato —dijo Asia, estirando los brazos—. Ahora, ¿dónde estará ese club de ocultismo? Tengo curiosidad por ver la cara de Rias Gremory cuando vea que su "peón sanador" puede destruir el mundo antes del almuerzo.
Mientras caminaba hacia la Academia Kuoh, Asia comenzó a experimentar con sus poderes. Creó una manzana que sabía a victoria, luego una pequeña hada que solo ella podía ver para que le contara chistes, y finalmente, decidió que su atuendo de monja era demasiado restrictivo.
Con un pensamiento, su hábito se transformó en una versión estilizada y gótica del mismo: negro azabache con detalles en plata, más corto y mucho más cómodo para el combate.
—Mucho mejor —murmuró—. Si voy a estar atrapada en este cuerpo, al menos lo haré con estilo.
Al llegar a las puertas de la academia, se encontró con un chico de cabello castaño que corría desesperado, chocando casi de frente con ella. Issei Hyoudou.
—¡Ah! ¡Lo siento mucho, yo...! —Issei se detuvo en seco al verla. Sus ojos se abrieron de par en par y sus mejillas se encendieron—. Wow... eres... eres una monja muy... guapa.
Asia lo miró de arriba abajo. Este era el portador del Dragón Galés, el hombre que se convertiría en el Rey del Harén. En la historia original, ella se habría enamorado perdidamente de él por su amabilidad.
Pero este no era el guion original.
—Sí, lo sé —respondió Asia con una sonrisa cínica—. Y tú eres el chico que tiene un lagarto ruidoso en el brazo izquierdo. Issei, ¿verdad?
Issei retrocedió, asustado.
—¿Cómo sabes lo de...? Espera, ¿quién eres?
—Soy Asia. Y te doy un consejo, Issei —dijo ella, dándole una palmadita en la mejilla que lo dejó congelado—. Deja de mirar a las chicas como si fueran trozos de carne. Es patético. Y dile a la pelirroja que te sigue que deje de ocultarse en las sombras. Es de mala educación.
Desde detrás de un árbol cercano, Rias Gremory salió, su expresión era una mezcla de cautela y fascinación. No sentía malicia en la chica rubia, pero el poder que emanaba de ella era algo que nunca había sentido en su vida. No era sagrado, no era demoníaco. Era... otra cosa.
—¿Quién eres realmente? —preguntó Rias, colocándose frente a Issei de forma protectora—. No eres una simple monja exiliada de la Iglesia.
Asia se rió, un sonido claro y burlón.
—Soy lo que sucede cuando un dios sordo comete un error —dijo, dando media vuelta—. Por ahora, solo soy una turista. Pero me caen bien, así que quizás los ayude con su pequeño problema con el compromiso matrimonial de Rias. O quizás no. Depende de qué tan entretenido sea.
—¿Cómo sabes lo de mi compromiso? —Rias dio un paso adelante, invocando su Poder de la Destrucción.
Asia se detuvo y miró por encima del hombro. Con un simple gesto de la mano, el aura roja de Rias se desvaneció, absorbida por el aire como si nunca hubiera existido.
—Recuerda lo que dije, Gremory: soy inmune a los trucos de la trama. Tu poder no funciona conmigo a menos que yo lo permita.
Sin decir una palabra más, Asia siguió caminando hacia el edificio escolar, dejando a la heredera del clan Gremory y al futuro Sekiryuutei en un estado de shock absoluto.
—Esto va a ser mucho mejor que ser Vali —pensó Asia para sí misma, mientras creaba mentalmente un nuevo tipo de energía que combinaba la magia nórdica con la tecnología de ciencia ficción—. Ser la pieza caótica en el tablero es mucho más divertido que ser el rey.
Se detuvo frente a la fuente de la escuela y miró al cielo.
—¡Oye, viejo sordo! —Gritó hacia la nada—. ¡Gracias por el cambio de planes! ¡Me voy a quedar con este mundo!
Y con una carcajada que resonó por todo el campus, la nueva Asia Argento comenzó su primer día en un mundo que no estaba ni remotamente preparado para ella. No era una santa, no era una víctima. Era una creadora con el poder de un dios y la actitud de una bromista indiferente, y el destino de *High School DxD* acababa de ser hecho pedazos.
—A ver si lo entiendo —dijo el anciano, moviendo las manos de forma exagerada mientras señalaba un audífono dorado que parecía no funcionar—. ¿Tres deseos y un mundo?
Damián asintió con entusiasmo. Sabía exactamente lo que quería. No iba a desperdiciar la oportunidad de ser el tipo más genial del universo.
—Primero: quiero reencarnar como mi personaje favorito de *DxD*, Vali Lucifer. Quiero ese estilo, esas alas y esa actitud de "me importa todo un bledo".
El dios asintió, aunque sus ojos estaban un poco desenfocados.
—Segundo —continuó Damián, alzando la voz por si acaso—: quiero la habilidad de crear lo que sea. Armas de anime, videojuegos, habilidades, poderes, almas, conceptos, recuerdos, experiencia, energías... ¡todo! Y sin ningún coste. Nada de "intercambio equivalente" o "mana limitado". Creación pura y absoluta.
El anciano hizo un gesto de aprobación, anotando algo en una nube flotante.
—Y tercero: quiero ser inmune al poder de la trama. No quiero que el protagonista me gane solo porque "cree en sus amigos", ni quiero que el guion me debilite cuando sea conveniente para la historia. Inmunidad total a los *nerfeos* y a los *power-ups* ajenos.
El dios terminó de escribir, levantó el pulgar y, con un soplido, envió a Damián al vacío.
—¡Espera, no te dije en qué momento de la historia quería aparec...! —La voz de Damián se perdió en el abismo.
El despertar fue... diferente. Damián sintió una ligereza extraña en su cuerpo. No había rastro de la armadura de escamas plateadas que esperaba, ni la sensación de poder demoníaco oscuro de un Lucifer. En su lugar, sentía una brisa suave acariciando sus piernas y algo pesado golpeando rítmicamente contra su pecho mientras caminaba.
Se detuvo frente al escaparate de una tienda en una calle que reconoció de inmediato: la ciudad de Kuoh.
—¿Qué... qué demonios es esto? —Dijo, pero su voz no era la de un joven arrogante y poderoso. Era dulce, aguda y cargada de una inocencia que le dio náuseas.
Damián miró su reflejo. El cabello rubio caía en cascada sobre sus hombros, enmarcando un rostro angelical de ojos verdes esmeralda. Llevaba un hábito de monja que le quedaba perfectamente, ocultando un cuerpo que, aunque menudo, tenía curvas notables.
—¡Asia Argento! —Gritó, llevándose las manos a la cabeza—. ¡Ese viejo sordo! ¡Dije Vali! ¡Mi personaje favorito es Vali! ¡Asia es mi *chica* favorita, no el personaje que quería *ser*!
Varios transeúntes se detuvieron a mirar a la hermosa monja que gritaba desesperada en medio de la acera. Damián, ahora Asia, respiró hondo, tratando de calmar los latidos de su corazón.
—Cálmate, Damián... o Asia... o como sea —se susurró a sí misma—. Tienes los otros deseos. El viejo no pudo haber arruinado eso también.
Cerró los ojos y se concentró. "Crear lo que sea", había dicho. "Sin coste".
—Bien —murmuró con una sonrisa traviesa que no encajaba en absoluto con su rostro angelical—. Empecemos con algo básico. Quiero la *Yamato* de Vergil.
En un destello de luz azul que nadie más pareció notar, una katana de funda negra y empuñadura blanca apareció en su mano izquierda. El peso era real. El filo, capaz de cortar dimensiones, vibraba bajo sus dedos.
—Oh, esto va a ser divertido —dijo Asia, guardando la espada en una dimensión de bolsillo que acababa de crear con un simple pensamiento—. Si voy a ser la monja de esta historia, voy a ser la monja más peligrosa que este mundo haya visto jamás.
Caminó por las calles de Kuoh con una indiferencia absoluta hacia el destino. Sabía que, según la historia original, debía encontrarse con Issei Hyoudou pronto. Pero a Asia no le importaba Issei. El protagonista y su "poder de la amistad" no tenían efecto sobre ella gracias a su tercer deseo.
Mientras caminaba, un grupo de hombres con aspecto de matones se interpuso en su camino en un callejón estrecho.
—Oye, hermanita, ¿te has perdido? —dijo uno, con una sonrisa asquerosa—. Este no es lugar para una chica tan linda.
Asia se detuvo y los miró con una expresión de aburrimiento total.
—Tengo cosas más importantes que hacer que lidiar con basura de nivel uno —dijo ella, su voz sonando extrañamente melodiosa a pesar del insulto—. Desaparezcan. No estoy de humor.
—¿Qué dijiste, perra? —El hombre extendió la mano para agarrarla del hombro.
Asia ni siquiera parpadeó. Con un pensamiento, creó una pequeña esfera de "Borrado Conceptual" en la punta de su dedo.
—Dije que desaparezcan.
Al tocar el pecho del hombre, este no gritó. Simplemente dejó de existir. No hubo sangre, no hubo restos. Sus compañeros retrocedieron, con los ojos desorbitados por el terror.
—¿Qué... qué eres? —tartamudeó el otro.
—Soy un error en el guion —respondió Asia, sonriendo de una manera que habría hecho que el mismísimo Lucifer sudara frío—. Ahora, lárguense antes de que decida borrar el concepto de "dolor" y lo reemplace por algo mucho peor para ustedes.
Los hombres huyeron como si el mismo diablo los persiguiera. Asia suspiró y siguió caminando, ajustándose el hábito.
—Demasiado fácil. Necesito algo de entretenimiento real.
No pasó mucho tiempo antes de que sintiera una presencia poderosa. No era humana. Era algo oscuro, afilado y lleno de una arrogancia que ella reconoció de inmediato. Raynare. El ángel caído que, en la historia original, debía matarla para robarle su *Twilight Healing*.
Asia se sentó en el banco de un parque, esperando. Sabía que la estaban observando.
—Vaya, vaya —una voz seductora y cargada de veneno descendió desde los árboles—. Una pequeña monja exiliada, tan lejos de casa. ¿Sabes que tienes algo que me pertenece, pequeña Asia?
Raynare aterrizó frente a ella, sus alas negras desplegadas con orgullo. Su belleza era innegable, pero su aura era pútrida.
—¿Te refieres al *Twilight Healing*? —preguntó Asia, sin levantarse, mirando sus uñas recién creadas con desinterés—. Es una habilidad de curación bastante mediocre, si me preguntas. Solo sirve para sanar heridas físicas. Un poco aburrido.
Raynare parpadeó, desconcertada por la falta de miedo de la chica.
—¿Mediocre? Es un Sacred Gear único. Y voy a arrancártelo del cuerpo ahora mismo.
—Podrías intentarlo —dijo Asia, levantándose finalmente. Su estatura era pequeña, pero en ese momento, Raynare sintió que la presión en el aire cambiaba. No era poder mágico ordinario; era como si la realidad misma se estuviera doblando para acomodarse a la chica rubia—. Pero antes de que lo hagas, déjame mostrarte algo.
Asia extendió la mano.
—Creación de concepto: "Anulación de Existencia de Ángeles Caídos".
Una onda de choque invisible barrió el parque. Raynare cayó de rodillas, gritando mientras sus alas comenzaban a desintegrarse en cenizas grises. Su poder desaparecía, drenado por una fuerza que no podía comprender.
—¡¿Qué me has hecho?! —aulló Raynare, aferrándose a su pecho—. ¡Mi poder! ¡Mis alas!
—Te dije que era aburrido —comentó Asia, caminando hacia ella con pasos lentos y elegantes—. Podría matarte ahora, pero eso terminaría la diversión demasiado pronto. Necesito que le lleves un mensaje a tus superiores, o a quien sea que esté al mando de esta operación de pacotilla.
Asia se inclinó y tomó el mentón de Raynare, obligándola a mirarla a los ojos. Las pupilas de Asia brillaron con una luz dorada y caótica.
—Diles que Asia Argento ya no está en el mercado. Y diles que si vuelven a molestarme, crearé un infierno personal para cada uno de ustedes donde el tiempo no pasa y el sufrimiento es infinito. ¿Entendido?
Raynare asintió frenéticamente, temblando. Asia chasqueó los dedos y la devolvió a su estado anterior, aunque el trauma psicológico era evidente. El ángel caído no perdió ni un segundo; invocó un círculo de transporte y desapareció en un instante.
—Bueno, eso se encargará de los caídos por un rato —dijo Asia, estirando los brazos—. Ahora, ¿dónde estará ese club de ocultismo? Tengo curiosidad por ver la cara de Rias Gremory cuando vea que su "peón sanador" puede destruir el mundo antes del almuerzo.
Mientras caminaba hacia la Academia Kuoh, Asia comenzó a experimentar con sus poderes. Creó una manzana que sabía a victoria, luego una pequeña hada que solo ella podía ver para que le contara chistes, y finalmente, decidió que su atuendo de monja era demasiado restrictivo.
Con un pensamiento, su hábito se transformó en una versión estilizada y gótica del mismo: negro azabache con detalles en plata, más corto y mucho más cómodo para el combate.
—Mucho mejor —murmuró—. Si voy a estar atrapada en este cuerpo, al menos lo haré con estilo.
Al llegar a las puertas de la academia, se encontró con un chico de cabello castaño que corría desesperado, chocando casi de frente con ella. Issei Hyoudou.
—¡Ah! ¡Lo siento mucho, yo...! —Issei se detuvo en seco al verla. Sus ojos se abrieron de par en par y sus mejillas se encendieron—. Wow... eres... eres una monja muy... guapa.
Asia lo miró de arriba abajo. Este era el portador del Dragón Galés, el hombre que se convertiría en el Rey del Harén. En la historia original, ella se habría enamorado perdidamente de él por su amabilidad.
Pero este no era el guion original.
—Sí, lo sé —respondió Asia con una sonrisa cínica—. Y tú eres el chico que tiene un lagarto ruidoso en el brazo izquierdo. Issei, ¿verdad?
Issei retrocedió, asustado.
—¿Cómo sabes lo de...? Espera, ¿quién eres?
—Soy Asia. Y te doy un consejo, Issei —dijo ella, dándole una palmadita en la mejilla que lo dejó congelado—. Deja de mirar a las chicas como si fueran trozos de carne. Es patético. Y dile a la pelirroja que te sigue que deje de ocultarse en las sombras. Es de mala educación.
Desde detrás de un árbol cercano, Rias Gremory salió, su expresión era una mezcla de cautela y fascinación. No sentía malicia en la chica rubia, pero el poder que emanaba de ella era algo que nunca había sentido en su vida. No era sagrado, no era demoníaco. Era... otra cosa.
—¿Quién eres realmente? —preguntó Rias, colocándose frente a Issei de forma protectora—. No eres una simple monja exiliada de la Iglesia.
Asia se rió, un sonido claro y burlón.
—Soy lo que sucede cuando un dios sordo comete un error —dijo, dando media vuelta—. Por ahora, solo soy una turista. Pero me caen bien, así que quizás los ayude con su pequeño problema con el compromiso matrimonial de Rias. O quizás no. Depende de qué tan entretenido sea.
—¿Cómo sabes lo de mi compromiso? —Rias dio un paso adelante, invocando su Poder de la Destrucción.
Asia se detuvo y miró por encima del hombro. Con un simple gesto de la mano, el aura roja de Rias se desvaneció, absorbida por el aire como si nunca hubiera existido.
—Recuerda lo que dije, Gremory: soy inmune a los trucos de la trama. Tu poder no funciona conmigo a menos que yo lo permita.
Sin decir una palabra más, Asia siguió caminando hacia el edificio escolar, dejando a la heredera del clan Gremory y al futuro Sekiryuutei en un estado de shock absoluto.
—Esto va a ser mucho mejor que ser Vali —pensó Asia para sí misma, mientras creaba mentalmente un nuevo tipo de energía que combinaba la magia nórdica con la tecnología de ciencia ficción—. Ser la pieza caótica en el tablero es mucho más divertido que ser el rey.
Se detuvo frente a la fuente de la escuela y miró al cielo.
—¡Oye, viejo sordo! —Gritó hacia la nada—. ¡Gracias por el cambio de planes! ¡Me voy a quedar con este mundo!
Y con una carcajada que resonó por todo el campus, la nueva Asia Argento comenzó su primer día en un mundo que no estaba ni remotamente preparado para ella. No era una santa, no era una víctima. Era una creadora con el poder de un dios y la actitud de una bromista indiferente, y el destino de *High School DxD* acababa de ser hecho pedazos.
