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Percy y oliver

Fandom: Harry potter

Created: 4/21/2026

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RomanceAU (Alternate Universe)Slice of LifeFluffCurtainfic / Domestic StoryJealousyExplicit Language
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La logística de los libros y el ángulo de los postes

La biblioteca de la universidad era, para Percy Weasley, el equivalente a un templo sagrado. El silencio sepulcral, el olor a papel viejo y el orden alfabético estricto eran las únicas cosas que mantenían su cordura en medio del caos que significaba cursar el tercer año de Ciencias Políticas y Administración. Sin embargo, ese día, ni siquiera el sistema decimal de Dewey podía calmar su irritación.

Percy estaba sentado en su mesa habitual, rodeado de carpetas perfectamente etiquetadas y tres rotuladores de colores distintos. Su espalda estaba tan recta que parecía haber sido tallada en mármol. Frente a él, Oliver Wood, con su chaqueta deportiva de la universidad y el cabello despeinado por el viento, lo miraba con una expresión que oscilaba entre la desesperación y la adoración.

Habían discutido esa mañana. La causa, como de costumbre, era una cuestión de prioridades. Oliver había intentado convencer a Percy de que faltara a su seminario de Ética Gubernamental para ir a ver un partido amistoso de fútbol (el deporte que Oliver practicaba con una intensidad casi patológica), y Percy le había recordado, con palabras bastante afiladas, que "el éxito académico no se construye sobre gradas de estadios sudorosos".

— Percy, por favor, mírame —susurró Oliver, bajando la voz porque sabía que si hacía ruido, Percy se indignaría aún más—. He venido hasta aquí. He cruzado todo el campus cargando esta bolsa de deporte solo para decirte que lo siento. Tienes razón. La ética es... importante. Supongo.

Percy levantó la vista de su manual de derecho civil, ajustándose las gafas con un movimiento preciso del dedo índice. Sus ojos azules brillaron con una chispa de severidad.

— Lo que me molesta, Oliver, no es solo tu falta de respeto por mi horario —dijo Percy en voz baja pero firme—, sino tu insistente creencia de que puedo simplemente ignorar mis responsabilidades como si fuera un... un delantero sin metas en la vida.

Oliver suspiró, pasando una mano por su cabello castaño.

— Sé que te tomas esto en serio, Perce. Y yo me tomo en serio lo nuestro. De verdad, lo siento. No volveré a sugerir que te saltes una clase a menos que sea una emergencia nacional. O una final de copa.

Percy entrecerró los ojos, pero la comisura de sus labios tembló ligeramente. Conocía a Oliver; sabía que su cerebro funcionaba en términos de tácticas, jugadas y resistencia física. El hecho de que Oliver Wood hubiera entrado voluntariamente en una biblioteca, un lugar que él consideraba "una zona de baja presión de aire", era una disculpa en sí misma.

— Acepto tus disculpas, Oliver —declaró Percy, cerrando su libro con un golpe seco—. Pero espero que comprendas que mi futuro profesional depende de mi consistencia.

— Lo comprendo, lo juro —Oliver sonrió, una de esas sonrisas brillantes que solían desarmar a Percy por completo—. ¿Amigos de nuevo? ¿O mejor dicho, novios de nuevo?

— Siempre hemos sido novios, Oliver, no seas infantil —replicó Percy, aunque su tono ya era mucho más suave—. Ahora, quédate aquí un momento. Debo devolver este tomo a la sección de referencia antes de que cierren el mostrador. No toques mis notas.

Percy se levantó, alisándose el jersey sin una sola arruga, y se alejó hacia los estantes del fondo.

Oliver se quedó allí sentado, jugueteando con un bolígrafo de Percy, sintiéndose aliviado. Estar peleado con Percy era como intentar jugar un partido con un tobillo vendado: nada funcionaba bien. Estaba tan sumido en sus pensamientos sobre la próxima estrategia del equipo que no se dio cuenta de que alguien se acercaba.

— Hola, ¿está ocupado este sitio?

Oliver parpadeó y miró hacia arriba. Una chica con el cabello rubio y una sonrisa ensayada estaba de pie junto a la silla de Percy, sosteniendo un cuaderno vacío.

— Oh, bueno, yo... —comenzó Oliver.

— Soy Sarah, por cierto. Te he visto en el campo de entrenamiento —dijo ella, sentándose sin esperar respuesta en la silla de Percy—. Eres el portero, ¿verdad? El capitán. Eres increíblemente bueno bajo los palos. Me preguntaba si podrías explicarme cómo funciona eso de la "zona de defensa". Me cuesta un poco entenderlo para mi trabajo de periodismo deportivo.

Oliver, que era incapaz de no hablar de deportes si alguien le preguntaba, se enderezó.

— Bueno, es una cuestión de ángulos, sobre todo. Tienes que posicionarte respecto a los postes de manera que reduzcas el campo de visión del delantero...

Sarah se inclinó hacia adelante, apoyando la barbilla en su mano y mirando a Oliver con una intensidad que no tenía nada que ver con el fútbol.

— Fascinante —murmuró ella—. Tienes mucha pasión cuando hablas. Me gusta la gente con pasión. ¿Entrenas mucho tiempo a solas o... necesitas compañía?

A unos metros de distancia, Percy regresaba del mostrador de préstamos. Se detuvo en seco al ver la escena. Una desconocida estaba ocupando su lugar, invadiendo su espacio vital y, lo que era peor, estaba tocando el brazo de Oliver con una familiaridad nauseabunda.

Percy sintió una punzada de algo que rara vez admitía: celos puros y ardientes. Oliver era suyo. Oliver era el hombre que le llevaba café a las seis de la mañana y que escuchaba sus monólogos sobre la burocracia ministerial sin quejarse.

Caminó hacia la mesa con paso decidido. Sarah ni siquiera lo miró; estaba demasiado ocupada intentando que Oliver le diera su número de teléfono "por motivos de investigación".

— Oliver —dijo Percy, llegando a la mesa. Su voz era gélida.

— ¡Ah, Percy! —Oliver parecía un poco incómodo, dándose cuenta finalmente de que la chica no estaba allí solo por el deporte—. Esta es Sarah, ella estaba preguntando sobre...

— Veo que el asiento está ocupado —interrumpió Percy, mirando a la chica como si fuera un error tipográfico en un documento oficial.

— Oh, lo siento —dijo Sarah con una sonrisa falsa—, no pensé que fueras a volver pronto. ¿Te importa si me quedo un momento más? Oliver me estaba contando cosas muy interesantes.

Percy no respondió. En lugar de eso, hizo algo que dejó a Oliver con la boca abierta. Se acercó a su novio y, sin decir una palabra, se sentó directamente sobre el regazo de Oliver.

Oliver soltó un pequeño "¡oh!" de sorpresa, pero instintivamente rodeó la cintura de Percy con sus brazos fuertes, asegurándolo en su sitio. Percy se acomodó, cruzando las piernas con elegancia y abriendo su libro de nuevo, apoyándolo sobre el borde de la mesa.

— Como decía —continuó Percy, ignorando la expresión de horror de la chica—, no hay más asientos disponibles en esta sección y no pienso perder el hilo de mi lectura. Oliver, cariño, ¿te importa sostener mi marcador?

Sarah se quedó pálida. Miró a Oliver, esperando que él apartara al "chico estirado", pero Oliver estaba mirando a Percy con una mezcla de sorpresa y un orgullo inmenso. De hecho, Oliver apretó un poco más el agarre sobre las caderas de Percy, marcando territorio.

— No me importa en absoluto —dijo Oliver, con una voz mucho más profunda y ronca—. De hecho, podrías quedarte aquí todo el día.

Sarah recogió sus cosas a toda prisa, murmurando algo sobre haber olvidado una cita, y salió de la biblioteca casi corriendo.

Percy permaneció en silencio unos segundos más, fingiendo leer sobre la jerarquía de las leyes, hasta que estuvo seguro de que la chica se había ido.

— ¿Celoso, Weasley? —susurró Oliver contra su oído, haciendo que Percy se estremeciera.

— No digas tonterías, Wood. Simplemente era una cuestión de eficiencia de espacio —respondió Percy, aunque sus orejas estaban rojas—. Además, esa chica no sabía nada de ángulos de defensa. Estaba diciendo sandeces.

— Oh, sí, estaba muy equivocada —coincidió Oliver, su mano subiendo por la espalda de Percy, por debajo del jersey—. Pero tú estás muy tenso. Y muy guapo cuando te pones así de autoritario.

— Estamos en una biblioteca, Oliver. Compórtate —regañó Percy, aunque no hizo ningún intento por levantarse.

— Vámonos de aquí —propuso Oliver, su voz cargada de una intención que Percy conocía bien—. Mi apartamento está a cinco minutos. He comprado esa comida tailandesa que te gusta. Y podemos... discutir más sobre "ángulos".

Percy cerró el libro. La mención del apartamento de Oliver siempre era tentadora. Oliver vivía solo en un piso de lujo que sus padres pagaban, aunque él siempre insistía en que era un "sitio modesto de estudiante". A Percy le gustaba el orden de ese lugar, y sobre todo, le gustaba la privacidad que ofrecía.

— Está bien. Pero solo porque ya he cumplido mi cuota de estudio por hoy —mintió Percy.

Recogieron todo con rapidez. Oliver prácticamente arrastró a Percy hacia la salida, su mano posesiva nunca abandonando la parte baja de la espalda del pelirrojo. Cada vez que un estudiante se quedaba mirando a Percy, Oliver le lanzaba una mirada de advertencia que decía claramente: "ni se te ocurra".

Caminaron a paso rápido hacia el edificio de apartamentos. Una vez dentro del ascensor, Oliver no pudo aguantar más. Empujó a Percy contra la pared metálica y lo besó con una urgencia que dejó a Percy sin aliento.

— No vuelvas a hacer eso —gruñó Oliver entre besos.

— ¿El qué? ¿Sentarme en tu regazo? —preguntó Percy, enredando sus dedos en el cabello de Oliver.

— Ponerme tan malditamente orgulloso de que seas mío delante de todo el mundo. Me vuelves loco, Percy.

Entraron al apartamento de Oliver casi tropezando. Oliver pateó la puerta para cerrarla y volvió a atrapar los labios de Percy. La chaqueta deportiva de Oliver terminó en el suelo, seguida rápidamente por el jersey perfectamente planchado de Percy.

— Oliver, el suelo está frío —protestó Percy débilmente cuando Oliver lo empujó hacia el sofá de cuero.

— Te calentaré yo —prometió Oliver.

Oliver Wood era un hombre de acción, de fuerza y de resistencia. En la cama, o en el sofá, o donde fuera que Percy le permitiera, aplicaba la misma dedicación que en el deporte. Sus manos, callosas por el entrenamiento, exploraron el cuerpo pálido y delgado de Percy con una devoción casi religiosa.

Percy, por su parte, era todo control hasta que Oliver tocaba los puntos exactos. Sus gemidos eran precisos, rítmicos, y volvían a Oliver completamente salvaje.

— Eres mío —susurró Oliver, bajando por el cuello de Percy, dejando marcas que, Percy sabía, tendría que ocultar con una bufanda o un cuello alto al día siguiente—. Solo mío. Que no se le olvide a nadie en esa biblioteca.

— Eres un bruto, Wood —jadeó Percy, arqueando la espalda cuando Oliver lo penetró con una estocada firme y segura—. Pero supongo... supongo que eres mi bruto.

El resto de la tarde se perdió en un desenfreno de piel contra piel. Oliver era insaciable, y Percy, a pesar de su apariencia reservada, siempre encontraba la energía para seguirle el ritmo, respondiendo a cada embestida con una intensidad que solo Oliver conocía.

Horas más tarde, tumbados en la cama de Oliver, rodeados de sábanas revueltas, Percy descansaba la cabeza en el pecho de Oliver mientras este le acariciaba el cabello pelirrojo.

— ¿Sabes? —dijo Oliver en la oscuridad—. Deberías venir más seguido a mis entrenamientos.

— No empieces otra vez, Oliver —advirtió Percy, aunque su voz carecía de fuerza.

— No, en serio. Si te sientas en las gradas con esa mirada de "soy mejor que todos vosotros", nadie se atreverá a meterse conmigo. Y yo jugaré mejor sabiendo que me estás juzgando.

Percy soltó una pequeña risa, un sonido raro y melodioso.

— Te juzgo constantemente, Oliver. No necesito estar en un campo de fútbol para eso.

— Lo sé —dijo Oliver, besando la coronilla de Percy—. Y por eso te quiero.

Percy no respondió con palabras, pero se apretó más contra él. Mañana volvería a ser el estudiante modelo, el hombre de las reglas y el orden. Pero esa noche, bajo la protección de los brazos de Oliver, se permitió ser simplemente Percy, el chico que amaba al capitán más testarudo de la universidad.
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