Fanfy
.studio
Loading...
Background image
← Back
0 likes

El caballero miedoso

Fandom: Dandys World

Created: 4/22/2026

Tags

RomanceFluffHumorHurt/ComfortCurtainfic / Domestic StoryAdventureFantasyCharacter StudyCrack / Parody HumorSlice of Life
Contents

Entre Acero, Bromas y Susurros en el Gardenview

El eco de las pesadas botas de Soulvester resonaba contra las baldosas del Gardenview, un sonido metálico y rítmico que delataba su agotamiento. El caballero fantasma respiraba con dificultad detrás de su celada, su pecho subiendo y bajando mientras el sudor frío recorría su piel de color celeste claro. Su armadura, aunque imponente y digna de un guerrero de leyenda, pesaba como una montaña sobre sus hombros, y su stamina, siempre traicionera, estaba a punto de agotarse.

—¡Vamos, hermanito! ¡Que no estamos de paseo! —gritó Connie, flotando con una elegancia perezosa unos metros más adelante. Su largo cabello celeste ondeaba como si estuviera bajo el agua—. ¡Hasta Toodles va más rápido que tú!

—¡Soy un rayo! —exclamó Toodles, pasando corriendo al lado de Soulvester y casi haciéndolo tropezar. La pequeña de ocho años reía con energía pura, ajena al peligro que los acechaba desde las sombras del pasillo.

—Toodles, no te alejes demasiado —advirtió Teagan con su voz siempre calmada y melodiosa, aunque sus ojos reflejaban una pizca de preocupación mientras intentaba mantener el paso elegante de su vestido naranja.

Soulvester sintió un escalofrío recorrer su espalda. Las luces del pasillo parpadearon y un gruñido distante lo hizo saltar. Sin pensarlo, sus pies lo llevaron a pegarse al costado de la figura más alta y cercana.

—Es por... por estrategia —jadeó Soulvester, pegando su hombro acorazado al brazo de Looey—. Si estamos juntos, cubrimos más ángulo de visión.

Looey, el payaso rubio que caminaba con una despreocupación irritante para alguien en su situación, bajó la mirada y soltó una carcajada vibrante.

—Claro, "Caballero". Y supongo que el hecho de que estés temblando como una hoja es parte de tu técnica de distracción, ¿verdad? —Looey le guiñó un ojo, su sonrisa siempre presente—. Estás tan cerca que puedo oler el miedo en tu metal, Solecito.

—¡No me llames así! —protestó Soulvester, aunque no se alejó ni un milímetro. Al contrario, cuando una tubería soltó vapor con estruendo, terminó aferrándose al brazo de Looey con ambas manos enguantadas.

—¡Oh, por el amor de un calamar! —exclamó Finn, que caminaba un poco más atrás cargando a un Shrimpo inusualmente dócil en su espalda—. ¡Si se acercan más, van a terminar fusionados! Sería un "Payallero" o un "Caballazo". ¡Ja! ¿Lo pillan?

Shrimpo, que parecía estar en un estado de trance o profundamente sedado, soltó una risita ronca y se acomodó mejor en el cuello de Finn, abrazándolo como a un peluche gigante.

—Míralos, Brightney —comentó Connie con una sonrisa sarcástica—. Mi hermano está a un susto de meterse dentro de la ropa de Looey.

Brightney, ajustándose los lentes con un dedo, observó la escena con detenimiento analítico.

—Es fascinante —dijo la chica del vestido rojo—. El sujeto Soulvester presenta una respuesta de búsqueda de seguridad táctil ante estímulos estresantes. Su cerebro anula su orgullo para priorizar la supervivencia mediante la proximidad con el individuo que percibe como más capaz. Es una optimización instintiva.

—Es un miedoso, Brightney —resumió Connie.

—Básicamente —coincidió la analista, antes de flotar más cerca de Connie—. Por cierto, tu ritmo de flotación es ineficiente. Permíteme ayudarte.

Sin esperar respuesta, Brightney tomó a Connie por la cintura y aceleró, dejando a la fantasma sorprendida pero extrañamente silenciosa.

De repente, el pasillo pareció cerrarse sobre ellos. El peligro era real. Soulvester se detuvo en seco, sus piernas temblando. Ya no podía más. Su armadura pesaba toneladas y el aire le faltaba.

—Yo... yo me quedo aquí... sigan sin mí... —susurró dramáticamente, dejándose caer de rodillas con un estrépito metálico.

—Ni hablar, bombón —dijo Looey. Con una agilidad asombrosa, el payaso se inclinó y, antes de que Soulvester pudiera protestar, lo cargó sobre su espalda.

—¡Oye! ¡Bájame! ¡Esto es indigno para un caballero! —gritó Soulvester, aunque sus manos se cerraron firmemente alrededor del cuello de Looey.

—Pesa como un saco de yunques, pero corre más que tú —bromeó Looey, echando a correr a una velocidad que dejó a los demás atrás—. ¡Sujétate fuerte, que vienen curvas!

—¡Mira eso! —gritó Toodles, señalándolos—. ¡Looey lleva un juguete de metal!

—¡No soy un juguete! —rugió Soulvester, escondiendo su rostro avergonzado contra el hombro del payaso.

Llegaron al ascensor justo a tiempo, pero cuando Looey pulsó el botón, nada ocurrió. Solo un chirrido metálico y un silencio sepulcral.

—Oh, qué contratiempo tan... floreciente —dijo una voz melosa desde las sombras.

Dandy emergió de la oscuridad, con su eterna sonrisa malvada y su traje impecable. Sostenía una regadera de plata.

—Parece que el ascensor ha decidido tomarse un descanso. El mantenimiento tardará toda la noche —informó Dandy, cruzando los brazos—. Pero no se preocupen, no soy un monstruo. Les he preparado un pequeño refugio en la sala contigua. Hay mantas, provisiones... y cuatro camas. Espero que sepan compartir.

—¿Cuatro camas? —preguntó Teagan, contando al grupo con la mirada—. Somos ocho. Eso significa...

—Dos por cama —concluyó Brightney, ajustándose los lentes—. Es la distribución más lógica.

Dandy desapareció entre las flores antes de que alguien pudiera protestar.

La noche en la sala improvisada era tensa, pero el agotamiento venció a la mayoría. Teagan se acomodó con Toodles, quien no paró de hablar hasta que cayó rendida. Brightney y Connie compartieron otra cama; Connie no dejó de lanzar pullas sarcásticas hasta que Brightney, de forma muy "lógica", la rodeó con un brazo para que se quedara quieta, logrando que la fantasma se sonrojara por primera vez en décadas. Finn se estiró en su cama, con Shrimpo roncando suavemente encima de su pecho, todavía abrazándolo.

Y luego estaban ellos.

—Ni lo pienses —dijo Soulvester, sentado en el borde de la última cama, tratando de quitarse las piezas de la armadura con manos temblorosas. Se había quedado solo con la túnica interior de seda celeste y sus pantalones ajustados. Su piel celeste claro brillaba suavemente en la penumbra.

—Oh, vamos, Solecito. No querrás dormir en el suelo frío —dijo Looey, ya tumbado con los brazos detrás de la cabeza, observándolo con ojos divertidos—. Además, sé que tienes miedo.

—No tengo miedo —mintió Soulvester, aunque un ruido en las tuberías lo hizo saltar directamente al centro del colchón.

Looey soltó una carcajada y tiró de la manta, cubriéndolos a ambos. Soulvester se mantuvo rígido como una estatua durante la primera hora, pero el cansancio de un fantasma de veinticinco años con baja resistencia no perdonaba.

A mitad de la noche, el silencio de la sala solo era roto por los ronquidos de Shrimpo y la respiración pausada de los demás. Looey, que estaba a medio dormir, sintió de repente un peso cálido y firme contra su costado.

Soulvester, completamente dormido, se había girado. Sus brazos rodeaban el torso de Looey con una fuerza sorprendente, y su cabeza se apoyaba cómodamente en el pecho del payaso. Su cola de caballo celeste estaba desparramada sobre la almohada.

—Mmm... Looey... —susurró Soulvester entre sueños.

Looey abrió un ojo, sorprendido por la falta de resistencia.

—Te quiero... —murmuró el caballero fantasma, apretando más el abrazo, buscando el calor del otro en medio de su sueño—. No te vayas...

El silencio que siguió fue absoluto, hasta que una risita ahogada rompió la magia.

—¿Escucharon eso? —susurró la voz de Finn desde la otra cama—. "Te quiero". ¡Es oficial! ¡El Caballero ha caído ante el Bufón!

—Lo tengo registrado —susurró Brightney, que extrañamente seguía despierta anotando en una libreta—. Confirmación de vínculo afectivo en fase REM. Interesante.

—Mi hermano es un cursi —añadió Connie, aunque su voz sonaba divertida más que molesta.

Shrimpo abrió los ojos un segundo, miró a la pareja abrazada, soltó una carcajada seca y volvió a cerrar los ojos, hundiéndose más en el pecho de Finn.

Looey, por su parte, no dijo nada. Simplemente sonrió de una manera que no era burlona por una vez, y pasó un brazo por encima de los hombros de Soulvester, cerrando los ojos.

A la mañana siguiente, la luz artificial del Gardenview anunció el inicio de una nueva jornada. Soulvester se despertó primero y, al darse cuenta de su posición —encima de Looey, abrazándolo como si fuera su salvavidas—, saltó de la cama como si hubiera tocado fuego.

—¡Yo... yo...! —empezó a tartamudear, con el rostro completamente azul por la vergüenza.

—Buenos días, "Te quiero" —saludó Connie, pasando por su lado con una sonrisa maliciosa.

—¡Yo no dije eso! —gritó Soulvester, poniéndose las piezas de su armadura a toda prisa, aunque los guanteletes se le resbalaban de las manos—. ¡Fue una alucinación colectiva debida a la falta de oxígeno en este sótano!

—Fue un patrón de comportamiento muy claro, Soulvester —dijo Brightney, acercándose con su habitual calma—. Tu subconsciente reveló lo que tu ego se niega a admitir. La probabilidad de que fuera una alucinación es de un 0.02%.

—¡Fue el sueño! —insistió el caballero, ya con el casco puesto para ocultar su vergüenza—. ¡Looey, diles que no fue nada!

Looey se levantó de la cama con una parsimonia exasperante. Se estiró, haciendo crujir sus huesos, y caminó hacia Soulvester con esa sonrisa juguetona que siempre precedía al caos.

—Bueno, Solecito... —Looey lo rodeó con un brazo, pegándolo a su costado a pesar de los ruidos de la armadura—. Yo creo que fue muy tierno. Especialmente la parte donde me pediste que no me fuera.

—¡Mientes! ¡Eres un mentiroso patológico! —Soulvester intentó zafarse, pero su falta de fuerza física contra la altura y rapidez de Looey lo hacía imposible.

—¿Ah, sí? —Looey se inclinó, su rostro a pocos centímetros de la celada de Soulvester—. Entonces, ¿por qué no te alejas ahora?

Soulvester se quedó helado. Podía sentir la mirada de Looey a través de la rejilla de su casco. Sus piernas flaquearon y, como siempre, su instinto lo traicionó: en lugar de empujarlo, sus manos se apoyaron en el pecho de Looey para mantener el equilibrio.

—¡Miren, lo está haciendo otra vez! —gritó Toodles, saltando alrededor de ellos—. ¡Abrazo de metal!

—Es una dependencia táctica fascinante —comentó Brightney, observando cómo Soulvester, a pesar de sus protestas verbales, no hacía ningún esfuerzo real por separarse.

—Es amor, Brightney —dijo Finn, palmeando la espalda de Shrimpo, quien solo asintió con una sonrisa perezosa—. Amor del que pesa y hace ruido.

—¡No es amor! —rugió Soulvester, aunque su voz sonaba más aguda de lo normal—. ¡Es... es que mis articulaciones están oxidadas y necesito apoyo!

—Claro, claro —dijo Looey, soltando una risita y empezando a caminar hacia el ascensor, que por fin emitía un pitido de funcionamiento—. Pero como estás tan "oxidado", mejor te llevo yo.

Sin previo aviso, Looey lo levantó al estilo nupcial. La armadura de Soulvester produjo un estrépito metálico que resonó en toda la estancia.

—¡Bájame ahora mismo! ¡Looey! ¡Esto es un secuestro! —protestó el caballero, agitando las piernas en el aire.

—Es eficiencia, hermano —se burló Connie, flotando al lado de ellos—. Así llegamos antes y yo no tengo que escuchar tus quejas de que te duelen los pies.

—Exacto —añadió Brightney—. Looey está optimizando el transporte del grupo. Es una decisión lógica.

—¡No hay nada lógico en esto! —gritó Soulvester, aunque, tras unos segundos de pataleo, terminó por rodear el cuello de Looey con sus brazos y esconder la cabeza en su hombro—. Los odio a todos. A todos.

—Nosotros también te queremos, Solecito —dijo Looey, dándole un apretón cariñoso antes de entrar al ascensor.

Mientras las puertas se cerraban, Finn soltó un último comentario que hizo que todo el ascensor estallara en risas, excepto por un caballero fantasma que deseaba que su armadura se lo tragara por completo.

—Bueno, al menos si nos atacamos, tenemos un escudo humano... ¡o un escudo enamorado! ¡Ja!

Shrimpo, desde el hombro de Finn, soltó una carcajada final y cerró los ojos, disfrutando del caos mientras el grupo ascendía, dejando atrás una noche que Soulvester pasaría el resto de su vida intentando negar, a pesar de que sus brazos seguían aferrados al payaso que, con cada paso, le robaba un poco más el corazón.
Contents

Want to write your own fanfic?

Sign up on Fanfy and create your own stories!

Create my fanfic