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El niño más guapos del mundo

Fandom: Isekai

Created: 4/24/2026

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FantasyIsekai / Portal FantasyFluffAdventureDivergenceRetellingCharacter Study
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El Destello Esmeralda y Carmesí

El sol de la mañana se filtraba a través de las hojas de los árboles en las afueras del ducado, creando un patrón de luces y sombras que bailaban sobre el suelo de tierra. No era un día cualquiera en el mundo de *The Male Lead is Seriously Obsessed with My Health*. Para la mayoría, era el inicio de una historia de obsesiones y cuidados médicos, pero para Aurelius, era simplemente el primer día de su nueva y extraña vida.

Aurelius no sabía exactamente cómo había llegado allí, pero sabía quién era ahora. Se miró en el reflejo de un pequeño charco de agua tras la lluvia nocturna. Un niño de nueve años le devolvió la mirada. Su cabello era de un rubio tan puro que parecía haber sido hilado con hilos de oro solar. Pero lo más impactante eran sus ojos: el derecho era de un rojo escarlata profundo, como un rubí bañado en sangre, y el izquierdo era de un verde esmeralda tan vibrante que parecía contener la esencia misma de un bosque antiguo.

Su rostro era, por falta de una palabra mejor, irreal. Poseía una ternura infantil que resultaba casi peligrosa; una mezcla de inocencia absoluta y una belleza tan perfecta que hacía que el corazón de cualquiera que lo mirara diera un vuelco. Vestía una ropa sencilla, la de un niño común de pueblo: una camisa de lino crudo un poco holgada y unos pantalones marrones resistentes. Sin embargo, ni siquiera los harapos más sucios podrían ocultar el aura de divinidad que desprendía.

—Bueno —susurró Aurelius, su voz sonando como pequeñas campanas de plata—, supongo que quedarme sentado no servirá de nada.

Caminó hacia los campos de cultivo que bordeaban la aldea cercana. Los campesinos estaban desesperados. Una plaga silenciosa y la falta de herramientas adecuadas habían retrasado la cosecha, amenazando con dejarlos sin suministros para el invierno.

Aurelius se acercó a un anciano que intentaba afilar una hoz oxidada con manos temblorosas.

—¿Puedo ayudarle, señor? —preguntó Aurelius, ladeando la cabeza con una sonrisa tan dulce que el anciano se quedó sin aliento por un momento.

—Pequeño... ¿de dónde has salido? —balbuceó el hombre, parpadeando ante la visión del niño—. Eres... eres muy amable, pero esto es trabajo duro para alguien tan frágil.

Aurelius no respondió con palabras. En su lugar, extendió su pequeña mano hacia la hoz. Una luz tenue comenzó a emanar de sus dedos. Aurelius poseía la "Magia de Objetos", una habilidad rara que le permitía manipular, reparar y mejorar cualquier artefacto inanimado.

Bajo el toque del niño, el óxido de la hoz se desvaneció como si fuera humo, y el metal se volvió tan brillante y afilado que reflejaba la luz del sol como un espejo.

—¡Por los dioses! —exclamó el anciano, frotándose los ojos—. ¡Es un milagro!

—No es nada —dijo Aurelius, soltando una risita que desprendía una ternura absurda—. Iré a ayudar a los demás.

Durante las siguientes horas, el niño rubio se convirtió en un torbellino de ayuda. Reparó los arados rotos con un solo toque, bendijo las cestas de recolección para que fueran más ligeras y reforzó los mangos de las herramientas de los trabajadores. Los campesinos lo miraban con una mezcla de adoración y asombro. Su belleza era tan extrema que algunos incluso se arrodillaban a su paso, pensando que era un ángel enviado por los cielos para salvar sus tierras.

—Es tan lindo que me duele el pecho —susurró una mujer mientras veía a Aurelius cargar una pequeña cesta de manzanas, haciendo un esfuerzo que lo hacía ver peligrosamente adorable.

—Esos ojos... nunca había visto algo así —añadió su marido—. Y su corazón es tan puro como su rostro.

Pronto, el rumor comenzó a correr. No se hablaba de otra cosa en las tabernas de los alrededores y en los mercados. "El Niño de Belleza Irreal", lo llamaban. "El Pequeño Santo de los Objetos". Los rumores volaron como chispas en un campo seco, extendiéndose desde los campos de cultivo hasta las puertas de la gran ciudad y, eventualmente, hacia los muros del palacio y las grandes mansiones ducales.

Mientras tanto, en el corazón de la historia original, los engranajes del destino comenzaban a girar. Era el momento exacto en que la trama del manhwa cobraba vida.

Aurelius, ajeno a la magnitud del caos que su belleza estaba causando, decidió que era hora de entrar en la ciudad. Tenía curiosidad por ver el lugar donde los protagonistas se encontrarían. Caminó por la calle principal, y el efecto fue inmediato. El bullicio de la ciudad se detuvo.

Los carruajes frenaban en seco. Las damas de la nobleza bajaban sus abanicos, con los ojos muy abiertos. Los comerciantes olvidaban sus pregones. Aurelius caminaba con la curiosidad de un niño de nueve años, mirando los escaparates con asombro, sin darse cuenta de que él era la mayor atracción del lugar.

—Mira eso... —murmuró un caballero, bajando de su caballo—. ¿Es un humano o una muñeca de porcelana?

—Es demasiado tierno —chilló una joven noble, llevándose las manos a las mejillas—. ¡Quiero llevármelo a casa y darle todos los dulces del mundo!

Aurelius se detuvo frente a una fuente, sintiendo un poco de sed. Se inclinó para recoger un poco de agua con sus manos, y en ese momento, un carruaje negro con el emblema de una familia poderosa pasó por su lado.

Dentro del carruaje, una figura observaba a través de las cortinas entreabiertas. Era el comienzo de la obsesión, el inicio de la historia de salud y enfermedad, pero los ojos del ocupante del carruaje no se fijaron en la farmacia cercana, sino en el niño de ojos bicolores que brillaba bajo el sol de la tarde.

Aurelius se secó los labios con la manga de su camisa, un gesto tan inocente y encantador que un grupo de personas a su alrededor soltó un suspiro colectivo de "¡Aww!".

—Vaya —dijo Aurelius para sí mismo, notando que la gente lo rodeaba a una distancia respetuosa pero intensa—. Creo que me he destacado demasiado.

En ese instante, un guardia de la ciudad se acercó a él, tratando de parecer severo pero fallando estrepitosamente ante la mirada suplicante y dulce del niño.

—Pequeño... ¿estás perdido? —preguntó el guardia, suavizando su voz hasta un tono que nunca usaba ni con sus propios hijos.

—No, señor —respondió Aurelius, dándole una sonrisa radiante que casi hace que el hombre se desmaye—. Solo estoy de paso. He estado ayudando en las granjas.

—¿Ayudando? —El guardia miró las manos pequeñas y delicadas de Aurelius—. Eres demasiado joven para trabajar, y demasiado... —se aclaró la garganta— ...demasiado especial para andar solo. Hay rumores sobre un niño que arregla cosas con magia. ¿Eres tú?

Aurelius asintió, haciendo que sus rizos rubios saltaran.

—Sí, me gusta ayudar. Los objetos se sienten tristes cuando están rotos.

La multitud que escuchaba soltó un gemido de ternura. "¡Los objetos se sienten tristes!", repitieron en susurros. La noticia de su llegada se expandió como un incendio forestal. En menos de una hora, la mitad de la capital sabía que el niño de belleza celestial estaba en la plaza central.

Pero Aurelius sintió un escalofrío. Miró hacia el carruaje negro que se había detenido no muy lejos. Sabía que este era el capítulo uno. Sabía que este era el momento en que la historia original comenzaba su curso. Sin embargo, su presencia ya había alterado el flujo de las cosas.

—Tengo que irme —dijo Aurelius rápidamente, sintiendo la mirada de alguien importante sobre él.

—¡Espera, niño! —llamó una voz desde la multitud, pero Aurelius ya se estaba escabullendo entre la gente con una agilidad sorprendente para su edad.

Mientras corría, pasó por delante de una figura que caminaba con determinación hacia la farmacia. Era una mujer joven, con una expresión de preocupación en su rostro: la protagonista. Sus ojos se cruzaron por un breve segundo. Ella se detuvo, impactada por la visión del niño que parecía un ángel caído del cielo.

—¿Quién es ese niño...? —susurró ella, olvidando por un momento su urgencia médica.

Aurelius no se detuvo. Sabía que si se quedaba quieto, sería rodeado por una horda de personas queriendo cuidarlo, alimentarlo o simplemente admirar su belleza "peligrosamente tierna". Su plan original de pasar desapercibido había fracasado estrepitosamente. No podía evitarlo; su apariencia en este mundo era como un faro en la oscuridad.

Se refugió en un callejón tranquilo, apoyando la espalda contra una pared de piedra. Suspiró, tratando de calmar su corazón.

—Esto va a ser más difícil de lo que pensaba —murmuró, mirando sus propias manos—. Mi magia de objetos es útil, pero mi cara es un problema.

De repente, una sombra se proyectó sobre él. Aurelius levantó la vista. Frente a él, un hombre alto, vestido con ropas que gritaban autoridad y riqueza, lo observaba con una intensidad aterradora. Sus ojos no mostraban la ternura que los demás habían tenido; mostraban una curiosidad posesiva.

—Así que los rumores eran ciertos —dijo el hombre, su voz profunda resonando en el estrecho callejón—. Un niño que posee la belleza de un dios y el poder de restaurar lo que está roto.

Aurelius retrocedió un paso, poniendo su mejor expresión de "niño adorable y asustado", algo que le salía de forma natural.

—Yo... yo solo soy un niño normal, señor —dijo Aurelius, con su ojo esmeralda y su ojo escarlata brillando intensamente bajo la poca luz del callejón.

—No hay nada normal en ti, pequeño —respondió el hombre, dando un paso adelante—. Y en este mundo, algo tan hermoso y útil no puede andar suelto por mucho tiempo.

Aurelius se dio cuenta de que el capítulo uno del manhwa acababa de tomar un desvío drástico. La historia de obsesión no solo se centraría en la salud de la protagonista, sino que ahora, un niño rubio de belleza irreal se había convertido en el centro de atención de los poderes que movían los hilos del reino.

—Si quiere que arregle algo, puedo hacerlo —dijo Aurelius, tratando de negociar con su ternura infantil—, pero por favor, no me mire así. Da un poco de miedo.

El hombre se quedó congelado. La franqueza del niño, combinada con su apariencia absurdamente dulce, rompió su fachada de frialdad por un segundo. Soltó una carcajada seca.

—Miedo, ¿eh? —El hombre se inclinó, quedando a la altura de Aurelius—. Me llamo Beryll. Y creo que tú y yo vamos a ser muy buenos amigos, Aurelius.

—¿Cómo sabe mi nombre? —preguntó el niño, abriendo mucho los ojos.

—Los rumores vuelan rápido, pero las sombras vuelan más —respondió Beryll, extendiendo una mano—. Ven conmigo. Hay alguien que necesita de tu... talento. Y de paso, te protegeré de la turba que quiere devorarte solo por lo tierno que eres.

Aurelius miró la mano y luego hacia la salida del callejón, donde ya se escuchaban los gritos de la gente buscándolo. No tenía muchas opciones. Su llegada al mundo de *The Male Lead is Seriously Obsessed with My Health* no había sido discreta, y ahora, el destino lo arrastraba al centro del huracán.

—Está bien —dijo Aurelius, poniendo su pequeña mano sobre la del hombre—. Pero solo si me da dulces después.

Beryll parpadeó, sorprendido por la petición. Luego, una sonrisa genuina apareció en su rostro.

—Todos los que quieras, pequeño ángel. Todos los que quieras.

Y así, mientras la protagonista entraba en la farmacia para dar inicio a su propia historia, Aurelius comenzaba una leyenda paralela. La leyenda del niño de ojos de rubí y esmeralda, cuya ternura era tan peligrosa como la magia que fluía de sus dedos, y cuya presencia cambiaría para siempre el destino de todos los que se cruzaran en su camino. El juego de obsesiones acababa de ganar un nuevo y adorable jugador.
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