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chaos y espacio

Fandom: the orville , sonic the hedgehog (idw/game/comics)

Created: 4/29/2026

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Science FictionActionAdventureCrossoverSpace OperaHumorCrack / Parody HumorIsekai / Portal Fantasy
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El Caos entre las Estrellas

El puente de la USS Orville estaba inusualmente silencioso, roto solo por el pitido rítmico de las consolas de mando. El Capitán Ed Mercer observaba la pantalla principal con una mezcla de fascinación y cautela. Frente a ellos, una nave Krill, con sus ángulos agresivos y su distintivo color oscuro, se desplazaba con determinación hacia un sistema estelar que no figuraba en los mapas estándar de la Unión.

—¿Tienen algo sobre esa nave? —preguntó Ed, ajustándose el uniforme.

—Mantienen el silencio de radio, Capitán —respondió Kelly Grayson desde su asiento—. Pero su trayectoria es clara. Se dirigen al tercer planeta de ese sistema.

—Señor, debería ver esto —intervino Isaac desde su estación científica—. Los escáneres están detectando una firma energética sin precedentes. No es energía nuclear, ni de fusión, ni siquiera materia oscura. Es... algo orgánico, pero a una escala planetaria.

Ed se levantó y se acercó a la pantalla. A medida que la Orville se aproximaba, el planeta entró en vista. Era un mundo vibrante, azul y verde, pero lo que realmente llamó la atención de todos fue su satélite.

—¿Eso es la Luna? —preguntó John LaMarr, boquiabierto—. Parece que alguien le dio un mordisco gigante.

Efectivamente, la Luna estaba literalmente partida a la mitad, con fragmentos flotando en una órbita extrañamente estable. Cerca del planeta, un cuerpo celeste mucho más pequeño, casi como un mini-planeta o una estación espacial natural, orbitaba en perfecta sincronía.

—Es geológicamente imposible que ese satélite mantenga su integridad —murmuró la Doctora Claire Finn, que acababa de entrar al puente—. Y sin embargo, ahí está.

—La energía que detectamos parece emanar de siete puntos distintos del planeta —añadió Isaac—. Es una frecuencia que altera las leyes de la física local.

—Bueno, si los Krill están interesados, nosotros también —sentenció Ed—. Kelly, prepara un equipo de descenso. Vamos a ver qué hay ahí abajo antes de que Avis decida que este es su nuevo jardín sagrado.

El equipo, compuesto por Ed, Kelly, John, Claire y Bortus, utilizó los nuevos hologramas de infiltración para mezclarse. Al aterrizar en una ciudad costera llamada Spagonia, se sorprendieron al ver que la población era mayoritariamente humana o, al menos, humanoide.

Caminando por las calles empedradas, John no podía dejar de mirar a su alrededor con una sonrisa.

—Les digo, esto me recuerda a las historias de aventuras en otros mundos que leía de niño —comentó John, relajando los hombros—. Excepto que aquí el aire huele a café y flores en lugar de a aceite de motor de la Unión.

—Lo mejor de todo —dijo Kelly, soltando un suspiro de alivio mientras observaba a la gente pasar de largo sin prestarles atención— es que nadie está tratando de erigir estatuas en mi honor. Es agradable ser solo una turista por una vez.

—No bajes la guardia, Comandante —advirtió Bortus, escudriñando los callejones—. La presencia Krill significa que hay peligro.

De repente, el grupo se detuvo en seco. Frente a ellos, un ciudadano caminaba tranquilamente. Era un perro. No un perro normal, sino un perro antropomórfico, vestido con pantalones y una camisa, que llevaba de una correa a... un perro normal de cuatro patas.

—¿Acabamos de ver a un perro paseando a un perro? —preguntó Ed, frotándose los ojos.

—Este planeta tiene sorpresas que desafían la taxonomía biológica —respondió Claire, fascinada.

Antes de que pudieran procesar la imagen, algo pequeño, azul y brillante voló frente a sus rostros. Era una criatura pequeña, con forma de gota de agua y alas rosadas, que emitía un sonido agudo y musical.

—¡Chao! —exclamó la criatura, revoloteando alrededor de la cabeza de Ed.

—¿Qué es esto? ¿Un dron? —preguntó Ed, tratando de apartarlo suavemente.

—¡Cheese! ¡No molestes a los señores! —Una voz infantil y dulce llamó desde el aire.

El equipo miró hacia arriba y vio a una niña coneja de color crema, con un vestido naranja, que descendía suavemente usando sus largas orejas como si fueran hélices de helicóptero. Aterrizó con una gracia impecable frente a ellos.

—Oh, lo siento mucho —dijo la pequeña coneja, haciendo una reverencia—. Cheese es muy curioso cuando ve gente nueva.

Ed y Kelly se miraron, completamente desconcertados.

—No... no hay problema —dijo Kelly, agachándose a su altura—. Es una mascota muy linda.

La niña parpadeó, mirando sus uniformes disfrazados pero notando algo extraño en su porte.

—Ustedes no son de por aquí, ¿verdad? —preguntó ella con inocencia—. Parecen... Overlanders, pero de los que vienen de muy lejos.

Ed intercambió una mirada rápida con John. El término "Overlander" no les era familiar, pero decidieron seguirle la corriente.

—Sí, algo así —respondió Ed con una sonrisa forzada—. Venimos de... muy lejos.

—¡Qué bien! —dijo ella alegremente—. Soy Cream. Cream the Rabbit. Y este es Cheese.

De repente, el cielo se oscureció. El rugido de motores pesados interrumpió la paz de la tarde. Una enorme nave Krill descendió sobre la plaza principal, desplegando rampas de desembarco. Los ciudadanos empezaron a correr, pero no con el pánico absoluto que Ed esperaba, sino con una especie de molestia rutinaria.

—¡Por la gloria de Avis! —resonó una voz amplificada desde la nave—. Este mundo lleno de impurezas será purificado bajo la luz del verdadero dios. ¡Ríndanse o serán eliminados!

Ed echó mano a su comunicador oculto, pero antes de que pudiera dar una orden, escuchó a Cream suspirar profundamente.

—Oh, no —dijo la pequeña coneja, poniendo sus manos en sus mejillas—. En serio pensé que con los Black Arms ya no tendríamos a más malosos espaciales. ¿Es que no se cansan nunca?

—¿Black Arms? —preguntó John—. ¿Quiénes son esos?

—Unos señores muy feos que intentaron comerse el planeta hace un tiempo —explicó Cream como si hablara del clima—. Pero Sonic y sus amigos se encargaron de ellos.

Un grupo de soldados Krill bajó de la rampa, armados con rifles de plasma, apuntando a la multitud. Uno de ellos se acercó a Cream, viéndola como un blanco fácil.

—¡Tú, criatura deforme! —gritó el Krill—. ¡Arrodíllate ante los elegidos de Avis!

Kelly se adelantó para proteger a la niña, pero Ed la detuvo por el brazo. Algo en la postura de Cream había cambiado.

—Señor —dijo Cream con una voz firme pero educada—, mi mamá dice que es de mala educación interrumpir la merienda de la gente y amenazar con purificaciones. Por favor, váyanse.

El Krill soltó una carcajada áspera y levantó su arma.

—¿O si no qué, pequeña alimaña?

En un abrir y cerrar de ojos, antes de que el Krill pudiera siquiera apretar el gatillo, Cream se convirtió en un borrón de movimiento. Sus orejas batieron con una fuerza increíble, impulsándola hacia adelante a una velocidad que los sensores de la Orville habrían tenido problemas para rastrear.

¡PAM!

La pequeña coneja le propinó una patada giratoria en el pecho al soldado Krill, quien salió disparado hacia atrás, atravesando una pared de piedra a cincuenta metros de distancia.

—¡¿Qué demonios?! —exclamó John, saltando hacia atrás.

—¿Viste eso? —Kelly estaba en shock—. Esa niña tiene la fuerza de un Moclan.

Los otros soldados Krill, confundidos y furiosos, abrieron fuego. Pero antes de que los disparos de plasma alcanzaran a nadie, un sonido como el de un trueno sónico retumbó en toda la plaza.

Un borrón azul, mucho más rápido que Cream, cruzó el campo de batalla. Los rifles de los Krill fueron arrebatados de sus manos antes de que pudieran darse cuenta.

—¡Llegas tarde, Sonic! —gritó Cream, volviendo a flotar en el aire con Cheese a su lado.

El borrón se detuvo en seco en el centro de la plaza, levantando una pequeña nube de polvo. Era un erizo azul, con guantes blancos y zapatillas rojas, que lucía una sonrisa confiada y relajada.

—Lo siento, Cream —dijo el erizo, limpiándose un poco de polvo del hombro—. Había un puesto de Chili Dogs dos calles atrás y la fila estaba terrible.

Sonic miró a los soldados Krill, que estaban tratando de recuperar sus armas con torpeza. Luego miró al equipo de la Orville, deteniéndose un segundo extra en Ed y Kelly.

—Vaya, caras nuevas —dijo Sonic, guiñándoles un ojo—. No parecen de los malos, pero tienen ese olor a "venimos del espacio" que suelo reconocer.

—¡Ataquen! —ordenó el comandante Krill desde la rampa de la nave—. ¡Matad al herético azul!

Sonic soltó una risita y se puso en posición de carrera.

—¿Herético? Amigo, me han llamado cosas peores —dijo el erizo—. ¡A ver si pueden seguirme el ritmo!

En un instante, Sonic desapareció. Solo se veían estelas de luz azul golpeando a los soldados Krill uno por uno. Los soldados volaban por los aires como si fueran bolos de boliche. Uno intentó disparar a ciegas, pero Sonic apareció detrás de él, le tocó el hombro y, cuando el Krill se giró, ya estaba a diez metros de distancia burlándose de él.

—Capitán —dijo Isaac a través del comunicador, cuya voz llegaba desde la órbita—, estoy detectando una distorsión espacio-temporal localizada alrededor del individuo azul. Se mueve a velocidades que superan la capacidad de respuesta biológica estándar.

—Ya nos dimos cuenta, Isaac —respondió Ed, todavía tratando de asimilar que un erizo de un metro de altura estaba derrotando a un batallón de élite Krill.

Kelly sacó su propia arma de servicio, oculta bajo su chaqueta.

—¿Deberíamos ayudar?

—Parece que lo tienen bajo control —dijo John, viendo cómo Cream lanzaba a Cheese contra un Krill, y el pequeño Chao golpeaba al soldado con la fuerza de una bala de cañón—, pero no dejemos que se lleven toda la diversión. Si esos Krill piden refuerzos, vamos a necesitar fuego de cobertura.

Ed asintió, recuperando su compostura de mando.

—Bortus, Claire, aseguren el perímetro. Kelly, John, conmigo. Vamos a ver si podemos hablar con el de azul antes de que decida que nosotros también somos el enemigo.

Sonic terminó de apilar a una docena de soldados Krill en un montón desordenado y se detuvo frente a la rampa de la nave principal, justo cuando los cañones pesados de la nave empezaban a girar hacia él.

—¡Cuidado! —gritó Ed, apuntando con su arma a los sensores de la nave Krill.

Un disparo de la Orville, coordinado desde el espacio por Gordon Malloy tras recibir la señal de Ed, impactó directamente en el escudo de la nave Krill, desestabilizándola.

Sonic miró al cielo y luego a Ed, con una ceja levantada.

—¿Eso fue cosa de ustedes? Nada mal, Overlanders. ¡Nada mal!

—¡Somos de la Unión Planetaria! —gritó Ed sobre el ruido de los motores—. ¡Y estamos aquí para ayudar!

Sonic sonrió, estirando sus piernas.

—¡Genial! ¡Pues mantengan esa nave ocupada mientras yo le doy el toque final!

El erizo azul se encogió en una bola perfecta, rodeada de electricidad estática, y comenzó a girar sobre sí mismo con un sonido ensordecer que hacía vibrar el suelo. Con un impulso explosivo, se lanzó como un proyectil viviente hacia el motor principal de la nave Krill que aún estaba en tierra.

—Esto —murmuró John, viendo la explosión de luz azul— definitivamente no estaba en el manual de la Unión.
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