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Celos y posesividad +18
Fandom: Jenna Ortega x TN(hombre)
Created: 4/29/2026
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RomanceDramaPWP (Plot? What Plot?)JealousyExplicit LanguageCurtainfic / Domestic StoryCharacter Study
Fuego bajo la piel
El gimnasio privado en la residencia de Jenna estaba sumido en un silencio roto únicamente por el rítmico golpe metálico de los discos de hierro. TN soltó un gruñido sordo mientras completaba su última serie de press de banca. Sus músculos, tensos y congestionados por el esfuerzo, se marcaban bajo la fina capa de sudor que hacía que su camiseta negra se pegara a su pecho y abdomen como una segunda piel.
Jenna estaba sentada en un banco cercano, supuestamente revisando un guion, pero sus ojos oscuros no se habían movido de la figura de TN en los últimos diez minutos. Había algo hipnótico en la forma en que sus bíceps se dilataban y las venas de sus antebrazos se dibujaban con cada repetición.
—Te vas a hacer daño si sigues forzando así —dijo ella, dejando el libreto a un lado. Su voz era suave, con ese matiz ronco que siempre lograba poner a TN en alerta.
TN soltó la barra sobre el soporte con un estruendo metálico y se incorporó lentamente. Respiraba con dificultad, y el calor que emanaba de su cuerpo parecía aumentar la temperatura de la habitación. Se pasó una mano por el cabello húmedo y miró a Jenna.
—Necesitaba soltar energía —respondió él, caminando hacia ella. Su presencia física era imponente, una masa de músculo esculpido que contrastaba con la figura delicada y pequeña de la actriz.
—Has estado... intenso últimamente —observó Jenna, humedeciéndose los labios mientras él se detenía frente a ella—. Casi parece que estás enojado con las pesas.
—No es con las pesas, Jenna. Sabes perfectamente qué es lo que me tiene así.
Él se inclinó, apoyando las manos en el banco a ambos lados de los muslos de ella, encerrándola en su espacio personal. El olor a sudor, testosterona y el perfume masculino de TN envolvió a Jenna, haciéndola suspirar.
—¿El hecho de que mañana empiezo a rodar con Isaac? —preguntó ella con una sonrisa provocadora, sabiendo exactamente qué botones estaba pulsando.
TN apretó la mandíbula. La sola mención del coprotagonista de Jenna hacía que su sangre hirviera. Odiaba ese acuerdo de "amigos con derechos" cuando sus instintos más primarios le gritaban que ella le pertenecía. Era una posesividad que no podía controlar, una mezcla explosiva de hormonas y deseo que lo consumía cada vez que la veía sonreírle a otro hombre frente a las cámaras.
—No me gusta cómo te mira —gruñó él, acercando su rostro al de ella—. Y menos me gusta que vayas a pasar diez horas al día fingiendo que estás enamorada de ese idiota.
—Es solo actuación, TN —murmuró ella, aunque sus manos subieron instintivamente para acariciar los hombros anchos de él—. Sabes que nadie más me toca como tú lo haces.
—Más le vale no intentarlo —sentenció él. Sus manos abandonaron el banco para sujetar la cintura de Jenna, levantándola sin esfuerzo para que quedara a su altura.
La diferencia de tamaño era abismal, pero la química entre ambos era un incendio forestal. TN la llevó contra la pared más cercana, sus manos grandes y callosas apretando la delicada piel de sus caderas. Estaba hormonal, cargado de una energía protectora y dominante que Jenna, lejos de rechazar, alimentaba con su actitud desafiante.
—¿Estás celoso de un actor que ni siquiera conoces? —preguntó ella, enredando sus dedos en el cuello de la camiseta de él.
—Estoy marcando mi territorio —respondió TN antes de estrellar sus labios contra los de ella.
El beso fue hambriento, casi violento en su intensidad. TN la besaba como si quisiera borrar cualquier rastro de otros hombres de su mente. Sus manos bajaron hacia los muslos de Jenna, instándola a rodear su cintura con las piernas. Ella obedeció de inmediato, soltando un gemido ahogado contra su boca.
—Eres mío, Jenna —susurró él contra su cuello, dejando una marca roja que ella tendría que cubrir con maquillaje al día siguiente—. No me importa el contrato, no me importan tus amigos. Eres mía.
—Dilo otra vez —pidió ella, con la respiración entrecortada.
—Eres mía —repitió él, su voz vibrando en el pecho de ella—. Y voy a recordártelo toda la noche para que mañana, cuando ese imbécil te mire, solo puedas pensar en lo que te hice aquí.
TN la llevó hacia el dormitorio sin romper el contacto físico. Cada paso que daba era una demostración de fuerza, cargándola como si no pesara nada. Al entrar en la habitación, la lanzó sobre la cama y se deshizo de su camiseta en un movimiento rápido, revelando un torso perfectamente definido que brillaba bajo la luz tenue.
—Pareces un animal —comentó Jenna, recorriendo con la mirada cada músculo de su abdomen.
—Me tienes así —dijo él, subiéndose a la cama y posicionándose sobre ella—. No puedo evitarlo. Verte ahí fuera, siendo el centro de atención de todo el mundo... me vuelve loco. Quiero encerrarte aquí y que nadie más pueda verte.
—Eso suena muy posesivo —dijo ella, aunque sus ojos brillaban de deseo.
—Lo soy. Especialmente hoy.
TN no fue delicado. Sus manos exploraron cada rincón del cuerpo de Jenna con una urgencia que rayaba en la desesperación. Cada caricia era firme, cada beso era una reclamación. Sus hormonas estaban en su punto máximo, y la necesidad de poseerla, de fundirse con ella hasta que no quedara espacio para nadie más, era lo único que dictaba sus movimientos.
—TN... —jadeó ella cuando él empezó a besar la línea de su mandíbula—. Vas a dejar marcas.
—Ese es el plan —respondió él, levantando la vista para mirarla a los ojos—. Quiero que cada vez que te mires al espejo mañana en el set, recuerdes quién te tiene así. Quiero que sientas el peso de mis manos en tu piel mientras ese tipo intenta decir sus líneas.
—Eres un idiota posesivo —rio ella, tirando de él hacia abajo para besarlo de nuevo.
—Tu idiota —corrigió él.
La noche se convirtió en una danza de sudor y jadeos. TN descargó toda la tensión acumulada del gimnasio y de sus celos en cada movimiento. Su cuerpo musculoso se movía con una potencia que dejaba a Jenna sin aliento, obligándola a aferrarse a sus hombros para no perderse en la intensidad del momento.
Horas más tarde, con la respiración volviendo a la normalidad, TN permanecía abrazado a ella, su brazo rodeando su cintura con una firmeza que dejaba claro que no pensaba soltarla. Jenna descansaba la cabeza en su pecho, escuchando el latido acelerado de su corazón.
—¿Ya estás más tranquilo? —preguntó ella, trazando círculos invisibles sobre sus pectorales.
—No —admitió él con sinceridad—. Mañana vendré a recogerte al set.
Jenna levantó la cabeza, sorprendida.
—¿En serio? Nunca vas a los rodajes. Dices que te aburre esperar.
—Mañana no me voy a aburrir —dijo TN, sus ojos fijos en el techo—. Voy a estar allí para que todo el mundo vea con quién te vas a casa al final del día. Especialmente Isaac.
Jenna soltó una pequeña risa y se acurrucó más contra él. Sabía que la actitud de TN era irracional, que sus celos eran producto de una mezcla de amor no confesado y un exceso de hormonas, pero no podía negar que le encantaba sentirse tan deseada.
—Está bien, "músculos" —bromeó ella—. Pero intenta no golpear a nadie. Mi carrera depende de que mis compañeros de reparto tengan la cara intacta.
—No prometo nada —gruñó él, cerrando los ojos—. Pero si se mantiene a un metro de distancia, quizá sobreviva.
TN la estrechó más contra sí, aspirando el aroma de su cabello. En la oscuridad de la habitación, el acuerdo de "amigos con derechos" se sentía como una mentira piadosa. Lo que había entre ellos era mucho más pesado, más denso y más peligroso. Y mientras él tuviera fuerza en esos brazos, se encargaría de que ella nunca olvidara a quién pertenecía.
Jenna estaba sentada en un banco cercano, supuestamente revisando un guion, pero sus ojos oscuros no se habían movido de la figura de TN en los últimos diez minutos. Había algo hipnótico en la forma en que sus bíceps se dilataban y las venas de sus antebrazos se dibujaban con cada repetición.
—Te vas a hacer daño si sigues forzando así —dijo ella, dejando el libreto a un lado. Su voz era suave, con ese matiz ronco que siempre lograba poner a TN en alerta.
TN soltó la barra sobre el soporte con un estruendo metálico y se incorporó lentamente. Respiraba con dificultad, y el calor que emanaba de su cuerpo parecía aumentar la temperatura de la habitación. Se pasó una mano por el cabello húmedo y miró a Jenna.
—Necesitaba soltar energía —respondió él, caminando hacia ella. Su presencia física era imponente, una masa de músculo esculpido que contrastaba con la figura delicada y pequeña de la actriz.
—Has estado... intenso últimamente —observó Jenna, humedeciéndose los labios mientras él se detenía frente a ella—. Casi parece que estás enojado con las pesas.
—No es con las pesas, Jenna. Sabes perfectamente qué es lo que me tiene así.
Él se inclinó, apoyando las manos en el banco a ambos lados de los muslos de ella, encerrándola en su espacio personal. El olor a sudor, testosterona y el perfume masculino de TN envolvió a Jenna, haciéndola suspirar.
—¿El hecho de que mañana empiezo a rodar con Isaac? —preguntó ella con una sonrisa provocadora, sabiendo exactamente qué botones estaba pulsando.
TN apretó la mandíbula. La sola mención del coprotagonista de Jenna hacía que su sangre hirviera. Odiaba ese acuerdo de "amigos con derechos" cuando sus instintos más primarios le gritaban que ella le pertenecía. Era una posesividad que no podía controlar, una mezcla explosiva de hormonas y deseo que lo consumía cada vez que la veía sonreírle a otro hombre frente a las cámaras.
—No me gusta cómo te mira —gruñó él, acercando su rostro al de ella—. Y menos me gusta que vayas a pasar diez horas al día fingiendo que estás enamorada de ese idiota.
—Es solo actuación, TN —murmuró ella, aunque sus manos subieron instintivamente para acariciar los hombros anchos de él—. Sabes que nadie más me toca como tú lo haces.
—Más le vale no intentarlo —sentenció él. Sus manos abandonaron el banco para sujetar la cintura de Jenna, levantándola sin esfuerzo para que quedara a su altura.
La diferencia de tamaño era abismal, pero la química entre ambos era un incendio forestal. TN la llevó contra la pared más cercana, sus manos grandes y callosas apretando la delicada piel de sus caderas. Estaba hormonal, cargado de una energía protectora y dominante que Jenna, lejos de rechazar, alimentaba con su actitud desafiante.
—¿Estás celoso de un actor que ni siquiera conoces? —preguntó ella, enredando sus dedos en el cuello de la camiseta de él.
—Estoy marcando mi territorio —respondió TN antes de estrellar sus labios contra los de ella.
El beso fue hambriento, casi violento en su intensidad. TN la besaba como si quisiera borrar cualquier rastro de otros hombres de su mente. Sus manos bajaron hacia los muslos de Jenna, instándola a rodear su cintura con las piernas. Ella obedeció de inmediato, soltando un gemido ahogado contra su boca.
—Eres mío, Jenna —susurró él contra su cuello, dejando una marca roja que ella tendría que cubrir con maquillaje al día siguiente—. No me importa el contrato, no me importan tus amigos. Eres mía.
—Dilo otra vez —pidió ella, con la respiración entrecortada.
—Eres mía —repitió él, su voz vibrando en el pecho de ella—. Y voy a recordártelo toda la noche para que mañana, cuando ese imbécil te mire, solo puedas pensar en lo que te hice aquí.
TN la llevó hacia el dormitorio sin romper el contacto físico. Cada paso que daba era una demostración de fuerza, cargándola como si no pesara nada. Al entrar en la habitación, la lanzó sobre la cama y se deshizo de su camiseta en un movimiento rápido, revelando un torso perfectamente definido que brillaba bajo la luz tenue.
—Pareces un animal —comentó Jenna, recorriendo con la mirada cada músculo de su abdomen.
—Me tienes así —dijo él, subiéndose a la cama y posicionándose sobre ella—. No puedo evitarlo. Verte ahí fuera, siendo el centro de atención de todo el mundo... me vuelve loco. Quiero encerrarte aquí y que nadie más pueda verte.
—Eso suena muy posesivo —dijo ella, aunque sus ojos brillaban de deseo.
—Lo soy. Especialmente hoy.
TN no fue delicado. Sus manos exploraron cada rincón del cuerpo de Jenna con una urgencia que rayaba en la desesperación. Cada caricia era firme, cada beso era una reclamación. Sus hormonas estaban en su punto máximo, y la necesidad de poseerla, de fundirse con ella hasta que no quedara espacio para nadie más, era lo único que dictaba sus movimientos.
—TN... —jadeó ella cuando él empezó a besar la línea de su mandíbula—. Vas a dejar marcas.
—Ese es el plan —respondió él, levantando la vista para mirarla a los ojos—. Quiero que cada vez que te mires al espejo mañana en el set, recuerdes quién te tiene así. Quiero que sientas el peso de mis manos en tu piel mientras ese tipo intenta decir sus líneas.
—Eres un idiota posesivo —rio ella, tirando de él hacia abajo para besarlo de nuevo.
—Tu idiota —corrigió él.
La noche se convirtió en una danza de sudor y jadeos. TN descargó toda la tensión acumulada del gimnasio y de sus celos en cada movimiento. Su cuerpo musculoso se movía con una potencia que dejaba a Jenna sin aliento, obligándola a aferrarse a sus hombros para no perderse en la intensidad del momento.
Horas más tarde, con la respiración volviendo a la normalidad, TN permanecía abrazado a ella, su brazo rodeando su cintura con una firmeza que dejaba claro que no pensaba soltarla. Jenna descansaba la cabeza en su pecho, escuchando el latido acelerado de su corazón.
—¿Ya estás más tranquilo? —preguntó ella, trazando círculos invisibles sobre sus pectorales.
—No —admitió él con sinceridad—. Mañana vendré a recogerte al set.
Jenna levantó la cabeza, sorprendida.
—¿En serio? Nunca vas a los rodajes. Dices que te aburre esperar.
—Mañana no me voy a aburrir —dijo TN, sus ojos fijos en el techo—. Voy a estar allí para que todo el mundo vea con quién te vas a casa al final del día. Especialmente Isaac.
Jenna soltó una pequeña risa y se acurrucó más contra él. Sabía que la actitud de TN era irracional, que sus celos eran producto de una mezcla de amor no confesado y un exceso de hormonas, pero no podía negar que le encantaba sentirse tan deseada.
—Está bien, "músculos" —bromeó ella—. Pero intenta no golpear a nadie. Mi carrera depende de que mis compañeros de reparto tengan la cara intacta.
—No prometo nada —gruñó él, cerrando los ojos—. Pero si se mantiene a un metro de distancia, quizá sobreviva.
TN la estrechó más contra sí, aspirando el aroma de su cabello. En la oscuridad de la habitación, el acuerdo de "amigos con derechos" se sentía como una mentira piadosa. Lo que había entre ellos era mucho más pesado, más denso y más peligroso. Y mientras él tuviera fuerza en esos brazos, se encargaría de que ella nunca olvidara a quién pertenecía.
