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chaos teen loud

Fandom: the loud house, sonic the hedgehog (idw/game/archie comics) , teen wolf

Created: 4/29/2026

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AU (Alternate Universe)CrossoverActionAdventureIsekai / Portal FantasyHumorFantasyHurt/ComfortScience FictionBuddy MovieHuman Experimentation
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Aliados Inesperados y Garras Nocturnas

La noche en Beacon Hills nunca había sido tan extraña para Lincoln Loud. El joven jackalope mobian se deslizaba entre las sombras de los callejones, sintiendo el aire frío de un mundo que no era el suyo. Sus orejas largas se movían de un lado a otro, captando sonidos que ningún humano —u "overlander", como él los llamaba— podría percibir. Extrañaba Mobius, extrañaba la resistencia, e incluso extrañaba las molestas bromas de Sonic. Pero aquí, era un fenómeno de feria, un fugitivo en un pueblo lleno de secretos.

De repente, un siseo agudo y viscoso rompió el silencio. Lincoln se detuvo en seco, sus ojos grandes y brillantes escaneando el tejado de un edificio cercano.

—Oh, no. Otra vez tú —susurró Lincoln, ajustándose los guantes.

La criatura reptiliana, el Kanima, saltó desde las alturas con una agilidad aterradora. Sus escamas brillaban bajo la luz de la luna y sus ojos amarillos estaban fijos en el conejo con astas. Antes de que el monstruo pudiera tocar el suelo, Lincoln ya estaba en movimiento.

—¡Spindash! —gritó, envolviéndose en una bola de energía azul y blanca.

El impacto fue seco. El Kanima fue lanzado hacia atrás, pero se recuperó casi instantáneamente, clavando sus garras en el pavimento. Lincoln aterrizó con gracia, sus piernas elásticas listas para el siguiente movimiento. El siseo del monstruo se intensificó, y justo cuando se preparaba para saltar sobre el mobian, una sombra masiva emergió de la oscuridad.

Derek Hale, en su forma de hombre lobo parcial, rugió con una furia que hizo que incluso Lincoln retrocediera un paso. Sus colmillos estaban a la vista y sus ojos brillaban con un azul eléctrico.

—¿Qué demonios...? —Lincoln se quedó boquiabierto—. ¿Otro mobian? No, tú te ves... diferente. ¡Más peludo!

Derek no respondió. No tenía tiempo para preguntas sobre conejos parlantes. Se lanzó contra el Kanima con una fuerza bruta que sacudió el ambiente. Lincoln observó, impresionado, cómo Derek destrozaba parte de una pared de concreto de un solo puñetazo al intentar alcanzar a la criatura.

—¡Oye, cuidado con la propiedad pública, lobito! —exclamó Lincoln, aunque rápidamente tuvo que agacharse para esquivar un coletazo del Kanima que casi le arranca las astas.

La pelea se volvió un caos de garras y velocidad. El Kanima era rápido, pero Lincoln era un producto de un mundo de héroes supersónicos. Cuando el reptil intentó abalanzarse sobre el pecho descubierto de Derek, Lincoln vio su oportunidad.

—¡Mis brazos no son solo para abrazar! —gritó Lincoln.

Sus extremidades se estiraron como si fueran de goma, un truco que había perfeccionado tras años de extrañas aventuras. Sus manos enguantadas atraparon las muñecas del Kanima en el aire, frenando su avance en seco.

—¡Ahora, peludo! —le gritó a Derek.

Derek no desaprovechó la oportunidad. Con un rugido, asestó una serie de golpes devastadores en el torso de la criatura, debilitándola significativamente. El Kanima chilló de dolor, sus extremidades flaqueando bajo el agarre elástico de Lincoln.

Sin embargo, la pelea fue interrumpida por un sonido metálico y seco. *¡Click-clack!*

Un rayo de luz láser apuntó directamente al pecho de Lincoln. El joven jackalope se congeló. A unos metros de distancia, Chris Argent sostenía un arma de fuego pesada, con la mirada fría y calculadora de un cazador profesional.

—¿Qué es esa cosa? —preguntó Argent, sin bajar el arma.

Lincoln soltó al Kanima, levantando las manos instintivamente. Sus ojos se abrieron de par en par al ver el arma. En Mobius, los robots de Eggman tenían láseres, pero ver a un humano apuntándole con tal intención asesina le revolvió el estómago.

—¡Espera! —exclamó Lincoln—. ¡Soy de los buenos! ¡Bueno, técnicamente soy un civil perdido, pero estaba ayudando!

Derek se colocó frente a Lincoln, gruñendo hacia Argent. El aire estaba cargado de tensión, una cuerda a punto de romperse. Pero el Kanima, aprovechando la distracción, se recuperó con una velocidad antinatural. Con un movimiento fluido, trepó por la pared de un edificio cercano: el club nocturno Jungle.

—¡Se escapa! —gritó Lincoln, olvidando el miedo al arma.

Sin pensarlo dos veces, el jackalope saltó hacia la pared, usando sus pies para impulsarse y sus brazos largos para balancearse como un trapecista. Derek lo siguió de cerca, dejando a Argent atrás en el callejón.

La persecución llegó al techo del club. El Kanima se movía con una ventaja táctica, conociendo cada rincón de la arquitectura de Beacon Hills. En un giro brusco, la criatura golpeó a Lincoln con una fuerza superior, lanzándolo contra una claraboya de vidrio reforzado.

—¡Cuidado abajo! —fue lo único que Lincoln pudo gritar antes de que el techo cediera.

El estruendo del vidrio rompiéndose fue seguido por el impacto de Lincoln contra el suelo de concreto de la pista de baile. El dolor de cabeza fue instantáneo. Aturdido, Lincoln se levantó lentamente, sacudiendo sus orejas para quitarse los fragmentos de cristal.

La música tecno seguía sonando, pero la multitud de hombres en el club se había quedado en silencio absoluto. Cientos de ojos estaban fijos en la criatura de pelaje blanco y naranja, con astas y guantes, que acababa de caer del cielo.

—Eh... hola —dijo Lincoln, rascándose la nuca con nerviosismo—. Sé lo que están pensando. "Vaya, qué disfraz de Halloween tan realista". Pero en serio, todos deberían... ¡correr!

El Kanima saltó a través del agujero en el techo, aterrizando pesadamente sobre una mesa. El pánico estalló. Los gritos llenaron el club mientras la gente corría hacia las salidas. En medio del caos, Lincoln vio a un chico joven, Danny, paralizado por el miedo mientras el monstruo lo acorralaba.

—¡Oh, no, no lo harás! —rugió Lincoln.

El jackalope tomó impulso, corriendo en círculos para ganar velocidad. Sus pies eran un borrón. Cuando estuvo a la distancia justa, plantó sus pies con firmeza y echó sus brazos hacia atrás, dejando que se estiraran varios metros.

—¡Gomu Gomu no... Bazooka! —gritó, aunque sabía que esa frase pertenecía a otro universo, se sentía extrañamente apropiada.

Sus manos impactaron de lleno en el pecho del Kanima con la fuerza de un camión. El monstruo salió volando a través del club, chocando contra una pared de ladrillos y dejando una grieta profunda en la estructura. El Kanima, herido y desorientado, emitió un último siseo antes de escabullirse por un conducto de ventilación.

Lincoln respiró agitadamente, sintiendo el cansancio en sus músculos. El sonido de las sirenas de la policía empezó a acercarse, cada vez más fuerte.

—Genial. Más oficiales con redes y preguntas —suspiró Lincoln.

Miró hacia el techo, donde Derek lo observaba desde las sombras antes de desaparecer. Lincoln hizo lo mismo, estirando sus brazos para alcanzar el borde del agujero y saliendo del club justo antes de que las autoridades irrumpieran en el local.

Mientras tanto, en una parte más tranquila del pueblo, Chris Argent se encontraba frente a su padre, Gerard. El ambiente en la casa de los Argent era pesado, cargado del olor a pólvora y libros antiguos.

—¿Qué fue lo que viste, Christopher? —preguntó Gerard, pasando las páginas de un bestiario polvoriento.

—No era un hombre lobo —respondió Chris, todavía procesando la imagen del extraño ser—. Era... pequeño. Como un conejo, pero con astas. Y se movía de una forma que no puedo explicar. Sus extremidades... se estiraban.

Gerard se detuvo en una página en blanco, una que él mismo había empezado a anotar recientemente.

—Un Jackalope —murmuró el anciano, con una sonrisa fría—. Una leyenda urbana de los Overlanders, o eso dicen los viejos mitos. Pero esto... esto es algo nuevo. Algo que no pertenece a nuestro orden natural.

—Ayudó a Derek —añadió Chris—. Atacó al Kanima.

—Un monstruo que ayuda a otro monstruo sigue siendo una aberración, Christopher —sentenció Gerard—. Si esa criatura está en Beacon Hills, es una variable que no podemos ignorar. Encuéntralo. Quiero saber si sangra como nosotros o si es algo más... animado.

Lejos de allí, Lincoln se encontraba sentado en la rama más alta de un árbol en el bosque, mirando las luces del pueblo. Se sentía solo, pero al menos sabía que no era el único "monstruo" en este lugar.

—"Frenemies", ¿eh? —se dijo a sí mismo, recordando al lobo gruñón—. Supongo que este lugar no es tan aburrido después de todo. Pero la próxima vez, espero que el lobo sepa usar un poco más de estrategia.

Lincoln cerró los ojos, dejando que el sonido del bosque lo arrullara, sin saber que tanto los cazadores como los hombres lobo ahora estaban tras su rastro. La guerra en Beacon Hills acababa de ganar un participante muy inesperado.
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