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mi hermano tiene novia?
Fandom: sakamoto days
Created: 5/3/2026
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RomanceSlice of LifeFluffHumorCurtainfic / Domestic StoryCanon SettingCharacter Study
Entre cables, grasa y el olor a metal
El taller de Natsuki Seba era, por lo general, un santuario de caos ordenado donde el ruido de los soldadores y el tecleo frenético eran la única banda sonora. Sin embargo, esa tarde, el ambiente estaba cargado de una tensión diferente. Mafuyu Seba estaba de pie, con los brazos cruzados y una expresión de profundo escepticismo, observando a su hermano mayor con una intensidad que habría intimidado a cualquier asesino de la JCC.
Shin Asakura, sentado en un taburete alto y vistiendo su eterna sudadera azul, intentaba hacerse pequeño. Como telépata, el ruido mental en la habitación era ensordecedor. Por un lado, las sospechas punzantes y protectoras de Mafuyu; por el otro, la diversión cínica y los pensamientos pecaminosamente distraídos de Natsuki.
—Natsuki, tenemos que hablar —sentenció Mafuyu, ajustándose la mascarilla por puro hábito, aunque el taller estaba inusualmente limpio ese día—. Y no me vengas con que estás ocupado. Has estado actuando como un bicho raro. Más de lo normal.
Natsuki ni siquiera levantó la vista del prototipo de guantelete que estaba ajustando. Sus ojeras, aunque seguían ahí, no eran los surcos profundos y violáceos de hace unos meses. Su cabello negro estaba algo más peinado y, para horror de Mafuyu, olía vagamente a un jabón decente en lugar de solo a aceite de motor.
—Estoy trabajando, Mafuyu —respondió Natsuki con su tono ácido habitual—. Si quieres quejarte del menú de la cena, guárdatelo para luego.
—¡No es la cena! —exclamó el menor, dando un paso adelante—. Es que tienes novia. O algo peor. Estás todo el día pegado al teléfono, te arreglas más, y el otro día vi una bolsa de una tienda de regalos en tu mochila. Natsuki, escúchame bien: eres un friki de los inventos. Eres asocial y das miedo cuando te pones a hablar de calibres de armas a mitad de una comida.
Shin soltó una risita nerviosa que intentó camuflar con una tos. Natsuki arqueó una ceja, finalmente dejando el destornillador sobre la mesa.
—¿Y qué si así fuera? —preguntó Natsuki, lanzándole una mirada juguetona a Shin que Mafuyu no captó—. ¿Te preocupa que alguien finalmente haya tenido la mala suerte de fijarse en mí?
—¡Me preocupa que te rompan el corazón! —gritó Mafuyu, exasperado—. Las chicas te ven, piensan que eres guapo porque, no sé, supongo que tienes cara de modelo anémico, pero en cuanto abres la boca para hablar de la densidad del tungsteno, huyen. No quiero que acabes deprimido y gastándote el dinero de nuestra huida en helado y piezas de repuesto inútiles.
Mafuyu se giró hacia Shin, buscando desesperadamente un aliado. Se acercó al rubio y, con la confianza física que solo mostraba con él, se apoyó en su hombro, casi colgándose de su brazo.
—Shin-san, ayúdame. Dile que entre en razón. Tú eres normal, eres bueno con la gente. Dile que no puede estar saliendo con una desconocida que probablemente solo quiera que le arregle el móvil gratis. Tenemos que protegerlo de sí mismo.
Shin se quedó en blanco. La mente de Mafuyu era un torbellino de afecto fraternal mal expresado y una genuina preocupación. Pero la mente de Natsuki... la mente de Natsuki era un campo de minas.
*"Mira qué tierno"*, pensó Natsuki, dirigiendo su mirada directamente a los ojos de Shin. *"Tu pequeño protegido cree que soy demasiado raro para que alguien me quiera. ¿Debería decirle que el 'alguien' es el rubio escandaloso que no deja de leerme el pensamiento?"*
Shin sintió que el calor le subía por el cuello hasta las orejas.
—Eh... bueno, Mafuyu... —empezó Shin, rascándose la nuca con la mano libre—. Quizás no deberías preocuparte tanto. Natsuki es... bueno, es un genio, ¿sabes? Alguien podría apreciar eso. Su pasión por las armas es... interesante.
—¡Es aterradora! —rebatió Mafuyu, apretando el brazo de Shin—. Shin-san, no le sigas el juego. Tú eres mi mejor amigo, casi como el hermano que sí funciona bien. No dejes que este raro arruine nuestras vidas por un capricho.
Natsuki soltó una carcajada seca y se recostó contra su mesa de trabajo, cruzando sus largos brazos. Sus pecas destacaban más cuando sonreía de esa forma ladeada y retadora.
—¿Así que Shin es el hermano que sí funciona? —Natsuki miró a Shin con una chispa de malicia en los ojos—. Interesante. ¿Qué opinas de eso, Shin? ¿Eres el tipo de persona que se hace amigo del hermano pequeño para acercarse al mayor?
*"Me encanta cuando te pones rojo"*, pensó Natsuki con una intensidad que hizo que Shin quisiera saltar por la ventana del taller. *"Te ves tan bien con esa sudadera azul, pero te verías mejor si dejaras de dejar que mi hermano se te cuelgue como un koala y vinieras aquí a callarme."*
—¡Cállate, Natsuki! —gritó Shin, más por los pensamientos que por las palabras en voz alta—. ¡No digas tonterías!
—No son tonterías —dijo Natsuki, levantándose y caminando hacia ellos con esa parsimonia felina que lo caracterizaba. Se detuvo a pocos centímetros de ambos—. Mafuyu, tienes razón en algo. Estoy saliendo con alguien. Y sí, paso mucho tiempo con el teléfono porque esa persona es un pesado que no deja de enviarme fotos de los gatos de la tienda de Sakamoto.
Mafuyu abrió mucho los ojos, soltando lentamente el brazo de Shin.
—¿Gatos? ¿Qué clase de chica te envía fotos de gatos? —Mafuyu arrugó la nariz—. Espera... ¿la tienda de Sakamoto?
Natsuki se inclinó un poco, invadiendo el espacio personal de Shin, quien estaba petrificado. El inventor alargó una mano y, con una familiaridad que hizo que el corazón de Mafuyu se detuviera, revolvió el cabello rubio de Shin.
—No es una chica, Mafuyu —dijo Natsuki con total indiferencia, como si estuviera explicando el funcionamiento de una polea—. Es Shin. Shin es mi novio.
El silencio que siguió fue absoluto. Shin cerró los ojos, esperando el estallido, mientras en su mente escuchaba el grito mudo de Mafuyu, una mezcla de confusión, traición y cortocircuito mental.
—¿Qué? —susurró Mafuyu. Su voz subió tres octavas en la siguiente palabra—. ¡¿QUÉ?!
—Lo que has oído —continuó Natsuki, disfrutando cada segundo del caos—. Por eso no tengo tantas ojeras, porque este idiota me obliga a dormir. Por eso compro regalos, aunque mi gusto sea "cuestionable" según él. Y por eso me arreglo, porque aparentemente a Shin le gusta que no parezca un cadáver recién desenterrado.
Mafuyu miró a Shin, buscando una negación, una señal de que era una de las bromas pesadas de su hermano. Pero Shin solo pudo dedicarle una sonrisa forzada y totalmente culpable.
—Lo siento, Mafuyu... Quería decírtelo, de verdad, pero Natsuki decía que era más divertido ver cuánto tardabas en darte cuenta —balbuceó Shin.
*"Y porque me gusta tenerte para mí solo un rato más antes de que tu hermano empiece a pedirnos que lo llevemos al parque de atracciones como una cita de tres"*, añadió Natsuki mentalmente, guiñándole un ojo a Shin.
Mafuyu retrocedió dos pasos, señalándolos con un dedo tembloroso. Su cerebro adolescente estaba procesando la información a una velocidad vertiginosa.
—Tú... —miró a Natsuki—. Y tú... —miró a Shin—. ¡Pero si tú eres mi amigo! ¡Tú eres el único que me entiende cuando me quejo de este bicho raro! ¡Se supone que estábamos en el mismo bando!
—Sigo siendo tu amigo, Mafuyu —intentó consolarlo Shin, dando un paso hacia él—. Nada cambia, solo que ahora... bueno, ahora también salgo con tu hermano.
Mafuyu se cubrió la cara con las manos, emitiendo un sonido que era mitad quejido, mitad grito ahogado.
—¡Es asqueroso! ¡Es horrible! ¡Mi mejor amigo sale con mi hermano mayor! ¡Ahora eres mi cuñado! —Mafuyu se estremeció de pies a cabeza—. ¡Voy a tener que veros tomados de la mano! ¡Voy a tener que escuchar a Natsuki hablar de ti en lugar de hablar de sus estúpidas bombas! ¡ESTO ES EL FIN DEL MUNDO!
Natsuki se encogió de hombros, volviendo a su taburete con una expresión de triunfo absoluto.
—Míralo por el lado positivo, enano —dijo Natsuki, volviendo a tomar su herramienta—. Ahora, si me haces enfadar, Shin no te dará caramelos de la tienda. Y si Shin me hace enfadar a mí, puedo pedirte que le des una patada en la espinilla por mí. Es una situación en la que todos ganamos.
—¡No voy a patear a Shin-san! —protestó Mafuyu, aunque luego miró a Shin con ojos entrecerrados—. Bueno... tal vez si me ignora por estar contigo, sí lo haga.
Shin suspiró, sintiendo que la tensión bajaba un poco, aunque sabía que Mafuyu le recordaría esto durante los próximos diez años. Se acercó a Natsuki y le dio un golpe suave en el hombro.
—Eres un desastre, ¿lo sabías? No tenías que soltarlo así. Casi le das un ataque al corazón.
Natsuki atrapó la mano de Shin antes de que pudiera retirarla. Sus dedos, manchados de grasa pero cálidos, se entrelazaron con los de Shin a la vista de Mafuyu, quien hizo un ruido de arcada dramático.
—Tenía que hacerlo —murmuró Natsuki, esta vez sin sarcasmo, con una mirada que solo Shin podía ver—. Estaba empezando a hartarme de que pensara que nadie querría a un "friki" como yo. Además, me gusta marcar mi territorio delante de los intrusos, aunque sean hermanos menores.
*"Te quiero, idiota"* pensó Natsuki, con una claridad tan meridiana que Shin sintió que el corazón le daba un vuelco.
—Yo también te quiero —respondió Shin en voz alta, olvidando por un segundo que Mafuyu seguía allí.
—¡Basta! ¡Mis oídos! ¡Mis ojos puros! —gritó Mafuyu, dirigiéndose a la salida del taller a toda prisa—. ¡Me voy a la tienda de Sakamoto! ¡Le voy a decir a Lu que me adopte y que borre mi memoria con algún veneno chino! ¡No vuelvas a casa tarde, Natsuki, y Shin-san... todavía te odio un poquito por esto!
La puerta del taller se cerró con un estruendo. Shin y Natsuki se quedaron en silencio por un momento antes de estallar en risas.
—Bueno —dijo Shin, dejándose caer en el regazo de Natsuki, quien lo recibió con los brazos abiertos a pesar de la suciedad de su ropa—. Eso podría haber ido peor.
—Podría haber intentado desinfectarnos con lejía —coincidió Natsuki, apoyando la barbilla en el hombro de Shin—. Pero ahora que el enano se ha ido... ¿en qué estábamos? Ah, sí. Estabas a punto de decirme lo mucho que te gusta que me haya arreglado solo para ti.
Shin rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír mientras se inclinaba para besar al inventor. El taller seguía oliendo a metal y aceite, y Mafuyu probablemente estaría quejándose de ellos durante horas en la tienda, pero en ese rincón de la JCC, todo estaba finalmente en su sitio.
Y si ser el "cuñado" de Mafuyu significaba tener que aguantar sus rabietas adolescentes a cambio de los pensamientos privados de Natsuki y sus escasos pero sinceros momentos de ternura, Shin estaba más que dispuesto a aceptar el trato. Al fin y al cabo, después de años de ser asesinos y vivir huyendo, un poco de drama familiar era exactamente el tipo de normalidad que ambos necesitaban.
Shin Asakura, sentado en un taburete alto y vistiendo su eterna sudadera azul, intentaba hacerse pequeño. Como telépata, el ruido mental en la habitación era ensordecedor. Por un lado, las sospechas punzantes y protectoras de Mafuyu; por el otro, la diversión cínica y los pensamientos pecaminosamente distraídos de Natsuki.
—Natsuki, tenemos que hablar —sentenció Mafuyu, ajustándose la mascarilla por puro hábito, aunque el taller estaba inusualmente limpio ese día—. Y no me vengas con que estás ocupado. Has estado actuando como un bicho raro. Más de lo normal.
Natsuki ni siquiera levantó la vista del prototipo de guantelete que estaba ajustando. Sus ojeras, aunque seguían ahí, no eran los surcos profundos y violáceos de hace unos meses. Su cabello negro estaba algo más peinado y, para horror de Mafuyu, olía vagamente a un jabón decente en lugar de solo a aceite de motor.
—Estoy trabajando, Mafuyu —respondió Natsuki con su tono ácido habitual—. Si quieres quejarte del menú de la cena, guárdatelo para luego.
—¡No es la cena! —exclamó el menor, dando un paso adelante—. Es que tienes novia. O algo peor. Estás todo el día pegado al teléfono, te arreglas más, y el otro día vi una bolsa de una tienda de regalos en tu mochila. Natsuki, escúchame bien: eres un friki de los inventos. Eres asocial y das miedo cuando te pones a hablar de calibres de armas a mitad de una comida.
Shin soltó una risita nerviosa que intentó camuflar con una tos. Natsuki arqueó una ceja, finalmente dejando el destornillador sobre la mesa.
—¿Y qué si así fuera? —preguntó Natsuki, lanzándole una mirada juguetona a Shin que Mafuyu no captó—. ¿Te preocupa que alguien finalmente haya tenido la mala suerte de fijarse en mí?
—¡Me preocupa que te rompan el corazón! —gritó Mafuyu, exasperado—. Las chicas te ven, piensan que eres guapo porque, no sé, supongo que tienes cara de modelo anémico, pero en cuanto abres la boca para hablar de la densidad del tungsteno, huyen. No quiero que acabes deprimido y gastándote el dinero de nuestra huida en helado y piezas de repuesto inútiles.
Mafuyu se giró hacia Shin, buscando desesperadamente un aliado. Se acercó al rubio y, con la confianza física que solo mostraba con él, se apoyó en su hombro, casi colgándose de su brazo.
—Shin-san, ayúdame. Dile que entre en razón. Tú eres normal, eres bueno con la gente. Dile que no puede estar saliendo con una desconocida que probablemente solo quiera que le arregle el móvil gratis. Tenemos que protegerlo de sí mismo.
Shin se quedó en blanco. La mente de Mafuyu era un torbellino de afecto fraternal mal expresado y una genuina preocupación. Pero la mente de Natsuki... la mente de Natsuki era un campo de minas.
*"Mira qué tierno"*, pensó Natsuki, dirigiendo su mirada directamente a los ojos de Shin. *"Tu pequeño protegido cree que soy demasiado raro para que alguien me quiera. ¿Debería decirle que el 'alguien' es el rubio escandaloso que no deja de leerme el pensamiento?"*
Shin sintió que el calor le subía por el cuello hasta las orejas.
—Eh... bueno, Mafuyu... —empezó Shin, rascándose la nuca con la mano libre—. Quizás no deberías preocuparte tanto. Natsuki es... bueno, es un genio, ¿sabes? Alguien podría apreciar eso. Su pasión por las armas es... interesante.
—¡Es aterradora! —rebatió Mafuyu, apretando el brazo de Shin—. Shin-san, no le sigas el juego. Tú eres mi mejor amigo, casi como el hermano que sí funciona bien. No dejes que este raro arruine nuestras vidas por un capricho.
Natsuki soltó una carcajada seca y se recostó contra su mesa de trabajo, cruzando sus largos brazos. Sus pecas destacaban más cuando sonreía de esa forma ladeada y retadora.
—¿Así que Shin es el hermano que sí funciona? —Natsuki miró a Shin con una chispa de malicia en los ojos—. Interesante. ¿Qué opinas de eso, Shin? ¿Eres el tipo de persona que se hace amigo del hermano pequeño para acercarse al mayor?
*"Me encanta cuando te pones rojo"*, pensó Natsuki con una intensidad que hizo que Shin quisiera saltar por la ventana del taller. *"Te ves tan bien con esa sudadera azul, pero te verías mejor si dejaras de dejar que mi hermano se te cuelgue como un koala y vinieras aquí a callarme."*
—¡Cállate, Natsuki! —gritó Shin, más por los pensamientos que por las palabras en voz alta—. ¡No digas tonterías!
—No son tonterías —dijo Natsuki, levantándose y caminando hacia ellos con esa parsimonia felina que lo caracterizaba. Se detuvo a pocos centímetros de ambos—. Mafuyu, tienes razón en algo. Estoy saliendo con alguien. Y sí, paso mucho tiempo con el teléfono porque esa persona es un pesado que no deja de enviarme fotos de los gatos de la tienda de Sakamoto.
Mafuyu abrió mucho los ojos, soltando lentamente el brazo de Shin.
—¿Gatos? ¿Qué clase de chica te envía fotos de gatos? —Mafuyu arrugó la nariz—. Espera... ¿la tienda de Sakamoto?
Natsuki se inclinó un poco, invadiendo el espacio personal de Shin, quien estaba petrificado. El inventor alargó una mano y, con una familiaridad que hizo que el corazón de Mafuyu se detuviera, revolvió el cabello rubio de Shin.
—No es una chica, Mafuyu —dijo Natsuki con total indiferencia, como si estuviera explicando el funcionamiento de una polea—. Es Shin. Shin es mi novio.
El silencio que siguió fue absoluto. Shin cerró los ojos, esperando el estallido, mientras en su mente escuchaba el grito mudo de Mafuyu, una mezcla de confusión, traición y cortocircuito mental.
—¿Qué? —susurró Mafuyu. Su voz subió tres octavas en la siguiente palabra—. ¡¿QUÉ?!
—Lo que has oído —continuó Natsuki, disfrutando cada segundo del caos—. Por eso no tengo tantas ojeras, porque este idiota me obliga a dormir. Por eso compro regalos, aunque mi gusto sea "cuestionable" según él. Y por eso me arreglo, porque aparentemente a Shin le gusta que no parezca un cadáver recién desenterrado.
Mafuyu miró a Shin, buscando una negación, una señal de que era una de las bromas pesadas de su hermano. Pero Shin solo pudo dedicarle una sonrisa forzada y totalmente culpable.
—Lo siento, Mafuyu... Quería decírtelo, de verdad, pero Natsuki decía que era más divertido ver cuánto tardabas en darte cuenta —balbuceó Shin.
*"Y porque me gusta tenerte para mí solo un rato más antes de que tu hermano empiece a pedirnos que lo llevemos al parque de atracciones como una cita de tres"*, añadió Natsuki mentalmente, guiñándole un ojo a Shin.
Mafuyu retrocedió dos pasos, señalándolos con un dedo tembloroso. Su cerebro adolescente estaba procesando la información a una velocidad vertiginosa.
—Tú... —miró a Natsuki—. Y tú... —miró a Shin—. ¡Pero si tú eres mi amigo! ¡Tú eres el único que me entiende cuando me quejo de este bicho raro! ¡Se supone que estábamos en el mismo bando!
—Sigo siendo tu amigo, Mafuyu —intentó consolarlo Shin, dando un paso hacia él—. Nada cambia, solo que ahora... bueno, ahora también salgo con tu hermano.
Mafuyu se cubrió la cara con las manos, emitiendo un sonido que era mitad quejido, mitad grito ahogado.
—¡Es asqueroso! ¡Es horrible! ¡Mi mejor amigo sale con mi hermano mayor! ¡Ahora eres mi cuñado! —Mafuyu se estremeció de pies a cabeza—. ¡Voy a tener que veros tomados de la mano! ¡Voy a tener que escuchar a Natsuki hablar de ti en lugar de hablar de sus estúpidas bombas! ¡ESTO ES EL FIN DEL MUNDO!
Natsuki se encogió de hombros, volviendo a su taburete con una expresión de triunfo absoluto.
—Míralo por el lado positivo, enano —dijo Natsuki, volviendo a tomar su herramienta—. Ahora, si me haces enfadar, Shin no te dará caramelos de la tienda. Y si Shin me hace enfadar a mí, puedo pedirte que le des una patada en la espinilla por mí. Es una situación en la que todos ganamos.
—¡No voy a patear a Shin-san! —protestó Mafuyu, aunque luego miró a Shin con ojos entrecerrados—. Bueno... tal vez si me ignora por estar contigo, sí lo haga.
Shin suspiró, sintiendo que la tensión bajaba un poco, aunque sabía que Mafuyu le recordaría esto durante los próximos diez años. Se acercó a Natsuki y le dio un golpe suave en el hombro.
—Eres un desastre, ¿lo sabías? No tenías que soltarlo así. Casi le das un ataque al corazón.
Natsuki atrapó la mano de Shin antes de que pudiera retirarla. Sus dedos, manchados de grasa pero cálidos, se entrelazaron con los de Shin a la vista de Mafuyu, quien hizo un ruido de arcada dramático.
—Tenía que hacerlo —murmuró Natsuki, esta vez sin sarcasmo, con una mirada que solo Shin podía ver—. Estaba empezando a hartarme de que pensara que nadie querría a un "friki" como yo. Además, me gusta marcar mi territorio delante de los intrusos, aunque sean hermanos menores.
*"Te quiero, idiota"* pensó Natsuki, con una claridad tan meridiana que Shin sintió que el corazón le daba un vuelco.
—Yo también te quiero —respondió Shin en voz alta, olvidando por un segundo que Mafuyu seguía allí.
—¡Basta! ¡Mis oídos! ¡Mis ojos puros! —gritó Mafuyu, dirigiéndose a la salida del taller a toda prisa—. ¡Me voy a la tienda de Sakamoto! ¡Le voy a decir a Lu que me adopte y que borre mi memoria con algún veneno chino! ¡No vuelvas a casa tarde, Natsuki, y Shin-san... todavía te odio un poquito por esto!
La puerta del taller se cerró con un estruendo. Shin y Natsuki se quedaron en silencio por un momento antes de estallar en risas.
—Bueno —dijo Shin, dejándose caer en el regazo de Natsuki, quien lo recibió con los brazos abiertos a pesar de la suciedad de su ropa—. Eso podría haber ido peor.
—Podría haber intentado desinfectarnos con lejía —coincidió Natsuki, apoyando la barbilla en el hombro de Shin—. Pero ahora que el enano se ha ido... ¿en qué estábamos? Ah, sí. Estabas a punto de decirme lo mucho que te gusta que me haya arreglado solo para ti.
Shin rodó los ojos, pero no pudo evitar sonreír mientras se inclinaba para besar al inventor. El taller seguía oliendo a metal y aceite, y Mafuyu probablemente estaría quejándose de ellos durante horas en la tienda, pero en ese rincón de la JCC, todo estaba finalmente en su sitio.
Y si ser el "cuñado" de Mafuyu significaba tener que aguantar sus rabietas adolescentes a cambio de los pensamientos privados de Natsuki y sus escasos pero sinceros momentos de ternura, Shin estaba más que dispuesto a aceptar el trato. Al fin y al cabo, después de años de ser asesinos y vivir huyendo, un poco de drama familiar era exactamente el tipo de normalidad que ambos necesitaban.
