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A travez del universo
Fandom: SONADOW (SONIC THE HEDGEHOG X SHADOW THE HEDGEHOG)LANSONIC (LANCELOT X ARTURO (SHADOW EN THE BLACK KNIGHT Y SONIC THE BLACK KNIGHT)
Created: 5/6/2026
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RomanceAU (Alternate Universe)AngstHurt/ComfortFantasyIsekai / Portal FantasyActionCrossoverJealousy
El Rey y su Caballero: El Filo de la Realidad
En el corazón de una Camelot sumida en el crepúsculo eterno, Nimue, la Dama del Lago, observaba las aguas agitadas de su santuario. A su lado, el Rey Arturo parecía una sombra de lo que fue. Sus ojos, antes brillantes con la justicia de Excalibur, ahora estaban inyectados en sangre y desesperación. La ausencia de Lancelot no era solo un vacío estratégico; era un agujero negro que devoraba su cordura.
— Mi señora —la voz de Arturo era un susurro quebrado—, la visión... lo vi. Vi a mi caballero, a mi vida misma, en un mundo de arena blanca y cielos demasiado azules. Estaba perdido. Estaba... con otro.
Nimue suspiró, su rostro reflejando una mezcla de compasión maternal y un profundo temor. Lancelot era su hijo, su orgullo, y sentir su firma de energía tan lejos, en una dimensión que desafiaba las leyes de la magia, la mantenía en un estado de vigilia constante.
— El portal es inestable, Arturo —advirtió ella, extendiendo sus manos sobre el agua—. Abrir una brecha hacia ese mundo requiere una voluntad que podría consumirte. Pero sé que mi hijo te necesita tanto como tú a él. Si te dejo ir, ¿prometes traerlo de vuelta a la luz?
— Por mi corona, por mi alma y por cada gota de sangre que corre en mis venas —juró Arturo, desenvainando a Excalibur, que emitió un brillo dorado pero oscurecido por la angustia de su portador.
Con un cántico antiguo, Nimue desgarró el tejido de la realidad. El agua del lago se elevó en un torbellino esmeralda, formando un arco de energía pura. Arturo no lo dudó. Se lanzó al vacío, sintiendo cómo el espacio y el tiempo se retorcían a su alrededor hasta que, con un golpe sordo, aterrizó sobre algo que no era piedra, sino arena.
El sol de Seaside Island era cegador. Arturo se puso en pie, tambaleándose, mientras el peso de su capa real se sentía extraño bajo aquel calor tropical. A lo lejos, cerca de una formación rocosa, vio una silueta familiar. Un erizo oscuro, de franjas rojas, con esa postura altiva que reconocería en cualquier vida.
— ¡Lancelot! —exclamó Arturo, su corazón saltando en su pecho.
Corrió hacia él, ignorando el sudor y el cansancio. Pero a medida que se acercaba, algo no encajaba. La energía de aquel sujeto era... salvaje, cargada de una agresividad eléctrica que Lancelot nunca mostraría. Antes de que Arturo pudiera decir otra palabra, una ráfaga azul cruzó el campo de visión.
Sonic Boom apareció de la nada, riendo con esa arrogancia cínica que lo caracterizaba. Se lanzó a los brazos de Shadow, quien, aunque gruñó un "pendejo" entre dientes, lo atrapó por la cintura con una posesión absoluta. Sin previo aviso, Sonic rodeó el cuello de Shadow con sus brazos y lo besó con una intensidad descarada, una que mezclaba burla y deseo.
Arturo se detuvo en seco, sintiendo como si Excalibur le hubiera atravesado el pecho.
— ¿Qué... qué es esta blasfemia? —susurró Arturo, su voz temblando de horror—. ¡Lancelot! ¿Cómo puedes permitir que ese... ese bufón te toque de esa manera? ¿Has olvidado tus votos? ¿Has olvidado a tu Rey?
Sonic y Shadow se separaron lentamente. Sonic, con una sonrisa de lado y las orejas gachas en un gesto de diversión pura, miró al recién llegado.
— Vaya, vaya —dijo Sonic, limpiándose la comisura de los labios—. Otro Shadow con complejo de actor de teatro. ¿Y este de dónde salió? ¿De una convención de cosplay medieval?
Shadow, por su parte, no estaba de humor para bromas. Sus ojos rojos se entrecerraron, detectando la inmensa fuerza que emanaba del extraño.
— No sé quién eres, idiota —escupió Shadow, dando un paso al frente mientras sus guantes comenzaban a emitir chispas de Chaos Energy—, pero si vuelves a llamarme con ese nombre de sirviente, te voy a arrancar la lengua.
Arturo, cegado por el dolor y la confusión de ver a su "amado" en brazos de otro, no escuchó razones. Para él, aquel erizo azul era una entidad maligna que había hechizado a su caballero.
— ¡Bruja! —rugió Arturo, levantando a Excalibur—. ¡Has usado tus artes oscuras para corromper el alma de mi más leal caballero! ¡Suelta a Lancelot ahora mismo, cambiaformas asqueroso, o te enviaré al mismo infierno del que saliste!
Sonic soltó una carcajada genuina, apoyando las manos en sus rodillas.
— ¿Bruja? ¡Jajajaja! ¡Diantres, y recién me vengo a enterar, Excali-bore! —exclamó Sonic, burlándose del nombre de la espada—. Oye, Shads, ¿escuchaste eso? Ahora soy una bruja. ¿Crees que me quede bien el sombrero puntiagudo o mis púas son demasiado geniales para eso?
— Cállate, Sonic —gruñó Shadow, lanzándose al ataque—. Yo me encargo de este loco.
Shadow se movió con una brutalidad asombrosa, usando ráfagas de velocidad y golpes directos cargados de energía. Pero Arturo no era un aficionado. Era un rey guerrero. Con un movimiento fluido, bloqueó el puño de Shadow con el plano de su espada y le propinó una patada en el pecho que lo envió a estrellarse contra una palmera.
— ¡Shadow! —gritó Sonic, su tono perdiendo el humor por un instante.
Shadow se levantó, escupiendo sangre, su furia alcanzando niveles críticos.
— ¡Te voy a matar! —rugió el erizo negro, cargando una Chaos Spear de tamaño masivo.
La batalla se intensificó. Arturo demostró por qué era el soberano de Camelot; su manejo de la espada era una danza de muerte y precisión. En un choque de velocidades, Arturo logró flanquear a Shadow y, con un tajo ascendente, provocó un corte brutal en el hombro del erizo oscuro.
— ¡Suficiente! —Sonic intervino violentamente, moviéndose tan rápido que creó un tornado alrededor de Arturo para desequilibrarlo.
Pero Arturo clavó a Excalibur en la arena, anclándose, y con un estallido de energía real, disipó el viento. Sonic retrocedió, su pecho subiendo y bajando, mientras Arturo avanzaba con la mirada de un verdugo.
— Es inútil, criatura —dijo Arturo, su voz resonando con un poder antiguo—. Tu magia no puede contra el verdadero acero.
Arturo lanzó una estocada rápida que Sonic apenas pudo esquivar, pero el filo rozó su brazo, cortando las vendas y dejando una línea roja profunda. Sonic soltó un quejido, retrocediendo mientras se cubría la herida. Arturo levantó a Excalibur para el golpe final, con la intención de "liberar" a su caballero de la supuesta influencia del erizo azul.
— ¡MUERE!
— ¡DETENTE, MI SEÑOR!
El sonido del metal chocando contra el metal resonó como un trueno en toda la isla. Lancelot había aparecido de la nada, interponiendo a Arondight entre Excalibur y el cuello de Sonic. El impacto fue tan fuerte que las chispas quemaron la hierba a sus pies.
— ¿Lancelot? —Arturo se quedó paralizado. Sus ojos pasaron del caballero frente a él al erizo oscuro que se desangraba cerca de la palmera—. Pero... si tú estás aquí... ¿quién es él?
Excalibur comenzó a vibrar, quejándose en la mente de Arturo por el enfrentamiento contra su espada hermana, pero el Rey ya no escuchaba. Sus dedos se aflojaron, dejando caer la espada sagrada sobre la arena con un sonido sordo. El brillo de locura y dolor en sus ojos desapareció, siendo reemplazado por un alivio tan profundo que lo dejó sin aliento.
— ¡Lancelot! —sollozó Arturo.
Sin importarle la presencia de los demás, el Rey se lanzó hacia su caballero, rodeándolo con un abrazo desesperado. Enterró su rostro en el hombro de Lancelot, temblando violentamente.
— Pensé que te había perdido... vi a esa sombra y creí que eras tú... que me habías olvidado —balbuceó Arturo, sus lágrimas humedeciendo el pelaje de Lancelot.
Lancelot, con una ternura que contrastaba con su armadura guerrera, soltó su propia espada y correspondió al abrazo. Sus manos enguantadas acariciaron la espalda del Rey con una devoción casi religiosa.
— Jamás, mi Arturo —susurró Lancelot, cerrando los ojos—. Ni en este mundo ni en cien más podría olvidaros. Sois mi sol, mi rey y mi única verdad. Perdonad mi ausencia, pues mi alma ha languidecido cada segundo lejos de vuestro lado.
El ambiente se volvió denso, cargado de un romanticismo trágico y puro que parecía detener el tiempo. El sol comenzaba a ponerse, tiñendo el cielo de violeta y oro, enmarcando el reencuentro de los amantes de Camelot.
— Vaya... esto es más empalagoso que un camión de malvaviscos volcado —la voz de Sonic rompió el hechizo.
El erizo azul estaba sentado en el suelo, usando sus propias vendas largas para presionar la herida de su brazo, haciendo muecas de dolor pero sin perder su sonrisa burlona.
— En serio, chicos, consigan una habitación o un castillo, lo que sea que usen allá en la época de las cavernas —añadió Sonic, mirando a Shadow—. ¿Estás vivo, negrura?
Shadow se puso en pie con dificultad, ignorando el corte profundo en su hombro que seguía sangrando. Miró a Arturo y a Lancelot con un desprecio absoluto, sus ojos rojos brillando con odio contenido.
— Patético —escupió Shadow—. Un rey que llora como un niño y un caballero que se arrodilla ante un tonto. Son una vergüenza para nuestra especie.
Lancelot se tensó, poniéndose de inmediato frente a Arturo en una postura defensiva, con la mano en el pomo de su espada. Pero Arturo, ahora más calmado, puso una mano en el hombro de su caballero, deteniéndolo. El Rey de Camelot miró a Shadow y luego a Sonic, comprendiendo finalmente la magnitud de su error.
— Mis disculpas, guerreros de este mundo —dijo Arturo con una nobleza recuperada, aunque sus ojos seguían algo húmedos—. Mi juicio fue nublado por la desesperación. He herido a vuestro compañero y a vos mismo sin razón justa.
Arturo dio un paso adelante y extendió su mano hacia Shadow en un gesto de paz y respeto guerrero.
— Permitidme compensar el daño. Mi intención nunca fue...
Shadow miró la mano extendida de Arturo como si fuera un bicho asqueroso. Un gruñido bajo escapó de su garganta. Sin decir una sola palabra, levantó su propia mano y golpeó la de Arturo con violencia, apartándola de un manotazo.
— No te me acerques, copia barata —siseó Shadow—. La próxima vez que intentes cortarme, asegúrate de terminar el trabajo, porque yo no tendré piedad.
Shadow se dio la vuelta, caminando con paso firme pero pesado hacia la dirección de su cueva, dejando un rastro de gotas de sangre en la arena.
Arturo bajó la mirada, sintiéndose genuinamente apenado. Comprendía perfectamente el orgullo herido de aquel erizo; él mismo habría reaccionado igual si alguien hubiera atacado a su Lancelot.
— Déjalo, bro —dijo Sonic, levantándose con un salto y sacudiéndose el polvo—. Ese emo siempre es así con todos. Tiene el carisma de una piedra con mal humor, no te lo tomes personal.
Sonic se acercó a Arturo, le dio una palmadita en el brazo (el que no estaba herido) y le guiñó un ojo.
— En fin, tengo cosas que hacer, como buscar un botiquín y evitar que mi novio decida destruir un pueblo por el berrinche. No me quedaré a ver lo empalagosos que son ustedes dos, mis dientes ya duelen de tanta dulzura medieval. ¡Suerte con el portal, "Su Majestad"!
Con un estallido de velocidad, Sonic desapareció tras Shadow, dejando solo una estela azul y el sonido de su risa en el viento.
Lancelot y Arturo se quedaron solos en la playa. El caballero miró a su Rey, buscando cualquier rastro de duda.
— ¿Estáis bien, mi señor? —preguntó Lancelot con suavidad.
— Ahora que estás conmigo, sí —respondió Arturo, tomando las manos de Lancelot entre las suyas—. Lancelot... lo que vi en el agua... lo que sentí... tuve tanto miedo de que este mundo te hubiera cambiado.
— Nada puede cambiar lo que siento por vos —prometió Lancelot. Se acercó lentamente, rompiendo el protocolo que tanto respetaba en Camelot, y unió sus labios con los de Arturo en un beso tierno, largo y lleno de promesas de lealtad eterna.
Caminaron juntos de regreso a la casa de Tails, donde el joven zorro los recibió con los ojos muy abiertos al ver a dos "Sonics" y dos "Shadows" (aunque uno fuera un caballero).
— ¡Arturo! ¡Lancelot! —exclamó Tails, ajustándose las gafas—. Justo a tiempo. He logrado estabilizar la frecuencia de la diadema con la energía de mi portal. La máquina está casi lista. Solo faltan unos últimos ajustes en el condensador de flujo.
Arturo y Lancelot suspiraron al unísono, sintiendo un peso levantarse de sus hombros. Regresarían a casa. Camelot los necesitaba, pero más importante, se necesitaban el uno al otro en su propio tiempo.
— Tardará un par de horas más —dijo Tails, volviendo a sus herramientas—. ¿Por qué no descansan un poco?
Los dos erizos asintieron y salieron a la terraza que daba a la playa. El sol ya se había ocultado, dejando un cielo estrellado que se reflejaba en el mar tranquilo. Se sentaron en la arena, hombro con hombro, observando el horizonte.
— Es un mundo extraño, ¿verdad? —comentó Arturo, apoyando su cabeza en el hombro de la armadura de Lancelot.
— Lo es, mi rey —respondió Lancelot, rodeando la cintura de Arturo con su brazo—. Pero mientras estéis a mi lado, cualquier mundo es un reino que vale la pena proteger.
Allí, bajo las estrellas de una dimensión que no era la suya, el Rey y su Caballero finalmente encontraron la paz, esperando el momento de volver a las sombras y glorias de su amada Camelot.
— Mi señora —la voz de Arturo era un susurro quebrado—, la visión... lo vi. Vi a mi caballero, a mi vida misma, en un mundo de arena blanca y cielos demasiado azules. Estaba perdido. Estaba... con otro.
Nimue suspiró, su rostro reflejando una mezcla de compasión maternal y un profundo temor. Lancelot era su hijo, su orgullo, y sentir su firma de energía tan lejos, en una dimensión que desafiaba las leyes de la magia, la mantenía en un estado de vigilia constante.
— El portal es inestable, Arturo —advirtió ella, extendiendo sus manos sobre el agua—. Abrir una brecha hacia ese mundo requiere una voluntad que podría consumirte. Pero sé que mi hijo te necesita tanto como tú a él. Si te dejo ir, ¿prometes traerlo de vuelta a la luz?
— Por mi corona, por mi alma y por cada gota de sangre que corre en mis venas —juró Arturo, desenvainando a Excalibur, que emitió un brillo dorado pero oscurecido por la angustia de su portador.
Con un cántico antiguo, Nimue desgarró el tejido de la realidad. El agua del lago se elevó en un torbellino esmeralda, formando un arco de energía pura. Arturo no lo dudó. Se lanzó al vacío, sintiendo cómo el espacio y el tiempo se retorcían a su alrededor hasta que, con un golpe sordo, aterrizó sobre algo que no era piedra, sino arena.
El sol de Seaside Island era cegador. Arturo se puso en pie, tambaleándose, mientras el peso de su capa real se sentía extraño bajo aquel calor tropical. A lo lejos, cerca de una formación rocosa, vio una silueta familiar. Un erizo oscuro, de franjas rojas, con esa postura altiva que reconocería en cualquier vida.
— ¡Lancelot! —exclamó Arturo, su corazón saltando en su pecho.
Corrió hacia él, ignorando el sudor y el cansancio. Pero a medida que se acercaba, algo no encajaba. La energía de aquel sujeto era... salvaje, cargada de una agresividad eléctrica que Lancelot nunca mostraría. Antes de que Arturo pudiera decir otra palabra, una ráfaga azul cruzó el campo de visión.
Sonic Boom apareció de la nada, riendo con esa arrogancia cínica que lo caracterizaba. Se lanzó a los brazos de Shadow, quien, aunque gruñó un "pendejo" entre dientes, lo atrapó por la cintura con una posesión absoluta. Sin previo aviso, Sonic rodeó el cuello de Shadow con sus brazos y lo besó con una intensidad descarada, una que mezclaba burla y deseo.
Arturo se detuvo en seco, sintiendo como si Excalibur le hubiera atravesado el pecho.
— ¿Qué... qué es esta blasfemia? —susurró Arturo, su voz temblando de horror—. ¡Lancelot! ¿Cómo puedes permitir que ese... ese bufón te toque de esa manera? ¿Has olvidado tus votos? ¿Has olvidado a tu Rey?
Sonic y Shadow se separaron lentamente. Sonic, con una sonrisa de lado y las orejas gachas en un gesto de diversión pura, miró al recién llegado.
— Vaya, vaya —dijo Sonic, limpiándose la comisura de los labios—. Otro Shadow con complejo de actor de teatro. ¿Y este de dónde salió? ¿De una convención de cosplay medieval?
Shadow, por su parte, no estaba de humor para bromas. Sus ojos rojos se entrecerraron, detectando la inmensa fuerza que emanaba del extraño.
— No sé quién eres, idiota —escupió Shadow, dando un paso al frente mientras sus guantes comenzaban a emitir chispas de Chaos Energy—, pero si vuelves a llamarme con ese nombre de sirviente, te voy a arrancar la lengua.
Arturo, cegado por el dolor y la confusión de ver a su "amado" en brazos de otro, no escuchó razones. Para él, aquel erizo azul era una entidad maligna que había hechizado a su caballero.
— ¡Bruja! —rugió Arturo, levantando a Excalibur—. ¡Has usado tus artes oscuras para corromper el alma de mi más leal caballero! ¡Suelta a Lancelot ahora mismo, cambiaformas asqueroso, o te enviaré al mismo infierno del que saliste!
Sonic soltó una carcajada genuina, apoyando las manos en sus rodillas.
— ¿Bruja? ¡Jajajaja! ¡Diantres, y recién me vengo a enterar, Excali-bore! —exclamó Sonic, burlándose del nombre de la espada—. Oye, Shads, ¿escuchaste eso? Ahora soy una bruja. ¿Crees que me quede bien el sombrero puntiagudo o mis púas son demasiado geniales para eso?
— Cállate, Sonic —gruñó Shadow, lanzándose al ataque—. Yo me encargo de este loco.
Shadow se movió con una brutalidad asombrosa, usando ráfagas de velocidad y golpes directos cargados de energía. Pero Arturo no era un aficionado. Era un rey guerrero. Con un movimiento fluido, bloqueó el puño de Shadow con el plano de su espada y le propinó una patada en el pecho que lo envió a estrellarse contra una palmera.
— ¡Shadow! —gritó Sonic, su tono perdiendo el humor por un instante.
Shadow se levantó, escupiendo sangre, su furia alcanzando niveles críticos.
— ¡Te voy a matar! —rugió el erizo negro, cargando una Chaos Spear de tamaño masivo.
La batalla se intensificó. Arturo demostró por qué era el soberano de Camelot; su manejo de la espada era una danza de muerte y precisión. En un choque de velocidades, Arturo logró flanquear a Shadow y, con un tajo ascendente, provocó un corte brutal en el hombro del erizo oscuro.
— ¡Suficiente! —Sonic intervino violentamente, moviéndose tan rápido que creó un tornado alrededor de Arturo para desequilibrarlo.
Pero Arturo clavó a Excalibur en la arena, anclándose, y con un estallido de energía real, disipó el viento. Sonic retrocedió, su pecho subiendo y bajando, mientras Arturo avanzaba con la mirada de un verdugo.
— Es inútil, criatura —dijo Arturo, su voz resonando con un poder antiguo—. Tu magia no puede contra el verdadero acero.
Arturo lanzó una estocada rápida que Sonic apenas pudo esquivar, pero el filo rozó su brazo, cortando las vendas y dejando una línea roja profunda. Sonic soltó un quejido, retrocediendo mientras se cubría la herida. Arturo levantó a Excalibur para el golpe final, con la intención de "liberar" a su caballero de la supuesta influencia del erizo azul.
— ¡MUERE!
— ¡DETENTE, MI SEÑOR!
El sonido del metal chocando contra el metal resonó como un trueno en toda la isla. Lancelot había aparecido de la nada, interponiendo a Arondight entre Excalibur y el cuello de Sonic. El impacto fue tan fuerte que las chispas quemaron la hierba a sus pies.
— ¿Lancelot? —Arturo se quedó paralizado. Sus ojos pasaron del caballero frente a él al erizo oscuro que se desangraba cerca de la palmera—. Pero... si tú estás aquí... ¿quién es él?
Excalibur comenzó a vibrar, quejándose en la mente de Arturo por el enfrentamiento contra su espada hermana, pero el Rey ya no escuchaba. Sus dedos se aflojaron, dejando caer la espada sagrada sobre la arena con un sonido sordo. El brillo de locura y dolor en sus ojos desapareció, siendo reemplazado por un alivio tan profundo que lo dejó sin aliento.
— ¡Lancelot! —sollozó Arturo.
Sin importarle la presencia de los demás, el Rey se lanzó hacia su caballero, rodeándolo con un abrazo desesperado. Enterró su rostro en el hombro de Lancelot, temblando violentamente.
— Pensé que te había perdido... vi a esa sombra y creí que eras tú... que me habías olvidado —balbuceó Arturo, sus lágrimas humedeciendo el pelaje de Lancelot.
Lancelot, con una ternura que contrastaba con su armadura guerrera, soltó su propia espada y correspondió al abrazo. Sus manos enguantadas acariciaron la espalda del Rey con una devoción casi religiosa.
— Jamás, mi Arturo —susurró Lancelot, cerrando los ojos—. Ni en este mundo ni en cien más podría olvidaros. Sois mi sol, mi rey y mi única verdad. Perdonad mi ausencia, pues mi alma ha languidecido cada segundo lejos de vuestro lado.
El ambiente se volvió denso, cargado de un romanticismo trágico y puro que parecía detener el tiempo. El sol comenzaba a ponerse, tiñendo el cielo de violeta y oro, enmarcando el reencuentro de los amantes de Camelot.
— Vaya... esto es más empalagoso que un camión de malvaviscos volcado —la voz de Sonic rompió el hechizo.
El erizo azul estaba sentado en el suelo, usando sus propias vendas largas para presionar la herida de su brazo, haciendo muecas de dolor pero sin perder su sonrisa burlona.
— En serio, chicos, consigan una habitación o un castillo, lo que sea que usen allá en la época de las cavernas —añadió Sonic, mirando a Shadow—. ¿Estás vivo, negrura?
Shadow se puso en pie con dificultad, ignorando el corte profundo en su hombro que seguía sangrando. Miró a Arturo y a Lancelot con un desprecio absoluto, sus ojos rojos brillando con odio contenido.
— Patético —escupió Shadow—. Un rey que llora como un niño y un caballero que se arrodilla ante un tonto. Son una vergüenza para nuestra especie.
Lancelot se tensó, poniéndose de inmediato frente a Arturo en una postura defensiva, con la mano en el pomo de su espada. Pero Arturo, ahora más calmado, puso una mano en el hombro de su caballero, deteniéndolo. El Rey de Camelot miró a Shadow y luego a Sonic, comprendiendo finalmente la magnitud de su error.
— Mis disculpas, guerreros de este mundo —dijo Arturo con una nobleza recuperada, aunque sus ojos seguían algo húmedos—. Mi juicio fue nublado por la desesperación. He herido a vuestro compañero y a vos mismo sin razón justa.
Arturo dio un paso adelante y extendió su mano hacia Shadow en un gesto de paz y respeto guerrero.
— Permitidme compensar el daño. Mi intención nunca fue...
Shadow miró la mano extendida de Arturo como si fuera un bicho asqueroso. Un gruñido bajo escapó de su garganta. Sin decir una sola palabra, levantó su propia mano y golpeó la de Arturo con violencia, apartándola de un manotazo.
— No te me acerques, copia barata —siseó Shadow—. La próxima vez que intentes cortarme, asegúrate de terminar el trabajo, porque yo no tendré piedad.
Shadow se dio la vuelta, caminando con paso firme pero pesado hacia la dirección de su cueva, dejando un rastro de gotas de sangre en la arena.
Arturo bajó la mirada, sintiéndose genuinamente apenado. Comprendía perfectamente el orgullo herido de aquel erizo; él mismo habría reaccionado igual si alguien hubiera atacado a su Lancelot.
— Déjalo, bro —dijo Sonic, levantándose con un salto y sacudiéndose el polvo—. Ese emo siempre es así con todos. Tiene el carisma de una piedra con mal humor, no te lo tomes personal.
Sonic se acercó a Arturo, le dio una palmadita en el brazo (el que no estaba herido) y le guiñó un ojo.
— En fin, tengo cosas que hacer, como buscar un botiquín y evitar que mi novio decida destruir un pueblo por el berrinche. No me quedaré a ver lo empalagosos que son ustedes dos, mis dientes ya duelen de tanta dulzura medieval. ¡Suerte con el portal, "Su Majestad"!
Con un estallido de velocidad, Sonic desapareció tras Shadow, dejando solo una estela azul y el sonido de su risa en el viento.
Lancelot y Arturo se quedaron solos en la playa. El caballero miró a su Rey, buscando cualquier rastro de duda.
— ¿Estáis bien, mi señor? —preguntó Lancelot con suavidad.
— Ahora que estás conmigo, sí —respondió Arturo, tomando las manos de Lancelot entre las suyas—. Lancelot... lo que vi en el agua... lo que sentí... tuve tanto miedo de que este mundo te hubiera cambiado.
— Nada puede cambiar lo que siento por vos —prometió Lancelot. Se acercó lentamente, rompiendo el protocolo que tanto respetaba en Camelot, y unió sus labios con los de Arturo en un beso tierno, largo y lleno de promesas de lealtad eterna.
Caminaron juntos de regreso a la casa de Tails, donde el joven zorro los recibió con los ojos muy abiertos al ver a dos "Sonics" y dos "Shadows" (aunque uno fuera un caballero).
— ¡Arturo! ¡Lancelot! —exclamó Tails, ajustándose las gafas—. Justo a tiempo. He logrado estabilizar la frecuencia de la diadema con la energía de mi portal. La máquina está casi lista. Solo faltan unos últimos ajustes en el condensador de flujo.
Arturo y Lancelot suspiraron al unísono, sintiendo un peso levantarse de sus hombros. Regresarían a casa. Camelot los necesitaba, pero más importante, se necesitaban el uno al otro en su propio tiempo.
— Tardará un par de horas más —dijo Tails, volviendo a sus herramientas—. ¿Por qué no descansan un poco?
Los dos erizos asintieron y salieron a la terraza que daba a la playa. El sol ya se había ocultado, dejando un cielo estrellado que se reflejaba en el mar tranquilo. Se sentaron en la arena, hombro con hombro, observando el horizonte.
— Es un mundo extraño, ¿verdad? —comentó Arturo, apoyando su cabeza en el hombro de la armadura de Lancelot.
— Lo es, mi rey —respondió Lancelot, rodeando la cintura de Arturo con su brazo—. Pero mientras estéis a mi lado, cualquier mundo es un reino que vale la pena proteger.
Allí, bajo las estrellas de una dimensión que no era la suya, el Rey y su Caballero finalmente encontraron la paz, esperando el momento de volver a las sombras y glorias de su amada Camelot.
