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Un Viaje caotico en el tiempo
Fandom: Star Fox, Back to the Future
Created: 5/8/2026
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Science FictionAdventureTime TravelCrossoverSpace OperaActionAU (Alternate Universe)Retrofuturism
El Eco del Mañana en el Vacío del Ayer
La Gran Ola Aparoid había pasado, dejando tras de sí un rastro de destrucción y un silencio sepulcral que pesaba más que el propio vacío del espacio. El equipo Star Fox, a bordo del Great Fox II, se dedicaba ahora a labores de limpieza y patrullaje en los sectores periféricos del sistema Lylat. Fox McCloud, sentado en el sillón de mando, observaba las estrellas con una mezcla de fatiga y alivio. Sus ojos, antes llenos de la intensidad del combate, ahora solo buscaban un momento de paz.
—Escáneres despejados, Fox —anunció Krystal desde su estación, rompiendo el silencio del puente—. No hay rastro de células Aparoid residuales en este cuadrante. Pero... hay algo extraño en el radar de largo alcance.
Fox se incorporó, ajustando su comunicador.
—¿Extraño en qué sentido? ¿Es una señal de Corneria?
—No —intervino Slippy Toad, tecleando furiosamente en su consola mientras ajustaba sus gafas—. Es una firma térmica que no reconozco. No es tecnología de Lylat, ni siquiera parece tener la firma orgánica de los Aparoids. Está flotando a la deriva cerca del cinturón de asteroides de Meteo.
—Podría ser chatarra de la guerra —gruñó Falco Lombardi, apoyado contra el marco de la puerta con los brazos cruzados—. El espacio está lleno de basura ahora mismo. No deberíamos perder el tiempo con cada pedazo de metal que brille.
—Esto no es chatarra, Falco —replicó Krystal, cerrando los ojos para concentrarse—. Siento algo... una vibración. No es una vida, pero es como si el objeto mismo estuviera fuera de lugar. Como una nota discordante en una melodía.
Fox tomó una decisión rápida. En tiempos de posguerra, cualquier anomalía podía ser una amenaza o una oportunidad.
—Slippy, prepara el rayo tractor. Vamos a echar un vistazo.
Minutos después, el Great Fox se posicionó frente a un contenedor metálico de diseño arcaico, rectangular y cubierto por una capa de escarcha espacial. No tenía insignias de ninguna facción conocida. Una vez dentro del hangar principal, el equipo se reunió alrededor de la pesada caja.
—Parece una cápsula del tiempo —comentó Slippy, escaneando la superficie con un dispositivo manual—. La aleación es extraña... acero inoxidable, pero con trazas de materiales que no figuran en nuestra tabla periódica local.
Con un siseo de presión hidráulica, las compuertas del contenedor se abrieron, liberando una nube de vapor frío. Cuando el humo se disipó, todos retrocedieron un paso, asombrados.
En el centro del contenedor descansaba un vehículo. No era una nave, ni un tanque Landmaster. Era un automóvil de cuatro ruedas, de líneas angulares y carrocería plateada brillante. Tenía puertas que se abrían hacia arriba, como las alas de un ave, y en la parte trasera, un complejo entramado de cables, rejillas de ventilación y un extraño dispositivo circular que recordaba a un reactor de fusión en miniatura.
—¿Un coche? —Falco soltó una carcajada seca—. ¿Me estás diciendo que hemos detenido nuestra patrulla por un coche de museo? Ni siquiera tiene propulsores gravitatorios.
—Mira esto, Fox —dijo Slippy, ignorando a Falco y señalando una pequeña pantalla en el tablero del vehículo—. Hay un dispositivo de almacenamiento de datos conectado a la consola central. Y hay una nota física... en papel.
Fox se acercó y tomó el trozo de papel amarillento que descansaba sobre el asiento de cuero. La caligrafía era errática, casi frenética.
—"A quien encuentre este vehículo..." —leyó Fox en voz alta— "...el tiempo es una río con muchas vertientes. Este es el DeLorean. No es solo una máquina, es una llave. Si estás leyendo esto, significa que el condensador de flujo ha sobrevivido al salto dimensional. Por favor, ten cuidado. El futuro no está escrito, nunca lo ha estado. Atentamente, el Doctor Emmett Brown".
Un silencio incómodo llenó el hangar.
—¿Condensador de flujo? —preguntó Krystal, acariciando el frío metal de la carrocería—. Fox, este objeto emite una energía que desafía las leyes de la física que conocemos. No es solo tecnología, es... un anacronismo.
De repente, una pantalla holográfica se proyectó desde el tablero del coche. Un hombre de cabello blanco y alborotado, con una expresión de genialidad al borde de la locura, apareció frente a ellos.
—¡Saludos, viajeros del espacio! —exclamó la grabación del Doctor Brown—. Si están viendo esto, es que mi experimento de dispersión temporal ha funcionado más allá de mis sueños más salvajes. He enviado este vehículo a través del tejido del espacio-tiempo para evitar que caiga en manos equivocadas en mi propia línea temporal. Este coche es capaz de viajar a través de los siglos, pero requiere una velocidad de 88 millas por hora y una descarga de 1.21 gigavatios de potencia.
—¿Ochenta y ocho millas por hora? —Slippy rascó su cabeza—. Eso es ridículamente lento para una nave, pero para un vehículo terrestre en una pista...
—¡Pero esperen! —continuó el holograma, señalando con un dedo hacia la cámara—. El condensador de flujo necesita un estabilizador en este nuevo entorno. He detectado que su sistema solar posee una fuente de energía única llamada Energía G-Diffuser. Si combinan mi tecnología con sus motores, no solo podrán viajar por el espacio, sino a través de la historia de Lylat. ¡Gran Scott! Las posibilidades son infinitas.
La grabación se cortó con un estallido de estática azulada.
—Esto es una locura —dijo Falco, aunque su mirada ahora mostraba curiosidad—. ¿Viajar en el tiempo? Podríamos haber evitado la invasión de Andross, o la muerte de...
Se detuvo antes de mencionar al padre de Fox. El ambiente se volvió pesado. Fox miró el vehículo, su reflejo devolviéndole una mirada llena de dudas.
—Slippy, ¿podemos integrarlo? —preguntó Fox con voz firme.
—Bueno, si el "Doc" tiene razón, el condensador de flujo es compatible con nuestros reactores de plasma. Podría instalarlo en un Arwing modificado, o incluso intentar que el Great Fox realice un salto temporal, aunque eso requeriría una cantidad de energía enorme. Pero Fox... jugar con el tiempo es peligroso.
—Lo sé —respondió Fox—. Pero si este mensaje llegó a nosotros, fue por algo. Krystal, ¿qué sientes?
La piloto de ojos azules cerró los ojos, poniendo su mano sobre el capó del DeLorean.
—Siento una urgencia —susurró—. Como si el tiempo mismo estuviera intentando corregir un error. Hay una sombra en el pasado de Lylat que aún no hemos visto, algo que los Aparoids solo rozaron.
De repente, una alarma de proximidad resonó en todo el hangar. ROB 64, el robot de la nave, apareció por el intercomunicador.
—Alerta. Distorsión detectada en el sector de popa. Una anomalía temporal se está abriendo a menos de dos kilómetros. No coincide con ninguna firma conocida.
—Parece que el viaje ha venido a buscarnos —dijo Falco, desenfundando su bláster—. ¿Qué hacemos, jefe?
Fox miró el DeLorean y luego a sus amigos. La guerra contra los Aparoids les había enseñado que el universo era mucho más grande y extraño de lo que imaginaban. Ahora, tenían la oportunidad de ver más allá del presente.
—Slippy, olvida lo de desmontarlo. Sube el coche a la plataforma de carga del Arwing de mando. Si necesitamos esos 1.21 gigavatios, los obtendremos de mis motores.
—¡Entendido! —exclamó el sapo, saltando hacia una grúa—. ¡Esto va a ser un experimento científico increíble!
—Krystal, a tu nave. Falco, cúbrenos. Vamos a ver qué tan profundo llega este agujero de conejo.
Mientras el equipo se dispersaba, Fox se quedó un segundo más frente al coche plateado. Entró en el asiento del conductor. El interior olía a cuero viejo y ozono. En el tablero, tres filas de pantallas digitales mostraban fechas.
"Destino: 24 de Septiembre, 1985"
"Presente: Año 80 de la Era Espacial de Lylat"
"Última salida: 12 de Noviembre, 1955"
Fox ajustó los diales. No sabía quién era Marty McFly o qué era Hill Valley, pero sabía que su sistema corría peligro.
—¿Estás listo, Fox? —la voz de Krystal sonó por el casco.
—No tengo ni idea de lo que estoy haciendo —admitió Fox con una sonrisa tensa—, pero como decía ese doctor... el futuro no está escrito.
Arrancó los motores. El Great Fox se estremeció cuando la anomalía exterior empezó a succionar la realidad circundante. Una grieta de luz blanca y azul se abrió en el vacío, mostrando visiones distorsionadas de batallas pasadas y mundos que aún no existían.
—¡A todas las unidades! —gritó Fox por el canal abierto—. ¡Aumenten la velocidad a 88 millas por hora relativas al eje de la anomalía! ¡Activando el condensador de flujo en tres... dos... uno!
El Arwing de Fox, con el DeLorean acoplado en su vientre de carga, brilló con una intensidad cegadora. Rayos de electricidad azul empezaron a saltar entre las alas de la nave y la carrocería del coche. El espacio alrededor de ellos se curvó, estirándose como un chicle, hasta que el sonido desapareció por completo.
Un estallido sónico sacudió el sector. Donde antes estaban las naves de Star Fox, ahora solo quedaban dos rastros de fuego flotando en el vacío, que se desvanecieron lentamente.
—¿A dónde vamos, Fox? —preguntó la voz de Slippy, que sonaba como si viniera de kilómetros de distancia a través del túnel temporal.
Fox miró por la cabina. Ya no estaban en el cinturón de asteroides. Frente a ellos, el planeta Corneria brillaba, pero se veía diferente. Los continentes tenían formas distintas, y no había satélites artificiales en órbita.
—No vamos a ningún lugar, Slippy —respondió Fox, viendo cómo el sensor de fecha del DeLorean se estabilizaba en un año que apenas figuraba en los libros de historia—. Vamos a "cuándo".
Abajo, en la superficie del planeta, una señal de auxilio primitiva empezó a parpadear en sus monitores. Una señal que Fox reconoció al instante. Era la firma de la academia de vuelo de Corneria, décadas antes de que él naciera.
—¡Gran Scott! —exclamó Falco, imitando el holograma—. Realmente lo hicimos. Estamos en el pasado.
—Mantengan la formación —ordenó Fox, sintiendo la adrenalina correr por sus venas—. No sabemos qué efecto tendrá nuestra presencia aquí, pero si el Doc envió este coche, es porque Lylat nos necesita en este momento exacto.
Las naves descendieron a través de la atmósfera, dejando tras de sí una estela de fuego y la promesa de una aventura que desafiaría toda lógica. El equipo Star Fox ya no solo eran mercenarios o héroes de guerra; ahora eran los guardianes del tiempo.
Y mientras se sumergían en las nubes de una Corneria joven, el condensador de flujo en el DeLorean emitió un último destello, como si el propio vehículo estuviera satisfecho de haber encontrado a los pilotos adecuados para la misión más importante de la historia. La aventura acababa de comenzar, y el reloj, por primera vez, corría hacia atrás.
—Escáneres despejados, Fox —anunció Krystal desde su estación, rompiendo el silencio del puente—. No hay rastro de células Aparoid residuales en este cuadrante. Pero... hay algo extraño en el radar de largo alcance.
Fox se incorporó, ajustando su comunicador.
—¿Extraño en qué sentido? ¿Es una señal de Corneria?
—No —intervino Slippy Toad, tecleando furiosamente en su consola mientras ajustaba sus gafas—. Es una firma térmica que no reconozco. No es tecnología de Lylat, ni siquiera parece tener la firma orgánica de los Aparoids. Está flotando a la deriva cerca del cinturón de asteroides de Meteo.
—Podría ser chatarra de la guerra —gruñó Falco Lombardi, apoyado contra el marco de la puerta con los brazos cruzados—. El espacio está lleno de basura ahora mismo. No deberíamos perder el tiempo con cada pedazo de metal que brille.
—Esto no es chatarra, Falco —replicó Krystal, cerrando los ojos para concentrarse—. Siento algo... una vibración. No es una vida, pero es como si el objeto mismo estuviera fuera de lugar. Como una nota discordante en una melodía.
Fox tomó una decisión rápida. En tiempos de posguerra, cualquier anomalía podía ser una amenaza o una oportunidad.
—Slippy, prepara el rayo tractor. Vamos a echar un vistazo.
Minutos después, el Great Fox se posicionó frente a un contenedor metálico de diseño arcaico, rectangular y cubierto por una capa de escarcha espacial. No tenía insignias de ninguna facción conocida. Una vez dentro del hangar principal, el equipo se reunió alrededor de la pesada caja.
—Parece una cápsula del tiempo —comentó Slippy, escaneando la superficie con un dispositivo manual—. La aleación es extraña... acero inoxidable, pero con trazas de materiales que no figuran en nuestra tabla periódica local.
Con un siseo de presión hidráulica, las compuertas del contenedor se abrieron, liberando una nube de vapor frío. Cuando el humo se disipó, todos retrocedieron un paso, asombrados.
En el centro del contenedor descansaba un vehículo. No era una nave, ni un tanque Landmaster. Era un automóvil de cuatro ruedas, de líneas angulares y carrocería plateada brillante. Tenía puertas que se abrían hacia arriba, como las alas de un ave, y en la parte trasera, un complejo entramado de cables, rejillas de ventilación y un extraño dispositivo circular que recordaba a un reactor de fusión en miniatura.
—¿Un coche? —Falco soltó una carcajada seca—. ¿Me estás diciendo que hemos detenido nuestra patrulla por un coche de museo? Ni siquiera tiene propulsores gravitatorios.
—Mira esto, Fox —dijo Slippy, ignorando a Falco y señalando una pequeña pantalla en el tablero del vehículo—. Hay un dispositivo de almacenamiento de datos conectado a la consola central. Y hay una nota física... en papel.
Fox se acercó y tomó el trozo de papel amarillento que descansaba sobre el asiento de cuero. La caligrafía era errática, casi frenética.
—"A quien encuentre este vehículo..." —leyó Fox en voz alta— "...el tiempo es una río con muchas vertientes. Este es el DeLorean. No es solo una máquina, es una llave. Si estás leyendo esto, significa que el condensador de flujo ha sobrevivido al salto dimensional. Por favor, ten cuidado. El futuro no está escrito, nunca lo ha estado. Atentamente, el Doctor Emmett Brown".
Un silencio incómodo llenó el hangar.
—¿Condensador de flujo? —preguntó Krystal, acariciando el frío metal de la carrocería—. Fox, este objeto emite una energía que desafía las leyes de la física que conocemos. No es solo tecnología, es... un anacronismo.
De repente, una pantalla holográfica se proyectó desde el tablero del coche. Un hombre de cabello blanco y alborotado, con una expresión de genialidad al borde de la locura, apareció frente a ellos.
—¡Saludos, viajeros del espacio! —exclamó la grabación del Doctor Brown—. Si están viendo esto, es que mi experimento de dispersión temporal ha funcionado más allá de mis sueños más salvajes. He enviado este vehículo a través del tejido del espacio-tiempo para evitar que caiga en manos equivocadas en mi propia línea temporal. Este coche es capaz de viajar a través de los siglos, pero requiere una velocidad de 88 millas por hora y una descarga de 1.21 gigavatios de potencia.
—¿Ochenta y ocho millas por hora? —Slippy rascó su cabeza—. Eso es ridículamente lento para una nave, pero para un vehículo terrestre en una pista...
—¡Pero esperen! —continuó el holograma, señalando con un dedo hacia la cámara—. El condensador de flujo necesita un estabilizador en este nuevo entorno. He detectado que su sistema solar posee una fuente de energía única llamada Energía G-Diffuser. Si combinan mi tecnología con sus motores, no solo podrán viajar por el espacio, sino a través de la historia de Lylat. ¡Gran Scott! Las posibilidades son infinitas.
La grabación se cortó con un estallido de estática azulada.
—Esto es una locura —dijo Falco, aunque su mirada ahora mostraba curiosidad—. ¿Viajar en el tiempo? Podríamos haber evitado la invasión de Andross, o la muerte de...
Se detuvo antes de mencionar al padre de Fox. El ambiente se volvió pesado. Fox miró el vehículo, su reflejo devolviéndole una mirada llena de dudas.
—Slippy, ¿podemos integrarlo? —preguntó Fox con voz firme.
—Bueno, si el "Doc" tiene razón, el condensador de flujo es compatible con nuestros reactores de plasma. Podría instalarlo en un Arwing modificado, o incluso intentar que el Great Fox realice un salto temporal, aunque eso requeriría una cantidad de energía enorme. Pero Fox... jugar con el tiempo es peligroso.
—Lo sé —respondió Fox—. Pero si este mensaje llegó a nosotros, fue por algo. Krystal, ¿qué sientes?
La piloto de ojos azules cerró los ojos, poniendo su mano sobre el capó del DeLorean.
—Siento una urgencia —susurró—. Como si el tiempo mismo estuviera intentando corregir un error. Hay una sombra en el pasado de Lylat que aún no hemos visto, algo que los Aparoids solo rozaron.
De repente, una alarma de proximidad resonó en todo el hangar. ROB 64, el robot de la nave, apareció por el intercomunicador.
—Alerta. Distorsión detectada en el sector de popa. Una anomalía temporal se está abriendo a menos de dos kilómetros. No coincide con ninguna firma conocida.
—Parece que el viaje ha venido a buscarnos —dijo Falco, desenfundando su bláster—. ¿Qué hacemos, jefe?
Fox miró el DeLorean y luego a sus amigos. La guerra contra los Aparoids les había enseñado que el universo era mucho más grande y extraño de lo que imaginaban. Ahora, tenían la oportunidad de ver más allá del presente.
—Slippy, olvida lo de desmontarlo. Sube el coche a la plataforma de carga del Arwing de mando. Si necesitamos esos 1.21 gigavatios, los obtendremos de mis motores.
—¡Entendido! —exclamó el sapo, saltando hacia una grúa—. ¡Esto va a ser un experimento científico increíble!
—Krystal, a tu nave. Falco, cúbrenos. Vamos a ver qué tan profundo llega este agujero de conejo.
Mientras el equipo se dispersaba, Fox se quedó un segundo más frente al coche plateado. Entró en el asiento del conductor. El interior olía a cuero viejo y ozono. En el tablero, tres filas de pantallas digitales mostraban fechas.
"Destino: 24 de Septiembre, 1985"
"Presente: Año 80 de la Era Espacial de Lylat"
"Última salida: 12 de Noviembre, 1955"
Fox ajustó los diales. No sabía quién era Marty McFly o qué era Hill Valley, pero sabía que su sistema corría peligro.
—¿Estás listo, Fox? —la voz de Krystal sonó por el casco.
—No tengo ni idea de lo que estoy haciendo —admitió Fox con una sonrisa tensa—, pero como decía ese doctor... el futuro no está escrito.
Arrancó los motores. El Great Fox se estremeció cuando la anomalía exterior empezó a succionar la realidad circundante. Una grieta de luz blanca y azul se abrió en el vacío, mostrando visiones distorsionadas de batallas pasadas y mundos que aún no existían.
—¡A todas las unidades! —gritó Fox por el canal abierto—. ¡Aumenten la velocidad a 88 millas por hora relativas al eje de la anomalía! ¡Activando el condensador de flujo en tres... dos... uno!
El Arwing de Fox, con el DeLorean acoplado en su vientre de carga, brilló con una intensidad cegadora. Rayos de electricidad azul empezaron a saltar entre las alas de la nave y la carrocería del coche. El espacio alrededor de ellos se curvó, estirándose como un chicle, hasta que el sonido desapareció por completo.
Un estallido sónico sacudió el sector. Donde antes estaban las naves de Star Fox, ahora solo quedaban dos rastros de fuego flotando en el vacío, que se desvanecieron lentamente.
—¿A dónde vamos, Fox? —preguntó la voz de Slippy, que sonaba como si viniera de kilómetros de distancia a través del túnel temporal.
Fox miró por la cabina. Ya no estaban en el cinturón de asteroides. Frente a ellos, el planeta Corneria brillaba, pero se veía diferente. Los continentes tenían formas distintas, y no había satélites artificiales en órbita.
—No vamos a ningún lugar, Slippy —respondió Fox, viendo cómo el sensor de fecha del DeLorean se estabilizaba en un año que apenas figuraba en los libros de historia—. Vamos a "cuándo".
Abajo, en la superficie del planeta, una señal de auxilio primitiva empezó a parpadear en sus monitores. Una señal que Fox reconoció al instante. Era la firma de la academia de vuelo de Corneria, décadas antes de que él naciera.
—¡Gran Scott! —exclamó Falco, imitando el holograma—. Realmente lo hicimos. Estamos en el pasado.
—Mantengan la formación —ordenó Fox, sintiendo la adrenalina correr por sus venas—. No sabemos qué efecto tendrá nuestra presencia aquí, pero si el Doc envió este coche, es porque Lylat nos necesita en este momento exacto.
Las naves descendieron a través de la atmósfera, dejando tras de sí una estela de fuego y la promesa de una aventura que desafiaría toda lógica. El equipo Star Fox ya no solo eran mercenarios o héroes de guerra; ahora eran los guardianes del tiempo.
Y mientras se sumergían en las nubes de una Corneria joven, el condensador de flujo en el DeLorean emitió un último destello, como si el propio vehículo estuviera satisfecho de haber encontrado a los pilotos adecuados para la misión más importante de la historia. La aventura acababa de comenzar, y el reloj, por primera vez, corría hacia atrás.
