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cloud nine
Fandom: riize kpop
Created: 5/9/2026
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RomanceSlice of LifeFluffCanon SettingCharacter Study
Píxeles, Acuarelas y Siete Minutos de Gloria
La cafetería de la Universidad de las Artes de Seúl era un ecosistema complejo donde las jerarquías estaban grabadas en mármol invisible. En la base de la pirámide, o al menos así se sentía él, estaba Lee Sohee. Con sus gafas de montura redonda, su sudadera dos tallas más grande y esa tendencia casi patológica a encoger los hombros para ocupar menos espacio, Sohee era el epítome de la invisibilidad. O lo sería, si no fuera por el grupo de "dioses griegos" que siempre lo rodeaba.
—Sohee, te juro que si vuelves a gastar tus ahorros en esa figura de edición limitada de *Neon Genesis*, yo mismo te confiscaré la cartera —dijo Sungchan, apoyando un brazo sobre los hombros del más bajo con una sonrisa protectora.
—Es una inversión, Sungchan-ah —murmuró Sohee, escondiendo el rostro tras su flequillo—. Además, las articulaciones son de metal. Es... es arte.
Wonbin, que estaba sentado frente a ellos ajustándose el cabello, soltó una carcajada suave.
—Déjalo en paz. Si Sohee es feliz con sus robots y su Nintendo Switch, está bien. Pero deberías intentar socializar más hoy en la fiesta de Eunseok.
Sohee sintió un escalofrío. Las fiestas de Eunseok eran eventos masivos donde la popularidad de RIIZE —como llamaban a su grupo de amigos por ser los chicos más destacados de diferentes facultades— brillaba con intensidad. Anton y Shotaro solían bailar hasta el amanecer, y Seunghan siempre terminaba siendo el centro de atención. Sohee, en cambio, solía buscar el rincón más oscuro para jugar *Pokémon* en su consola portátil.
—No creo que sea buena idea —susurró Sohee—. La gente dice que soy un perdedor. Escuché a unos chicos de música decir que a mi edad es patético no haber tenido ni una novia.
—¿Quién dijo eso? —La voz de Eunseok sonó gélida mientras se acercaba a la mesa con una bandeja—. Dámelos nombres y me encargaré de que no vuelvan a entrar a ninguna de mis reuniones.
—No es para tanto... —Sohee suspiró, pero sus ojos se desviaron hacia la entrada de la cafetería.
El aire pareció cambiar de densidad. Ella acababa de entrar.
Park Hana era lo opuesto a Sohee en todos los sentidos imaginables. Era la chica que todos querían conocer: carismática, con una risa que sonaba como campanillas de viento y una habilidad innata para hacer que cualquiera se sintiera especial. Estaba rodeada, como siempre, de pretendientes y amigos, pero su mirada, extrañamente, se desvió hacia la mesa de los chicos populares.
O más bien, hacia el chico que intentaba fundirse con el plástico de la silla.
—¿Sohee? —Hana se acercó a la mesa, ignorando a los demás—. Hola. ¿Trajiste el cuaderno de Dibujo Anatómico? El profesor dijo que podíamos comparar los bocetos de la clase pasada.
Sohee sintió que su corazón hacía un *perfect combo* de videojuego de ritmo. Sus manos empezaron a sudar.
—S-sí... lo tengo aquí —tartamudeó, rebuscando en su mochila llena de pines de anime. Sacó el cuaderno y se lo tendió con manos temblorosas—. Tus dibujos son mucho mejores, Hana. Los míos parecen... bueno, parecen personajes de videojuegos de los 90.
Hana tomó el cuaderno y lo abrió, ignorando las miradas estupefactas de los amigos de Sohee.
—A mí me encantan los videojuegos de los 90 —dijo ella con una sonrisa genuina que hizo que las orejas de Sohee se pusieran rojas—. Tienen más alma que los de ahora. Nos vemos en clase, ¿vale? Y... espero verte en la fiesta de esta noche.
Cuando Hana se alejó, el silencio en la mesa fue absoluto hasta que Anton rompió el hielo.
—¿Acaba de invitarte Hana? ¿La Hana que tiene a medio campus rogando por una cita?
—Solo somos compañeros de clase —insistió Sohee, aunque sentía que flotaba.
***
La casa de Eunseok estaba a reventar. La música vibraba en las paredes y el olor a perfume y bebidas llenaba el aire. Sohee estaba sentado en un sofá en la esquina, intentando concentrarse en su partida de *Mario Kart* en la Switch, pero su mirada no dejaba de buscar una cabellera larga y oscura entre la multitud.
—¡Basta de juegos, Lee Sohee! —gritó Shotaro, arrebatándole la consola con una agilidad envidiable—. Es hora de que vivas un poco. Vamos al centro de la sala, están organizando algo.
—No, Shotaro, espera... —protestó Sohee, pero fue arrastrado por la fuerza de la naturaleza que era su amigo.
En el centro del salón, un círculo de personas se había formado. En el medio, una botella de cristal vacía esperaba su destino. Sohee intentó retroceder, pero Wonbin y Sungchan lo flanquearon, impidiéndole la huida con sonrisas cómplices.
—¡Atención a todos! —anunció Seunghan con una voz teatral—. Vamos a jugar a un clásico. Pero con un giro. Nada de besos rápidos. Vamos a jugar a los siete minutos en el cielo. El armario del pasillo está vacío y tiene buena ventilación, así que no se quejen.
La multitud vitoreó. Sohee sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Rezó a todos los jefes finales de sus juegos favoritos para que la botella no lo señalara.
La primera ronda pasó rápido. La segunda también. Para la tercera, Hana se había unido al círculo, sentada justo enfrente de Sohee. Sus ojos se encontraron y ella le guiñó un ojo. Sohee casi se desmaya.
—Mi turno —dijo Eunseok, girando la botella con fuerza.
El objeto giró y giró, perdiendo velocidad lentamente. El cuello de la botella apuntó primero a Anton, luego pasó de largo a Sungchan y, finalmente, se detuvo señalando directamente a Sohee.
—¡Sohee! —gritaron todos.
—Vale, ahora el otro extremo —dijo Eunseok, dándole otro impulso a la botella.
El corazón de Sohee latía tan fuerte que temía que alguien pudiera escucharlo por encima de la música de Stray Kids que retumbaba en los altavoces. La botella comenzó a ralentizarse de nuevo. Se detuvo.
Apuntaba a Hana.
Un murmullo de sorpresa y emoción recorrió la sala. La chica más popular y el "loser" más tierno de la universidad.
—Reglas son reglas —dijo Hana, levantándose con una elegancia que dejó a Sohee sin aliento—. Vamos, Sohee. No muerdo.
Sohee se levantó, sintiendo que sus piernas eran de gelatina. Sus amigos le daban palmaditas en la espalda, algunos con burla cariñosa y otros con genuino apoyo. Bajo la mirada de cincuenta personas, ambos caminaron hacia el pequeño armario de los abrigos en el pasillo.
—Siete minutos —sentenció Seunghan, cerrando la puerta tras ellos y dejándolos en una oscuridad casi total, apenas interrumpida por el hilo de luz que entraba por la rendija inferior.
El silencio dentro del armario era denso, cargado con el olor al perfume floral de Hana y el aroma a suavizante de telas de la sudadera de Sohee.
—Estás temblando —dijo Hana en voz baja. Su voz sonaba mucho más cerca de lo que Sohee esperaba.
—Lo siento —susurró él, apretando los puños—. No suelo estar en... armarios con chicas populares. Probablemente esto sea muy aburrido para ti. Deberías haber salido con alguien como Wonbin o Eunseok.
Sintió una mano suave rozar su brazo, bajando hasta encontrar sus dedos y entrelazarlos.
—¿Por qué piensas que eres aburrido, Sohee? —preguntó ella. Estaba tan cerca que él podía sentir su aliento en la mejilla—. En clase, cuando hablas de las cosas que te gustan, tus ojos brillan de una forma que nadie más tiene en esta universidad. Todos aquí intentan ser geniales, pero tú eres real.
—Soy un nerd, Hana —dijo él, con un nudo en la garganta—. Me gustan los dibujos animados, paso los fines de semana jugando solo y no sé cómo hablarle a la gente sin tartamudear.
—A mí me gusta que seas un nerd —respondió ella. Sohee pudo notar, por el tono de su voz, que estaba sonriendo—. Y me gusta que seas tierno. ¿Sabes cuántos chicos han intentado impresionarme hoy con sus coches o su dinero? Tú me impresionaste el otro día cuando me explicaste la teoría del color usando una referencia de *Final Fantasy*.
Sohee soltó una pequeña risa nerviosa.
—No pensé que me estuvieras prestando atención.
—Te presto mucha más atención de la que crees.
En la oscuridad, los sentidos de Sohee se agudizaron. Podía sentir el calor que emanaba del cuerpo de Hana. Ella dio un paso más, acortando la escasa distancia que los separaba.
—Sohee —murmuró ella—, ¿puedo hacer algo que he querido hacer desde que empezamos el semestre?
—¿El qué? —preguntó él, apenas en un hilo de voz.
—Esto.
Hana acortó la distancia final. Sus labios se encontraron con los de Sohee en un beso suave, casi tentativo al principio. Sohee se quedó congelado por un microsegundo, procesando que esto no era un simulador de citas ni un sueño provocado por dormir poco, sino la realidad.
Lentamente, sus manos, que antes temblaban, encontraron su lugar en la cintura de Hana. El beso se volvió más profundo, más seguro. Era dulce, con sabor a la limonada que ella había estado bebiendo y a la timidez que empezaba a derretirse. Sohee sintió una descarga eléctrica recorrerle la columna; era mejor que cualquier *power-up* que hubiera obtenido en un videojuego.
Hana se separó apenas unos milímetros, jadeando suavemente.
—Vaya... —susurró ella—. Para ser alguien sin experiencia, eres bastante bueno en esto.
Sohee sintió que su rostro ardía, agradeciendo la oscuridad del armario.
—Aprendo rápido —respondió, ganando un poco de confianza.
—¿Ah, sí? —Hana rió bajito y rodeó el cuello de Sohee con sus brazos—. Pues aún nos quedan cuatro minutos. No los desperdicies.
Cuando la puerta del armario se abrió de golpe bajo la cuenta regresiva de Eunseok y los gritos de los demás, la luz cegó a Sohee por un momento. Salieron del armario tomados de la mano.
Hana tenía el labial ligeramente corrido y una sonrisa radiante. Sohee, aunque seguía teniendo las orejas rojas, caminaba con la espalda erguida, sin esconderse tras su flequillo.
—¿Y bien? —preguntó Sungchan, cruzándose de brazos con una sonrisa de suficiencia—. ¿Sobreviviste, pequeño?
Sohee miró a Hana, quien le apretó la mano con cariño.
—En realidad —dijo Sohee, mirando directamente a los ojos de sus amigos y luego a los de Hana—, creo que acabo de desbloquear el mejor nivel de mi vida.
La fiesta continuó, pero para Sohee, el ruido de la música ya no era una distracción molesta. Se quedó sentado con Hana en el sofá, compartiendo sus auriculares para enseñarle la banda sonora de su juego favorito, mientras ella apoyaba la cabeza en su hombro.
Sus amigos observaban desde lejos, satisfechos. El "loser" de la universidad no solo había conquistado a la chica más popular, sino que lo había hecho siendo exactamente quien era: un chico tierno con un corazón de oro y una pasión por los mundos imaginarios que, finalmente, había encontrado su lugar en el mundo real.
—Sohee, te juro que si vuelves a gastar tus ahorros en esa figura de edición limitada de *Neon Genesis*, yo mismo te confiscaré la cartera —dijo Sungchan, apoyando un brazo sobre los hombros del más bajo con una sonrisa protectora.
—Es una inversión, Sungchan-ah —murmuró Sohee, escondiendo el rostro tras su flequillo—. Además, las articulaciones son de metal. Es... es arte.
Wonbin, que estaba sentado frente a ellos ajustándose el cabello, soltó una carcajada suave.
—Déjalo en paz. Si Sohee es feliz con sus robots y su Nintendo Switch, está bien. Pero deberías intentar socializar más hoy en la fiesta de Eunseok.
Sohee sintió un escalofrío. Las fiestas de Eunseok eran eventos masivos donde la popularidad de RIIZE —como llamaban a su grupo de amigos por ser los chicos más destacados de diferentes facultades— brillaba con intensidad. Anton y Shotaro solían bailar hasta el amanecer, y Seunghan siempre terminaba siendo el centro de atención. Sohee, en cambio, solía buscar el rincón más oscuro para jugar *Pokémon* en su consola portátil.
—No creo que sea buena idea —susurró Sohee—. La gente dice que soy un perdedor. Escuché a unos chicos de música decir que a mi edad es patético no haber tenido ni una novia.
—¿Quién dijo eso? —La voz de Eunseok sonó gélida mientras se acercaba a la mesa con una bandeja—. Dámelos nombres y me encargaré de que no vuelvan a entrar a ninguna de mis reuniones.
—No es para tanto... —Sohee suspiró, pero sus ojos se desviaron hacia la entrada de la cafetería.
El aire pareció cambiar de densidad. Ella acababa de entrar.
Park Hana era lo opuesto a Sohee en todos los sentidos imaginables. Era la chica que todos querían conocer: carismática, con una risa que sonaba como campanillas de viento y una habilidad innata para hacer que cualquiera se sintiera especial. Estaba rodeada, como siempre, de pretendientes y amigos, pero su mirada, extrañamente, se desvió hacia la mesa de los chicos populares.
O más bien, hacia el chico que intentaba fundirse con el plástico de la silla.
—¿Sohee? —Hana se acercó a la mesa, ignorando a los demás—. Hola. ¿Trajiste el cuaderno de Dibujo Anatómico? El profesor dijo que podíamos comparar los bocetos de la clase pasada.
Sohee sintió que su corazón hacía un *perfect combo* de videojuego de ritmo. Sus manos empezaron a sudar.
—S-sí... lo tengo aquí —tartamudeó, rebuscando en su mochila llena de pines de anime. Sacó el cuaderno y se lo tendió con manos temblorosas—. Tus dibujos son mucho mejores, Hana. Los míos parecen... bueno, parecen personajes de videojuegos de los 90.
Hana tomó el cuaderno y lo abrió, ignorando las miradas estupefactas de los amigos de Sohee.
—A mí me encantan los videojuegos de los 90 —dijo ella con una sonrisa genuina que hizo que las orejas de Sohee se pusieran rojas—. Tienen más alma que los de ahora. Nos vemos en clase, ¿vale? Y... espero verte en la fiesta de esta noche.
Cuando Hana se alejó, el silencio en la mesa fue absoluto hasta que Anton rompió el hielo.
—¿Acaba de invitarte Hana? ¿La Hana que tiene a medio campus rogando por una cita?
—Solo somos compañeros de clase —insistió Sohee, aunque sentía que flotaba.
***
La casa de Eunseok estaba a reventar. La música vibraba en las paredes y el olor a perfume y bebidas llenaba el aire. Sohee estaba sentado en un sofá en la esquina, intentando concentrarse en su partida de *Mario Kart* en la Switch, pero su mirada no dejaba de buscar una cabellera larga y oscura entre la multitud.
—¡Basta de juegos, Lee Sohee! —gritó Shotaro, arrebatándole la consola con una agilidad envidiable—. Es hora de que vivas un poco. Vamos al centro de la sala, están organizando algo.
—No, Shotaro, espera... —protestó Sohee, pero fue arrastrado por la fuerza de la naturaleza que era su amigo.
En el centro del salón, un círculo de personas se había formado. En el medio, una botella de cristal vacía esperaba su destino. Sohee intentó retroceder, pero Wonbin y Sungchan lo flanquearon, impidiéndole la huida con sonrisas cómplices.
—¡Atención a todos! —anunció Seunghan con una voz teatral—. Vamos a jugar a un clásico. Pero con un giro. Nada de besos rápidos. Vamos a jugar a los siete minutos en el cielo. El armario del pasillo está vacío y tiene buena ventilación, así que no se quejen.
La multitud vitoreó. Sohee sintió que el suelo se abría bajo sus pies. Rezó a todos los jefes finales de sus juegos favoritos para que la botella no lo señalara.
La primera ronda pasó rápido. La segunda también. Para la tercera, Hana se había unido al círculo, sentada justo enfrente de Sohee. Sus ojos se encontraron y ella le guiñó un ojo. Sohee casi se desmaya.
—Mi turno —dijo Eunseok, girando la botella con fuerza.
El objeto giró y giró, perdiendo velocidad lentamente. El cuello de la botella apuntó primero a Anton, luego pasó de largo a Sungchan y, finalmente, se detuvo señalando directamente a Sohee.
—¡Sohee! —gritaron todos.
—Vale, ahora el otro extremo —dijo Eunseok, dándole otro impulso a la botella.
El corazón de Sohee latía tan fuerte que temía que alguien pudiera escucharlo por encima de la música de Stray Kids que retumbaba en los altavoces. La botella comenzó a ralentizarse de nuevo. Se detuvo.
Apuntaba a Hana.
Un murmullo de sorpresa y emoción recorrió la sala. La chica más popular y el "loser" más tierno de la universidad.
—Reglas son reglas —dijo Hana, levantándose con una elegancia que dejó a Sohee sin aliento—. Vamos, Sohee. No muerdo.
Sohee se levantó, sintiendo que sus piernas eran de gelatina. Sus amigos le daban palmaditas en la espalda, algunos con burla cariñosa y otros con genuino apoyo. Bajo la mirada de cincuenta personas, ambos caminaron hacia el pequeño armario de los abrigos en el pasillo.
—Siete minutos —sentenció Seunghan, cerrando la puerta tras ellos y dejándolos en una oscuridad casi total, apenas interrumpida por el hilo de luz que entraba por la rendija inferior.
El silencio dentro del armario era denso, cargado con el olor al perfume floral de Hana y el aroma a suavizante de telas de la sudadera de Sohee.
—Estás temblando —dijo Hana en voz baja. Su voz sonaba mucho más cerca de lo que Sohee esperaba.
—Lo siento —susurró él, apretando los puños—. No suelo estar en... armarios con chicas populares. Probablemente esto sea muy aburrido para ti. Deberías haber salido con alguien como Wonbin o Eunseok.
Sintió una mano suave rozar su brazo, bajando hasta encontrar sus dedos y entrelazarlos.
—¿Por qué piensas que eres aburrido, Sohee? —preguntó ella. Estaba tan cerca que él podía sentir su aliento en la mejilla—. En clase, cuando hablas de las cosas que te gustan, tus ojos brillan de una forma que nadie más tiene en esta universidad. Todos aquí intentan ser geniales, pero tú eres real.
—Soy un nerd, Hana —dijo él, con un nudo en la garganta—. Me gustan los dibujos animados, paso los fines de semana jugando solo y no sé cómo hablarle a la gente sin tartamudear.
—A mí me gusta que seas un nerd —respondió ella. Sohee pudo notar, por el tono de su voz, que estaba sonriendo—. Y me gusta que seas tierno. ¿Sabes cuántos chicos han intentado impresionarme hoy con sus coches o su dinero? Tú me impresionaste el otro día cuando me explicaste la teoría del color usando una referencia de *Final Fantasy*.
Sohee soltó una pequeña risa nerviosa.
—No pensé que me estuvieras prestando atención.
—Te presto mucha más atención de la que crees.
En la oscuridad, los sentidos de Sohee se agudizaron. Podía sentir el calor que emanaba del cuerpo de Hana. Ella dio un paso más, acortando la escasa distancia que los separaba.
—Sohee —murmuró ella—, ¿puedo hacer algo que he querido hacer desde que empezamos el semestre?
—¿El qué? —preguntó él, apenas en un hilo de voz.
—Esto.
Hana acortó la distancia final. Sus labios se encontraron con los de Sohee en un beso suave, casi tentativo al principio. Sohee se quedó congelado por un microsegundo, procesando que esto no era un simulador de citas ni un sueño provocado por dormir poco, sino la realidad.
Lentamente, sus manos, que antes temblaban, encontraron su lugar en la cintura de Hana. El beso se volvió más profundo, más seguro. Era dulce, con sabor a la limonada que ella había estado bebiendo y a la timidez que empezaba a derretirse. Sohee sintió una descarga eléctrica recorrerle la columna; era mejor que cualquier *power-up* que hubiera obtenido en un videojuego.
Hana se separó apenas unos milímetros, jadeando suavemente.
—Vaya... —susurró ella—. Para ser alguien sin experiencia, eres bastante bueno en esto.
Sohee sintió que su rostro ardía, agradeciendo la oscuridad del armario.
—Aprendo rápido —respondió, ganando un poco de confianza.
—¿Ah, sí? —Hana rió bajito y rodeó el cuello de Sohee con sus brazos—. Pues aún nos quedan cuatro minutos. No los desperdicies.
Cuando la puerta del armario se abrió de golpe bajo la cuenta regresiva de Eunseok y los gritos de los demás, la luz cegó a Sohee por un momento. Salieron del armario tomados de la mano.
Hana tenía el labial ligeramente corrido y una sonrisa radiante. Sohee, aunque seguía teniendo las orejas rojas, caminaba con la espalda erguida, sin esconderse tras su flequillo.
—¿Y bien? —preguntó Sungchan, cruzándose de brazos con una sonrisa de suficiencia—. ¿Sobreviviste, pequeño?
Sohee miró a Hana, quien le apretó la mano con cariño.
—En realidad —dijo Sohee, mirando directamente a los ojos de sus amigos y luego a los de Hana—, creo que acabo de desbloquear el mejor nivel de mi vida.
La fiesta continuó, pero para Sohee, el ruido de la música ya no era una distracción molesta. Se quedó sentado con Hana en el sofá, compartiendo sus auriculares para enseñarle la banda sonora de su juego favorito, mientras ella apoyaba la cabeza en su hombro.
Sus amigos observaban desde lejos, satisfechos. El "loser" de la universidad no solo había conquistado a la chica más popular, sino que lo había hecho siendo exactamente quien era: un chico tierno con un corazón de oro y una pasión por los mundos imaginarios que, finalmente, había encontrado su lugar en el mundo real.
