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Hiiiiiiiii
Fandom: Genshin impact
Created: 5/12/2026
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RomanceAU (Alternate Universe)Slice of LifeFluffOmegaverseCyberprepCharacter StudyHumorCyberpunkCurtainfic / Domestic Story
Algoritmos de Azar y Feromonas
El aire acondicionado de la oficina central de la Academia Tech soplaba con una eficiencia silenciosa, apenas un susurro en comparación con el caos controlado que reinaba en el departamento de desarrollo. El edificio, un prodigio de cristal y acero en el corazón de la ciudad, olía a café recién hecho, papel nuevo y el sutil trasfondo de inhibidores de feromonas que era obligatorio en cualquier entorno corporativo moderno.
Wanderer ajustó el cuello de su polo azul marino, una prenda de seda y algodón que su madre, Nahida, le había insistido en comprar alegando que "la primera impresión en el mundo profesional es el código fuente de tu carrera". Aunque detestaba admitirlo, el estilo *old money* que ella prefería le sentaba bien a su figura delgada y menuda, dándole un aire de autoridad que compensaba su baja estatura.
Frente a él, la pantalla mostraba líneas y líneas de código que Alhaitham, el director de proyectos, le había encargado revisar. Wanderer suspiró, cruzándose de brazos.
—Este código es una basura —murmuró para sí mismo, aunque su voz cortante llegó a oídos de Kaveh, que estaba en el cubículo de al lado intentando desesperadamente que un renderizado arquitectónico no colapsara el servidor—. Si Kaveh diseñara edificios como este programador escribe funciones, viviríamos en cuevas.
—¡Te he oído, mocoso! —exclamó Kaveh, levantando la vista de su monitor con los ojos cansados—. Y para tu información, mis diseños son estructuralmente perfectos. Además, hoy es un día importante. Alhaitham dijo que el nuevo enlace de logística llega hoy.
Wanderer rodó los ojos. No le gustaba la gente nueva. La gente nueva significaba tener que explicar procesos, soportar charlas triviales y, lo peor de todo, lidiar con olores desconocidos. Como omega, aunque usaba los supresores más potentes del mercado, su olfato seguía siendo peligrosamente agudo.
—No necesito un "enlace" —replicó Wanderer—. Necesito que la gente deje de cometer errores de sintaxis.
—Vaya, sigues siendo tan encantador como en la universidad.
Esa voz.
Wanderer se tensó. Era una voz cálida, con una cadencia relajada que arrastraba las palabras de una forma que recordaba a las tardes de sol en el campus. Se giró lentamente en su silla ergonómica y se encontró con una figura que no había visto en tres años.
Sethos estaba apoyado contra el marco de la puerta del departamento. Su cabello oscuro y largo estaba recogido en una coleta baja, y vestía una camisa de lino color arena con las mangas remangadas hasta los codos, dejando a la vista unos brazos tonificados por lo que, seguramente, eran demasiadas horas de senderismo. A pesar de la elegancia casual de su ropa, desprendía un aura de aventura que chocaba frontalmente con el ambiente estéril de la empresa.
—¿Sethos? —La pregunta de Wanderer salió más pequeña de lo que pretendía.
—El mismo —Sethos sonrió, y fue como si la iluminación del lugar subiera tres tonos. Se acercó con paso seguro, ignorando la mirada gélida que Alhaitham le lanzaba desde su oficina acristalada al fondo—. Me dijeron que trabajaría con un equipo de élite, pero no mencionaron que el programador más brillante y gruñón de mi generación estaría al mando.
—Es un placer verte de nuevo, Sethos —intervino Tighnari, que caminaba detrás de él junto a una tímida Collei—. Veo que ya conoces a nuestro especialista en sistemas.
—Fuimos compañeros en un par de proyectos de grado —explicó Sethos, extendiendo una mano hacia Wanderer.
Wanderer miró la mano. Sus dedos eran largos, la piel bronceada. Recordó, casi contra su voluntad, una noche en la biblioteca de la universidad donde Sethos se había quedado dormido sobre sus libros de historia, y cómo el aroma a arena caliente y especias —su esencia de alfa— se había filtrado por debajo de sus propios inhibidores.
—No me toques —dijo Wanderer, volviendo la vista a su monitor—. El contacto físico reduce la productividad.
Sethos soltó una carcajada limpia, nada ofendida.
—Sigue siendo un gato con espinas —comentó Sethos dirigiéndose a Tighnari—. Me gusta. Mantiene las cosas interesantes.
—Sethos será nuestro enlace con los proveedores del desierto y la gestión de recursos —explicó Tighnari, ignorando el desplante de Wanderer—. Cyno lo recomendó personalmente. Dijo que su capacidad para hacer amigos es casi tan molesta como sus propios chistes.
—¡Oye! —Cyno apareció de la nada, con su habitual expresión impasible—. Mis chistes son una herramienta de cohesión grupal. Sethos, bienvenido. Espero que tu integración sea... algorítmica.
Un silencio sepulcral cayó sobre la oficina. Kaveh se cubrió la cara con las manos. Alhaitham, dentro de su oficina, simplemente cerró las persianas.
—Lo que Cyno intenta decir —intervino Collei con una sonrisa nerviosa— es que estamos felices de tenerte aquí. Wanderer te enseñará el sistema de inventario más tarde.
Wanderer se enderezó, indignado.
—¿Yo? ¿Por qué yo? Que lo haga Kaveh, él no hace nada más que llorar sobre sus planos.
—Kaveh tiene que terminar el proyecto del puente —dijo Alhaitham, saliendo de su oficina con una tableta en la mano—. Tú eres el que más sabe del sistema. Sethos, a mi oficina. Wanderer, prepárate para la inducción a las dos de la tarde.
Sethos le guiñó un ojo a Wanderer antes de seguir al jefe. El omega sintió un calor repentino en la nuca que no tenía nada que ver con el hardware de su computadora.
***
A las dos de la tarde, Wanderer estaba sentado en una sala de reuniones pequeña, con las paredes de cristal esmerilado para mayor privacidad. Sethos entró con una libreta y una sonrisa que parecía grabada a fuego en su rostro.
—Hola de nuevo —dijo el alfa, sentándose justo al lado de él, rompiendo esa burbuja de espacio personal que Wanderer tanto protegía.
—Te sientas demasiado cerca —masculló Wanderer, moviendo su silla unos centímetros—. Aquí están las credenciales de acceso. El sistema es intuitivo, pero considerando que pasaste la universidad más tiempo en el club de atletismo que en la sala de computadoras, supongo que tendré que explicarlo como si fueras un niño.
Sethos se rió, apoyando la barbilla en su mano mientras observaba la pantalla, pero más que nada, observaba el perfil de Wanderer.
—Eres muy honesto, ¿lo sabías? —dijo Sethos en voz baja—. Me gusta eso de ti. No hay juegos, no hay fachadas. Solo tú y tu código.
Wanderer sintió un vuelco en el estómago. No estaba acostumbrado a los cumplidos directos. En su mundo, todo era lógica y resultados. Las relaciones humanas le parecían un rompecabezas cuyas piezas habían sido cortadas por un ciego.
—La honestidad es eficiente —respondió, tratando de mantener la voz firme—. Ahora, mira aquí. Este es el módulo de pedidos...
—Hueles a ozono y a lluvia —interrumpió Sethos de repente.
Wanderer se quedó congelado. Su mano, que sostenía el ratón, tembló imperceptiblemente.
—¿Qué... qué estupidez estás diciendo? Uso los mejores supresores del mercado. Es imposible que huelas nada.
—Tengo un olfato muy sensible —admitió Sethos, encogiéndose de hombros con naturalidad—. No es algo malo. Es un olor limpio. Muy... tú. Me recuerda a la calma antes de una tormenta.
—Eres un idiota —espetó Wanderer, sintiendo que sus mejillas se teñían de un rojo furioso que contrastaba con su delineador—. Estamos aquí para trabajar, no para hablar de... de feromonas o de climas meteorológicos.
—Lo siento, lo siento —Sethos levantó las manos en señal de rendición, aunque sus ojos brillaban con diversión—. Es que después de tres años, me alegra ver que no has cambiado. Aunque pareces más... maduro. Ese estilo que llevas, ¿es por tu madre? Te ves muy elegante, casi parece que vas a heredar la empresa mañana.
Wanderer suspiró, relajando un poco los hombros.
—Ella insiste. Dice que la apariencia es el primer cortafuegos.
—Nahida siempre fue sabia —coincidió Sethos—. Pero no dejes que el cortafuegos sea tan alto que nadie pueda entrar, Wanderer. A veces, las mejores actualizaciones vienen de fuentes externas.
El omega lo miró de reojo. Sethos no era como otros alfas que había conocido: no era agresivo, no intentaba dominar el espacio con su aroma o su voz. Era como el sol de la tarde; simplemente estaba ahí, cálido y constante, esperando a que uno decidiera salir de la sombra.
—No necesito actualizaciones —replicó Wanderer, aunque su tono ya no tenía el veneno de antes—. El sistema funciona perfectamente como está.
—Ya veremos —dijo Sethos, levantándose cuando la sesión terminó—. Por cierto, un grupo vamos a cenar algo después del trabajo. Tighnari, Cyno, incluso Collei se animó. ¿Vienes?
—Tengo cosas que hacer.
—¿Cómo qué? ¿Revisar el código de Kaveh para burlarte de él mañana?
—... Sí.
Sethos soltó otra carcajada y, antes de que Wanderer pudiera reaccionar, le dio una palmadita afectuosa en el hombro.
—La oferta sigue en pie. Estaremos en el restaurante de abajo a las siete. No hace falta que digas que sí ahora, solo aparece.
Cuando Sethos salió de la sala, el silencio regresó, pero el aire se sentía diferente. Wanderer se quedó mirando la puerta un largo rato. Se llevó una mano al hombro, donde todavía sentía el calor residual de la mano de Sethos.
—Inocente —susurró para sí mismo—. Cree que puede entrar así como así.
***
El restaurante era un lugar acogedor, con luces tenues y un ambiente que contrastaba con la modernidad fría de la oficina. En una mesa larga, el grupo ya estaba instalado. Kaveh y Alhaitham discutían sobre el presupuesto de una nueva fase del proyecto, mientras Tighnari intentaba explicarle a Collei las propiedades de unas hierbas que habían servido con la carne.
Sethos estaba sentado en un extremo, dejando un espacio vacío a su derecha. Miraba su reloj de vez en cuando, manteniendo la conversación con Cyno de manera distraída.
—No va a venir —dijo Cyno, cruzándose de brazos—. Wanderer es un proceso de ejecución única. No le gustan los hilos múltiples.
—Dale tiempo —respondió Sethos con optimismo—. A veces solo hay que encontrar el puerto correcto para conectar.
En ese momento, la campana de la puerta sonó. Wanderer entró, luciendo ligeramente incómodo, con su abrigo oscuro bien abotonado y una expresión de "estoy aquí porque me obligaron, aunque nadie lo hizo".
Sethos se iluminó.
—¡Por aquí! —exclamó, agitando la mano.
Wanderer caminó hacia la mesa, sintiendo las miradas de sus compañeros. Se sentó en el espacio vacío al lado de Sethos, evitando el contacto visual con todos.
—Vaya, el milagro de la arquitectura moderna —se burló Kaveh—. Wanderer en un evento social. ¿Se ha caído el servidor mundial?
—Cierra la boca, Kaveh, o borraré tu acceso al renderizador mañana —amenazó Wanderer sin mucha convicción.
—Me alegra que vinieras —susurró Sethos a su lado.
—Solo tenía hambre —mintió el omega—. Y mi casa está en silencio. Demasiado silencio.
La cena transcurrió entre risas y discusiones técnicas. Para sorpresa de Wanderer, no se sentía tan fuera de lugar como esperaba. Sethos se encargaba de incluirlo en la conversación de manera sutil, haciendo preguntas que sabía que él podía responder con autoridad, o simplemente asegurándose de que su copa nunca estuviera vacía.
A mitad de la noche, el tema de los vínculos y las jerarquías surgió de manera inevitable, dado que estaban en un grupo mixto de alfas, betas y omegas.
—Es difícil en este sector —decía Tighnari—. Muchos omegas se sienten presionados a sobrecompensar con el trabajo para que no los juzguen por su naturaleza.
Wanderer apretó los cubiertos. Esa era su realidad diaria. Por eso era tan estricto, tan directo, tan "perfecto". No quería que nadie pensara que su biología era una debilidad.
Sethos, sintiendo la tensión en el chico a su lado, habló con calma.
—Yo creo que la jerarquía es solo un parámetro más, no el código completo. Al final del día, lo que importa es la compatibilidad. No solo biológica, sino... de alma, supongo. Un alfa que no respeta el espacio de un omega no es un alfa, es solo un error de sistema.
Wanderer lo miró. Sethos no lo estaba mirando a él, sino a su bebida, hablando con una honestidad que desarmaba cualquier defensa.
—¿Y tú qué buscas, Sethos? —preguntó Kaveh, con curiosidad—. Con tu carisma, podrías tener a cualquier omega de la ciudad haciendo fila.
Sethos finalmente miró a Wanderer. Sus ojos, oscuros y profundos, brillaron bajo las luces del restaurante.
—Busco a alguien que me desafíe —dijo con sencillez—. Alguien que sea difícil de leer, pero que valga la pena el esfuerzo de entender. Alguien que no necesite que lo protejan, sino que quiera caminar a mi lado.
El corazón de Wanderer dio un vuelco violento. Se sintió expuesto, como si Sethos estuviera leyendo su código fuente sin permiso. Pero, por primera vez en su vida, no sintió el deseo de levantar un cortafuegos.
—Eso suena... ineficiente —logró decir Wanderer, aunque su voz carecía de su mordacidad habitual.
—Tal vez —admitió Sethos con una sonrisa—. Pero las cosas más ineficientes suelen ser las más divertidas.
Al final de la noche, cuando todos se despedían en la acera frente al restaurante, Sethos se ofreció a acompañar a Wanderer a su parada de transporte.
Caminaron en un silencio cómodo, el aire fresco de la noche mitigando el calor de la cena. El aroma de Sethos era ahora más perceptible para Wanderer; ya no intentaba ocultar su reacción. Era un aroma acogedor, como una fogata en una noche de desierto.
—Gracias por venir hoy —dijo Sethos cuando llegaron a la estación—. Sé que no es tu actividad favorita.
—No estuvo tan mal —admitió Wanderer, mirando sus zapatos—. La comida era aceptable. Y la compañía... no fue irritante.
Sethos soltó una pequeña risa.
—Eso es lo más amable que me has dicho en años. Lo tomaré como una victoria.
Antes de que Wanderer subiera al transporte, Sethos se acercó un poco más. No lo tocó, respetando la regla que el omega había impuesto horas antes, pero su presencia era envolvente.
—Wanderer —dijo suavemente—. Mañana tengo que revisar unos contratos de logística. Son un poco aburridos. ¿Te importaría si los reviso en tu cubículo? Dicen que la eficiencia se contagia.
Wanderer lo miró. Vio la esperanza en los ojos del alfa, la sinceridad de alguien que no sabía jugar juegos mentales, solo ser honesto.
—Mi cubículo es para trabajar, no para socializar —dijo Wanderer, entrando en el vagón—. Pero... supongo que puedo tolerar tu presencia si no haces demasiado ruido.
Las puertas comenzaron a cerrarse. Sethos sonrió de oreja a oreja, una expresión de triunfo absoluto.
—¡Mañana a las nueve, entonces! —gritó Sethos mientras el tren se ponía en marcha.
Wanderer se sentó en un asiento vacío, apoyando la cabeza contra el cristal frío. Su reflejo le devolvió una imagen que apenas reconocía: tenía una pequeña, casi imperceptible sonrisa en los labios.
—Un error de sistema —susurró para sí mismo, tocando el cristal—. Un error de sistema muy persistente.
Mientras el tren se alejaba, Wanderer se dio cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo, no estaba pensando en algoritmos, ni en códigos, ni en las expectativas de su madre. Estaba pensando en el aroma a arena y especias, y en cómo, quizás, solo quizás, no le importaría que alguien intentara descifrar su código después de todo.
En la oficina de la Academia Tech, el futuro se veía lleno de variables desconocidas, pero para Wanderer, por primera vez, la incertidumbre no parecía un problema que necesitara ser resuelto de inmediato. Era, tal como Sethos había dicho, una actualización que estaba dispuesto a instalar.
Wanderer ajustó el cuello de su polo azul marino, una prenda de seda y algodón que su madre, Nahida, le había insistido en comprar alegando que "la primera impresión en el mundo profesional es el código fuente de tu carrera". Aunque detestaba admitirlo, el estilo *old money* que ella prefería le sentaba bien a su figura delgada y menuda, dándole un aire de autoridad que compensaba su baja estatura.
Frente a él, la pantalla mostraba líneas y líneas de código que Alhaitham, el director de proyectos, le había encargado revisar. Wanderer suspiró, cruzándose de brazos.
—Este código es una basura —murmuró para sí mismo, aunque su voz cortante llegó a oídos de Kaveh, que estaba en el cubículo de al lado intentando desesperadamente que un renderizado arquitectónico no colapsara el servidor—. Si Kaveh diseñara edificios como este programador escribe funciones, viviríamos en cuevas.
—¡Te he oído, mocoso! —exclamó Kaveh, levantando la vista de su monitor con los ojos cansados—. Y para tu información, mis diseños son estructuralmente perfectos. Además, hoy es un día importante. Alhaitham dijo que el nuevo enlace de logística llega hoy.
Wanderer rodó los ojos. No le gustaba la gente nueva. La gente nueva significaba tener que explicar procesos, soportar charlas triviales y, lo peor de todo, lidiar con olores desconocidos. Como omega, aunque usaba los supresores más potentes del mercado, su olfato seguía siendo peligrosamente agudo.
—No necesito un "enlace" —replicó Wanderer—. Necesito que la gente deje de cometer errores de sintaxis.
—Vaya, sigues siendo tan encantador como en la universidad.
Esa voz.
Wanderer se tensó. Era una voz cálida, con una cadencia relajada que arrastraba las palabras de una forma que recordaba a las tardes de sol en el campus. Se giró lentamente en su silla ergonómica y se encontró con una figura que no había visto en tres años.
Sethos estaba apoyado contra el marco de la puerta del departamento. Su cabello oscuro y largo estaba recogido en una coleta baja, y vestía una camisa de lino color arena con las mangas remangadas hasta los codos, dejando a la vista unos brazos tonificados por lo que, seguramente, eran demasiadas horas de senderismo. A pesar de la elegancia casual de su ropa, desprendía un aura de aventura que chocaba frontalmente con el ambiente estéril de la empresa.
—¿Sethos? —La pregunta de Wanderer salió más pequeña de lo que pretendía.
—El mismo —Sethos sonrió, y fue como si la iluminación del lugar subiera tres tonos. Se acercó con paso seguro, ignorando la mirada gélida que Alhaitham le lanzaba desde su oficina acristalada al fondo—. Me dijeron que trabajaría con un equipo de élite, pero no mencionaron que el programador más brillante y gruñón de mi generación estaría al mando.
—Es un placer verte de nuevo, Sethos —intervino Tighnari, que caminaba detrás de él junto a una tímida Collei—. Veo que ya conoces a nuestro especialista en sistemas.
—Fuimos compañeros en un par de proyectos de grado —explicó Sethos, extendiendo una mano hacia Wanderer.
Wanderer miró la mano. Sus dedos eran largos, la piel bronceada. Recordó, casi contra su voluntad, una noche en la biblioteca de la universidad donde Sethos se había quedado dormido sobre sus libros de historia, y cómo el aroma a arena caliente y especias —su esencia de alfa— se había filtrado por debajo de sus propios inhibidores.
—No me toques —dijo Wanderer, volviendo la vista a su monitor—. El contacto físico reduce la productividad.
Sethos soltó una carcajada limpia, nada ofendida.
—Sigue siendo un gato con espinas —comentó Sethos dirigiéndose a Tighnari—. Me gusta. Mantiene las cosas interesantes.
—Sethos será nuestro enlace con los proveedores del desierto y la gestión de recursos —explicó Tighnari, ignorando el desplante de Wanderer—. Cyno lo recomendó personalmente. Dijo que su capacidad para hacer amigos es casi tan molesta como sus propios chistes.
—¡Oye! —Cyno apareció de la nada, con su habitual expresión impasible—. Mis chistes son una herramienta de cohesión grupal. Sethos, bienvenido. Espero que tu integración sea... algorítmica.
Un silencio sepulcral cayó sobre la oficina. Kaveh se cubrió la cara con las manos. Alhaitham, dentro de su oficina, simplemente cerró las persianas.
—Lo que Cyno intenta decir —intervino Collei con una sonrisa nerviosa— es que estamos felices de tenerte aquí. Wanderer te enseñará el sistema de inventario más tarde.
Wanderer se enderezó, indignado.
—¿Yo? ¿Por qué yo? Que lo haga Kaveh, él no hace nada más que llorar sobre sus planos.
—Kaveh tiene que terminar el proyecto del puente —dijo Alhaitham, saliendo de su oficina con una tableta en la mano—. Tú eres el que más sabe del sistema. Sethos, a mi oficina. Wanderer, prepárate para la inducción a las dos de la tarde.
Sethos le guiñó un ojo a Wanderer antes de seguir al jefe. El omega sintió un calor repentino en la nuca que no tenía nada que ver con el hardware de su computadora.
***
A las dos de la tarde, Wanderer estaba sentado en una sala de reuniones pequeña, con las paredes de cristal esmerilado para mayor privacidad. Sethos entró con una libreta y una sonrisa que parecía grabada a fuego en su rostro.
—Hola de nuevo —dijo el alfa, sentándose justo al lado de él, rompiendo esa burbuja de espacio personal que Wanderer tanto protegía.
—Te sientas demasiado cerca —masculló Wanderer, moviendo su silla unos centímetros—. Aquí están las credenciales de acceso. El sistema es intuitivo, pero considerando que pasaste la universidad más tiempo en el club de atletismo que en la sala de computadoras, supongo que tendré que explicarlo como si fueras un niño.
Sethos se rió, apoyando la barbilla en su mano mientras observaba la pantalla, pero más que nada, observaba el perfil de Wanderer.
—Eres muy honesto, ¿lo sabías? —dijo Sethos en voz baja—. Me gusta eso de ti. No hay juegos, no hay fachadas. Solo tú y tu código.
Wanderer sintió un vuelco en el estómago. No estaba acostumbrado a los cumplidos directos. En su mundo, todo era lógica y resultados. Las relaciones humanas le parecían un rompecabezas cuyas piezas habían sido cortadas por un ciego.
—La honestidad es eficiente —respondió, tratando de mantener la voz firme—. Ahora, mira aquí. Este es el módulo de pedidos...
—Hueles a ozono y a lluvia —interrumpió Sethos de repente.
Wanderer se quedó congelado. Su mano, que sostenía el ratón, tembló imperceptiblemente.
—¿Qué... qué estupidez estás diciendo? Uso los mejores supresores del mercado. Es imposible que huelas nada.
—Tengo un olfato muy sensible —admitió Sethos, encogiéndose de hombros con naturalidad—. No es algo malo. Es un olor limpio. Muy... tú. Me recuerda a la calma antes de una tormenta.
—Eres un idiota —espetó Wanderer, sintiendo que sus mejillas se teñían de un rojo furioso que contrastaba con su delineador—. Estamos aquí para trabajar, no para hablar de... de feromonas o de climas meteorológicos.
—Lo siento, lo siento —Sethos levantó las manos en señal de rendición, aunque sus ojos brillaban con diversión—. Es que después de tres años, me alegra ver que no has cambiado. Aunque pareces más... maduro. Ese estilo que llevas, ¿es por tu madre? Te ves muy elegante, casi parece que vas a heredar la empresa mañana.
Wanderer suspiró, relajando un poco los hombros.
—Ella insiste. Dice que la apariencia es el primer cortafuegos.
—Nahida siempre fue sabia —coincidió Sethos—. Pero no dejes que el cortafuegos sea tan alto que nadie pueda entrar, Wanderer. A veces, las mejores actualizaciones vienen de fuentes externas.
El omega lo miró de reojo. Sethos no era como otros alfas que había conocido: no era agresivo, no intentaba dominar el espacio con su aroma o su voz. Era como el sol de la tarde; simplemente estaba ahí, cálido y constante, esperando a que uno decidiera salir de la sombra.
—No necesito actualizaciones —replicó Wanderer, aunque su tono ya no tenía el veneno de antes—. El sistema funciona perfectamente como está.
—Ya veremos —dijo Sethos, levantándose cuando la sesión terminó—. Por cierto, un grupo vamos a cenar algo después del trabajo. Tighnari, Cyno, incluso Collei se animó. ¿Vienes?
—Tengo cosas que hacer.
—¿Cómo qué? ¿Revisar el código de Kaveh para burlarte de él mañana?
—... Sí.
Sethos soltó otra carcajada y, antes de que Wanderer pudiera reaccionar, le dio una palmadita afectuosa en el hombro.
—La oferta sigue en pie. Estaremos en el restaurante de abajo a las siete. No hace falta que digas que sí ahora, solo aparece.
Cuando Sethos salió de la sala, el silencio regresó, pero el aire se sentía diferente. Wanderer se quedó mirando la puerta un largo rato. Se llevó una mano al hombro, donde todavía sentía el calor residual de la mano de Sethos.
—Inocente —susurró para sí mismo—. Cree que puede entrar así como así.
***
El restaurante era un lugar acogedor, con luces tenues y un ambiente que contrastaba con la modernidad fría de la oficina. En una mesa larga, el grupo ya estaba instalado. Kaveh y Alhaitham discutían sobre el presupuesto de una nueva fase del proyecto, mientras Tighnari intentaba explicarle a Collei las propiedades de unas hierbas que habían servido con la carne.
Sethos estaba sentado en un extremo, dejando un espacio vacío a su derecha. Miraba su reloj de vez en cuando, manteniendo la conversación con Cyno de manera distraída.
—No va a venir —dijo Cyno, cruzándose de brazos—. Wanderer es un proceso de ejecución única. No le gustan los hilos múltiples.
—Dale tiempo —respondió Sethos con optimismo—. A veces solo hay que encontrar el puerto correcto para conectar.
En ese momento, la campana de la puerta sonó. Wanderer entró, luciendo ligeramente incómodo, con su abrigo oscuro bien abotonado y una expresión de "estoy aquí porque me obligaron, aunque nadie lo hizo".
Sethos se iluminó.
—¡Por aquí! —exclamó, agitando la mano.
Wanderer caminó hacia la mesa, sintiendo las miradas de sus compañeros. Se sentó en el espacio vacío al lado de Sethos, evitando el contacto visual con todos.
—Vaya, el milagro de la arquitectura moderna —se burló Kaveh—. Wanderer en un evento social. ¿Se ha caído el servidor mundial?
—Cierra la boca, Kaveh, o borraré tu acceso al renderizador mañana —amenazó Wanderer sin mucha convicción.
—Me alegra que vinieras —susurró Sethos a su lado.
—Solo tenía hambre —mintió el omega—. Y mi casa está en silencio. Demasiado silencio.
La cena transcurrió entre risas y discusiones técnicas. Para sorpresa de Wanderer, no se sentía tan fuera de lugar como esperaba. Sethos se encargaba de incluirlo en la conversación de manera sutil, haciendo preguntas que sabía que él podía responder con autoridad, o simplemente asegurándose de que su copa nunca estuviera vacía.
A mitad de la noche, el tema de los vínculos y las jerarquías surgió de manera inevitable, dado que estaban en un grupo mixto de alfas, betas y omegas.
—Es difícil en este sector —decía Tighnari—. Muchos omegas se sienten presionados a sobrecompensar con el trabajo para que no los juzguen por su naturaleza.
Wanderer apretó los cubiertos. Esa era su realidad diaria. Por eso era tan estricto, tan directo, tan "perfecto". No quería que nadie pensara que su biología era una debilidad.
Sethos, sintiendo la tensión en el chico a su lado, habló con calma.
—Yo creo que la jerarquía es solo un parámetro más, no el código completo. Al final del día, lo que importa es la compatibilidad. No solo biológica, sino... de alma, supongo. Un alfa que no respeta el espacio de un omega no es un alfa, es solo un error de sistema.
Wanderer lo miró. Sethos no lo estaba mirando a él, sino a su bebida, hablando con una honestidad que desarmaba cualquier defensa.
—¿Y tú qué buscas, Sethos? —preguntó Kaveh, con curiosidad—. Con tu carisma, podrías tener a cualquier omega de la ciudad haciendo fila.
Sethos finalmente miró a Wanderer. Sus ojos, oscuros y profundos, brillaron bajo las luces del restaurante.
—Busco a alguien que me desafíe —dijo con sencillez—. Alguien que sea difícil de leer, pero que valga la pena el esfuerzo de entender. Alguien que no necesite que lo protejan, sino que quiera caminar a mi lado.
El corazón de Wanderer dio un vuelco violento. Se sintió expuesto, como si Sethos estuviera leyendo su código fuente sin permiso. Pero, por primera vez en su vida, no sintió el deseo de levantar un cortafuegos.
—Eso suena... ineficiente —logró decir Wanderer, aunque su voz carecía de su mordacidad habitual.
—Tal vez —admitió Sethos con una sonrisa—. Pero las cosas más ineficientes suelen ser las más divertidas.
Al final de la noche, cuando todos se despedían en la acera frente al restaurante, Sethos se ofreció a acompañar a Wanderer a su parada de transporte.
Caminaron en un silencio cómodo, el aire fresco de la noche mitigando el calor de la cena. El aroma de Sethos era ahora más perceptible para Wanderer; ya no intentaba ocultar su reacción. Era un aroma acogedor, como una fogata en una noche de desierto.
—Gracias por venir hoy —dijo Sethos cuando llegaron a la estación—. Sé que no es tu actividad favorita.
—No estuvo tan mal —admitió Wanderer, mirando sus zapatos—. La comida era aceptable. Y la compañía... no fue irritante.
Sethos soltó una pequeña risa.
—Eso es lo más amable que me has dicho en años. Lo tomaré como una victoria.
Antes de que Wanderer subiera al transporte, Sethos se acercó un poco más. No lo tocó, respetando la regla que el omega había impuesto horas antes, pero su presencia era envolvente.
—Wanderer —dijo suavemente—. Mañana tengo que revisar unos contratos de logística. Son un poco aburridos. ¿Te importaría si los reviso en tu cubículo? Dicen que la eficiencia se contagia.
Wanderer lo miró. Vio la esperanza en los ojos del alfa, la sinceridad de alguien que no sabía jugar juegos mentales, solo ser honesto.
—Mi cubículo es para trabajar, no para socializar —dijo Wanderer, entrando en el vagón—. Pero... supongo que puedo tolerar tu presencia si no haces demasiado ruido.
Las puertas comenzaron a cerrarse. Sethos sonrió de oreja a oreja, una expresión de triunfo absoluto.
—¡Mañana a las nueve, entonces! —gritó Sethos mientras el tren se ponía en marcha.
Wanderer se sentó en un asiento vacío, apoyando la cabeza contra el cristal frío. Su reflejo le devolvió una imagen que apenas reconocía: tenía una pequeña, casi imperceptible sonrisa en los labios.
—Un error de sistema —susurró para sí mismo, tocando el cristal—. Un error de sistema muy persistente.
Mientras el tren se alejaba, Wanderer se dio cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo, no estaba pensando en algoritmos, ni en códigos, ni en las expectativas de su madre. Estaba pensando en el aroma a arena y especias, y en cómo, quizás, solo quizás, no le importaría que alguien intentara descifrar su código después de todo.
En la oficina de la Academia Tech, el futuro se veía lleno de variables desconocidas, pero para Wanderer, por primera vez, la incertidumbre no parecía un problema que necesitara ser resuelto de inmediato. Era, tal como Sethos había dicho, una actualización que estaba dispuesto a instalar.
