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Lyna
Fandom: Lyna y Cerso
Created: 5/16/2026
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AU (Alternate Universe)DramaAngstPsychologicalDarkCurtainfic / Domestic StoryJealousyExplicit LanguageIsekai / Portal FantasyFantasyAdventureCrossoverCharacter StudyRomanceSlice of LifeFluffSoulmatesRealismDivergence
Bajo el mismo cielo de Buenos Aires
El sol de la tarde se filtraba por los grandes ventanales del departamento, bañando la sala en un tono dorado y cálido. Lyna estaba sentada frente a su computadora, ajustando los últimos detalles de la edición de su próximo video. Se estiró, sintiendo cómo su espalda crujía levemente tras horas de estar en la misma posición. Al girar la silla, se encontró con la mirada de Cerso, que la observaba desde el sofá con una sonrisa tranquila mientras sostenía un mando de consola en las manos.
—Te falta poco, ¿no? —preguntó él, dejando el mando a un lado—. Llevas ahí metida desde el mediodía, Evelyn.
Lyna sonrió, sintiendo ese calorcito en el pecho que solo él lograba provocarle después de tantos años. A veces se detenía a pensar en lo afortunada que era. Su relación había pasado por tormentas, como cualquier otra, pero nunca se habían soltado. Aquella crisis que años atrás pareció amenazar con separarlos se había convertido, irónicamente, en el pegamento que los unió más que nunca.
—Ya casi está —respondió ella, levantándose para caminar hacia él—. Solo estaba revisando que el audio de los gritos no rompiera los oídos de mis suscriptores. Sabes cómo me pongo cuando juego algo de terror.
Cerso se hizo a un lado para dejarle espacio en el sofá. Lyna se acurrucó contra su hombro, inhalando el aroma familiar de su perfume. En este universo, en su realidad, no había dudas. No había habido un "adiós", ni mudanzas apresuradas, ni nuevos encuentros fortuitos que cambiaran el rumbo de su corazón.
—¿Te acuerdas de cuando pensamos que lo nuestro no iba a funcionar? —murmuró Lyna de repente, mirando hacia el televisor apagado.
Cerso rodeó sus hombros con el brazo y dejó un beso corto en su frente.
—A veces lo pienso —admitió él con voz suave—. Fue una época difícil. Pero me alegra que decidiéramos intentarlo una vez más. No me imagino mi vida sin despertarme y ver tus pelos locos por la mañana.
Lyna le dio un codazo juguetón en las costillas, aunque se reía.
—¡Oye! Mis pelos locos son parte de mi encanto.
—Son tu mejor accesorio —bromeó él—. Pero hablando en serio, Lynita... lo logramos. Estamos aquí, trabajando juntos, viviendo juntos. ¿Qué más podemos pedir?
Lyna guardó silencio un momento. A veces, en sueños extraños, veía destellos de una vida diferente. Una vida donde viajaba sola, donde conocía a otras personas, donde su carrera tomaba rumbos distintos. Pero siempre despertaba y lo veía a él, y esa sensación de pertenencia borraba cualquier rastro de duda. No necesitaba conocer a nadie más. Dani, aquel nombre que a veces aparecía en los comentarios de sus fans como una sugerencia de colaboración lejana de otros países, era solo eso: un colega lejano con el que nunca había llegado a cruzar palabra más allá de un saludo cordial por redes sociales.
—Nada —respondió ella finalmente—. No pediría nada más.
El sonido del timbre rompió la burbuja de intimidad. Lyna se levantó de un salto, recordando que habían pedido comida para celebrar que ambos habían terminado sus proyectos de la semana.
—¡Yo voy! —exclamó mientras corría hacia la puerta.
Cerso la observó marchar, su risa resonando por el pasillo. Se sentía en paz. A menudo, la gente en internet especulaba sobre sus vidas, pero solo ellos sabían la profundidad de lo que compartían. Habían crecido juntos, desde ser apenas unos chicos con cámaras hasta convertirse en adultos con una visión clara del futuro.
Tras cenar en la pequeña mesa del balcón, viendo cómo las luces de la ciudad comenzaban a encenderse, el ambiente se volvió más reflexivo. El viento soplaba suave, agitando el cabello de Lyna.
—¿Crees que en otra vida seríamos diferentes? —preguntó ella, apoyando la barbilla en su mano.
Cerso dejó su copa de agua y la miró fijamente.
—Creo que, sin importar las circunstancias, siempre terminaríamos encontrándonos —dijo él con total seguridad—. Hay personas que están conectadas por algo más que la casualidad.
—Qué romántico te pusiste, Cersito —dijo ella, aunque sus ojos brillaban de emoción—. Pero tienes razón. Siento que este es mi lugar.
—Y el mío es a tu lado —añadió él, estirando la mano para tomar la de ella sobre la mesa—. Aunque me hagas grabar vlogs a las tres de la mañana o me obligues a probar dulces asquerosos para un video.
Lyna soltó una carcajada que espantó a unos pájaros que descansaban cerca.
—Eso es parte del contrato de noviazgo, lo sabes.
—Lo sé, y lo firmaría mil veces más.
Se quedaron un rato más allí, disfrutando del silencio compartido que solo tienen las parejas que se conocen a la perfección. No había necesidad de llenar cada segundo con palabras. El simple hecho de estar presentes era suficiente.
Más tarde, mientras se preparaban para dormir, Lyna se miró al espejo del baño. Se sentía plena. Su canal seguía creciendo, su familia estaba bien, y tenía al hombre que amaba en la habitación de al lado, esperándola para ver una película antes de cerrar los ojos.
—¡Evelyn! ¿Vas a tardar mucho? —gritó Cerso desde la cama—. ¡Ya puse la película y no quiero empezar sin vos!
—¡Ya voy, impaciente! —gritó ella de vuelta, terminando de lavarse la cara.
Apagó la luz del baño y caminó hacia el dormitorio. Al entrar, vio a Cerso acomodando las almohadas para que ambos estuvieran cómodos. Se metió bajo las mantas, sintiendo el calor que él desprendía.
—¿Qué vamos a ver? —preguntó ella, apoyando la cabeza en su pecho.
—Una de esas de suspenso que te gustan —respondió él, rodeándola con sus brazos—. Pero si te asustas, no me culpes si no te dejo dormir con la luz prendida.
—Sabes perfectamente que la que termina cuidándote soy yo —replicó Lyna con una sonrisa pícara.
Cerso soltó una risita y le dio un beso en la sien.
—Tal vez tengas razón. Pero mientras estemos juntos, que venga cualquier monstruo de película.
La pantalla se iluminó, proyectando sombras en las paredes de la habitación. En ese rincón del mundo, el tiempo parecía detenerse. No había "qué hubiera pasado si...", solo había un "ahora". Un ahora donde Lyna y Cerso seguían siendo ese equipo invencible que desafiaba cualquier estadística de las relaciones modernas.
A mitad de la película, Lyna sintió que el sueño empezaba a ganarle la batalla. Cerró los ojos por un momento, escuchando los latidos rítmicos del corazón de Cerso. En ese estado de duermevela, pensó en lo extraño que es el destino. A veces, la decisión de quedarse es mucho más valiente que la de marcharse. Y ella se alegraba, cada segundo de su vida, de haber sido valiente.
—Te quiero, Cerso —susurró, casi sin darse cuenta.
Él, que también estaba a punto de dormirse, apretó suavemente su mano.
—Yo también te quiero, Lyna. Siempre.
Y así, bajo el mismo cielo que los vio crecer, se durmieron con la certeza de que no había otro lugar en el mundo, ni otra vida posible, donde quisieran estar. El amor que habían construido era su refugio, su hogar y su mejor aventura. Sin distracciones, sin terceros, sin rupturas definitivas. Solo ellos dos, escribiendo su propia historia, un día a la vez.
—Te falta poco, ¿no? —preguntó él, dejando el mando a un lado—. Llevas ahí metida desde el mediodía, Evelyn.
Lyna sonrió, sintiendo ese calorcito en el pecho que solo él lograba provocarle después de tantos años. A veces se detenía a pensar en lo afortunada que era. Su relación había pasado por tormentas, como cualquier otra, pero nunca se habían soltado. Aquella crisis que años atrás pareció amenazar con separarlos se había convertido, irónicamente, en el pegamento que los unió más que nunca.
—Ya casi está —respondió ella, levantándose para caminar hacia él—. Solo estaba revisando que el audio de los gritos no rompiera los oídos de mis suscriptores. Sabes cómo me pongo cuando juego algo de terror.
Cerso se hizo a un lado para dejarle espacio en el sofá. Lyna se acurrucó contra su hombro, inhalando el aroma familiar de su perfume. En este universo, en su realidad, no había dudas. No había habido un "adiós", ni mudanzas apresuradas, ni nuevos encuentros fortuitos que cambiaran el rumbo de su corazón.
—¿Te acuerdas de cuando pensamos que lo nuestro no iba a funcionar? —murmuró Lyna de repente, mirando hacia el televisor apagado.
Cerso rodeó sus hombros con el brazo y dejó un beso corto en su frente.
—A veces lo pienso —admitió él con voz suave—. Fue una época difícil. Pero me alegra que decidiéramos intentarlo una vez más. No me imagino mi vida sin despertarme y ver tus pelos locos por la mañana.
Lyna le dio un codazo juguetón en las costillas, aunque se reía.
—¡Oye! Mis pelos locos son parte de mi encanto.
—Son tu mejor accesorio —bromeó él—. Pero hablando en serio, Lynita... lo logramos. Estamos aquí, trabajando juntos, viviendo juntos. ¿Qué más podemos pedir?
Lyna guardó silencio un momento. A veces, en sueños extraños, veía destellos de una vida diferente. Una vida donde viajaba sola, donde conocía a otras personas, donde su carrera tomaba rumbos distintos. Pero siempre despertaba y lo veía a él, y esa sensación de pertenencia borraba cualquier rastro de duda. No necesitaba conocer a nadie más. Dani, aquel nombre que a veces aparecía en los comentarios de sus fans como una sugerencia de colaboración lejana de otros países, era solo eso: un colega lejano con el que nunca había llegado a cruzar palabra más allá de un saludo cordial por redes sociales.
—Nada —respondió ella finalmente—. No pediría nada más.
El sonido del timbre rompió la burbuja de intimidad. Lyna se levantó de un salto, recordando que habían pedido comida para celebrar que ambos habían terminado sus proyectos de la semana.
—¡Yo voy! —exclamó mientras corría hacia la puerta.
Cerso la observó marchar, su risa resonando por el pasillo. Se sentía en paz. A menudo, la gente en internet especulaba sobre sus vidas, pero solo ellos sabían la profundidad de lo que compartían. Habían crecido juntos, desde ser apenas unos chicos con cámaras hasta convertirse en adultos con una visión clara del futuro.
Tras cenar en la pequeña mesa del balcón, viendo cómo las luces de la ciudad comenzaban a encenderse, el ambiente se volvió más reflexivo. El viento soplaba suave, agitando el cabello de Lyna.
—¿Crees que en otra vida seríamos diferentes? —preguntó ella, apoyando la barbilla en su mano.
Cerso dejó su copa de agua y la miró fijamente.
—Creo que, sin importar las circunstancias, siempre terminaríamos encontrándonos —dijo él con total seguridad—. Hay personas que están conectadas por algo más que la casualidad.
—Qué romántico te pusiste, Cersito —dijo ella, aunque sus ojos brillaban de emoción—. Pero tienes razón. Siento que este es mi lugar.
—Y el mío es a tu lado —añadió él, estirando la mano para tomar la de ella sobre la mesa—. Aunque me hagas grabar vlogs a las tres de la mañana o me obligues a probar dulces asquerosos para un video.
Lyna soltó una carcajada que espantó a unos pájaros que descansaban cerca.
—Eso es parte del contrato de noviazgo, lo sabes.
—Lo sé, y lo firmaría mil veces más.
Se quedaron un rato más allí, disfrutando del silencio compartido que solo tienen las parejas que se conocen a la perfección. No había necesidad de llenar cada segundo con palabras. El simple hecho de estar presentes era suficiente.
Más tarde, mientras se preparaban para dormir, Lyna se miró al espejo del baño. Se sentía plena. Su canal seguía creciendo, su familia estaba bien, y tenía al hombre que amaba en la habitación de al lado, esperándola para ver una película antes de cerrar los ojos.
—¡Evelyn! ¿Vas a tardar mucho? —gritó Cerso desde la cama—. ¡Ya puse la película y no quiero empezar sin vos!
—¡Ya voy, impaciente! —gritó ella de vuelta, terminando de lavarse la cara.
Apagó la luz del baño y caminó hacia el dormitorio. Al entrar, vio a Cerso acomodando las almohadas para que ambos estuvieran cómodos. Se metió bajo las mantas, sintiendo el calor que él desprendía.
—¿Qué vamos a ver? —preguntó ella, apoyando la cabeza en su pecho.
—Una de esas de suspenso que te gustan —respondió él, rodeándola con sus brazos—. Pero si te asustas, no me culpes si no te dejo dormir con la luz prendida.
—Sabes perfectamente que la que termina cuidándote soy yo —replicó Lyna con una sonrisa pícara.
Cerso soltó una risita y le dio un beso en la sien.
—Tal vez tengas razón. Pero mientras estemos juntos, que venga cualquier monstruo de película.
La pantalla se iluminó, proyectando sombras en las paredes de la habitación. En ese rincón del mundo, el tiempo parecía detenerse. No había "qué hubiera pasado si...", solo había un "ahora". Un ahora donde Lyna y Cerso seguían siendo ese equipo invencible que desafiaba cualquier estadística de las relaciones modernas.
A mitad de la película, Lyna sintió que el sueño empezaba a ganarle la batalla. Cerró los ojos por un momento, escuchando los latidos rítmicos del corazón de Cerso. En ese estado de duermevela, pensó en lo extraño que es el destino. A veces, la decisión de quedarse es mucho más valiente que la de marcharse. Y ella se alegraba, cada segundo de su vida, de haber sido valiente.
—Te quiero, Cerso —susurró, casi sin darse cuenta.
Él, que también estaba a punto de dormirse, apretó suavemente su mano.
—Yo también te quiero, Lyna. Siempre.
Y así, bajo el mismo cielo que los vio crecer, se durmieron con la certeza de que no había otro lugar en el mundo, ni otra vida posible, donde quisieran estar. El amor que habían construido era su refugio, su hogar y su mejor aventura. Sin distracciones, sin terceros, sin rupturas definitivas. Solo ellos dos, escribiendo su propia historia, un día a la vez.
