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Avengers emh earth 8096 reaccionan Dante devil may cry Netflix (2025-2026)
Fandom: Devil may cry y Avengers emh
Created: 5/18/2026
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ActionAdventureCrossoverIsekai / Portal FantasyScience FictionFantasyHumorBuddy MovieAU (Alternate Universe)Canon Setting
Ecos del Infierno y el Acero: El Espejo de las Realidades
La Mansión de los Vengadores aún conservaba las cicatrices de la reciente batalla. El asalto de los Maestros del Mal había dejado una marca no solo en las paredes de la residencia, sino también en el espíritu del equipo. Tras la derrota de la agrupación liderada por el Barón Zemo, la calma parecía haber retornado, pero para Tony Stark, la calma era simplemente una oportunidad para que el aburrimiento se transformara en una peligrosa curiosidad científica.
En el laboratorio central, rodeado de hologramas y cables que zumbaban con una energía azulada, Iron Man ajustaba los últimos parámetros de una consola masiva. A su alrededor, el resto de los Vengadores observaba con una mezcla de escepticismo y cansancio. El Capitán América mantenía los brazos cruzados, Thor sostenía su martillo con firmeza, y Hulk simplemente gruñía mientras buscaba un lugar cómodo donde sentarse sin romper nada. Pantera Negra, Avispa, el Hombre Hormiga y Ojo de Halcón completaban el grupo, todos expectantes ante el nuevo "juguete" de Stark.
—¿Puedes explicarnos de nuevo por qué necesitamos una televisión gigante que se alimenta de la Zona Negativa, Tony? —preguntó Avispa, revoloteando cerca de la cabeza del millonario.
—No es una televisión, Jan —respondió Tony sin apartar la vista de los monitores—. Es un Visualizador Multiversal. Tras el incidente con Zemo y su equipo, me di cuenta de que nuestra realidad es solo una capa de un pastel mucho más grande. Gracias a la energía residual de la Zona Negativa que Jarvis y yo logramos canalizar, ahora podemos sintonizar frecuencias de otros universos.
—¿Y para qué sirve eso exactamente? —intervino Ojo de Halcón, jugueteando con una flecha—. ¿Para ver programas de otros mundos donde no hayamos sido casi derrotados por un tipo con una bolsa morada en la cabeza?
—Para prepararnos, Clint —dijo el Capitán América con tono severo—. Si existen otras realidades, existen otras amenazas. El conocimiento es nuestra mejor defensa.
En ese momento, una serie de luces rojas parpadearon en la consola de mando. Una voz sintética y elegante resonó en toda la habitación.
—Señor, la conexión con el nexo interdimensional se ha estabilizado —anunció Jarvis—. Sin embargo, parece que hay una interferencia externa. Algo, o alguien, está intentando observar desde el otro lado. O quizás, desde nuestro propio lado.
De repente, una explosión de energía oscura sacudió el laboratorio. Los Vengadores se pusieron en guardia instantáneamente. Del portal que Stark había abierto, no salieron monstruos, sino figuras que conocían demasiado bien. El Barón Zemo, la Encantadora, el Ejecutor, Abominación, Dínamo Carmesí y Wonder Man aparecieron en el centro de la sala, rodeados por un aura de energía inestable.
—¡Stark! —rugió Zemo, desenvainando su espada—. Tus experimentos con la Zona Negativa han abierto una brecha que incluso nosotros no podíamos ignorar. Si vas a mirar al abismo, asegúrate de que tus enemigos no estén mirando también.
—¡Zemo! ¿Cómo escaparon? —exclamó Pantera Negra, adoptando su postura de combate.
—No hemos escapado de nuestra celda, gato —siseó la Encantadora con una sonrisa maliciosa—. Simplemente hemos aprovechado el flujo de energía que tu "Héroe de Hierro" ha desatado. Queremos ver qué maravillas o terrores planea traer a nuestro mundo.
—¡Basta de charlas! —gritó Thor, alzando el Mjölnir—. ¡Regresen a su cautiverio o sufran la ira del trueno!
—Esperen —intervino Tony, levantando una mano metálica—. Miren la pantalla. Se ha activado sola.
La enorme pantalla multiversal dejó de mostrar estática y comenzó a proyectar una imagen nítida. No era Nueva York, ni Asgard, ni Wakanda. Era una ciudad sumida en una noche perpetua, donde la arquitectura gótica se mezclaba con la decadencia moderna. En el centro de la imagen, un hombre caminaba con una despreocupación que rayaba en la insolencia.
Vestía una gabardina de cuero rojo que ondeaba con el viento. Su cabello era de un blanco plateado y en su espalda cargaba una espada de proporciones colosales con una empuñadura en forma de calavera. En sus manos, dos pistolas —una negra y otra plateada— parecían extensiones de sus propios brazos.
—¿Quién es ese? —preguntó el Hombre Hormiga, intrigado por la figura—. No parece un héroe, pero tampoco un villano común.
—Su nombre es Dante —respondió Jarvis, analizando los datos que fluían desde la pantalla—. Los registros de esa realidad lo identifican como un "Hijo de Sparda". Un cazador de demonios.
En la pantalla, Dante se detuvo frente a una horda de criaturas grotescas que parecían hechas de sombras y sangre. El hombre soltó una carcajada burlona y sacó un trozo de pizza de una caja que llevaba bajo el brazo antes de empezar la masacre.
—Vaya, ese tipo tiene estilo —comentó Ojo de Halcón, bajando ligeramente su arco—. Me agrada.
—Es un guerrero formidable —observó Thor, con un brillo de respeto en sus ojos—. Su aura no es humana, pero tampoco es puramente demoníaca. Hay una dualidad en él que me resulta familiar.
—Miren cómo se mueve —dijo el Capitán América, analizando la técnica de Dante—. No solo pelea, está... divirtiéndose. Es peligroso. Alguien con ese poder y esa actitud puede ser un aliado valioso o una catástrofe andante.
En el lado de los villanos, el Barón Zemo observaba con envidia y cálculo.
—Esa espada... —susurró Zemo—. Puedo sentir el poder que emana incluso a través de esta ventana dimensional. Si pudiéramos traer a alguien así a nuestro bando, los Vengadores no serían más que un recuerdo.
—No seas tonto, Barón —replicó la Encantadora, cruzándose de brazos—. Ese hombre no sirve a nadie más que a sí mismo. Su voluntad es tan afilada como su acero. No es alguien a quien puedas controlar con promesas de poder.
Dante, en la pantalla, acababa de despachar al último de los demonios con una pirueta acrobática y un disparo preciso de su pistola Ebony. Se guardó las armas, se sacudió el polvo de la gabardina y, para sorpresa de todos los presentes en la Mansión de los Vengadores, miró directamente a la "cámara".
—¿Saben? —dijo Dante, su voz filtrándose a través de los altavoces de Stark con una claridad asombrosa—. Siento como si un montón de tipos disfrazados me estuvieran mirando. Espero que estén disfrutando el espectáculo, porque la entrada no es barata.
—¿Nos puede oír? —preguntó Avispa, retrocediendo un paso—. ¡Tony, dijiste que esto era solo una observación!
—¡Debería serlo! —exclamó Tony, tecleando frenéticamente—. Pero la energía de la Zona Negativa está creando un puente bidireccional. No solo lo estamos viendo, estamos conectando nuestras realidades.
Dante sonrió, una sonrisa llena de colmillos y confianza.
—Si tanto quieren conocerme, ¿por qué no vienen aquí? O mejor aún... —Dante desenvainó su espada, Rebellion, y la clavó en el suelo—. ¿Por qué no voy yo hacia allá? Tengo una cuenta pendiente con un par de demonios y este lugar me está empezando a aburrir.
—¡Cierra el portal, Stark! —ordenó el Capitán América.
—¡Lo intento, pero la fuente de energía está sobrecargada! —gritó Tony mientras las chispas saltaban de su armadura.
Abominación, aprovechando el caos, se lanzó hacia la pantalla.
—¡Si ese debilucho de rojo puede cruzar, yo también puedo! —rugió el gigante verde de escamas.
—¡No, idiota! —gritó Zemo, pero era tarde.
La pantalla multiversal estalló en un fulgor de luz blanca y roja. La onda expansiva lanzó a Vengadores y Maestros del Mal por igual contra las paredes del laboratorio. El humo llenó la habitación, mezclándose con el olor a ozono y azufre.
Cuando el humo comenzó a disiparse, una figura permanecía de pie en el centro del cráter que antes era el generador de Stark. El hombre de la gabardina roja se rascó la nuca y miró a su alrededor con curiosidad.
—Vaya... —dijo Dante, observando la tecnología de punta y a los seres superpoderosos que lo rodeaban—. Definitivamente, esto no es mi oficina. Aunque debo decir que la decoración es interesante. ¿Quién de ustedes es el que manda aquí? Espero que tengan pizza, el viaje me dio hambre.
Los Vengadores se pusieron en pie, sus armas listas. Los Maestros del Mal hicieron lo propio, recuperándose del impacto. El Barón Zemo dio un paso al frente, con su espada apuntando al recién llegado.
—No sé quién eres ni de dónde vienes, extranjero —dijo Zemo con voz gélida—, pero has entrado en un campo de batalla.
Dante soltó una risita y apoyó su espada sobre su hombro.
—¿Campo de batalla? —Miró a los Vengadores, luego a los villanos, y finalmente a Iron Man—. Amigo de la armadura brillante, tu televisor está roto. Pero no te preocupes, acepto pagos en efectivo o en trabajos de exterminio.
—Tony... —susurró el Capitán América sin quitarle el ojo de encima a Dante—. Dime que tienes un plan para esto.
—Mi plan era ver el multiverso desde el sofá, Cap —respondió Stark, mientras su casco se cerraba con un chasquido metálico—. Pero parece que el multiverso decidió venir a visitarnos. Jarvis, inicia el protocolo de contingencia "Invitado Inesperado".
—Ya está en marcha, señor —respondió la IA—. Aunque me temo que el señor Dante no parece ajustarse a ninguno de nuestros modelos de amenaza conocidos.
Hulk dio un paso adelante, haciendo que el suelo temblara.
—¡Hulk aplastar hombre rojo! —rugió el gigante.
Dante no se inmutó. Al contrario, sus ojos brillaron con una luz roja intensa por un segundo.
—¿Un tipo grande y verde? —Dante sonrió de lado—. He peleado con cosas más feas en el desayuno. Adelante, grandullón. Hagamos que esto sea entretenido.
—¡Esperen! —gritó Stark—. ¡No sabemos qué efecto tendrá una pelea de este nivel en la estabilidad de nuestra realidad! Zemo, si tienes algo de cerebro, ordena a tus hombres que se retiren. Esto es un problema científico, no una guerra.
—Es una oportunidad, Stark —replicó Zemo—. Y yo nunca desperdicio una oportunidad.
La tensión en la sala era casi tangible. Dieciséis seres de inmenso poder, divididos por el odio y la ambición, y en medio de ellos, un cazador de demonios que parecía estar disfrutando cada segundo del caos inminente.
Dante lanzó una moneda al aire. El silencio se apoderó del laboratorio mientras el metal giraba en el espacio.
—Cara, los ayudo a limpiar este desastre —dijo Dante mientras la moneda caía—. Cruz... bueno, simplemente me sentaré a ver cómo se matan entre ustedes.
La moneda aterrizó en la palma de su mano. Dante la miró y luego cerró el puño con una sonrisa enigmática.
—Parece que hoy es su día de suerte, Vengadores. O quizás el peor día de sus vidas, Maestros del Mal.
Dante desenvainó a Rebellion con un movimiento tan rápido que el aire mismo pareció cortarse.
—¡Slam dunk! —exclamó, lanzándose hacia la Abominación con una velocidad sobrehumana.
La batalla por el destino de dos mundos acababa de comenzar en el corazón de la Mansión de los Vengadores, y las reglas del juego habían cambiado para siempre. Tony Stark, mientras disparaba sus rayos repulsores para desviar un ataque de Dínamo Carmesí, solo pudo pensar en una cosa: la próxima vez, simplemente compraría un televisor normal.
En el laboratorio central, rodeado de hologramas y cables que zumbaban con una energía azulada, Iron Man ajustaba los últimos parámetros de una consola masiva. A su alrededor, el resto de los Vengadores observaba con una mezcla de escepticismo y cansancio. El Capitán América mantenía los brazos cruzados, Thor sostenía su martillo con firmeza, y Hulk simplemente gruñía mientras buscaba un lugar cómodo donde sentarse sin romper nada. Pantera Negra, Avispa, el Hombre Hormiga y Ojo de Halcón completaban el grupo, todos expectantes ante el nuevo "juguete" de Stark.
—¿Puedes explicarnos de nuevo por qué necesitamos una televisión gigante que se alimenta de la Zona Negativa, Tony? —preguntó Avispa, revoloteando cerca de la cabeza del millonario.
—No es una televisión, Jan —respondió Tony sin apartar la vista de los monitores—. Es un Visualizador Multiversal. Tras el incidente con Zemo y su equipo, me di cuenta de que nuestra realidad es solo una capa de un pastel mucho más grande. Gracias a la energía residual de la Zona Negativa que Jarvis y yo logramos canalizar, ahora podemos sintonizar frecuencias de otros universos.
—¿Y para qué sirve eso exactamente? —intervino Ojo de Halcón, jugueteando con una flecha—. ¿Para ver programas de otros mundos donde no hayamos sido casi derrotados por un tipo con una bolsa morada en la cabeza?
—Para prepararnos, Clint —dijo el Capitán América con tono severo—. Si existen otras realidades, existen otras amenazas. El conocimiento es nuestra mejor defensa.
En ese momento, una serie de luces rojas parpadearon en la consola de mando. Una voz sintética y elegante resonó en toda la habitación.
—Señor, la conexión con el nexo interdimensional se ha estabilizado —anunció Jarvis—. Sin embargo, parece que hay una interferencia externa. Algo, o alguien, está intentando observar desde el otro lado. O quizás, desde nuestro propio lado.
De repente, una explosión de energía oscura sacudió el laboratorio. Los Vengadores se pusieron en guardia instantáneamente. Del portal que Stark había abierto, no salieron monstruos, sino figuras que conocían demasiado bien. El Barón Zemo, la Encantadora, el Ejecutor, Abominación, Dínamo Carmesí y Wonder Man aparecieron en el centro de la sala, rodeados por un aura de energía inestable.
—¡Stark! —rugió Zemo, desenvainando su espada—. Tus experimentos con la Zona Negativa han abierto una brecha que incluso nosotros no podíamos ignorar. Si vas a mirar al abismo, asegúrate de que tus enemigos no estén mirando también.
—¡Zemo! ¿Cómo escaparon? —exclamó Pantera Negra, adoptando su postura de combate.
—No hemos escapado de nuestra celda, gato —siseó la Encantadora con una sonrisa maliciosa—. Simplemente hemos aprovechado el flujo de energía que tu "Héroe de Hierro" ha desatado. Queremos ver qué maravillas o terrores planea traer a nuestro mundo.
—¡Basta de charlas! —gritó Thor, alzando el Mjölnir—. ¡Regresen a su cautiverio o sufran la ira del trueno!
—Esperen —intervino Tony, levantando una mano metálica—. Miren la pantalla. Se ha activado sola.
La enorme pantalla multiversal dejó de mostrar estática y comenzó a proyectar una imagen nítida. No era Nueva York, ni Asgard, ni Wakanda. Era una ciudad sumida en una noche perpetua, donde la arquitectura gótica se mezclaba con la decadencia moderna. En el centro de la imagen, un hombre caminaba con una despreocupación que rayaba en la insolencia.
Vestía una gabardina de cuero rojo que ondeaba con el viento. Su cabello era de un blanco plateado y en su espalda cargaba una espada de proporciones colosales con una empuñadura en forma de calavera. En sus manos, dos pistolas —una negra y otra plateada— parecían extensiones de sus propios brazos.
—¿Quién es ese? —preguntó el Hombre Hormiga, intrigado por la figura—. No parece un héroe, pero tampoco un villano común.
—Su nombre es Dante —respondió Jarvis, analizando los datos que fluían desde la pantalla—. Los registros de esa realidad lo identifican como un "Hijo de Sparda". Un cazador de demonios.
En la pantalla, Dante se detuvo frente a una horda de criaturas grotescas que parecían hechas de sombras y sangre. El hombre soltó una carcajada burlona y sacó un trozo de pizza de una caja que llevaba bajo el brazo antes de empezar la masacre.
—Vaya, ese tipo tiene estilo —comentó Ojo de Halcón, bajando ligeramente su arco—. Me agrada.
—Es un guerrero formidable —observó Thor, con un brillo de respeto en sus ojos—. Su aura no es humana, pero tampoco es puramente demoníaca. Hay una dualidad en él que me resulta familiar.
—Miren cómo se mueve —dijo el Capitán América, analizando la técnica de Dante—. No solo pelea, está... divirtiéndose. Es peligroso. Alguien con ese poder y esa actitud puede ser un aliado valioso o una catástrofe andante.
En el lado de los villanos, el Barón Zemo observaba con envidia y cálculo.
—Esa espada... —susurró Zemo—. Puedo sentir el poder que emana incluso a través de esta ventana dimensional. Si pudiéramos traer a alguien así a nuestro bando, los Vengadores no serían más que un recuerdo.
—No seas tonto, Barón —replicó la Encantadora, cruzándose de brazos—. Ese hombre no sirve a nadie más que a sí mismo. Su voluntad es tan afilada como su acero. No es alguien a quien puedas controlar con promesas de poder.
Dante, en la pantalla, acababa de despachar al último de los demonios con una pirueta acrobática y un disparo preciso de su pistola Ebony. Se guardó las armas, se sacudió el polvo de la gabardina y, para sorpresa de todos los presentes en la Mansión de los Vengadores, miró directamente a la "cámara".
—¿Saben? —dijo Dante, su voz filtrándose a través de los altavoces de Stark con una claridad asombrosa—. Siento como si un montón de tipos disfrazados me estuvieran mirando. Espero que estén disfrutando el espectáculo, porque la entrada no es barata.
—¿Nos puede oír? —preguntó Avispa, retrocediendo un paso—. ¡Tony, dijiste que esto era solo una observación!
—¡Debería serlo! —exclamó Tony, tecleando frenéticamente—. Pero la energía de la Zona Negativa está creando un puente bidireccional. No solo lo estamos viendo, estamos conectando nuestras realidades.
Dante sonrió, una sonrisa llena de colmillos y confianza.
—Si tanto quieren conocerme, ¿por qué no vienen aquí? O mejor aún... —Dante desenvainó su espada, Rebellion, y la clavó en el suelo—. ¿Por qué no voy yo hacia allá? Tengo una cuenta pendiente con un par de demonios y este lugar me está empezando a aburrir.
—¡Cierra el portal, Stark! —ordenó el Capitán América.
—¡Lo intento, pero la fuente de energía está sobrecargada! —gritó Tony mientras las chispas saltaban de su armadura.
Abominación, aprovechando el caos, se lanzó hacia la pantalla.
—¡Si ese debilucho de rojo puede cruzar, yo también puedo! —rugió el gigante verde de escamas.
—¡No, idiota! —gritó Zemo, pero era tarde.
La pantalla multiversal estalló en un fulgor de luz blanca y roja. La onda expansiva lanzó a Vengadores y Maestros del Mal por igual contra las paredes del laboratorio. El humo llenó la habitación, mezclándose con el olor a ozono y azufre.
Cuando el humo comenzó a disiparse, una figura permanecía de pie en el centro del cráter que antes era el generador de Stark. El hombre de la gabardina roja se rascó la nuca y miró a su alrededor con curiosidad.
—Vaya... —dijo Dante, observando la tecnología de punta y a los seres superpoderosos que lo rodeaban—. Definitivamente, esto no es mi oficina. Aunque debo decir que la decoración es interesante. ¿Quién de ustedes es el que manda aquí? Espero que tengan pizza, el viaje me dio hambre.
Los Vengadores se pusieron en pie, sus armas listas. Los Maestros del Mal hicieron lo propio, recuperándose del impacto. El Barón Zemo dio un paso al frente, con su espada apuntando al recién llegado.
—No sé quién eres ni de dónde vienes, extranjero —dijo Zemo con voz gélida—, pero has entrado en un campo de batalla.
Dante soltó una risita y apoyó su espada sobre su hombro.
—¿Campo de batalla? —Miró a los Vengadores, luego a los villanos, y finalmente a Iron Man—. Amigo de la armadura brillante, tu televisor está roto. Pero no te preocupes, acepto pagos en efectivo o en trabajos de exterminio.
—Tony... —susurró el Capitán América sin quitarle el ojo de encima a Dante—. Dime que tienes un plan para esto.
—Mi plan era ver el multiverso desde el sofá, Cap —respondió Stark, mientras su casco se cerraba con un chasquido metálico—. Pero parece que el multiverso decidió venir a visitarnos. Jarvis, inicia el protocolo de contingencia "Invitado Inesperado".
—Ya está en marcha, señor —respondió la IA—. Aunque me temo que el señor Dante no parece ajustarse a ninguno de nuestros modelos de amenaza conocidos.
Hulk dio un paso adelante, haciendo que el suelo temblara.
—¡Hulk aplastar hombre rojo! —rugió el gigante.
Dante no se inmutó. Al contrario, sus ojos brillaron con una luz roja intensa por un segundo.
—¿Un tipo grande y verde? —Dante sonrió de lado—. He peleado con cosas más feas en el desayuno. Adelante, grandullón. Hagamos que esto sea entretenido.
—¡Esperen! —gritó Stark—. ¡No sabemos qué efecto tendrá una pelea de este nivel en la estabilidad de nuestra realidad! Zemo, si tienes algo de cerebro, ordena a tus hombres que se retiren. Esto es un problema científico, no una guerra.
—Es una oportunidad, Stark —replicó Zemo—. Y yo nunca desperdicio una oportunidad.
La tensión en la sala era casi tangible. Dieciséis seres de inmenso poder, divididos por el odio y la ambición, y en medio de ellos, un cazador de demonios que parecía estar disfrutando cada segundo del caos inminente.
Dante lanzó una moneda al aire. El silencio se apoderó del laboratorio mientras el metal giraba en el espacio.
—Cara, los ayudo a limpiar este desastre —dijo Dante mientras la moneda caía—. Cruz... bueno, simplemente me sentaré a ver cómo se matan entre ustedes.
La moneda aterrizó en la palma de su mano. Dante la miró y luego cerró el puño con una sonrisa enigmática.
—Parece que hoy es su día de suerte, Vengadores. O quizás el peor día de sus vidas, Maestros del Mal.
Dante desenvainó a Rebellion con un movimiento tan rápido que el aire mismo pareció cortarse.
—¡Slam dunk! —exclamó, lanzándose hacia la Abominación con una velocidad sobrehumana.
La batalla por el destino de dos mundos acababa de comenzar en el corazón de la Mansión de los Vengadores, y las reglas del juego habían cambiado para siempre. Tony Stark, mientras disparaba sus rayos repulsores para desviar un ataque de Dínamo Carmesí, solo pudo pensar en una cosa: la próxima vez, simplemente compraría un televisor normal.
