
← Back
0 likes
Nueva leyenda
Fandom: Lookism
Created: 5/19/2026
Tags
ActionFantasySurvivalGraphic ViolenceDystopiaCrossoverCanon Setting
El Eclipse de México: Sangre y Voluntad
El aire en las afueras de Seúl se sentía pesado, cargado de una humedad eléctrica que precedía a la tormenta. Jinrang permanecía de pie en el centro de un almacén abandonado, su figura recortada por la luz mortecina de las lámparas fluorescentes que parpadeaban con un zumbido irritante. Su cuerpo, una obra maestra de la evolución humana perfeccionada por el Sistema, no mostraba ni un ápice de fatiga, a pesar de que sabía quién estaba por cruzar esa puerta.
Frente a él, la silueta de un hombre alto, de hombros anchos y una presencia que parecía devorar la luz, se materializó desde las sombras. Kitae Kim, el hijo mayor de Gapryong Kim, el hombre que había dejado una estela de terror en México, caminaba con una despreocupación que solo poseen los depredadores que no conocen el miedo.
—Así que tú eres el nuevo "genio" del que todos hablan —la voz de Kitae era áspera, como el metal arrastrándose sobre piedra—. Tienes unos ojos interesantes, Jinrang. Parecen los de alguien que ya ha muerto una vez.
Jinrang no respondió de inmediato. En su visión periférica, las notificaciones del Sistema parpadeaban en un azul gélido.
[ALERTA: Oponente de Rango Especial detectado: Kitae Kim]
[Misión de Supervivencia: Derrota o resiste al Rey de Seúl]
[Recompensa: Evolución de Voluntad Indomable]
—No estoy aquí por los títulos, Kitae —respondió Jinrang, ajustando su postura. Sus pies se hundieron ligeramente en el hormigón, encontrando el equilibrio perfecto—. Estoy aquí para ver si el legado de Gapryong es tan pesado como dicen, o si solo eres una sombra que huye de su propio apellido.
Kitae soltó una carcajada seca, un sonido carente de humor que erizó los vellos de la nuca de Jinrang. Sin previo aviso, el suelo bajo los pies de Kitae estalló.
La velocidad era absurda. En un parpadeo, Kitae estaba frente a él, lanzando un puñetazo descendente que llevaba la fuerza de un mazo de demolición. Jinrang lo bloqueó cruzando sus antebrazos, pero el impacto fue tal que sus rodillas se doblaron y el suelo debajo de él se agrietó en forma de telaraña.
—Bloqueaste eso —comentó Kitae, con una sonrisa salvaje—. Veamos cuántos más puedes aguantar.
La pelea estalló en una vorágine de violencia técnica. Kitae no peleaba con la elegancia de un artista marcial; su estilo era una amalgama brutal de fuerza bruta y una crueldad instintiva. Cada golpe buscaba romper huesos, desgarrar carne. Jinrang, por su parte, utilizaba la precisión absoluta de su cuerpo perfecto. Esquivaba por milímetros, permitiendo que los puños de Kitae rozaran su ropa, antes de contraatacar con golpes quirúrgicos al hígado y la mandíbula.
—¡Más fuerte! —rugió Kitae, recibiendo un rodillazo directo al pecho sin retroceder ni un centímetro—. ¡Gapryong me dio esta sangre para aplastar a insectos como tú!
Kitae agarró a Jinrang por el hombro, sus dedos hundiéndose en el músculo como garras de acero, y lo lanzó contra una columna de acero. El impacto resonó en todo el almacén. Antes de que Jinrang pudiera recuperarse, Kitae ya estaba encima, lanzando una serie de ganchos que silbaban en el aire.
Jinrang sintió el sabor metálico de la sangre en su boca. El Sistema parpadeó en rojo.
[DAÑO RECIBIDO: 15%. Activando: Voluntad Indomable]
Algo cambió en la mirada de Jinrang. El dolor, en lugar de ralentizarlo, pareció enfocarlo. Sus ojos se volvieron vidriosos, un estado de trance donde cada movimiento de Kitae se descomponía en fotogramas lentos.
—Mi turno —susurró Jinrang.
Se agachó bajo un golpe de revés de Kitae y, utilizando la fuerza de sus piernas, lanzó un uppercut que conectó de lleno en la barbilla del Rey de Seúl. La cabeza de Kitae se echó hacia atrás, y por primera vez en el combate, dio un paso hacia atrás.
Jinrang no le dio respiro. Utilizando una combinación de Muay Thai y Jeet Kune Do, desató una tormenta de golpes. Sus codos eran cuchillas, sus pies látigos de acero. Cada impacto de Jinrang resonaba como una explosión.
—¿Esto es todo? —preguntó Jinrang mientras conectaba una patada giratoria que Kitae apenas logró bloquear con el antebrazo—. ¿Esto es lo que México temía?
Kitae se limpió un hilo de sangre que corría por su labio. Sus ojos brillaban con una locura creciente. No estaba asustado; estaba emocionado.
—Eres bueno... eres realmente bueno —dijo Kitae, su voz bajando a un susurro peligroso—. Pero hay una diferencia entre nosotros, Jinrang. Tú peleas para ganar. Yo peleo para borrarte de la existencia.
Kitae cambió su postura. Ya no era un luchador; era una bestia. Se lanzó hacia adelante, ignorando por completo su propia defensa. Jinrang le propinó un golpe directo al plexo solar, pero Kitae ni siquiera parpadeó. En su lugar, atrapó la cabeza de Jinrang y le propinó un cabezazo tan brutal que la visión de Jinrang se volvió blanca momentáneamente.
—¡Sangra para mí! —gritó Kitae, estrellando a Jinrang contra el suelo y empezando a descargar puñetazos de martillo.
Jinrang sentía que sus huesos crujían. Cada golpe de Kitae era como si un edificio cayera sobre él. El Sistema gritaba advertencias, pero Jinrang las ignoró todas. En lo más profundo de su ser, su voluntad indomable se encendió como una supernova. No era una cuestión de estadísticas o de un cuerpo perfecto; era el rechazo absoluto a ser derrotado.
—No... voy... a caer —gruñó Jinrang entre dientes.
Sus manos se cerraron alrededor de las muñecas de Kitae con una fuerza que sorprendió al gigante. Jinrang utilizó sus abdominales para impulsarse, lanzando sus piernas alrededor del cuello de Kitae y realizando una transición rápida hacia una palanca de brazo, pero Kitae era demasiado fuerte. El Rey simplemente se puso de pie, levantando a Jinrang en el aire con un solo brazo.
—Vuela, pajarito —dijo Kitae, lanzándolo contra el techo del almacén.
Jinrang golpeó las vigas de madera y cayó desde una altura de cinco metros. Antes de tocar el suelo, logró girar en el aire y aterrizar sobre una rodilla, jadeando. Su camiseta estaba hecha jirones y su pecho mostraba los hematomas morados de los golpes de Kitae.
—Es increíble —dijo Kitae, caminando lentamente hacia él—. Cualquier otro hombre ya sería un montón de carne picada. Tu cuerpo es... especial. Casi parece diseñado para esto.
—No fue diseñado —respondió Jinrang, poniéndose de pie con esfuerzo, su espalda enderezándose pulgada a pulgada—. Fue ganado. Cada cicatriz, cada gramo de músculo. No entiendes lo que es empezar desde la nada, Kitae. Tú naciste con el oro en las venas. Yo forjé mi propio oro en el fuego.
Jinrang cerró los ojos por un segundo. El Sistema finalmente se estabilizó.
[Habilidad Desbloqueada: Sincronía Total de Voluntad]
[Estado: El Genio que sobrepasa los límites]
Cuando Jinrang abrió los ojos, su aura había cambiado. Ya no era solo presión; era una calma absoluta, el ojo del huracán.
Kitae frunció el ceño. Por primera vez, sintió una punzada de duda. Lanzó un golpe directo al rostro de Jinrang, pero este simplemente movió la cabeza un centímetro a la izquierda. Sin movimientos desperdiciados, Jinrang hundió su puño en las costillas de Kitae. El sonido del hueso rompiéndose fue claro en el silencio del almacén.
—¡Gah! —Kitae retrocedió, sujetándose el costado.
Jinrang no se detuvo. Se movía como una sombra, apareciendo en los ángulos muertos de Kitae. Un golpe al nervio del cuello, una patada a la parte posterior de la rodilla, un codazo al esternón. Era una ejecución técnica.
—¿Cómo... cómo te mueves así? —jadeó Kitae, intentando agarrar a Jinrang, pero sus manos solo atrapaban el aire—. ¡Quédate quieto!
—El problema de ser un monstruo, Kitae —dijo Jinrang, apareciendo detrás de él y conectando una patada ascendente en la nuca—, es que olvidas que los monstruos también pueden ser cazados.
Kitae cayó sobre sus manos y rodillas, tosiendo sangre. El Rey de Seúl, el hombre que había dominado los carteles de México, estaba humillado en el suelo. Sin embargo, una risa ronca comenzó a emanar de su garganta.
—Je... jeje... ¡JAJAJAJA! —Kitae se levantó, su rostro cubierto de sangre y sudor, con una expresión de pura euforia maníaca—. ¡Esto es! ¡Esto es lo que buscaba! ¡Alguien que realmente pueda matarme!
Kitae metió la mano en su chaqueta y sacó un hacha de carnicero oxidada. El Sistema emitió una alerta roja intermitente.
[PELIGRO: El oponente ha entrado en estado de Frenesí Homicida]
—Se acabó el juego, Jinrang —dijo Kitae, balanceando el hacha—. Ahora vamos a ver de qué color es tu voluntad cuando la desparrame por el suelo.
Jinrang no retrocedió. Extendió su mano derecha, invitándolo a acercarse. Su cuerpo perfecto estaba al límite, su voluntad indomable ardía más que nunca.
—Ven, Kitae Kim —dijo Jinrang con una voz que resonó con la autoridad de un verdadero rey—. Muéstrame si eres un hombre o simplemente una bestia que necesita ser sacrificada.
El choque final fue inminente. Kitae se lanzó con un grito primigenio, el hacha descendiendo en un arco mortal. Jinrang se movió, no para esquivar, sino para interceptar. El acero brilló bajo las luces fluorescentes mientras el destino de Seúl se decidía en ese oscuro almacén.
El impacto creó una onda de choque que rompió las ventanas restantes del edificio. Cuando el polvo se asentó, el silencio volvió a reinar. Jinrang estaba de pie, su mano sujetando firmemente la muñeca de Kitae, el filo del hacha a escasos milímetros de su hombro. Con un movimiento seco, Jinrang aplicó presión, obligando a Kitae a soltar el arma.
—Se acabó —sentenció Jinrang.
Lanzó un último golpe, una línea recta perfecta que conectó en el centro del rostro de Kitae. El Rey de Seúl salió despedido hacia atrás, atravesando una pared de madera y quedando sepultado bajo los escombros.
Jinrang permaneció allí, respirando con dificultad, mientras el Sistema procesaba los resultados.
[Misión Cumplida]
[Recompensa obtenida: Fragmento de la esencia de Gapryong Kim]
[Nivel de Voluntad: Máximo]
Jinrang miró sus manos, que temblaban ligeramente por el esfuerzo. Había ganado, pero sabía que esto era solo el comienzo. Kitae Kim no era alguien que se quedara abajo por mucho tiempo, y en el mundo de Lookism, la fuerza solo atraía a más fuerza.
—Sistema —murmuró Jinrang, mientras se daba la vuelta para salir del almacén—. Prepárate. El próximo será aún más difícil.
Caminó hacia la noche, dejando atrás el cuerpo inconsciente del hombre que una vez fue considerado invencible, mientras la lluvia comenzaba a caer, lavando la sangre del hormigón pero no el recuerdo de la batalla que acababa de cambiar el equilibrio de poder para siempre.
Frente a él, la silueta de un hombre alto, de hombros anchos y una presencia que parecía devorar la luz, se materializó desde las sombras. Kitae Kim, el hijo mayor de Gapryong Kim, el hombre que había dejado una estela de terror en México, caminaba con una despreocupación que solo poseen los depredadores que no conocen el miedo.
—Así que tú eres el nuevo "genio" del que todos hablan —la voz de Kitae era áspera, como el metal arrastrándose sobre piedra—. Tienes unos ojos interesantes, Jinrang. Parecen los de alguien que ya ha muerto una vez.
Jinrang no respondió de inmediato. En su visión periférica, las notificaciones del Sistema parpadeaban en un azul gélido.
[ALERTA: Oponente de Rango Especial detectado: Kitae Kim]
[Misión de Supervivencia: Derrota o resiste al Rey de Seúl]
[Recompensa: Evolución de Voluntad Indomable]
—No estoy aquí por los títulos, Kitae —respondió Jinrang, ajustando su postura. Sus pies se hundieron ligeramente en el hormigón, encontrando el equilibrio perfecto—. Estoy aquí para ver si el legado de Gapryong es tan pesado como dicen, o si solo eres una sombra que huye de su propio apellido.
Kitae soltó una carcajada seca, un sonido carente de humor que erizó los vellos de la nuca de Jinrang. Sin previo aviso, el suelo bajo los pies de Kitae estalló.
La velocidad era absurda. En un parpadeo, Kitae estaba frente a él, lanzando un puñetazo descendente que llevaba la fuerza de un mazo de demolición. Jinrang lo bloqueó cruzando sus antebrazos, pero el impacto fue tal que sus rodillas se doblaron y el suelo debajo de él se agrietó en forma de telaraña.
—Bloqueaste eso —comentó Kitae, con una sonrisa salvaje—. Veamos cuántos más puedes aguantar.
La pelea estalló en una vorágine de violencia técnica. Kitae no peleaba con la elegancia de un artista marcial; su estilo era una amalgama brutal de fuerza bruta y una crueldad instintiva. Cada golpe buscaba romper huesos, desgarrar carne. Jinrang, por su parte, utilizaba la precisión absoluta de su cuerpo perfecto. Esquivaba por milímetros, permitiendo que los puños de Kitae rozaran su ropa, antes de contraatacar con golpes quirúrgicos al hígado y la mandíbula.
—¡Más fuerte! —rugió Kitae, recibiendo un rodillazo directo al pecho sin retroceder ni un centímetro—. ¡Gapryong me dio esta sangre para aplastar a insectos como tú!
Kitae agarró a Jinrang por el hombro, sus dedos hundiéndose en el músculo como garras de acero, y lo lanzó contra una columna de acero. El impacto resonó en todo el almacén. Antes de que Jinrang pudiera recuperarse, Kitae ya estaba encima, lanzando una serie de ganchos que silbaban en el aire.
Jinrang sintió el sabor metálico de la sangre en su boca. El Sistema parpadeó en rojo.
[DAÑO RECIBIDO: 15%. Activando: Voluntad Indomable]
Algo cambió en la mirada de Jinrang. El dolor, en lugar de ralentizarlo, pareció enfocarlo. Sus ojos se volvieron vidriosos, un estado de trance donde cada movimiento de Kitae se descomponía en fotogramas lentos.
—Mi turno —susurró Jinrang.
Se agachó bajo un golpe de revés de Kitae y, utilizando la fuerza de sus piernas, lanzó un uppercut que conectó de lleno en la barbilla del Rey de Seúl. La cabeza de Kitae se echó hacia atrás, y por primera vez en el combate, dio un paso hacia atrás.
Jinrang no le dio respiro. Utilizando una combinación de Muay Thai y Jeet Kune Do, desató una tormenta de golpes. Sus codos eran cuchillas, sus pies látigos de acero. Cada impacto de Jinrang resonaba como una explosión.
—¿Esto es todo? —preguntó Jinrang mientras conectaba una patada giratoria que Kitae apenas logró bloquear con el antebrazo—. ¿Esto es lo que México temía?
Kitae se limpió un hilo de sangre que corría por su labio. Sus ojos brillaban con una locura creciente. No estaba asustado; estaba emocionado.
—Eres bueno... eres realmente bueno —dijo Kitae, su voz bajando a un susurro peligroso—. Pero hay una diferencia entre nosotros, Jinrang. Tú peleas para ganar. Yo peleo para borrarte de la existencia.
Kitae cambió su postura. Ya no era un luchador; era una bestia. Se lanzó hacia adelante, ignorando por completo su propia defensa. Jinrang le propinó un golpe directo al plexo solar, pero Kitae ni siquiera parpadeó. En su lugar, atrapó la cabeza de Jinrang y le propinó un cabezazo tan brutal que la visión de Jinrang se volvió blanca momentáneamente.
—¡Sangra para mí! —gritó Kitae, estrellando a Jinrang contra el suelo y empezando a descargar puñetazos de martillo.
Jinrang sentía que sus huesos crujían. Cada golpe de Kitae era como si un edificio cayera sobre él. El Sistema gritaba advertencias, pero Jinrang las ignoró todas. En lo más profundo de su ser, su voluntad indomable se encendió como una supernova. No era una cuestión de estadísticas o de un cuerpo perfecto; era el rechazo absoluto a ser derrotado.
—No... voy... a caer —gruñó Jinrang entre dientes.
Sus manos se cerraron alrededor de las muñecas de Kitae con una fuerza que sorprendió al gigante. Jinrang utilizó sus abdominales para impulsarse, lanzando sus piernas alrededor del cuello de Kitae y realizando una transición rápida hacia una palanca de brazo, pero Kitae era demasiado fuerte. El Rey simplemente se puso de pie, levantando a Jinrang en el aire con un solo brazo.
—Vuela, pajarito —dijo Kitae, lanzándolo contra el techo del almacén.
Jinrang golpeó las vigas de madera y cayó desde una altura de cinco metros. Antes de tocar el suelo, logró girar en el aire y aterrizar sobre una rodilla, jadeando. Su camiseta estaba hecha jirones y su pecho mostraba los hematomas morados de los golpes de Kitae.
—Es increíble —dijo Kitae, caminando lentamente hacia él—. Cualquier otro hombre ya sería un montón de carne picada. Tu cuerpo es... especial. Casi parece diseñado para esto.
—No fue diseñado —respondió Jinrang, poniéndose de pie con esfuerzo, su espalda enderezándose pulgada a pulgada—. Fue ganado. Cada cicatriz, cada gramo de músculo. No entiendes lo que es empezar desde la nada, Kitae. Tú naciste con el oro en las venas. Yo forjé mi propio oro en el fuego.
Jinrang cerró los ojos por un segundo. El Sistema finalmente se estabilizó.
[Habilidad Desbloqueada: Sincronía Total de Voluntad]
[Estado: El Genio que sobrepasa los límites]
Cuando Jinrang abrió los ojos, su aura había cambiado. Ya no era solo presión; era una calma absoluta, el ojo del huracán.
Kitae frunció el ceño. Por primera vez, sintió una punzada de duda. Lanzó un golpe directo al rostro de Jinrang, pero este simplemente movió la cabeza un centímetro a la izquierda. Sin movimientos desperdiciados, Jinrang hundió su puño en las costillas de Kitae. El sonido del hueso rompiéndose fue claro en el silencio del almacén.
—¡Gah! —Kitae retrocedió, sujetándose el costado.
Jinrang no se detuvo. Se movía como una sombra, apareciendo en los ángulos muertos de Kitae. Un golpe al nervio del cuello, una patada a la parte posterior de la rodilla, un codazo al esternón. Era una ejecución técnica.
—¿Cómo... cómo te mueves así? —jadeó Kitae, intentando agarrar a Jinrang, pero sus manos solo atrapaban el aire—. ¡Quédate quieto!
—El problema de ser un monstruo, Kitae —dijo Jinrang, apareciendo detrás de él y conectando una patada ascendente en la nuca—, es que olvidas que los monstruos también pueden ser cazados.
Kitae cayó sobre sus manos y rodillas, tosiendo sangre. El Rey de Seúl, el hombre que había dominado los carteles de México, estaba humillado en el suelo. Sin embargo, una risa ronca comenzó a emanar de su garganta.
—Je... jeje... ¡JAJAJAJA! —Kitae se levantó, su rostro cubierto de sangre y sudor, con una expresión de pura euforia maníaca—. ¡Esto es! ¡Esto es lo que buscaba! ¡Alguien que realmente pueda matarme!
Kitae metió la mano en su chaqueta y sacó un hacha de carnicero oxidada. El Sistema emitió una alerta roja intermitente.
[PELIGRO: El oponente ha entrado en estado de Frenesí Homicida]
—Se acabó el juego, Jinrang —dijo Kitae, balanceando el hacha—. Ahora vamos a ver de qué color es tu voluntad cuando la desparrame por el suelo.
Jinrang no retrocedió. Extendió su mano derecha, invitándolo a acercarse. Su cuerpo perfecto estaba al límite, su voluntad indomable ardía más que nunca.
—Ven, Kitae Kim —dijo Jinrang con una voz que resonó con la autoridad de un verdadero rey—. Muéstrame si eres un hombre o simplemente una bestia que necesita ser sacrificada.
El choque final fue inminente. Kitae se lanzó con un grito primigenio, el hacha descendiendo en un arco mortal. Jinrang se movió, no para esquivar, sino para interceptar. El acero brilló bajo las luces fluorescentes mientras el destino de Seúl se decidía en ese oscuro almacén.
El impacto creó una onda de choque que rompió las ventanas restantes del edificio. Cuando el polvo se asentó, el silencio volvió a reinar. Jinrang estaba de pie, su mano sujetando firmemente la muñeca de Kitae, el filo del hacha a escasos milímetros de su hombro. Con un movimiento seco, Jinrang aplicó presión, obligando a Kitae a soltar el arma.
—Se acabó —sentenció Jinrang.
Lanzó un último golpe, una línea recta perfecta que conectó en el centro del rostro de Kitae. El Rey de Seúl salió despedido hacia atrás, atravesando una pared de madera y quedando sepultado bajo los escombros.
Jinrang permaneció allí, respirando con dificultad, mientras el Sistema procesaba los resultados.
[Misión Cumplida]
[Recompensa obtenida: Fragmento de la esencia de Gapryong Kim]
[Nivel de Voluntad: Máximo]
Jinrang miró sus manos, que temblaban ligeramente por el esfuerzo. Había ganado, pero sabía que esto era solo el comienzo. Kitae Kim no era alguien que se quedara abajo por mucho tiempo, y en el mundo de Lookism, la fuerza solo atraía a más fuerza.
—Sistema —murmuró Jinrang, mientras se daba la vuelta para salir del almacén—. Prepárate. El próximo será aún más difícil.
Caminó hacia la noche, dejando atrás el cuerpo inconsciente del hombre que una vez fue considerado invencible, mientras la lluvia comenzaba a caer, lavando la sangre del hormigón pero no el recuerdo de la batalla que acababa de cambiar el equilibrio de poder para siempre.
