
← Back
0 likes
Levi y tn son hermanos y en una misión tn es devorada por un titán
Fandom: Tn x attack on titán
Created: 1/17/2026
Tags
DramaMysteryActionPost-ApocalypticDystopiaSurvivalTragedyAngst
El Retorno del Olvido
El viento azotaba con furia los muros del Distrito de Shiganshina, un lamento constante que se mezclaba con el eco de los pasos apresurados de los soldados. Un año. Un año había pasado desde aquel fatídico día en que el cielo se tiñó de rojo y la humanidad conoció el verdadero significado del terror. Para muchos, ese día trajo consigo la pérdida, el dolor y la desesperanza. Para Eren Jaeger, trajo la pérdida de su madre y la sed de venganza. Para Mikasa Ackerman, la pérdida de su familia adoptiva y la promesa de proteger a Eren a toda costa. Y para Armin Arlert, trajo la confirmación de sus peores pesadillas y la chispa de una determinación inquebrantable.
Pero para otros, ese día trajo un vacío. Un vacío que se cernía sobre la memoria colectiva, un nombre susurrado con tristeza y un rostro que se desdibujaba con el tiempo. Tn.
Nadie la había visto desde la caída del Muro María. Se había unido al Cuerpo de Exploración con una pasión desbordante, una joven valiente y llena de sueños que creía firmemente en la libertad más allá de las murallas. Su sonrisa, una mezcla de optimismo y una pizca de rebeldía, era contagiosa. Sus ojos, del color del ámbar, siempre brillaban con una curiosidad insaciable. Y su destreza en el equipo de maniobras tridimensional era comparable a la de los mejores, incluso a pesar de su corta experiencia.
Pero ese día, el día en que el Titán Colosal abrió la puerta del infierno, Tn se había desvanecido. Los relatos de los pocos supervivientes eran confusos, teñidos por el pánico y el horror. Algunos decían haberla visto luchando con ferocidad, otros la recordaban siendo engullida por la boca cavernosa de un titán, su grito ahogado por el estruendo de la destrucción. La verdad era que nadie sabía con certeza qué había pasado con ella. Se le dio por muerta, otro nombre más en la interminable lista de caídos. Su uniforme, manchado de sangre y barro, fue encontrado días después, un mudo testimonio de su valiente lucha.
Un año después, la rutina en las murallas había adquirido una nueva normalidad, una que era cualquier cosa menos normal. La humanidad se había reagrupado detrás del Muro Rose, sus recursos mermados, su espíritu fracturado, pero su voluntad de sobrevivir, sorprendentemente, aún intacta. Los jóvenes reclutas, entre ellos Eren, Mikasa y Armin, se entrenaban con una ferocidad renovada, sus mentes fijas en la venganza y en la promesa de un futuro libre.
Fue durante una de las rutinarias patrullas de reconocimiento en los límites del Distrito de Trost, una zona aún plagada de escombros y el recuerdo fresco de la reciente invasión titán, que sucedió lo impensable.
Un grupo de soldados, liderado por el Capitán Levi Ackerman, se movía con la precisión de un reloj suizo, sus ojos escaneando el paisaje en busca de cualquier anomalía. El silencio era casi opresivo, solo roto por el suave zumbido del equipo de maniobras tridimensional y el crujido de los escombros bajo sus botas. La tensión era palpable, una constante compañera de los soldados que se aventuraban más allá de la relativa seguridad de los muros.
De repente, un grito ahogado resonó en el aire. No era el grito de un titán, ni el lamento de un soldado herido. Era un grito de asombro, de incredulidad.
"¡Capitán! ¡Mire!" exclamó uno de los soldados, señalando con el dedo tembloroso hacia una pila de escombros parcialmente derrumbados.
Levi, siempre imperturbable, siguió la dirección de su mirada. Sus ojos, acostumbrados a la visión de la muerte y la destrucción, se entrecerraron. Algo se movía entre los restos de lo que una vez fue un hogar. Algo pequeño, frágil, pero inconfundiblemente humano.
Con un movimiento rápido y silencioso, Levi se acercó, su espada desenvainada, lista para cualquier amenaza. A medida que se aproximaba, la figura se hizo más clara. Era una mujer.
Estaba tumbada de lado, su cuerpo cubierto de polvo y suciedad. Su ropa, aunque andrajosa y desgarrada, parecía ser un uniforme del Cuerpo de Exploración, aunque tan descolorido y deteriorado que resultaba casi irreconocible. Su cabello, un nido de suciedad y nudos, caía sobre su rostro, ocultando sus facciones. Pero lo que realmente impactó a Levi, lo que hizo que su ya fría expresión se congelara aún más, fue el hecho de que estaba viva.
Milagrosamente viva.
Al escuchar los pasos acercarse, la mujer se movió, un gemido escapó de sus labios. Lentamente, sus ojos se abrieron. Eran del color del ámbar, pero ahora estaban velados por una neblina de confusión y miedo.
Los soldados se quedaron inmóviles, observando la escena con una mezcla de asombro y aprensión. ¿Quién era ella? ¿Cómo había sobrevivido? Y lo más importante, ¿por qué estaba aquí, en medio de la desolación, un año después de la caída de Shiganshina?
Levi se arrodilló, su voz apenas un susurro. "Soldado. ¿Estás herida?"
La mujer parpadeó, sus ojos ámbar recorriendo el rostro inexpresivo de Levi, luego los rostros aterrorizados de los otros soldados. No había reconocimiento en su mirada, solo una profunda perplejidad.
"¿Dónde... dónde estoy?" Su voz era áspera, ronca, como si no hubiera hablado en mucho tiempo.
Uno de los soldados, un joven recluta de cabello rubio y ojos azules llamado Jean Kirschtein, dio un paso adelante, su rostro pálido. "Capitán... ¿Es... es posible?"
Levi no respondió de inmediato. Sus ojos no se apartaban de la mujer. Había algo familiar en sus facciones, algo que le recordaba a los informes de los desaparecidos, a los rostros de los caídos que aún lo perseguían en sus sueños.
"¿Cuál es tu nombre, soldado?" preguntó Levi, su voz un poco más firme esta vez.
La mujer intentó hablar de nuevo, pero las palabras se ahogaron en su garganta. Frunció el ceño, como si estuviera tratando de recordar algo, algo que se le escapaba. La frustración y la desesperación se reflejaron en sus ojos.
"No... no lo sé," susurró finalmente, su voz teñida de una angustia desgarradora. "No recuerdo... nada."
Un escalofrío recorrió a los soldados. Amnesia. Después de un año en el infierno, sin recordar quién era, sin saber cómo había sobrevivido. La situación era más extraña y perturbadora de lo que cualquiera de ellos podría haber imaginado.
Levi, con un gesto de su mano, ordenó a sus hombres que la ayudaran a levantarse. Con cuidado, la mujer fue puesta de pie. Su cuerpo estaba débil y tembloroso, pero sorprendentemente ileso, aparte de algunos rasguños y contusiones. Su uniforme, aunque hecho jirones, aún llevaba el emblema de las Alas de la Libertad, descolorido y casi borrado por el tiempo y la intemperie.
Mientras la ayudaban a caminar, uno de los soldados, Connie Springer, la miró fijamente. "Espera un momento... ¿No es ella... no es la soldado que se perdió en Shiganshina? La que todos creían muerta..."
Las palabras de Connie resonaron en el aire, provocando un murmullo de incredulidad entre los demás. El nombre de Tn, ese nombre susurrado con tristeza, comenzó a formarse en las m mentes de algunos.
Levi, sin decir una palabra, la observó caminar, sus pasos vacilantes, sus ojos buscando algo, cualquier cosa, que pudiera darle una pista de su identidad. Su mente, fría y analítica, ya estaba trabajando, tratando de desentrañar este misterio. Era un caso sin precedentes. Un soldado desaparecido, dado por muerto, que reaparecía un año después sin un solo recuerdo de su pasado.
El camino de regreso al Distrito de Trost fue lento y silencioso. La noticia de su descubrimiento se extendió como un reguero de pólvora entre los soldados, provocando una mezcla de asombro, temor y una extraña esperanza. ¿Podría ser un presagio? ¿Una señal de que la humanidad aún tenía una oportunidad?
Al llegar a la base, la mujer fue llevada directamente a la enfermería. El Dr. Jaeger, el padre de Eren, que ahora servía como médico en el regimiento, examinó a la mujer con una mezcla de curiosidad profesional y una profunda preocupación.
"Sorprendente," murmuró el Dr. Jaeger, después de una exhaustiva revisión. "Aparte de la desnutrición y la amnesia, no hay heridas graves. Es casi como si... hubiera estado en animación suspendida."
La mujer, sentada en la cama de la enfermería, con un uniforme limpio y una manta alrededor de sus hombros, observaba todo con una expresión de vacío. Su mirada se posó en un espejo cercano, y por primera vez en lo que pareció una eternidad, vio su propio reflejo.
Sus ojos ámbar se abrieron de par en par, su rostro pálido se contrajo en una mueca de confusión. Su cabello, ahora limpio, revelaba mechones de un color castaño oscuro, enmarcados por un rostro que no reconocía.
"¿Quién soy yo?" susurró, la pregunta resonando en el silencio de la enfermería.
Esa noche, la noticia de la aparición de Tn se extendió por todo el Distrito de Trost, llegando a los oídos de Eren, Mikasa y Armin. La incredulidad se apoderó de ellos. Tn. La amiga que habían llorado, la compañera que habían dado por perdida. ¿Podría ser cierto?
Eren, con su habitual impulsividad, quería ir a verla de inmediato, pero fue detenido por Mikasa, quien, aunque igualmente sorprendida, mantenía la cabeza fría. "Espera, Eren. No sabemos qué le pasó. No sabemos si recuerda algo."
Armin, por su parte, estaba sumido en sus pensamientos, su mente analítica tratando de encontrar una explicación lógica para lo inexplicable. La amnesia. La supervivencia. El año de ausencia. Todo era un rompecabezas sin piezas.
A la mañana siguiente, los tres amigos se dirigieron a la enfermería, sus corazones latiendo con una mezcla de expectación y nerviosismo. Al entrar en la habitación, la vieron sentada en la cama, su mirada perdida en algún punto distante.
Eren fue el primero en hablar, su voz llena de una emoción contenida. "Tn... ¿eres tú?"
La mujer se giró, sus ojos ámbar posándose en ellos. No había reconocimiento. Solo la misma confusión y vacío que había mostrado a Levi.
Mikasa, con su habitual calma, se acercó a la cama. "Soy Mikasa. Él es Eren, y él es Armin. Éramos tus amigos. ¿No nos recuerdas?"
La mujer negó con la cabeza, sus ojos llenándose de lágrimas. "Lo siento. No... no recuerdo nada. Ni sus nombres, ni los míos. Nada."
La decepción se reflejó en los rostros de los tres amigos, pero también una profunda tristeza. La Tn que conocían, la joven valiente y llena de vida, había desaparecido. En su lugar, había una extraña, una mujer sin memoria, una sombra de lo que una vez fue.
Eren, sin embargo, se negó a rendirse. "No importa. Te ayudaremos a recordar. Te contaremos todo lo que pasó. Quién eras, qué hacías. Te ayudaremos a encontrar tu camino de regreso."
Armin, con su habitual perspicacia, se dio cuenta de algo. "Su uniforme... Sigue siendo del Cuerpo de Exploración. Y el emblema... las Alas de la Libertad."
La mujer miró el emblema en su hombro, luego levantó la vista hacia Armin, una chispa de algo, quizás curiosidad, brillando en sus ojos ámbar. "¿Las Alas de la Libertad?"
"Sí," dijo Eren, su voz llena de convicción. "Es el símbolo del Cuerpo de Exploración. Es el símbolo de la esperanza, de la lucha por la libertad. Tú eras una de nosotros, Tn. Eras una soldado valiente."
Mientras Eren hablaba, algo pareció agitarse en la mente de la mujer. Una imagen fugaz, un destello de luz, el sonido del viento silbando en sus oídos. Una sensación de familiaridad, de pertenencia, incluso si no podía recordar los detalles.
Levi Ackerman, que había estado observando la escena desde la puerta, entró en la enfermería. Sus ojos se fijaron en la mujer. "Tenemos que descubrir qué te pasó, soldado. Cómo sobreviviste. Tu caso podría ser vital para la supervivencia de la humanidad."
La mujer lo miró, sus ojos ámbar llenos de una determinación recién descubierta. "Quiero saberlo. Quiero saber quién soy. Quiero recordar."
Y así comenzó la nueva vida de Tn, una vida sin recuerdos, pero llena de la promesa de un futuro por descubrir. Un futuro en el que tendría que reconstruir su identidad, pieza por pieza, en un mundo asediado por titanes. Un mundo que, sin saberlo, la había devuelto, un año después, para jugar un papel crucial en la lucha por la supervivencia de la humanidad. El retorno del olvido, un misterio envuelto en la tragedia, pero con la chispa de una nueva esperanza.
Pero para otros, ese día trajo un vacío. Un vacío que se cernía sobre la memoria colectiva, un nombre susurrado con tristeza y un rostro que se desdibujaba con el tiempo. Tn.
Nadie la había visto desde la caída del Muro María. Se había unido al Cuerpo de Exploración con una pasión desbordante, una joven valiente y llena de sueños que creía firmemente en la libertad más allá de las murallas. Su sonrisa, una mezcla de optimismo y una pizca de rebeldía, era contagiosa. Sus ojos, del color del ámbar, siempre brillaban con una curiosidad insaciable. Y su destreza en el equipo de maniobras tridimensional era comparable a la de los mejores, incluso a pesar de su corta experiencia.
Pero ese día, el día en que el Titán Colosal abrió la puerta del infierno, Tn se había desvanecido. Los relatos de los pocos supervivientes eran confusos, teñidos por el pánico y el horror. Algunos decían haberla visto luchando con ferocidad, otros la recordaban siendo engullida por la boca cavernosa de un titán, su grito ahogado por el estruendo de la destrucción. La verdad era que nadie sabía con certeza qué había pasado con ella. Se le dio por muerta, otro nombre más en la interminable lista de caídos. Su uniforme, manchado de sangre y barro, fue encontrado días después, un mudo testimonio de su valiente lucha.
Un año después, la rutina en las murallas había adquirido una nueva normalidad, una que era cualquier cosa menos normal. La humanidad se había reagrupado detrás del Muro Rose, sus recursos mermados, su espíritu fracturado, pero su voluntad de sobrevivir, sorprendentemente, aún intacta. Los jóvenes reclutas, entre ellos Eren, Mikasa y Armin, se entrenaban con una ferocidad renovada, sus mentes fijas en la venganza y en la promesa de un futuro libre.
Fue durante una de las rutinarias patrullas de reconocimiento en los límites del Distrito de Trost, una zona aún plagada de escombros y el recuerdo fresco de la reciente invasión titán, que sucedió lo impensable.
Un grupo de soldados, liderado por el Capitán Levi Ackerman, se movía con la precisión de un reloj suizo, sus ojos escaneando el paisaje en busca de cualquier anomalía. El silencio era casi opresivo, solo roto por el suave zumbido del equipo de maniobras tridimensional y el crujido de los escombros bajo sus botas. La tensión era palpable, una constante compañera de los soldados que se aventuraban más allá de la relativa seguridad de los muros.
De repente, un grito ahogado resonó en el aire. No era el grito de un titán, ni el lamento de un soldado herido. Era un grito de asombro, de incredulidad.
"¡Capitán! ¡Mire!" exclamó uno de los soldados, señalando con el dedo tembloroso hacia una pila de escombros parcialmente derrumbados.
Levi, siempre imperturbable, siguió la dirección de su mirada. Sus ojos, acostumbrados a la visión de la muerte y la destrucción, se entrecerraron. Algo se movía entre los restos de lo que una vez fue un hogar. Algo pequeño, frágil, pero inconfundiblemente humano.
Con un movimiento rápido y silencioso, Levi se acercó, su espada desenvainada, lista para cualquier amenaza. A medida que se aproximaba, la figura se hizo más clara. Era una mujer.
Estaba tumbada de lado, su cuerpo cubierto de polvo y suciedad. Su ropa, aunque andrajosa y desgarrada, parecía ser un uniforme del Cuerpo de Exploración, aunque tan descolorido y deteriorado que resultaba casi irreconocible. Su cabello, un nido de suciedad y nudos, caía sobre su rostro, ocultando sus facciones. Pero lo que realmente impactó a Levi, lo que hizo que su ya fría expresión se congelara aún más, fue el hecho de que estaba viva.
Milagrosamente viva.
Al escuchar los pasos acercarse, la mujer se movió, un gemido escapó de sus labios. Lentamente, sus ojos se abrieron. Eran del color del ámbar, pero ahora estaban velados por una neblina de confusión y miedo.
Los soldados se quedaron inmóviles, observando la escena con una mezcla de asombro y aprensión. ¿Quién era ella? ¿Cómo había sobrevivido? Y lo más importante, ¿por qué estaba aquí, en medio de la desolación, un año después de la caída de Shiganshina?
Levi se arrodilló, su voz apenas un susurro. "Soldado. ¿Estás herida?"
La mujer parpadeó, sus ojos ámbar recorriendo el rostro inexpresivo de Levi, luego los rostros aterrorizados de los otros soldados. No había reconocimiento en su mirada, solo una profunda perplejidad.
"¿Dónde... dónde estoy?" Su voz era áspera, ronca, como si no hubiera hablado en mucho tiempo.
Uno de los soldados, un joven recluta de cabello rubio y ojos azules llamado Jean Kirschtein, dio un paso adelante, su rostro pálido. "Capitán... ¿Es... es posible?"
Levi no respondió de inmediato. Sus ojos no se apartaban de la mujer. Había algo familiar en sus facciones, algo que le recordaba a los informes de los desaparecidos, a los rostros de los caídos que aún lo perseguían en sus sueños.
"¿Cuál es tu nombre, soldado?" preguntó Levi, su voz un poco más firme esta vez.
La mujer intentó hablar de nuevo, pero las palabras se ahogaron en su garganta. Frunció el ceño, como si estuviera tratando de recordar algo, algo que se le escapaba. La frustración y la desesperación se reflejaron en sus ojos.
"No... no lo sé," susurró finalmente, su voz teñida de una angustia desgarradora. "No recuerdo... nada."
Un escalofrío recorrió a los soldados. Amnesia. Después de un año en el infierno, sin recordar quién era, sin saber cómo había sobrevivido. La situación era más extraña y perturbadora de lo que cualquiera de ellos podría haber imaginado.
Levi, con un gesto de su mano, ordenó a sus hombres que la ayudaran a levantarse. Con cuidado, la mujer fue puesta de pie. Su cuerpo estaba débil y tembloroso, pero sorprendentemente ileso, aparte de algunos rasguños y contusiones. Su uniforme, aunque hecho jirones, aún llevaba el emblema de las Alas de la Libertad, descolorido y casi borrado por el tiempo y la intemperie.
Mientras la ayudaban a caminar, uno de los soldados, Connie Springer, la miró fijamente. "Espera un momento... ¿No es ella... no es la soldado que se perdió en Shiganshina? La que todos creían muerta..."
Las palabras de Connie resonaron en el aire, provocando un murmullo de incredulidad entre los demás. El nombre de Tn, ese nombre susurrado con tristeza, comenzó a formarse en las m mentes de algunos.
Levi, sin decir una palabra, la observó caminar, sus pasos vacilantes, sus ojos buscando algo, cualquier cosa, que pudiera darle una pista de su identidad. Su mente, fría y analítica, ya estaba trabajando, tratando de desentrañar este misterio. Era un caso sin precedentes. Un soldado desaparecido, dado por muerto, que reaparecía un año después sin un solo recuerdo de su pasado.
El camino de regreso al Distrito de Trost fue lento y silencioso. La noticia de su descubrimiento se extendió como un reguero de pólvora entre los soldados, provocando una mezcla de asombro, temor y una extraña esperanza. ¿Podría ser un presagio? ¿Una señal de que la humanidad aún tenía una oportunidad?
Al llegar a la base, la mujer fue llevada directamente a la enfermería. El Dr. Jaeger, el padre de Eren, que ahora servía como médico en el regimiento, examinó a la mujer con una mezcla de curiosidad profesional y una profunda preocupación.
"Sorprendente," murmuró el Dr. Jaeger, después de una exhaustiva revisión. "Aparte de la desnutrición y la amnesia, no hay heridas graves. Es casi como si... hubiera estado en animación suspendida."
La mujer, sentada en la cama de la enfermería, con un uniforme limpio y una manta alrededor de sus hombros, observaba todo con una expresión de vacío. Su mirada se posó en un espejo cercano, y por primera vez en lo que pareció una eternidad, vio su propio reflejo.
Sus ojos ámbar se abrieron de par en par, su rostro pálido se contrajo en una mueca de confusión. Su cabello, ahora limpio, revelaba mechones de un color castaño oscuro, enmarcados por un rostro que no reconocía.
"¿Quién soy yo?" susurró, la pregunta resonando en el silencio de la enfermería.
Esa noche, la noticia de la aparición de Tn se extendió por todo el Distrito de Trost, llegando a los oídos de Eren, Mikasa y Armin. La incredulidad se apoderó de ellos. Tn. La amiga que habían llorado, la compañera que habían dado por perdida. ¿Podría ser cierto?
Eren, con su habitual impulsividad, quería ir a verla de inmediato, pero fue detenido por Mikasa, quien, aunque igualmente sorprendida, mantenía la cabeza fría. "Espera, Eren. No sabemos qué le pasó. No sabemos si recuerda algo."
Armin, por su parte, estaba sumido en sus pensamientos, su mente analítica tratando de encontrar una explicación lógica para lo inexplicable. La amnesia. La supervivencia. El año de ausencia. Todo era un rompecabezas sin piezas.
A la mañana siguiente, los tres amigos se dirigieron a la enfermería, sus corazones latiendo con una mezcla de expectación y nerviosismo. Al entrar en la habitación, la vieron sentada en la cama, su mirada perdida en algún punto distante.
Eren fue el primero en hablar, su voz llena de una emoción contenida. "Tn... ¿eres tú?"
La mujer se giró, sus ojos ámbar posándose en ellos. No había reconocimiento. Solo la misma confusión y vacío que había mostrado a Levi.
Mikasa, con su habitual calma, se acercó a la cama. "Soy Mikasa. Él es Eren, y él es Armin. Éramos tus amigos. ¿No nos recuerdas?"
La mujer negó con la cabeza, sus ojos llenándose de lágrimas. "Lo siento. No... no recuerdo nada. Ni sus nombres, ni los míos. Nada."
La decepción se reflejó en los rostros de los tres amigos, pero también una profunda tristeza. La Tn que conocían, la joven valiente y llena de vida, había desaparecido. En su lugar, había una extraña, una mujer sin memoria, una sombra de lo que una vez fue.
Eren, sin embargo, se negó a rendirse. "No importa. Te ayudaremos a recordar. Te contaremos todo lo que pasó. Quién eras, qué hacías. Te ayudaremos a encontrar tu camino de regreso."
Armin, con su habitual perspicacia, se dio cuenta de algo. "Su uniforme... Sigue siendo del Cuerpo de Exploración. Y el emblema... las Alas de la Libertad."
La mujer miró el emblema en su hombro, luego levantó la vista hacia Armin, una chispa de algo, quizás curiosidad, brillando en sus ojos ámbar. "¿Las Alas de la Libertad?"
"Sí," dijo Eren, su voz llena de convicción. "Es el símbolo del Cuerpo de Exploración. Es el símbolo de la esperanza, de la lucha por la libertad. Tú eras una de nosotros, Tn. Eras una soldado valiente."
Mientras Eren hablaba, algo pareció agitarse en la mente de la mujer. Una imagen fugaz, un destello de luz, el sonido del viento silbando en sus oídos. Una sensación de familiaridad, de pertenencia, incluso si no podía recordar los detalles.
Levi Ackerman, que había estado observando la escena desde la puerta, entró en la enfermería. Sus ojos se fijaron en la mujer. "Tenemos que descubrir qué te pasó, soldado. Cómo sobreviviste. Tu caso podría ser vital para la supervivencia de la humanidad."
La mujer lo miró, sus ojos ámbar llenos de una determinación recién descubierta. "Quiero saberlo. Quiero saber quién soy. Quiero recordar."
Y así comenzó la nueva vida de Tn, una vida sin recuerdos, pero llena de la promesa de un futuro por descubrir. Un futuro en el que tendría que reconstruir su identidad, pieza por pieza, en un mundo asediado por titanes. Un mundo que, sin saberlo, la había devuelto, un año después, para jugar un papel crucial en la lucha por la supervivencia de la humanidad. El retorno del olvido, un misterio envuelto en la tragedia, pero con la chispa de una nueva esperanza.
