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Un nuevo comienzo

Fandom: F4 THAILAND

Created: 2/27/2026

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RomanceDramaAngstCharacter StudySoulmatesRealismPurple ProseJealousyTragedy
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Un Corazón Dividido por Dos Lunas

El sol tailandés se filtraba a través de las cortinas de seda del lujoso apartamento de Kim Ji-eun, despertándola con su cálido abrazo. Estiró sus largos brazos, sus dedos rozando el cabello negro azabache que caía como una cascada hasta su cintura. Sus ojos oscuros, normalmente brillantes con la energía de la juventud, hoy albergaban una melancolía que la acompañaba desde hacía semanas. Ji-eun había llegado a Tailandia con la intención de estudiar arte y sumergirse en una nueva cultura, pero lo que encontró fue un torbellino de emociones que la arrastraban hacia dos hombres que no podrían ser más diferentes, y a la vez, tan peligrosamente atractivos.

El primero en aparecer en su vida, o más bien, en irrumpir en ella, fue Thyme. El líder del infame F4, conocido por su arrogancia, su temperamento volátil y su innegable encanto. Su primer encuentro fue un desastre, una confrontación en el campus universitario que la dejó con la sangre hirviendo y el corazón palpitando de una manera que no le gustaba admitir. Él era el caos, el desafío, la tormenta que amenazaba con arrastrarla. Pero debajo de esa fachada de chico malo, Ji-eun había vislumbrado destellos de una vulnerabilidad, una soledad que resonaba con la suya propia. Una noche, bajo el manto de la lluvia torrencial, Thyme la encontró deambulando por las calles, perdida y asustada. En lugar de burlarse, como solía hacer, la llevó a su mansión, le ofreció ropa seca y una taza de té caliente. Fue un gesto inesperado, una grieta en su armadura que la hizo ver más allá del heredero altivo y el chico problemático.

Luego estaba Kavin. El encantador, el seductor, el tipo que podía hacer que cualquier mujer cayera rendida a sus pies con una sola sonrisa. Kavin era la calma después de la tormenta, el bálsamo que aliviaba las heridas que Thyme a veces causaba. Lo conoció en una galería de arte, donde compartieron una conversación sobre la belleza de un cuadro abstracto. Él parecía entenderla sin necesidad de palabras, sus ojos, tan profundos como el océano, reflejaban una sabiduría y una paz que la atraían irremediablemente. Kavin le enseñó los rincones ocultos de Bangkok, la llevó a mercados nocturnos llenos de vida y a templos antiguos donde el silencio se sentía sagrado. Con él, Ji-eun se sentía segura, comprendida, como si hubiera encontrado un alma gemela en un país extranjero.

La dualidad de sus sentimientos era un peso constante en su pecho. Thyme era la adrenalina, la pasión ardiente que la consumía. Kavin era la serenidad, el amor suave que florecía lentamente. Ambos la hacían sentir viva, pero de maneras tan distintas que a veces temía que su corazón se desgarrara en dos.

Esa mañana, Ji-eun tenía planes con ambos. Primero, una exposición de arte contemporáneo con Kavin, y luego, una cena en un restaurante exclusivo con Thyme, a la que él la había "invitado" con su característico tono imperativo que, extrañamente, ya no le molestaba tanto.

Se puso un vestido de lino blanco, sencillo pero elegante, y dejó su cabello suelto. Un toque de labial y estaba lista. Al salir, su teléfono vibró. Era un mensaje de Kavin: "Ya estoy abajo, ¿lista para deslumbrarme con tu belleza y tu intelecto?" Una sonrisa genuina se dibujó en sus labios. Kavin siempre sabía cómo hacerla sentir especial.

Al bajar, Kavin la esperaba apoyado en su coche deportivo, su cabello perfectamente peinado y una camisa de seda que acentuaba su figura esbelta. Sus ojos brillaron al verla. "Ji-eun, cada día te superas a ti misma. Eres un cuadro andante".

Ella se sonrojó ligeramente. "No exageres, Kavin. Estoy emocionada por la exposición".

El trayecto fue agradable, lleno de risas y conversaciones interesantes sobre arte, filosofía y los pequeños placeres de la vida. En la galería, Kavin fue un compañero atento, escuchando sus observaciones y ofreciendo las suyas propias con una perspicacia que la sorprendía. En un momento, mientras admiraban una escultura abstracta, Kavin se inclinó y susurró en su oído: "Sabes, Ji-eun, a veces siento que tu arte está en tu forma de ver el mundo. Eres tan... pura". El aliento de Kavin rozó su oreja, enviando un escalofrío por su espalda. Ella se giró para mirarlo, sus ojos encontrándose con los suyos. Por un instante, el mundo pareció desvanecerse, y solo existieron ellos dos. La tensión entre ellos era palpable, una corriente eléctrica que amenazaba con desbordarse.

"Kavin...", comenzó ella, pero él ya se había enderezado, una sonrisa suave en sus labios.

"¿Comemos algo? Conozco un lugar que prepara un Pad Thai increíble", dijo, rompiendo el hechizo. Ji-eun asintió, sintiendo una mezcla de alivio y decepción.

Después del almuerzo, Kavin la llevó de regreso a su apartamento. "Hoy ha sido un día maravilloso, Ji-eun. Gracias por compartirlo conmigo".

"Gracias a ti, Kavin", respondió ella, su voz suave. Él se inclinó, y por un momento, pensó que la besaría. En cambio, dejó un suave beso en su mejilla, una caricia que la dejó con una sensación agridulce.

"Te veré pronto", dijo, antes de subir a su coche y marcharse.

Ji-eun entró en su apartamento, el recuerdo del beso de Kavin aún cálido en su piel. Pero no tuvo mucho tiempo para reflexionar. Su teléfono volvió a vibrar. Esta vez, era Thyme. "Estoy afuera. No me hagas esperar". Su tono era brusco, pero Ji-eun no pudo evitar sonreír. Era tan típico de él.

Se puso un vestido diferente, uno de seda negra que acentuaba su figura. Unos tacones y un maquillaje un poco más atrevido. Cuando bajó, Thyme la esperaba recostado en su coche de lujo, con los brazos cruzados y una expresión impaciente. Llevaba una camisa negra desabrochada en los primeros botones y unos pantalones que se ajustaban perfectamente a sus piernas. Su cabello, normalmente impecable, estaba ligeramente revuelto, dándole un aire aún más rebelde.

"Por fin", gruñó, pero sus ojos la recorrieron de arriba abajo, una chispa de admiración encendiéndose en ellos. "Te ves... diferente".

"¿Es eso bueno o malo?", preguntó ella, cruzándose de brazos con una sonrisa desafiante.

"Bueno", admitió él, con una sonrisa ladeada. "Súbete".

El restaurante era exclusivo, con vistas panorámicas a la ciudad. Thyme, para su sorpresa, fue un anfitrión bastante agradable. Hablaron de sus estudios, de sus familias y de sus sueños. Thyme incluso le contó una anécdota divertida de su infancia, algo que rara vez compartía con alguien. Ji-eun se encontró riendo genuinamente, olvidándose por un momento de la reputación de Thyme y de la espina clavada en su corazón.

Pero la velada no estuvo exenta de la intensidad característica de Thyme. En un momento, mientras él hablaba apasionadamente sobre un proyecto empresarial, sus ojos se encontraron con los de Ji-eun. La conversación se detuvo abruptamente. El aire se cargó de una electricidad innegable. Thyme se inclinó ligeramente sobre la mesa, su voz apenas un susurro.

"Sabes, Ji-eun", dijo, su mirada fija en la suya, "cuando te conocí, pensé que eras solo otra chica molesta. Pero eres diferente. Eres... valiente. Y no te asustas de mí".

El corazón de Ji-eun dio un vuelco. La sinceridad en los ojos de Thyme era desarmante. Ella no supo qué decir.

Él sonrió, una sonrisa que no era arrogante, sino tierna. "Me gustas, Ji-eun. Me gustas mucho".

La confesión de Thyme la tomó por sorpresa. Sus mejillas se tiñeron de un profundo carmesí. Antes de que pudiera responder, un camarero se acercó para servir el postre, interrumpiendo el momento íntimo.

Después de la cena, Thyme la llevó a un mirador, un lugar secreto en lo alto de una colina donde las luces de Bangkok brillaban como estrellas en la tierra. El silencio entre ellos era diferente al de Kavin; no era una paz serena, sino una tensión cargada de emociones reprimidas.

"Gracias por la cena, Thyme", dijo ella, rompiendo el silencio.

"¿Te divertiste?", preguntó él, sin apartar la vista de la ciudad.

"Sí, mucho".

Thyme se giró para mirarla, sus ojos oscuros brillando bajo la luz de la luna. "Ji-eun", comenzó, su voz más suave de lo habitual, "no soy bueno con esto. Con los sentimientos. Pero contigo... contigo es diferente. Me haces sentir cosas que no entiendo".

Se acercó a ella, sus manos se posaron suavemente en sus brazos. El contacto eléctrico la hizo estremecer. "No sé qué es esto, Ji-eun", continuó, su voz ronca, "pero sé que te quiero cerca. Te quiero a mi lado".

Los labios de Thyme se posaron sobre los suyos con una ferocidad inesperada, un beso que era a la vez demandante y tierno. Fue un beso que la dejó sin aliento, un torbellino de emociones que la arrastró por completo. Cuando se separaron, Thyme apoyó su frente contra la de ella, sus ojos fijos en los suyos.

"Ji-eun", susurró, "no quiero que te vayas".

El regreso a su apartamento fue un borrón. Ji-eun se despidió de Thyme con un nudo en la garganta, su corazón latiendo salvajemente en su pecho. Al entrar en su habitación, se dejó caer en la cama, la cabeza girando con los eventos del día. Los labios de Thyme aún ardían en los suyos, el recuerdo del beso de Kavin aún suave en su mejilla.

¿Cómo podía su corazón dividirse de esta manera? Kavin le ofrecía la calma, la comprensión, un amor que florecía con delicadeza. Thyme le ofrecía la pasión, la emoción, un amor que la consumía con su intensidad. Ambos la hacían sentir cosas que nunca antes había experimentado, pero la idea de elegir entre ellos le parecía imposible.

Se levantó de la cama y se acercó a la ventana, contemplando las luces de la ciudad que parpadeaban en la distancia. Su reflejo en el cristal mostraba a una joven con el cabello negro desordenado y los ojos llenos de confusión. En sus 20 años, nunca había imaginado que el amor sería un laberinto tan intrincado.

Sabía que no podía seguir así, viviendo en esta encrucijada de emociones. Tarde o temprano, tendría que tomar una decisión. Pero, ¿cómo podría elegir entre dos hombres que la hacían sentir tan completa de maneras tan diferentes? ¿Cómo podría elegir entre el sol y la luna cuando ambos iluminaban su mundo?

La noche avanzaba, y con ella, la certeza de que su corazón estaba irremediablemente dividido. El amor, pensó Ji-eun, no era un cuento de hadas con un príncipe encantador. Era una batalla, una elección dolorosa que la dejaría con el corazón roto, sin importar el camino que eligiera. Su aventura en Tailandia había tomado un giro inesperado, y ahora, Kim Ji-eun, la chica coreana de cabello negro hasta la cintura y ojos llenos de misterio, se encontraba en el centro de un triángulo amoroso que amenazaba con devorarla por completo. La historia de su corazón dividido apenas comenzaba.
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