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El secuestro
Fandom: Jungkook secuestro a jimin y lo tenia en un lugar oscuro
Created: 3/5/2026
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DarkPsychologicalDramaAngstThrillerCrimeHorrorDystopia
La Oscuridad de un Amor Prohibido
El frío metal de las cadenas mordía sus muñecas, un recordatorio constante de su terrible realidad. La oscuridad era tan densa que Jimin no podía distinguir sus propias manos, mucho menos el contorno de la habitación. El aire, pesado y viciado, olía a humedad y a un dulzor extraño, casi metálico. Su corazón latía desbocado contra sus costillas, un tambor frenético que resonaba en el silencio sofocante.
¿Cuánto tiempo llevaba así? Horas, quizás días. Su mente, aún nublada por el sedante, se esforzaba por reconstruir los eventos. Un concierto, los vítores de la multitud, el caos tras bambalinas. Y luego, una mano cubriendo su boca, el olor a cloroformo, la caída en un abismo negro.
Un crujido lejano rompió el silencio, seguido por el chirrido de una puerta oxidada. Un haz de luz pálida se filtró, revelando la silueta alta y ancha de un hombre. El corazón de Jimin dio un brinco, no solo por el miedo, sino por un reconocimiento inconfundible. Esos hombros anchos, esa postura segura...
La luz se encendió con un chasquido, cegándolo por un momento. Cuando sus ojos se adaptaron, la imagen frente a él lo golpeó con la fuerza de un puñetazo. Jeon Jungkook.
No el Jungkook que conocía, el sonriente, el bromista, el talentoso maknae de BTS. Este Jungkook era diferente. Sus ojos, normalmente llenos de calidez, ahora brillaban con una intensidad fría y posesiva. El tatuaje de su brazo, una intrincada red de símbolos y dragones, parecía cobrar vida bajo la luz amarillenta. Vestía de negro, una camisa ajustada que resaltaba su musculatura, y sus jeans estaban desgastados, pero impecables. Había algo en su aura, una autoridad silenciosa que nunca había percibido antes.
Jungkook dio un paso adelante, sus botas resonando en el suelo de concreto. Una sonrisa lenta y perturbadora se extendió por sus labios, una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. Jimin sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral.
"Jiminie", la voz de Jungkook era un susurro, pero resonó en la pequeña habitación como un trueno. Era la misma voz que había escuchado en innumerables canciones, la misma voz que lo había tranquilizado en momentos de estrés. Pero ahora, tenía un matiz oscuro, casi amenazante. "Despertaste, mi amor."
Mi amor. La frase, pronunciada con esa entonación, heló la sangre de Jimin. Intentó hablar, pero su garganta estaba seca, sus cuerdas vocales se negaban a cooperar. Balbuceó un sonido ininteligible.
Jungkook se agachó, quedando a la altura de los ojos de Jimin. Su aliento cálido rozó la mejilla de este. "No intentes forzarte, mi dulce mochi. Todavía estás débil." Pasó un dedo suavemente por la mejilla de Jimin, y este se encogió ante el contacto. El roce era suave, pero la intención detrás de él era aterradora. "Te he estado esperando. Hemos esperado tanto tiempo para estar solos."
Una punzada de pánico atravesó a Jimin. "¿Qué... qué está pasando, Jungkook?" Su voz salió ronca y temblorosa. "¿Dónde estoy? ¿Por qué estoy atado?"
La sonrisa de Jungkook se amplió, revelando sus dientes blancos y perfectos. "Estás en nuestro nuevo hogar, Jiminie. Un lugar donde nadie nos encontrará, donde nadie nos molestará. Y estás atado... por tu propia seguridad, por supuesto." Se enderezó, paseando por la habitación con una calma que contrastaba con la tormenta en el corazón de Jimin. "No quiero que te hagas daño intentando escapar. Eres demasiado valioso."
Jimin lo observó, sus ojos llenos de una mezcla de confusión y horror. Este no era el Jungkook que conocía. Este era un extraño, un depredador. "¿Valioso? ¿De qué estás hablando?"
Jungkook se detuvo frente a él, sus ojos fijos en los de Jimin. "Siempre has sido valioso para mí, Jiminie. Desde el primer momento en que te vi. Tu risa, tu forma de bailar, la pasión en tus ojos... todo en ti me cautivó." Se acercó de nuevo, y esta vez, sus manos se posaron en los hombros de Jimin, apretando ligeramente. "Pero el mundo... el mundo no entendía nuestro amor. Siempre había barreras, siempre había gente que se interponía."
Jimin frunció el ceño. "¿Nuestro amor? Jungkook, ¿de qué estás hablando? Somos compañeros de grupo, amigos..."
La risa de Jungkook fue un sonido seco y sin humor. "Amigos. Sí, eso es lo que el mundo quería que fuéramos. Pero para mí, siempre fuiste más. Siempre fuiste mío. Y ahora... ahora no hay nadie que pueda decir lo contrario." Bajó la mirada hacia las cadenas en las muñecas de Jimin, acariciándolas con un dedo. "Esto es solo temporal, lo prometo. Una vez que entiendas, una vez que aceptes lo que somos, ya no las necesitarás."
El terror se apoderó de Jimin. Este hombre, su compañero de grupo, estaba loco. Completamente loco. "Jungkook, por favor, déjame ir. Esto no está bien. La gente se dará cuenta de que faltamos, nos buscarán."
"Oh, ya lo han hecho", dijo Jungkook con indiferencia, como si hablara del clima. "Pero no encontrarán nada. Soy muy bueno en esto, Jiminie. Mucho mejor de lo que crees." Se inclinó, su voz bajando a un susurro conspirador. "He estado planeando esto durante mucho tiempo. Cada detalle, cada paso. Pensaste que eran solo reuniones de negocios, ¿verdad? Esas noches en las que desaparecía. En realidad, estaba construyendo nuestro nido. Nuestro santuario."
Jimin sintió un escalofrío de repulsión. Las piezas del rompecabezas empezaron a encajar de una manera horrible. Las desapariciones repentinas de Jungkook, las llamadas telefónicas en voz baja, la mirada intensa que a veces le dedicaba y que Jimin había atribuido a la amistad. Todo era parte de esto.
"¿Eres... eres un mafioso?" La pregunta salió de sus labios antes de que pudiera detenerla.
Los ojos de Jungkook brillaron con un orgullo oscuro. "Soy muchas cosas, Jiminie. Un artista, un amigo... y sí, un hombre de negocios. Un hombre que sabe cómo conseguir lo que quiere. Y lo que quiero, lo que siempre he querido, eres tú."
Jimin cerró los ojos, sintiendo un nudo en el estómago. La realidad lo golpeó con una fuerza abrumadora. Estaba secuestrado. Por Jungkook. Su propio compañero.
"¿Por qué?" murmuró Jimin, abriendo los ojos de nuevo para mirar a Jungkook. Había desesperación en su voz. "¿Por qué me haces esto? ¿Por qué no pudiste simplemente... hablar conmigo?"
Jungkook se arrodilló de nuevo, sus manos tomando las de Jimin, a pesar de las cadenas. "Porque no habrías entendido, mi amor. Porque habrías dicho que no. Porque habrías intentado alejarte. Y no puedo vivir sin ti, Jiminie. No puedo soportar la idea de que estés con alguien más, de que sonrías para alguien más, de que bailes para alguien más." Su voz se volvió más intensa, casi febril. "Eres mío. Siempre lo has sido, incluso cuando no lo sabías."
Los ojos de Jimin se llenaron de lágrimas. "Estás enfermo, Jungkook."
La expresión de Jungkook se endureció. "No estoy enfermo, Jiminie. Estoy enamorado. Enamorado de una manera que nadie más puede entender. Una manera que me ha consumido. Y ahora, por fin, podemos estar juntos, sin interrupciones, sin juicios."
Se levantó de nuevo, su mirada recorriendo la habitación. Solo entonces Jimin notó los detalles: una cama improvisada con mantas gruesas en una esquina, una mesa pequeña con una lámpara, un fregadero oxidado. La habitación, aunque lúgubre, parecía preparada para una estancia prolongada.
"He traído algo de comida", dijo Jungkook, señalando una bolsa de papel en el suelo. "Y agua limpia. No quiero que pases hambre. Tu salud es mi prioridad." Abrió la bolsa, sacando un sándwich y una botella de agua. Se agachó de nuevo, ofreciéndoselos a Jimin. "Come. Necesitas fuerzas."
Jimin negó con la cabeza, sus lágrimas cayendo por sus mejillas. "No quiero nada de ti."
La sonrisa de Jungkook desapareció, reemplazada por una expresión de dolor. "No me hagas esto, Jiminie. No me rechaces. Lo hago por ti, por nosotros."
"¡No! ¡No lo haces por mí!" gritó Jimin, su voz elevándose con rabia y desesperación. "¡Lo haces por ti! ¡Eres un monstruo!"
El puño de Jungkook se apretó, los nudillos blanqueándose. Hubo un destello peligroso en sus ojos, pero rápidamente lo controló. Respiró hondo, su voz volviendo a ser suave, aunque con un matiz de advertencia. "No digas eso, Jiminie. No me hagas enojar. No quiero lastimarte. Nunca. Pero necesito que entiendas que esto es para siempre. No hay escape."
Se acercó a Jimin, y esta vez, el miedo puro se apoderó de él. Jungkook se inclinó, su rostro peligrosamente cerca del de Jimin. Sus ojos, antes llenos de una posesividad fría, ahora ardían con una pasión oscura y desquiciada.
"Te amo, Park Jimin", susurró Jungkook, su aliento cálido contra los labios de Jimin. "Y ahora, por fin, eres completamente mío."
Antes de que Jimin pudiera reaccionar, los labios de Jungkook se estrellaron contra los suyos. El beso fue posesivo, demandante, sin ternura. Jimin intentó apartarse, pero Jungkook lo sujetó con fuerza por la nuca, profundizando el beso. Las lágrimas de Jimin se mezclaron con el sabor salado de sus propios labios, mientras la desesperación se convertía en un grito silencioso en su interior. Este era el comienzo de su pesadilla, un infierno creado por el amor retorcido de un hombre al que una vez había llamado amigo. La oscuridad de la habitación se cernía sobre él, una prisión de la que no sabía si alguna vez podría escapar.
¿Cuánto tiempo llevaba así? Horas, quizás días. Su mente, aún nublada por el sedante, se esforzaba por reconstruir los eventos. Un concierto, los vítores de la multitud, el caos tras bambalinas. Y luego, una mano cubriendo su boca, el olor a cloroformo, la caída en un abismo negro.
Un crujido lejano rompió el silencio, seguido por el chirrido de una puerta oxidada. Un haz de luz pálida se filtró, revelando la silueta alta y ancha de un hombre. El corazón de Jimin dio un brinco, no solo por el miedo, sino por un reconocimiento inconfundible. Esos hombros anchos, esa postura segura...
La luz se encendió con un chasquido, cegándolo por un momento. Cuando sus ojos se adaptaron, la imagen frente a él lo golpeó con la fuerza de un puñetazo. Jeon Jungkook.
No el Jungkook que conocía, el sonriente, el bromista, el talentoso maknae de BTS. Este Jungkook era diferente. Sus ojos, normalmente llenos de calidez, ahora brillaban con una intensidad fría y posesiva. El tatuaje de su brazo, una intrincada red de símbolos y dragones, parecía cobrar vida bajo la luz amarillenta. Vestía de negro, una camisa ajustada que resaltaba su musculatura, y sus jeans estaban desgastados, pero impecables. Había algo en su aura, una autoridad silenciosa que nunca había percibido antes.
Jungkook dio un paso adelante, sus botas resonando en el suelo de concreto. Una sonrisa lenta y perturbadora se extendió por sus labios, una sonrisa que no alcanzaba sus ojos. Jimin sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral.
"Jiminie", la voz de Jungkook era un susurro, pero resonó en la pequeña habitación como un trueno. Era la misma voz que había escuchado en innumerables canciones, la misma voz que lo había tranquilizado en momentos de estrés. Pero ahora, tenía un matiz oscuro, casi amenazante. "Despertaste, mi amor."
Mi amor. La frase, pronunciada con esa entonación, heló la sangre de Jimin. Intentó hablar, pero su garganta estaba seca, sus cuerdas vocales se negaban a cooperar. Balbuceó un sonido ininteligible.
Jungkook se agachó, quedando a la altura de los ojos de Jimin. Su aliento cálido rozó la mejilla de este. "No intentes forzarte, mi dulce mochi. Todavía estás débil." Pasó un dedo suavemente por la mejilla de Jimin, y este se encogió ante el contacto. El roce era suave, pero la intención detrás de él era aterradora. "Te he estado esperando. Hemos esperado tanto tiempo para estar solos."
Una punzada de pánico atravesó a Jimin. "¿Qué... qué está pasando, Jungkook?" Su voz salió ronca y temblorosa. "¿Dónde estoy? ¿Por qué estoy atado?"
La sonrisa de Jungkook se amplió, revelando sus dientes blancos y perfectos. "Estás en nuestro nuevo hogar, Jiminie. Un lugar donde nadie nos encontrará, donde nadie nos molestará. Y estás atado... por tu propia seguridad, por supuesto." Se enderezó, paseando por la habitación con una calma que contrastaba con la tormenta en el corazón de Jimin. "No quiero que te hagas daño intentando escapar. Eres demasiado valioso."
Jimin lo observó, sus ojos llenos de una mezcla de confusión y horror. Este no era el Jungkook que conocía. Este era un extraño, un depredador. "¿Valioso? ¿De qué estás hablando?"
Jungkook se detuvo frente a él, sus ojos fijos en los de Jimin. "Siempre has sido valioso para mí, Jiminie. Desde el primer momento en que te vi. Tu risa, tu forma de bailar, la pasión en tus ojos... todo en ti me cautivó." Se acercó de nuevo, y esta vez, sus manos se posaron en los hombros de Jimin, apretando ligeramente. "Pero el mundo... el mundo no entendía nuestro amor. Siempre había barreras, siempre había gente que se interponía."
Jimin frunció el ceño. "¿Nuestro amor? Jungkook, ¿de qué estás hablando? Somos compañeros de grupo, amigos..."
La risa de Jungkook fue un sonido seco y sin humor. "Amigos. Sí, eso es lo que el mundo quería que fuéramos. Pero para mí, siempre fuiste más. Siempre fuiste mío. Y ahora... ahora no hay nadie que pueda decir lo contrario." Bajó la mirada hacia las cadenas en las muñecas de Jimin, acariciándolas con un dedo. "Esto es solo temporal, lo prometo. Una vez que entiendas, una vez que aceptes lo que somos, ya no las necesitarás."
El terror se apoderó de Jimin. Este hombre, su compañero de grupo, estaba loco. Completamente loco. "Jungkook, por favor, déjame ir. Esto no está bien. La gente se dará cuenta de que faltamos, nos buscarán."
"Oh, ya lo han hecho", dijo Jungkook con indiferencia, como si hablara del clima. "Pero no encontrarán nada. Soy muy bueno en esto, Jiminie. Mucho mejor de lo que crees." Se inclinó, su voz bajando a un susurro conspirador. "He estado planeando esto durante mucho tiempo. Cada detalle, cada paso. Pensaste que eran solo reuniones de negocios, ¿verdad? Esas noches en las que desaparecía. En realidad, estaba construyendo nuestro nido. Nuestro santuario."
Jimin sintió un escalofrío de repulsión. Las piezas del rompecabezas empezaron a encajar de una manera horrible. Las desapariciones repentinas de Jungkook, las llamadas telefónicas en voz baja, la mirada intensa que a veces le dedicaba y que Jimin había atribuido a la amistad. Todo era parte de esto.
"¿Eres... eres un mafioso?" La pregunta salió de sus labios antes de que pudiera detenerla.
Los ojos de Jungkook brillaron con un orgullo oscuro. "Soy muchas cosas, Jiminie. Un artista, un amigo... y sí, un hombre de negocios. Un hombre que sabe cómo conseguir lo que quiere. Y lo que quiero, lo que siempre he querido, eres tú."
Jimin cerró los ojos, sintiendo un nudo en el estómago. La realidad lo golpeó con una fuerza abrumadora. Estaba secuestrado. Por Jungkook. Su propio compañero.
"¿Por qué?" murmuró Jimin, abriendo los ojos de nuevo para mirar a Jungkook. Había desesperación en su voz. "¿Por qué me haces esto? ¿Por qué no pudiste simplemente... hablar conmigo?"
Jungkook se arrodilló de nuevo, sus manos tomando las de Jimin, a pesar de las cadenas. "Porque no habrías entendido, mi amor. Porque habrías dicho que no. Porque habrías intentado alejarte. Y no puedo vivir sin ti, Jiminie. No puedo soportar la idea de que estés con alguien más, de que sonrías para alguien más, de que bailes para alguien más." Su voz se volvió más intensa, casi febril. "Eres mío. Siempre lo has sido, incluso cuando no lo sabías."
Los ojos de Jimin se llenaron de lágrimas. "Estás enfermo, Jungkook."
La expresión de Jungkook se endureció. "No estoy enfermo, Jiminie. Estoy enamorado. Enamorado de una manera que nadie más puede entender. Una manera que me ha consumido. Y ahora, por fin, podemos estar juntos, sin interrupciones, sin juicios."
Se levantó de nuevo, su mirada recorriendo la habitación. Solo entonces Jimin notó los detalles: una cama improvisada con mantas gruesas en una esquina, una mesa pequeña con una lámpara, un fregadero oxidado. La habitación, aunque lúgubre, parecía preparada para una estancia prolongada.
"He traído algo de comida", dijo Jungkook, señalando una bolsa de papel en el suelo. "Y agua limpia. No quiero que pases hambre. Tu salud es mi prioridad." Abrió la bolsa, sacando un sándwich y una botella de agua. Se agachó de nuevo, ofreciéndoselos a Jimin. "Come. Necesitas fuerzas."
Jimin negó con la cabeza, sus lágrimas cayendo por sus mejillas. "No quiero nada de ti."
La sonrisa de Jungkook desapareció, reemplazada por una expresión de dolor. "No me hagas esto, Jiminie. No me rechaces. Lo hago por ti, por nosotros."
"¡No! ¡No lo haces por mí!" gritó Jimin, su voz elevándose con rabia y desesperación. "¡Lo haces por ti! ¡Eres un monstruo!"
El puño de Jungkook se apretó, los nudillos blanqueándose. Hubo un destello peligroso en sus ojos, pero rápidamente lo controló. Respiró hondo, su voz volviendo a ser suave, aunque con un matiz de advertencia. "No digas eso, Jiminie. No me hagas enojar. No quiero lastimarte. Nunca. Pero necesito que entiendas que esto es para siempre. No hay escape."
Se acercó a Jimin, y esta vez, el miedo puro se apoderó de él. Jungkook se inclinó, su rostro peligrosamente cerca del de Jimin. Sus ojos, antes llenos de una posesividad fría, ahora ardían con una pasión oscura y desquiciada.
"Te amo, Park Jimin", susurró Jungkook, su aliento cálido contra los labios de Jimin. "Y ahora, por fin, eres completamente mío."
Antes de que Jimin pudiera reaccionar, los labios de Jungkook se estrellaron contra los suyos. El beso fue posesivo, demandante, sin ternura. Jimin intentó apartarse, pero Jungkook lo sujetó con fuerza por la nuca, profundizando el beso. Las lágrimas de Jimin se mezclaron con el sabor salado de sus propios labios, mientras la desesperación se convertía en un grito silencioso en su interior. Este era el comienzo de su pesadilla, un infierno creado por el amor retorcido de un hombre al que una vez había llamado amigo. La oscuridad de la habitación se cernía sobre él, una prisión de la que no sabía si alguna vez podría escapar.
