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Un momento de descanso xd

Fandom: Bungou Stray Dogs

Created: 3/16/2026

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RomanceSlice of LifeHumorCurtainfic / Domestic StoryFluffCharacter StudyCanon SettingRealism
Contents

Cosquillas para el Alma Agitada

El departamento, usualmente un santuario de orden meticuloso bajo la atenta supervisión de Kunikida, se sentía extrañamente tenso. No había desorden, ni mucho menos. De hecho, todo estaba impoluto, quizás demasiado. Dazai, estirado en el sofá con una copia gastada de su manual de suicidio favorito, podía sentir la energía nerviosa que emanaba de su novio, incluso a través de las paredes. Kunikida había estado encerrado en su estudio desde antes del amanecer, el golpeteo rítmico de su teclado y el ocasional suspiro exasperado siendo la única banda sonora de la mañana.

"¿Kunikida-kun, querido? ¿Has considerado que quizás el café no es un sustituto adecuado para el sueño?" Dazai llamó, su voz teñida con un tono de preocupación genuina, aunque disimulada por su habitual ligereza.

Un gruñido amortiguado fue la única respuesta. Dazai suspiró dramáticamente, cerrando su libro con un chasquido. Sabía que Kunikida no estaba bien. Llevaba días así, con el ceño fruncido permanentemente grabado en su frente, sus hombros tensos y una irritabilidad latente que amenazaba con estallar ante el menor inconveniente. Los plazos de la Agencia de Detectives Armados eran crueles, y Kunikida, con su inquebrantable sentido del deber y su búsqueda de la perfección, se tomaba cada uno como una afrenta personal si no se cumplía a la perfección.

Dazai se levantó del sofá, estirándose como un gato perezoso. Sus ojos color avellana, usualmente velados por la melancolía o la picardía, mostraban ahora una chispa de determinación. Había llegado el momento de su intervención. No podía simplemente dejar que Kunikida se consumiera en su propio torbellino de estrés.

Se deslizó silenciosamente hacia la puerta del estudio, abriéndola con cautela. Kunikida estaba inclinado sobre su escritorio, su cabello rubio cayendo sobre sus ojos mientras tecleaba furiosamente. Varias tazas de café vacías adornaban el borde del escritorio, y una montaña de papeles garabateados se amontonaba a su lado.

"¿Trabajando duro, mi amor?" Dazai preguntó con una dulzura exagerada que apenas ocultaba su intención.

Kunikida se sobresaltó, levantando la cabeza bruscamente. Sus ojos, enrojecidos por la falta de sueño, se posaron en Dazai con una mezcla de sorpresa y molestia. "Dazai, ¿cuántas veces te he dicho que toques antes de entrar? Estoy ocupado."

"Oh, pero si hubiera tocado, ¿habrías respondido? Lo dudo, estabas demasiado inmerso en tu noble cruzada contra los plazos", Dazai replicó, acercándose con una sonrisa enigmática. Se detuvo detrás de la silla de Kunikida, sus manos cayendo casualmente sobre los hombros tensos de su novio.

Kunikida se encogió ligeramente ante el contacto, pero no se movió. "Dazai, no estoy de humor para tus juegos. Tengo que terminar este informe antes del mediodía, y no he dormido en..."

"Demasiado tiempo, lo sé", Dazai terminó por él, sus dedos comenzando a masajear suavemente los músculos anudados del cuello de Kunikida. "Estás tan tenso, mi pobre Kunikida-kun. Parece que el mundo entero descansa sobre tus hombros."

Kunikida gimió, un sonido a medio camino entre la frustración y el alivio. "Dazai, por favor... no ahora."

"Precisamente ahora", Dazai susurró, su voz bajando un tono. Sus manos se movieron de los hombros a los costados de Kunikida, sus dedos largos y delgados rozando ligeramente la piel debajo de la camisa. Kunikida se estremeció.

"¿Qué estás haciendo?" Kunikida preguntó, su voz un poco más aguda de lo habitual.

"Liberando la tensión, por supuesto", Dazai respondió, inclinándose para que su aliento cálido le rozara la oreja a Kunikida. Sus dedos se movieron con mayor determinación, pero aún con suavidad, rozando el área sensible debajo de las axilas de Kunikida.

Kunikida se echó hacia adelante en su silla, tratando de alejarse del contacto. Una risa nerviosa escapó de sus labios. "Dazai, detente. No es gracioso."

"Oh, pero creo que sí lo es", Dazai rió suavemente, y sus dedos se movieron con más rapidez y presión, apuntando directamente a las costillas de Kunikida.

Kunikida soltó un jadeo, y una risa real y ruidosa escapó de él. Intentó apartar las manos de Dazai, pero el otro era demasiado rápido y ágil. "¡Dazai! ¡Basta! ¡Me haces cosquillas!"

Dazai sonrió, una sonrisa traviesa que rara vez mostraba a los demás. "¡Ah, lo sabía! ¡El honorable Kunikida Doppo tiene un punto débil! ¡Mi investigación ha dado frutos!"

Las risas de Kunikida se volvieron más fuertes, incontrolables. Se retorcía en su silla, tratando de escapar de las manos implacables de Dazai. "¡Para! ¡Por favor, Dazai! ¡No puedo respirar!"

Pero Dazai no tenía intención de detenerse. Al principio, había sido suave, un intento cariñoso de aliviar la tensión. Pero ver la forma en que Kunikida se reía, la forma en que su rostro se iluminaba, la forma en que la irritación y la preocupación desaparecían de sus ojos, hizo que el plan de Dazai evolucionara. Se volvió más juguetón, más travieso.

Dazai se movió para sentarse en el regazo de Kunikida, inmovilizándolo contra la silla. Sus dedos bailaron sobre el abdomen de Kunikida, luego subieron por los costados, hacia las axilas, y luego bajaron de nuevo. Kunikida se arqueó hacia atrás, su cabeza golpeando suavemente el respaldo de la silla mientras su risa llenaba la habitación.

"¡Dazai, eres un... un canalla!" Kunikida logró decir entre risas. Sus manos intentaron empujar a Dazai, pero la fuerza de su risa lo inhabilitaba.

"¡Y tú eres un Kunikida-kun muy cosquilloso!" Dazai respondió, su propia risa uniéndose a la de su novio. Se inclinó, y sus labios rozaron el cuello de Kunikida, susurrando: "Parece que necesitaba un poco de diversión, ¿no es así?"

Las cosquillas de Dazai eran implacables, sus dedos se movían con una precisión maliciosa. Kunikida se retorcía y se carcajeaba, sus gafas ligeramente torcidas en su nariz. Las lágrimas de la risa comenzaron a brotar de sus ojos, y su cara se puso roja.

"¡Lo juro por mi ideal, Dazai, si no te detienes ahora, te haré lamentar esto!" Kunikida amenazó, pero su voz estaba ahogada por la diversión.

"¡Oh, pero el ideal de Kunikida-kun debe incluir la risa! ¡Es vital para una vida ideal, después de todo!" Dazai bromeó, moviendo sus dedos para atacar un nuevo punto sensible: la parte inferior de los pies de Kunikida, que Dazai había logrado descalzar en algún momento.

Kunikida soltó un grito estridente, sus piernas pateando en el aire. "¡No los pies! ¡Dazai, no los pies! ¡Esa es mi mayor debilidad!"

Dazai se sintió victorioso. Había encontrado el arma secreta para desarmar la seriedad de Kunikida. Continuó con su asalto, sus dedos haciendo cosquillas en las plantas de los pies de Kunikida, luego subiendo por los tobillos y las pantorrillas. Kunikida se retorcía y se encogía, intentando inútilmente escapar.

"¡Por favor, Dazai! ¡Te lo ruego! ¡Me rindo! ¡Me rindo!" Kunikida gritó, sus palabras ahogadas por la risa.

Dazai finalmente cedió, levantando las manos en señal de tregua. Kunikida se quedó sin aliento, su pecho subiendo y bajando rápidamente mientras trataba de recuperar el control de su respiración. Su cabello estaba desordenado, sus gafas torcidas, y su cara roja, pero una sonrisa genuina, aunque agotada, se curvaba en sus labios.

"¿Te sientes mejor, mi amado Kunikida-kun?" Dazai preguntó, su voz llena de una dulzura que rara vez mostraba.

Kunikida lo miró con una mezcla de cansancio y afecto. "Eres un... un demonio. Pero sí, supongo que sí." Se frotó los ojos, secando las lágrimas de la risa. "No puedo creer que hayas hecho eso. ¿No sabes lo importante que es este informe?"

"Lo sé", Dazai dijo suavemente, pasando un mechón de cabello de la frente de Kunikida. "Y sé lo importante que es tu bienestar. Estabas a punto de explotar, Kunikida-kun. Necesitabas un reinicio."

Kunikida suspiró, inclinando la cabeza para apoyarla en el hombro de Dazai. "Quizás tengas razón. Me siento... más ligero. Y estúpido por haberme reído tanto."

"No hay nada de estúpido en la risa, Kunikida-kun. Es medicina para el alma", Dazai murmuró, besando la parte superior de la cabeza de Kunikida. "Y si tengo que ser tu médico personal de la risa, lo haré con gusto."

Kunikida se rió de nuevo, una risa más suave esta vez. "No me des ideas, Dazai. No quiero que esto se convierta en una práctica habitual."

"Oh, ¿y por qué no? Es bastante divertido para mí", Dazai respondió, con una sonrisa pícara. "Además, ver tu cara roja y tu risa incontrolable es un espectáculo que vale la pena presenciar."

Kunikida apartó la cabeza del hombro de Dazai y lo miró con una expresión de advertencia. "No te atrevas. Si vuelves a hacer esto cuando estoy estresado, te juro que te ataré a una silla y te haré leer mi ideal en voz alta durante horas."

Dazai se encogió de hombros, imperturbable. "Un pequeño precio a pagar por la felicidad de mi amado." Se deslizó del regazo de Kunikida, levantándose y ofreciéndole una mano. "¿Ahora, qué tal si nos tomamos un verdadero descanso? Un paseo, quizás. O un buen baño caliente. El informe puede esperar un poco más, ¿no crees?"

Kunikida miró el escritorio, la pila de papeles y las tazas vacías. Por primera vez en días, la urgencia no lo consumió. La risa había disipado la niebla de estrés que lo rodeaba. Se levantó, estirándose, y sintió cómo algunos de los nudos en su espalda se aflojaban.

"Supongo que sí", dijo Kunikida, con una pequeña sonrisa. "Pero si me vuelves a hacer cosquillas, Dazai Osamu, no me responsabilizo por mis acciones."

Dazai se rió, su alegría contagiándose a Kunikida. "¡Prometo ser un buen chico... por ahora!" Guiñó un ojo, y Kunikida no pudo evitar sonreír y negar con la cabeza.

Mientras salían del estudio, Kunikida se dio cuenta de lo mucho que había extrañado la ligereza en su vida. Dazai, con su sarcasmo y su constante búsqueda de la alegría (incluso si era a través de la tortura de cosquillas), era el equilibrio perfecto para su propia seriedad. Y aunque lo negaría hasta la muerte, sabía que Dazai tenía razón. A veces, todo lo que necesitaba era un poco de risa, incluso si venía de las manos traviesas de su novio.

El departamento, ya no tenso, se llenó con el suave murmullo de sus voces y, ocasionalmente, la risa suave de Kunikida. El ideal de Kunikida podría ser un camino difícil de seguir, pero con Dazai a su lado, al menos el viaje estaría lleno de momentos inesperados de alegría. Y quizás, solo quizás, un poco de travesuras adicionales.
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