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El portador de las gemas
Fandom: Teen wolf, supernatural, Shadowhunters, crepúsculo, Harry Potter, tvd, etc
Created: 3/27/2026
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FantasyIsekai / Portal FantasyCrossoverAdventureActionCharacter DeathAU (Alternate Universe)DivergenceFix-it
El Despertar de la Gema en el Crisol del Multiverso
La oscuridad no era negra. Para Kaelion, la muerte se sintió inicialmente como un zambullido en un océano de estática fría, un vacío ensordecedor que le arrebató el aliento justo después de aquel impacto brutal. Recordaba el chirrido de los frenos, el empujón desesperado para apartar a aquella niña del camino y, luego, el crujido de sus propios huesos. Había muerto. Lo sabía con una certeza instintiva que le helaba lo que quedaba de su conciencia.
Cuando abrió los ojos, el pánico lo golpeó como una marea física. No había sangre, ni asfalto, ni dolor. Solo un blanco infinito, tan puro que lastimaba la vista, un espacio sin horizonte ni suelo donde su cuerpo parecía flotar sin peso.
—¿Hola? —gritó, pero su voz no produjo eco. El silencio era absoluto—. ¡¿Hay alguien aquí?! ¡Maldita sea, estoy muerto!
Se desplomó, o lo que fuera que significara caer en ese lugar, y se llevó las manos a la cabeza. La tristeza lo invadió de golpe, una oleada de angustia por su madre, por sus hermanos, por todo lo que dejaba a medias. Lloró sin lágrimas, sintiendo el vacío de una vida interrumpida, hasta que el cansancio metafísico lo obligó a calmarse. El tiempo dejó de tener sentido. Podrían haber pasado minutos o siglos en aquella blancura inmaculada.
De pronto, el espacio vibró. El blanco se onduló como la superficie de un lago y, frente a él, la luz se condensó en una forma que no podía definirse del todo. Era una presencia, un ser que irradiaba una autoridad tan vasta que el universo entero parecía pequeño a su lado.
—Tu sacrificio no pasó desapercibido, alma joven —dijo el Ser, su voz resonando no en sus oídos, sino en la esencia misma de su ser.
Kaelion se puso en pie, parpadeando ante la magnificencia del ente.
—¿Quién eres? ¿Es esto el cielo?
—Soy el Principio y el Fin, el Tejedor de Realidades. Llámanos como desees —respondió la entidad con una calma ancestral—. Te he traído aquí porque tu hilo se cortó antes de tiempo por un acto de pureza desinteresada. Te ofrezco una elección: el descanso eterno o una nueva existencia en un mundo que necesita un equilibrio que solo alguien como tú puede proporcionar.
Kaelion no lo dudó. La chispa de la vida aún ardía en él.
—Quiero vivir. Pero... ¿dónde? ¿Y por qué yo?
—Porque posees la voluntad necesaria para romper las reglas —explicó el Ser—. Reencarnarás en un mundo donde las sombras caminan entre los hombres. Un lugar donde los hombres lobo de Beacon Hills, los cazadores de sombras de Nueva York, los vampiros de Mystic Falls y los Winchester convergen en una danza de caos. Un multiverso de mitos entrelazados.
Kaelion sintió un escalofrío de anticipación. Conocía esas historias, pero vivirlas era algo distinto.
—Acepto —dijo con firmeza—. Pero si voy a ese lugar, no quiero ser una presa.
—Te concederé tres deseos y la naturaleza que elijas para tu nuevo cuerpo —declaró el Ser Supremo.
Kaelion respiró hondo, visualizando lo que necesitaba para sobrevivir y dominar.
—Quiero ser un cuatrihíbrido —sentenció—. Una mezcla de Brujo, Shadowhunter, Cambiaformas y Fénix.
El Ser asintió, y por un momento, el espacio blanco se llenó de chispas doradas.
—Una existencia que desafía las leyes naturales. Continúa.
—Mi primer deseo: quiero ser el brujo más poderoso que haya existido, capaz de ejecutar cualquier hechizo del multiverso, sin importar su origen. Mi segundo deseo: quiero que mi mente sea una fortaleza inexpugnable. Nada, ni dios ni demonio, podrá penetrarla, leerla o influenciar mis pensamientos.
—Concedido —dijo el Ser—. ¿Y el tercero?
Kaelion sonrió con una pizca de astucia y sacó un papel que, inexplicablemente, apareció en su mano, fruto de su última voluntad antes de cruzar. Era una lista exhaustiva, detallada con una caligrafía meticulosa que abarcaba desde el control elemental hasta la manipulación de la realidad.
El Ser Supremo guardó silencio mientras "leía" el contenido del papel a través de la mente de Kaelion. Una vibración similar a una risa recorrió el vacío.
—Esto es trampa, pequeño mortal —comentó el Ser, aunque no parecía molesto—. Has pedido prácticamente la omnipotencia dividida en fragmentos. Sin embargo... yo dije que podías pedir lo que quisieras. Es mi error por subestimar la ambición humana. Que así sea. Tendrás cada uno de esos dones, aunque tu cuerpo deberá aprender a canalizarlos para no desintegrarse.
Kaelion sintió que el papel se desvanecía en luz pura que entraba por sus poros. Pero antes de que pudiera celebrar, la expresión del Ser (o la sensación de ella) se volvió seria.
—Todo poder conlleva una carga, Kaelion Draven Nightshade. Ese será tu nombre. Y tu misión es evitar el fin de ese mundo.
—¿El fin? —preguntó él, sintiendo el peso del nombre recién otorgado.
—Escucha bien —ordenó el Ser—. Hace eones, los dioses de todos los panteones gobernaban en paz. Pero la corrupción llegó. Los dioses de la guerra y la muerte, sedientos de un caos absoluto, se alzaron como los Dioses Caídos. Para detenerlos, los demás dioses, liderados por Zeus, crearon nueve gemas divinas imbuídas con sus dominios. Como ellos no podían derramar sangre de su propia estirpe, entregaron esas gemas a nueve mortales elegidos.
Kaelion escuchaba con fascinación. La historia se desplegaba en su mente como una visión cinematográfica: el fuego de Hefesto, las tormentas de Zeus, el abismo de Hades, todo concentrado en fragmentos de poder puro.
—Los portadores vencieron a los Dioses Caídos, pero en su último aliento, esos seres oscuros crearon a Ragnar, una abominación de poder inconmensurable. Los nueve héroes no pudieron matarlo; solo el portador de la Gema Arcoíris, la que une todos los dominios, logró debilitarlo lo suficiente para sellarlo. Tras la batalla, los dioses se retiraron y se sellaron a sí mismos para no dañar más el mundo, dejando las gemas ocultas en un cofre protegido por magia antigua.
El Ser Supremo se acercó, y Kaelion sintió un calor abrasador en el lado izquierdo de su pecho.
—El sello de Ragnar se está debilitando. El mundo sobrenatural está en caos y no están preparados para lo que viene. Tú, Kaelion, serás el nuevo portador de la Gema Arcoíris. Tu misión es despertar en ese mundo, encontrar el cofre con las gemas restantes y buscar a los otros ocho portadores que están destinados a luchar a tu lado.
Kaelion se llevó la mano al pecho, sintiendo un latido poderoso y extraño bajo su piel.
—¿Soy el líder de esta... resistencia divina?
—Eres el equilibrio —corrigió el Ser—. Eres el cuatrihíbrido que rompe las reglas, el puente entre lo divino y lo mortal. ¿Estás preparado para nacer de nuevo?
Kaelion cerró los ojos y visualizó su nueva forma. Se vio a sí mismo con ojos de heterocromía, uno dorado como el sol de un fénix y el otro azul eléctrico con destellos violetas de magia pura. Sintió las runas invisibles esperando bajo su piel y el fuego etéreo de sus alas futuras.
—Estoy listo.
—Entonces ve —sentenció el Ser Supremo—. Y recuerda: en un mundo de lobos, cazadores y monstruos, tú eres el incendio que lo purificará todo.
Una explosión de luz cegadora consumió el espacio blanco. Kaelion sintió que su alma era succionada a través de un túnel de realidades, cruzando dimensiones donde vio fugazmente un bosque bajo la luna llena, una ciudad de cristal oculta por el glamour y una vieja mansión en Mystic Falls.
El dolor regresó, pero no era el dolor de la muerte, sino el de la expansión. Sus huesos se fortalecieron, su sangre se mezcló con icor divino y esencia de fénix, y su mente se expandió hasta tocar los bordes del multiverso.
En algún lugar de la tierra, en un callejón oscuro de una ciudad donde lo sobrenatural empezaba a agitarse, un joven de dieciocho años abrió los ojos. Un ojo brilló con el oro del fuego eterno; el otro, con el rayo de la creación. En su pecho, justo encima del corazón, un símbolo fractal de colores cambiantes destelló antes de ocultarse bajo su piel.
Kaelion Draven Nightshade se puso en pie, ajustando su chaqueta negra mientras el aire a su alrededor vibraba con una energía inestable. El mundo no lo sabía aún, pero las reglas acababan de cambiar para siempre.
La caza de las gemas había comenzado.
Cuando abrió los ojos, el pánico lo golpeó como una marea física. No había sangre, ni asfalto, ni dolor. Solo un blanco infinito, tan puro que lastimaba la vista, un espacio sin horizonte ni suelo donde su cuerpo parecía flotar sin peso.
—¿Hola? —gritó, pero su voz no produjo eco. El silencio era absoluto—. ¡¿Hay alguien aquí?! ¡Maldita sea, estoy muerto!
Se desplomó, o lo que fuera que significara caer en ese lugar, y se llevó las manos a la cabeza. La tristeza lo invadió de golpe, una oleada de angustia por su madre, por sus hermanos, por todo lo que dejaba a medias. Lloró sin lágrimas, sintiendo el vacío de una vida interrumpida, hasta que el cansancio metafísico lo obligó a calmarse. El tiempo dejó de tener sentido. Podrían haber pasado minutos o siglos en aquella blancura inmaculada.
De pronto, el espacio vibró. El blanco se onduló como la superficie de un lago y, frente a él, la luz se condensó en una forma que no podía definirse del todo. Era una presencia, un ser que irradiaba una autoridad tan vasta que el universo entero parecía pequeño a su lado.
—Tu sacrificio no pasó desapercibido, alma joven —dijo el Ser, su voz resonando no en sus oídos, sino en la esencia misma de su ser.
Kaelion se puso en pie, parpadeando ante la magnificencia del ente.
—¿Quién eres? ¿Es esto el cielo?
—Soy el Principio y el Fin, el Tejedor de Realidades. Llámanos como desees —respondió la entidad con una calma ancestral—. Te he traído aquí porque tu hilo se cortó antes de tiempo por un acto de pureza desinteresada. Te ofrezco una elección: el descanso eterno o una nueva existencia en un mundo que necesita un equilibrio que solo alguien como tú puede proporcionar.
Kaelion no lo dudó. La chispa de la vida aún ardía en él.
—Quiero vivir. Pero... ¿dónde? ¿Y por qué yo?
—Porque posees la voluntad necesaria para romper las reglas —explicó el Ser—. Reencarnarás en un mundo donde las sombras caminan entre los hombres. Un lugar donde los hombres lobo de Beacon Hills, los cazadores de sombras de Nueva York, los vampiros de Mystic Falls y los Winchester convergen en una danza de caos. Un multiverso de mitos entrelazados.
Kaelion sintió un escalofrío de anticipación. Conocía esas historias, pero vivirlas era algo distinto.
—Acepto —dijo con firmeza—. Pero si voy a ese lugar, no quiero ser una presa.
—Te concederé tres deseos y la naturaleza que elijas para tu nuevo cuerpo —declaró el Ser Supremo.
Kaelion respiró hondo, visualizando lo que necesitaba para sobrevivir y dominar.
—Quiero ser un cuatrihíbrido —sentenció—. Una mezcla de Brujo, Shadowhunter, Cambiaformas y Fénix.
El Ser asintió, y por un momento, el espacio blanco se llenó de chispas doradas.
—Una existencia que desafía las leyes naturales. Continúa.
—Mi primer deseo: quiero ser el brujo más poderoso que haya existido, capaz de ejecutar cualquier hechizo del multiverso, sin importar su origen. Mi segundo deseo: quiero que mi mente sea una fortaleza inexpugnable. Nada, ni dios ni demonio, podrá penetrarla, leerla o influenciar mis pensamientos.
—Concedido —dijo el Ser—. ¿Y el tercero?
Kaelion sonrió con una pizca de astucia y sacó un papel que, inexplicablemente, apareció en su mano, fruto de su última voluntad antes de cruzar. Era una lista exhaustiva, detallada con una caligrafía meticulosa que abarcaba desde el control elemental hasta la manipulación de la realidad.
El Ser Supremo guardó silencio mientras "leía" el contenido del papel a través de la mente de Kaelion. Una vibración similar a una risa recorrió el vacío.
—Esto es trampa, pequeño mortal —comentó el Ser, aunque no parecía molesto—. Has pedido prácticamente la omnipotencia dividida en fragmentos. Sin embargo... yo dije que podías pedir lo que quisieras. Es mi error por subestimar la ambición humana. Que así sea. Tendrás cada uno de esos dones, aunque tu cuerpo deberá aprender a canalizarlos para no desintegrarse.
Kaelion sintió que el papel se desvanecía en luz pura que entraba por sus poros. Pero antes de que pudiera celebrar, la expresión del Ser (o la sensación de ella) se volvió seria.
—Todo poder conlleva una carga, Kaelion Draven Nightshade. Ese será tu nombre. Y tu misión es evitar el fin de ese mundo.
—¿El fin? —preguntó él, sintiendo el peso del nombre recién otorgado.
—Escucha bien —ordenó el Ser—. Hace eones, los dioses de todos los panteones gobernaban en paz. Pero la corrupción llegó. Los dioses de la guerra y la muerte, sedientos de un caos absoluto, se alzaron como los Dioses Caídos. Para detenerlos, los demás dioses, liderados por Zeus, crearon nueve gemas divinas imbuídas con sus dominios. Como ellos no podían derramar sangre de su propia estirpe, entregaron esas gemas a nueve mortales elegidos.
Kaelion escuchaba con fascinación. La historia se desplegaba en su mente como una visión cinematográfica: el fuego de Hefesto, las tormentas de Zeus, el abismo de Hades, todo concentrado en fragmentos de poder puro.
—Los portadores vencieron a los Dioses Caídos, pero en su último aliento, esos seres oscuros crearon a Ragnar, una abominación de poder inconmensurable. Los nueve héroes no pudieron matarlo; solo el portador de la Gema Arcoíris, la que une todos los dominios, logró debilitarlo lo suficiente para sellarlo. Tras la batalla, los dioses se retiraron y se sellaron a sí mismos para no dañar más el mundo, dejando las gemas ocultas en un cofre protegido por magia antigua.
El Ser Supremo se acercó, y Kaelion sintió un calor abrasador en el lado izquierdo de su pecho.
—El sello de Ragnar se está debilitando. El mundo sobrenatural está en caos y no están preparados para lo que viene. Tú, Kaelion, serás el nuevo portador de la Gema Arcoíris. Tu misión es despertar en ese mundo, encontrar el cofre con las gemas restantes y buscar a los otros ocho portadores que están destinados a luchar a tu lado.
Kaelion se llevó la mano al pecho, sintiendo un latido poderoso y extraño bajo su piel.
—¿Soy el líder de esta... resistencia divina?
—Eres el equilibrio —corrigió el Ser—. Eres el cuatrihíbrido que rompe las reglas, el puente entre lo divino y lo mortal. ¿Estás preparado para nacer de nuevo?
Kaelion cerró los ojos y visualizó su nueva forma. Se vio a sí mismo con ojos de heterocromía, uno dorado como el sol de un fénix y el otro azul eléctrico con destellos violetas de magia pura. Sintió las runas invisibles esperando bajo su piel y el fuego etéreo de sus alas futuras.
—Estoy listo.
—Entonces ve —sentenció el Ser Supremo—. Y recuerda: en un mundo de lobos, cazadores y monstruos, tú eres el incendio que lo purificará todo.
Una explosión de luz cegadora consumió el espacio blanco. Kaelion sintió que su alma era succionada a través de un túnel de realidades, cruzando dimensiones donde vio fugazmente un bosque bajo la luna llena, una ciudad de cristal oculta por el glamour y una vieja mansión en Mystic Falls.
El dolor regresó, pero no era el dolor de la muerte, sino el de la expansión. Sus huesos se fortalecieron, su sangre se mezcló con icor divino y esencia de fénix, y su mente se expandió hasta tocar los bordes del multiverso.
En algún lugar de la tierra, en un callejón oscuro de una ciudad donde lo sobrenatural empezaba a agitarse, un joven de dieciocho años abrió los ojos. Un ojo brilló con el oro del fuego eterno; el otro, con el rayo de la creación. En su pecho, justo encima del corazón, un símbolo fractal de colores cambiantes destelló antes de ocultarse bajo su piel.
Kaelion Draven Nightshade se puso en pie, ajustando su chaqueta negra mientras el aire a su alrededor vibraba con una energía inestable. El mundo no lo sabía aún, pero las reglas acababan de cambiar para siempre.
La caza de las gemas había comenzado.
