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Fandom: CORTIS

Created: 3/31/2026

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DramaAngstHurt/ComfortSlice of LifeCurtainfic / Domestic StoryCharacter StudyBody DysmorphiaCanon Setting
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Secretos entre hilos de encaje

—¡Ah! —Juhoon se sobresaltó, sintiendo cómo el corazón le golpeaba con fuerza contra las costillas al salir bruscamente de sus pensamientos—. N-no es nada importante, de verdad. Solo estaba dándole vueltas a cómo reaccionarán los fans a nuestro próximo comeback. Ya saben, la presión de superar lo anterior.

Martin, cuya energía solía ser tan desbordante que llenaba cada rincón del comedor, soltó un suspiro de alivio que infló sus mejillas. Una sonrisa radiante y genuina se extendió por su rostro, iluminando sus rasgos juveniles bajo ese cabello rubio tenue que siempre parecía un poco despeinado.

—¡Oh, Jju! ¡Me asustaste! —exclamó Martin, dejando escapar una risa vibrante—. Por un segundo pensé que no te sentías feliz por el comeback, o que algo malo te había pasado en el ensayo. Me alegra que sea solo eso. ¡Va a ser increíble, ya lo verás! Somos los mejores, ¿no?

Seonghyeon asintió con suavidad, dedicándole a Juhoon una mirada atenta y dulce, mientras Keonho aprovechaba la distracción para robarle un trozo de carne del plato a Martin, provocando un pequeño caos habitual. Juhoon forzó una sonrisa, asintiendo a las palabras de su líder, pero sus ojos buscaron inevitablemente los de James.

James no dijo nada. Se limitó a observar la escena con su habitual seriedad analítica, tras el cristal de sus lentes. Su mirada era intensa, casi intimidante, pero Juhoon pudo notar un matiz diferente en ella: no era juicio, era algo que no lograba descifrar. Cuando James apartó la vista para concentrarse en su té, Juhoon sintió un frío repentino en el estómago.

El resto de la cena transcurrió entre las bromas pesadas de Keonho y los intentos de Seonghyeon por mantener el orden. Una vez terminaron, el grupo se dispersó. Martin, Seonghyeon y el maknae se retiraron a su habitación compartida entre risas y empujones, cerrando la puerta tras de sí y dejando el salón en un silencio sepulcral que solo era interrumpido por el sonido del reloj de pared.

James se acomodó en el sofá, sosteniendo una taza humeante entre sus manos grandes. Parecía sumido en sus propios pensamientos, con la espalda recta y esa aura de calma que siempre transmitía, aunque para Juhoon, esa calma se sentía como la antesala de una tormenta.

Juhoon tragó saliva. Sus manos temblaban ligeramente, así que las escondió en las mangas de su sudadera. Caminó con pasos vacilantes hasta quedar a un lado del sofá.

—James hyung... —susurró, con la voz apenas audible—. ¿Podemos... podemos hablar un momento?

El mayor no respondió de inmediato. Se tomó un segundo para dejar la taza sobre la mesa de centro, soltando un suspiro largo y pesado que hizo que a Juhoon se le encogiera el alma. Finalmente, James levantó la mirada.

—Está bien —dijo James con su voz profunda—. Vamos a nuestra habitación. No quiero que los demás escuchen si es algo importante.

Caminaron en silencio por el pasillo. Al entrar al cuarto que compartían, James cerró la puerta con cuidado y se apoyó contra el escritorio, cruzando los brazos sobre su pecho. Juhoon se quedó de pie en medio de la habitación, sintiéndose pequeño a pesar de ser un poco más alto que su hyung. El silencio se volvió asfixiante.

—¿Por qué me estás evitando? —soltó Juhoon de repente, con la voz quebrada—. Desde lo de esta tarde... ni siquiera me diriges la palabra. Ni siquiera me miras a los ojos, hyung.

James bajó la mirada al suelo, pero no dijo nada. Ese silencio fue la confirmación que Juhoon temía.

—¿Te dio asco? —preguntó Juhoon, y esta vez una lágrima traicionera rodó por su mejilla—. ¿Fue por lo que viste? ¿Por la ropa interior... por cómo es mi cuerpo?

Juhoon comenzó a temblar visiblemente. Sus manos subieron a su rostro, tratando de ocultar su vulnerabilidad. Era el secreto que había guardado bajo siete llaves, el motivo de sus duchas a escondidas, de su aislamiento, de su miedo constante a ser rechazado por ser "diferente".

—Es algo con lo que he tenido que vivir toda mi vida —continuó Juhoon, con la voz entrecortada por el llanto—. Sé que no es normal. Sé que no encajo. Pero no puedo cambiarlo, James... soy así. Si quieres pedir un cambio de habitación, lo entenderé. Si no quieres estar cerca de alguien como yo...

—¡Juhoon, basta! —James dio un paso hacia adelante, interrumpiéndolo con una firmeza que hizo que el menor se sobresaltara.

James se veía genuinamente sorprendido, incluso algo horrorizado por las palabras de su compañero. Se acercó hasta quedar frente a él, rompiendo esa distancia que tanto había dolido durante la cena.

—Lo siento —dijo James, y su voz, usualmente monótona, estaba cargada de una culpa sincera—. De verdad, lo siento mucho. No tenía idea de que estuvieras pensando todo eso. Jamás quise hacerte sentir que me dabas asco.

Juhoon bajó las manos, revelando sus ojos enrojecidos y brillantes.

—¿Entonces por qué no me hablabas?

James se rascó la nuca, un gesto de nerviosismo que rara vez mostraba. Sus mejillas se tiñeron de un rojo suave.

—Estaba en shock, sí —admitió James, ajustándose los lentes—. Pero no por lo que piensas. Me sentí increíblemente avergonzado. Juhoon... cuando entré y te vi así, me quedé congelado. No podía dejar de mirarte, y cuando reaccioné y salí, me sentí como un idiota. Sentí que había invadido tu privacidad de la peor manera. Estuve pensando en ello todo el tiempo, pero no porque fuera algo malo, sino porque... bueno, me quedé embobado, supongo. No sabía cómo actuar después de haberte visto en un momento tan íntimo.

Juhoon parpadeó, procesando las palabras. ¿James se sentía avergonzado por haberlo mirado, no por lo que había visto?

—No me tienes asco... ¿de verdad? —susurró Juhoon.

—Claro que no, Jju —James suspiró y, con una suavidad inesperada, rodeó a Juhoon con sus brazos, atrayéndolo hacia un abrazo cálido y protector—. Solo estaba procesando la situación a mi manera, un poco lento, ya me conoces. Eres mi compañero, eres mi amigo. Nada de lo que vea va a cambiar eso.

Juhoon se hundió en el pecho de James, dejando que la tensión acumulada durante horas se liberara. Soltó un sollozo, pero esta vez no era de dolor, sino de puro alivio. Unas lágrimas de felicidad empañaron la camiseta de James.

Sintiendo que Juhoon todavía lloraba, James se separó un poco, tomándolo por los hombros para mirarlo de frente. Su expresión se había suavizado por completo, mostrando esa sonrisa que rara vez usaba pero que iluminaba todo su rostro.

—Oye, ¿por qué sigues llorando ahora? —preguntó James con dulzura.

—Es que... —Juhoon se sorbió la nariz, limpiándose las mejillas con el dorso de la mano— creí que me rechazarías por tener... eso ahí abajo. Creí que me verías como un monstruo o algo que no debería estar en un grupo de chicos.

—¿Por qué pensarías algo así? —James frunció el ceño, genuinamente confundido.

—Porque nadie más lo sabe —confesó Juhoon en voz baja—. Solo mis padres. He pasado toda mi vida escondiéndome, evitando que la gente se acerque demasiado para que no descubran mi secreto. Y cuando entraste... sentí que mi mundo se acababa. Pero escucharte decir todo esto... me hace sentir que puedo respirar otra vez.

James sonrió y le despeinó el cabello castaño con cariño, un gesto que Juhoon siempre encontraba reconfortante.

—Escúchame bien: ese secreto se queda conmigo —aseguró James con firmeza—. No se lo diré a nadie. Ni a Martin, ni a los chicos, ni a la empresa. Permanecerá entre nosotros hasta que tú, y solo tú, decidas que quieres contarlo. Tienes mi palabra.

—Gracias, hyung —dijo Juhoon, sintiendo un peso enorme levantarse de sus hombros—. De verdad, gracias. Tal vez algún día, cuando me sienta más seguro, se lo cuente a los demás. Pero por ahora... me hace feliz saber que tú lo sabes y que estás bien con ello.

James asintió, volviendo a su postura relajada.

—Ahora entiendo por qué siempre te escabulles al baño para cambiarte con la velocidad de un ninja —bromeó James, logrando que Juhoon soltara una pequeña risa—. Pero... ¿puedo preguntarte algo? Tengo una duda que me ha estado dando vueltas.

Juhoon asintió, sintiéndose mucho más cómodo.

—Claro, pregunta lo que quieras.

—¿Cómo es posible? —James ladeó la cabeza, analizando la situación con su curiosidad natural—. O sea, eres un chico, pero... ¿eres un chico trans o algo parecido?

Juhoon negó con la cabeza suavemente.

—No, no soy trans. Nací así. Soy un chico intersexual —explicó, tratando de usar palabras sencillas—. Básicamente, mi cuerpo nació con características que no encajan del todo en lo que se considera estrictamente masculino o femenino. En mi caso, tengo órganos externos que no son los habituales para un chico, aunque me identifico y vivo como uno. Es algo biológico, algo con lo que nací.

James abrió mucho los ojos, asombrado.

—Vaya... no sabía que eso era posible. Es decir, había escuchado el término, pero nunca pensé que conocería a alguien así. Es increíble, de verdad.

Juhoon se encogió de hombros, con una sonrisa algo melancólica.

—A veces yo tampoco puedo creerlo, pero aquí estoy, soy la prueba viviente. Aunque, para ser sincero, todavía me siento inconforme con mi cuerpo a veces. Siento que... que tener esto me hace menos hombre que ustedes.

James se acercó de nuevo y le puso una mano en el hombro, apretándolo con afecto.

—Juhoon, mírame —le pidió—. Tener un cuerpo diferente no te hace menos hombre. Ser un hombre no se trata de lo que tienes entre las piernas, se trata de quién eres. Y tú eres uno de los chicos más talentosos, dedicados y fuertes que conozco. Eres un idol genial, un gran compañero y una persona increíble. Eso es lo que importa.

Juhoon sintió que su corazón se llenaba de una calidez que nunca antes había experimentado fuera de su círculo familiar. Por primera vez en sus dieciocho años, no se sentía como un error o un secreto que debía ser ocultado a toda costa. Se sentía aceptado.

—Gracias por decir eso, hyung —respondió Juhoon, con una sonrisa genuina que le llegaba hasta sus expresivos ojos—. Significa mucho para mí.

Juhoon se sentó en su cama, observando a James retomar su lectura habitual antes de dormir. El ambiente en la habitación ya no era pesado ni incómodo; ahora había una complicidad silenciosa que lo hacía sentir seguro. Se dio cuenta de que el mundo no se había acabado porque alguien supiera su verdad. Al contrario, el mundo parecía un poco más brillante ahora que no tenía que cargar con todo el peso él solo.

Ser intersexual seguía siendo una parte compleja de su vida, algo que todavía le causaba inseguridades, pero tener a James de su lado le daba una fuerza que no sabía que necesitaba. Mientras se acomodaba bajo las sábanas, Juhoon pensó que, tal vez, convivir con los demás miembros no sería tan aterrador como había imaginado. Después de todo, si el serio e intimidante James podía aceptarlo con tanta naturalidad, quizás no estaba tan solo como creía.

—Buenas noches, hyung —murmuró Juhoon, cerrando los ojos con una paz que hacía años no sentía.

—Buenas noches, Jju —respondió James desde el otro lado de la habitación, con ese tono calmado que siempre lograba apaciguar cualquier tormenta.
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