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Juego de deseo
Fandom: Kengan ashura
Created: 4/2/2026
Tags
PWP (Plot? What Plot?)Explicit LanguageAU (Alternate Universe)JealousyCanon SettingHumor
Entre el sudor y el pecado: El juego de Lihito
El aire en la habitación de Lihito estaba cargado de una mezcla de olor a cerveza barata, testosterona y una tensión que empezaba a volverse asfixiante. Tras los brutales combates del torneo, el grupo de luchadores había decidido que necesitaban un respiro. Sin embargo, tratándose de hombres cuya vida giraba en torno a la violencia y el dominio físico, su concepto de "descanso" pronto se desvió hacia algo mucho más caótico.
—¡Ya les dije, esto es lo que necesitamos para relajarnos! —exclamó Okubo, agitando una botella de sake vacía con una sonrisa de oreja a oreja—. El juego de la botella de la penitencia. Las reglas son simples: el que la gira manda, y el que recibe tiene que cumplir sin quejarse. Si no, se considera una derrota peor que un K.O.
Lihito, sentado sobre su cama deshecha, asintió con entusiasmo.
—¡Me gusta! Veamos quién de estos "monstruos" tiene las pelotas para aguantar un reto de verdad.
El círculo estaba formado por una alineación inusual: Ohma, con su habitual aire de indiferencia; Setsuna Kiryu, cuyos ojos brillantes no dejaban de seguir cada movimiento de Ohma; Raian Kure, que parecía estar a un segundo de matar a alguien o de reírse a carcajadas; Himuro, Kaneda, Cosmo y los ya mencionados Okubo y Lihito.
Okubo colocó la botella en el centro del suelo de madera y la hizo girar. El vidrio chirrió contra el piso hasta que el cuello de la botella se detuvo apuntando directamente a Himuro.
—Bien, "Icy Eight" —rio Okubo—. Te toca. Tu penitencia es... dale un beso a Kaneda. Y que sea uno de verdad, nada de mejillas.
Himuro frunció el ceño, visiblemente molesto, mientras Kaneda se ajustaba las gafas con una sonrisa nerviosa.
—¿Es en serio, Okubo? —gruñó Himuro.
—¡Reglas son reglas! —coreó Raian desde el fondo, burlón.
Himuro suspiró, se acercó a Kaneda y, sujetándolo por la nuca, le plantó un beso rápido pero firme en los labios. Kaneda parpadeó sorprendido cuando Himuro se separó con el rostro ligeramente enrojecido.
—Listo. Ahora me toca a mí —dijo Himuro, agarrando la botella con fuerza.
La botella giró rápidamente y se detuvo frente a Setsuna Kiryu. Una sonrisa depredadora cruzó el rostro de Himuro.
—Setsuna... quítate la camisa. Pero hazlo despacio. Quiero ver esa supuesta elegancia de la que tanto presumes de forma provocativa.
Setsuna no se inmutó. Al contrario, sus ojos se entrecerraron con deleite mientras buscaba la mirada de Ohma. Se llevó las manos al primer botón de su camisa y comenzó a desabotonarla con una lentitud exasperante. Sus dedos largos acariciaban la tela, revelando centímetro a centímetro su piel pálida y los músculos definidos de su torso. Cuando finalmente la camisa cayó de sus hombros, lo hizo con un movimiento de cadera que dejó a más de uno en silencio.
Ohma observó la escena sin decir nada, pero sintió un calor extraño subir por su cuello. Había algo en la forma en que Setsuna se exhibía que, de una manera que no quería admitir, le resultaba fascinante.
Setsuna, aún con el torso desnudo, giró la botella. Esta vez, el destino señaló a Okubo.
—Okubo-san —susurró Setsuna con voz melosa—, ve con Lihito y chúpale la oreja.
—¡¿Qué?! —gritó Lihito, saltando—. ¡Ni hablar!
—¡Penitencia es penitencia! —rugió Raian, empujando a Okubo hacia Lihito.
Okubo, entre risas y asco fingido, se acercó a un Lihito que gritaba maldiciones y cumplió la tarea. El sonido de los forcejeos y las risas llenó la habitación hasta que Okubo, recuperando el aliento, volvió a girar la botella.
El cuello de cristal apuntó a Ohma Tokita.
—Ohma, mi turno —dijo Okubo con una chispa de malicia en los ojos—. Ya que Setsuna está tan cómodo sin camisa... acércate y chúpale los pezones.
El silencio que siguió fue absoluto. Cosmo se tapó la boca con las manos, y Raian soltó una carcajada estridente. Ohma miró a Setsuna, quien parecía haber entrado en un trance de éxtasis ante la idea. Sin decir una palabra, Ohma se arrastró por el suelo hasta quedar frente al "Hermoso Demonio".
Ohma rodeó la cintura de Setsuna con un brazo, atrayéndolo hacia él. Se inclinó y comenzó a lamer y succionar uno de los pezones erguidos de Kiryu. El gemido que escapó de los labios de Setsuna fue agudo y cargado de una necesidad que sorprendió a todos los presentes. Era un sonido crudo, puramente sexual.
—Oh, Dios... Ohma... —jadeó Setsuna, arqueando la espalda.
Ohma se separó, limpiándose la comisura de los labios con el pulgar. Su mirada era oscura, más intensa de lo habitual. Sin esperar, giró la botella. Se detuvo en Setsuna de nuevo.
—Quítate los pantalones —ordenó Ohma con voz ronca.
Setsuna, con las mejillas encendidas por un rubor impropio de él, obedeció. El juego estaba escalando a una velocidad peligrosa. Se deshizo de sus pantalones, quedando solo en un bóxer ajustado que dejaba muy poco a la imaginación.
Setsuna volvió a girar la botella, esta vez apuntando a Raian Kure.
—Raian... —dijo Setsuna, recuperando un poco la compostura—. Besa a Okubo. Con lengua.
—¿Quieres ver acción, fenómeno? Te daré acción —gruñó Raian.
El Kure no tuvo reparos. Se lanzó sobre Okubo como si fuera a atacarlo en una pelea, pero en su lugar lo atrapó en un beso salvaje y desordenado. Okubo intentó zafarse al principio, pero la fuerza bruta de Raian lo mantuvo en su sitio hasta que el intercambio terminó con un sonido húmedo.
Raian, con una sonrisa maníaca, giró la botella. Apuntó a Ohma.
—Tokita... manosea a Kiryu. De forma íntima. Quiero ver qué tan lejos llega tu paciencia.
Ohma no dudó. Sus manos bajaron directamente al bóxer de Setsuna, apretando su trasero y recorriendo la entrepierna por encima de la tela. Setsuna se aferró a los hombros de Ohma, respirando con dificultad, sus ojos en blanco mientras el placer lo invadía.
—Mi turno —dijo Ohma, girando la botella con brusquedad. Le tocó a Lihito—. Pellízcale los pezones a Raian. Fuerte.
Lihito, viendo una oportunidad de venganza, se lanzó sobre Raian, quien ni siquiera parpadeó ante el dolor, simplemente soltó una risa ronca antes de girar la botella una vez más.
La botella se detuvo en Setsuna.
—Ven aquí, maldito loco —dijo Raian, señalando el suelo frente a él—. Bésame.
Setsuna se acercó, pero antes de que pudiera hacer un movimiento, Raian lo agarró por los brazos con una fuerza violenta y lo atrajo hacia sí, estampando sus labios contra los de él en un beso salvaje que buscaba dominarlo.
Al ver aquello, algo estalló dentro de Ohma. No era solo competitividad; era una posesividad territorial que nunca antes había sentido con tanta fuerza. Sin previo aviso, Ohma se levantó, agarró a Setsuna del brazo y lo arrancó del agarre de Raian.
—Se acabó el juego para nosotros —sentenció Ohma.
Antes de que nadie pudiera protestar, Ohma arrastró a Setsuna hacia el baño de la habitación de Lihito y cerró la puerta de un portazo, echando el cerrojo.
—¡Oigan! ¡Eso es trampa! —gritó Okubo desde afuera, seguido por las burlas de Raian.
Dentro del pequeño baño, el ambiente era eléctrico. Ohma empujó a Setsuna contra la pared de azulejos fríos. Sin mediar palabra, sus manos bajaron a las nalgas de Setsuna, apretándolas con una fuerza que hizo que el otro hombre soltara un gemido ahogado.
—Ohma... finalmente... —susurró Setsuna, envolviendo sus piernas alrededor de la cintura del luchador.
Ohma no respondió con palabras. Agarró el borde del bóxer de Setsuna y, con la misma fuerza que usaba para romper huesos, tiró de la tela hasta que se rasgó por completo. El sonido de la tela rompiéndose fue seguido por un gemido fuerte y vibrante de Setsuna que traspasó la puerta del baño.
—¡Vaya, parece que Tokita se puso serio! —se escuchó la voz de Raian desde el otro lado, provocando risas entre los demás.
—¡Cállense y déjenme escuchar! —gritó Lihito, pegando la oreja a la puerta.
Dentro, Ohma no perdía el tiempo. La excitación y la adrenalina del juego habían despertado un hambre voraz. Levantó a Setsuna, sosteniéndolo contra la pared, y lo penetró de una sola estocada profunda y violenta.
Setsuna soltó un grito que fue una mezcla de dolor y éxtasis puro. Sus uñas se clavaron en la espalda de Ohma, dejando marcas rojas mientras sus cuerpos chocaban rítmicamente.
—Más... ¡Ohma, más fuerte! —suplicaba Setsuna, con la cabeza echada hacia atrás, golpeando ocasionalmente la pared.
Ohma obedeció, embistiendo con una rapidez y una fuerza sobrehumana. Cada golpe de sus caderas era seco y contundente. El sonido de la carne chocando y los gemidos desvergonzados de Setsuna llenaban el pequeño espacio, creando una sinfonía de lujuria desenfrenada.
—Eres mío, ¿lo entiendes? —gruñó Ohma al oído de Setsuna, mordiéndole el lóbulo de la oreja.
—¡Sí! ¡Soy tu Dios, soy tu sacrificio! ¡Hazme pedazos! —gritaba Setsuna, completamente perdido en el placer.
Afuera, los demás luchadores intercambiaban miradas de asombro.
—Maldita sea, creo que van a tirar la pared —comentó Cosmo, algo sonrojado.
—Eso es lo que pasa cuando dejas que dos monstruos se encierren —dijo Kaneda, tratando de mantener la compostura a pesar del ruido explícito que venía del baño.
El sexo dentro del baño era dominante y rudo. Ohma no mostraba piedad, moviéndose con la misma intensidad con la que luchaba en el Kengan Dome. Giró a Setsuna, obligándolo a apoyarse contra el lavabo, y continuó penetrándolo desde atrás, sus manos marcando la piel de sus caderas.
Setsuna gemía sin cesar, su voz volviéndose ronca por el esfuerzo. Cada vez que Ohma golpeaba su punto más sensible, Setsuna sentía que su mente se fragmentaba. Era exactamente lo que siempre había deseado: ser reclamado por el "Ashura" de la manera más primitiva posible.
Finalmente, tras varios minutos de una intensidad insoportable, ambos llegaron al clímax. Ohma soltó un rugido bajo mientras se corría dentro de Setsuna, apretándolo contra el mármol del lavabo, mientras Setsuna se arqueaba con un último grito de triunfo y placer antes de colapsar en los brazos de Ohma.
Se quedaron allí unos momentos, jadeando, envueltos en el vapor y el olor del sexo. Ohma ayudó a Setsuna a mantenerse en pie, aunque el "Hermoso Demonio" temblaba de pies a cabeza.
—Eso... fue una buena penitencia —logró decir Setsuna con una sonrisa débil y satisfecha.
Ohma lo miró, recuperando su expresión impasible, aunque sus ojos aún guardaban un rastro de fuego.
—Vámonos. Ya hemos tenido suficiente descanso por hoy.
Cuando salieron del baño, el resto del grupo los recibió con silbidos y aplausos burlones. Raian, apoyado contra la pared con los brazos cruzados, simplemente asintió con una mueca de respeto.
—Nada mal, Tokita. Nada mal.
Lihito miró su baño y luego a sus amigos.
—Bueno... supongo que alguien va a tener que limpiar eso, pero primero... ¡sigamos con el juego! ¡Todavía me toca mi turno!
La risa estalló de nuevo en la habitación, mientras Ohma y Setsuna, compartiendo un vínculo renovado por el exceso y la pasión, se reincorporaban al círculo, listos para ver qué otra locura les deparaba la noche.
—¡Ya les dije, esto es lo que necesitamos para relajarnos! —exclamó Okubo, agitando una botella de sake vacía con una sonrisa de oreja a oreja—. El juego de la botella de la penitencia. Las reglas son simples: el que la gira manda, y el que recibe tiene que cumplir sin quejarse. Si no, se considera una derrota peor que un K.O.
Lihito, sentado sobre su cama deshecha, asintió con entusiasmo.
—¡Me gusta! Veamos quién de estos "monstruos" tiene las pelotas para aguantar un reto de verdad.
El círculo estaba formado por una alineación inusual: Ohma, con su habitual aire de indiferencia; Setsuna Kiryu, cuyos ojos brillantes no dejaban de seguir cada movimiento de Ohma; Raian Kure, que parecía estar a un segundo de matar a alguien o de reírse a carcajadas; Himuro, Kaneda, Cosmo y los ya mencionados Okubo y Lihito.
Okubo colocó la botella en el centro del suelo de madera y la hizo girar. El vidrio chirrió contra el piso hasta que el cuello de la botella se detuvo apuntando directamente a Himuro.
—Bien, "Icy Eight" —rio Okubo—. Te toca. Tu penitencia es... dale un beso a Kaneda. Y que sea uno de verdad, nada de mejillas.
Himuro frunció el ceño, visiblemente molesto, mientras Kaneda se ajustaba las gafas con una sonrisa nerviosa.
—¿Es en serio, Okubo? —gruñó Himuro.
—¡Reglas son reglas! —coreó Raian desde el fondo, burlón.
Himuro suspiró, se acercó a Kaneda y, sujetándolo por la nuca, le plantó un beso rápido pero firme en los labios. Kaneda parpadeó sorprendido cuando Himuro se separó con el rostro ligeramente enrojecido.
—Listo. Ahora me toca a mí —dijo Himuro, agarrando la botella con fuerza.
La botella giró rápidamente y se detuvo frente a Setsuna Kiryu. Una sonrisa depredadora cruzó el rostro de Himuro.
—Setsuna... quítate la camisa. Pero hazlo despacio. Quiero ver esa supuesta elegancia de la que tanto presumes de forma provocativa.
Setsuna no se inmutó. Al contrario, sus ojos se entrecerraron con deleite mientras buscaba la mirada de Ohma. Se llevó las manos al primer botón de su camisa y comenzó a desabotonarla con una lentitud exasperante. Sus dedos largos acariciaban la tela, revelando centímetro a centímetro su piel pálida y los músculos definidos de su torso. Cuando finalmente la camisa cayó de sus hombros, lo hizo con un movimiento de cadera que dejó a más de uno en silencio.
Ohma observó la escena sin decir nada, pero sintió un calor extraño subir por su cuello. Había algo en la forma en que Setsuna se exhibía que, de una manera que no quería admitir, le resultaba fascinante.
Setsuna, aún con el torso desnudo, giró la botella. Esta vez, el destino señaló a Okubo.
—Okubo-san —susurró Setsuna con voz melosa—, ve con Lihito y chúpale la oreja.
—¡¿Qué?! —gritó Lihito, saltando—. ¡Ni hablar!
—¡Penitencia es penitencia! —rugió Raian, empujando a Okubo hacia Lihito.
Okubo, entre risas y asco fingido, se acercó a un Lihito que gritaba maldiciones y cumplió la tarea. El sonido de los forcejeos y las risas llenó la habitación hasta que Okubo, recuperando el aliento, volvió a girar la botella.
El cuello de cristal apuntó a Ohma Tokita.
—Ohma, mi turno —dijo Okubo con una chispa de malicia en los ojos—. Ya que Setsuna está tan cómodo sin camisa... acércate y chúpale los pezones.
El silencio que siguió fue absoluto. Cosmo se tapó la boca con las manos, y Raian soltó una carcajada estridente. Ohma miró a Setsuna, quien parecía haber entrado en un trance de éxtasis ante la idea. Sin decir una palabra, Ohma se arrastró por el suelo hasta quedar frente al "Hermoso Demonio".
Ohma rodeó la cintura de Setsuna con un brazo, atrayéndolo hacia él. Se inclinó y comenzó a lamer y succionar uno de los pezones erguidos de Kiryu. El gemido que escapó de los labios de Setsuna fue agudo y cargado de una necesidad que sorprendió a todos los presentes. Era un sonido crudo, puramente sexual.
—Oh, Dios... Ohma... —jadeó Setsuna, arqueando la espalda.
Ohma se separó, limpiándose la comisura de los labios con el pulgar. Su mirada era oscura, más intensa de lo habitual. Sin esperar, giró la botella. Se detuvo en Setsuna de nuevo.
—Quítate los pantalones —ordenó Ohma con voz ronca.
Setsuna, con las mejillas encendidas por un rubor impropio de él, obedeció. El juego estaba escalando a una velocidad peligrosa. Se deshizo de sus pantalones, quedando solo en un bóxer ajustado que dejaba muy poco a la imaginación.
Setsuna volvió a girar la botella, esta vez apuntando a Raian Kure.
—Raian... —dijo Setsuna, recuperando un poco la compostura—. Besa a Okubo. Con lengua.
—¿Quieres ver acción, fenómeno? Te daré acción —gruñó Raian.
El Kure no tuvo reparos. Se lanzó sobre Okubo como si fuera a atacarlo en una pelea, pero en su lugar lo atrapó en un beso salvaje y desordenado. Okubo intentó zafarse al principio, pero la fuerza bruta de Raian lo mantuvo en su sitio hasta que el intercambio terminó con un sonido húmedo.
Raian, con una sonrisa maníaca, giró la botella. Apuntó a Ohma.
—Tokita... manosea a Kiryu. De forma íntima. Quiero ver qué tan lejos llega tu paciencia.
Ohma no dudó. Sus manos bajaron directamente al bóxer de Setsuna, apretando su trasero y recorriendo la entrepierna por encima de la tela. Setsuna se aferró a los hombros de Ohma, respirando con dificultad, sus ojos en blanco mientras el placer lo invadía.
—Mi turno —dijo Ohma, girando la botella con brusquedad. Le tocó a Lihito—. Pellízcale los pezones a Raian. Fuerte.
Lihito, viendo una oportunidad de venganza, se lanzó sobre Raian, quien ni siquiera parpadeó ante el dolor, simplemente soltó una risa ronca antes de girar la botella una vez más.
La botella se detuvo en Setsuna.
—Ven aquí, maldito loco —dijo Raian, señalando el suelo frente a él—. Bésame.
Setsuna se acercó, pero antes de que pudiera hacer un movimiento, Raian lo agarró por los brazos con una fuerza violenta y lo atrajo hacia sí, estampando sus labios contra los de él en un beso salvaje que buscaba dominarlo.
Al ver aquello, algo estalló dentro de Ohma. No era solo competitividad; era una posesividad territorial que nunca antes había sentido con tanta fuerza. Sin previo aviso, Ohma se levantó, agarró a Setsuna del brazo y lo arrancó del agarre de Raian.
—Se acabó el juego para nosotros —sentenció Ohma.
Antes de que nadie pudiera protestar, Ohma arrastró a Setsuna hacia el baño de la habitación de Lihito y cerró la puerta de un portazo, echando el cerrojo.
—¡Oigan! ¡Eso es trampa! —gritó Okubo desde afuera, seguido por las burlas de Raian.
Dentro del pequeño baño, el ambiente era eléctrico. Ohma empujó a Setsuna contra la pared de azulejos fríos. Sin mediar palabra, sus manos bajaron a las nalgas de Setsuna, apretándolas con una fuerza que hizo que el otro hombre soltara un gemido ahogado.
—Ohma... finalmente... —susurró Setsuna, envolviendo sus piernas alrededor de la cintura del luchador.
Ohma no respondió con palabras. Agarró el borde del bóxer de Setsuna y, con la misma fuerza que usaba para romper huesos, tiró de la tela hasta que se rasgó por completo. El sonido de la tela rompiéndose fue seguido por un gemido fuerte y vibrante de Setsuna que traspasó la puerta del baño.
—¡Vaya, parece que Tokita se puso serio! —se escuchó la voz de Raian desde el otro lado, provocando risas entre los demás.
—¡Cállense y déjenme escuchar! —gritó Lihito, pegando la oreja a la puerta.
Dentro, Ohma no perdía el tiempo. La excitación y la adrenalina del juego habían despertado un hambre voraz. Levantó a Setsuna, sosteniéndolo contra la pared, y lo penetró de una sola estocada profunda y violenta.
Setsuna soltó un grito que fue una mezcla de dolor y éxtasis puro. Sus uñas se clavaron en la espalda de Ohma, dejando marcas rojas mientras sus cuerpos chocaban rítmicamente.
—Más... ¡Ohma, más fuerte! —suplicaba Setsuna, con la cabeza echada hacia atrás, golpeando ocasionalmente la pared.
Ohma obedeció, embistiendo con una rapidez y una fuerza sobrehumana. Cada golpe de sus caderas era seco y contundente. El sonido de la carne chocando y los gemidos desvergonzados de Setsuna llenaban el pequeño espacio, creando una sinfonía de lujuria desenfrenada.
—Eres mío, ¿lo entiendes? —gruñó Ohma al oído de Setsuna, mordiéndole el lóbulo de la oreja.
—¡Sí! ¡Soy tu Dios, soy tu sacrificio! ¡Hazme pedazos! —gritaba Setsuna, completamente perdido en el placer.
Afuera, los demás luchadores intercambiaban miradas de asombro.
—Maldita sea, creo que van a tirar la pared —comentó Cosmo, algo sonrojado.
—Eso es lo que pasa cuando dejas que dos monstruos se encierren —dijo Kaneda, tratando de mantener la compostura a pesar del ruido explícito que venía del baño.
El sexo dentro del baño era dominante y rudo. Ohma no mostraba piedad, moviéndose con la misma intensidad con la que luchaba en el Kengan Dome. Giró a Setsuna, obligándolo a apoyarse contra el lavabo, y continuó penetrándolo desde atrás, sus manos marcando la piel de sus caderas.
Setsuna gemía sin cesar, su voz volviéndose ronca por el esfuerzo. Cada vez que Ohma golpeaba su punto más sensible, Setsuna sentía que su mente se fragmentaba. Era exactamente lo que siempre había deseado: ser reclamado por el "Ashura" de la manera más primitiva posible.
Finalmente, tras varios minutos de una intensidad insoportable, ambos llegaron al clímax. Ohma soltó un rugido bajo mientras se corría dentro de Setsuna, apretándolo contra el mármol del lavabo, mientras Setsuna se arqueaba con un último grito de triunfo y placer antes de colapsar en los brazos de Ohma.
Se quedaron allí unos momentos, jadeando, envueltos en el vapor y el olor del sexo. Ohma ayudó a Setsuna a mantenerse en pie, aunque el "Hermoso Demonio" temblaba de pies a cabeza.
—Eso... fue una buena penitencia —logró decir Setsuna con una sonrisa débil y satisfecha.
Ohma lo miró, recuperando su expresión impasible, aunque sus ojos aún guardaban un rastro de fuego.
—Vámonos. Ya hemos tenido suficiente descanso por hoy.
Cuando salieron del baño, el resto del grupo los recibió con silbidos y aplausos burlones. Raian, apoyado contra la pared con los brazos cruzados, simplemente asintió con una mueca de respeto.
—Nada mal, Tokita. Nada mal.
Lihito miró su baño y luego a sus amigos.
—Bueno... supongo que alguien va a tener que limpiar eso, pero primero... ¡sigamos con el juego! ¡Todavía me toca mi turno!
La risa estalló de nuevo en la habitación, mientras Ohma y Setsuna, compartiendo un vínculo renovado por el exceso y la pasión, se reincorporaban al círculo, listos para ver qué otra locura les deparaba la noche.
