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Secret 2

Fandom: CORTIS

Created: 4/3/2026

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RomancePWP (Plot? What Plot?)Curtainfic / Domestic StoryAngstCharacter StudyExplicit Language
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Líquido y Cristal

El silencio en la habitación que compartían James y Juhoon no era el habitual vacío de descanso al que estaban acostumbrados tras las extenuantes jornadas de ensayo con CORTIS. Era un silencio denso, cargado de partículas eléctricas que parecían rozar la piel con cada respiración. La luz de la luna se filtraba de manera intermitente a través de la ventana, bañando la cama de James en un resplandor plateado, mientras que el rincón de Juhoon, cerca de la puerta, permanecía sumido en una penumbra engañosa.

James estaba tumbado de espaldas, con los ojos cerrados y el pecho subiendo y bajando con una regularidad monótona. Para cualquier observador externo, el líder del grupo dormía profundamente, su máscara de estoicismo finalmente relajada por el cansancio. Sin embargo, bajo las sábanas, sus sentidos estaban agudizados hasta el punto de la tortura. Cada vez que Juhoon se movía apenas un milímetro, James lo registraba. Su cuerpo aún conservaba la memoria táctil del encuentro interrumpido en el sofá; la firmeza de la cintura de Juhoon, el calor que emanaba de él y esa fragilidad desafiante que lo estaba volviendo loco.

A pocos centímetros de distancia, Juhoon libraba una batalla interna que amenazaba con desbordarlo. Estaba hecho un ovillo, dándole la espalda a James, con las rodillas encogidas contra el pecho. Su mente era un proyector averiado que repetía una y otra vez la misma escena: las manos de James sobre él, la intensidad de esa mirada analítica transformándose en puro deseo posesivo, y la frustración de haber sido interrumpidos justo cuando el mundo parecía estar a punto de colapsar.

Por primera vez en sus veintiún años, Juhoon experimentaba una excitación que no podía racionalizar ni ignorar. No era solo un impulso; era una marea física, un calor abrasador que nacía en lo más profundo de su vientre y se extendía como lava por sus venas. Sentía un cosquilleo insoportable en su entrepierna, una pulsación rítmica que demandaba una atención que él no sabía cómo dar.

De pronto, un espasmo involuntario recorrió su cuerpo. Entre sus muslos, sintió una humedad repentina y cálida. Una ola de lubricante natural, generada por la intensidad de sus propios pensamientos, brotó de su interior, empapando la delicada tela de su ropa interior. El contacto del líquido frío contra su piel sensible lo hizo temblar de pies a cabeza. Era una sensación tan extraña y abrumadora que sus ojos se llenaron de lágrimas. Las gotas saladas rodaron por sus mejillas y se perdieron en la almohada, mientras un sollozo silencioso se quedaba atrapado en su garganta. Se sentía vulnerable, expuesto ante su propia biología secreta, ese diseño único de su cuerpo que ahora reclamaba su derecho a sentir.

Desesperado por aliviar la presión, Juhoon llevó una mano hacia abajo, moviéndola por encima de la tela de su pijama. Sus dedos temblaban. Al rozar la zona, un jadeo ahogado escapó de sus labios. El calor que emanaba de allí era casi febril.

—Ah... —susurró para sí mismo, apretando los dientes para no hacer ruido.

Intentó buscar consuelo a través de la ropa, frotando con torpeza, pero la tela se sentía áspera y distante frente a la urgencia de su piel. La frustración comenzó a mezclarse con el deseo. Necesitaba contacto directo. Con el corazón martilleando contra sus costillas, deslizó la mano por debajo de la cinturilla de su ropa interior. Sus dedos se hundieron en la humedad viscosa y caliente que lo cubría todo.

Se quedó paralizado por un segundo, asustado de su propia anatomía. Su coño estaba palpitando, las paredes internas contraídas en una espera agónica. Al tocarse, sintió cómo su vulva, regordeta e hinchada por la congestión sanguínea, reaccionaba al más mínimo roce. Estaba tan sensible que cada movimiento le provocaba una descarga eléctrica que le nublaba la vista. Pero no era suficiente. Sus dedos inexpertos no lograban calmar ese fuego; al contrario, parecía que lo avivaban más, dejándolo en un estado de desamparo total.

El calor se volvió insoportable. Sentía que las mantas lo asfixiaban, que el aire de la habitación era demasiado espeso para respirar. En un arrebato de desesperación y valentía nacida de la necesidad, Juhoon se incorporó con movimientos erráticos. Se deshizo de los pantalones del pijama, dejándolos caer al suelo como una piel muerta de la que necesitaba desprenderse.

Se quedó solo en su camisa de dormir y su ropa interior: unas bragas de encaje rosa que guardaba como su secreto más profundo, una prenda que abrazaba su feminidad oculta. La tela fina se adhería a su vulva hinchada, humedecida por el flujo constante que seguía resbalando por la curvatura de sus muslos pálidos.

Miró hacia la cama de al lado. James seguía allí, una silueta imponente bajo la luz de la luna. Juhoon sabía que lo que estaba a punto de hacer cambiaría todo, que cruzar esos pocos centímetros de distancia era derribar el último muro de su vida profesional. Pero ya no importaba. El dolor dulce en su entrepierna era más fuerte que el miedo.

Se puso de pie, sus piernas sintiéndose como gelatina, y caminó hacia la ventana, hacia la cama de James. El roce de sus propios muslos al caminar enviaba nuevas oleadas de placer y tormento. Se detuvo al borde del colchón ajeno, proyectando una sombra alargada sobre el cuerpo del mayor.

—James... —llamó en un susurro quebrado, apenas un hilo de voz que vibraba con una súplica implícita.

James no se movió de inmediato, pero su respiración se detuvo por un instante. Lentamente, como si estuviera emergiendo de un sueño pesado, abrió los ojos. La luz de la luna le permitió ver la silueta de Juhoon, pero no los detalles. Con un movimiento fluido y pausado, James estiró el brazo y encendió la pequeña lámpara de noche que descansaba sobre su mesa de luz.

El resplandor cálido de la bombilla inundó el espacio, y James se quedó mudo.

Había imaginado a Juhoon de mil maneras, pero la realidad superaba cualquier fantasía que hubiera intentado reprimir. Juhoon estaba de pie frente a él, con el cabello castaño revuelto y los ojos enrojecidos por las lágrimas, pero con una expresión de entrega absoluta. La camisa de dormir, ligeramente corta, dejaba al descubierto sus piernas largas y delgadas. Pero lo que detuvo el corazón de James fue ver a Juhoon sin pantalones, revelando la ropa interior de encaje rosa que apenas podía contener la hinchazón de su sexo.

James bajó la mirada, siguiendo el rastro de la humedad. El líquido transparente y brillante resbalaba lentamente por la cara interna de los muslos de Juhoon, un rastro de deseo puro que contrastaba con la blancura de su piel. El coño de Juhoon, visible a través del encaje húmedo, parecía reclamar su atención, palpitando ante sus ojos.

—Juhoon... —la voz de James salió como un rugido contenido, una mezcla de sorpresa y una posesividad salvaje que ya no podía ocultar bajo sus lentes o su actitud analítica.

En ese instante, una ola de excitación violenta recorrió la columna vertebral de James. Sintió un calor abrasador instalarse en su propio vientre, una respuesta física inmediata ante la vulnerabilidad y la belleza cruda del chico frente a él. La máscara de hierro que tanto le había costado mantener durante meses se hizo añicos por completo. Ya no era el protector estoico, ya no era el líder de CORTIS preocupado por la imagen pública. Era un hombre viendo, por fin, la verdad desnuda del secreto que Juhoon le ofrecía.

—¿Qué estás haciendo? —preguntó James, aunque su mirada devoradora ya conocía la respuesta.

Juhoon tembló, cerrando los ojos ante la intensidad de la atención de James, sintiendo cómo su propio cuerpo reaccionaba con una nueva y más fuerte contracción de sus músculos más íntimos. El aire entre ellos desapareció, reemplazado por la promesa de un incendio inminente.
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