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Amiguis

Fandom: Anny, Damon y Alex

Created: 4/5/2026

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DramaAngstHurt/ComfortPsychologicalSuicide AttemptRealismCharacter StudyExplicit Language
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El eco del silencio tras la sonrisa

La noche caía sobre la ciudad con una pesadez inusual, como si el aire mismo estuviera cargado de presagios que nadie se atrevía a leer. Anny estaba en su habitación, rodeada de libros que no estaba leyendo realmente. Ella era así: una contradicción andante. Para el mundo exterior, era la chica retraída que evitaba el contacto visual en los pasillos, pero en la seguridad de su cuarto, con el teléfono vibrando con mensajes de Damon y Alex, se sentía capaz de ser ella misma. O al menos, la versión de ella que sus amigos conocían.

Damon, por otro lado, probablemente estaba en algún bar o en una fiesta, soltando algún comentario subido de tono o soltando una de sus habituales ráfagas de groserías que, extrañamente, en él sonaban a afecto. Y Alex... Alex debía estar cuidando a su perro o enviando algún video tierno de animales, con esa inocencia que siempre parecía actuar como el pegamento del grupo.

O eso era lo que Anny pensaba hasta que el sonido violento de su puerta principal siendo golpeada la sacó de su trance.

—¡Anny! ¡Anny, abre la maldita puerta ahora mismo! —Los gritos de Damon atravesaron las paredes, cargados de una desesperación que ella nunca le había escuchado.

Anny bajó las escaleras casi tropezando, con el corazón martilleándole en la garganta. Sus padres salieron al pasillo, confundidos y alarmados por el escándalo. Cuando Anny abrió la puerta, se encontró con un Damon que no reconocía. Su cabello estaba desordenado, sus ojos inyectados en sangre y las manos le temblaban de una forma violenta.

—¡Damon! ¿Qué carajo te pasa? Mis padres están... —Anny se detuvo en seco al ver la expresión en el rostro de su amigo.

—Es Alex... —La voz de Damon se quebró, algo impensable para el chico que siempre tenía una respuesta mordaz para todo—. Es Alex, Anny. Está en el hospital. Se... se intentó matar, joder. Se tomó todo lo que encontró y... lo encontraron con una soga, Anny. ¡Maldita sea, se intentó ahorcar!

El mundo de Anny se detuvo. El ruido de sus padres preguntando qué pasaba se convirtió en un zumbido lejano. Sin decir una palabra, sin mirar atrás, Anny salió disparada de la casa. Damon la siguió de cerca, ambos corriendo por las calles oscuras con los pulmones ardiendo. No les importó dejar a sus familias sumidas en la confusión; en ese momento, el único centro de su universo era el chico de la sonrisa fácil que, al parecer, se estaba rompiendo por dentro mientras ellos miraban hacia otro lado.

Al llegar a la sala de urgencias, el olor a desinfectante y la luz fría de los fluorescentes los golpeó como un muro. Damon se acercó al mostrador, soltando una cadena de insultos por lo bajo debido al pánico, mientras Anny simplemente se dejó caer en una de las sillas de plástico, con la mirada perdida.

—¿Familiares de Alex? —preguntó una enfermera minutos después, que parecían horas.

Damon y Anny se pusieron en pie de un salto. Tras una breve explicación médica que incluía términos como "lavado de estómago", "intoxicación severa por benzodiacepinas" y "marcas de ligadura", la mujer les informó que Alex estaba estable, aunque todavía inconsciente.

Anny se derrumbó de nuevo, pero esta vez las lágrimas fluyeron sin control. Damon, que siempre intentaba mantener una fachada de tipo duro y coqueto, se cubrió la cara con las manos y sollozó con un ruido seco y desgarrador.

—No lo vimos —susurró Anny, con la voz rota—. Damon, estuvimos con él ayer. Nos reímos. Él se rió. ¿Cómo diablos no nos dimos cuenta?

Damon se sentó a su lado y, por primera vez en años, no hubo ninguna broma sugerente ni ningún comentario sarcástico. Solo había dos amigos rotos por la culpa.

—Yo soy un imbécil —dijo Damon, golpeando suavemente su rodilla con el puño—. Siempre hablando de mis mierdas, siempre coqueteando para llamar la atención, siempre diciendo estupideces... Y él estaba ahí, siendo el "niño bueno", el "inocente Alex", cargando con todo ese peso solo. ¡Maldita sea! Soy el peor amigo del mundo.

—No eres solo tú —intervino Anny, limpiándose las lágrimas con la manga de su sudadera—. Yo soy la que se supone que observa a la gente porque no me gusta hablar. Se supone que soy la que nota los detalles. Me esforcé tanto en intentar ser sociable con los demás que ignoré lo que estaba pasando justo frente a mis ojos. Él me escuchaba quejarme de lo mucho que odio a la gente, y él... él solo quería ser amado por todos.

Damon suspiró, pasando un brazo por los hombros de Anny y atrayéndola hacia él. Anny, que normalmente evitaría el contacto físico tan directo, se aferró a su chaqueta como si fuera un salvavidas.

—¿Viste su Instagram la semana pasada? —preguntó Damon en voz baja—. Publicó fotos de su perro y puso que era lo más importante que tenía. Pensé que era solo Alex siendo Alex. Tan tierno, tan gentil... No me detuve a pensar que tal vez se estaba despidiendo.

—Y la pijamada del mes pasado —añadió Anny, con un nudo en el pecho—. Cuando se quedó dormido temprano y nosotros nos quedamos despiertos viendo películas de terror. Pensamos que estaba cansado por las clases, pero tal vez ya no tenía energía ni para mantenerse despierto. Dios, Damon, se tomó pastillas para dormir. Quería dormir para siempre.

—No voy a dejar que se vaya —sentenció Damon con una ferocidad nueva en su voz—. Si ese idiota cree que puede dejarnos aquí con todas sus bromas sin terminar y su maldita amabilidad, está muy equivocado. Cuando despierte, voy a insultarlo tanto que va a desear no haberlo intentado, y luego voy a abrazarlo hasta que me pida que me quite de encima.

Anny dejó escapar una risa amarga a través de sus lágrimas.

—Él odia que digas tantas malas palabras, Damon.

—Pues va a tener que aguantarse —replicó él, aunque sus ojos seguían llenos de dolor—. Porque de ahora en adelante, no va a haber ni un solo segundo en el que no sepa que estamos aquí. Si tiene que llorar, que llore con nosotros. Si odia al mundo, que lo odie con nosotros. Pero solo no. Nunca más solo.

Pasaron las horas en esa sala de espera. El cansancio físico empezó a ganarles terreno, pero la adrenalina de la culpa los mantenía alerta. Hablaron de todo: de las señales que ignoraron, de las veces que Alex se quedó callado de forma inusual, de cómo su gentileza a veces parecía un escudo para no molestar a nadie con sus propios problemas.

—Anny —dijo Damon después de un largo silencio—, tenemos que cambiar. No podemos volver a ser los mismos de antes. Tú tienes que dejar de esconderte en tu caparazón y yo tengo que dejar de actuar como si nada me importara una mierda.

—Lo sé —asintió ella, recostando su cabeza en el hombro de Damon—. Alex nos necesita de verdad. No necesita a la Anny antisocial ni al Damon mujeriego. Necesita a sus amigos. A los de verdad.

—¿Crees que nos perdone? —preguntó Damon con una vulnerabilidad que asustaría a cualquiera que lo conociera superficialmente—. Por no haber estado ahí cuando el nudo estaba listo.

—Él es Alex —respondió Anny con una pequeña sonrisa triste—. Es la persona más gentil que conocemos. Nos perdonará antes de que terminemos de pedirle disculpas. El problema es si nosotros podremos perdonarnos a nosotros mismos.

—Tendremos que hacerlo —concluyó Damon—. Porque si nos hundimos en la culpa, no seremos capaces de sacarlo a él del pozo. Y esta vez, vamos a sacarlo, cueste lo que cueste.

Se quedaron así, abrazados en la penumbra del hospital, dos figuras jóvenes enfrentándose a una realidad que les había arrebatado la inocencia de golpe. La pijamada que vendría después de que Alex recibiera el alta no sería como las demás. No habría películas de terror ni bromas pesadas al principio. Habría conversaciones largas, lágrimas compartidas y una vigilancia constante nacida del amor más puro.

Damon cerró los ojos por un momento, imaginando el rostro de Alex, su expresión inocente y su amor por los animales. Se prometió a sí mismo que volvería a ver esa chispa en sus ojos, aunque tuviera que mover cielo y tierra para lograrlo.

—Oye, Anny —susurró Damon antes de que el sueño empezara a vencerlos—. Mañana, cuando nos dejen pasar... no le digas que estuve llorando como un bebé, ¿vale? Tengo una reputación que mantener.

Anny apretó su mano, sintiendo por primera vez en la noche que tal vez, solo tal vez, todo saldría bien.

—Tu reputación ya se fue al caño, Damon. Pero no te preocupes, yo diré que fue el olor a hospital lo que nos puso así.

—Gracias, enana.

—De nada, idiota.

El silencio volvió a reinar, pero ya no era un silencio de muerte. Era el silencio de una tregua, de una promesa silenciosa entre dos amigos que habían estado a punto de perder a su tercer pilar y que ahora, con el corazón en la mano, estaban listos para reconstruir lo que se había roto. Alex no despertaría solo; despertaría rodeado de un amor que, aunque tardío en manifestarse con tal fuerza, sería el ancla que lo mantendría unido a la vida.
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