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Naruto el dueño de todas

Fandom: Naruto

Created: 4/5/2026

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AU (Alternate Universe)DarkPsychologicalTragedyExplicit LanguageGraphic ViolenceRapeOOC (Out of Character)JealousyUnplanned/Unwanted PregnancyDivergence
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El Dueño del Linaje Haruno

La aldea de Konoha siempre había visto a Naruto Uzumaki como un paria, un niño ruidoso con sueños imposibles. Pero tras graduarse de la academia, algo en él cambió. No era solo la confianza de haber obtenido su banda ninja; era una presencia oscura, magnética y cargada de una autoridad que nadie sabía de dónde provenía. Naruto no solo había heredado el legado de sus padres, sino que mediante métodos poco ortodoxos y misiones secretas de alto rango que el Tercer Hokage le confiaba, había amasado una fortuna que ridiculizaba el patrimonio de cualquier clan noble de la aldea.

Mebuki Haruno, por otro lado, vivía en una frustración constante. Kizashi, su marido, era un hombre bueno, pero mediocre. Sus ingresos como ninja de bajo rango apenas cubrían las apariencias que ella tanto deseaba mantener. Cuando los rumores sobre la inmensa riqueza de Naruto llegaron a sus oídos, su codicia fue más fuerte que su moral.

Esa tarde, Mebuki se presentó en el nuevo y lujoso apartamento de Naruto. No iba vestida como una madre de familia. Llevaba un vestido ajustado, peligrosamente corto, y bajo la tela no había rastro de ropa interior.

—Pasa, Mebuki-san —dijo Naruto con una sonrisa depredadora, apoyado en el marco de la puerta. Su mirada recorrió el cuerpo de la mujer con una posesividad que la hizo estremecer—. No esperaba tu visita.

—He oído cosas, Naruto-kun —respondió ella, entrando y dejando que la puerta se cerrara tras de sí—. Cosas sobre tu... fortuna. Kizashi no es suficiente. Necesito seguridad.

Naruto se acercó a ella, su mano enguantada atrapando su mentón con fuerza excesiva.

—¿Y qué estás dispuesta a ofrecer por esa seguridad?

Mebuki no respondió con palabras. Se dejó caer de rodillas, deshaciéndose de la poca dignidad que le quedaba. Esa tarde, el suelo del salón fue testigo de un contrato sellado con sudor y lujuria. Naruto la tomó sin delicadeza, primero en la posición del misionero, observando cómo los ojos de la mujer se ponían en blanco por el placer y el miedo, y luego de perrito, golpeando su cuerpo contra el de ella con una fuerza brutal.

Cuando Naruto terminó, derramando su semilla profundamente dentro de ella sin pedir permiso, Mebuki jadeó, recuperando el aliento mientras se limpiaba.

—¿Por qué has dejado que lo haga sin protección, Mebuki? —preguntó Naruto, su voz fría y dominante.

—Ya sé cuánta riqueza tienes —murmuró ella, mirándolo con una mezcla de sumisión y ambición—. Me convertiré en tu vertedero de semen personal, Naruto. Haré lo que quieras, cuando quieras. Solo... pon una de tus propiedades a mi nombre. Asegura mi futuro.

Naruto soltó una carcajada oscura y la tomó del cabello, obligándola a mirarlo.

—Acepto el trato. Pero hay una condición adicional.

—¿Cuál? —preguntó ella, temblando.

—Sakura también será mía. Cuando yo lo decida, su linaje y el tuyo me pertenecerán por completo.

Mebuki, cegada por el oro, asintió sin dudarlo.

Desde ese día, las visitas de Naruto a la casa Haruno se volvieron frecuentes. Aprovechaba los momentos en que Kizashi estaba de misión o simplemente se colaba en la habitación de Mebuki. La tomaba por todos sus orificios, explorando su cuerpo con una crueldad que la hacía gemir de dolor y placer a partes iguales. A menudo la tomaba por el ano, ignorando sus súplicas de usar protección incluso en sus días fértiles.

—Naruto, por favor... estoy en mis días —rogó ella una noche, mientras él se posicionaba tras ella—. Podría quedar embarazada.

—Todo tu cuerpo me pertenece, zorrita —gruñó Naruto, hundiéndose en ella con una estocada final que la dejó sin aliento—. Si te preño, será un heredero más para mi fortuna. Tú no tienes voz aquí.

Tras terminar y dejarla temblando en la cama, Mebuki le preguntó, con una curiosidad morbosa:

—¿De dónde aprendiste a follar así? Eres un monstruo.

Naruto se rió mientras se ajustaba los pantalones.

—¿Crees que fuiste la primera? Tengo a las putitas del Barrio Rojo comiendo de mi mano, y a una tal Anko Mitarashi bajo mi bota.

Mebuki palideció. El nombre de Anko era temido en toda la aldea; se decía que mataba a cualquier hombre que intentara tocarla.

—¿Anko? Eso es imposible. Ella es...

—Ella solo necesitaba que le mostrara un poco de mi verdadero poder —la interrumpió Naruto con una mirada gélida—. Esa zorrita de pelo morado me tuvo miedo desde el primer momento. La violo cada vez que quiero. Al principio se resistió, pero después de que le robé todas sus virginidades, se volvió la criatura más sumisa que puedas imaginar. Tú no eres especial, Mebuki. Solo eres conveniente.

La situación casi llegó a un punto crítico una noche en la que Kizashi regresó antes de tiempo. Naruto estaba profundamente clavado en el coño de Mebuki en la cama matrimonial cuando escucharon la puerta principal. Mebuki entró en pánico, pero Naruto, con una calma aterradora, realizó un sello manual.

—¡Klon de sombra! —susurró.

El clon salió de la habitación a una velocidad sobrehumana y noqueó a Kizashi antes de que pudiera subir las escaleras. Naruto ni siquiera se detuvo; continuó embistiendo a Mebuki mientras ella lloraba de alivio y vergüenza. Aunque todavía sentía algo por su marido, su cuerpo ya estaba marcado por Naruto. Además, ya era tarde: Mebuki estaba embarazada, y sabía perfectamente quién era el padre.

Semanas después, Sakura llegó a casa emocionada. Sus mejillas estaban sonrojadas y sus ojos brillaban de una forma que Mebuki reconoció de inmediato.

—¡Mamá! Tengo que contarte algo —dijo Sakura, sentándose a la mesa—. Creo que me gusta alguien. Es un chico de la academia, es tan...

Mebuki, en lugar de sonreír, golpeó la mesa con fuerza, asustando a su hija.

—¡Cállate, Sakura! No puedes tener novio. No lo permitiré.

—¿Pero por qué? —preguntó Sakura, con los ojos llenos de lágrimas—. ¡Tengo edad suficiente!

—En algún momento lo comprenderás —sentenció Mebuki con voz amarga—. Hay un dueño para tu linaje. Tu destino ya no te pertenece.

Sakura empezó a notar cambios extraños en su madre. Una noche, la sorprendió llegando de madrugada. Mebuki tenía el cabello desordenado, la ropa mal puesta y los pezones marcándose a través de la tela fina. Cuando Mebuki dejó caer su bolso, Sakura vio su ropa interior asomando, manchada con un líquido blanco y espeso que desprendía un olor fuerte y almizclado.

Unos días después, Sakura, intentando llamar la atención del chico que le gustaba (sin saber que era el mismo Naruto), decidió cambiar su estilo. Bajó a la sala vistiendo una falda mucho más corta y una blusa reveladora que dejaba ver sus hombros y parte de su escote.

Mebuki, absorta en sus propios pensamientos y en el peso de su vientre que empezaba a crecer, no le tomó importancia. Pero Naruto, que estaba oculto en las sombras del pasillo esperando su turno con Mebuki, salió con una expresión de furia pura.

—¿Qué es esto? —rugió Naruto, agarrando a Mebuki del brazo con tanta fuerza que le dejó marcas.

—Naruto... solo es ropa... —balbuceó Mebuki.

—Te dije que ella me pertenecía —dijo Naruto, ignorando a una Sakura confundida y aterrorizada que no entendía qué hacía su compañero de equipo allí—. Y tú has permitido que se vista como una cualquiera para otros hombres.

Naruto arrastró a Mebuki hacia la habitación de arriba, lanzándola sobre la cama.

—¡Castigo! —gritó, mientras empezaba a arrancarle la ropa con violencia—. Me la voy a follar tan fuerte que olvidarás cómo te llamas. Y desde hoy, yo elegiré la ropa de Sakura. Hasta la ropa interior. Si vuelve a usar algo que yo no haya aprobado, tú pagarás las consecuencias con sangre.

Desde el pasillo, Sakura escuchó los gritos de su madre, una mezcla de agonía y un placer oscuro que no lograba comprender. No sabía que su destino ya estaba sellado, y que el "dueño" de su linaje estaba reclamando su territorio, una prenda a la vez. Naruto Uzumaki ya no era un niño; era el amo de la casa Haruno, y pronto, de toda Konoha.
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