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fanfic 5 B.W
Fandom: Euphoria
Created: 4/5/2026
Tags
AU (Alternate Universe)CrossoverScience FictionDramaActionPsychologicalCrimeCharacter StudyDivergence
El Despertar de una Hipermente: El Nuevo Factor en East Highland
La mañana en el suburbio de East Highland no debería haber sido diferente a cualquier otra, pero para Benjamin Winchester, el mundo se había vuelto un lienzo de datos infinitos. Mientras caminaba hacia el instituto, sus ojos —que compartían la intensidad azul y los rasgos marcados de un joven Jensen Ackles— no solo veían el asfalto o los jardines descuidados. Veía la velocidad del viento calculada en vectores invisibles, la composición química del polen flotando en el aire y las microexpresiones de los vecinos que salían a recoger el periódico.
Benjamin vestía con sencillez: unos vaqueros oscuros y una chaqueta que ocultaba su complexión de 1.77 metros. Aunque su rostro proyectaba una madurez que no correspondía a sus dieciséis años, su postura encorvada y la forma en que evitaba el contacto visual delataban su naturaleza introvertida y torpe. Tras la muerte de sus padres, John y Diana, Benjamin se había quedado solo en una casa llena de libros y deudas, pero también con algo que nadie más poseía: un cerebro que funcionaba al cien por ciento de su capacidad de forma natural.
Al cruzar las puertas del instituto, el bombardeo sensorial fue masivo. Benjamin cerró los ojos un segundo, ajustando su "filtro". Su memoria perfecta le devolvió instantáneamente el mapa del edificio que había memorizado de un folleto hacía tres días.
—Muy bien, Ben. Solo es una escuela —susurró para sí mismo con un toque de sarcasmo—. Un ecosistema de hormonas, malas decisiones y jerarquías sociales obsoletas. Pan comido.
Caminó por el pasillo, y fue entonces cuando su visión se activó de una manera que todavía le resultaba extraña. Sobre cada estudiante que pasaba, empezaron a flotar etiquetas de datos, como si estuviera viendo la interfaz de un videojuego basada en la Featteca Wiki.
[Nombre: Estudiante promedio]
[Fuerza de levantamiento: Humano — Inferior al promedio: 45 kg]
[Velocidad: Humano promedio: 5.8 m/s]
[Inteligencia: Promedio]
[Inteligencia para combate: Sin noción]
Benjamin suspiró. Casi todos eran iguales. Sin embargo, su análisis instantáneo se detuvo cuando vio a un grupo cerca de las taquillas. Allí estaba Nate Jacobs. El análisis de Benjamin fue implacable.
[Nombre: Nate Jacobs]
[Fuerza de levantamiento: Humano — Superior al promedio: 110 kg]
[Velocidad: Humano Atlético: 8.2 m/s]
[Inteligencia: Aprendido]
[Inteligencia para combate: Callejeros (Nivel alto)]
Nate irradiaba una hostilidad que Benjamin podía oler literalmente. Gracias a su sinestesia mejorada, el aura de Nate le recordaba al olor del metal oxidado y el ozono antes de una tormenta. Benjamin desvió la mirada rápidamente. No buscaba problemas, al menos no hoy.
Se dirigió a su primera clase, pero en el camino, una fragancia lo detuvo en seco. No era un olor común; era una mezcla de vainilla, laca de pelo y una tristeza profunda y efervescente que se manifestaba como un color azul pálido en su visión sinestésica. Siguió el rastro hasta que la vio.
Cassie Howard estaba apoyada contra una taquilla, hablando con una chica de cabello oscuro. Cassie era, para los estándares de Benjamin, una anomalía estadística de belleza. Sus ojos analizaron su lenguaje corporal en milisegundos: la forma en que jugaba con su collar, la ligera dilatación de sus pupilas, la inseguridad en su sonrisa.
[Nombre: Cassie Howard]
[Fuerza de levantamiento: Humano — Inferior al promedio: 42 kg]
[Velocidad: Humano promedio: 5.5 m/s]
[Inteligencia: Promedio]
[Inteligencia para combate: Sin noción]
Benjamin sintió un vuelco en el corazón, una reacción fisiológica que su hipermente identificó de inmediato como una descarga de dopamina y oxitocina. Se sintió ridículo. Él, que podía aprender farsi en una tarde, no sabía cómo acercarse a una chica sin parecer un absoluto idiota.
—Oye, ¿estás bien? —La voz de Cassie lo sacó de sus pensamientos. Se dio cuenta de que se había quedado parado en medio del pasillo mirándola.
Benjamin parpadeó, su carisma sobrehumano luchando contra su timidez natural.
—Yo... sí. Solo buscaba el aula de cálculo. Creo que mi cerebro decidió tomarse un descanso de la navegación espacial justo ahora —respondió con una sonrisa torpe que, a pesar de su inseguridad, resultó extrañamente encantadora.
Cassie soltó una pequeña risa, una que Benjamin grabó en su memoria perfecta para siempre.
—Está justo detrás de ti. Soy Cassie, por cierto.
—Benjamin. Pero la mayoría de la gente me llama Ben. O "el chico nuevo que se pierde en pasillos rectos".
—Un placer, Ben —dijo ella, mirándolo con una curiosidad que no solía dedicar a los chicos que no intentaban impresionarla de inmediato—. Eres nuevo, ¿verdad? No te había visto por aquí.
—Llegué hace unos días. Todavía estoy intentando entender el ecosistema local. Es fascinante y aterrador al mismo tiempo.
—No tienes ni idea —respondió Cassie, y por un momento, Benjamin vio una sombra de dolor en sus ojos que su análisis instantáneo interpretó como una necesidad desesperada de afecto.
Antes de que pudiera decir algo más, un chico alto y de aspecto rudo pasó empujando a Benjamin ligeramente. Era Chris McKay.
[Nombre: Chris McKay]
[Fuerza de levantamiento: Humano Atlético: 160 kg]
[Velocidad: Humano Atlético: 9.1 m/s]
[Inteligencia: Promedio]
[Inteligencia para combate: Básico]
—Cuidado, novato —gruñó McKay sin detenerse.
Benjamin recuperó el equilibrio con una destreza sobrehumana que nadie notó, ajustando su centro de gravedad antes de que sus pies siquiera tropezaran.
—Lo siento —dijo Benjamin en voz baja, volviendo a su papel de adolescente inseguro—. Mi masa corporal parece tener una atracción gravitatoria hacia los problemas.
Cassie le dedicó una mirada de disculpa antes de seguir a sus amigas. Benjamin se quedó allí, procesando la interacción. Su mente ya estaba creando modelos predictivos sobre Cassie, sus posibles traumas y cómo podría ayudarla. Pero también sabía algo más. En este pueblo, bajo la superficie de neón y purpurina, había oscuridad.
Después de las clases, Benjamin decidió caminar por la zona más industrial de la ciudad. Necesitaba despejarse. Su absorción sensorial estaba al límite. Podía oír las conversaciones de tres casas a la redonda, el zumbido de los cables de alta tensión y el goteo de una tubería a dos manzanas de distancia.
De repente, sus instintos sobrehumanos se activaron. Un cambio en la presión del aire, un olor a pólvora barata y sudor rancio. Se detuvo frente a un almacén aparentemente abandonado.
—Tres hombres —susurró Benjamin—. Dos armados con pistolas de calibre 9mm, el tercero tiene un cuchillo táctico. Ritmo cardíaco elevado. Están nerviosos.
Su mente trazó un plan de acción en microsegundos. Podría entrar y desarmarlos antes de que parpadearan, pero su cuerpo aún no estaba al nivel de su mente. Sus estadísticas físicas eran mediocres.
[Nombre: Benjamin Winchester (Estado actual)]
[Fuerza de levantamiento: Humano promedio: 65 kg]
[Velocidad: Humano promedio: 6.4 m/s]
[Inteligencia: Supergenio]
[Inteligencia para combate: Dotado]
—No soy un héroe —se dijo a sí mismo, dándose la vuelta—. Todavía no.
Sin embargo, al alejarse, vio algo que le heló la sangre. Un coche negro de alta gama estaba aparcado a la vuelta de la esquina. En el asiento trasero, un hombre de dimensiones imponentes observaba el almacén. Benjamin no necesitó acercarse para ver las estadísticas a través del cristal tintado.
[Nombre: Wilson Fisk (Kingpin)]
[Fuerza de levantamiento: Clase 1: 800 kg]
[Velocidad: Humano Máximo: 11 m/s]
[Inteligencia: Genio]
[Inteligencia para combate: Maestro]
Benjamin se ocultó en las sombras, su control muscular permitiéndole volverse casi invisible contra la pared. ¿Qué hacía alguien como Fisk en East Highland? La cronología que conocía de la serie Euphoria no mencionaba mafiosos de este calibre. Esto significaba que su presencia aquí ya estaba alterando el tejido de la realidad.
—Subtrama detectada: Expansión del sindicato del crimen en zonas suburbanas —murmuró Benjamin con ironía—. Genial. Justo lo que necesitaba para mi primer día.
Regresó a su casa, una pequeña estructura de madera que olía a viejo y a los cigarrillos que su padre solía fumar. Se sentó a su mesa de trabajo, que estaba cubierta de monitores y piezas de electrónica que había recogido de la basura y reparado. Con una mano empezó a escribir un código complejo para hackear las cámaras de seguridad de la ciudad, mientras con la otra resolvía tres cubos de Rubik de forma mecánica.
Su mente no dejaba de pensar en Cassie. Había algo en ella que lo atraía más allá de la lógica. Era un caos que su orden no podía explicar del todo.
—Mañana —se prometió—. Mañana intentaré hablar con ella de nuevo. Sin mencionar la gravedad o los vectores de incidencia.
Pero el destino tenía otros planes. Esa noche, mientras Benjamin dormía, su cerebro seguía trabajando. Estaba procesando cada detalle de la ciudad, cada rostro, cada conversación captada al vuelo. Estaba aprendiendo.
Días después, la rutina del instituto continuaba, pero el ambiente estaba cargado. Rue Bennett había regresado de rehabilitación, Jules Vaughn había llegado al pueblo, y el drama de Maddy y Nate estaba a punto de estallar. Benjamin lo observaba todo desde la periferia, como un director de orquesta que aún no ha levantado la batuta.
Se encontró con Cassie nuevamente cerca de la cafetería. Ella parecía angustiada, mirando su teléfono con insistencia.
—¿Problemas técnicos o existenciales? —preguntó Benjamin, acercándose con cautela.
Cassie levantó la vista, forzando una sonrisa.
—Un poco de ambos. McKay no contesta mis mensajes y... bueno, no importa. No debería aburrirte con esto.
—Oh, no me aburres. De hecho, mi capacidad de atención es anormalmente alta. Podría escucharte hablar sobre la clasificación de los tipos de nubes durante horas y no me distraería —dijo él, y esta vez, el sarcasmo era suave, casi dulce.
—Eres raro, Ben. Pero de una forma que me hace sentir que no me vas a juzgar.
—Juzgar requiere un esfuerzo cognitivo que prefiero gastar en cosas más productivas. Como preguntarme por qué la pizza de la cafetería tiene la densidad de un ladrillo.
Cassie se rió de verdad esta vez, y por un segundo, el color azul de su tristeza en la visión de Benjamin se tornó en un amarillo cálido.
—¿Quieres sentarte conmigo? —preguntó ella.
Benjamin sintió un error de sistema en su cabeza. No había previsto que ella lo invitaría tan pronto.
—Claro. Solo espero que mi torpeza social no sea contagiosa.
Mientras se sentaban, Benjamin notó a lo lejos a Nate Jacobs observándolos. La mandíbula de Nate estaba tensa. Benjamin leyó el lenguaje corporal: posesividad, agresión latente, una pizca de desprecio.
—Ben —dijo Cassie mientras jugaba con su ensalada—, ¿alguna vez sientes que todo el mundo espera algo de ti que no estás seguro de poder dar?
Benjamin pensó en sus padres, en el peso de su propia mente, en la soledad de ser el único ser hiperinteligente en un mundo de ruido.
—Todo el tiempo. Pero he aprendido que la gente suele ver lo que quiere ver. Si les das una buena actuación, dejan de mirar lo que hay debajo. El truco es no olvidarse de quién eres cuando las luces se apagan.
Cassie se quedó callada, procesando sus palabras. No era la respuesta típica que recibiría de McKay o de cualquier otro chico.
—Eso fue... extrañamente profundo para alguien que se perdió en un pasillo recto —comentó ella con una sonrisa tierna.
—Tengo mis momentos de lucidez —respondió él, guiñándole un ojo.
La conversación fue interrumpida por un estruendo en el otro lado de la cafetería. Alguien había tirado una bandeja. Benjamin no necesitó mirar para saber qué pasaba. Sus oídos captaron el murmullo de una pelea incipiente.
[Evento: Conflicto menor]
[Participantes: Fezco y un cliente insatisfecho de la zona]
Benjamin frunció el ceño. Fezco no solía venir al instituto, pero estaba allí para recoger a Ashtray. Un tipo grande, claramente bajo la influencia de algo más fuerte que el alcohol, lo estaba increpando.
—Quédate aquí —le dijo Benjamin a Cassie, su voz adquiriendo una autoridad que no había mostrado antes.
—¿A dónde vas? Ben, no...
Benjamin se levantó. Su mente ya había calculado la trayectoria del agresor. Sabía exactamente dónde golpear para incapacitarlo sin causar daño permanente. Su "Instinto sobrehumano" le decía que este era el momento de empezar a probar sus capacidades físicas.
Se acercó al grupo. El hombre estaba a punto de lanzar un puñetazo a Fezco.
—Disculpe —dijo Benjamin, interponiéndose con una calma gélida—. Según la trayectoria de su hombro y la falta de equilibrio en su pie izquierdo, ese golpe solo va a lograr que se rompa la muñeca contra la pared. Yo no lo haría.
El hombre se detuvo, confundido por el chico de aspecto frágil que hablaba como un profesor de física.
—¿Qué diablos dijiste, niñato?
—Dije que tiene un centro de gravedad deplorable —repitió Benjamin, esta vez con una sonrisa irónica—. Y que si da un paso más, tendré que usar la fuerza de palanca para depositarlo en el suelo. Es pura matemática, no se lo tome como algo personal.
Fezco observaba al chico nuevo con una mezcla de confusión y respeto.
—Oye, chico, yo me encargo de esto —dijo Fezco.
—No es necesario —respondió Benjamin.
El hombre rugió y lanzó un golpe. Benjamin se movió. No fue rápido como un rayo, pero fue perfecto. Se agachó, dejando que el puño pasara sobre él, y con un toque preciso en el nervio cubital del brazo del hombre, lo dejó sin fuerza. Luego, usando el propio impulso del agresor, le barrió la pierna. El tipo terminó en el suelo antes de que nadie pudiera procesar qué había pasado.
Benjamin se sacudió la chaqueta y miró a Fezco.
—Un placer. Soy Benjamin.
—Fezco. Tienes movimientos raros, Ben.
—Soy autodidacta —respondió Benjamin, lanzando una mirada hacia Cassie, que lo miraba con la boca abierta.
Esa tarde, Benjamin regresó a su casa sabiendo que las cosas habían cambiado. Había atraído la atención de Fezco, de Nate y, lo más importante, de Cassie. Pero mientras se miraba al espejo, vio algo nuevo en sus estadísticas.
[Potencial detectado: Evolución física en curso]
[Habilidad latente: Fisiología Hanma (Bloqueado - Requiere estrés de combate)]
Benjamin sonrió. El adolescente torpe e inseguro seguía ahí, pero el Winchester que llevaba dentro estaba empezando a despertar. En un mundo lleno de adicciones y mentiras, él era la única verdad absoluta. Y no se detendría hasta que East Highland, y quizás el mundo entero, supiera su nombre.
—Esto va a ser interesante —murmuró, mientras empezaba a planear su siguiente movimiento contra las sombras que Wilson Fisk estaba proyectando sobre su nuevo hogar.
Benjamin vestía con sencillez: unos vaqueros oscuros y una chaqueta que ocultaba su complexión de 1.77 metros. Aunque su rostro proyectaba una madurez que no correspondía a sus dieciséis años, su postura encorvada y la forma en que evitaba el contacto visual delataban su naturaleza introvertida y torpe. Tras la muerte de sus padres, John y Diana, Benjamin se había quedado solo en una casa llena de libros y deudas, pero también con algo que nadie más poseía: un cerebro que funcionaba al cien por ciento de su capacidad de forma natural.
Al cruzar las puertas del instituto, el bombardeo sensorial fue masivo. Benjamin cerró los ojos un segundo, ajustando su "filtro". Su memoria perfecta le devolvió instantáneamente el mapa del edificio que había memorizado de un folleto hacía tres días.
—Muy bien, Ben. Solo es una escuela —susurró para sí mismo con un toque de sarcasmo—. Un ecosistema de hormonas, malas decisiones y jerarquías sociales obsoletas. Pan comido.
Caminó por el pasillo, y fue entonces cuando su visión se activó de una manera que todavía le resultaba extraña. Sobre cada estudiante que pasaba, empezaron a flotar etiquetas de datos, como si estuviera viendo la interfaz de un videojuego basada en la Featteca Wiki.
[Nombre: Estudiante promedio]
[Fuerza de levantamiento: Humano — Inferior al promedio: 45 kg]
[Velocidad: Humano promedio: 5.8 m/s]
[Inteligencia: Promedio]
[Inteligencia para combate: Sin noción]
Benjamin suspiró. Casi todos eran iguales. Sin embargo, su análisis instantáneo se detuvo cuando vio a un grupo cerca de las taquillas. Allí estaba Nate Jacobs. El análisis de Benjamin fue implacable.
[Nombre: Nate Jacobs]
[Fuerza de levantamiento: Humano — Superior al promedio: 110 kg]
[Velocidad: Humano Atlético: 8.2 m/s]
[Inteligencia: Aprendido]
[Inteligencia para combate: Callejeros (Nivel alto)]
Nate irradiaba una hostilidad que Benjamin podía oler literalmente. Gracias a su sinestesia mejorada, el aura de Nate le recordaba al olor del metal oxidado y el ozono antes de una tormenta. Benjamin desvió la mirada rápidamente. No buscaba problemas, al menos no hoy.
Se dirigió a su primera clase, pero en el camino, una fragancia lo detuvo en seco. No era un olor común; era una mezcla de vainilla, laca de pelo y una tristeza profunda y efervescente que se manifestaba como un color azul pálido en su visión sinestésica. Siguió el rastro hasta que la vio.
Cassie Howard estaba apoyada contra una taquilla, hablando con una chica de cabello oscuro. Cassie era, para los estándares de Benjamin, una anomalía estadística de belleza. Sus ojos analizaron su lenguaje corporal en milisegundos: la forma en que jugaba con su collar, la ligera dilatación de sus pupilas, la inseguridad en su sonrisa.
[Nombre: Cassie Howard]
[Fuerza de levantamiento: Humano — Inferior al promedio: 42 kg]
[Velocidad: Humano promedio: 5.5 m/s]
[Inteligencia: Promedio]
[Inteligencia para combate: Sin noción]
Benjamin sintió un vuelco en el corazón, una reacción fisiológica que su hipermente identificó de inmediato como una descarga de dopamina y oxitocina. Se sintió ridículo. Él, que podía aprender farsi en una tarde, no sabía cómo acercarse a una chica sin parecer un absoluto idiota.
—Oye, ¿estás bien? —La voz de Cassie lo sacó de sus pensamientos. Se dio cuenta de que se había quedado parado en medio del pasillo mirándola.
Benjamin parpadeó, su carisma sobrehumano luchando contra su timidez natural.
—Yo... sí. Solo buscaba el aula de cálculo. Creo que mi cerebro decidió tomarse un descanso de la navegación espacial justo ahora —respondió con una sonrisa torpe que, a pesar de su inseguridad, resultó extrañamente encantadora.
Cassie soltó una pequeña risa, una que Benjamin grabó en su memoria perfecta para siempre.
—Está justo detrás de ti. Soy Cassie, por cierto.
—Benjamin. Pero la mayoría de la gente me llama Ben. O "el chico nuevo que se pierde en pasillos rectos".
—Un placer, Ben —dijo ella, mirándolo con una curiosidad que no solía dedicar a los chicos que no intentaban impresionarla de inmediato—. Eres nuevo, ¿verdad? No te había visto por aquí.
—Llegué hace unos días. Todavía estoy intentando entender el ecosistema local. Es fascinante y aterrador al mismo tiempo.
—No tienes ni idea —respondió Cassie, y por un momento, Benjamin vio una sombra de dolor en sus ojos que su análisis instantáneo interpretó como una necesidad desesperada de afecto.
Antes de que pudiera decir algo más, un chico alto y de aspecto rudo pasó empujando a Benjamin ligeramente. Era Chris McKay.
[Nombre: Chris McKay]
[Fuerza de levantamiento: Humano Atlético: 160 kg]
[Velocidad: Humano Atlético: 9.1 m/s]
[Inteligencia: Promedio]
[Inteligencia para combate: Básico]
—Cuidado, novato —gruñó McKay sin detenerse.
Benjamin recuperó el equilibrio con una destreza sobrehumana que nadie notó, ajustando su centro de gravedad antes de que sus pies siquiera tropezaran.
—Lo siento —dijo Benjamin en voz baja, volviendo a su papel de adolescente inseguro—. Mi masa corporal parece tener una atracción gravitatoria hacia los problemas.
Cassie le dedicó una mirada de disculpa antes de seguir a sus amigas. Benjamin se quedó allí, procesando la interacción. Su mente ya estaba creando modelos predictivos sobre Cassie, sus posibles traumas y cómo podría ayudarla. Pero también sabía algo más. En este pueblo, bajo la superficie de neón y purpurina, había oscuridad.
Después de las clases, Benjamin decidió caminar por la zona más industrial de la ciudad. Necesitaba despejarse. Su absorción sensorial estaba al límite. Podía oír las conversaciones de tres casas a la redonda, el zumbido de los cables de alta tensión y el goteo de una tubería a dos manzanas de distancia.
De repente, sus instintos sobrehumanos se activaron. Un cambio en la presión del aire, un olor a pólvora barata y sudor rancio. Se detuvo frente a un almacén aparentemente abandonado.
—Tres hombres —susurró Benjamin—. Dos armados con pistolas de calibre 9mm, el tercero tiene un cuchillo táctico. Ritmo cardíaco elevado. Están nerviosos.
Su mente trazó un plan de acción en microsegundos. Podría entrar y desarmarlos antes de que parpadearan, pero su cuerpo aún no estaba al nivel de su mente. Sus estadísticas físicas eran mediocres.
[Nombre: Benjamin Winchester (Estado actual)]
[Fuerza de levantamiento: Humano promedio: 65 kg]
[Velocidad: Humano promedio: 6.4 m/s]
[Inteligencia: Supergenio]
[Inteligencia para combate: Dotado]
—No soy un héroe —se dijo a sí mismo, dándose la vuelta—. Todavía no.
Sin embargo, al alejarse, vio algo que le heló la sangre. Un coche negro de alta gama estaba aparcado a la vuelta de la esquina. En el asiento trasero, un hombre de dimensiones imponentes observaba el almacén. Benjamin no necesitó acercarse para ver las estadísticas a través del cristal tintado.
[Nombre: Wilson Fisk (Kingpin)]
[Fuerza de levantamiento: Clase 1: 800 kg]
[Velocidad: Humano Máximo: 11 m/s]
[Inteligencia: Genio]
[Inteligencia para combate: Maestro]
Benjamin se ocultó en las sombras, su control muscular permitiéndole volverse casi invisible contra la pared. ¿Qué hacía alguien como Fisk en East Highland? La cronología que conocía de la serie Euphoria no mencionaba mafiosos de este calibre. Esto significaba que su presencia aquí ya estaba alterando el tejido de la realidad.
—Subtrama detectada: Expansión del sindicato del crimen en zonas suburbanas —murmuró Benjamin con ironía—. Genial. Justo lo que necesitaba para mi primer día.
Regresó a su casa, una pequeña estructura de madera que olía a viejo y a los cigarrillos que su padre solía fumar. Se sentó a su mesa de trabajo, que estaba cubierta de monitores y piezas de electrónica que había recogido de la basura y reparado. Con una mano empezó a escribir un código complejo para hackear las cámaras de seguridad de la ciudad, mientras con la otra resolvía tres cubos de Rubik de forma mecánica.
Su mente no dejaba de pensar en Cassie. Había algo en ella que lo atraía más allá de la lógica. Era un caos que su orden no podía explicar del todo.
—Mañana —se prometió—. Mañana intentaré hablar con ella de nuevo. Sin mencionar la gravedad o los vectores de incidencia.
Pero el destino tenía otros planes. Esa noche, mientras Benjamin dormía, su cerebro seguía trabajando. Estaba procesando cada detalle de la ciudad, cada rostro, cada conversación captada al vuelo. Estaba aprendiendo.
Días después, la rutina del instituto continuaba, pero el ambiente estaba cargado. Rue Bennett había regresado de rehabilitación, Jules Vaughn había llegado al pueblo, y el drama de Maddy y Nate estaba a punto de estallar. Benjamin lo observaba todo desde la periferia, como un director de orquesta que aún no ha levantado la batuta.
Se encontró con Cassie nuevamente cerca de la cafetería. Ella parecía angustiada, mirando su teléfono con insistencia.
—¿Problemas técnicos o existenciales? —preguntó Benjamin, acercándose con cautela.
Cassie levantó la vista, forzando una sonrisa.
—Un poco de ambos. McKay no contesta mis mensajes y... bueno, no importa. No debería aburrirte con esto.
—Oh, no me aburres. De hecho, mi capacidad de atención es anormalmente alta. Podría escucharte hablar sobre la clasificación de los tipos de nubes durante horas y no me distraería —dijo él, y esta vez, el sarcasmo era suave, casi dulce.
—Eres raro, Ben. Pero de una forma que me hace sentir que no me vas a juzgar.
—Juzgar requiere un esfuerzo cognitivo que prefiero gastar en cosas más productivas. Como preguntarme por qué la pizza de la cafetería tiene la densidad de un ladrillo.
Cassie se rió de verdad esta vez, y por un segundo, el color azul de su tristeza en la visión de Benjamin se tornó en un amarillo cálido.
—¿Quieres sentarte conmigo? —preguntó ella.
Benjamin sintió un error de sistema en su cabeza. No había previsto que ella lo invitaría tan pronto.
—Claro. Solo espero que mi torpeza social no sea contagiosa.
Mientras se sentaban, Benjamin notó a lo lejos a Nate Jacobs observándolos. La mandíbula de Nate estaba tensa. Benjamin leyó el lenguaje corporal: posesividad, agresión latente, una pizca de desprecio.
—Ben —dijo Cassie mientras jugaba con su ensalada—, ¿alguna vez sientes que todo el mundo espera algo de ti que no estás seguro de poder dar?
Benjamin pensó en sus padres, en el peso de su propia mente, en la soledad de ser el único ser hiperinteligente en un mundo de ruido.
—Todo el tiempo. Pero he aprendido que la gente suele ver lo que quiere ver. Si les das una buena actuación, dejan de mirar lo que hay debajo. El truco es no olvidarse de quién eres cuando las luces se apagan.
Cassie se quedó callada, procesando sus palabras. No era la respuesta típica que recibiría de McKay o de cualquier otro chico.
—Eso fue... extrañamente profundo para alguien que se perdió en un pasillo recto —comentó ella con una sonrisa tierna.
—Tengo mis momentos de lucidez —respondió él, guiñándole un ojo.
La conversación fue interrumpida por un estruendo en el otro lado de la cafetería. Alguien había tirado una bandeja. Benjamin no necesitó mirar para saber qué pasaba. Sus oídos captaron el murmullo de una pelea incipiente.
[Evento: Conflicto menor]
[Participantes: Fezco y un cliente insatisfecho de la zona]
Benjamin frunció el ceño. Fezco no solía venir al instituto, pero estaba allí para recoger a Ashtray. Un tipo grande, claramente bajo la influencia de algo más fuerte que el alcohol, lo estaba increpando.
—Quédate aquí —le dijo Benjamin a Cassie, su voz adquiriendo una autoridad que no había mostrado antes.
—¿A dónde vas? Ben, no...
Benjamin se levantó. Su mente ya había calculado la trayectoria del agresor. Sabía exactamente dónde golpear para incapacitarlo sin causar daño permanente. Su "Instinto sobrehumano" le decía que este era el momento de empezar a probar sus capacidades físicas.
Se acercó al grupo. El hombre estaba a punto de lanzar un puñetazo a Fezco.
—Disculpe —dijo Benjamin, interponiéndose con una calma gélida—. Según la trayectoria de su hombro y la falta de equilibrio en su pie izquierdo, ese golpe solo va a lograr que se rompa la muñeca contra la pared. Yo no lo haría.
El hombre se detuvo, confundido por el chico de aspecto frágil que hablaba como un profesor de física.
—¿Qué diablos dijiste, niñato?
—Dije que tiene un centro de gravedad deplorable —repitió Benjamin, esta vez con una sonrisa irónica—. Y que si da un paso más, tendré que usar la fuerza de palanca para depositarlo en el suelo. Es pura matemática, no se lo tome como algo personal.
Fezco observaba al chico nuevo con una mezcla de confusión y respeto.
—Oye, chico, yo me encargo de esto —dijo Fezco.
—No es necesario —respondió Benjamin.
El hombre rugió y lanzó un golpe. Benjamin se movió. No fue rápido como un rayo, pero fue perfecto. Se agachó, dejando que el puño pasara sobre él, y con un toque preciso en el nervio cubital del brazo del hombre, lo dejó sin fuerza. Luego, usando el propio impulso del agresor, le barrió la pierna. El tipo terminó en el suelo antes de que nadie pudiera procesar qué había pasado.
Benjamin se sacudió la chaqueta y miró a Fezco.
—Un placer. Soy Benjamin.
—Fezco. Tienes movimientos raros, Ben.
—Soy autodidacta —respondió Benjamin, lanzando una mirada hacia Cassie, que lo miraba con la boca abierta.
Esa tarde, Benjamin regresó a su casa sabiendo que las cosas habían cambiado. Había atraído la atención de Fezco, de Nate y, lo más importante, de Cassie. Pero mientras se miraba al espejo, vio algo nuevo en sus estadísticas.
[Potencial detectado: Evolución física en curso]
[Habilidad latente: Fisiología Hanma (Bloqueado - Requiere estrés de combate)]
Benjamin sonrió. El adolescente torpe e inseguro seguía ahí, pero el Winchester que llevaba dentro estaba empezando a despertar. En un mundo lleno de adicciones y mentiras, él era la única verdad absoluta. Y no se detendría hasta que East Highland, y quizás el mundo entero, supiera su nombre.
—Esto va a ser interesante —murmuró, mientras empezaba a planear su siguiente movimiento contra las sombras que Wilson Fisk estaba proyectando sobre su nuevo hogar.
