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Relación bizarra

Fandom: Harry Potter

Created: 4/6/2026

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AU (Alternate Universe)DarkFantasyIsekai / Portal FantasyOOC (Out of Character)PedophiliaRapeGraphic ViolenceExplicit LanguagePsychologicalPWP (Plot? What Plot?)RetellingDystopiaDivergenceThriller
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El Legado de Albus: El Despertar del Director

El Gran Comedor de Hogwarts bullía con la energía habitual del banquete de bienvenida, pero para el hombre sentado en el trono de oro del director, el mundo se sentía radicalmente distinto. Ya no era el anciano cansado que cargaba con el peso de mil secretos y el destino del mundo mágico. Al menos, no en su interior. Una conciencia nueva, joven y voraz había ocupado el cuerpo de Albus Dumbledore.

Frente a sus ojos, una interfaz translúcida que solo él podía ver brillaba con un resplandor dorado.

[Sistema de Conquista Suprema Activado]
[Anfitrión: Albus Dumbledore]
[Misión Actual: Iniciar el linaje de poder en Hogwarts]
[Objetivo detectado: Hermione Granger (Potencial Mágico Elevado)]
[Recompensa por consumación: Aumento de vitalidad eterna y Dominio de Magia Sin Varita]

El nuevo Albus acarició su larga barba blanca, ocultando una sonrisa que poco tenía de bondadosa. Sus ojos azules, antes chispeantes de sabiduría, ahora brillaban con una lujuria depredadora que pasaba desapercibida tras sus gafas de media luna. Observó a la pequeña niña de cabello enmarañado que acababa de ser seleccionada para Gryffindor. Hermione Granger. Tan joven, tan ansiosa por aprender, tan fácil de moldear.

—Qué interesante va a ser este año —susurró para sí mismo, su voz sonando como seda antigua.

Semanas después, el plan comenzó a ejecutarse. No fue difícil atraer a la joven Hermione a su oficina bajo el pretexto de "lecturas adicionales para una mente brillante". La niña estaba extasiada por la atención personal del mago más grande de todos los tiempos.

—Señor Director —dijo Hermione, entrando tímidamente en el despacho circular—, me ha pedido que viniera por los libros sobre transmutación avanzada.

Dumbledore se levantó de su escritorio, moviéndose con una agilidad que no correspondía a su apariencia centenaria. El Sistema le había otorgado un aura de mando irresistible.

—Oh, querida Hermione, siéntate —dijo él, señalando una silla de terciopelo—. Los libros son solo el comienzo. He notado que tu magia es... especial. Necesita un catalizador.

—¿Un catalizador, señor? —preguntó ella, abriendo mucho los ojos.

—Así es. Un vínculo de conocimiento —Dumbledore se acercó, colocando una mano pesada sobre su hombro—. Pero para que la magia fluya sin barreras, debemos eliminar las inhibiciones.

Esa noche, el despacho del director fue testigo de la primera de muchas transgresiones. La inocencia de la joven Gryffindor fue el combustible para las recompensas del Sistema, que inundaron el cuerpo de Dumbledore con una energía rejuvenecedora, eliminando los achaques de la edad y dándole una resistencia sobrenatural.

Sin embargo, el hambre del director no se limitaba a los muros del castillo. Con las vacaciones de Navidad acercándose, puso sus ojos en un objetivo que requería más astucia: la Madriguera.

Aprovechando una tarde en la que sabía que Molly Weasley estaría fuera haciendo compras en el Callejón Diagon con los chicos mayores, Dumbledore apareció silenciosamente en el jardín de los Weasley. Solo Arthur, que se había tomado el día libre para trabajar en sus artefactos muggles, y la pequeña Ginny estaban en casa.

—¡Albus! Qué sorpresa tan agradable —dijo Arthur, saliendo del cobertizo con una tostadora muggle en la mano—. ¿A qué debemos este honor?

Dumbledore no perdió el tiempo. Con un movimiento imperceptible de su mano, sin necesidad de varita gracias a su nueva recompensa, lanzó un hechizo de dominación mental absoluto.

—Arthur, mi querido amigo —dijo Dumbledore, mientras los ojos de Arthur se volvían vidriosos y distantes—, necesito que me ayudes con un experimento educativo. Llama a Ginny.

Arthur, convertido en una marioneta sin voluntad propia, asintió mecánicamente.

—Sí, Albus. Ginny, ven aquí un momento.

La pequeña pelirroja salió de la casa, confundida por el tono de voz de su padre. Al ver al Director, hizo una pequeña reverencia, pero antes de que pudiera decir una palabra, Dumbledore ya estaba sobre ellos.

—Hoy aprenderás sobre la obediencia y el placer, pequeña —susurró el anciano, mientras el Sistema parpadeaba con nuevas notificaciones de bonificación por "Uso de subordinados".

Bajo el efecto del Imperius, Arthur no solo observaba, sino que ayudaba a sujetar a su propia hija mientras Dumbledore daba rienda suelta a su lujuria. El contraste entre la barba blanca del director y la piel pecosa de la niña era una imagen que solo el sistema podía recompensar con tanta generosidad.

—¿No es hermoso, Arthur? —preguntó Dumbledore, mientras se movía con una fuerza rítmica que hacía crujir los cimientos de la Madriguera—. Ver cómo tu hija se convierte en una mujer bajo la guía de su Director.

—Es... hermoso... —repitió Arthur con voz monótona, sus manos apretando los hombros de Ginny para mantenerla en la posición que Dumbledore deseaba.

Cuando el sol comenzó a ponerse, Dumbledore se ajustó la túnica, dejando a un Arthur confundido y a una Ginny exhausta y marcada en el suelo del cobertizo. Un simple movimiento de dedos borró los recuerdos inmediatos del dolor, dejando solo una semilla de devoción absoluta hacia su figura.

[Misión Cumplida: Trío en la Madriguera]
[Recompensa: Vitalidad Incrementada +50%, Hechizo de Seducción Pasiva nivel 5]

Al regresar a Hogwarts, el Director caminaba por los pasillos como un depredador en su coto de caza. Ya no se escondía. Cada estudiante que pasaba a su lado sentía una extraña atracción, un calor en el vientre que no podían explicar.

En la biblioteca, encontró a Susan Bones estudiando sola. En el campo de Quidditch, Cho Chang se quedó paralizada cuando él le dedicó una mirada cargada de intención desde las gradas.

—El colegio es un lugar tan lleno de vida —comentó Dumbledore a Minerva McGonagall durante la cena, mientras su mano, oculta bajo la mesa, se deslizaba por el muslo de una estudiante de sexto año que servía el vino bajo un hechizo de confusión.

—Parece usted diez años más joven, Albus —notó Minerva con extrañeza.

—Me siento como si hubiera nacido de nuevo, Minerva. Hay tanto por hacer, tantas jóvenes promesas que guiar...

Esa misma noche, las mazmorras de Slytherin recibieron una visita inesperada. Pansy Parkinson, siempre ansiosa por el poder, no necesitó mucho convencimiento cuando el Director le ofreció "influencia política" a cambio de su devoción física.

—Usted es... mucho más de lo que dicen los libros —jadeó Pansy, mientras Dumbledore la inmovilizaba contra la pared de piedra fría, su túnica de director ondeando con una magia oscura y vibrante.

—Los libros solo cuentan la mitad de la historia, niña —respondió él, hundiéndose en ella con una ferocidad que la hizo gritar de placer y miedo—. Yo soy el que escribe el resto.

El Sistema seguía otorgando puntos. El poder de Dumbledore crecía con cada conquista, con cada lágrima de placer y cada gramo de inocencia que consumía. Hogwarts ya no era una escuela; era su harén personal, y él, el dios absoluto que reinaba desde las sombras de su propia leyenda.

Mientras caminaba de regreso a su torre, observó el retrato de los antiguos directores. Muchos lo miraban con horror, pero él simplemente chasqueó los dedos y los lienzos se volvieron negros.

—El futuro pertenece a los que tienen el hambre para tomarlo —sentenció, entrando en sus aposentos donde Hermione, ya totalmente condicionada por sus artes, lo esperaba de rodillas—. Y yo nunca he estado más hambriento.
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