Fanfy
.studio
Loading...
Background image
← Back
0 likes

sangre y plumas..

Fandom: Jujutsu kaisen

Created: 4/9/2026

Tags

RomanceSlice of LifeFluffHumorCrack / Parody HumorCanon SettingCurtainfic / Domestic StoryAU (Alternate Universe)AngstHurt/ComfortJealousyPWP (Plot? What Plot?)Explicit Language
Contents

Secretos entre Pasillos y Puertas sin Seguro

El sol de la tarde se filtraba a través de los ventanales de la Academia de Hechicería de Tokio, bañando los pasillos de un tono anaranjado que invitaba a la calma. Sin embargo, en el interior de la institución, la calma era un concepto meramente teórico.

Itadori Yuji caminaba por el corredor principal con su característica energía, la sudadera roja bajo su uniforme destacando tanto como su sonrisa. A su lado, Megumi Fushiguro mantenía un paso más pausado, con las manos en los bolsillos y esa expresión distante que solo sus ojos azules lograban suavizar cuando miraba de reojo al chico de pelo rosa.

— Te digo, Fushiguro, ¡el entrenamiento de hoy fue genial! —exclamó Yuji, dándole un ligero codazo—. Aunque Gojo-sensei estaba más distraído de lo normal, ¿no crees?

Megumi suspiró, cerrando los ojos un momento.

— Probablemente estaba pensando en alguna estupidez —respondió con su tono frío, aunque sin verdadera malicia—. O en Geto-sensei. Últimamente no se separan.

Lo que ellos no sabían era que, en ese preciso instante, la "distracción" de sus profesores estaba alcanzando niveles críticos en la oficina de los docentes.

Satoru Gojo, con sus gafas negras descansando sobre el escritorio y su cabello blanco ligeramente revuelto, tenía a Suguru Geto acorralado contra la estantería de libros antiguos. Geto, con su largo pelo negro semi atado y ese mechón rebelde cayendo sobre su rostro, sonreía con una mezcla de diversión y deseo, sus manos enguantadas sujetando la cintura de Satoru mientras el uniforme tipo kimono se desordenaba.

— Satoru, alguien podría entrar —susurró Suguru, aunque sus ojos morados brillaban con desafío.

— Que entren —respondió Gojo con su habitual tono sarcástico y bromista, acercándose al cuello de su pareja—. Soy el más fuerte, nadie se atrevería a...

La puerta se abrió de par en par. Shoko Ieiri entró con un cigarrillo apagado en los labios y un fajo de informes médicos. Se detuvo en seco, observando a Gojo con una pierna entrelazada con la de Geto y a este último con la camisa medio desabrochada.

— Las ojeras me están matando como para tener que ver esto —dijo Shoko con voz monótona, sin siquiera inmutarse—. Satoru, quita tu mano de donde sea que la tengas, necesito que Suguru firme los permisos de la enfermería.

— ¡Shoko! ¡Qué falta de tacto! —se quejó Gojo, separándose con un puchero infantil mientras Geto se ajustaba el uniforme, rojo de la pura vergüenza.

— La próxima vez, usad el seguro —sentenció la doctora antes de salir, dejando tras de sí un silencio sepulcral.

Mientras tanto, en la zona de los dormitorios, la atmósfera era considerablemente más intensa. Choso caminaba con su postura siempre protectora, buscando a Min seo. A pesar de su apariencia sombría y la línea oscura que cruzaba su nariz, el corazón de Choso latía con una fuerza desmedida cada vez que pensaba en ella.

Min seo era una visión particular en la Academia. Con su corte *wolfcut* negro y rosa, su heterocromía capturando la luz y sus piercings brillando, destacaba entre los alumnos. Llevaba su uniforme de satén azul marino y esos calentadores que acentuaban sus piernas blancas. Cuando Choso la encontró en el área de descanso privada, no pudo evitarlo.

— Min... —murmuró él, su voz cargada de esa emoción que siempre parecía a punto de desbordarse.

Ella sonrió, sus ojos (uno café oscuro, el otro rosa claro) brillando con picardía. Se acercó a él y rodeó su cuello con los brazos, dejando que Choso la levantara ligeramente. Eran conocidos por ser cariñosos en público, pero en privado, la intensidad escalaba rápidamente.

Se refugiaron en la habitación de Min. Choso era un hombre que se dejaba llevar por sus instintos más profundos, pero siempre con una devoción casi religiosa hacia ella. Mientras la recostaba en la cama, sus manos, marcadas por el uso de su técnica de sangre, temblaban ligeramente de anticipación.

— ¿Estás bien? —preguntó él en un susurro quebrado, rozando el labret lateral de Min con su pulgar—. Dime si... si quieres que pare.

— No te atrevas a parar, Choso —respondió ella, atrayéndolo por la nuca.

Choso se hundió en ella, perdiéndose en el aroma de su piel. Sus labios bajaron por su cuello hasta llegar a sus puntos más sensibles. Cuando sus manos bajaron hacia los muslos de Min, ella soltó un jadeo sonoro que hizo que Choso emitiera un pequeño quejido de placer, un sonido vulnerable que solo ella conocía. Él era emocional, entregado, el tipo de hombre que gemía de necesidad bajo el toque de su mujer.

— Min... eres tan... —Choso no pudo terminar la frase. Se concentró en acariciar con devoción la zona de su clítoris por encima de la tela fina, escuchando cómo la respiración de la chica se volvía errática.

— Choso, por favor... —suplicó ella, arqueando la espalda, sus manos enterradas en el cabello negro de él.

Estaban en el clímax de su entrega cuando la puerta se abrió de golpe. Nobara Kugisaki entró buscando un cargador de teléfono, seguida de cerca por Maki Zenin, quien portaba una de sus armas sobre el hombro.

— ¡Min, necesito que me prestes...! —Nobara se quedó de piedra.

Choso estaba sobre Min, con la túnica clara desordenada y una expresión de absoluto shock. Min seo tenía el flequillo revuelto y las mejillas encendidas.

— ¡POR EL AMOR DE DIOS! —gritó Nobara, cubriéndose los ojos—. ¡¿ES QUE NADIE EN ESTA ACADEMIA SABE LO QUE ES LA PRIVACIDAD?!

— Deberían cerrar con llave —comentó Maki con una calma aterradora, aunque sus ojos tras los lentes rosa denotaban una ligera incomodidad—. Vámonos, Nobara. Estos dos están ocupados... manipulando algo más que sangre.

Nobara salió echando chispas, mientras Choso se escondía en el cuello de Min, avergonzado hasta la médula.

— ¿Estás bien? —preguntó él de nuevo, su voz apenas un hilo—. ¿Te han asustado?

Min seo soltó una carcajada suave, acariciando los moños desordenados de su novio.

— Estoy bien, mi amor. Pero creo que mañana tendremos que aguantar las bromas de Nobara durante todo el desayuno.

En el patio de entrenamiento, ajenos a los dramas de alcoba, Inumaki Toge observaba a Itadori y Megumi practicar. Inumaki, con su uniforme cubriéndole la boca y sus marcas de "ojos de serpiente" ocultas, asintió con aprobación.

— Salmón —dijo él, señalando la buena postura de Itadori.

— ¡Gracias, Inumaki-senpai! —respondió Yuji con un pulgar arriba.

Megumi, sin embargo, estaba distraído. Miraba a Yuji con una intensidad que no podía ocultar. La tensión entre ellos había ido creciendo desde que formalizaron su relación, pero Megumi era alguien que prefería los rincones oscuros y los momentos de silencio.

Aprovechando que los demás estaban distraídos con un enfrentamiento entre Panda y Maki que acababa de empezar, Megumi tomó a Yuji de la muñeca y lo arrastró hacia el cobertizo de las herramientas malditas.

— ¿Eh? ¿Fushiguro? ¿Qué pasa? —preguntó Yuji, aunque su corazón ya galopaba.

Una vez dentro, entre el olor a madera vieja y energía maldita residual, Megumi empujó a Yuji contra la pared. El contraste entre la piel pálida de Megumi y el cabello rosa de Yuji era hipnótico bajo la luz que se filtraba por las rendijas.

— No he podido concentrarme en todo el día —confesó Megumi en voz baja, acortando la distancia—. Te mueves demasiado, Itadori.

— Es mi estilo de pelea, ya lo sabes —susurró Yuji, rodeando la cintura de Megumi con sus brazos fuertes—. Pero si quieres que me quede quieto...

Megumi lo besó con una urgencia que rompió su habitual máscara de frialdad. Yuji respondió con la misma pasión, sus manos bajando por la espalda de Megumi, disfrutando de la firmeza de su cuerpo bajo el uniforme. Estaban tan absortos el uno en el otro, con Yuji soltando pequeñas risas entre besos y Megumi murmurando su nombre, que no escucharon los pasos afuera.

— Hojuelas de bonito —se oyó una voz desde la puerta.

Ambos se separaron como si les hubieran lanzado un balde de agua fría. Inumaki estaba allí parado, sosteniendo un trapo para limpiar armas, mirándolos con una ceja levantada.

— ¡Inumaki-senpai! —Yuji se rascó la nuca, riendo nervioso mientras su cara se ponía del mismo color que su sudadera—. Solo estábamos... repasando técnicas de... agarre.

— Atún con mayonesa —respondió Inumaki, negando con la cabeza antes de dar media vuelta y dejarlos solos.

Megumi se cubrió la cara con una mano, suspirando con frustración.

— Esto es ridículo. Nadie toca antes de entrar.

— Bueno, al menos no fue Gojo-sensei —consoló Yuji, dándole un beso rápido en la mejilla—. Él se habría quedado a darnos consejos.

La vida en la Academia continuó su curso. Esa noche, durante la cena, el ambiente era una mezcla extraña de camaradería y tensión sexual no tan secreta. Gojo y Geto compartían comida del mismo plato, con Satoru lanzando indirectas sarcásticas que hacían que Suguru le diera pequeños golpes en el brazo. Choso permanecía pegado a Min seo, actuando como su sombra protectora, mientras ella le susurraba cosas al oído que hacían que el pálido rostro del híbrido se tiñera de rojo constantemente.

Nobara no perdió la oportunidad.

— Así que, Min... ¿tu habitación es ahora una zona de libre acceso o tenemos que pedir cita para no interrumpir el "entrenamiento de sangre"? —preguntó con una sonrisa maliciosa mientras pinchaba un trozo de carne.

Min seo no se amilanó. Se ajustó el cuello de su blusa de satén y miró a Nobara con sus ojos de distinto color.

— Deberías probar a cerrar la puerta de tu habitación alguna vez, Nobara. Quizás así entenderías por qué no nos oíste entrar.

Maki soltó una carcajada seca, mientras Choso escondía su rostro en su bufanda, emitiendo un sonido que era mitad quejido, mitad risa nerviosa.

— ¡Oye! —protestó Nobara, indignada.

— Salmón, salmón —intervino Inumaki, tratando de calmar las aguas, aunque sus ojos brillaban con diversión.

Shoko, desde el final de la mesa, observaba a sus alumnos y colegas con una media sonrisa. A pesar del caos, de las hormonas revolucionadas y de la falta de decoro al abrir las puertas, había una calidez real en ese lugar. Eran hechiceros, personas destinadas a enfrentarse a lo más oscuro del mundo, y si encontraban consuelo en los brazos del otro —aunque fuera de manera accidentada—, ella no sería quien los juzgara.

— Mañana hay misión a primera hora —anunció Geto, recuperando su tono de profesor aunque su mano seguía entrelazada con la de Gojo bajo la mesa—. Así que espero que todos descansen. Y cuando digo descansar, me refiero a dormir.

— ¡Eso va por ti, Satoru! —añadió Shoko, levantando su vaso de té.

— ¡Qué cruel eres, Shoko! —se quejó Gojo, fingiendo estar herido—. Yo soy un modelo de comportamiento.

Nadie en la mesa, ni siquiera los perros de Megumi que asomaban por debajo, se creyó una sola palabra. La Academia de Hechicería de Tokio podía ser un lugar peligroso y austero, pero entre sus muros, el amor y el deseo encontraban siempre la forma de florecer, incluso si eso significaba ser pillado en la situación más comprometedora de sus vidas.

Al final del día, mientras Itadori y Megumi compartían un último momento de paz en la azotea, y Choso envolvía a Min seo en un abrazo protector en la biblioteca, todos sabían que, a pesar de las vergüenzas y las puertas abiertas, no cambiarían esa extraña familia por nada en el mundo.

— Oye, Megumi —dijo Yuji, mirando las estrellas.

— ¿Qué?

— Mañana voy a comprar un cerrojo nuevo para la puerta del cobertizo.

Megumi sonrió, una sonrisa real y cálida.

— Compra dos. Creo que Choso y Min van a necesitar uno también.
Contents

Want to write your own fanfic?

Sign up on Fanfy and create your own stories!

Create my fanfic