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Justicia admirable
Fandom: Crossover
Creado: 12/4/2026
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AcciónAventuraCrossoverUA (Universo Alternativo)Isekai / Fantasía PortalOscuroViolencia GráficaMención de PedofiliaCrimenArreglo
Sombras de Justicia: El Rugido de los Leales
El sol de la tarde caía con fuerza sobre el campo de entrenamiento número siete en la Aldea Oculta de la Hoja. El aire estaba impregnado del olor a tierra removida y el sonido rítmico de los golpes contra los troncos de madera. Naruto Uzumaki, con su característico cabello rubio puntiagudo brillando bajo la luz solar, lanzó una patada giratoria que fue bloqueada con precisión por un antebrazo cubierto de tela gris.
—¡Nada mal, Naruto! Pero te falta velocidad si quieres alcanzarme —exclamó Kiba Inuzuka con una sonrisa desafiante, mostrando sus colmillos.
Kiba, con sus marcas faciales rojas en forma de triángulo resaltando en sus mejillas, retrocedió de un salto. A su lado, Akamaru, el gran perro blanco, soltó un ladrido de aprobación mientras se ponía en posición de combate. Naruto se ajustó su chaqueta naranja, con los ojos azules encendidos por la determinación y esa energía inagotable que lo definía.
—¡Ya quisieras, Kiba! ¡Apenas me estoy calentando! —respondió el rubio, frotándose la nariz con el pulgar—. ¡Prepárate, porque el próximo Hokage no se anda con juegos!
Justo cuando Naruto se disponía a crear un clon de sombra para reiniciar el duelo, la realidad misma pareció resquebrajarse entre ellos. Un sonido similar al cristal rompiéndose resonó en todo el claro. El aire se volvió frío de repente, y un portal de un azul eléctrico y blanco puro se abrió en medio del campo, distorsionando el paisaje.
Kiba se puso frente a Naruto por instinto, adoptando una postura protectora y dominante, mientras Akamaru gruñía hacia la anomalía.
—¡¿Qué demonios es eso?! —gritó Kiba, con sus ojos negros felinos escudriñando el portal.
De la brecha dimensional emergió una figura imponente. Era un hombre adulto de piel pálida y cabello blanco rebelde que parecía desafiar la gravedad. Vestía un traje blanco inmaculado que se ajustaba a su complexión ágil, con un antifaz blanco que cubría parte de su rostro, dejando ver unos ojos azules tan gélidos como el hielo. Lo que más llamaba la atención eran las orejas de gato que sobresalían de su cabello y un cinturón largo que colgaba como una cola felina tras él. Un cascabel blanco en su pecho emitió un tintineo suave cuando sus pies tocaron el suelo.
—Vaya, vaya... parece que he aterrizado en el "miau-mento" oportuno —dijo el desconocido con una voz profunda pero cargada de un humor afilado—. Espero no haber interrumpido su "garra-ndioso" entrenamiento.
Naruto dio un paso al frente, confundido pero alerta.
—¿Quién eres tú? ¿Y qué es ese portal? ¡Habla rápido o te sacaremos de aquí por las malas! —exclamó el Uzumaki, aunque no sentía una intención asesina inmediata proveniente del extraño.
El hombre de blanco hizo una leve reverencia, manteniendo su mirada fría fija en ellos.
—Pueden llamarme Blanc —se presentó con respeto—. No he venido a pelear con ustedes, sino a advertirles. Vengo de una realidad que se encuentra más allá de los límites de este mundo, y la noticia que traigo es tan oscura como un callejón sin salida.
Kiba relajó un poco los hombros, pero no bajó la guardia. Como líder nato, sabía que las apariencias podían engañar.
—¿Una advertencia? —preguntó Kiba—. ¿De qué tipo de amenaza hablas?
La expresión de Blanc se volvió gélida, perdiendo cualquier rastro de humor. Su mandíbula se tensó y el aire a su alrededor pareció vibrar con una energía destructiva.
—Existe un Naruto alterno —comenzó Blanc, y el nombre hizo que el rubio se estremeciera—. En una dimensión paralela, ese individuo ha sucumbido a la oscuridad más absoluta. No es el héroe que tú eres, Naruto Uzumaki. Ese monstruo cometió actos imperdonables. Usó su poder para infligir dolor, para violar la confianza y la integridad de la familia de Kiba en su mundo, y para dañar a inocentes con una malicia que me revuelve el estómago.
Naruto sintió que la sangre se le congelaba. La sola mención de tales actos —la violación, el abuso, la injusticia— encendió una furia ardiente en su pecho. Nada le desagradaba más que alguien que usara su fuerza para oprimir a los débiles.
—¡¿Qué?! —rugió Naruto, apretando los puños—. ¡Eso es imposible! ¡Yo jamás...!
—Lo sé —interrumpió Blanc con suavidad—. Por eso estoy aquí. Ese impostor y otros como él, pedófilos y violadores que se creen por encima de la moral, están empezando a cruzar las barreras dimensionales. No puedo permitir que esa injusticia y esos actos maliciosos queden impunes. Jamás.
Kiba sintió una punzada de rabia protectora. La idea de que alguien, bajo cualquier forma, pudiera hacerle daño a su familia le hacía hervir la sangre. Akamaru soltó un aullido de furia, sintiendo el estado de ánimo de su compañero.
—Si ese tipo se atreve a acercarse a mi gente, lo haré pedazos —sentenció Kiba con una voz cargada de autoridad—. Blanc, si lo que dices es cierto, ¿por qué buscarnos a nosotros?
—Porque para cazar a un monstruo, a veces necesitas la luz más brillante —respondió Blanc, mirando a Naruto—. Y para proteger la manada, necesitas al lobo más feroz. Ustedes tienen lo que se necesita para ayudarme a limpiar este multiverso de esa escoria. Mi Megatacaclismo puede borrar obstáculos, pero esta es una lucha que requiere más que solo destrucción; requiere justicia.
Naruto miró a Kiba y luego a Blanc. La determinación en sus ojos azules era ahora una llama inextinguible.
—No soporto las injusticias —dijo Naruto con voz firme—. Y si hay alguien por ahí usando mi rostro para cometer esos crímenes asquerosos contra la familia de mis amigos o contra cualquiera... ¡le daré la paliza de su vida! Cuenta conmigo, Blanc. No dejaré que esos pedófilos y violadores sigan existiendo.
Kiba asintió, colocando una mano en el hombro de Naruto.
—Somos un equipo. Si Naruto va, yo voy. Nadie toca a los nuestros y vive para contarlo. Vamos a demostrarles lo que sucede cuando te metes con los ninjas de la Hoja y con alguien que no tolera la falta de respeto.
Blanc esbozó una pequeña y gélida sonrisa de satisfacción.
—Me alegra escuchar eso. Estaba seguro de que su sentido del deber sería "miau-ravilloso". Prepárense, porque el camino será peligroso. Vamos a cazar a esos depredadores y a devolverlos al vacío del que nunca debieron salir.
Blanc extendió su mano, y una esfera de energía oscura y destructiva comenzó a formarse en su palma: el Megatacaclismo. El poder era abrumador, pero Naruto y Kiba no retrocedieron. Al contrario, se acercaron, listos para cruzar el portal hacia lo desconocido.
—¿A dónde vamos primero? —preguntó Kiba, mientras Akamaru se preparaba para saltar.
—A la raíz del problema —respondió Blanc—. Vamos a buscar al Naruto oscuro. Está reuniendo a otros de su calaña en una grieta dimensional. Es hora de que sientan el peso de sus pecados.
Naruto se ajustó su banda ninja, el metal brillando con una promesa silenciosa.
—¡De veras! ¡Vamos a acabar con esto!
Con un paso decidido, el trío y el canino cruzaron el portal. La realidad se desvaneció a su alrededor, reemplazada por un torbellino de colores y sombras. El viaje dimensional fue un caos de sensaciones, pero la voluntad de los tres guerreros se mantuvo firme.
Al otro lado, el paisaje era desolador. Era una versión distorsionada de la Aldea de la Hoja, donde el cielo era de un color rojo pútrido y el aire olía a desesperación. En el centro de lo que solía ser la plaza principal, varias figuras se movían entre las sombras.
—Siento su rastro —dijo Kiba, afinando su olfato—. Huele a podredumbre... a maldad pura.
—Ahí están —señaló Blanc con un gesto de la cabeza.
En la distancia, un hombre que vestía una versión negra y rasgada de la ropa de Naruto se reía con una crueldad que hacía que los oídos dolieran. A su lado, otros individuos con miradas lascivas y despreciables observaban a un grupo de prisioneros encadenados.
La furia de Naruto estalló. Sin esperar una orden, creó un centenar de clones de sombra que llenaron el lugar en un abrir y cerrar de ojos.
—¡Ustedes! —gritó el verdadero Naruto, su voz resonando como un trueno—. ¡No son más que basura! ¡No permitiré que sigan lastimando a nadie!
El Naruto oscuro se giró, mostrando una sonrisa retorcida y ojos llenos de una lujuria de poder enferma.
—Vaya, vaya... mira quién ha venido. Mi versión "heroica". ¿Vienes a darnos un sermón?
—No —intervino Blanc, deslizándose hacia adelante con una agilidad felina asombrosa—. Venimos a borrarlos del mapa. Un "cat-astrófico" error fue el que cometieron al nacer.
Blanc activó su Megatacaclismo, y la esfera negra en su mano creció hasta volverse una masa de destrucción pura. Con un movimiento rápido, golpeó el suelo, enviando una onda de choque que desintegró las cadenas de los prisioneros y lanzó a los acosadores por los aires.
Kiba y Akamaru se lanzaron al ataque como un torbellino.
—¡Colmillo sobre Colmillo! —rugió Kiba.
El ataque giratorio impactó de lleno contra uno de los seguidores del Naruto oscuro, un hombre que intentaba huir. Kiba no tuvo piedad; la falta de respeto y el daño causado a las familias era algo que él castigaba con la máxima severidad.
Mientras tanto, el Naruto real se enfrentaba cara a cara con su contraparte malvada. El choque de sus puños creó una onda expansiva que agrietó el suelo.
—¿Cómo pudiste? —preguntó Naruto entre dientes, forcejeando—. ¡Kiba es mi mejor amigo! ¡Su familia es como la mía! ¡Hacerles eso... eres un monstruo!
—El poder es para tomar lo que uno quiere, Naruto —respondió el otro con una voz sibilante—. Y yo quería romperlos.
Esas palabras fueron el detonante final. Naruto canalizó el chakra del Kyubi, pero no con odio, sino con una justicia pura y abrasadora.
—¡Tú no eres Naruto Uzumaki! —gritó el rubio, conectando un gancho directo a la mandíbula del impostor—. ¡Yo soy el que protege a sus amigos! ¡Yo soy el que nunca se rinde ante la injusticia!
Blanc apareció detrás del Naruto oscuro, su mano cargada de energía destructiva rozando el hombro del villano.
—Se acabó el juego, "miau-ldito" —susurró Blanc con un tono de voz que prometía el fin—. Megatacaclismo.
La explosión de luz blanca y negra consumió al impostor, desintegrando su existencia hasta que no quedó ni rastro de su malicia. Los otros acosadores y abusadores, al ver a su líder caer, intentaron escapar, pero Kiba y Akamaru les cerraron el paso, asegurándose de que ninguno saliera ileso de aquel encuentro.
Cuando el polvo se asentó, el silencio regresó a la dimensión distorsionada. Los prisioneros, ahora libres, miraban a sus salvadores con lágrimas de gratitud.
Blanc se sacudió el polvo de su traje blanco y ajustó su cascabel.
—Un trabajo bien hecho, equipo. Aunque me temo que esta es solo una de las muchas grietas que debemos cerrar. Hay más como ellos ahí fuera.
Naruto respiraba agitadamente, pero su mirada era clara. Se acercó a Kiba y chocaron los puños.
—No importa cuántos sean —dijo Naruto con determinación—. Si intentan traer su maldad a cualquier mundo, estaremos allí para detenerlos.
Kiba asintió, mirando a Akamaru, quien movía la cola con orgullo.
—Así es. Nadie se mete con la familia y sale impune mientras nosotros estemos de guardia.
Blanc miró al horizonte, donde el portal de regreso empezaba a formarse.
—Entonces, ¿qué dicen? ¿Están listos para una "miau-sión" de larga duración? La justicia no descansa, y yo tampoco lo haré hasta que el último de esos violadores y pedófilos sea eliminado de la existencia.
Naruto sonrió, su energía extrovertida regresando a pesar de la gravedad de la situación.
—¡De veras! ¡Vamos a limpiar este multiverso, Blanc! ¡Pero después de esto, me debes un tazón de ramen gigante!
Blanc soltó una carcajada corta, la primera muestra de calidez real desde que se conocieron.
—Hecho, Naruto. Un tazón "miau-ravilloso" de ramen será tu recompensa.
Los tres héroes se encaminaron hacia el portal, dejando atrás un mundo que finalmente podía empezar a sanar. La lucha contra la oscuridad más vil apenas comenzaba, pero con la determinación de Naruto, la ferocidad protectora de Kiba y la justicia implacable de Blanc, las sombras no tenían ninguna oportunidad.
El portal se cerró tras ellos, dejando solo el eco de una promesa: la injusticia jamás quedaría impune.
—¡Nada mal, Naruto! Pero te falta velocidad si quieres alcanzarme —exclamó Kiba Inuzuka con una sonrisa desafiante, mostrando sus colmillos.
Kiba, con sus marcas faciales rojas en forma de triángulo resaltando en sus mejillas, retrocedió de un salto. A su lado, Akamaru, el gran perro blanco, soltó un ladrido de aprobación mientras se ponía en posición de combate. Naruto se ajustó su chaqueta naranja, con los ojos azules encendidos por la determinación y esa energía inagotable que lo definía.
—¡Ya quisieras, Kiba! ¡Apenas me estoy calentando! —respondió el rubio, frotándose la nariz con el pulgar—. ¡Prepárate, porque el próximo Hokage no se anda con juegos!
Justo cuando Naruto se disponía a crear un clon de sombra para reiniciar el duelo, la realidad misma pareció resquebrajarse entre ellos. Un sonido similar al cristal rompiéndose resonó en todo el claro. El aire se volvió frío de repente, y un portal de un azul eléctrico y blanco puro se abrió en medio del campo, distorsionando el paisaje.
Kiba se puso frente a Naruto por instinto, adoptando una postura protectora y dominante, mientras Akamaru gruñía hacia la anomalía.
—¡¿Qué demonios es eso?! —gritó Kiba, con sus ojos negros felinos escudriñando el portal.
De la brecha dimensional emergió una figura imponente. Era un hombre adulto de piel pálida y cabello blanco rebelde que parecía desafiar la gravedad. Vestía un traje blanco inmaculado que se ajustaba a su complexión ágil, con un antifaz blanco que cubría parte de su rostro, dejando ver unos ojos azules tan gélidos como el hielo. Lo que más llamaba la atención eran las orejas de gato que sobresalían de su cabello y un cinturón largo que colgaba como una cola felina tras él. Un cascabel blanco en su pecho emitió un tintineo suave cuando sus pies tocaron el suelo.
—Vaya, vaya... parece que he aterrizado en el "miau-mento" oportuno —dijo el desconocido con una voz profunda pero cargada de un humor afilado—. Espero no haber interrumpido su "garra-ndioso" entrenamiento.
Naruto dio un paso al frente, confundido pero alerta.
—¿Quién eres tú? ¿Y qué es ese portal? ¡Habla rápido o te sacaremos de aquí por las malas! —exclamó el Uzumaki, aunque no sentía una intención asesina inmediata proveniente del extraño.
El hombre de blanco hizo una leve reverencia, manteniendo su mirada fría fija en ellos.
—Pueden llamarme Blanc —se presentó con respeto—. No he venido a pelear con ustedes, sino a advertirles. Vengo de una realidad que se encuentra más allá de los límites de este mundo, y la noticia que traigo es tan oscura como un callejón sin salida.
Kiba relajó un poco los hombros, pero no bajó la guardia. Como líder nato, sabía que las apariencias podían engañar.
—¿Una advertencia? —preguntó Kiba—. ¿De qué tipo de amenaza hablas?
La expresión de Blanc se volvió gélida, perdiendo cualquier rastro de humor. Su mandíbula se tensó y el aire a su alrededor pareció vibrar con una energía destructiva.
—Existe un Naruto alterno —comenzó Blanc, y el nombre hizo que el rubio se estremeciera—. En una dimensión paralela, ese individuo ha sucumbido a la oscuridad más absoluta. No es el héroe que tú eres, Naruto Uzumaki. Ese monstruo cometió actos imperdonables. Usó su poder para infligir dolor, para violar la confianza y la integridad de la familia de Kiba en su mundo, y para dañar a inocentes con una malicia que me revuelve el estómago.
Naruto sintió que la sangre se le congelaba. La sola mención de tales actos —la violación, el abuso, la injusticia— encendió una furia ardiente en su pecho. Nada le desagradaba más que alguien que usara su fuerza para oprimir a los débiles.
—¡¿Qué?! —rugió Naruto, apretando los puños—. ¡Eso es imposible! ¡Yo jamás...!
—Lo sé —interrumpió Blanc con suavidad—. Por eso estoy aquí. Ese impostor y otros como él, pedófilos y violadores que se creen por encima de la moral, están empezando a cruzar las barreras dimensionales. No puedo permitir que esa injusticia y esos actos maliciosos queden impunes. Jamás.
Kiba sintió una punzada de rabia protectora. La idea de que alguien, bajo cualquier forma, pudiera hacerle daño a su familia le hacía hervir la sangre. Akamaru soltó un aullido de furia, sintiendo el estado de ánimo de su compañero.
—Si ese tipo se atreve a acercarse a mi gente, lo haré pedazos —sentenció Kiba con una voz cargada de autoridad—. Blanc, si lo que dices es cierto, ¿por qué buscarnos a nosotros?
—Porque para cazar a un monstruo, a veces necesitas la luz más brillante —respondió Blanc, mirando a Naruto—. Y para proteger la manada, necesitas al lobo más feroz. Ustedes tienen lo que se necesita para ayudarme a limpiar este multiverso de esa escoria. Mi Megatacaclismo puede borrar obstáculos, pero esta es una lucha que requiere más que solo destrucción; requiere justicia.
Naruto miró a Kiba y luego a Blanc. La determinación en sus ojos azules era ahora una llama inextinguible.
—No soporto las injusticias —dijo Naruto con voz firme—. Y si hay alguien por ahí usando mi rostro para cometer esos crímenes asquerosos contra la familia de mis amigos o contra cualquiera... ¡le daré la paliza de su vida! Cuenta conmigo, Blanc. No dejaré que esos pedófilos y violadores sigan existiendo.
Kiba asintió, colocando una mano en el hombro de Naruto.
—Somos un equipo. Si Naruto va, yo voy. Nadie toca a los nuestros y vive para contarlo. Vamos a demostrarles lo que sucede cuando te metes con los ninjas de la Hoja y con alguien que no tolera la falta de respeto.
Blanc esbozó una pequeña y gélida sonrisa de satisfacción.
—Me alegra escuchar eso. Estaba seguro de que su sentido del deber sería "miau-ravilloso". Prepárense, porque el camino será peligroso. Vamos a cazar a esos depredadores y a devolverlos al vacío del que nunca debieron salir.
Blanc extendió su mano, y una esfera de energía oscura y destructiva comenzó a formarse en su palma: el Megatacaclismo. El poder era abrumador, pero Naruto y Kiba no retrocedieron. Al contrario, se acercaron, listos para cruzar el portal hacia lo desconocido.
—¿A dónde vamos primero? —preguntó Kiba, mientras Akamaru se preparaba para saltar.
—A la raíz del problema —respondió Blanc—. Vamos a buscar al Naruto oscuro. Está reuniendo a otros de su calaña en una grieta dimensional. Es hora de que sientan el peso de sus pecados.
Naruto se ajustó su banda ninja, el metal brillando con una promesa silenciosa.
—¡De veras! ¡Vamos a acabar con esto!
Con un paso decidido, el trío y el canino cruzaron el portal. La realidad se desvaneció a su alrededor, reemplazada por un torbellino de colores y sombras. El viaje dimensional fue un caos de sensaciones, pero la voluntad de los tres guerreros se mantuvo firme.
Al otro lado, el paisaje era desolador. Era una versión distorsionada de la Aldea de la Hoja, donde el cielo era de un color rojo pútrido y el aire olía a desesperación. En el centro de lo que solía ser la plaza principal, varias figuras se movían entre las sombras.
—Siento su rastro —dijo Kiba, afinando su olfato—. Huele a podredumbre... a maldad pura.
—Ahí están —señaló Blanc con un gesto de la cabeza.
En la distancia, un hombre que vestía una versión negra y rasgada de la ropa de Naruto se reía con una crueldad que hacía que los oídos dolieran. A su lado, otros individuos con miradas lascivas y despreciables observaban a un grupo de prisioneros encadenados.
La furia de Naruto estalló. Sin esperar una orden, creó un centenar de clones de sombra que llenaron el lugar en un abrir y cerrar de ojos.
—¡Ustedes! —gritó el verdadero Naruto, su voz resonando como un trueno—. ¡No son más que basura! ¡No permitiré que sigan lastimando a nadie!
El Naruto oscuro se giró, mostrando una sonrisa retorcida y ojos llenos de una lujuria de poder enferma.
—Vaya, vaya... mira quién ha venido. Mi versión "heroica". ¿Vienes a darnos un sermón?
—No —intervino Blanc, deslizándose hacia adelante con una agilidad felina asombrosa—. Venimos a borrarlos del mapa. Un "cat-astrófico" error fue el que cometieron al nacer.
Blanc activó su Megatacaclismo, y la esfera negra en su mano creció hasta volverse una masa de destrucción pura. Con un movimiento rápido, golpeó el suelo, enviando una onda de choque que desintegró las cadenas de los prisioneros y lanzó a los acosadores por los aires.
Kiba y Akamaru se lanzaron al ataque como un torbellino.
—¡Colmillo sobre Colmillo! —rugió Kiba.
El ataque giratorio impactó de lleno contra uno de los seguidores del Naruto oscuro, un hombre que intentaba huir. Kiba no tuvo piedad; la falta de respeto y el daño causado a las familias era algo que él castigaba con la máxima severidad.
Mientras tanto, el Naruto real se enfrentaba cara a cara con su contraparte malvada. El choque de sus puños creó una onda expansiva que agrietó el suelo.
—¿Cómo pudiste? —preguntó Naruto entre dientes, forcejeando—. ¡Kiba es mi mejor amigo! ¡Su familia es como la mía! ¡Hacerles eso... eres un monstruo!
—El poder es para tomar lo que uno quiere, Naruto —respondió el otro con una voz sibilante—. Y yo quería romperlos.
Esas palabras fueron el detonante final. Naruto canalizó el chakra del Kyubi, pero no con odio, sino con una justicia pura y abrasadora.
—¡Tú no eres Naruto Uzumaki! —gritó el rubio, conectando un gancho directo a la mandíbula del impostor—. ¡Yo soy el que protege a sus amigos! ¡Yo soy el que nunca se rinde ante la injusticia!
Blanc apareció detrás del Naruto oscuro, su mano cargada de energía destructiva rozando el hombro del villano.
—Se acabó el juego, "miau-ldito" —susurró Blanc con un tono de voz que prometía el fin—. Megatacaclismo.
La explosión de luz blanca y negra consumió al impostor, desintegrando su existencia hasta que no quedó ni rastro de su malicia. Los otros acosadores y abusadores, al ver a su líder caer, intentaron escapar, pero Kiba y Akamaru les cerraron el paso, asegurándose de que ninguno saliera ileso de aquel encuentro.
Cuando el polvo se asentó, el silencio regresó a la dimensión distorsionada. Los prisioneros, ahora libres, miraban a sus salvadores con lágrimas de gratitud.
Blanc se sacudió el polvo de su traje blanco y ajustó su cascabel.
—Un trabajo bien hecho, equipo. Aunque me temo que esta es solo una de las muchas grietas que debemos cerrar. Hay más como ellos ahí fuera.
Naruto respiraba agitadamente, pero su mirada era clara. Se acercó a Kiba y chocaron los puños.
—No importa cuántos sean —dijo Naruto con determinación—. Si intentan traer su maldad a cualquier mundo, estaremos allí para detenerlos.
Kiba asintió, mirando a Akamaru, quien movía la cola con orgullo.
—Así es. Nadie se mete con la familia y sale impune mientras nosotros estemos de guardia.
Blanc miró al horizonte, donde el portal de regreso empezaba a formarse.
—Entonces, ¿qué dicen? ¿Están listos para una "miau-sión" de larga duración? La justicia no descansa, y yo tampoco lo haré hasta que el último de esos violadores y pedófilos sea eliminado de la existencia.
Naruto sonrió, su energía extrovertida regresando a pesar de la gravedad de la situación.
—¡De veras! ¡Vamos a limpiar este multiverso, Blanc! ¡Pero después de esto, me debes un tazón de ramen gigante!
Blanc soltó una carcajada corta, la primera muestra de calidez real desde que se conocieron.
—Hecho, Naruto. Un tazón "miau-ravilloso" de ramen será tu recompensa.
Los tres héroes se encaminaron hacia el portal, dejando atrás un mundo que finalmente podía empezar a sanar. La lucha contra la oscuridad más vil apenas comenzaba, pero con la determinación de Naruto, la ferocidad protectora de Kiba y la justicia implacable de Blanc, las sombras no tenían ninguna oportunidad.
El portal se cerró tras ellos, dejando solo el eco de una promesa: la injusticia jamás quedaría impune.
