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Fandom: multiverso
Creado: 15/4/2026
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Azul Neón y Sangre Dorada: El Secreto del Compuesto V
La penumbra de la sala de cine era absoluta, rota únicamente por el parpadeo errático de una pantalla colosal que parecía vibrar con una energía ajena a cualquier tecnología conocida. En las butacas, una amalgama imposible de seres de distintos mundos intentaba procesar cómo habían llegado allí. No había puertas, no había ventanas; solo el aroma a palomitas de maíz rancias y el eco de respiraciones agitadas.
Bruce Wayne se ajustó el cuello de su traje, con los ojos entrecerrados analizando cada rincón de la estancia. A su izquierda, Tony Stark jugueteaba con un proyector holográfico de su muñeca que, por primera vez, no mostraba señal alguna. Cerca de ellos, un joven de cabellos alborotados y cicatriz de rayo sujetaba su varita con fuerza, mientras un grupo de ninjas de la Aldea de la Hoja mantenía una formación defensiva.
—¿Alguien más siente que nos han secuestrado para una función de gala muy mal organizada? —preguntó Tony, rompiendo el silencio con su habitual sarcasmo defensivo.
—No es una función, Stark —respondió Batman con voz grave—. Es una observación. Mira la pantalla.
Unas letras blancas empezaron a materializarse sobre el fondo negro: **"UNIVERSO 731: THE BOYS - EL COMPUESTO V"**.
—¿The Boys? —murmuró Naruto Uzumaki, rascándose la nuca—. Suena a un grupo de música, de esos que le gustan a Sakura-chan.
—Dudo que haya música donde vamos, chico —intervino Logan, que estaba sentado al fondo, con un puro apagado entre los dientes—. El olor de este lugar… huele a hospital y a carnicería.
La pantalla se iluminó de golpe, mostrando un laboratorio aséptico y futurista. En el centro, una pequeña ampolla de cristal contenía un líquido de un azul eléctrico tan intenso que parecía emitir su propia luz.
—Eso no es chakra —observó Kakashi Hatake, bajando ligeramente su máscara—. Pero la energía que emana, incluso a través de la imagen, es inestable.
La voz de un narrador, fría y corporativa, resonó en los altavoces ocultos de la sala.
—*El éxito no nace, se fabrica. En Vought International, creemos en el potencial ilimitado de la humanidad… debidamente estimulado.*
En la pantalla, un científico con guantes de látex insertaba una aguja en el brazo de un bebé que lloraba en una cuna metálica. La sala quedó en un silencio sepulcral.
—¿Qué demonios están haciendo? —exclamó Steve Rogers, poniéndose de pie de un salto—. ¡Es un niño!
—Lo están inyectando —dijo Hermione Granger, con la voz temblorosa por la indignación—. Están experimentando con bebés.
—Es el Compuesto V —explicó una voz incorpórea que parecía provenir de todas partes—. La fuente de los "héroes" en este mundo. No hay destino, no hay magia, no hay mutaciones naturales. Solo química y marketing.
La imagen cambió drásticamente. Ahora, la pantalla mostraba a un hombre con una capa de la bandera estadounidense y una sonrisa que no llegaba a sus ojos azules y gélidos. Homelander volaba sobre una multitud que lo vitoreaba como a un dios.
—Se parece a ti, Clark —comento Diana Prince, mirando de reojo a Superman, quien observaba la pantalla con una expresión de horror creciente.
—No se parece en nada a mí —respondió Kal-El en un susurro—. Mira sus ojos. No hay compasión, solo hambre.
La pantalla mostró entonces los efectos secundarios. Un hombre cuya piel se derretía en una bañera; una mujer cuyos huesos crecían hacia afuera hasta perforar sus propios órganos; un rastro de sangre y vísceras dejado por un velocista que no pudo frenar a tiempo.
—¡Por los dioses! —exclamó Thor, apretando el mango de su martillo—. Esto no es el don de la fuerza, es una maldición embotellada.
—Es poder sin control —añadió Batman, sin apartar la vista—. Y lo que es peor, es poder comprado. Si puedes fabricar superhombres, puedes fabricar tiranos.
—¿Y quiénes son los que se oponen a esto? —preguntó Peter Parker, sintiéndose repentinamente pequeño en su butaca—. Si esos tipos son los "héroes", ¿quiénes son los buenos?
La pantalla respondió mostrando a un hombre de barba descuidada, gabardina negra y una mirada cargada de un odio ancestral: Billy Butcher. El hombre sostenía una escopeta y miraba directamente a la cámara con una sonrisa cínica.
—*Si no puedes matarlos con justicia, mátalos con crueldad* —dijo el Butcher de la pantalla.
—Ese hombre está roto —observó Edward Elric, cruzándose de brazos—. Ha perdido algo y está usando ese "Compuesto V" para nivelar el campo de juego, ¿verdad?
—Peor aún —respondió la voz de la sala—. Lo odian, pero a veces, deben convertirse en lo que odian para sobrevivir.
En la pantalla, se vio a Hughie, un joven de aspecto ordinario, temblando mientras sostenía una jeringa con el líquido azul. Sus manos sudaban. Sabía que si se inyectaba eso, su humanidad cambiaría para siempre.
—No lo hagas, chico —murmuró Logan—. Una vez que cruzas esa línea, no hay vuelta atrás. El veneno se queda en la sangre.
—Pero no tiene elección —intervino Magneto, que hasta ahora había permanecido en las sombras—. En un mundo donde los dioses son fabricados por corporaciones, el hombre corriente solo tiene dos opciones: arrodillarse o robar el fuego del Olimpo. Aunque ese fuego lo consuma.
La secuencia de montaje mostró entonces la realidad detrás de la cortina de Vought. Sobornos, asesinatos encubiertos, y el Compuesto V siendo distribuido en hospitales bajo la apariencia de vacunas.
—Es una industria —dijo Tony Stark, con una amargura inusual en su tono—. Han convertido el heroísmo en un producto de consumo masivo con obsolescencia programada. Es brillante y es lo más asqueroso que he visto en mi vida.
—¿Incluso más que tus propias armas, Stark? —lanzó una voz desde el rincón de los villanos. Era Loki, con una sonrisa burlona.
—Mis armas no pretendían ser salvadores, cuernitos —replicó Tony sin mirarlo—. Estos tipos venden esperanza líquida mientras te cortan la garganta.
De repente, la pantalla mostró una escena de combate. A-Train, el velocista, atravesando a una mujer joven simplemente porque estaba en su camino. El impacto la convirtió en una nube de niebla roja.
—¡Robin! —gritó el Hughie de la pantalla, sosteniendo las manos de su novia, que era lo único que quedaba de ella.
El silencio en la sala de cine fue tan pesado que parecía físico. Naruto apretó los puños hasta que sus nudillos se pusieron blancos.
—Eso… eso no fue un accidente —dijo el ninja rubio—. Ni siquiera se detuvo a mirar.
—Para ellos, los humanos normales son como hormigas —explicó Batman—. El Compuesto V no solo les da poderes, les quita la empatía. Altera la química cerebral para que se sientan superiores. Es el experimento de eugenesia más exitoso de la historia.
—Y lo llaman "Regalo de Dios" —escupió Eren Yeager, quien miraba la pantalla con una intensidad aterradora—. Es el mismo ciclo de siempre. Poder, opresión y la necesidad de un monstruo para matar a otro monstruo.
La pantalla mostró a Homelander flotando frente a un espejo, hablándose a sí mismo, revelando una psique destrozada por la falta de una madre y el exceso de laboratorio.
—*Soy el hombre más fuerte del mundo* —decía el supe—. *Puedo hacer lo que me dé la gana.*
—Ese es el problema —dijo Superman, levantándose—. El poder sin responsabilidad es la definición misma de la tiranía. Ese líquido azul… es una violación de todo lo que significa ser un héroe.
—Es curioso —dijo el Doctor Strange, moviendo sus manos para crear un pequeño mandala de luz—. En muchos de nuestros mundos, el poder viene del sacrificio, del estudio o del azar del destino. Pero aquí, el destino se compra en el mercado negro.
La luz de la pantalla se volvió roja mientras mostraba las secuelas de una batalla. Edificios derrumbados, civiles llorando y los "Siete" posando para las cámaras sobre los escombros, ignorando el sufrimiento a sus pies.
—¿Por qué nos muestran esto? —preguntó Wonder Woman, dirigiendo su pregunta a la nada—. ¿Es una advertencia?
—Es una posibilidad —respondió la voz de la sala—. El Compuesto V es la tentación definitiva. La fuerza sin esfuerzo. La gloria sin mérito. En sus mundos, ¿cuántos de ustedes rechazarían una dosis si supieran que es la única forma de salvar lo que aman?
—Yo lo haría —dijo Naruto de inmediato—. El poder que no ganas por ti mismo no vale nada.
—Es fácil decirlo cuando ya tienes un zorro gigante en la barriga, chico —gruñó Logan—. Pero para el tipo que no tiene nada, ese frasco azul parece una salida.
—No es una salida, es una jaula —sentenció Batman—. Una vez que el Compuesto V entra en el sistema, eres propiedad de quien lo fabrica. Eres un activo, no una persona.
La pantalla mostró un último plano: un almacén lleno de miles de cajas del Compuesto V, listas para ser enviadas a todo el mundo. El logo de Vought International brillaba con una luz siniestra.
—La pregunta no es si el Compuesto V es malo —dijo la voz mientras la pantalla se fundía a negro—. La pregunta es: si estuviera frente a ustedes ahora mismo… ¿quién sería el primero en estirar la mano?
La luz de la sala regresó lentamente, dejando a los héroes y villanos del multiverso mirándose los unos a los otros. En el centro de la habitación, sobre una pequeña mesa que no estaba allí antes, apareció una sola ampolla de color azul eléctrico.
Nadie se movió. El silencio era absoluto, pero la tensión era eléctrica. El Compuesto V brillaba, pulsando como un corazón mecánico, tentando a los presentes con la promesa de un poder que no conocía límites, pero que exigía el alma a cambio.
—No lo toquen —advirtió Steve Rogers, dando un paso al frente para interponerse entre la mesa y el resto.
—¿Y quién te ha nombrado jefe, anciano? —preguntó una voz desde las sombras, perteneciente a alguien que ya estaba calculando cuánto valdría ese líquido en su propio mundo.
El experimento del multiverso acababa de empezar, y el azul neón del Compuesto V era solo el principio de la pesadilla.
Bruce Wayne se ajustó el cuello de su traje, con los ojos entrecerrados analizando cada rincón de la estancia. A su izquierda, Tony Stark jugueteaba con un proyector holográfico de su muñeca que, por primera vez, no mostraba señal alguna. Cerca de ellos, un joven de cabellos alborotados y cicatriz de rayo sujetaba su varita con fuerza, mientras un grupo de ninjas de la Aldea de la Hoja mantenía una formación defensiva.
—¿Alguien más siente que nos han secuestrado para una función de gala muy mal organizada? —preguntó Tony, rompiendo el silencio con su habitual sarcasmo defensivo.
—No es una función, Stark —respondió Batman con voz grave—. Es una observación. Mira la pantalla.
Unas letras blancas empezaron a materializarse sobre el fondo negro: **"UNIVERSO 731: THE BOYS - EL COMPUESTO V"**.
—¿The Boys? —murmuró Naruto Uzumaki, rascándose la nuca—. Suena a un grupo de música, de esos que le gustan a Sakura-chan.
—Dudo que haya música donde vamos, chico —intervino Logan, que estaba sentado al fondo, con un puro apagado entre los dientes—. El olor de este lugar… huele a hospital y a carnicería.
La pantalla se iluminó de golpe, mostrando un laboratorio aséptico y futurista. En el centro, una pequeña ampolla de cristal contenía un líquido de un azul eléctrico tan intenso que parecía emitir su propia luz.
—Eso no es chakra —observó Kakashi Hatake, bajando ligeramente su máscara—. Pero la energía que emana, incluso a través de la imagen, es inestable.
La voz de un narrador, fría y corporativa, resonó en los altavoces ocultos de la sala.
—*El éxito no nace, se fabrica. En Vought International, creemos en el potencial ilimitado de la humanidad… debidamente estimulado.*
En la pantalla, un científico con guantes de látex insertaba una aguja en el brazo de un bebé que lloraba en una cuna metálica. La sala quedó en un silencio sepulcral.
—¿Qué demonios están haciendo? —exclamó Steve Rogers, poniéndose de pie de un salto—. ¡Es un niño!
—Lo están inyectando —dijo Hermione Granger, con la voz temblorosa por la indignación—. Están experimentando con bebés.
—Es el Compuesto V —explicó una voz incorpórea que parecía provenir de todas partes—. La fuente de los "héroes" en este mundo. No hay destino, no hay magia, no hay mutaciones naturales. Solo química y marketing.
La imagen cambió drásticamente. Ahora, la pantalla mostraba a un hombre con una capa de la bandera estadounidense y una sonrisa que no llegaba a sus ojos azules y gélidos. Homelander volaba sobre una multitud que lo vitoreaba como a un dios.
—Se parece a ti, Clark —comento Diana Prince, mirando de reojo a Superman, quien observaba la pantalla con una expresión de horror creciente.
—No se parece en nada a mí —respondió Kal-El en un susurro—. Mira sus ojos. No hay compasión, solo hambre.
La pantalla mostró entonces los efectos secundarios. Un hombre cuya piel se derretía en una bañera; una mujer cuyos huesos crecían hacia afuera hasta perforar sus propios órganos; un rastro de sangre y vísceras dejado por un velocista que no pudo frenar a tiempo.
—¡Por los dioses! —exclamó Thor, apretando el mango de su martillo—. Esto no es el don de la fuerza, es una maldición embotellada.
—Es poder sin control —añadió Batman, sin apartar la vista—. Y lo que es peor, es poder comprado. Si puedes fabricar superhombres, puedes fabricar tiranos.
—¿Y quiénes son los que se oponen a esto? —preguntó Peter Parker, sintiéndose repentinamente pequeño en su butaca—. Si esos tipos son los "héroes", ¿quiénes son los buenos?
La pantalla respondió mostrando a un hombre de barba descuidada, gabardina negra y una mirada cargada de un odio ancestral: Billy Butcher. El hombre sostenía una escopeta y miraba directamente a la cámara con una sonrisa cínica.
—*Si no puedes matarlos con justicia, mátalos con crueldad* —dijo el Butcher de la pantalla.
—Ese hombre está roto —observó Edward Elric, cruzándose de brazos—. Ha perdido algo y está usando ese "Compuesto V" para nivelar el campo de juego, ¿verdad?
—Peor aún —respondió la voz de la sala—. Lo odian, pero a veces, deben convertirse en lo que odian para sobrevivir.
En la pantalla, se vio a Hughie, un joven de aspecto ordinario, temblando mientras sostenía una jeringa con el líquido azul. Sus manos sudaban. Sabía que si se inyectaba eso, su humanidad cambiaría para siempre.
—No lo hagas, chico —murmuró Logan—. Una vez que cruzas esa línea, no hay vuelta atrás. El veneno se queda en la sangre.
—Pero no tiene elección —intervino Magneto, que hasta ahora había permanecido en las sombras—. En un mundo donde los dioses son fabricados por corporaciones, el hombre corriente solo tiene dos opciones: arrodillarse o robar el fuego del Olimpo. Aunque ese fuego lo consuma.
La secuencia de montaje mostró entonces la realidad detrás de la cortina de Vought. Sobornos, asesinatos encubiertos, y el Compuesto V siendo distribuido en hospitales bajo la apariencia de vacunas.
—Es una industria —dijo Tony Stark, con una amargura inusual en su tono—. Han convertido el heroísmo en un producto de consumo masivo con obsolescencia programada. Es brillante y es lo más asqueroso que he visto en mi vida.
—¿Incluso más que tus propias armas, Stark? —lanzó una voz desde el rincón de los villanos. Era Loki, con una sonrisa burlona.
—Mis armas no pretendían ser salvadores, cuernitos —replicó Tony sin mirarlo—. Estos tipos venden esperanza líquida mientras te cortan la garganta.
De repente, la pantalla mostró una escena de combate. A-Train, el velocista, atravesando a una mujer joven simplemente porque estaba en su camino. El impacto la convirtió en una nube de niebla roja.
—¡Robin! —gritó el Hughie de la pantalla, sosteniendo las manos de su novia, que era lo único que quedaba de ella.
El silencio en la sala de cine fue tan pesado que parecía físico. Naruto apretó los puños hasta que sus nudillos se pusieron blancos.
—Eso… eso no fue un accidente —dijo el ninja rubio—. Ni siquiera se detuvo a mirar.
—Para ellos, los humanos normales son como hormigas —explicó Batman—. El Compuesto V no solo les da poderes, les quita la empatía. Altera la química cerebral para que se sientan superiores. Es el experimento de eugenesia más exitoso de la historia.
—Y lo llaman "Regalo de Dios" —escupió Eren Yeager, quien miraba la pantalla con una intensidad aterradora—. Es el mismo ciclo de siempre. Poder, opresión y la necesidad de un monstruo para matar a otro monstruo.
La pantalla mostró a Homelander flotando frente a un espejo, hablándose a sí mismo, revelando una psique destrozada por la falta de una madre y el exceso de laboratorio.
—*Soy el hombre más fuerte del mundo* —decía el supe—. *Puedo hacer lo que me dé la gana.*
—Ese es el problema —dijo Superman, levantándose—. El poder sin responsabilidad es la definición misma de la tiranía. Ese líquido azul… es una violación de todo lo que significa ser un héroe.
—Es curioso —dijo el Doctor Strange, moviendo sus manos para crear un pequeño mandala de luz—. En muchos de nuestros mundos, el poder viene del sacrificio, del estudio o del azar del destino. Pero aquí, el destino se compra en el mercado negro.
La luz de la pantalla se volvió roja mientras mostraba las secuelas de una batalla. Edificios derrumbados, civiles llorando y los "Siete" posando para las cámaras sobre los escombros, ignorando el sufrimiento a sus pies.
—¿Por qué nos muestran esto? —preguntó Wonder Woman, dirigiendo su pregunta a la nada—. ¿Es una advertencia?
—Es una posibilidad —respondió la voz de la sala—. El Compuesto V es la tentación definitiva. La fuerza sin esfuerzo. La gloria sin mérito. En sus mundos, ¿cuántos de ustedes rechazarían una dosis si supieran que es la única forma de salvar lo que aman?
—Yo lo haría —dijo Naruto de inmediato—. El poder que no ganas por ti mismo no vale nada.
—Es fácil decirlo cuando ya tienes un zorro gigante en la barriga, chico —gruñó Logan—. Pero para el tipo que no tiene nada, ese frasco azul parece una salida.
—No es una salida, es una jaula —sentenció Batman—. Una vez que el Compuesto V entra en el sistema, eres propiedad de quien lo fabrica. Eres un activo, no una persona.
La pantalla mostró un último plano: un almacén lleno de miles de cajas del Compuesto V, listas para ser enviadas a todo el mundo. El logo de Vought International brillaba con una luz siniestra.
—La pregunta no es si el Compuesto V es malo —dijo la voz mientras la pantalla se fundía a negro—. La pregunta es: si estuviera frente a ustedes ahora mismo… ¿quién sería el primero en estirar la mano?
La luz de la sala regresó lentamente, dejando a los héroes y villanos del multiverso mirándose los unos a los otros. En el centro de la habitación, sobre una pequeña mesa que no estaba allí antes, apareció una sola ampolla de color azul eléctrico.
Nadie se movió. El silencio era absoluto, pero la tensión era eléctrica. El Compuesto V brillaba, pulsando como un corazón mecánico, tentando a los presentes con la promesa de un poder que no conocía límites, pero que exigía el alma a cambio.
—No lo toquen —advirtió Steve Rogers, dando un paso al frente para interponerse entre la mesa y el resto.
—¿Y quién te ha nombrado jefe, anciano? —preguntó una voz desde las sombras, perteneciente a alguien que ya estaba calculando cuánto valdría ese líquido en su propio mundo.
El experimento del multiverso acababa de empezar, y el azul neón del Compuesto V era solo el principio de la pesadilla.
