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Fandom: multiverso

Creado: 15/4/2026

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El Espejo de los Falsos Ídolos

La sala de cine era una anomalía en sí misma, un espacio infinito que parecía flotar en el nexo de todas las realidades existentes. El techo no era de yeso ni metal, sino un manto de nebulosas que giraban lentamente, destellando en tonos púrpuras y dorados. Las butacas, de un terciopelo rojo tan intenso que parecía absorber la luz, estaban dispuestas en secciones perfectamente delimitadas para los grupos de siete que habían sido arrastrados allí sin previo aviso.

Tony Stark se ajustó las gafas, mirando a su alrededor con una mezcla de fascinación científica y paranoia pura. A su lado, Steve Rogers mantenía el escudo en alto, mientras Thor, Natasha, Bruce, Clint y una confundida Wanda Maximoff completaban su fila.

—¿Alguien más tiene la sensación de que esto no es una trampa de Mysterio? —preguntó Tony, rompiendo el silencio sepulcral.

—No hay rastro de ilusiones, Stark —respondió Natasha, con la mano en la culata de su viuda roja—. Pero mira a los demás. No estamos solos.

Al otro lado del pasillo, un grupo de siete individuos observaba con igual desconfianza. Superman lideraba a la Liga de la Justicia, con Batman ya escaneando las salidas inexistentes y Wonder Woman manteniendo una mano sobre el lazo de la verdad. En otra sección, los ninjas de Konoha, liderados por un Naruto que intentaba procesar dónde estaba el ramen, se mantenían alerta. Había grupos de piratas, magos, cazadores de demonios y guerreros espaciales. Todos divididos en equipos de siete.

De repente, la pantalla gigante, que ocupaba toda la pared frontal, se encendió con un zumbido estático. Una voz incorpórea, carente de emoción pero cargada de poder, resonó en sus mentes.

—Bienvenidos, guardianes de la justicia y guerreros del destino. Habéis sido traídos aquí para presenciar una advertencia. En el vasto multiverso, no todos los héroes son lo que parecen. Algunos son espejos rotos de lo que vosotros representáis.

—¿Espejos rotos? —susurró Peter Parker, que estaba sentado con otros héroes de su propia línea temporal—. Eso no suena nada bien.

—Observad —continuó la voz—. Esta realidad es conocida como el universo de Vought. Un mundo donde la gloria se compra y la moralidad es un producto de marketing.

La pantalla se iluminó, mostrando un cielo azul brillante sobre la ciudad de Nueva York. Pero no era la Nueva York que ellos conocían. En la cima de un rascacielos con el logo de "Vought", siete figuras posaban para la cámara.

—Se parecen a nosotros —dijo Diana Prince, frunciendo el ceño—. Pero sus ojos... no hay luz en ellos.

La imagen se centró en un hombre con una capa que llevaba la bandera estadounidense. Su sonrisa era perfecta, demasiado blanca, demasiado ensayada. Sus ojos azules brillaban con una intensidad fría.

—Se hace llamar Homelander —dijo la voz de la pantalla—. El hombre más poderoso de su mundo. El símbolo de la esperanza.

—Tiene un aire a ti, Clark —comentó Bruce Wayne, con la voz cargada de escepticismo—. Pero su postura es rígida. No está protegiendo a la gente, está posando para ella.

—Algo no está bien —murmuró Superman, sintiendo un escalofrío que no tenía nada que ver con la temperatura de la sala.

La escena cambió abruptamente. Ya no era una sesión de fotos. Era un callejón oscuro. Homelander estaba frente a un hombre que suplicaba por su vida. El "héroe" no dijo nada al principio. Simplemente se acercó, su capa ondeando levemente.

—Por favor... no quise ver nada... —sollozaba el hombre.

—Lo sé —dijo Homelander en la pantalla, con una voz suave que erizó la piel de todos los presentes en la sala—. El problema es que lo hiciste. Y ahora, me haces sentir... decepcionado.

Sin previo aviso, dos rayos de calor rojo brotaron de los ojos de Homelander. No fueron los rayos precisos y controlados de Superman. Fueron salvajes, brutales. En un segundo, el hombre había sido partido en dos, y el olor a carne quemada pareció traspasar la pantalla.

—¡Por los dioses! —exclamó Thor, poniéndose en pie con el Stormbreaker chispeando—. ¡Eso no es un guerrero! ¡Es un carnicero!

—Es un monstruo —corrigió Steve Rogers, con el rostro pálido—. ¿Cómo pueden permitir que alguien así camine libre?

La pantalla continuó mostrando fragmentos de la vida de "Los Siete". Se vio a A-Train, el velocista, atravesar a una joven civil sin detenerse, dejando nada más que una nube de sangre y restos. Se vio a The Deep, el rey de los mares, degradando a una nueva recluta bajo la amenaza de expulsarla del equipo.

—Ese tipo... —Barry Allen se tapó la boca, sintiendo náuseas—. No se detuvo. Ni siquiera miró atrás. La mató y siguió corriendo como si fuera un bache en el camino.

—Es el poder sin responsabilidad —dijo Batman, sus ojos fijos en la pantalla, analizando cada debilidad—. Es lo que sucede cuando se idolatra a la persona y no al ideal.

En la sección de los ninjas, Sasuke Uchiha mantenía los ojos entrecerrados, su Sharingan activo.

—No son héroes —sentenció Sasuke—. Son mercenarios con buen departamento de relaciones públicas. Pero ese tal Homelander... su poder es real.

—Es un matón con complejo de dios —escupió Naruto, apretando los puños—. ¡Debería estar en una celda, no en un cartel!

La pantalla mostró entonces una reunión en la sala de juntas de Vought. Madelyn Stillwell, una ejecutiva fría, hablaba de porcentajes de aprobación y ventas de figuras de acción mientras Homelander bebía leche con una expresión infantil y perturbadora.

—¿Véis la diferencia? —preguntó la voz del multiverso—. En vuestros mundos, lucháis por lo que es correcto. En este mundo, lo "correcto" es lo que genera beneficios.

—Es una sátira retorcida de todo lo que representamos —dijo Tony Stark, perdiendo su habitual tono sarcástico—. Incluso mi ego tiene límites, pero esto... esto es corporativismo puro aplicado a la genética.

De repente, la pantalla mostró a un grupo diferente. Unos hombres sin poderes, liderados por un sujeto con una gabardina negra y una expresión de odio puro en los ojos. Billy Butcher.

—¿Y ellos quiénes son? —preguntó Natasha Romanoff, interesada por primera vez—. No parecen tener habilidades especiales.

—Ellos son "The Boys" —respondió la voz—. Humanos que han sufrido bajo el yugo de los Siete. Han decidido que, si los dioses son malvados, deben ser derribados.

—El carnicero —murmuró Batman, reconociendo la mirada en los ojos de Butcher—. Está dispuesto a quemar el mundo con tal de ver a Homelander muerto.

—Pero sus métodos... —Wonder Woman observó con horror cómo Butcher usaba un bebé con poderes láser para masacrar a unos guardias—. Se están convirtiendo en lo que odian.

—A veces, para cazar a un monstruo, tienes que ser uno —dijo una voz desde el fondo de la sala. Era Punisher, que estaba en un grupo de antihéroes.

—No —intervino Steve Rogers con firmeza—. Si te conviertes en el monstruo, el monstruo gana. Siempre hay otra forma.

La pantalla mostró el enfrentamiento final de una de las temporadas. Homelander flotando en el aire, amenazando con quemar a toda la multitud si no le daban lo que quería. Su rostro estaba desencajado, la máscara de perfección se había roto para revelar a un niño asustado y sociópata con el poder de un sol.

—Puedo hacer lo que me dé la gana —rugía el Homelander de la pantalla—. ¡PUEDO HACER LO QUE ME DÉ LA GANA!

El silencio en la sala de cine era absoluto. Superman cerró los ojos, sintiendo un peso inmenso sobre sus hombros. Ver una versión tan distorsionada de sus propias habilidades le dolía más que la criptonita.

—¿Por qué nos muestras esto? —preguntó Clark Kent, mirando hacia el techo de nebulosas—. ¿Es una amenaza?

—Es un recordatorio —respondió la voz—. La línea entre un héroe y un tirano es más delgada de lo que creéis. El poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente cuando no hay una brújula moral.

—Ese mundo necesita ayuda —dijo Wanda, sus manos brillando con energía escarlata—. No podemos quedarnos aquí mirando mientras ese psicópata destruye vidas.

—No podéis intervenir —dijo la voz—. Vuestra presencia allí desestabilizaría esa realidad hasta el punto del colapso. Solo podéis observar y aprender.

—¿Aprender qué? —preguntó Arthur Curry (Aquaman), mirando con asco a The Deep en la pantalla—. ¿A no hablar con los peces de forma rara?

—A vigilaros a vosotros mismos —dijo la voz—. A entender que el mundo os mira. Y que, si alguna vez olvidáis por qué hacéis lo que hacéis, podríais terminar como ellos. Sentados en un trono de mentiras, esperando a que alguien lo suficientemente desesperado os degüelle.

La pantalla se oscureció por un momento, antes de mostrar a una joven llamada Starlight. Ella estaba llorando en un camerino, tratando de limpiarse el maquillaje después de una experiencia traumática con The Peak.

—Ella es diferente —notó Peter Parker—. Ella realmente quería ayudar.

—Sí —dijo la voz—. Ella es la prueba de que, incluso en el lugar más oscuro, la verdadera chispa de un héroe puede sobrevivir. Pero tendrá que decidir cuánto está dispuesta a sacrificar para mantener su alma intacta.

La luz de la sala comenzó a aumentar. Los líderes de los equipos se miraron entre sí. Ya no había tanta desconfianza, sino una comprensión compartida. Habían visto el abismo, y el abismo tenía la cara de un hombre con una capa de barras y estrellas.

—Stark —dijo Steve, sin apartar la vista de la pantalla ahora negra—. Cuando volvamos... quiero que revises todos nuestros protocolos de seguridad. Y los de los demás.

—Por una vez, Rogers, no voy a discutir —respondió Tony, su rostro serio—. Necesitamos asegurarnos de que el "Proyecto Centinela" o cualquier otra idea loca no termine creando a uno de esos tipos.

—No es solo la tecnología, Tony —dijo Natasha—. Es la cultura. No podemos dejar que nos conviertan en productos.

En la sección de DC, Superman se acercó a Batman.

—Bruce... si alguna vez me parezco a él... —empezó a decir Clark.

—Ya lo sé, Clark —lo interrumpió Batman, con un tono extrañamente suave—. Pero no lo harás. Él es débil. Tú eres fuerte porque te importa. Él solo tiene miedo de no ser amado.

La voz del multiverso volvió a hablar una última vez antes de que la primera sesión terminara.

—La función ha comenzado. Esto es solo el principio de lo que veréis. Prepárense, porque el siguiente universo no es sobre falsos héroes... sino sobre el fin de todo lo que conocen.

Las luces se apagaron por completo, dejando a los setenta y siete guerreros en una oscuridad expectante. El eco del grito de Homelander aún resonaba en sus oídos, una advertencia de lo que sucede cuando el símbolo se vuelve más importante que el hombre, y el poder se divorcia de la humanidad.

—Bueno —susurró Naruto en la oscuridad—, al menos mis villanos tienen motivos más interesantes que vender cereales.

—Cállate, Naruto —dijeron Sakura y Sasuke al unísono, aunque en el fondo, todos agradecían el intento de aligerar la tensión.

La pantalla volvió a brillar, esta vez mostrando un desierto post-apocalíptico. La reacción del multiverso apenas estaba comenzando.
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