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Multiverso reacciona multiverso
Fandom: multiverso
Creado: 15/4/2026
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CrossoverIsekai / Fantasía PortalAventuraCiencia FicciónFantasíaAcciónUA (Universo Alternativo)SupervivenciaDolor/Consuelo
El Eco de los Estantes Infinitos
El vacío no era negro, ni blanco, ni ruidoso. Era, simplemente, una ausencia absoluta que se rompió en un pestañeo.
Tony Stark fue el primero en trastabillar. Sus pies, que un segundo antes sentían el frío metal del complejo de los Vengadores, ahora golpeaban una alfombra de terciopelo azul profundo. Casi al mismo tiempo, un rugido contenido resonó a su izquierda. Geralt de Rivia desenvainó su espada de plata con un movimiento fluido, sus ojos amarillos escaneando el entorno mientras el brujo se ponía en guardia.
—¿Qué clase de hechicería es esta? —gruñó Geralt, su voz como grava triturada.
—Si esto es un truco de Mysterio, juro que voy a... —Tony se interrumpió al notar que no llevaba su armadura, sino una simple camiseta negra. Miró a su alrededor y su mandíbula cayó ligeramente.
No estaban en una habitación. Estaban en un abismo de conocimiento. Hacia arriba, hacia abajo y hacia los costados, se extendían estanterías de madera de roble oscuro que parecían desafiar la gravedad, perdiéndose en una neblina dorada que hacía las veces de cielo y suelo. Millones de libros, con lomos de cuero, tela y materiales desconocidos, vibraban con una energía sorda.
—No es magia de ilusión —dijo una voz serena y autoritaria.
Desde la penumbra de un pasillo lateral, surgió una figura con una capa roja que parecía tener vida propia. El Doctor Strange caminaba con las manos cruzadas tras la espalda, aunque sus ojos reflejaban una inquietud que no lograba ocultar del todo.
—Stephen —exclamó Tony, aliviado a medias—. Dime que tienes el recibo de este lugar y que podemos devolverlo.
—No tengo jurisdicción aquí, Stark —respondió Strange, deteniéndose junto a una mesa de lectura circular—. Ni yo, ni nadie. Estamos fuera del tiempo, fuera del espacio y, me temo, fuera de nuestras respectivas realidades.
—¿Realidades? —Una mujer de cabello rubio platino y armadura de cuero se acercó con cautela. Ciri sostenía su espada con firmeza, mirando a Geralt—. Geralt, este lugar... se siente como el centro de la Espiral.
—No es la Espiral, cachorra —respondió el brujo, aunque envainó su arma al no detectar una amenaza inmediata.
De repente, el aire se volvió gélido. Un hombre alto, de cabello negro y largo, vestido con ropajes verdes y dorados, apareció sentado en una de las butacas de cuero. Loki jugaba con una daga, observando al grupo con una mezcla de aburrimiento y fascinación.
—Es una biblioteca —dijo Loki, señalando lo obvio con una sonrisa burlona—. Aunque, a juzgar por el volumen de los estantes, diría que es la Biblioteca de Todo lo que Fue, lo que Es y lo que Podría Haber Sido. Un nombre un poco pretencioso, si me preguntan.
—¿Quién nos ha traído aquí? —preguntó una voz nueva.
Un joven con un traje rojo y azul, con una máscara que ocultaba su rostro, aterrizó silenciosamente desde un estante superior. Peter Parker se quitó la máscara, revelando una expresión de pánico absoluto.
—Señor Stark, estaba en el autobús escolar y de repente... ¡pum! —Peter gesticuló con las manos—. Libros por todas partes. Y ese señor tiene una espada muy grande.
—Tranquilo, chico —murmuró Tony, poniéndole una mano en el hombro—. Estamos en ello.
—Miren —intervino Strange, señalando un pedestal de piedra que acababa de emerger del suelo en el centro del grupo.
Sobre el pedestal, un libro de proporciones masivas se abrió por sí solo. Sus páginas eran de un blanco cegador y las letras empezaron a formarse en el aire, flotando como polvo de estrellas.
"Bienvenidos, fragmentos del Multiverso", decían las palabras en una lengua que todos podían entender, a pesar de que cada uno la escuchaba en su propio idioma. "El equilibrio se ha roto. Las historias se están deshilachando. Para sobrevivir a lo que viene, deben conocerse. Deben ver el principio y el final de los hilos que los unen".
—Odio los acertijos —masulló Geralt.
—No es un acertijo, es una advertencia —dijo Strange, acercándose al libro—. El Multiverso no es solo una teoría, Stark. Es una red. Y parece que alguien, o algo, ha decidido que somos los nudos que mantienen la red unida.
—¿Y qué se supone que hagamos? —preguntó Ciri, cruzándose de brazos—. ¿Leer hasta que los ojos nos sangren?
—No creo que sea lectura convencional —respondió Loki, levantándose y caminando hacia un estante cercano—. Miren esto.
El dios del engaño tomó un volumen cuyo lomo rezaba: *El Lobo Blanco*. Al tocarlo, una proyección holográfica estalló en el aire. Todos vieron, con una claridad asombrosa, a Geralt luchando contra una estirge en los oscuros pasillos de un castillo en ruinas. El sonido del acero, el olor a azufre y la tensión del combate eran tan reales que Peter dio un salto hacia atrás.
—¡Hey! Ese es el señor de la espada —exclamó Peter.
Geralt gruñó, visiblemente incómodo al ver su propia vida expuesta como un espectáculo de feria.
—Deja eso en su sitio, lengua de plata —amenazó el brujo.
—Es fascinante —murmuró Strange, ignorando la tensión—. Cada libro es una línea temporal. Cada estante es un universo. Estamos en el nexo de la existencia.
—Si cada libro es un universo —dijo Tony, cuya mente científica ya estaba trabajando a mil por hora—, entonces este lugar es la base de datos definitiva. Si podemos encontrar los libros adecuados, podríamos prevenir desastres. Podríamos...
—Podrían destruir el tejido de la realidad si tocan lo que no deben —le interrumpió una voz profunda y resonante.
Desde las sombras de los estantes superiores, una figura descendió flotando. Era un ser de proporciones colosales, vestido con túnicas azules y una expresión de imperturbable observación. Sus ojos eran cuencas de estrellas.
—El Vigilante —susurró Strange, reconociendo a la entidad.
—No intervengo —dijo el Vigilante, aunque su sola presencia contradecía sus palabras—. Pero el flujo ha sido alterado por una fuerza exterior. El Multiverso está colapsando sobre sí mismo. He permitido que esta biblioteca se manifieste para que las piezas clave puedan prepararse.
—¿Prepararse para qué? —preguntó Ciri, dando un paso adelante.
—Para la convergencia —respondió el Vigilante—. Los mundos ya no se limitarán a sus propios libros. Las páginas se están mezclando.
Como para ilustrar sus palabras, un estruendo sacudió la biblioteca. Un estante a lo lejos se derrumbó y, en lugar de libros cayendo, una grieta de luz violeta se abrió, dejando escapar el sonido de una batalla espacial y el rugido de criaturas desconocidas.
—Genial —dijo Tony, frotándose las sienes—. Crisis existencial de nivel cósmico. Y yo sin mi café.
—Señor Stark, mire eso —dijo Peter, señalando un libro que había caído a sus pies.
El título del libro era *El Guantelete del Infinito*. Tony palideció al reconocer las gemas dibujadas en la portada.
—Esto no es solo una biblioteca —comprendió Strange—. Es una sala de guerra. Se nos ha traído aquí para que veamos los errores de otros y los nuestros propios antes de que el colapso sea total.
—¿Y quién nos asegura que no nos mataremos entre nosotros antes de terminar el primer capítulo? —preguntó Loki con una sonrisa maliciosa, mirando de reojo a Geralt.
El brujo puso la mano en el pomo de su espada.
—Inténtalo, flacucho —desafió Geralt.
—¡Basta! —Ciri se interpuso entre ambos, su voz cargada de una autoridad que sorprendió incluso a Loki—. Si lo que dice ese gigante es cierto, nuestro mundo, mi mundo, está en peligro. No tengo tiempo para sus juegos de ego.
Tony suspiró y miró a Strange.
—Supongo que no hay salida, ¿verdad?
—Las puertas de la biblioteca solo se abren hacia adentro hasta que la historia llegue a su conclusión —respondió el Hechicero Supremo.
Strange se acercó al pedestal central y colocó su mano sobre el gran libro abierto. Las letras de estrellas comenzaron a girar más rápido, iluminando la estancia con un brillo azulado.
—Si vamos a hacer esto, hagámoslo bien —dijo Tony, sentándose en una de las sillas y haciendo un gesto a los demás—. Peter, busca algo que parezca un manual de instrucciones. Geralt, Ciri, siéntense. Loki, si intentas robarnos la cartera mientras leemos, te lanzaré al espacio exterior.
—Qué poca confianza —suspiró el asgardiano, aunque se sentó con elegancia.
El Vigilante desapareció en la penumbra, dejando a los seis individuos solos en la inmensidad de la biblioteca. El silencio regresó, pero era un silencio expectante, cargado con el peso de billones de vidas.
—¿Por dónde empezamos? —preguntó Peter, sosteniendo un libro que parecía vibrar en sus manos.
—Por el principio —dijo Strange, y sus ojos se iluminaron—. Empecemos por ver cómo llegamos a este punto.
El libro en el pedestal proyectó una imagen en el centro del círculo. No era una imagen del espacio, ni de una batalla. Era una imagen de una pequeña oficina en un planeta llamado Tierra, donde un hombre escribía en una vieja máquina de escribir.
—¿Ese es el origen de todo? —preguntó Geralt, confundido—. ¿Un hombre escribiendo?
—En algunos universos —explicó Strange—, la pluma es literalmente más poderosa que la espada. Observen.
La imagen cambió. Vieron la creación de las Gemas del Infinito, vieron la conjunción de las esferas que trajo a los monstruos al mundo de Geralt, vieron la caída de Asgard y el nacimiento de los mutantes. Vieron triunfos heroicos y tragedias devastadoras.
—Es demasiado —susurró Peter, abrumado por la escala de lo que estaba viendo—. Son tantas personas... tantas vidas.
—Y todas están en riesgo —dijo Ciri, con la mirada fija en una imagen de su propio mundo siendo consumido por el Frío Blanco—. Tenemos que encontrar una forma de detenerlo.
—La respuesta está aquí —dijo Tony, señalando los estantes infinitos—. Solo tenemos que encontrar el libro que nos diga cómo ganar.
—O cómo sobrevivir —corrigió Geralt.
Durante lo que parecieron horas, el grupo se sumergió en el estudio de las realidades. Tony y Strange discutían teorías sobre la estabilidad dimensional, mientras Ciri y Geralt comparaban sus experiencias con monstruos y magia. Peter, con su curiosidad insaciable, iba de un estante a otro, trayendo volúmenes que le parecían interesantes.
—¡Miren este! —exclamó el joven, sosteniendo un libro titulado *La Guerra de los Reinos*.
—Ese me suena familiar —comentó Loki, acercándose con interés.
Pero antes de que pudieran abrirlo, la biblioteca volvió a temblar. Esta vez, el temblor no cesó. Las estanterías comenzaron a girar alrededor de ellos, creando un torbellino de madera y papel.
—¡Algo está entrando! —gritó Strange, conjurando escudos mandálicos en sus manos.
De una de las grietas en la realidad, una figura emergió. No era un héroe, ni un dios. Era una criatura hecha de sombras y tinta, un borrón en la existencia que parecía absorber la luz de la biblioteca.
—Un borrador —susurró el Vigilante, reapareciendo brevemente—. La entropía ha encontrado el camino.
Geralt no esperó. Saltó sobre la mesa de lectura, desenvainando su espada de acero, que ahora brillaba con un fuego rúnico que no estaba allí antes.
—¡Ciri, a mi izquierda! —ordenó el brujo.
La joven se desvaneció en un destello de energía verde, reapareciendo detrás de la criatura de sombra para descargar un tajo descendente. Tony, al ver que no tenía su armadura, agarró un pesado libro de metal de un estante cercano.
—¡No tengo mis rayos repulsores, pero tengo la Enciclopedia Galáctica! —gritó, lanzando el objeto con una puntería sorprendente.
El libro golpeó a la criatura, y para sorpresa de todos, el conocimiento contenido en sus páginas pareció quemar la sombra.
—¡El conocimiento es su debilidad! —comprendió Strange—. ¡Usen los libros!
Peter comenzó a lanzar libros con la velocidad de una ametralladora, mientras Strange canalizaba la energía de los tomos más antiguos para crear ráfagas de luz pura. Loki, por su parte, utilizaba sus ilusiones para confundir a la criatura, haciendo que atacara estanterías vacías.
Finalmente, con un esfuerzo combinado, la criatura estalló en una nube de tinta que se disolvió en el aire.
El silencio volvió, pero esta vez era pesado y sofocante.
—Eso solo fue un explorador —dijo Geralt, limpiando su espada—. Vendrán más.
—Y no estaremos tan cómodos la próxima vez —añadió Ciri.
Tony se sentó en el suelo, agotado. Miró a los extraños que ahora eran sus únicos aliados en el fin del multiverso. Un brujo, una viajera del espacio-tiempo, un dios mentiroso, un hechicero supremo y un niño de Queens.
—Bueno —dijo Tony, intentando forzar una sonrisa—. Al menos ya no tengo que preocuparme por pagar los impuestos.
Strange miró hacia el pedestal. El gran libro había cambiado. Ya no mostraba el pasado. Ahora, las páginas estaban en blanco, esperando ser escritas.
—Nuestra historia acaba de empezar —dijo el hechicero—. Y más vale que sea un éxito de ventas, porque si fallamos, no quedará nadie para leer el final.
—Entonces busquemos el siguiente capítulo —sentenció Geralt, guardando su espada.
En la inmensidad de la biblioteca infinita, los seis héroes se reunieron alrededor de la mesa, listos para enfrentarse a lo desconocido, un libro a la vez. El Multiverso estaba reaccionando, y ellos eran su última línea de defensa.
Tony Stark fue el primero en trastabillar. Sus pies, que un segundo antes sentían el frío metal del complejo de los Vengadores, ahora golpeaban una alfombra de terciopelo azul profundo. Casi al mismo tiempo, un rugido contenido resonó a su izquierda. Geralt de Rivia desenvainó su espada de plata con un movimiento fluido, sus ojos amarillos escaneando el entorno mientras el brujo se ponía en guardia.
—¿Qué clase de hechicería es esta? —gruñó Geralt, su voz como grava triturada.
—Si esto es un truco de Mysterio, juro que voy a... —Tony se interrumpió al notar que no llevaba su armadura, sino una simple camiseta negra. Miró a su alrededor y su mandíbula cayó ligeramente.
No estaban en una habitación. Estaban en un abismo de conocimiento. Hacia arriba, hacia abajo y hacia los costados, se extendían estanterías de madera de roble oscuro que parecían desafiar la gravedad, perdiéndose en una neblina dorada que hacía las veces de cielo y suelo. Millones de libros, con lomos de cuero, tela y materiales desconocidos, vibraban con una energía sorda.
—No es magia de ilusión —dijo una voz serena y autoritaria.
Desde la penumbra de un pasillo lateral, surgió una figura con una capa roja que parecía tener vida propia. El Doctor Strange caminaba con las manos cruzadas tras la espalda, aunque sus ojos reflejaban una inquietud que no lograba ocultar del todo.
—Stephen —exclamó Tony, aliviado a medias—. Dime que tienes el recibo de este lugar y que podemos devolverlo.
—No tengo jurisdicción aquí, Stark —respondió Strange, deteniéndose junto a una mesa de lectura circular—. Ni yo, ni nadie. Estamos fuera del tiempo, fuera del espacio y, me temo, fuera de nuestras respectivas realidades.
—¿Realidades? —Una mujer de cabello rubio platino y armadura de cuero se acercó con cautela. Ciri sostenía su espada con firmeza, mirando a Geralt—. Geralt, este lugar... se siente como el centro de la Espiral.
—No es la Espiral, cachorra —respondió el brujo, aunque envainó su arma al no detectar una amenaza inmediata.
De repente, el aire se volvió gélido. Un hombre alto, de cabello negro y largo, vestido con ropajes verdes y dorados, apareció sentado en una de las butacas de cuero. Loki jugaba con una daga, observando al grupo con una mezcla de aburrimiento y fascinación.
—Es una biblioteca —dijo Loki, señalando lo obvio con una sonrisa burlona—. Aunque, a juzgar por el volumen de los estantes, diría que es la Biblioteca de Todo lo que Fue, lo que Es y lo que Podría Haber Sido. Un nombre un poco pretencioso, si me preguntan.
—¿Quién nos ha traído aquí? —preguntó una voz nueva.
Un joven con un traje rojo y azul, con una máscara que ocultaba su rostro, aterrizó silenciosamente desde un estante superior. Peter Parker se quitó la máscara, revelando una expresión de pánico absoluto.
—Señor Stark, estaba en el autobús escolar y de repente... ¡pum! —Peter gesticuló con las manos—. Libros por todas partes. Y ese señor tiene una espada muy grande.
—Tranquilo, chico —murmuró Tony, poniéndole una mano en el hombro—. Estamos en ello.
—Miren —intervino Strange, señalando un pedestal de piedra que acababa de emerger del suelo en el centro del grupo.
Sobre el pedestal, un libro de proporciones masivas se abrió por sí solo. Sus páginas eran de un blanco cegador y las letras empezaron a formarse en el aire, flotando como polvo de estrellas.
"Bienvenidos, fragmentos del Multiverso", decían las palabras en una lengua que todos podían entender, a pesar de que cada uno la escuchaba en su propio idioma. "El equilibrio se ha roto. Las historias se están deshilachando. Para sobrevivir a lo que viene, deben conocerse. Deben ver el principio y el final de los hilos que los unen".
—Odio los acertijos —masulló Geralt.
—No es un acertijo, es una advertencia —dijo Strange, acercándose al libro—. El Multiverso no es solo una teoría, Stark. Es una red. Y parece que alguien, o algo, ha decidido que somos los nudos que mantienen la red unida.
—¿Y qué se supone que hagamos? —preguntó Ciri, cruzándose de brazos—. ¿Leer hasta que los ojos nos sangren?
—No creo que sea lectura convencional —respondió Loki, levantándose y caminando hacia un estante cercano—. Miren esto.
El dios del engaño tomó un volumen cuyo lomo rezaba: *El Lobo Blanco*. Al tocarlo, una proyección holográfica estalló en el aire. Todos vieron, con una claridad asombrosa, a Geralt luchando contra una estirge en los oscuros pasillos de un castillo en ruinas. El sonido del acero, el olor a azufre y la tensión del combate eran tan reales que Peter dio un salto hacia atrás.
—¡Hey! Ese es el señor de la espada —exclamó Peter.
Geralt gruñó, visiblemente incómodo al ver su propia vida expuesta como un espectáculo de feria.
—Deja eso en su sitio, lengua de plata —amenazó el brujo.
—Es fascinante —murmuró Strange, ignorando la tensión—. Cada libro es una línea temporal. Cada estante es un universo. Estamos en el nexo de la existencia.
—Si cada libro es un universo —dijo Tony, cuya mente científica ya estaba trabajando a mil por hora—, entonces este lugar es la base de datos definitiva. Si podemos encontrar los libros adecuados, podríamos prevenir desastres. Podríamos...
—Podrían destruir el tejido de la realidad si tocan lo que no deben —le interrumpió una voz profunda y resonante.
Desde las sombras de los estantes superiores, una figura descendió flotando. Era un ser de proporciones colosales, vestido con túnicas azules y una expresión de imperturbable observación. Sus ojos eran cuencas de estrellas.
—El Vigilante —susurró Strange, reconociendo a la entidad.
—No intervengo —dijo el Vigilante, aunque su sola presencia contradecía sus palabras—. Pero el flujo ha sido alterado por una fuerza exterior. El Multiverso está colapsando sobre sí mismo. He permitido que esta biblioteca se manifieste para que las piezas clave puedan prepararse.
—¿Prepararse para qué? —preguntó Ciri, dando un paso adelante.
—Para la convergencia —respondió el Vigilante—. Los mundos ya no se limitarán a sus propios libros. Las páginas se están mezclando.
Como para ilustrar sus palabras, un estruendo sacudió la biblioteca. Un estante a lo lejos se derrumbó y, en lugar de libros cayendo, una grieta de luz violeta se abrió, dejando escapar el sonido de una batalla espacial y el rugido de criaturas desconocidas.
—Genial —dijo Tony, frotándose las sienes—. Crisis existencial de nivel cósmico. Y yo sin mi café.
—Señor Stark, mire eso —dijo Peter, señalando un libro que había caído a sus pies.
El título del libro era *El Guantelete del Infinito*. Tony palideció al reconocer las gemas dibujadas en la portada.
—Esto no es solo una biblioteca —comprendió Strange—. Es una sala de guerra. Se nos ha traído aquí para que veamos los errores de otros y los nuestros propios antes de que el colapso sea total.
—¿Y quién nos asegura que no nos mataremos entre nosotros antes de terminar el primer capítulo? —preguntó Loki con una sonrisa maliciosa, mirando de reojo a Geralt.
El brujo puso la mano en el pomo de su espada.
—Inténtalo, flacucho —desafió Geralt.
—¡Basta! —Ciri se interpuso entre ambos, su voz cargada de una autoridad que sorprendió incluso a Loki—. Si lo que dice ese gigante es cierto, nuestro mundo, mi mundo, está en peligro. No tengo tiempo para sus juegos de ego.
Tony suspiró y miró a Strange.
—Supongo que no hay salida, ¿verdad?
—Las puertas de la biblioteca solo se abren hacia adentro hasta que la historia llegue a su conclusión —respondió el Hechicero Supremo.
Strange se acercó al pedestal central y colocó su mano sobre el gran libro abierto. Las letras de estrellas comenzaron a girar más rápido, iluminando la estancia con un brillo azulado.
—Si vamos a hacer esto, hagámoslo bien —dijo Tony, sentándose en una de las sillas y haciendo un gesto a los demás—. Peter, busca algo que parezca un manual de instrucciones. Geralt, Ciri, siéntense. Loki, si intentas robarnos la cartera mientras leemos, te lanzaré al espacio exterior.
—Qué poca confianza —suspiró el asgardiano, aunque se sentó con elegancia.
El Vigilante desapareció en la penumbra, dejando a los seis individuos solos en la inmensidad de la biblioteca. El silencio regresó, pero era un silencio expectante, cargado con el peso de billones de vidas.
—¿Por dónde empezamos? —preguntó Peter, sosteniendo un libro que parecía vibrar en sus manos.
—Por el principio —dijo Strange, y sus ojos se iluminaron—. Empecemos por ver cómo llegamos a este punto.
El libro en el pedestal proyectó una imagen en el centro del círculo. No era una imagen del espacio, ni de una batalla. Era una imagen de una pequeña oficina en un planeta llamado Tierra, donde un hombre escribía en una vieja máquina de escribir.
—¿Ese es el origen de todo? —preguntó Geralt, confundido—. ¿Un hombre escribiendo?
—En algunos universos —explicó Strange—, la pluma es literalmente más poderosa que la espada. Observen.
La imagen cambió. Vieron la creación de las Gemas del Infinito, vieron la conjunción de las esferas que trajo a los monstruos al mundo de Geralt, vieron la caída de Asgard y el nacimiento de los mutantes. Vieron triunfos heroicos y tragedias devastadoras.
—Es demasiado —susurró Peter, abrumado por la escala de lo que estaba viendo—. Son tantas personas... tantas vidas.
—Y todas están en riesgo —dijo Ciri, con la mirada fija en una imagen de su propio mundo siendo consumido por el Frío Blanco—. Tenemos que encontrar una forma de detenerlo.
—La respuesta está aquí —dijo Tony, señalando los estantes infinitos—. Solo tenemos que encontrar el libro que nos diga cómo ganar.
—O cómo sobrevivir —corrigió Geralt.
Durante lo que parecieron horas, el grupo se sumergió en el estudio de las realidades. Tony y Strange discutían teorías sobre la estabilidad dimensional, mientras Ciri y Geralt comparaban sus experiencias con monstruos y magia. Peter, con su curiosidad insaciable, iba de un estante a otro, trayendo volúmenes que le parecían interesantes.
—¡Miren este! —exclamó el joven, sosteniendo un libro titulado *La Guerra de los Reinos*.
—Ese me suena familiar —comentó Loki, acercándose con interés.
Pero antes de que pudieran abrirlo, la biblioteca volvió a temblar. Esta vez, el temblor no cesó. Las estanterías comenzaron a girar alrededor de ellos, creando un torbellino de madera y papel.
—¡Algo está entrando! —gritó Strange, conjurando escudos mandálicos en sus manos.
De una de las grietas en la realidad, una figura emergió. No era un héroe, ni un dios. Era una criatura hecha de sombras y tinta, un borrón en la existencia que parecía absorber la luz de la biblioteca.
—Un borrador —susurró el Vigilante, reapareciendo brevemente—. La entropía ha encontrado el camino.
Geralt no esperó. Saltó sobre la mesa de lectura, desenvainando su espada de acero, que ahora brillaba con un fuego rúnico que no estaba allí antes.
—¡Ciri, a mi izquierda! —ordenó el brujo.
La joven se desvaneció en un destello de energía verde, reapareciendo detrás de la criatura de sombra para descargar un tajo descendente. Tony, al ver que no tenía su armadura, agarró un pesado libro de metal de un estante cercano.
—¡No tengo mis rayos repulsores, pero tengo la Enciclopedia Galáctica! —gritó, lanzando el objeto con una puntería sorprendente.
El libro golpeó a la criatura, y para sorpresa de todos, el conocimiento contenido en sus páginas pareció quemar la sombra.
—¡El conocimiento es su debilidad! —comprendió Strange—. ¡Usen los libros!
Peter comenzó a lanzar libros con la velocidad de una ametralladora, mientras Strange canalizaba la energía de los tomos más antiguos para crear ráfagas de luz pura. Loki, por su parte, utilizaba sus ilusiones para confundir a la criatura, haciendo que atacara estanterías vacías.
Finalmente, con un esfuerzo combinado, la criatura estalló en una nube de tinta que se disolvió en el aire.
El silencio volvió, pero esta vez era pesado y sofocante.
—Eso solo fue un explorador —dijo Geralt, limpiando su espada—. Vendrán más.
—Y no estaremos tan cómodos la próxima vez —añadió Ciri.
Tony se sentó en el suelo, agotado. Miró a los extraños que ahora eran sus únicos aliados en el fin del multiverso. Un brujo, una viajera del espacio-tiempo, un dios mentiroso, un hechicero supremo y un niño de Queens.
—Bueno —dijo Tony, intentando forzar una sonrisa—. Al menos ya no tengo que preocuparme por pagar los impuestos.
Strange miró hacia el pedestal. El gran libro había cambiado. Ya no mostraba el pasado. Ahora, las páginas estaban en blanco, esperando ser escritas.
—Nuestra historia acaba de empezar —dijo el hechicero—. Y más vale que sea un éxito de ventas, porque si fallamos, no quedará nadie para leer el final.
—Entonces busquemos el siguiente capítulo —sentenció Geralt, guardando su espada.
En la inmensidad de la biblioteca infinita, los seis héroes se reunieron alrededor de la mesa, listos para enfrentarse a lo desconocido, un libro a la vez. El Multiverso estaba reaccionando, y ellos eran su última línea de defensa.
