Fanfy
.studio
Cargando...
Imagen de fondo

Entre mundos

Fandom: alice in borderland

Creado: 20/4/2026

Etiquetas

RomanceDramaDolor/ConsueloPost-ApocalípticoSupervivenciaEstudio de PersonajeDistopíaAmbientación CanonHistoria Doméstica
Índice

El teorema del caos y otros juegos de azar

El silencio en Borderland nunca era realmente silencioso. Siempre había un zumbido de fondo, una mezcla entre la electricidad de los láseres distantes y el eco de una ciudad que se negaba a morir del todo. En una de las habitaciones abandonadas de un hotel que alguna vez fue lujoso, Chishiya Shuntaro observaba el panorama desde la ventana, con las manos hundidas en los bolsillos de su sudadera blanca.

Su mirada, de ese color miel que parecía filtrar todo rastro de emoción humana, estaba fija en las luces de neón que parpadeaban a lo lejos. No estaba pensando en el siguiente juego, ni en la colección de cartas. Estaba escuchando la respiración de la chica que estaba sentada en la cama, justo detrás de él.

T/N estaba ocupada tratando de remendar una rasgadura en su chaqueta. Sus movimientos eran torpes, no por falta de habilidad, sino por el cansancio acumulado. Ella era un caos de contradicciones: capaz de reírse de un chiste malo en medio de una arena de juego bañada en sangre, y de quedarse en un silencio sepulcral cuando finalmente estaban a salvo.

—Si sigues tirando de ese hilo, te quedarás sin manga —comentó Chishiya sin darse la vuelta. Su voz era la misma de siempre: suave, arrastrada, con ese tono de superioridad que a T/N solía sacarla de quicio.

T/N levantó la vista y soltó un bufido, dejando caer la prenda a un lado.

—Gracias por la observación, genio. ¿También has calculado cuántos segundos faltan para que me rinda y la tire a la basura?

Chishiya se giró lentamente. La luz de la luna entraba por el ventanal, acentuando su cabello rubio platinado y dándole un aire casi irreal, como una estatua de mármol que alguien hubiera olvidado en medio de un apocalipsis.

—Tres minutos. Quizás cuatro si decides que el valor sentimental supera tu falta de paciencia —respondió él, acercándose con pasos felinos, casi insonoros.

—No tengo paciencia hoy, Chishiya. Ni ayer. Ni probablemente mañana.

Él se detuvo a un par de pasos de ella. La analizó con esa intensidad quirúrgica que lo caracterizaba. Sabía que T/N estaba en ese punto de quiebre donde la realidad de Borderland se volvía demasiado pesada. Ella no era como él; ella sentía cada pérdida, cada duda, cada pequeña decepción como si fuera un golpe físico. Y aun así, seguía ahí, intentando ser ella misma en un lugar diseñado para borrar cualquier rastro de identidad.

—Es curioso —dijo él, inclinando la cabeza—. La mayoría de la gente aquí se vuelve loca o se convierte en un monstruo. Tú solo te vuelves más... humana. Es ineficiente.

—Lo siento si mi "ineficiencia" arruina tu vista panorámica del juego —replicó ella, poniéndose de pie para quedar a su altura, aunque tuviera que mirar un poco hacia arriba—. No todos somos máquinas de cálculo, ¿sabes? Algunos de nosotros todavía recordamos lo que es tener frío, o miedo, o... ganas de algo que no sea sobrevivir.

Chishiya no se inmutó. Dio un paso más, invadiendo su espacio personal. Podía oler el rastro de lluvia y cansancio en ella.

—¿Y qué es lo que quieres, T/N? —preguntó en un susurro, su voz perdiendo parte de su veneno sarcástico.

Ella lo miró fijamente. Sus ojos buscaban algo detrás de esa máscara de indiferencia, algo que confirmara que debajo de todo ese hielo había un pulso real.

—Quiero dejar de pensar —dijo ella, con una sinceridad que pareció vibrar en el aire—. Solo por una noche. No quiero estrategias, ni cartas, ni traiciones. Solo quiero sentir que sigo viva por una razón que no sea evitar un láser en la cabeza.

Chishiya extendió una mano y, con una lentitud exasperante, apartó un mechón de cabello del rostro de T/N. Sus dedos estaban fríos, pero su contacto quemaba.

—Eso es un deseo peligroso en este lugar —murmuró él, aunque no se alejó—. El deseo nubla el juicio.

—Entonces núblame el juicio —desafió ella, acortando la distancia final.

El beso fue inesperado, no por el acto en sí, sino por la intensidad. Chishiya no era alguien que se dejara llevar, pero en el momento en que los labios de T/N chocaron con los suyos, algo en su estructura perfectamente calculada pareció resquebrajarse. Ella lo besaba con una urgencia desesperada, como si estuviera tratando de robarle un poco de su calma, y él respondió con una posesividad que no sabía que poseía.

Se movieron hacia la cama en una danza torpe y febril. Chishiya la empujó suavemente sobre el colchón, sus manos encontrando el camino bajo la camiseta de ella, buscando el calor de su piel. T/N soltó un gemido ahogado contra su boca, envolviendo sus piernas alrededor de su cintura, atrayéndolo más hacia ella.

—¿Estás segura de esto? —preguntó Chishiya, separándose apenas unos milímetros, su respiración por primera vez entrecortada—. Una vez que crucemos esta línea, no podré volver a analizarte de la misma manera.

T/N soltó una risa seca, casi sin aliento, y lo agarró por el cuello de la sudadera para obligarlo a mirarla.

—Deja de analizar, Shuntaro. Por una vez en tu vida, solo... estate aquí. Conmigo.

Él no necesitó que se lo dijera dos veces. Se deshizo de su sudadera con un movimiento rápido, revelando un cuerpo delgado pero fibroso, marcado por las cicatrices invisibles de los juegos. Cuando volvió a cubrir el cuerpo de T/N con el suyo, el mundo exterior desapareció.

Hacer el amor en Borderland no era como en las películas. No había música, ni seguridad, ni promesas de un futuro. Era algo crudo, casi violento en su necesidad de reafirmación. Cada caricia, cada roce de piel contra piel, era un recordatorio de que sus cuerpos seguían funcionando, de que la sangre seguía corriendo por sus venas.

Chishiya era metódico incluso en la pasión, pero había una ternura oculta en la forma en que sus manos recorrían las curvas de T/N, como si estuviera memorizando un mapa que planeaba usar para siempre. Ella, por su parte, era puro fuego y caos, guiándolo con sus manos, con sus suspiros, obligándolo a perder el control que tanto protegía.

—T/N... —susurró él contra su cuello, su voz rompiéndose mientras se hundía en ella.

Ella cerró los ojos con fuerza, aferrándose a sus hombros, sintiendo cómo el vacío que solía habitar en su pecho se llenaba de algo cálido y abrumador. En ese momento, no eran jugadores, no eran piezas de un tablero, no eran un médico cínico y una chica perdida. Eran simplemente dos personas tratando de no ahogarse en la oscuridad.

Cuando el clímax los alcanzó, fue como una explosión de luz en una ciudad en tinieblas. Chishiya se desplomó a su lado, buscando aire, con el cabello revuelto y la mirada, por una vez, completamente presente, despojada de su habitual aburrimiento.

Pasaron los minutos en un silencio absoluto, solo interrumpido por el ritmo de sus respiraciones volviendo a la normalidad. T/N se apoyó en su pecho, escuchando los latidos de su corazón. Eran rápidos, constantes. Reales.

—¿En qué piensas? —preguntó ella en voz baja, temiendo romper el hechizo.

Chishiya pasó un brazo por encima de sus hombros y la atrajo más hacia él.

—En que eres una variable que no vi venir —respondió, y aunque sus palabras sonaban a su viejo yo, el tono era distinto. Había una suavidad casi imperceptible—. He pasado mucho tiempo observando a la gente, T/N. Creía que lo entendía todo. Pero tú... tú no sigues ninguna lógica.

T/N sonrió contra su piel.

—Eso es porque la vida no es un juego de lógica, Chishiya. A veces es solo... esto. Estar cansado y querer que alguien te abrace.

Él guardó silencio por un largo momento, mirando el techo desconchado de la habitación.

—Es una debilidad —dijo finalmente, aunque no soltó su agarre—. En este lugar, esto es una debilidad enorme.

—Lo sé —asintió ella—. Pero es la única cosa que me hace sentir que todavía vale la pena ganar el siguiente juego.

Chishiya giró la cabeza para mirarla. Sus ojos se encontraron y, por un instante, la barrera de hielo desapareció por completo. No hubo sarcasmo, ni manipulación, ni planes de escape. Solo una honestidad brutal que le dio a T/N más seguridad que cualquier arma.

—Supongo —dijo él, depositando un beso casi invisible en su frente— que tendré que esforzarme un poco más para que no perdamos.

T/N soltó una pequeña risa y se acurrucó contra él.

—¿El gran Chishiya Shuntaro admitiendo que va a esforzarse por alguien más? Eso sí que es una sorpresa.

—No te acostumbres —replicó él, recuperando un poco de su tono mordaz, aunque su mano seguía acariciando su espalda con suavidad—. Mañana volveré a ser el tipo insoportable que te pone nerviosa.

—Ya lo eres —dijo ella, cerrando los ojos—. Pero ahora sé que debajo de esa sudadera blanca hay alguien que late. Y con eso me basta por ahora.

Chishiya no respondió, pero no hacía falta. En el silencio de la habitación, mientras el resto de Borderland seguía su curso cruel, él se quedó despierto un rato más, protegiendo el sueño de la única persona que había logrado entrar en su juego sin pedir permiso, y que, contra todo pronóstico, le estaba ganando la partida.

El caos seguía afuera, pero por esa noche, el orden de Chishiya se reducía simplemente a la chica que dormía en sus brazos. Y por primera vez, no le importó no tener el control absoluto de la situación. Quizás, después de todo, el azar no era tan malo.
Índice

¿Quieres crear tu propio fanfic?

Regístrate en Fanfy y crea tus propias historias.

Crear mi fanfic