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Naruto el relampago.rojo
Fandom: Naruto
Creado: 20/4/2026
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UA (Universo Alternativo)AcciónAventuraFantasíaDistopíaViolencia GráficaDivergenciaDramaAngustiaDolor/ConsueloPost-ApocalípticoArregloEstudio de PersonajeSteampunkMisterioAmbientación CanonThrillerOscuroSolarpunkDieselpunkPractopíaDiscriminación
Entre el Rugido del Trueno y el Susurro de las Sombras
El cielo sobre el País de la Lluvia nunca conocía el descanso. Las nubes, densas y plomizas, descargaban un llanto eterno sobre las estructuras metálicas de la Aldea Oculta entre la Lluvia, creando un eco rítmico que ocultaba el sonido de los pasos, de la respiración y, a menudo, de la muerte misma.
Naruto Uzumaki se encontraba agazapado sobre una de las tuberías más altas de la zona industrial. Su capa naranja y negra estaba empapada, pesándole sobre los hombros, pero sus ojos azules, agudos y cargados de una determinación férrea, no se apartaban del objetivo. A su lado, Kakashi Hatake mantenía el Sharingan al descubierto, su ojo carmesí girando lentamente mientras analizaba el flujo de chakra que emanaba de la torre central.
—Esto no es una misión de reconocimiento ordinaria, Naruto —susurró Kakashi, su voz apenas audible por encima del aguacero—. El rastro que seguimos no pertenece a un renegado cualquiera. Esa firma de chakra es errática, antigua.
—Lo sé, Kakashi-sensei —respondió el joven ninja, apretando los puños—. Puedo sentirlo. Es como si el aire quemara a pesar de la lluvia. Quienquiera que sea, no está tratando de esconderse. Nos está esperando.
De repente, una explosión de luz blanca rasgó la penumbra. No fue un rayo natural. Una lanza de energía pura impactó en la base de la tubería donde se encontraban, desintegrando el metal como si fuera papel. Ambos ninjas saltaron en direcciones opuestas justo antes de que la estructura colapsara en un estruendo de hierro retorcido.
Desde el humo y el vapor emergió una figura envuelta en una túnica gris ceniza. No llevaba protector de aldea, y su rostro estaba oculto tras una máscara de porcelana agrietada que representaba un demonio sonriente.
—Vaya, el Jinchūriki de las Nueve Colas y el famoso Ninja que Copia —dijo el desconocido. Su voz tenía una cualidad metálica, distorsionada—. Konoha envía a sus mejores piezas para ser sacrificadas en este altar de agua.
—¿Quién eres? —exclamó Naruto, aterrizando con agilidad sobre una plataforma inferior y adoptando su postura de combate—. ¡Identifícate si tienes el valor de atacarnos!
El hombre de la máscara soltó una carcajada seca. Sin decir una palabra más, realizó una serie de sellos manuales a una velocidad que incluso el Sharingan de Kakashi tuvo dificultades para seguir.
—¡Estilo de Rayo: Colmillos del Firmamento!
Varios dragones de electricidad azulada brotaron de las manos del enemigo, zigzagueando por el aire con un chirrido ensordecedor que recordaba al millar de aves del Chidori, pero con una intensidad mucho más salvaje.
—¡Naruto, atrás! —gritó Kakashi, lanzándose al frente.
El Jonin reaccionó instantáneamente, concentrando rayos en su mano derecha. El *Raikiri* cobró vida, y con un movimiento preciso, cortó el primer dragón de electricidad, dispersando la energía. Sin embargo, el enemigo no se detuvo. Con un movimiento fluido, el enmascarado apareció detrás de Kakashi en un parpadeo, demostrando una velocidad de Shunshin aterradora.
—Lento —susurró el atacante.
Una hoja de chakra púrpura se extendió desde su antebrazo. Kakashi apenas logró bloquearla con un kunai reforzado, pero la fuerza del impacto lo envió derrapando por el suelo mojado.
—¡No te olvides de mí! —rugió Naruto.
Dos clones de sombra aparecieron a los costados del rubio, ayudándolo a formar una esfera de energía giratoria en su palma. El sonido del viento arremolinado compitió con el trueno.
—¡Rasengan!
Naruto se lanzó al ataque, pero el enemigo simplemente levantó una mano. Una barrera translúcida de chakra repelió el impacto. La onda de choque fue tan potente que el agua de lluvia a su alrededor salió disparada en todas direcciones, creando un vacío temporal de humedad.
—Vuestro chakra es delicioso —comentó el hombre de la máscara, mientras la barrera absorbía parte de la energía del Rasengan—. Pero le falta refinamiento. Es energía bruta, sin propósito.
—¡Ya verás quién no tiene propósito! —Naruto retrocedió y cruzó los dedos en su sello característico—. ¡Multichitones de clones de sombra!
En un instante, la plataforma se llenó de docenas de Narutos. El enemigo se vio rodeado, pero no mostró signo alguno de preocupación. Los clones se lanzaron en oleadas, coordinando ataques desde todos los ángulos, mientras el verdadero Naruto se preparaba para una técnica más potente.
Kakashi, recuperando el aliento, observó la escena. Había algo extraño en la forma en que el enemigo se movía. No evitaba los golpes por poco; parecía saber exactamente dónde aterrizarían antes de que los clones siquiera iniciaran el movimiento.
—Naruto, ¡espera! —advirtió Kakashi—. ¡No es solo velocidad, está leyendo tus intenciones!
Pero era tarde. El enmascarado realizó un solo giro, y una onda expansiva de gravedad pura barrió la plataforma, disipando a todos los clones en nubes de humo blanco. El Naruto original salió volando, golpeando una pared de metal con un impacto seco.
—Es mi turno —dijo el enemigo, extendiendo ambos brazos hacia el cielo.
Las nubes sobre la aldea comenzaron a girar violentamente, formando un vórtice. El agua de lluvia empezó a ascender en lugar de caer, fusionándose con el chakra del atacante. En cuestión de segundos, gigantescas lanzas de agua electrificada flotaban sobre ellos.
—Si sobreviven a esto, quizás valga la pena saber sus nombres —sentenció el hombre.
—Maldición... —masculló Naruto, poniéndose en pie con dificultad mientras un rastro de sangre corría por su frente—. Kakashi-sensei, ¿alguna idea? Porque eso parece que va a doler.
—Tenemos que atacar al unísono —dijo Kakashi, posicionándose al lado de su alumno—. Yo abriré una brecha en su defensa con el Kamui. Tú necesitas usar el Rasenshuriken, pero debes ser preciso. Solo tendremos una oportunidad antes de que su técnica de lluvia nos aplaste.
Naruto asintió, su mirada transformándose. El aura roja del chakra de Kurama comenzó a filtrarse, burbujeando alrededor de su cuerpo. Sus ojos se volvieron rasgados y su fuerza aumentó exponencialmente.
—Hagámoslo, *ttebayo*.
El enemigo descendió las manos, y las lanzas de agua cayeron como meteoros. Kakashi enfocó su Mangekyō Sharingan, el espacio alrededor de las lanzas que se dirigían hacia ellos comenzó a distorsionarse, succionándolas hacia otra dimensión.
—¡Ahora, Naruto! —gritó el Jonin, el esfuerzo drenando su energía rápidamente.
Naruto saltó hacia el vacío, con un Rasenshuriken expandiéndose en su mano derecha, emitiendo un sonido agudo que parecía rasgar la realidad misma. El aire vibraba con una frecuencia insoportable.
—¡Toma esto! —rugió el Uzumaki.
El enmascarado intentó levantar su barrera de nuevo, pero Kakashi, haciendo un esfuerzo supremo, utilizó el Kamui una vez más, no sobre el ataque, sino sobre el suelo bajo los pies del enemigo, desequilibrándolo en el momento crítico.
La barrera vaciló. El Rasenshuriken impactó de lleno.
Una explosión de luz blanca y viento cortante envolvió la zona. El sonido fue ensordecedor, una cacofonía de destrucción que eclipsó el rugido de la tormenta. La plataforma de metal se desintegró por completo, y una columna de energía se elevó hacia el cielo, dispersando las nubes por un breve instante.
Cuando el humo y el vapor se disiparon, el silencio regresó a la Aldea de la Lluvia, interrumpido solo por el goteo constante del agua cayendo desde las estructuras dañadas. Naruto y Kakashi aterrizaron pesadamente en una pasarela inferior, jadeando.
—¿Lo... lo logramos? —preguntó Naruto, desactivando el chakra del Kyubi.
Kakashi no respondió de inmediato. Mantenía su ojo fijo en el cráter donde debería estar el enemigo. Entre los escombros, la máscara de porcelana yacía rota en dos pedazos. Sin embargo, no había rastro de un cuerpo.
—No —dijo Kakashi con amargura—. Se escapó en el último segundo. El Kamui me permitió ver una distorsión... usó la explosión como cobertura para teletransportarse.
Naruto golpeó la barandilla de metal con frustración.
—¡Estábamos tan cerca! ¿Quién era ese tipo? Tenía un chakra que se sentía... familiar, pero a la vez muy oscuro.
—No lo sé —respondió el sensei, cubriendo de nuevo su Sharingan con la banda protectora—. Pero una cosa es segura: este encuentro no fue casualidad. Alguien está probando nuestras fuerzas, Naruto. Alguien que conoce nuestras técnicas y sabe cómo contrarrestarlas.
Naruto miró hacia la torre central, que permanecía impasible bajo la lluvia que volvía a arreciar. La sensación de inquietud en su pecho no desaparecía. Sabía que esto era solo el principio de algo mucho más grande, una sombra que amenazaba con devorar la paz que tanto les había costado conseguir.
—Que lo intenten —dijo finalmente Naruto, con una chispa de fuego en sus ojos azules—. No importa quién sea o qué trucos tenga. Jamás dejaré que lastimen a mis amigos ni a mi aldea.
Kakashi puso una mano sobre el hombro de su alumno, esbozando una sonrisa invisible tras su máscara.
—Lo sé. Pero por ahora, regresemos. Tenemos que informar a Tsunade-sama. El mundo ninja está cambiando de nuevo, y esta vez, la lluvia no limpiará lo que viene.
Ambos ninjas desaparecieron en un parpadeo, dejando atrás las ruinas humeantes y el eco de una batalla que marcaría el inicio de una nueva era de conflictos. En las sombras de un callejón cercano, un par de ojos púrpuras observaron su partida antes de desvanecerse en la oscuridad, dejando solo una frase flotando en el aire húmedo:
—El juego ha comenzado, Uzumaki Naruto.
Naruto Uzumaki se encontraba agazapado sobre una de las tuberías más altas de la zona industrial. Su capa naranja y negra estaba empapada, pesándole sobre los hombros, pero sus ojos azules, agudos y cargados de una determinación férrea, no se apartaban del objetivo. A su lado, Kakashi Hatake mantenía el Sharingan al descubierto, su ojo carmesí girando lentamente mientras analizaba el flujo de chakra que emanaba de la torre central.
—Esto no es una misión de reconocimiento ordinaria, Naruto —susurró Kakashi, su voz apenas audible por encima del aguacero—. El rastro que seguimos no pertenece a un renegado cualquiera. Esa firma de chakra es errática, antigua.
—Lo sé, Kakashi-sensei —respondió el joven ninja, apretando los puños—. Puedo sentirlo. Es como si el aire quemara a pesar de la lluvia. Quienquiera que sea, no está tratando de esconderse. Nos está esperando.
De repente, una explosión de luz blanca rasgó la penumbra. No fue un rayo natural. Una lanza de energía pura impactó en la base de la tubería donde se encontraban, desintegrando el metal como si fuera papel. Ambos ninjas saltaron en direcciones opuestas justo antes de que la estructura colapsara en un estruendo de hierro retorcido.
Desde el humo y el vapor emergió una figura envuelta en una túnica gris ceniza. No llevaba protector de aldea, y su rostro estaba oculto tras una máscara de porcelana agrietada que representaba un demonio sonriente.
—Vaya, el Jinchūriki de las Nueve Colas y el famoso Ninja que Copia —dijo el desconocido. Su voz tenía una cualidad metálica, distorsionada—. Konoha envía a sus mejores piezas para ser sacrificadas en este altar de agua.
—¿Quién eres? —exclamó Naruto, aterrizando con agilidad sobre una plataforma inferior y adoptando su postura de combate—. ¡Identifícate si tienes el valor de atacarnos!
El hombre de la máscara soltó una carcajada seca. Sin decir una palabra más, realizó una serie de sellos manuales a una velocidad que incluso el Sharingan de Kakashi tuvo dificultades para seguir.
—¡Estilo de Rayo: Colmillos del Firmamento!
Varios dragones de electricidad azulada brotaron de las manos del enemigo, zigzagueando por el aire con un chirrido ensordecedor que recordaba al millar de aves del Chidori, pero con una intensidad mucho más salvaje.
—¡Naruto, atrás! —gritó Kakashi, lanzándose al frente.
El Jonin reaccionó instantáneamente, concentrando rayos en su mano derecha. El *Raikiri* cobró vida, y con un movimiento preciso, cortó el primer dragón de electricidad, dispersando la energía. Sin embargo, el enemigo no se detuvo. Con un movimiento fluido, el enmascarado apareció detrás de Kakashi en un parpadeo, demostrando una velocidad de Shunshin aterradora.
—Lento —susurró el atacante.
Una hoja de chakra púrpura se extendió desde su antebrazo. Kakashi apenas logró bloquearla con un kunai reforzado, pero la fuerza del impacto lo envió derrapando por el suelo mojado.
—¡No te olvides de mí! —rugió Naruto.
Dos clones de sombra aparecieron a los costados del rubio, ayudándolo a formar una esfera de energía giratoria en su palma. El sonido del viento arremolinado compitió con el trueno.
—¡Rasengan!
Naruto se lanzó al ataque, pero el enemigo simplemente levantó una mano. Una barrera translúcida de chakra repelió el impacto. La onda de choque fue tan potente que el agua de lluvia a su alrededor salió disparada en todas direcciones, creando un vacío temporal de humedad.
—Vuestro chakra es delicioso —comentó el hombre de la máscara, mientras la barrera absorbía parte de la energía del Rasengan—. Pero le falta refinamiento. Es energía bruta, sin propósito.
—¡Ya verás quién no tiene propósito! —Naruto retrocedió y cruzó los dedos en su sello característico—. ¡Multichitones de clones de sombra!
En un instante, la plataforma se llenó de docenas de Narutos. El enemigo se vio rodeado, pero no mostró signo alguno de preocupación. Los clones se lanzaron en oleadas, coordinando ataques desde todos los ángulos, mientras el verdadero Naruto se preparaba para una técnica más potente.
Kakashi, recuperando el aliento, observó la escena. Había algo extraño en la forma en que el enemigo se movía. No evitaba los golpes por poco; parecía saber exactamente dónde aterrizarían antes de que los clones siquiera iniciaran el movimiento.
—Naruto, ¡espera! —advirtió Kakashi—. ¡No es solo velocidad, está leyendo tus intenciones!
Pero era tarde. El enmascarado realizó un solo giro, y una onda expansiva de gravedad pura barrió la plataforma, disipando a todos los clones en nubes de humo blanco. El Naruto original salió volando, golpeando una pared de metal con un impacto seco.
—Es mi turno —dijo el enemigo, extendiendo ambos brazos hacia el cielo.
Las nubes sobre la aldea comenzaron a girar violentamente, formando un vórtice. El agua de lluvia empezó a ascender en lugar de caer, fusionándose con el chakra del atacante. En cuestión de segundos, gigantescas lanzas de agua electrificada flotaban sobre ellos.
—Si sobreviven a esto, quizás valga la pena saber sus nombres —sentenció el hombre.
—Maldición... —masculló Naruto, poniéndose en pie con dificultad mientras un rastro de sangre corría por su frente—. Kakashi-sensei, ¿alguna idea? Porque eso parece que va a doler.
—Tenemos que atacar al unísono —dijo Kakashi, posicionándose al lado de su alumno—. Yo abriré una brecha en su defensa con el Kamui. Tú necesitas usar el Rasenshuriken, pero debes ser preciso. Solo tendremos una oportunidad antes de que su técnica de lluvia nos aplaste.
Naruto asintió, su mirada transformándose. El aura roja del chakra de Kurama comenzó a filtrarse, burbujeando alrededor de su cuerpo. Sus ojos se volvieron rasgados y su fuerza aumentó exponencialmente.
—Hagámoslo, *ttebayo*.
El enemigo descendió las manos, y las lanzas de agua cayeron como meteoros. Kakashi enfocó su Mangekyō Sharingan, el espacio alrededor de las lanzas que se dirigían hacia ellos comenzó a distorsionarse, succionándolas hacia otra dimensión.
—¡Ahora, Naruto! —gritó el Jonin, el esfuerzo drenando su energía rápidamente.
Naruto saltó hacia el vacío, con un Rasenshuriken expandiéndose en su mano derecha, emitiendo un sonido agudo que parecía rasgar la realidad misma. El aire vibraba con una frecuencia insoportable.
—¡Toma esto! —rugió el Uzumaki.
El enmascarado intentó levantar su barrera de nuevo, pero Kakashi, haciendo un esfuerzo supremo, utilizó el Kamui una vez más, no sobre el ataque, sino sobre el suelo bajo los pies del enemigo, desequilibrándolo en el momento crítico.
La barrera vaciló. El Rasenshuriken impactó de lleno.
Una explosión de luz blanca y viento cortante envolvió la zona. El sonido fue ensordecedor, una cacofonía de destrucción que eclipsó el rugido de la tormenta. La plataforma de metal se desintegró por completo, y una columna de energía se elevó hacia el cielo, dispersando las nubes por un breve instante.
Cuando el humo y el vapor se disiparon, el silencio regresó a la Aldea de la Lluvia, interrumpido solo por el goteo constante del agua cayendo desde las estructuras dañadas. Naruto y Kakashi aterrizaron pesadamente en una pasarela inferior, jadeando.
—¿Lo... lo logramos? —preguntó Naruto, desactivando el chakra del Kyubi.
Kakashi no respondió de inmediato. Mantenía su ojo fijo en el cráter donde debería estar el enemigo. Entre los escombros, la máscara de porcelana yacía rota en dos pedazos. Sin embargo, no había rastro de un cuerpo.
—No —dijo Kakashi con amargura—. Se escapó en el último segundo. El Kamui me permitió ver una distorsión... usó la explosión como cobertura para teletransportarse.
Naruto golpeó la barandilla de metal con frustración.
—¡Estábamos tan cerca! ¿Quién era ese tipo? Tenía un chakra que se sentía... familiar, pero a la vez muy oscuro.
—No lo sé —respondió el sensei, cubriendo de nuevo su Sharingan con la banda protectora—. Pero una cosa es segura: este encuentro no fue casualidad. Alguien está probando nuestras fuerzas, Naruto. Alguien que conoce nuestras técnicas y sabe cómo contrarrestarlas.
Naruto miró hacia la torre central, que permanecía impasible bajo la lluvia que volvía a arreciar. La sensación de inquietud en su pecho no desaparecía. Sabía que esto era solo el principio de algo mucho más grande, una sombra que amenazaba con devorar la paz que tanto les había costado conseguir.
—Que lo intenten —dijo finalmente Naruto, con una chispa de fuego en sus ojos azules—. No importa quién sea o qué trucos tenga. Jamás dejaré que lastimen a mis amigos ni a mi aldea.
Kakashi puso una mano sobre el hombro de su alumno, esbozando una sonrisa invisible tras su máscara.
—Lo sé. Pero por ahora, regresemos. Tenemos que informar a Tsunade-sama. El mundo ninja está cambiando de nuevo, y esta vez, la lluvia no limpiará lo que viene.
Ambos ninjas desaparecieron en un parpadeo, dejando atrás las ruinas humeantes y el eco de una batalla que marcaría el inicio de una nueva era de conflictos. En las sombras de un callejón cercano, un par de ojos púrpuras observaron su partida antes de desvanecerse en la oscuridad, dejando solo una frase flotando en el aire húmedo:
—El juego ha comenzado, Uzumaki Naruto.
