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Fandom: CORTIS

Creado: 20/4/2026

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Sinfonía de Saciedad y Humo

El aire en la cocina estaba saturado, una mezcla densa de humedad, el aroma metálico del deseo y el calor sofocante que emanaba de los tres cuerpos entrelazados. Juhoon, con la espalda arqueada y el cabello castaño pegado a su frente por el sudor, soltó un jadeo tembloroso que pareció vibrar en los cimientos de la encimera. Sus manos, finas y elegantes, se aferraban con desesperación a los hombros de Seonghyeon, buscando un ancla en medio de la tormenta sensorial que lo estaba desarmando.

—Maldita sea, Juhoon —gruñó Seonghyeon. El sonido fue bajo, una vibración gutural que nació en su pecho y se transfirió directamente al cuerpo del mayor. Sus caderas golpearon con una fuerza rítmica y posesiva contra las de Juhoon, un impacto de carne contra carne que resonaba en el silencio de la estancia—. Estás tan jodidamente apretado. Siento cómo tus paredes me muerden cada vez que entro. Eres una pequeña perra insaciable, ¿verdad? Te encanta estar así de llena.

Juhoon cerró los ojos, su rostro de facciones suaves se contrajo en una mueca de puro éxtasis. Su respiración era errática, pequeños sollozos de placer escapando de sus labios entreabiertos.

—Se siente... demasiado —logró articular Juhoon, su voz apenas un susurro quebrado—. Estoy tan lleno... me duele, pero no paren. Por favor, no paren.

Keonho, posicionado detrás de él, soltó una risa ronca, una que carecía de su habitual travesura de maknae y estaba cargada de una madurez oscura y hambrienta. Sus manos, grandes y firmes, rodeaban la estrecha cintura de Juhoon, sus dedos hundiéndose en la piel pálida, marcando ya el territorio que le pertenecía.

—Apenas estamos empezando, hyung —susurró Keonho cerca de su oído, su aliento caliente erizando el vello de la nuca de la "princesa"—. Voy a moverme ahora. Sujétate fuerte.

Keonho comenzó el movimiento, una estocada lenta y profunda que pareció recorrer toda la columna vertebral de Juhoon. El tamaño del maknae era imponente, y su entrada en el estrecho nudo del mayor obligó a Juhoon a soltar un grito ahogado. El empuje hacia adelante fue tan potente que el cuerpo de Juhoon se desplazó inevitablemente, haciendo que su coño, ya lubricado y sensible, se frotara con violencia contra el miembro de Seonghyeon que lo ocupaba por delante.

—¡Ah! —El grito fue unánime. Los tres soltaron sonidos de puro descontrol.

—¡Mierda! —maldijo Seonghyeon, apretando los dientes mientras sentía la fricción inesperada y deliciosa—. Juhoon, vas a matarme si sigues moviéndote así.

Seonghyeon no esperó más. Sus manos descendieron desde los hombros hasta las caderas de Juhoon, sujetándolo con una fuerza que prometía dejar marcas, y comenzó su propio ritmo. El contraste era abrumador: Keonho embistiendo desde atrás con la potencia de un nadador, profundo y constante, mientras Seonghyeon atacaba desde el frente con una furia posesiva, buscando el fondo de su feminidad.

Los sonidos en la cocina se volvieron una cacofonía de placer: el chapoteo húmedo de los fluidos mezclándose, el golpe seco de las pelvis encontrándose y los gemidos desvergonzados de Juhoon, que ya no podía mantener su fachada reservada. Estaba siendo reclamado por ambos lados, su cuerpo delicado y fino sirviendo como el puente entre dos fuerzas de la naturaleza.

Seonghyeon se separó bruscamente del beso que compartían, necesitando aire, pero también necesitando ver. Bajó la mirada hacia el punto de unión, donde su pene desaparecía dentro de la vagina de Juhoon. Los labios de esta estaban hinchados, abultándose y enrojecidos por el roce constante, succionando su miembro con cada movimiento como si tuvieran vida propia.

—Mírate —jadeó Seonghyeon con una sonrisa depredadora—. Tu coño me chupa tan bien... es como si estuvieras hecho solo para recibirme. Mira cómo se abre para mí.

Con cada embestida de Seonghyeon, sus testículos chocaban rítmicamente contra el perineo de Juhoon, un sonido sordo que añadía una capa más de estimulación bruta. Juhoon solo podía negar con la cabeza, sus ojos expresivos nublados por las lágrimas y el deseo, mientras su cuerpo se sacudía violentamente entre los dos.

Keonho, sintiendo la intensidad del momento, dejó de morder el hombro de Juhoon y apoyó su frente contra el omóplato del mayor. Sus ojos estaban cerrados, su rostro concentrado en la sensación divina de las paredes anales de Juhoon envolviendo su longitud.

—Tu culo es increíble, hyung —dijo Keonho, su voz cargada de una devoción posesiva—. Siento cómo me abrazas por dentro. No quiero salir nunca.

El maknae aumentó la velocidad de forma drástica. Ya no era un movimiento lento y exploratorio; ahora buscaba el fondo, dando de lleno contra el punto más sensible de Juhoon. El mayor se arqueó, su espalda formando una curva elegante y dolorosa, mientras soltaba lloriqueos desesperados. Estaba en el borde, el placer era tan inmenso que su mente empezaba a desconectarse de la realidad.

—¡No, Keonho! ¡Es demasiado! —suplicó Juhoon, aunque sus manos seguían tirando de Seonghyeon hacia él, pidiendo más—. Me voy a... voy a...

Seonghyeon, al ver que Juhoon estaba a punto de romperse, no se quedó atrás. Con un rugido, aceleró sus propios movimientos, golpeando contra el cuello de la matriz de Juhoon con una ferocidad renovada. Sus dedos se clavaron en la cintura pequeña del mayor, dejando huellas lívidas sobre la piel lechosa.

Juhoon no pudo aguantar más. Con un grito que desgarró el aire de la cocina, su cuerpo se tensó en un espasmo violento. Un chorro inminente de su propio placer salió disparado, manchando sus propios abdómenes y la encimera, mientras sus paredes internas se contraían frenéticamente alrededor de los miembros de los dos menores.

Seonghyeon aprovechó el momento de vulnerabilidad para acercarse al oído de Juhoon, succionando su lóbulo con fuerza antes de susurrarle una serie de palabras sucias, descripciones gráficas de lo que le estaban haciendo y de lo mucho que lo amaban degradar y adorar al mismo tiempo. La sobreestimulación fue tal que Juhoon volvió a sollozar, su sistema nervioso colapsando ante tanta atención.

—Me corro... —gruñó Keonho, su voz rompiéndose—. ¡Juhoon, me corro!

—Yo también —afirmó Seonghyeon con urgencia, sus ojos fijos en los de Juhoon.

Con unas últimas embestidas potentes y profundas, Keonho fue el primero en liberar su carga. Juhoon sintió el calor abrasador del semen llenando su recto, una sensación de plenitud que lo hizo estremecerse de nuevo. Apenas unos segundos después, Seonghyeon siguió su ejemplo, bombeando su simiente dentro de la vagina de Juhoon, llenándolo hasta el borde.

El impacto de recibir ambos orgasmos simultáneamente fue demasiado para Juhoon, quien experimentó un segundo clímax consecutivo, sus músculos internos apretando con tal fuerza que ambos chicos soltaron gemidos de dolor y placer mezclados.

El silencio que siguió fue solo roto por sus respiraciones pesadas y entrecortadas. Se quedaron así un momento, unidos, dejando que el pulso de sus cuerpos se sincronizara. Seonghyeon, con una ternura que contrastaba con su ferocidad previa, se inclinó para darle un pequeño beso en los labios a Juhoon.

—Eres perfecto —le susurró, acariciando con el pulgar una de las marcas moradas en su cadera—. Nuestra pequeña princesa.

Keonho, liberando uno de sus brazos del torso de Juhoon, le giró suavemente la cabeza hacia atrás para reclamar su propio beso. Fue un contacto dulce, casi inocente, si no fuera por la situación en la que se encontraban.

—Lo hiciste tan bien, hyung —dijo Keonho con una sonrisa brillante, sus ojos volviendo a ser los del maknae travieso pero con un brillo de adoración—. Gracias por dejarnos hacerte esto.

Cuando finalmente ambos se retiraron de su interior, Juhoon soltó un quejido lastimero. La sensación de vacío fue inmediata, seguida por el rastro cálido del semen que comenzaba a gotear por sus muslos, manchando el suelo de la cocina.

—Maldita sea —suspiró Seonghyeon, mirando el desastre—. Mira cómo te hemos dejado. La ropa está arruinada, tú estás hecho un desastre... y la cocina...

Juhoon no podía responder. Su cuerpo estaba exhausto, sus piernas temblaban tanto que no podía mantenerse en pie por sí mismo. Se inclinó hacia adelante, siendo sostenido por los brazos de Keonho que lo rodeaban por detrás, mientras sus propios brazos se colgaban del cuello de Seonghyeon para no caer al suelo.

Fue en ese preciso instante cuando el sonido de la puerta principal abriéndose los congeló a los tres.

—¡Ya llegué! Traje la ropa nueva para el concepto y algo de comida porque imaginé que tendrían ham...

James entró en la cocina con los brazos cargados de bolsas, pero sus palabras se murieron en su garganta. Se quedó petrificado en el umbral, sus ojos recorriendo la escena: Juhoon, pálido y sudoroso, colgando entre los otros dos como una muñeca de trapo, el desorden de fluidos sobre la encimera y el ambiente cargado de un olor que no era solo sexo.

James parpadeó, su rostro pasando de la confusión al horror absoluto.

—¿Pero qué demonios...? —James dejó caer una de las bolsas—. ¿Qué le han hecho al pobre Juhoon? ¡Parece que lo han atropellado dos camiones!

Keonho, sin soltar a Juhoon, simplemente levantó una mano y soltó un "ups" poco convincente, con una sonrisa que no llegaba a ser de disculpa.

—¿Y es que no tienen olfato? —James señaló con desesperación hacia la estufa—. ¡Dejaron la olla de ramen encendida! ¡Hay olor a quemado por todo el pasillo! ¿Cuánto tiempo llevan aquí metidos que no se dieron cuenta de que casi incendian la casa?

Seonghyeon, tratando de recuperar algo de compostura mientras aún sostenía el peso de Juhoon, señaló con el mentón hacia Keonho.

—Culpa a él. Él empezó a masturbar a Juhoon sobre la encimera y se nos olvidó el resto del mundo.

James cerró los ojos y se pasó una mano por la cara con un gesto de cansancio infinito, exhalando un suspiro que parecía llevar todo el peso de ser el líder de CORTIS.

—A veces —murmuró James para sí mismo—, realmente me pregunto por qué acepté este trabajo. Limpien esto. Ahora. Y alguien lleve a Juhoon a la cama antes de que se desmaye de verdad.

Juhoon, desde su lugar en el pecho de Seonghyeon, solo pudo soltar una risita débil y exhausta, cerrando los ojos mientras el caos de su familia lo envolvía una vez más.
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