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la verdad
Fandom: high schoold dxd y oregairu
Creado: 22/4/2026
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RomanceUA (Universo Alternativo)DramaAngustiaFantasíaCrossoverCelosEstudio de PersonajeDivergenciaAcciónPsicológicoAventuraDolor/Consuelo
El Despertar del Dragón y el Dilema del Club de Servicio
La atmósfera en el salón del Club de Servicio nunca había sido tan densa. El aire parecía vibrar con una energía eléctrica, una presión que no provenía de las discusiones habituales sobre la "máxima de la juventud" de Hachiman Hikigaya, sino de la figura que estaba sentada con calma frente a ellos: Issei Hyoudou.
Hachiman observaba a Issei con un ojo entrecerrado, su cinismo habitual luchando contra una sensación de alarma puramente instintiva. Issei no era el mismo chico pervertido y ruidoso que todos creían conocer. Algo había cambiado. Sus ojos castaños ahora tenían un destello dorado profundo, y una presencia abrumadora emanaba de él, como si un volcán estuviera a punto de entrar en erupción bajo su piel.
Hacía apenas una hora, la realidad de su mundo se había fracturado. Un ataque de renegados en los terrenos de la escuela había obligado a Issei a revelar su verdadera naturaleza. No era solo un usuario de Sacred Gear; era el portador del Boosted Gear, el Dragón Celestial Rojo, pero con un poder que superaba cualquier registro histórico. Había sido llamado el "Dragón Celestial más fuerte de todos los tiempos", una entidad capaz de hacer temblar los cielos y la tierra.
Yukino Yukinoshita, siempre tan compuesta y gélida, mantenía la mirada fija en Issei. Sus manos, generalmente entrelazadas con elegancia sobre su regazo, temblaban ligeramente. A su lado, Yui Yuigahama estaba inusualmente silenciosa, con el rostro encendido en un rojo carmesí que rivalizaba con el color de la armadura que Issei había mostrado momentos antes.
— Así que... —rompió el silencio Hachiman, con su voz arrastrada y llena de una irritación que no podía ocultar—, resultas ser una especie de dios dragón todopoderoso. Supongo que eso explica por qué siempre sobrevives a las situaciones más estúpidas, Hyoudou.
Issei suspiró, rascándose la nuca con una sonrisa honesta y algo apenada.
— No soy un dios, Hikigaya. Solo soy... yo. Pero sí, Ddraig y yo hemos alcanzado un nivel que ni siquiera los actuales Reyes Demonios pueden comprender. Siento haberlo ocultado, pero quería una vida escolar normal. Al menos aquí, en el Club de Servicio.
— ¿Normal? —intervino Yukino, su voz era un susurro afilado—. Issei, acabas de pulverizar una montaña de energía oscura con un solo movimiento de tu mano. No hay nada "normal" en el hecho de que seas el ser más fuerte que este mundo ha visto jamás.
Issei la miró directamente a los ojos. En el pasado, habría desviado la mirada con algún comentario lascivo, pero este nuevo Issei era diferente. Su honestidad era cruda, casi física.
— Lo sé, Yukinoshita. Pero lo que siento por este club y por ustedes... eso sí es real. No importa si soy un dragón o un humano, mis sentimientos no cambian.
Yui soltó un pequeño jadeo, apretando el dobladillo de su falda. Miró a Yukino, y por un momento, un entendimiento silencioso pasó entre las dos chicas. Ambas habían estado enamoradas de Issei durante meses, guardando el secreto por miedo a romper la dinámica del grupo. Pero ver su verdadera forma, sentir ese poder inmenso y, sobre todo, escuchar su honestidad absoluta, había roto sus defensas.
Hachiman sintió una punzada de amargura en el pecho. Él siempre se había considerado el observador, el que estaba fuera de la ecuación. Pero ver cómo Yukino y Yui miraban a Issei... era demasiado. No era solo envidia por el poder; era celos puros y duros. Él, que siempre se jactaba de su soledad y su realismo, no podía evitar sentirse pequeño ante el resplandor de Issei.
— Issei —dijo Yukino de repente, levantándose de su asiento. Su postura era rígida, pero sus ojos brillaban con una determinación que Hachiman nunca había visto—. Has sido honesto con nosotros sobre tu identidad. Es justo que nosotras seamos honestas contigo.
— ¿Yukinon? —Yui también se levantó, su voz temblaba pero sus ojos estaban llenos de fuego.
— No podemos seguir fingiendo —continuó Yukino, ignorando por completo la presencia de Hachiman—. He pasado mucho tiempo analizando mis sentimientos, tratando de racionalizarlos como una simple admiración por tu tenacidad. Pero hoy, al verte así... me di cuenta de que no quiero estar lejos de ti. Te amo, Issei.
Hachiman sintió como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago. Yukinoshita, la "Reina de Hielo", acababa de confesarse con una vulnerabilidad que él nunca creyó posible.
— ¡Yo también! —exclamó Yui, dando un paso adelante y tomando la mano de Issei—. ¡Yo también te amo, Issei-kun! He intentado contenerme porque no quería lastimar a Yukinon, pero ya no puedo. Eres increíble, no solo por ser un dragón, sino por cómo nos proteges.
Issei se quedó helado. Su mente, que podía procesar cálculos de combate a velocidades divinas, parecía haberse bloqueado ante la confesión doble.
— Chicas... yo... —Issei tragó saliva. Su honestidad lo obligaba a responder con la verdad—. Yo también siento algo muy fuerte por ambas. No puedo elegir. Sé que suena egoísta, pero cuando pienso en mi futuro, las veo a las dos conmigo.
Hachiman soltó una risa seca y amarga, atrayendo la atención de los tres.
— Vaya, qué conveniente —dijo Hachiman, cruzando los brazos—. El dragón más fuerte del mundo también resulta ser el protagonista de un harén de novela ligera. ¿No es eso maravilloso?
— Hikigaya, no es así —dijo Issei con seriedad—. No estoy tratando de jugar con ellas.
— ¿Ah, no? —Hachiman se puso de pie, su frustración desbordándose—. Míralas, Hyoudou. Están dispuestas a tirar su dignidad por la borda solo porque eres el "ser más fuerte". ¿Qué queda para el resto de nosotros? ¿Qué queda para los que no tenemos alas de dragón o armaduras sagradas?
— No es por su poder, Hikki —respondió Yui, mirándolo con tristeza—. Es por quién es él. Tú siempre ves lo peor de las personas, pero Issei siempre ve lo mejor.
Hachiman apretó los puños. Los celos eran una emoción que detestaba, una que consideraba "juvenil y patética", pero ver a las dos chicas más importantes de su vida gravitando hacia Issei como si fuera el centro del universo lo estaba destrozando.
Yukino suspiró y miró a Yui. Luego, ambas volvieron su atención a Issei.
— Issei —dijo Yukino, recuperando un poco de su compostura habitual—, Yui y yo hemos hablado de esto indirectamente muchas veces. Si ambos somos honestos... y si tú sientes lo mismo... no queremos pelear entre nosotras.
— Queremos estar contigo —añadió Yui con una sonrisa valiente—. Los tres. Una relación donde no tengamos que renunciar a nadie.
Hachiman sintió que el mundo se volvía loco. ¿Una relación de tres? ¿En la prestigiosa Academia Sobu? ¿Yukinoshita, la hija de una familia política influyente, estaba sugiriendo poliamor con el portador de un dragón?
— ¿Están hablando en serio? —preguntó Issei, su voz cargada de emoción—. ¿Aceptarían estar conmigo... las dos?
— Es la única solución lógica para nuestra situación emocional —respondió Yukino, aunque un leve rubor adornaba sus mejillas—. Siempre y cuando tú nos trates con la misma devoción a ambas.
Issei se levantó y, sin dudarlo, tomó las manos de ambas chicas. El aura dorada a su alrededor se suavizó, convirtiéndose en un calor reconfortante.
— Les prometo que las protegeré con todo lo que soy. No solo como el Dragón Celestial, sino como el hombre que las ama.
Hachiman se dejó caer de nuevo en su silla, observando la escena con una mezcla de derrota y desprecio.
— Esto es absurdo —murmuró Hachiman para sí mismo—. Es absolutamente ridículo.
— ¿Dijiste algo, Hikigaya? —preguntó Issei, mirándolo con una expresión que no era de burla, sino de genuina preocupación.
— Nada —respondió Hachiman, desviando la mirada hacia la ventana—. Solo pensaba que el Club de Servicio acaba de volverse mucho más complicado. Y que, honestamente, odio a los dragones.
Issei soltó una pequeña risa, una que no contenía malicia.
— Algún día lo entenderás, Hikigaya. Tal vez incluso encuentres a alguien que te haga querer ser tan honesto como yo lo he sido hoy.
— No cuentes con ello —gruñó Hachiman, aunque en el fondo, el vacío en su pecho le decía que sus celos no eran solo por las chicas, sino por la capacidad de Issei de ser tan jodidamente genuino en un mundo de mentiras.
Yukino y Yui se acercaron más a Issei, sellando su promesa con un abrazo compartido. El sol comenzaba a ponerse, bañando el salón del club en un tono anaranjado, mientras Hachiman permanecía en las sombras, siendo el único testigo del nacimiento de una unión que cambiaría el destino de los humanos, los demonios y los dragones por igual.
La paz en la Academia Sobu había terminado, pero para Issei, Yukino y Yui, algo mucho más brillante acababa de comenzar. Y aunque Hachiman se negara a admitirlo, incluso él sabía que el mundo ya no volvería a ser el mismo bajo las alas del dragón más fuerte de todos los tiempos.
Hachiman observaba a Issei con un ojo entrecerrado, su cinismo habitual luchando contra una sensación de alarma puramente instintiva. Issei no era el mismo chico pervertido y ruidoso que todos creían conocer. Algo había cambiado. Sus ojos castaños ahora tenían un destello dorado profundo, y una presencia abrumadora emanaba de él, como si un volcán estuviera a punto de entrar en erupción bajo su piel.
Hacía apenas una hora, la realidad de su mundo se había fracturado. Un ataque de renegados en los terrenos de la escuela había obligado a Issei a revelar su verdadera naturaleza. No era solo un usuario de Sacred Gear; era el portador del Boosted Gear, el Dragón Celestial Rojo, pero con un poder que superaba cualquier registro histórico. Había sido llamado el "Dragón Celestial más fuerte de todos los tiempos", una entidad capaz de hacer temblar los cielos y la tierra.
Yukino Yukinoshita, siempre tan compuesta y gélida, mantenía la mirada fija en Issei. Sus manos, generalmente entrelazadas con elegancia sobre su regazo, temblaban ligeramente. A su lado, Yui Yuigahama estaba inusualmente silenciosa, con el rostro encendido en un rojo carmesí que rivalizaba con el color de la armadura que Issei había mostrado momentos antes.
— Así que... —rompió el silencio Hachiman, con su voz arrastrada y llena de una irritación que no podía ocultar—, resultas ser una especie de dios dragón todopoderoso. Supongo que eso explica por qué siempre sobrevives a las situaciones más estúpidas, Hyoudou.
Issei suspiró, rascándose la nuca con una sonrisa honesta y algo apenada.
— No soy un dios, Hikigaya. Solo soy... yo. Pero sí, Ddraig y yo hemos alcanzado un nivel que ni siquiera los actuales Reyes Demonios pueden comprender. Siento haberlo ocultado, pero quería una vida escolar normal. Al menos aquí, en el Club de Servicio.
— ¿Normal? —intervino Yukino, su voz era un susurro afilado—. Issei, acabas de pulverizar una montaña de energía oscura con un solo movimiento de tu mano. No hay nada "normal" en el hecho de que seas el ser más fuerte que este mundo ha visto jamás.
Issei la miró directamente a los ojos. En el pasado, habría desviado la mirada con algún comentario lascivo, pero este nuevo Issei era diferente. Su honestidad era cruda, casi física.
— Lo sé, Yukinoshita. Pero lo que siento por este club y por ustedes... eso sí es real. No importa si soy un dragón o un humano, mis sentimientos no cambian.
Yui soltó un pequeño jadeo, apretando el dobladillo de su falda. Miró a Yukino, y por un momento, un entendimiento silencioso pasó entre las dos chicas. Ambas habían estado enamoradas de Issei durante meses, guardando el secreto por miedo a romper la dinámica del grupo. Pero ver su verdadera forma, sentir ese poder inmenso y, sobre todo, escuchar su honestidad absoluta, había roto sus defensas.
Hachiman sintió una punzada de amargura en el pecho. Él siempre se había considerado el observador, el que estaba fuera de la ecuación. Pero ver cómo Yukino y Yui miraban a Issei... era demasiado. No era solo envidia por el poder; era celos puros y duros. Él, que siempre se jactaba de su soledad y su realismo, no podía evitar sentirse pequeño ante el resplandor de Issei.
— Issei —dijo Yukino de repente, levantándose de su asiento. Su postura era rígida, pero sus ojos brillaban con una determinación que Hachiman nunca había visto—. Has sido honesto con nosotros sobre tu identidad. Es justo que nosotras seamos honestas contigo.
— ¿Yukinon? —Yui también se levantó, su voz temblaba pero sus ojos estaban llenos de fuego.
— No podemos seguir fingiendo —continuó Yukino, ignorando por completo la presencia de Hachiman—. He pasado mucho tiempo analizando mis sentimientos, tratando de racionalizarlos como una simple admiración por tu tenacidad. Pero hoy, al verte así... me di cuenta de que no quiero estar lejos de ti. Te amo, Issei.
Hachiman sintió como si le hubieran dado un puñetazo en el estómago. Yukinoshita, la "Reina de Hielo", acababa de confesarse con una vulnerabilidad que él nunca creyó posible.
— ¡Yo también! —exclamó Yui, dando un paso adelante y tomando la mano de Issei—. ¡Yo también te amo, Issei-kun! He intentado contenerme porque no quería lastimar a Yukinon, pero ya no puedo. Eres increíble, no solo por ser un dragón, sino por cómo nos proteges.
Issei se quedó helado. Su mente, que podía procesar cálculos de combate a velocidades divinas, parecía haberse bloqueado ante la confesión doble.
— Chicas... yo... —Issei tragó saliva. Su honestidad lo obligaba a responder con la verdad—. Yo también siento algo muy fuerte por ambas. No puedo elegir. Sé que suena egoísta, pero cuando pienso en mi futuro, las veo a las dos conmigo.
Hachiman soltó una risa seca y amarga, atrayendo la atención de los tres.
— Vaya, qué conveniente —dijo Hachiman, cruzando los brazos—. El dragón más fuerte del mundo también resulta ser el protagonista de un harén de novela ligera. ¿No es eso maravilloso?
— Hikigaya, no es así —dijo Issei con seriedad—. No estoy tratando de jugar con ellas.
— ¿Ah, no? —Hachiman se puso de pie, su frustración desbordándose—. Míralas, Hyoudou. Están dispuestas a tirar su dignidad por la borda solo porque eres el "ser más fuerte". ¿Qué queda para el resto de nosotros? ¿Qué queda para los que no tenemos alas de dragón o armaduras sagradas?
— No es por su poder, Hikki —respondió Yui, mirándolo con tristeza—. Es por quién es él. Tú siempre ves lo peor de las personas, pero Issei siempre ve lo mejor.
Hachiman apretó los puños. Los celos eran una emoción que detestaba, una que consideraba "juvenil y patética", pero ver a las dos chicas más importantes de su vida gravitando hacia Issei como si fuera el centro del universo lo estaba destrozando.
Yukino suspiró y miró a Yui. Luego, ambas volvieron su atención a Issei.
— Issei —dijo Yukino, recuperando un poco de su compostura habitual—, Yui y yo hemos hablado de esto indirectamente muchas veces. Si ambos somos honestos... y si tú sientes lo mismo... no queremos pelear entre nosotras.
— Queremos estar contigo —añadió Yui con una sonrisa valiente—. Los tres. Una relación donde no tengamos que renunciar a nadie.
Hachiman sintió que el mundo se volvía loco. ¿Una relación de tres? ¿En la prestigiosa Academia Sobu? ¿Yukinoshita, la hija de una familia política influyente, estaba sugiriendo poliamor con el portador de un dragón?
— ¿Están hablando en serio? —preguntó Issei, su voz cargada de emoción—. ¿Aceptarían estar conmigo... las dos?
— Es la única solución lógica para nuestra situación emocional —respondió Yukino, aunque un leve rubor adornaba sus mejillas—. Siempre y cuando tú nos trates con la misma devoción a ambas.
Issei se levantó y, sin dudarlo, tomó las manos de ambas chicas. El aura dorada a su alrededor se suavizó, convirtiéndose en un calor reconfortante.
— Les prometo que las protegeré con todo lo que soy. No solo como el Dragón Celestial, sino como el hombre que las ama.
Hachiman se dejó caer de nuevo en su silla, observando la escena con una mezcla de derrota y desprecio.
— Esto es absurdo —murmuró Hachiman para sí mismo—. Es absolutamente ridículo.
— ¿Dijiste algo, Hikigaya? —preguntó Issei, mirándolo con una expresión que no era de burla, sino de genuina preocupación.
— Nada —respondió Hachiman, desviando la mirada hacia la ventana—. Solo pensaba que el Club de Servicio acaba de volverse mucho más complicado. Y que, honestamente, odio a los dragones.
Issei soltó una pequeña risa, una que no contenía malicia.
— Algún día lo entenderás, Hikigaya. Tal vez incluso encuentres a alguien que te haga querer ser tan honesto como yo lo he sido hoy.
— No cuentes con ello —gruñó Hachiman, aunque en el fondo, el vacío en su pecho le decía que sus celos no eran solo por las chicas, sino por la capacidad de Issei de ser tan jodidamente genuino en un mundo de mentiras.
Yukino y Yui se acercaron más a Issei, sellando su promesa con un abrazo compartido. El sol comenzaba a ponerse, bañando el salón del club en un tono anaranjado, mientras Hachiman permanecía en las sombras, siendo el único testigo del nacimiento de una unión que cambiaría el destino de los humanos, los demonios y los dragones por igual.
La paz en la Academia Sobu había terminado, pero para Issei, Yukino y Yui, algo mucho más brillante acababa de comenzar. Y aunque Hachiman se negara a admitirlo, incluso él sabía que el mundo ya no volvería a ser el mismo bajo las alas del dragón más fuerte de todos los tiempos.
