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Estudiando anatomía.
Fandom: My hero academia
Creado: 25/4/2026
Etiquetas
RomanceRecortes de VidaHistoria DomésticaAmbientación CanonPWP (¿Trama? ¿Qué trama?)Lenguaje ExplícitoOOC (Fuera de Personaje)FluffDramaCelosViolencia GráficaEstudio de Personaje
Ecuaciones y Pulsaciones
La residencia de la Clase 1-A estaba inusualmente silenciosa para ser un viernes por la noche. La mayoría de los estudiantes habían aprovechado el permiso de salida para visitar a sus familias o estaban amontonados en la sala común viendo alguna película de terror. Sin embargo, en la habitación de Tenya Iida, el ambiente era radicalmente distinto. El aire estaba cargado con el olor a papel nuevo, café recién hecho y una tensión eléctrica que no tenía nada que ver con el quirk de Kaminari.
Tenya estaba sentado en su escritorio, con la espalda tan recta que parecía una extensión de la silla de madera. Sus gafas reflejaban la luz de la lámpara de estudio mientras repasaba los apuntes de Análisis de Combate. A su lado, Junko Aoi garabateaba círculos en el margen de su cuaderno, ignorando por completo las derivadas que se suponía debía estar resolviendo.
Junko era el polo opuesto a la estructura rígida de Iida. Con su cabello violeta oscuro cayendo en cascadas sobre sus hombros y esas mechas azul turquesa que brillaban bajo la luz artificial, parecía una nota discordante y hermosa en la habitación perfectamente ordenada del delegado.
— Iida-kun, si sigues mirando ese libro con tanta intensidad, va a terminar por incendiarse —dijo Junko con una sonrisa juguetona, dejando caer el bolígrafo.
Tenya se ajustó las gafas con un movimiento mecánico, aunque sus dedos temblaron ligeramente.
— La disciplina es la base del éxito académico, Aoi-san. Si no dominamos la teoría, no podremos ser héroes eficaces en el campo —respondió él, aunque su voz sonó un poco más ronca de lo habitual.
— Eres tan formal que a veces me pregunto si tienes un motor de verdad en lugar de corazón —bromeó ella, inclinándose hacia él.
El movimiento hizo que su hombro rozara el brazo musculoso de Tenya. Él se tensó visiblemente. Junko era pequeña, de cintura delicada y piel tan blanca que parecía porcelana, pero sus caderas y muslos, acentuados por la falda del uniforme que se le subía un poco al estar sentada, siempre lograban distraerlo de sus deberes.
— Tengo un corazón, te lo aseguro —murmuró Tenya, girando la cabeza para mirarla.
Sus ojos se encontraron. Los de ella, de un violeta oscuro y profundo, estaban llenos de una picardía que ocultaba una vulnerabilidad que solo él parecía notar. La distancia entre ambos se redujo sin que ninguno de los dos se diera cuenta. Tenya podía oler el perfume dulce de Junko, algo parecido a la vainilla y a la lluvia, y sintió que su autocontrol, ese que tanto orgullo le daba, empezaba a desmoronarse.
— Demuéstramelo —susurró Junko, desafiante.
Tenya no necesitó más. Olvidó las reglas, olvidó el manual del delegado y olvidó que estaban en una zona escolar. Se inclinó y capturó los labios de Junko en un beso que empezó siendo torpe y desesperado, pero que rápidamente se volvió profundo.
Junko soltó un pequeño jadeo de sorpresa que se perdió en la boca de él. A pesar de su actitud rebelde en clase, en ese momento se sintió abrumada por la fuerza física de Tenya. Él la rodeó con sus brazos poderosos, atrayéndola hacia su regazo mientras se levantaba de la silla para llevarla hacia la cama.
— Aoi-san... Junko... —jadeó Tenya contra su cuello, separándose apenas unos milímetros—. ¿Esto... esto está bien? No quiero faltarte al respeto de ninguna manera.
Junko, con las mejillas encendidas y el corazón martilleando contra sus costillas, asintió frenéticamente, enterrando sus dedos en el cabello azul corto de él.
— Sí, Tenya... por favor. He querido esto desde hace meses.
Él la depositó en la cama con una delicadeza que contrastaba con la urgencia de sus manos. Tenya se quitó la camisa del uniforme con movimientos rápidos, revelando un torso esculpido por el entrenamiento intensivo, con los músculos defin
Tenya estaba sentado en su escritorio, con la espalda tan recta que parecía una extensión de la silla de madera. Sus gafas reflejaban la luz de la lámpara de estudio mientras repasaba los apuntes de Análisis de Combate. A su lado, Junko Aoi garabateaba círculos en el margen de su cuaderno, ignorando por completo las derivadas que se suponía debía estar resolviendo.
Junko era el polo opuesto a la estructura rígida de Iida. Con su cabello violeta oscuro cayendo en cascadas sobre sus hombros y esas mechas azul turquesa que brillaban bajo la luz artificial, parecía una nota discordante y hermosa en la habitación perfectamente ordenada del delegado.
— Iida-kun, si sigues mirando ese libro con tanta intensidad, va a terminar por incendiarse —dijo Junko con una sonrisa juguetona, dejando caer el bolígrafo.
Tenya se ajustó las gafas con un movimiento mecánico, aunque sus dedos temblaron ligeramente.
— La disciplina es la base del éxito académico, Aoi-san. Si no dominamos la teoría, no podremos ser héroes eficaces en el campo —respondió él, aunque su voz sonó un poco más ronca de lo habitual.
— Eres tan formal que a veces me pregunto si tienes un motor de verdad en lugar de corazón —bromeó ella, inclinándose hacia él.
El movimiento hizo que su hombro rozara el brazo musculoso de Tenya. Él se tensó visiblemente. Junko era pequeña, de cintura delicada y piel tan blanca que parecía porcelana, pero sus caderas y muslos, acentuados por la falda del uniforme que se le subía un poco al estar sentada, siempre lograban distraerlo de sus deberes.
— Tengo un corazón, te lo aseguro —murmuró Tenya, girando la cabeza para mirarla.
Sus ojos se encontraron. Los de ella, de un violeta oscuro y profundo, estaban llenos de una picardía que ocultaba una vulnerabilidad que solo él parecía notar. La distancia entre ambos se redujo sin que ninguno de los dos se diera cuenta. Tenya podía oler el perfume dulce de Junko, algo parecido a la vainilla y a la lluvia, y sintió que su autocontrol, ese que tanto orgullo le daba, empezaba a desmoronarse.
— Demuéstramelo —susurró Junko, desafiante.
Tenya no necesitó más. Olvidó las reglas, olvidó el manual del delegado y olvidó que estaban en una zona escolar. Se inclinó y capturó los labios de Junko en un beso que empezó siendo torpe y desesperado, pero que rápidamente se volvió profundo.
Junko soltó un pequeño jadeo de sorpresa que se perdió en la boca de él. A pesar de su actitud rebelde en clase, en ese momento se sintió abrumada por la fuerza física de Tenya. Él la rodeó con sus brazos poderosos, atrayéndola hacia su regazo mientras se levantaba de la silla para llevarla hacia la cama.
— Aoi-san... Junko... —jadeó Tenya contra su cuello, separándose apenas unos milímetros—. ¿Esto... esto está bien? No quiero faltarte al respeto de ninguna manera.
Junko, con las mejillas encendidas y el corazón martilleando contra sus costillas, asintió frenéticamente, enterrando sus dedos en el cabello azul corto de él.
— Sí, Tenya... por favor. He querido esto desde hace meses.
Él la depositó en la cama con una delicadeza que contrastaba con la urgencia de sus manos. Tenya se quitó la camisa del uniforme con movimientos rápidos, revelando un torso esculpido por el entrenamiento intensivo, con los músculos defin
