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Caminos cruzados

Fandom: My hero academia

Creado: 25/4/2026

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RomanceDramaAngustiaAcciónPsicológicoCelosOOC (Fuera de Personaje)DivergenciaAmbientación Canon
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Dientes Marcados en Piel Ajena

El ambiente en la Academia U.A. siempre había sido vibrante, pero para Katsuki Bakugo, las últimas semanas habían sido un infierno de silencio y frustración. Hacía apenas dos meses que él y Eijiro Kirishima habían formalizado lo que todos ya sospechaban. Su relación era como un incendio: caótica, intensa y profundamente física. No eran de los que se tomaban de la mano en los pasillos o se dedicaban palabras melosas; lo suyo se demostraba en los entrenamientos compartidos hasta el agotamiento y en las marcas que Kirishima dejaba en el cuello de Bakugo, marcas que el rubio lucía con un orgullo mal disfrazado de indiferencia.

En el otro extremo del espectro estaban Shoto Todoroki e Izuku Midoriya. Llevaban tres meses juntos y su relación era la definición de "dulzura". Eran paseos tranquilos por el jardín, almuerzos compartidos y miradas cargadas de una ternura que a Bakugo le revolvía el estómago.

Todo cambió en un segundo durante una pasantía conjunta.

Un villano de poca monta, un rayo de luz rosácea y el instinto heroico de Kirishima. El pelirrojo no lo pensó dos veces antes de interponerse entre el ataque y Midoriya. El resultado: Kirishima inconsciente y un diagnóstico que parecía una broma de mal gusto de Recovery Girl. El don del villano era una variante química de dopamina y oxitocina pura; un "flechazo" artificial que reescribía las prioridades emocionales del cerebro.

La primera persona que Kirishima vio al despertar fue a Midoriya, quien no se había movido de su lado por la culpa. Y en ese instante, el mundo de Bakugo se desmoronó.

Aizawa lo había explicado con su habitual tono monótono frente a la clase, aunque sus ojos mostraban una pizca de lástima hacia el rubio cenizo.

—El efecto del don es temporal, pero potente —había dicho el profesor—. Kirishima ha desarrollado una fijación romántica absoluta hacia Midoriya. Sus recuerdos previos de naturaleza emocional han sido bloqueados o alterados. Para él, su pareja es Midoriya. Se les pide que actúen con normalidad para evitar un choque emocional que pueda dañar su psique.

—¿Normalidad? —había rugido Bakugo en ese momento, con las manos soltando chispas—. ¡Ese idiota es mío! ¡No puede simplemente olvidar quién carajos lo toca por las noches!

Todoroki, por su parte, no había dicho nada, pero el hielo que comenzaba a cubrir su escritorio delataba su agitación. Su Midoriya, su tranquilo y dulce Deku, estaba ahora en el centro de una obsesión que no le pertenecía.

Esa mañana, Bakugo entró al salón de clases con el humor más negro de lo habitual. No había dormido. Echaba de menos el calor constante de Kirishima a su lado, sus risas ruidosas y la forma en que sus dientes de tiburón rozaban su oreja cuando estaban a solas.

Al llegar al fondo del aula, se detuvo en seco. Sus ojos se entrecerraron y sus puños se apretaron hasta que los nudillos se pusieron blancos.

Allí estaban. Kirishima y Midoriya estaban sentados juntos, riendo por algo que el pelirrojo decía con entusiasmo. Kirishima tenía una mano apoyada en el respaldo de la silla de Midoriya, una pose de posesividad natural que antes solo reservaba para Bakugo.

—¡De verdad, Midoriya! —exclamó Kirishima, con los ojos brillando de una forma que quemó el pecho de Katsuki—. Deberías haber visto la cara de Kaminari cuando se le acabó la batería.

Midoriya rió con timidez, aunque se le veía visiblemente incómodo. Sus ojos verdes buscaban desesperadamente a Todoroki, quien estaba sentado en su lugar habitual, observando la escena con una mirada gélida que podría haber congelado el mismísimo infierno.

—Kirishima-kun, por favor, no es para tanto —murmuró Midoriya, tratando de crear un poco de distancia.

—Para mí lo es —respondió Kirishima con una suavidad que Bakugo nunca le había escuchado dirigir a nadie más—. Todo lo que haces es increíble.

Bakugo sintió un sabor amargo en la boca. Quería explotar algo. Quería arrancar a Kirishima de esa silla y recordarle a base de golpes y besos quién era el que realmente mandaba en su corazón. Pero lo que vio a continuación lo dejó paralizado.

Midoriya llevaba una camisa de cuello alto, algo extraño considerando el calor que hacía ese día y que el uniforme de la U.A. solía llevarse de forma más relajada por el pecoso. En un movimiento descuidado, mientras Midoriya se encogía de hombros por la risa, la tela se desplazó hacia un lado.

En la base de su cuello, justo donde el hombro se une con el trapecio, había una marca circular, profunda y violácea. No era un simple moretón. Eran marcas de dientes. Dientes afilados, perfectamente alineados, que Bakugo reconocería en cualquier lugar del mundo.

La sangre de Bakugo hirvió. Esa era su marca. Kirishima siempre perdía el control cuando se excitaba, su don de endurecimiento a veces se activaba inconscientemente y sus dientes de tiburón dejaban ese rastro exacto en la piel de Bakugo. Ver esa firma en el cuello de "Deku" fue como recibir una granada en el estómago.

—Tú... —La voz de Bakugo salió como un gruñido gutural que hizo que toda la clase guardara silencio de inmediato.

Kirishima levantó la vista, su expresión pasando de la alegría a una confusión teñida de irritación.

—¿Pasa algo, Bakugo? —preguntó el pelirrojo, usando su apellido con una frialdad que cortaba más que cualquier cuchillo.

—¿Qué mierda es eso, Deku? —Bakugo ignoró a Kirishima y señaló con un dedo tembloroso de rabia el cuello del peliverde.

Midoriya palideció, llevándose la mano rápidamente al cuello para cubrirse.

—¡Kacchan! No es... no es lo que parece, yo...

—¿Qué no es lo que parece? —intervino Todoroki, levantándose de su asiento con una lentitud peligrosa. Se acercó a la mesa, sus ojos fijos en la mano de Midoriya—. Izuku, quita la mano.

—Todoroki-kun, por favor, Kirishima-kun no está en sus cabales, él solo... —Midoriya estaba al borde de las lágrimas, temblando bajo la mirada de los dos chicos más explosivos de la clase.

—He dicho que quites la mano —repitió Todoroki, su voz era un susurro gélido.

Kirishima se puso de pie, interponiéndose entre Midoriya y los demás. Su cuerpo se endureció instintivamente, su piel adquiriendo esa textura rocosa y afilada.

—No le hables así —dijo Kirishima, mostrando los dientes—. No voy a dejar que lo intimiden. Midoriya es mío ahora. Lo que pase entre nosotros no es asunto de ustedes.

—¿Tuyo? —Bakugo soltó una carcajada seca, carente de cualquier pizca de humor—. ¡Pedazo de imbécil! ¡Hace tres días me estabas rogando que no parara mientras me mordías el hombro de la misma forma que lo hiciste con ese estúpido nerd!

La clase soltó un jadeo colectivo. Los rumores eran ciertos, pero escucharlo de la boca de Bakugo era otra cosa.

Kirishima frunció el ceño, una sombra de duda cruzó sus ojos por un milisegundo antes de que el efecto del don volviera a nublar su juicio.

—No sé de qué hablas, Bakugo. Siempre he amado a Midoriya. Tú solo eres un compañero de clase ruidoso.

Esas palabras fueron el detonante. Bakugo se lanzó hacia adelante, pero no hacia Kirishima, sino hacia Midoriya, agarrándolo por el cuello de la camisa para exponer la marca ante todos.

—¡Mírala bien, mitad y mitad! —gritó Bakugo hacia Todoroki—. ¡Ese idiota marcó a tu novio! ¡Lo mordió como si fuera un trozo de carne!

Todoroki se acercó, su mirada fija en la marca de los dientes. El hielo comenzó a extenderse por el suelo desde sus pies. La rabia en él no era explosiva como la de Bakugo, era una combustión lenta y absoluta.

—Kirishima —dijo Todoroki, sin mirar al pelirrojo—, aléjate de él. Ahora.

—Oblígame —desafió Kirishima, activando su don al máximo.

—¡Basta! —gritó Midoriya, zafándose del agarre de Bakugo con un estallido de su propio don, el One For All centelleando a su alrededor—. ¡Paren esto! Kirishima-kun no sabe lo que hace, el don del villano está controlando sus impulsos. ¡Él me mordió anoche porque se puso ansioso y no podía controlar su endurecimiento, no fue... no fue por amor!

Bakugo sintió que el mundo daba vueltas.

—¿Anoche? —preguntó con voz quebrada—. ¿Estuvieron juntos anoche?

Midoriya bajó la cabeza, avergonzado.

—Él no quería dejarme solo... Recovery Girl dijo que si lo forzábamos a alejarse de su "objetivo", podría tener un colapso nervioso. Intenté mantener la distancia, pero él... él se volvió muy insistente. Me mordió mientras intentaba abrazarme. ¡Yo no quería, Kacchan!

Kirishima rodeó la cintura de Midoriya con un brazo, pegándolo a su cuerpo endurecido.

—No tienes que disculparte, Izuku. Somos felices, ¿no?

Bakugo miró la escena: el chico que amaba, el único que había logrado traspasar sus barreras, estaba abrazando a su mayor rival con la misma devoción que solía dedicarle a él. Y lo peor de todo era la marca. Esa marca que significaba pertenencia en su lenguaje privado, ahora estaba profanando la piel de Midoriya.

—Te voy a matar —susurró Bakugo, y esta vez no era una amenaza vacía. Las explosiones en sus manos eran pequeñas pero constantes, como el latido de un corazón furioso—. Voy a sacarte ese don de la cabeza a golpes, Eijiro.

—Inténtalo, Bakugo —respondió Kirishima con una sonrisa desafiante, sus dientes de tiburón brillando bajo las luces del aula.

Todoroki no esperó más. Una pared de hielo surgió del suelo, separando a la nueva "pareja" del resto del salón, mientras las llamas comenzaban a lamer su lado izquierdo.

—Yo me encargo de recuperar a Midoriya —dijo Todoroki con una calma aterradora—. Tú haz lo que quieras con el pelirrojo.

—No me digas qué hacer —gruñó Bakugo, lanzándose al ataque con una explosión masiva—. ¡Kirishima! ¡Mírame a la cara cuando te rompa los dientes, maldito extra!

El aula se convirtió en un caos de hielo, fuego y explosiones. En medio del estruendo, Midoriya intentaba mediar, pero Kirishima solo tenía ojos para él, protegiéndolo de ataques que no existían y reclamando un amor que era una mentira química.

Bakugo, mientras esquivaba un golpe endurecido de Kirishima que agrietó el suelo, sintió una lágrima de pura rabia resbalar por su mejilla. No le importaba el daño a la escuela, no le importaba la detención que vendría. Solo quería que Kirishima lo recordara. Quería que esos dientes volvieran a su propio cuello. Quería recuperar al único hombre que le había hecho sentir que ser "varonil" también significaba ser vulnerable.

—¡Maldita sea, Eijiro! —gritó Bakugo mientras sus manos impactaban contra el pecho endurecido de su novio—. ¡Vuelve conmigo!

Pero Kirishima solo respondió con un golpe que buscaba proteger su nueva y falsa realidad, dejando a Bakugo con el corazón tan roto como el suelo bajo sus pies. La batalla por los recuerdos y la lealtad apenas comenzaba, y las marcas en el cuello de Midoriya eran el recordatorio constante de que, a veces, el amor podía ser la droga más peligrosa de todas.
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