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olor infernal
Fandom: helluva boss, looney tunes
Creado: 29/4/2026
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HumorAcciónAventuraCrack / Humor ParódicoParodiaAmbientación CanonSátira
Perfumes, Patadas y Pura Peste: El Duelo de las Damas
El sol del mediodía caía con fuerza sobre la plataforma del Vigésimo Primer Torneo de las Artes Marciales. El público gritaba enfervorizado, pero en las gradas de los participantes, el ambiente era de pura tensión. Bulma Briefs, ataviada con su dogi de entrenamiento que le quedaba sorprendentemente bien, se ajustaba las muñequeras mientras soltaba un suspiro cargado de nerviosismo. A su lado, Krillin y Goku la miraban con una mezcla de admiración y lástima.
—Recuerda lo que entrenamos con el Maestro Roshi, Bulma —dijo Krillin, tragando saliva—. No dejes que su... "estilo" te distraiga.
—¡Es asqueroso! —exclamó Bulma, señalando hacia el otro lado del ring—. ¿Cómo es posible que Launch se haya vuelto así? ¡Desde que estornudó esta mañana y se puso rubia, parece que no ha tocado el jabón en décadas!
En el rincón opuesto, Launch, en su forma rubia y agresiva, se rascaba la espalda con una intensidad alarmante. Al no poder subir armas al ring por las estrictas reglas del torneo, la mujer había decidido que, si no podía usar balas, usaría la guerra biológica. Se hurgaba la nariz con descaro y lanzaba miradas asesinas a la peliazul.
—¡Espero que estés lista, niñita rica! —gritó Launch con una voz ronca—. ¡Voy a hacer que desees no tener nariz!
El presentador, con su característico micrófono y gafas de sol, saltó al centro del cuadrilátero.
—¡Y ahora, el combate más... peculiar de la jornada! ¡La brillante inventora Bulma contra la temible y poco higiénica Launch! ¡Comiencen!
Bulma se puso en guardia, recordando los meses de cargar caparazones de tortuga y repartir leche. Se sentía fuerte, sus músculos estaban tonificados, pero nada en el entrenamiento de Roshi la había preparado para el olor que emanó de Launch cuando esta comenzó a caminar hacia ella.
—¡Puaj! ¡Launch, por todos los cielos! —Bulma se tapó la nariz con una mano mientras retrocedía—. ¡Hueles como si un dinosaurio hubiera muerto dentro de un basurero!
Launch soltó una carcajada ronca y se pasó la mano por la axila antes de lanzarla al aire hacia Bulma.
—¡Es mi esencia de victoria, preciosa! —rugió Launch mientras se lanzaba al ataque.
Bulma esquivó un golpe de puño, pero el simple movimiento del brazo de Launch desprendió una ráfaga de aire tan viciado que la científica sintió que se le nublaba la vista. Retrocedió tambaleándose, con los ojos llorosos.
—¡Esto es trampa! ¡Árbitro, esto tiene que ser ilegal! —gritó Bulma, aguantando la respiración.
—¡No hay ninguna regla que prohíba no bañarse, jovencita! —respondió el árbitro, tapándose él mismo la nariz con un pañuelo.
Launch aprovechó la distracción y se lanzó al suelo, girando sobre sí misma para propinar una patada baja. Bulma, gracias a sus reflejos mejorados, saltó en el aire, pero Launch no se detuvo. Al levantarse, se rascó el trasero con saña y luego intentó abofetear a Bulma con esa misma mano.
—¡Ni lo sueñes! —Bulma dio una voltereta hacia atrás, aterrizando cerca del borde del ring—. ¡Eres una marrana! ¡Una completa marrana!
—¡Dime lo que quieras, pero no puedes golpearme si no puedes acercarte! —se burló Launch.
En las gradas, el Maestro Roshi observaba con seriedad, aunque tenía un hilillo de sangre saliendo de su nariz al ver a dos mujeres hermosas pelear, incluso si una de ellas apestaba a rayos.
—Bulma está en problemas —comentó Roshi—. Launch ha convertido su falta de higiene en una armadura impenetrable. Si Bulma no encuentra la forma de ignorar el olor, perderá por asfixia antes de que pueda conectar un golpe.
De vuelta en el ring, Launch decidió subir el nivel. Se llevó las manos a la boca y comenzó a soplar hacia Bulma, lanzando un aliento que visualmente parecía una neblina verde.
—¡Toma mi "Aliento de Dragón Recalentado"! —gritó Launch.
Bulma sintió que las rodillas le flaqueaban. El olor era una mezcla de ajo podrido, tabaco viejo y calcetines usados. Se desplomó sobre una rodilla, tosiendo violentamente.
—No puedo... es demasiado... —jadeó Bulma, viendo cómo Launch se acercaba para darle el golpe de gracia.
Launch se detuvo frente a ella, triunfante. Se dio la vuelta, levantando una pierna con una sonrisa maliciosa.
—¡Y aquí tienes el postre! —anunció Launch.
Un sonido sordo y vibrante resonó en todo el estadio. Un gas invisible pero letal golpeó directamente el rostro de Bulma. El público guardó silencio por un segundo antes de estallar en gritos de asco.
Bulma se quedó petrificada. Sus ojos se pusieron en blanco y cayó de espaldas, con la lengua fuera. El árbitro comenzó la cuenta.
—¡Uno! ¡Dos! ¡Tres!
—¡Bulma, levántate! —gritó Goku desde la banda—. ¡Recuerda que tú tampoco eres perfecta!
—¡Bulma! —vociferó Krillin—. ¡Tú no tienes nariz! ¡Espera, no, esa es mi broma! ¡Bulma, reacciona!
En su estado de semiinconsciencia, Bulma escuchó las voces de sus amigos. De repente, una chispa de lógica científica iluminó su cerebro. Recordó algo fundamental sobre su propia anatomía y sobre el entrenamiento que había seguido.
—Espera un minuto... —murmuró Bulma mientras el árbitro llegaba al número ocho.
Se levantó de golpe, sacudiendo la cabeza. Launch, que ya estaba celebrando, se quedó boquiabierta.
—¿Cómo es posible? —preguntó la rubia—. ¡Ese fue mi mejor disparo! ¡Incluso las moscas caen muertas con ese!
Bulma se limpió la cara con la manga y sonrió con una suficiencia que solo una Briefs podía poseer.
—Launch, eres una idiota —dijo Bulma con calma—. He pasado los últimos tres años trabajando en laboratorios con químicos volátiles, ácidos sulfúricos y combustibles experimentales. ¿Crees que tu olor es peor que una explosión de propulsor de cápsula defectuoso? Además... ¡estoy tan resfriada por el aire acondicionado del hotel que tengo los senos paranasales completamente bloqueados! ¡No huelo nada!
Launch retrocedió un paso, visiblemente nerviosa. Su arma principal había sido neutralizada por una congestión nasal y años de exposición a químicos.
—¡Imposible! —chilló Launch—. ¡Aun así, no me tocarás!
Launch se lanzó hacia adelante con un grito de furia, pero Bulma ya no tenía miedo. Esquivó el primer golpe con una elegancia que dejó a Roshi con la boca abierta. Luego, aprovechando el impulso de Launch, Bulma le propinó un codazo en el estómago que le sacó todo el aire (y algo más de gas) a la delincuente.
—¡Esto es por hacerme pasar esta vergüenza en público! —exclamó Bulma.
La peliazul comenzó una serie de ataques rápidos. Patada alta, golpe de palma, y un barrido de piernas que mandó a Launch al suelo. Launch intentó defenderse lanzando más "proyectiles" de su cuerpo, pero Bulma simplemente contenía la respiración por precaución y seguía golpeando.
Finalmente, Bulma agarró a Launch por el brazo y, utilizando la fuerza que había ganado cargando piedras en la isla de Roshi, la lanzó por los aires.
—¡Y esto es por no lavar mi ropa la semana pasada! —gritó Bulma mientras Launch volaba hacia fuera del ring.
Launch aterrizó con un estruendo fuera del área de combate, levantando una nube de polvo que, para alivio de todos, parecía disipar un poco el hedor. El árbitro señaló a la peliazul.
—¡La ganadora es Bulma! —anunció el presentador, mientras se ponía una máscara de gas que había sacado de quién sabe dónde.
Bulma levantó los brazos en señal de victoria, aunque inmediatamente se arrepintió al notar que el olor de Launch se le había pegado a la ropa.
—¡Necesito una ducha de tres horas! —gritó Bulma, bajando del ring a toda prisa hacia las duchas.
Goku y Krillin se acercaron para felicitarla, pero se mantuvieron a una distancia prudencial de cinco metros.
—¡Estuviste genial, Bulma! —dijo Goku con su inocencia habitual—. Aunque ahora hueles un poco como el abuelito cuando se olvidaba de limpiar la chimenea.
—¡Cállate, Goku! —respondió ella, aunque con una sonrisa de satisfacción.
Mientras tanto, en el suelo, Launch estornudó con fuerza. Una pequeña nube de polvo entró en su nariz y, en un instante, su cabello cambió de rubio a azul. La Launch dulce y amable parpadeó, mirando a su alrededor confundida.
—¿Eh? ¿Qué hago aquí fuera? —preguntó con voz suave—. ¡Oh, cielos! ¿Por qué huelo tan mal? ¿Acaso me caí en una alcantarilla?
En la entrada de los vestidores, Bulma se detuvo y miró hacia atrás. Ver a la Launch amable tan confundida le dio un poco de lástima, pero luego recordó el "tratamiento" que acababa de recibir y su compasión desapareció.
—¡Maestro Roshi! —gritó Bulma—. ¡Más le vale que la siguiente oponente use perfume, o juro que lanzaré una bomba de olor en su habitación esta noche!
Roshi rió nerviosamente, rascándose la nuca. El torneo seguía adelante, y aunque el combate no había sido el más técnico, ciertamente sería el más recordado por las fosas nasales de todos los presentes. Bulma había demostrado que, en el mundo de las artes marciales, la ciencia, un buen resfriado y una voluntad de hierro podían vencer incluso a la peste más persistente.
—Recuerda lo que entrenamos con el Maestro Roshi, Bulma —dijo Krillin, tragando saliva—. No dejes que su... "estilo" te distraiga.
—¡Es asqueroso! —exclamó Bulma, señalando hacia el otro lado del ring—. ¿Cómo es posible que Launch se haya vuelto así? ¡Desde que estornudó esta mañana y se puso rubia, parece que no ha tocado el jabón en décadas!
En el rincón opuesto, Launch, en su forma rubia y agresiva, se rascaba la espalda con una intensidad alarmante. Al no poder subir armas al ring por las estrictas reglas del torneo, la mujer había decidido que, si no podía usar balas, usaría la guerra biológica. Se hurgaba la nariz con descaro y lanzaba miradas asesinas a la peliazul.
—¡Espero que estés lista, niñita rica! —gritó Launch con una voz ronca—. ¡Voy a hacer que desees no tener nariz!
El presentador, con su característico micrófono y gafas de sol, saltó al centro del cuadrilátero.
—¡Y ahora, el combate más... peculiar de la jornada! ¡La brillante inventora Bulma contra la temible y poco higiénica Launch! ¡Comiencen!
Bulma se puso en guardia, recordando los meses de cargar caparazones de tortuga y repartir leche. Se sentía fuerte, sus músculos estaban tonificados, pero nada en el entrenamiento de Roshi la había preparado para el olor que emanó de Launch cuando esta comenzó a caminar hacia ella.
—¡Puaj! ¡Launch, por todos los cielos! —Bulma se tapó la nariz con una mano mientras retrocedía—. ¡Hueles como si un dinosaurio hubiera muerto dentro de un basurero!
Launch soltó una carcajada ronca y se pasó la mano por la axila antes de lanzarla al aire hacia Bulma.
—¡Es mi esencia de victoria, preciosa! —rugió Launch mientras se lanzaba al ataque.
Bulma esquivó un golpe de puño, pero el simple movimiento del brazo de Launch desprendió una ráfaga de aire tan viciado que la científica sintió que se le nublaba la vista. Retrocedió tambaleándose, con los ojos llorosos.
—¡Esto es trampa! ¡Árbitro, esto tiene que ser ilegal! —gritó Bulma, aguantando la respiración.
—¡No hay ninguna regla que prohíba no bañarse, jovencita! —respondió el árbitro, tapándose él mismo la nariz con un pañuelo.
Launch aprovechó la distracción y se lanzó al suelo, girando sobre sí misma para propinar una patada baja. Bulma, gracias a sus reflejos mejorados, saltó en el aire, pero Launch no se detuvo. Al levantarse, se rascó el trasero con saña y luego intentó abofetear a Bulma con esa misma mano.
—¡Ni lo sueñes! —Bulma dio una voltereta hacia atrás, aterrizando cerca del borde del ring—. ¡Eres una marrana! ¡Una completa marrana!
—¡Dime lo que quieras, pero no puedes golpearme si no puedes acercarte! —se burló Launch.
En las gradas, el Maestro Roshi observaba con seriedad, aunque tenía un hilillo de sangre saliendo de su nariz al ver a dos mujeres hermosas pelear, incluso si una de ellas apestaba a rayos.
—Bulma está en problemas —comentó Roshi—. Launch ha convertido su falta de higiene en una armadura impenetrable. Si Bulma no encuentra la forma de ignorar el olor, perderá por asfixia antes de que pueda conectar un golpe.
De vuelta en el ring, Launch decidió subir el nivel. Se llevó las manos a la boca y comenzó a soplar hacia Bulma, lanzando un aliento que visualmente parecía una neblina verde.
—¡Toma mi "Aliento de Dragón Recalentado"! —gritó Launch.
Bulma sintió que las rodillas le flaqueaban. El olor era una mezcla de ajo podrido, tabaco viejo y calcetines usados. Se desplomó sobre una rodilla, tosiendo violentamente.
—No puedo... es demasiado... —jadeó Bulma, viendo cómo Launch se acercaba para darle el golpe de gracia.
Launch se detuvo frente a ella, triunfante. Se dio la vuelta, levantando una pierna con una sonrisa maliciosa.
—¡Y aquí tienes el postre! —anunció Launch.
Un sonido sordo y vibrante resonó en todo el estadio. Un gas invisible pero letal golpeó directamente el rostro de Bulma. El público guardó silencio por un segundo antes de estallar en gritos de asco.
Bulma se quedó petrificada. Sus ojos se pusieron en blanco y cayó de espaldas, con la lengua fuera. El árbitro comenzó la cuenta.
—¡Uno! ¡Dos! ¡Tres!
—¡Bulma, levántate! —gritó Goku desde la banda—. ¡Recuerda que tú tampoco eres perfecta!
—¡Bulma! —vociferó Krillin—. ¡Tú no tienes nariz! ¡Espera, no, esa es mi broma! ¡Bulma, reacciona!
En su estado de semiinconsciencia, Bulma escuchó las voces de sus amigos. De repente, una chispa de lógica científica iluminó su cerebro. Recordó algo fundamental sobre su propia anatomía y sobre el entrenamiento que había seguido.
—Espera un minuto... —murmuró Bulma mientras el árbitro llegaba al número ocho.
Se levantó de golpe, sacudiendo la cabeza. Launch, que ya estaba celebrando, se quedó boquiabierta.
—¿Cómo es posible? —preguntó la rubia—. ¡Ese fue mi mejor disparo! ¡Incluso las moscas caen muertas con ese!
Bulma se limpió la cara con la manga y sonrió con una suficiencia que solo una Briefs podía poseer.
—Launch, eres una idiota —dijo Bulma con calma—. He pasado los últimos tres años trabajando en laboratorios con químicos volátiles, ácidos sulfúricos y combustibles experimentales. ¿Crees que tu olor es peor que una explosión de propulsor de cápsula defectuoso? Además... ¡estoy tan resfriada por el aire acondicionado del hotel que tengo los senos paranasales completamente bloqueados! ¡No huelo nada!
Launch retrocedió un paso, visiblemente nerviosa. Su arma principal había sido neutralizada por una congestión nasal y años de exposición a químicos.
—¡Imposible! —chilló Launch—. ¡Aun así, no me tocarás!
Launch se lanzó hacia adelante con un grito de furia, pero Bulma ya no tenía miedo. Esquivó el primer golpe con una elegancia que dejó a Roshi con la boca abierta. Luego, aprovechando el impulso de Launch, Bulma le propinó un codazo en el estómago que le sacó todo el aire (y algo más de gas) a la delincuente.
—¡Esto es por hacerme pasar esta vergüenza en público! —exclamó Bulma.
La peliazul comenzó una serie de ataques rápidos. Patada alta, golpe de palma, y un barrido de piernas que mandó a Launch al suelo. Launch intentó defenderse lanzando más "proyectiles" de su cuerpo, pero Bulma simplemente contenía la respiración por precaución y seguía golpeando.
Finalmente, Bulma agarró a Launch por el brazo y, utilizando la fuerza que había ganado cargando piedras en la isla de Roshi, la lanzó por los aires.
—¡Y esto es por no lavar mi ropa la semana pasada! —gritó Bulma mientras Launch volaba hacia fuera del ring.
Launch aterrizó con un estruendo fuera del área de combate, levantando una nube de polvo que, para alivio de todos, parecía disipar un poco el hedor. El árbitro señaló a la peliazul.
—¡La ganadora es Bulma! —anunció el presentador, mientras se ponía una máscara de gas que había sacado de quién sabe dónde.
Bulma levantó los brazos en señal de victoria, aunque inmediatamente se arrepintió al notar que el olor de Launch se le había pegado a la ropa.
—¡Necesito una ducha de tres horas! —gritó Bulma, bajando del ring a toda prisa hacia las duchas.
Goku y Krillin se acercaron para felicitarla, pero se mantuvieron a una distancia prudencial de cinco metros.
—¡Estuviste genial, Bulma! —dijo Goku con su inocencia habitual—. Aunque ahora hueles un poco como el abuelito cuando se olvidaba de limpiar la chimenea.
—¡Cállate, Goku! —respondió ella, aunque con una sonrisa de satisfacción.
Mientras tanto, en el suelo, Launch estornudó con fuerza. Una pequeña nube de polvo entró en su nariz y, en un instante, su cabello cambió de rubio a azul. La Launch dulce y amable parpadeó, mirando a su alrededor confundida.
—¿Eh? ¿Qué hago aquí fuera? —preguntó con voz suave—. ¡Oh, cielos! ¿Por qué huelo tan mal? ¿Acaso me caí en una alcantarilla?
En la entrada de los vestidores, Bulma se detuvo y miró hacia atrás. Ver a la Launch amable tan confundida le dio un poco de lástima, pero luego recordó el "tratamiento" que acababa de recibir y su compasión desapareció.
—¡Maestro Roshi! —gritó Bulma—. ¡Más le vale que la siguiente oponente use perfume, o juro que lanzaré una bomba de olor en su habitación esta noche!
Roshi rió nerviosamente, rascándose la nuca. El torneo seguía adelante, y aunque el combate no había sido el más técnico, ciertamente sería el más recordado por las fosas nasales de todos los presentes. Bulma había demostrado que, en el mundo de las artes marciales, la ciencia, un buen resfriado y una voluntad de hierro podían vencer incluso a la peste más persistente.
