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Marvel DC Boys reacciona veno diferente poderes de multiverso

Fandom: Marvel DC Boys

Creado: 29/4/2026

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El Elixir de los Dioses Caídos

La luz blanca fue tan intensa que, por un instante, los sentidos de todos los presentes se anularon. No hubo dolor, solo una sensación de vacío absoluto antes de que la gravedad volviera a reclamar sus cuerpos.

Tony Stark fue el primero en reaccionar, palpando su pecho por instinto. No llevaba la armadura. A su lado, Steve Rogers se ponía en pie con la agilidad de un super soldado, barriendo la sala con una mirada táctica. No estaban solos. Bruce Wayne se encontraba a pocos metros, ajustándose la capa con una expresión de sospecha gélida, mientras Clark Kent parpadeaba, confundido por la repentina ausencia de los sonidos del mundo exterior.

—¿Dónde estamos? —preguntó Peter Parker, cuya voz sonó inusualmente alta en el silencio de la estancia.

La sala era inmensa, una mezcla entre un teatro de lujo y una cámara de alta tecnología. Frente a ellos, una pantalla colosal dominaba la pared principal. Pero lo más inquietante no era el lugar, sino quiénes estaban allí. Separados por un pasillo central, un grupo de hombres con trajes tácticos y expresiones de hastío los observaban.

Billy Butcher se cruzó de brazos, escupiendo al suelo con desprecio.

—Genial —gruñó Butcher—. Más capas. Como si el mundo no estuviera ya lo suficientemente jodido.

—Cuidado con tu lenguaje, amigo —advirtió Thor, apretando el puño, aunque notó con extrañeza que el trueno no acudía a su llamado con la misma intensidad de siempre.

—¿Amigo? —Hughie Campbell dio un paso atrás, nervioso—. Billy, creo que esos tipos no son de Vought. Ese hombre... tiene una "S" en el pecho.

—No es una "S" —dijo Superman, acercándose con cautela—. Es un símbolo de esperanza. Soy Clark Kent. ¿Quiénes son ustedes?

Antes de que Butcher pudiera soltar una de sus habituales ofensas, las luces de la sala se atenuaron. Una voz incorpórea, carente de emoción, resonó desde las paredes.

—Bienvenidos. Han sido extraídos de sus realidades para contemplar la verdad detrás del poder. En sus mundos, el heroísmo es un ideal, un accidente o un destino. Pero hay lugares donde el poder es una mercancía. Siéntense. Observen el origen del Compuesto V.

—¿Compuesto V? —susurró Diana Prince, la Mujer Maravilla, sintiendo una punzada de inquietud—. No me gusta cómo suena eso.

Obligados por una fuerza invisible que los empujaba hacia las butacas, los héroes de Marvel y DC se sentaron. Los "Muchachos" de Butcher ocuparon la fila trasera, con Frenchie revisando sus armas y Leche Materna tratando de mantener la calma.

La pantalla se iluminó con un brillo azul eléctrico.

—Presten atención —dijo la voz—. En este universo, no hay dioses. Solo hay laboratorios.

La imagen mostró una oficina minimalista, fría y pulcra. Un hombre de piel oscura y mirada calculadora, Stan Edgar, sostenía un pequeño vial de cristal. Dentro, un líquido azul neón brillaba con una intensidad casi hipnótica.

—Eso es... hermoso —murmuró Tony Stark, aunque su tono era de puro análisis científico—. Pero la firma energética es inestable. No es magia, es química.

—Es veneno —escupió Butcher desde atrás.

En la pantalla, la escena cambió a un laboratorio clandestino durante la Segunda Guerra Mundial. Un científico de acento alemán, Frederick Vought, inyectaba el líquido en el brazo de una mujer. Los gritos de ella llenaron la sala de cine, haciendo que Steve Rogers apretara los reposabrazos con tanta fuerza que el metal crujió.

—¿Experimentos humanos? —Steve sintió que la bilis subía por su garganta—. Esto me recuerda a Hydra.

—Es peor que Hydra, Capitán —dijo Butcher, inclinándose hacia adelante—. Hydra quería dominar el mundo. Estos tipos quieren venderte el mundo y cobrarte una suscripción mensual por el aire que respiras.

La pantalla mostró entonces un montaje rápido y violento. Bebés en cunas de hospital, siendo inyectados sistemáticamente. Sus ojos brillando, sus pequeños cuerpos manifestando fuerzas que no podían comprender. El Compuesto V no era una elección; era un diseño corporativo.

—¿Están creando... superhéroes desde la infancia? —preguntó Barry Allen, horrorizado—. ¿Sin su consentimiento?

—Lo llaman "el milagro de la genética" —explicó la voz del cine—, pero es el mayor fraude de la historia de la humanidad. El Compuesto V otorga habilidades sobrehumanas, pero a un precio: la deshumanización del individuo.

De repente, la imagen se centró en un hombre que todos reconocieron por su porte, aunque el traje era diferente. Era rubio, con una capa que imitaba la bandera estadounidense y una sonrisa que no llegaba a sus ojos. Homelander.

—Él es el resultado —dijo la voz—. El pico del Compuesto V.

Clark Kent se enderezó, sus ojos azules fijos en la pantalla. Vio a Homelander atravesar el pecho de un hombre con la mano desnuda mientras mantenía una sonrisa mediática. Vio la crueldad, el narcisismo y la falta total de empatía.

—Él... es como yo —susurró Clark, con la voz quebrada—. Pero no tiene alma.

—No es como tú, Kent —dijo Bruce Wayne, cuya mente ya estaba trazando planes de contingencia—. Tú fuiste criado con amor en una granja. Él fue criado en un laboratorio, rodeado de científicos que lo trataban como un activo financiero. El Compuesto V no solo da poder; destruye la brújula moral.

—¡Exacto! —exclamó Butcher, señalando la pantalla—. Por fin alguien con cerebro. Ese líquido azul es la razón por la que el mundo está podrido. No son héroes. Son productos. Son jodidos yogures con superpoderes.

La pantalla mostró entonces una tabla comparativa. A un lado, los niveles de poder de los Vengadores y la Liga de la Justicia. Al otro, los de los Siete.

—Observen la diferencia —dijo la voz—. El poder de ustedes proviene del sol, de la magia, de la tecnología o de la mutación natural. El poder de ellos es sintético. Es adictivo.

—¿Adictivo? —preguntó Natasha Romanoff, que hasta entonces había permanecido en silencio—. ¿Como una droga?

—Exactamente —respondió la voz—. Muchos de los "héroes" de este mundo necesitan dosis constantes para mantener su nivel o para curarse. Y cuando se inyectan más de la cuenta... bueno, vean lo que le sucede a A-Train.

La imagen mostró a un velocista con el corazón a punto de estallar, sus venas resaltando como cables negros bajo la piel, sus ojos inyectados en sangre mientras corría a velocidades que su cuerpo apenas podía soportar.

—Eso es una aberración —dijo Thor, su voz retumbando como el trueno—. El poder debe ser ganado, o entregado por el destino con un propósito. Esto es... alquimia barata.

—Es el mercado libre, Ricitos —se burló Butcher—. Si puedes comprar un dios en una botella, ¿quién necesita rezar?

Peter Parker miraba la pantalla con una mezcla de tristeza y miedo. Él siempre se había sentido responsable por sus poderes, una carga que llevaba con orgullo pero también con dolor. Ver que en otro universo esa responsabilidad era simplemente un contrato de marketing le resultaba repugnante.

—Señor Stark... —susurró Peter—, si ese Compuesto V llegara a nuestro mundo...

—No lo hará, chico —le cortó Tony, aunque sus ojos no se apartaban de las fórmulas químicas que aparecían brevemente en la pantalla—. Pero fíjate en la ventaja que tienen. No tienen límites éticos. Su ventaja no es el poder físico, es que no tienen nada que perder porque nunca tuvieron nada real que defender.

—Su ventaja es el engaño —añadió Bruce Wayne—. El mundo cree que son salvadores. Esa es la armadura más fuerte que existe.

La pantalla se oscureció y volvió a mostrar el vial azul.

—Este es el primer capítulo de su lección —dijo la voz—. El Compuesto V es el origen de todo el mal en ese universo. Pero hay algo más que deben saber. No todos los que lo usan son villanos por elección. Algunos son víctimas. Y otros... lo usan para combatir el fuego con fuego.

La imagen mostró a Billy Butcher inyectándose una variante del compuesto, sus ojos brillando con un calor amarillento antes de lanzar ráfagas de energía.

—¿Tú también? —Steve Rogers se giró para mirar a Butcher con severa decepción—. Te conviertes en lo que odias.

Butcher se levantó, su gabardina ondeando ligeramente. Se enfrentó al Capitán América sin un ápice de miedo.

—Escúchame bien, Boy Scout. Cuando tienes que matar a un monstruo que puede volar y derretir tu cara con la mirada, no te pones a recitar el juramento a la bandera. Te pones a su nivel. Te ensucias las manos. El Compuesto V es una mierda, sí. Pero es la única mierda que nos da una oportunidad contra esos psicópatas.

—Hay otras formas —dijo Superman, poniéndose de pie también. La tensión en la sala era palpable. Dos filosofías de justicia chocaban frente a frente.

—No en mi mundo, de capa —respondió Butcher con una sonrisa torva—. En mi mundo, la esperanza murió el día que Vought salió a bolsa.

La pantalla parpadeó una última vez antes de mostrar un mapa de las diferentes Tierras.

—La reacción apenas comienza —anunció la voz—. Han visto el origen. Ahora verán las consecuencias. El Compuesto V no solo crea "héroes". Crea monstruos. Y pronto, verán qué sucede cuando esos monstruos deciden que ya no necesitan a sus creadores.

—¿Qué vamos a ver ahora? —preguntó Hughie, temblando ligeramente.

—Verán el día que el cielo se tiñó de rojo —respondió la voz—. Verán la caída de los Siete.

Tony Stark miró a Bruce Wayne. Ambos genios compartieron una mirada de entendimiento silencioso. Sabían que este conocimiento era peligroso, pero también necesario. Si existía una posibilidad de que esa sustancia cruzara las barreras del multiverso, debían estar preparados.

—Bueno —dijo Tony, recostándose en su asiento y cruzando las piernas—, supongo que es hora de ver cómo se rompe un dios de plástico.

Butcher soltó una carcajada seca y sacó un matraz de metal de su bolsillo, dándole un largo trago.

—Ponte cómodo, Stark. Esto no va a ser una película de Disney.

La pantalla se iluminó de nuevo, esta vez mostrando un estadio lleno de gente gritando, banderas ondeando y una música heroica que sonaba profundamente falsa. En el centro del escenario, Homelander descendía del cielo, con los brazos abiertos como un salvador, mientras en las sombras, un grupo de hombres armados con nada más que odio y voluntad se preparaba para lo inevitable.

El multiverso estaba a punto de colisionar, no con una explosión, sino con el siseo de una jeringa penetrando la carne. El Compuesto V era la ventaja, la maldición y el fin de la inocencia. Y los héroes de dos mundos apenas estaban empezando a entender que, a veces, el mayor enemigo no es un supervillano, sino el contenido de un pequeño frasco azul.
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