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Tn (mujer) X Yan Block (hombre) +18

Fandom: Tn (mujer) X Yan Block (hombre) +18

Creado: 1/5/2026

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Entre el humo y la posesión

La música retumbaba en las paredes del estudio, un ritmo pesado de trap que hacía vibrar el suelo bajo mis pies. Yan estaba sentado frente a la consola, con los auriculares al cuello y un cigarrillo apagado entre los labios, concentrado en la pantalla llena de ondas de sonido. A mis ojos, se veía jodidamente bien: esa mezcla de talento bruto y una actitud de "me importa una mierda el mundo" que siempre me mantenía regresando a él.

Se suponía que éramos amigos con derechos. Un acuerdo sencillo, sin complicaciones, diseñado para dos personas que no tenían tiempo para cursilerías. Pero en el mundo de Yan Block, nada era sencillo. Menos cuando su naturaleza posesiva entraba en juego.

—¿Vas a seguir mirando el celular o vas a prestarme atención? —soltó de repente, sin girarse. Su voz era ronca, cargada de ese acento puertorriqueño que me erizaba la piel.

—Solo estoy respondiendo un mensaje, Yan. No seas dramático —respondí, dejando el teléfono sobre el sofá de cuero.

Él giró la silla lentamente. Sus ojos oscuros estaban fijos en mí, analizándome. Tenía esa mirada que parecía querer marcar territorio sin decir una sola palabra. Se puso en pie, caminando hacia mí con esa seguridad felina que lo caracterizaba.

—¿Quién es? —preguntó, deteniéndose justo frente a mis piernas.

—Un amigo del trabajo. Quiere saber si voy a ir a la fiesta de mañana —dije, tratando de sonar indiferente.

Yan soltó una risa seca, carente de humor. Se inclinó hacia delante, apoyando las manos en el respaldo del sofá, atrapándome en su espacio personal. El aroma a colonia cara y tabaco me inundó los sentidos.

—No vas a ir —sentenció. No era una sugerencia, era una orden.

—¿Ah, sí? ¿Y quién decidió eso? —Lo desafié, levantando la barbilla.

—Yo —respondió él, acercando su rostro al mío hasta que nuestras narices se rozaron—. Porque mañana te quedas conmigo. Y porque no me gusta cómo ese cabrón te mira en las fotos de Instagram.

—Yan, no somos nada oficial. No puedes decirme qué hacer.

Él soltó una carcajada baja, una que vibró en mi pecho. Sus manos bajaron de los respaldos para posarse en mis muslos, apretando con una firmeza que me hizo soltar un suspiro entrecortado.

—¿Ah, no? —susurró contra mis labios—. Ven acá y dime eso otra vez mientras me miras a los ojos. Dime que no eres mía, TN.

El ambiente en el estudio cambió drásticamente. La tensión profesional y la música de fondo desaparecieron, dejando solo el pulso acelerado de dos personas que sabían perfectamente hacia dónde iba esto. Yan siempre era así: intenso, hormonal, un volcán a punto de entrar en erupción cada vez que sentía que alguien más caminaba cerca de lo que él consideraba su propiedad.

—Eres un idiota celoso —murmuré, aunque mis manos ya estaban enredándose en su cabello.

—Soy tu idiota —corrigió él, antes de cerrar la distancia y besarme con una urgencia que me dejó sin aliento.

Sus besos sabían a deseo acumulado y a una posesividad que, aunque intentara negar, me volvía loca. Me levantó del sofá como si no pesara nada, sentándome sobre la mesa de mezclas. Los botones y palancas se clavaban en mis muslos, pero no me importaba. Solo quería sentirlo a él.

—Yan, alguien podría entrar... —logré decir entre jadeos cuando sus labios bajaron a mi cuello, succionando la piel sensible justo encima de la clavícula.

—Que entren —gruñó él—. Que vean de quién eres. Que se enteren todos de que si te tocan, se buscan un problema conmigo.

—Me marcas como si fuera un objeto —protesté, aunque mi cuerpo lo buscaba con desesperación.

—No eres un objeto, nena —dijo él, separándose un segundo para mirarme con una intensidad que me quemaba—. Eres mi mujer. Aunque te hagas la difícil con el papelito de "amigos", tú sabes que en esta cama, y en este estudio, mando yo.

Sus manos bajaron a la cremallera de mi pantalón con una destreza que delataba cuántas veces habíamos hecho esto. Yan no era delicado; era fuego puro. Me despojó de la ropa con una impaciencia que me hacía sentir la mujer más deseada del mundo. Cuando su piel entró en contacto directo con la mía, solté un gemido que se perdió en su boca.

—Dilo —me pidió, su voz bajando a un nivel casi inaudible mientras sus dedos jugaban con mi intimidad, llevándome al borde del abismo—. Di que no vas a ir a ningún lado sin mí.

—No voy a ir... —logré articular, arqueando la espalda bajo su toque—. Solo quiero estar aquí. Contigo.

—Así me gusta —susurró con una sonrisa arrogante, esa que solo aparecía cuando ganaba—. Bien sumisa para mí.

El encuentro fue explosivo, como siempre lo era con él. En el estudio, rodeados de micrófonos y cables, Yan me recordó por qué no podía alejarme. Cada embestida era un reclamo, cada caricia era una marca invisible que decía "propiedad de Yan Block". Su energía era inagotable, llevándome una y otra vez al clímax hasta que mis piernas temblaron y mi voz se quebró de tanto llamarlo.

Cuando finalmente terminamos, el silencio del estudio era solo interrumpido por nuestras respiraciones agitadas. Él me mantenía abrazada contra su pecho, su corazón latiendo con fuerza contra mi espalda.

—¿Todavía quieres ir a la fiesta? —preguntó, su tono ahora más relajado, casi juguetón.

—Ni siquiera puedo caminar, Yan. Ganaste, ¿contento?

Lo sentí sonreír contra mi hombro. Me dio un beso tierno en la nuca, un contraste total con el hombre dominante de hacía unos minutos.

—Siempre gano, TN. Especialmente cuando se trata de ti.

Se levantó y me ayudó a vestirme, aunque sus manos seguían recorriendo mi cuerpo con una familiaridad que me hacía sentir segura. Se sentó de nuevo en su silla y me hizo sentarme en su regazo, rodeándome con sus brazos mientras volvía a encender la pantalla del ordenador.

—Escucha esto —dijo, dándole al "play" a una pista nueva.

La letra hablaba de una mujer que lo volvía loco, de la necesidad de tenerla cerca y de cómo no soportaba que otros la miraran. Era cruda, directa y llena de la pasión que acabábamos de compartir.

—¿Es para mí? —pregunté, recostando mi cabeza en su hombro.

—¿Para quién más va a ser? —respondió, dándome un apretón en la cintura—. Eres mi musa, aunque seas una malcriada que me hace perder los estribos.

—Tú eres el que tiene problemas de control, Yan.

—Tengo problemas de control porque tú no te das cuenta de lo que provocas —dijo, girando mi rostro para darme un beso corto pero cargado de significado—. Pero no te preocupes, que yo estoy aquí para recordártelo todos los días.

En ese momento, comprendí que lo de "amigos con derechos" era solo una etiqueta que usábamos para protegernos. Lo que había entre nosotros era mucho más oscuro, profundo y posesivo. Era un vínculo que se alimentaba de celos, de música y de una química innegable que ninguno de los dos estaba dispuesto a soltar.

—Quédate a dormir en mi casa hoy —dijo de repente, mientras sus dedos volvían a juguetear con el borde de mi camiseta.

—Tengo ropa en mi apartamento, Yan...

—Te pones una de mis camisas. Me gusta más cómo te quedan a ti que a mí. Además, así hueles a mí todo el tiempo.

Solté una risita y lo besé. No tenía sentido pelear contra la corriente. Con Yan Block, siempre terminaba donde él quería, pero lo cierto era que no había ningún otro lugar en el mundo donde prefiriera estar.

—Está bien —cedí—. Pero tú cocinas.

—Trato hecho, mami —respondió él, apagando las luces del estudio y guiándome hacia la salida, sin soltar mi mano ni por un segundo, como si temiera que, de hacerlo, alguien pudiera intentar robársela.

Afuera, la noche de San Juan estaba fresca, pero dentro de mí, el fuego que Yan había encendido seguía ardiendo con la misma intensidad. Sabía que mañana habría más celos, más discusiones por fotos o mensajes, pero también sabía que al final del día, sus brazos serían el único lugar donde encontraría esa paz caótica que tanto me gustaba.
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