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Romance

Fandom: Dooshik, x TN (mujer)

Creado: 4/5/2026

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RomanceCrimenOscuroDramaCelosNoirPsicológico
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Café, Sangre y Obsesión

El aroma a granos de café recién tostados solía ser lo único que lograba calmar los nervios de Dooshik después de una noche larga. Para un hombre cuya vida se definía por los callejones oscuros, los negocios turbios y el frío metal de una pistola, aquel pequeño establecimiento en la esquina de la calle 14 era su único refugio de normalidad. Sin embargo, esa mañana, la normalidad se hizo añicos en el momento en que la vio.

Dooshik era un hombre que imponía respeto con solo su presencia. Su estatura era imponente, y la musculatura que se adivinaba bajo su camisa blanca impecable delataba años de entrenamiento y violencia. Su piel, pálida y tersa, contrastaba con la oscuridad del mundo de la mafia al que pertenecía. Pero detrás de esa fachada de ejecutor, Dooshik era alguien que sentía con una intensidad abrumadora. Cuando amaba, amaba hasta la médula; cuando deseaba, su voluntad se volvía ley.

Ese día, ella estaba detrás del mostrador.

—Bienvenido a "El Refugio", ¿qué puedo servirle? —preguntó T/N con una sonrisa que, para Dooshik, brilló más que cualquier diamante que hubiera robado.

Él se quedó mudo por un segundo, algo inaudito en un hombre de su posición. Sus ojos recorrieron el rostro de la joven, memorizando cada detalle: la forma en que sus pestañas rozaban sus mejillas al parpadear, la suavidad de su voz y la manera en que su cabello caía sobre sus hombros. No era solo belleza; era una pureza que él no sabía que todavía existía en Seúl.

—Un café negro —logró decir Dooshik, su voz profunda resonando en el pequeño local—. Sin azúcar.

T/N asintió y comenzó a preparar el pedido. Dooshik no apartó la mirada de ella. Sus manos eran ágiles y delicadas. Sintió una punzada extraña en el pecho, una mezcla de fascinación y una posesividad instantánea que lo golpeó como un rayo.

—Aquí tiene —dijo ella, extendiendo la taza—. Son cinco mil wones.

Él sacó un billete de cincuenta mil y lo dejó sobre el mostrador, rozando "accidentalmente" los dedos de ella al hacerlo. La piel de T/N estaba tibia, y el contacto envió una descarga eléctrica a través del cuerpo musculoso de Dooshik.

—Quédese con el cambio —murmuró él, sosteniendo su mirada.

—Oh, es demasiado, señor... —T/N pareció dudar, un leve sonrojo tiñendo sus mejillas.

—Dooshik —la interrumpió él, con una suavidad que habría sorprendido a sus subordinados—. Me llamo Dooshik. ¿Y tú eres?

—T/N —respondió ella, tímidamente—. Gracias, señor Dooshik. Es muy amable.

Amable. La palabra resonó en su cabeza. Nadie en el sindicato lo llamaría amable. Lo llamaban "El Perro Blanco" o "La Sombra", pero ella lo veía de otra manera. Y en ese instante, Dooshik decidió que haría cualquier cosa para que ella lo siguiera viendo así, incluso si tenía que esconder el rastro de sangre que dejaba a sus espaldas.

A partir de ese día, la cafetería se convirtió en el centro de su universo. Dooshik aparecía todas las mañanas a la misma hora, ocupando la mesa del rincón desde donde tenía una vista perfecta del mostrador. Observaba quién entraba, quién salía y, sobre todo, quién se atrevía a hablar con T/N.

Su obsesión crecía con cada visita. Había empezado a investigar. Sabía dónde vivía, qué autobús tomaba y que le gustaba leer novelas románticas en su hora de almuerzo. No era solo vigilancia; era una necesidad vital de saber que ella estaba a salvo, y que era suya, aunque ella aún no lo supiera.

Una tarde lluviosa, la cafetería estaba casi vacía. Un hombre joven, un cliente habitual que parecía demasiado familiarizado con T/N, se inclinó sobre el mostrador y le tocó el brazo mientras reía.

—Vamos, T/N, solo una cena —dijo el tipo con una sonrisa arrogante—. Sé que sales a las seis.

Dooshik, que estaba sentado al fondo, sintió que la sangre le hervía. Sus manos se cerraron en puños, haciendo que sus nudillos se pusieran blancos. La mandíbula se le tensó y sus ojos se oscurecieron con una furia fría.

—Ya te he dicho que no puedo, Minho —respondió T/N, tratando de retirar el brazo con cortesía—. Tengo mucho trabajo.

—No seas así, solo será un momento —insistió el hombre, apretando ligeramente el agarre.

Dooshik no esperó más. Se levantó con una gracia felina, su imponente figura proyectando una sombra larga sobre el suelo de madera. En tres zancadas estuvo frente al mostrador.

—La señorita ha dicho que no —dijo Dooshik, su voz era un susurro peligroso que cortó el aire.

El tal Minho se dio la vuelta, dispuesto a quejarse, pero se quedó mudo al ver a Dooshik. La diferencia de tamaño y la intensidad asesina en los ojos del mafioso fueron suficientes para que el joven retrocediera un paso, soltando a T/N de inmediato.

—Yo... solo estábamos bromeando —balbuceó el chico, pálido.

—No me pareció gracioso —sentenció Dooshik, dando un paso más hacia él, invadiendo su espacio personal—. Si vuelves a ponerle una mano encima, te aseguro que no volverás a usarla para nada más. ¿He sido claro?

El joven asintió frenéticamente, recogió sus cosas y salió corriendo de la cafetería bajo la lluvia torrencial.

El silencio reinó en el local, solo roto por el sonido de la cafetera de fondo. Dooshik soltó un suspiro largo, tratando de calmar los latidos de su corazón. No quería asustar a T/N, pero la idea de otro hombre tocándola lo volvía loco de celos. Se giró hacia ella, suavizando su expresión de inmediato.

—¿Estás bien? —preguntó, su tono cambiando radicalmente a uno lleno de preocupación—. Siento si fui demasiado brusco.

T/N lo miraba con los ojos muy abiertos, pero no había miedo en ellos, sino una especie de asombro mezclado con gratitud.

—Estoy bien, gracias —respondió ella en voz baja—. Él... a veces no sabe cuándo detenerse. Gracias por defenderme, Dooshik.

Dooshik sintió que su corazón se derretía al oír su nombre salir de sus labios. Se acercó un poco más, apoyando sus grandes manos sobre el mostrador.

—No tienes que agradecerme nada —dijo él, mirándola fijamente—. No soporto ver que alguien te molesta. Eres... eres demasiado valiosa para que alguien te trate sin respeto.

T/N bajó la mirada, sonrojada.

—Eres muy amable conmigo —murmuró ella—. A veces me pregunto por qué un hombre como tú viene aquí todos los días. Pareces alguien muy ocupado.

Dooshik soltó una pequeña risa amarga. Si ella supiera en qué consistían sus ocupaciones. Pero en ese momento, decidió ser honesto con sus sentimientos, algo que siempre le resultaba natural a pesar de su profesión.

—Vengo por ti, T/N —confesó él, sin apartar la vista—. Al principio fue por el café, pero ahora... no puedo pasar un día sin verte. Me he vuelto adicto a tu sonrisa.

T/N levantó la vista, sorprendida por la franqueza del hombre. Dooshik no era como los otros hombres que conocía; había una intensidad en él que era a la vez aterradora y magnética.

—Dooshik... yo no sé qué decir —respondió ella, con el corazón latiendo a mil por hora.

—No tienes que decir nada ahora —dijo él, estirando una mano para acariciar con suavidad un mechón de su cabello—. Solo quiero que sepas que estoy aquí. Que siempre voy a estar aquí para cuidarte.

—¿Por qué? —preguntó ella en un susurro—. Apenas me conoces.

—Te conozco más de lo que crees —respondió él, y por un segundo, su faceta de mafioso obsesivo se asomó por sus ojos—. Y lo que no sé, me muero por descubrirlo.

En ese momento, el teléfono de Dooshik vibró en su bolsillo. Era un mensaje de uno de sus hombres. Un problema en el muelle que requería su atención inmediata. Una ejecución, probablemente. Maldijo para sus adentros. No quería dejarla, no ahora que finalmente había roto el hielo.

—Tengo que irme —dijo, su voz volviéndose seria de nuevo—. Pero volveré mañana. ¿Me esperarás?

T/N asintió lentamente, dándole una pequeña sonrisa.

—Aquí estaré, Dooshik.

Él le devolvió la sonrisa, una que no llegaba a menudo a su rostro, y salió del local. En cuanto cruzó la puerta, su expresión se transformó en una máscara de frialdad. Sacó su teléfono y marcó un número.

—Dime —respondió una voz al otro lado.

—Ese tipo, Minho, el que frecuenta la cafetería de la calle 14 —ordenó Dooshik mientras caminaba hacia su coche de lujo negro—. Búscalo. Dale una advertencia. Que no se vuelva a acercar a esa zona. Si lo hace... ya sabes qué hacer.

—Entendido, jefe. ¿Algo más?

Dooshik se detuvo antes de entrar al coche y miró hacia la vidriera de la cafetería, donde T/N estaba limpiando el mostrador.

—Sí —añadió con voz posesiva—. Pon a dos hombres a vigilar el lugar las veinticuatro horas. Que no la pierdan de vista. Si alguien la mira mal, quiero saberlo. Ella es mía.

Subió al coche y arrancó, dejando atrás el aroma a café por el olor a pólvora que le esperaba. Su obsesión apenas estaba comenzando, y no se detendría ante nada para asegurarse de que T/N fuera parte de su mundo, incluso si tenía que quemar el resto del mundo para mantenerla a salvo en su centro.

A la mañana siguiente, Dooshik regresó, tal como prometió. Pero esta vez, no se sentó en la mesa del rincón. Se quedó junto al mostrador mientras ella preparaba su café.

—¿Has descansado bien? —preguntó él, observando las ligeras ojeras bajo los ojos de ella.

—Un poco —admitió T/N—. Tuve unos sueños extraños.

—¿Ah, sí? —Dooshik se inclinó hacia delante, su presencia llenando el espacio de ella—. Espero que yo estuviera en ellos.

T/N rió, un sonido que para Dooshik era la mejor música del mundo.

—Tal vez —respondió ella, entregándole su taza—. Eres muy directo, ¿verdad?

—La vida es demasiado corta para andarse con rodeos, T/N —dijo él, su mirada volviéndose intensa—. Especialmente cuando encuentras algo que realmente quieres.

—¿Y qué es lo que quieres, Dooshik? —preguntó ella, desafiándolo suavemente.

Dooshik dejó la taza sobre el mostrador y se acercó lo suficiente como para que ella pudiera sentir el calor que emanaba de su cuerpo musculoso. Sus ojos blancos y profundos se clavaron en los de ella con una sinceridad brutal.

—Te quiero a ti —dijo él sin dudar—. Quiero ser el hombre que te proteja, el hombre que te haga reír y el único hombre que tenga el derecho de estar a tu lado.

T/N se quedó sin aliento. La intensidad de Dooshik era abrumadora, pero no se sentía amenazada. Había algo en su amabilidad, en la forma en que la trataba como si fuera lo más preciado del universo, que la atraía irremediablemente.

—Eso es mucho pedir —susurró ella.

—Tengo paciencia —respondió él, rozando su mejilla con el dorso de su mano—. Y tengo los medios para darte todo lo que desees. Solo dame una oportunidad de demostrártelo.

—¿Una oportunidad? —repitió ella.

—Sal conmigo esta noche —pidió Dooshik—. Solo una cena. Sin interrupciones, sin tipos molestos. Solo tú y yo.

T/N lo miró, viendo al hombre detrás del traje caro y los hombros anchos. Vio la vulnerabilidad en su expresión, el deseo genuino de conectar con alguien más allá de la violencia que su cuerpo sugería.

—Está bien —aceptó ella finalmente—. A las ocho.

La alegría que iluminó el rostro de Dooshik fue tan radiante que T/N no pudo evitar sonreír también.

—Pasaré a buscarte —dijo él, su voz llena de una emoción contenida—. No llegues tarde, preciosa.

Dooshik salió de la cafetería caminando sobre nubes. Sin embargo, en su mente, los engranajes ya estaban girando. Tenía que preparar todo. El restaurante sería cerrado solo para ellos. El camino estaría vigilado. Nadie arruinaría su noche con T/N.

Porque para Dooshik, T/N no era solo una mujer de la que se había enamorado. Ella era su redención, su obsesión y, a partir de ahora, su propiedad más sagrada. Y en el mundo de la mafia, lo que Dooshik quería, Dooshik lo mantenía para siempre.
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