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Sick for you (Problematico)
Fandom: Overwatch
Creado: 6/5/2026
Etiquetas
AcciónDramaAngustiaDolor/ConsueloCiencia FicciónSilkpunkEstudio de PersonajeAventuraRomanceMención de Incesto
Reflejos en el Estanque de Jade
El aire en la Universidad Wuxing siempre olía a una mezcla de incienso antiguo y ozono purificado. Era una fragancia que, para la mayoría de los estudiantes, representaba el prestigio y la excelencia. Para Wuyang Ye, sin embargo, ese aroma era el recordatorio constante de que caminaba por pasillos donde sus pasos resonaban con un tono diferente al de su linaje.
Wuyang se encontraba en el ala este del Colegio de Agua, un lugar donde la arquitectura se fundía con cascadas artificiales que fluían desafiando la gravedad. Sus dedos, envueltos en guantes técnicos de color azul cobalto, acariciaban el metal frío de su bastón canalizador. A diferencia de las armas explosivas de la Facultad de Fuego, su bastón era una herramienta de equilibrio. Era fluido, resiliente, capaz de sanar una herida o desviar un proyectil con la suavidad de una corriente.
—Otra vez aquí, Wuyang. Siempre mirando el agua como si fuera a darte las respuestas que no encuentras en los libros.
La voz era firme, cargada de una autoridad que no necesitaba elevar el tono para hacerse notar. Wuyang no necesitó girarse para saber quién era. El calor que emanaba de su presencia era suficiente.
—No busco respuestas, Anran —respondió el joven con una sonrisa optimista, aunque sus ojos delataban un cansancio profundo—. Solo intento que el agua se mueva tan rápido como tus llamas. Pero parece que ella prefiere tomarse su tiempo.
Anran Ye caminó hacia él. Vestía su uniforme de combate estilizado, aquel que lucía con orgullo los emblemas de la Facultad de Fuego. Sus abanicos Zhuque colgaban de su cintura, listos para desplegarse en una danza de destrucción controlada. Se detuvo a su lado, observando el estanque de jade donde los pétalos de loto flotaban en una quietud perfecta.
—El agua no necesita ser rápida para ser letal —dijo ella, cruzándose de brazos—. Pero tú no estás pensando en la estrategia, ¿verdad? Estás pensando en la cena de ayer con nuestros padres.
Wuyang bajó la mirada, ajustándose una de las correas de su hombro. El silencio que siguió fue más pesado que cualquier reprimenda.
—Papá ni siquiera me preguntó por mis exámenes de hidrodinámica —susurró Wuyang—. Pasó toda la noche hablando de tu ascenso a líder de escuadrón y de cómo el apellido Ye vuelve a brillar en la Facultad de Fuego. Soy el primer Ye en tres generaciones que termina en el Colegio de Agua, Anran. Para ellos, soy el que limpia las cenizas que tú dejas.
Anran frunció el ceño y, por un momento, la llama de su temperamento pareció chisporrotear en sus ojos. Dio un paso hacia él, invadiendo su espacio personal con esa intensidad que la caracterizaba.
—Escúchame bien —le espetó, tomándolo del mentón para obligarlo a mirarla—. Ellos ven el mundo a través de un visor de puntería. Solo entienden el poder que quema. Pero yo estuve allí, en Chengdu, cuando Null Sector nos rodeó. Vi cómo mantuviste esa barrera mientras yo me quedaba sin energía. Vi cómo sanaste a esos civiles mientras el cielo se caía. Si no fuera por tu "agua", yo sería solo un montón de cenizas en un memorial.
Wuyang suspiró, intentando absorber sus palabras, pero la sombra de la inferioridad era alargada.
—Lo sé, y te agradezco que siempre me defiendas ante ellos. Pero quiero estar a tu lado, Anran. No detrás de ti. No quiero ser el hermano que necesita ser protegido por la estrella de la familia.
Anran suavizó su expresión, un gesto que reservaba exclusivamente para él.
—Ya estás a mi lado. Overwatch no nos llamó por separado, Wuyang. Nos llamaron como una unidad. "Anrán Wúyàng". Sano y salvo. No funciona si falta una de las partes.
De repente, un pitido agudo interrumpió la intimidad del momento. El brazalete de comunicación de Anran se iluminó con una luz roja intermitente. Era una señal de alerta de nivel 4 emanando de los niveles inferiores del campus, cerca de los laboratorios de energía elemental.
—Parece que el entrenamiento tendrá que esperar —dijo Anran, recuperando instantáneamente su postura de combate—. Hay una brecha de seguridad en el sector de Metal. Algunas unidades ómnicas de entrenamiento han sido hackeadas.
—¿Null Sector de nuevo? —preguntó Wuyang, empuñando su bastón con firmeza. Su actitud alegre se desvaneció, reemplazada por la agilidad de un luchador—. ¿O es solo un error del sistema?
—No importa lo que sea. Es nuestra jurisdicción mientras estemos en el campus —Anran desplegó sus abanicos con un chasquido metálico que resonó en el jardín—. Vamos. Y no te atrevas a quedarte atrás.
Corrieron a través de los puentes de madera y las plazas tecnológicas de la universidad. El contraste era fascinante: bajo sus pies, los paneles solares de última generación se ocultaban bajo baldosas de piedra tallada a mano. Al llegar al sector de Metal, el caos era evidente. Varios robots de seguridad, manipulados por un virus externo, estaban atacando las estructuras de soporte, amenazando con derrumbar el ala de investigación.
—¡Wuyang, a la derecha! —gritó Anran mientras se lanzaba al aire.
Ella giró sobre sí misma, lanzando una ráfaga de fuego desde sus abanicos que impactó contra el chasis de un ómnico, fundiendo el metal al instante. Wuyang, por su parte, se movió con una fluidez asombrosa. Usó su bastón para impulsarse sobre una pared de bambú, cayendo con elegancia detrás de un grupo de drones.
—¡Controlando el flujo! —exclamó él.
Hizo girar su bastón, generando una onda de agua a alta presión que no solo derribó a los drones, sino que también extinguió las llamas residuales que Anran había dejado a su paso, evitando que el fuego se propagara a los edificios históricos.
—¡Cuidado con la estructura! —advirtió Wuyang mientras esquivaba un proyectil—. Si golpeas ese pilar con fuego, el templo de arriba colapsará.
—¡Entonces sosténlo tú! —respondió Anran, lanzándose hacia el núcleo del ataque.
Wuyang clavó su bastón en el suelo. Una cúpula de energía acuática comenzó a expandirse, actuando como un amortiguador para los escombros que caían y proporcionando un campo de curación acelerada para los pocos guardias que habían quedado atrapados en el fuego cruzado. Sus movimientos eran una danza; cada paso estaba calculado para redirigir la fuerza del enemigo contra sí mismo.
—¡Anran, ahora! —gritó Wuyang, detectando el punto débil en el servidor central de los ómnicos—. ¡Usa el calor para sobrecargar sus circuitos! ¡Yo mantendré la presión estable para que no exploten!
Anran confió ciegamente. Cerró sus abanicos y concentró toda su energía en un solo punto, una lanza de fuego blanco que atravesó el aire. Wuyang envolvió el ataque de su hermana con una corriente de agua fría, creando un efecto de choque térmico que neutralizó el sistema eléctrico de los robots sin causar una detonación masiva.
El silencio volvió al campus, interrumpido solo por el siseo del vapor que subía del metal caliente.
Anran se guardó los abanicos y se limpió una gota de sudor de la frente. Miró a su alrededor; a pesar de la intensidad del combate, los daños estructurales eran mínimos gracias a la intervención de su hermano.
—Nada mal para un estudiante de la Facultad de Agua —dijo ella, con un tono de voz que mezclaba la burla con un orgullo mal disimulado.
Wuyang se apoyó en su bastón, respirando con dificultad pero con una chispa de triunfo en sus ojos.
—Nada mal para una "prodigio" que casi quema el laboratorio de alquimia —replicó él, recuperando su optimismo habitual.
Caminaron de regreso hacia los jardines centrales mientras los equipos de mantenimiento de la universidad comenzaban a llegar. A lo lejos, pudieron ver la figura imponente de su padre, el General Ye, hablando con el rector. Su presencia siempre era como una tormenta en el horizonte.
—Va a estar furioso por el desorden —comentó Wuyang, sintiendo de nuevo esa punzada de ansiedad en el estómago.
Anran se detuvo y puso una mano sobre el hombro de su hermano.
—Que esté furioso. Hoy no se ha perdido ni una sola vida, y el campus sigue en pie. Y si intenta decir que el Colegio de Agua no es digno de este apellido, tendrá que decírmelo a mí primero.
Wuyang la miró, dándose cuenta de que, aunque el mundo los viera como el fuego y el agua, como el éxito y el intento, para Anran ellos eran simplemente dos partes de un todo necesario.
—Anran... —comenzó a decir él, buscando las palabras adecuadas—. ¿Crees que algún día dejen de compararnos?
—Probablemente no —admitió ella, volviendo a caminar hacia la figura de su padre con la cabeza en alto—. Pero mientras estemos juntos, no importa lo que digan. Tú eres el que me mantiene a salvo, Wuyang. Y yo soy la que se asegura de que nadie te apague.
Wuyang sonrió, ajustándose sus guantes azules. El camino por delante en Overwatch sería peligroso, lleno de misiones que pondrían a prueba su vínculo y su valor. Pero mientras caminaba a la sombra de su hermana, se dio cuenta de que no estaba allí para esconderse, sino para ser el reflejo que le daba claridad a su fuego.
—Anrán Wúyàng —susurró para sí mismo.
—¿Dijiste algo? —preguntó ella sin detenerse.
—Dije que te apures, hermana mayor —exclamó él, adelantándose con un salto ágil—. ¡O papá llegará a la cafetería antes que nosotros y nos obligará a escuchar sus historias de guerra otra vez!
Anran soltó una carcajada corta, un sonido raro y precioso, y corrió tras él. En los jardines de la Universidad Wuxing, entre el fuego del sol poniente y el agua de los estanques, los hermanos Ye demostraron que, a veces, la mayor fuerza no es la que destruye, sino la que sobrevive y protege.
Wuyang se encontraba en el ala este del Colegio de Agua, un lugar donde la arquitectura se fundía con cascadas artificiales que fluían desafiando la gravedad. Sus dedos, envueltos en guantes técnicos de color azul cobalto, acariciaban el metal frío de su bastón canalizador. A diferencia de las armas explosivas de la Facultad de Fuego, su bastón era una herramienta de equilibrio. Era fluido, resiliente, capaz de sanar una herida o desviar un proyectil con la suavidad de una corriente.
—Otra vez aquí, Wuyang. Siempre mirando el agua como si fuera a darte las respuestas que no encuentras en los libros.
La voz era firme, cargada de una autoridad que no necesitaba elevar el tono para hacerse notar. Wuyang no necesitó girarse para saber quién era. El calor que emanaba de su presencia era suficiente.
—No busco respuestas, Anran —respondió el joven con una sonrisa optimista, aunque sus ojos delataban un cansancio profundo—. Solo intento que el agua se mueva tan rápido como tus llamas. Pero parece que ella prefiere tomarse su tiempo.
Anran Ye caminó hacia él. Vestía su uniforme de combate estilizado, aquel que lucía con orgullo los emblemas de la Facultad de Fuego. Sus abanicos Zhuque colgaban de su cintura, listos para desplegarse en una danza de destrucción controlada. Se detuvo a su lado, observando el estanque de jade donde los pétalos de loto flotaban en una quietud perfecta.
—El agua no necesita ser rápida para ser letal —dijo ella, cruzándose de brazos—. Pero tú no estás pensando en la estrategia, ¿verdad? Estás pensando en la cena de ayer con nuestros padres.
Wuyang bajó la mirada, ajustándose una de las correas de su hombro. El silencio que siguió fue más pesado que cualquier reprimenda.
—Papá ni siquiera me preguntó por mis exámenes de hidrodinámica —susurró Wuyang—. Pasó toda la noche hablando de tu ascenso a líder de escuadrón y de cómo el apellido Ye vuelve a brillar en la Facultad de Fuego. Soy el primer Ye en tres generaciones que termina en el Colegio de Agua, Anran. Para ellos, soy el que limpia las cenizas que tú dejas.
Anran frunció el ceño y, por un momento, la llama de su temperamento pareció chisporrotear en sus ojos. Dio un paso hacia él, invadiendo su espacio personal con esa intensidad que la caracterizaba.
—Escúchame bien —le espetó, tomándolo del mentón para obligarlo a mirarla—. Ellos ven el mundo a través de un visor de puntería. Solo entienden el poder que quema. Pero yo estuve allí, en Chengdu, cuando Null Sector nos rodeó. Vi cómo mantuviste esa barrera mientras yo me quedaba sin energía. Vi cómo sanaste a esos civiles mientras el cielo se caía. Si no fuera por tu "agua", yo sería solo un montón de cenizas en un memorial.
Wuyang suspiró, intentando absorber sus palabras, pero la sombra de la inferioridad era alargada.
—Lo sé, y te agradezco que siempre me defiendas ante ellos. Pero quiero estar a tu lado, Anran. No detrás de ti. No quiero ser el hermano que necesita ser protegido por la estrella de la familia.
Anran suavizó su expresión, un gesto que reservaba exclusivamente para él.
—Ya estás a mi lado. Overwatch no nos llamó por separado, Wuyang. Nos llamaron como una unidad. "Anrán Wúyàng". Sano y salvo. No funciona si falta una de las partes.
De repente, un pitido agudo interrumpió la intimidad del momento. El brazalete de comunicación de Anran se iluminó con una luz roja intermitente. Era una señal de alerta de nivel 4 emanando de los niveles inferiores del campus, cerca de los laboratorios de energía elemental.
—Parece que el entrenamiento tendrá que esperar —dijo Anran, recuperando instantáneamente su postura de combate—. Hay una brecha de seguridad en el sector de Metal. Algunas unidades ómnicas de entrenamiento han sido hackeadas.
—¿Null Sector de nuevo? —preguntó Wuyang, empuñando su bastón con firmeza. Su actitud alegre se desvaneció, reemplazada por la agilidad de un luchador—. ¿O es solo un error del sistema?
—No importa lo que sea. Es nuestra jurisdicción mientras estemos en el campus —Anran desplegó sus abanicos con un chasquido metálico que resonó en el jardín—. Vamos. Y no te atrevas a quedarte atrás.
Corrieron a través de los puentes de madera y las plazas tecnológicas de la universidad. El contraste era fascinante: bajo sus pies, los paneles solares de última generación se ocultaban bajo baldosas de piedra tallada a mano. Al llegar al sector de Metal, el caos era evidente. Varios robots de seguridad, manipulados por un virus externo, estaban atacando las estructuras de soporte, amenazando con derrumbar el ala de investigación.
—¡Wuyang, a la derecha! —gritó Anran mientras se lanzaba al aire.
Ella giró sobre sí misma, lanzando una ráfaga de fuego desde sus abanicos que impactó contra el chasis de un ómnico, fundiendo el metal al instante. Wuyang, por su parte, se movió con una fluidez asombrosa. Usó su bastón para impulsarse sobre una pared de bambú, cayendo con elegancia detrás de un grupo de drones.
—¡Controlando el flujo! —exclamó él.
Hizo girar su bastón, generando una onda de agua a alta presión que no solo derribó a los drones, sino que también extinguió las llamas residuales que Anran había dejado a su paso, evitando que el fuego se propagara a los edificios históricos.
—¡Cuidado con la estructura! —advirtió Wuyang mientras esquivaba un proyectil—. Si golpeas ese pilar con fuego, el templo de arriba colapsará.
—¡Entonces sosténlo tú! —respondió Anran, lanzándose hacia el núcleo del ataque.
Wuyang clavó su bastón en el suelo. Una cúpula de energía acuática comenzó a expandirse, actuando como un amortiguador para los escombros que caían y proporcionando un campo de curación acelerada para los pocos guardias que habían quedado atrapados en el fuego cruzado. Sus movimientos eran una danza; cada paso estaba calculado para redirigir la fuerza del enemigo contra sí mismo.
—¡Anran, ahora! —gritó Wuyang, detectando el punto débil en el servidor central de los ómnicos—. ¡Usa el calor para sobrecargar sus circuitos! ¡Yo mantendré la presión estable para que no exploten!
Anran confió ciegamente. Cerró sus abanicos y concentró toda su energía en un solo punto, una lanza de fuego blanco que atravesó el aire. Wuyang envolvió el ataque de su hermana con una corriente de agua fría, creando un efecto de choque térmico que neutralizó el sistema eléctrico de los robots sin causar una detonación masiva.
El silencio volvió al campus, interrumpido solo por el siseo del vapor que subía del metal caliente.
Anran se guardó los abanicos y se limpió una gota de sudor de la frente. Miró a su alrededor; a pesar de la intensidad del combate, los daños estructurales eran mínimos gracias a la intervención de su hermano.
—Nada mal para un estudiante de la Facultad de Agua —dijo ella, con un tono de voz que mezclaba la burla con un orgullo mal disimulado.
Wuyang se apoyó en su bastón, respirando con dificultad pero con una chispa de triunfo en sus ojos.
—Nada mal para una "prodigio" que casi quema el laboratorio de alquimia —replicó él, recuperando su optimismo habitual.
Caminaron de regreso hacia los jardines centrales mientras los equipos de mantenimiento de la universidad comenzaban a llegar. A lo lejos, pudieron ver la figura imponente de su padre, el General Ye, hablando con el rector. Su presencia siempre era como una tormenta en el horizonte.
—Va a estar furioso por el desorden —comentó Wuyang, sintiendo de nuevo esa punzada de ansiedad en el estómago.
Anran se detuvo y puso una mano sobre el hombro de su hermano.
—Que esté furioso. Hoy no se ha perdido ni una sola vida, y el campus sigue en pie. Y si intenta decir que el Colegio de Agua no es digno de este apellido, tendrá que decírmelo a mí primero.
Wuyang la miró, dándose cuenta de que, aunque el mundo los viera como el fuego y el agua, como el éxito y el intento, para Anran ellos eran simplemente dos partes de un todo necesario.
—Anran... —comenzó a decir él, buscando las palabras adecuadas—. ¿Crees que algún día dejen de compararnos?
—Probablemente no —admitió ella, volviendo a caminar hacia la figura de su padre con la cabeza en alto—. Pero mientras estemos juntos, no importa lo que digan. Tú eres el que me mantiene a salvo, Wuyang. Y yo soy la que se asegura de que nadie te apague.
Wuyang sonrió, ajustándose sus guantes azules. El camino por delante en Overwatch sería peligroso, lleno de misiones que pondrían a prueba su vínculo y su valor. Pero mientras caminaba a la sombra de su hermana, se dio cuenta de que no estaba allí para esconderse, sino para ser el reflejo que le daba claridad a su fuego.
—Anrán Wúyàng —susurró para sí mismo.
—¿Dijiste algo? —preguntó ella sin detenerse.
—Dije que te apures, hermana mayor —exclamó él, adelantándose con un salto ágil—. ¡O papá llegará a la cafetería antes que nosotros y nos obligará a escuchar sus historias de guerra otra vez!
Anran soltó una carcajada corta, un sonido raro y precioso, y corrió tras él. En los jardines de la Universidad Wuxing, entre el fuego del sol poniente y el agua de los estanques, los hermanos Ye demostraron que, a veces, la mayor fuerza no es la que destruye, sino la que sobrevive y protege.
