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LA FELICIDAD
Fandom: SONADOW (SONIC THE HEDGEHOG X SHADOW THE HEDGEHOG)LANSONIC (LANCELOT X ARTURO (SHADOW EN THE BLACK KNIGHT Y SONIC THE BLACK KNIGHT)
Creado: 11/5/2026
Etiquetas
RomanceFantasíaIsekai / Fantasía PortalCrossoverDolor/ConsueloAventuraDramaAngustiaMpreg
Dos Mundos, un Solo Corazón: El Retorno del Caballero
En el reino de Camelot, el silencio era una losa pesada que aplastaba el pecho del Rey Arturo. Sentado frente a la Mesa Redonda, el monarca no veía los mapas ni los informes de sus caballeros; solo veía el vacío que Lancelot había dejado tras aquel fatídico accidente mágico. Un choque de hechizos entre Nimue y Merlina había abierto una grieta en la realidad, tragándose a su caballero más fiel, a su mano derecha... a su amor.
—No pudo simplemente haber desaparecido —susurró Arturo, golpeando la madera con un puño tembloroso—. Él debe estar por ahí. Seguramente ustedes no buscaron bien.
Gawain, el robusto caballero de fuerza bruta, bajó la mirada con una mezcla de respeto y lástima.
—Revisamos hasta el último campo del reino, mi señor. No hay nada.
—¡No es suficiente! —gritó Arturo. Las lágrimas, pesadas y calientes, comenzaron a rodar por sus mejillas, perdiéndose en el pelaje azul de su rostro—. ¡Búsquenlo de nuevo! ¡Vayan a las tierras fronterizas, a los bosques prohibidos! ¡No vuelvan sin él!
Percival, siempre disciplinada y serena, bajó sus orejas de gata, sintiendo el dolor del rey como si fuera propio. Ella sabía lo que había entre ellos; todos en la corte lo sospechaban, pero ver al soberano tan roto era insoportable.
—Retírense —ordenó Arturo con la voz quebrada—. Por favor.
Cuando la puerta se cerró, Arturo se desplomó sobre la mesa. Fue entonces cuando Nimue, la Dama del Lago, emergió de las sombras con una mirada cargada de una dulzura maternal que apenas ocultaba su propia angustia.
—¿Crees que él esté bien? —preguntó Arturo, mirándola con los ojos cristalinos.
—Es mi hijo, Arturo —respondió Nimue, acercándose para poner una mano sobre su hombro—. Es tu mano derecha y el mejor caballero de este reino. Pero, sobre todo, es Lancelot. Él hará hasta lo imposible por regresar a tu lado.
—Tengo miedo de perderlo para siempre, Nimue. Siento que una parte de mi alma se fue con él.
Nimue suspiró, tomando una decisión que desafiaba las leyes de la naturaleza.
—Hay una forma. Un portal. Puedo rastrear su rastro de energía, pero es peligroso. Podrías terminar en un lugar del que no haya retorno.
Los ojos de Arturo se iluminaron con una determinación feroz.
—No me importa el peligro. Llévame con él.
Mientras tanto, en Seaside Island, la vida seguía un ritmo muy diferente. Sonic Boom, con sus vendas deportivas y su actitud cínica, acababa de terminar una pelea rutinaria con Eggman. Tras una parada rápida en Meh Burger, se internó en el bosque, sabiendo que alguien lo esperaba.
—Vaya, vaya, pero si es la "forma de vida suprema" —se burló Sonic, viendo a Shadow apoyado contra un árbol con los brazos cruzados—. ¿Qué pasa, negrura? ¿Me extrañabas tanto que no podías esperar a que terminara mi chili dog?
—Cállate, erizo insignificante —gruñó Shadow, abriendo un ojo rojo lleno de irritación—. Tu sola voz me produce migraña.
—Oh, vamos, Shads. Sé que te encanta.
La competitividad habitual escaló rápido. De los insultos pasaron a los empujones, y de los empujones a una pelea de alta velocidad que terminó con ambos rodando por la hierba. Sin embargo, cuando Shadow inmovilizó a Sonic contra el suelo, la tensión cambió. La agresividad se transformó en algo más denso, más íntimo. Sonic soltó una risita burlona, pero sus ojos brillaban con desafío.
—¿Vas a golpearme o vas a besarme? —provocó Sonic, acortando la distancia.
Shadow no respondió con palabras. Se lanzó sobre los labios de Sonic con una ferocidad casi violenta, una posesión que el erizo azul devolvió con la misma intensidad.
A unos kilómetros de allí, Lancelot caminaba desorientado. Había aparecido en este mundo extraño hace semanas, y aunque el equipo de Sonic lo había acogido, él se sentía como un fantasma. Había seguido una estela azul, creyendo ver a su rey, pero solo encontró a Shadow. La primera vez que se vieron, la confusión terminó en sangre: Shadow atacó sin control y Lancelot, con su técnica impecable, logró cortarle el brazo antes de que Sonic interviniera.
Desde entonces, Lancelot evitaba a Shadow y trataba de procesar el comportamiento de Sonic. El erizo azul de este mundo no era un rey; era un bromista descarado que no dejaba de coquetearle solo para ver cómo se ponía nervioso.
—Señor Lancelot, ¿otra vez pensando en las musarañas? —Sonic apareció de la nada, recargándose en el hombro del caballero—. Deberías relajarte. Shads está de un humor de perros porque dice que te pareces demasiado a él.
Lancelot se puso rígido, bajando la visera de su casco para ocultar el leve rubor en sus mejillas.
—Usted no entiende, Caballero Sonic. Mi mente y mi corazón pertenecen a otro lugar. A mi rey.
—Sí, sí, el Rey Arturo —Sonic rodó los ojos con una sonrisa—. Debe ser un tipo muy serio si te tiene así de tieso.
De vuelta en Camelot, Arturo no perdió el tiempo. Antes de cruzar el portal que Nimue había abierto en el Lago Encantado, el rey corrió hacia los aposentos de su caballero. Allí, un pequeño erizo plateado dormía plácidamente.
—Oh, mi pequeño —susurró Arturo, acariciando las púas de Galahad—. Papi irá a traer a tu padre. Cuida de la abuelita, ¿sí?
Galahad abrió los ojos dorados, frotándoselos con sueño.
—Papi... ¿vas a regresar de verdad?
—Claro que sí, mi niño. Te lo prometo por mi corona.
Arturo depositó un beso en la frente del pequeño y, sin mirar atrás, corrió hacia el portal turquesa. Al cruzarlo, el calor sofocante de Seaside Island lo golpeó como un mazo.
—¡Por las barbas de Merlín, qué calor! —se quejó Excalibur desde su mano—. Si sigo aquí, voy a terminar fundida.
—Cállate, Excalibur —dijo Arturo, escaneando el entorno—. He venido por una razón.
A lo lejos, divisó una silueta familiar. Su corazón dio un vuelco.
—¿Lancelot? —Arturo corrió a toda velocidad, pero lo que vio al acercarse lo dejó petrificado.
Vio a un erizo negro, idéntico a su caballero, pero sin armadura, siendo besado por un erizo azul que tenía el rostro de su propio reflejo. Arturo retrocedió, pisando una rama. El "crac" resonó en el silencio del bosque.
—¿Qué demonios crees que haces, idiota? —gritó Shadow, separándose de Sonic con el rostro rojo de furia.
—Pero se nota que te gustó —respondió Sonic con su típica arrogancia.
Shadow se giró hacia donde estaba Arturo, pero el rey ya había empezado a correr, dejando caer su capa roja en la huida.
—¡Sal de ahí, maldito espía! —rugió Shadow, lanzándose en su persecución.
Arturo se refugió en una cueva, la misma que Shadow usaba como hogar. No pasó mucho tiempo antes de que el erizo negro entrara, envuelto en una energía roja que Arturo no reconocía.
—¡Pelea, maldita sea! —Shadow se teletransportó y pateó a Arturo contra la pared.
Excalibur salió volando de la mano del rey. Arturo escupió sangre, tratando de levantarse.
—No puedo... —susurró Arturo, mirando a Shadow—. No puedo atacarlo cuando tiene su rostro.
—¡Tu maldita alimaña! —Shadow comenzó a cargar una flecha de energía—. ¡Verás lo que ocurre cuando te metes con la forma de vida suprema! ¡Chaos Spear!
—¡Shadow, espera! —gritó Sonic, entrando en la cueva a toda velocidad.
Pero el ataque no llegó a Arturo. Un choque de metal resonó en la cueva. Lancelot estaba allí, con Arondight bloqueando el ataque de Shadow.
—No tocarás a mi señor —sentenció Lancelot con una voz gélida.
Lancelot pateó a Shadow, alejándolo, mientras Sonic se interponía entre ambos para evitar una masacre.
—¡Jódete, erizo! —gruñó Shadow hacia Sonic—. ¡Los voy a matar a los dos!
—Shadow, cálmate —dijo Sonic con seriedad—. Fue una equivocación.
Lancelot no esperó a que terminaran. Se giró hacia Arturo, quien estaba apoyado contra las rocas, herido y aturdido.
—¿Estás bien, Artu...?
No pudo terminar. Arturo estiró la mano, levantó la visera del casco de Lancelot y lo besó con una urgencia desesperada. Fue un beso que sabía a reencuentro, a lágrimas y a alivio.
—Lancelot... ¿realmente eres tú? —preguntó Arturo, acariciando el rostro del caballero—. ¿O es otra alucinación de mi cabeza?
—Soy real, mi señor. Estoy aquí.
—¡Qué asco! —interrumpió Shadow desde el fondo de la cueva—. ¡Llévense a su bastardo de aquí antes de que pierda la paciencia!
—Tócale una sola púa a mi rey y te cortaré el cuello —respondió Lancelot, sin soltar a Arturo.
Sonic soltó una carcajada, tratando de aliviar la tensión.
—Vaya, esto sí que es intenso. Soy Sonic, por cierto. Y el gruñón es Shadow, mi novio.
Arturo se levantó, limpiándose la sangre de la comisura de los labios.
—Soy Arturo, Caballero del Viento y Rey de Camelot. Y creo que ya conocen a mi más confiable caballero.
Lancelot bajó la visera de nuevo, avergonzado por la exhibición de afecto frente a extraños.
—Bien, "Su Majestad" —dijo Sonic con un guiño—. Vamos con Tails. Si queremos que regresen a su época de castillos y espadas parlantes, necesitamos movernos.
En el taller de Tails, el joven zorro explicó que el portal estaba casi listo, pero necesitaba un núcleo de energía masivo. La solución fue simple pero peligrosa: asaltar una de las bases de Eggman.
La batalla fue rápida. Arturo y Lancelot lucharon codo con codo, mostrando una sincronización que dejó a Sonic y Shadow impresionados. Arturo usaba el viento para impulsar las estocadas de Lancelot, mientras Excalibur no dejaba de gritar consejos tácticos que nadie había pedido.
Tras recuperar la batería de energía, regresaron a la playa. Mientras Tails terminaba los ajustes finales, Arturo y Lancelot se alejaron hacia la orilla del mar. El sol se estaba poniendo, tiñendo el agua de un naranja fuego.
—Es un mundo extraño —dijo Arturo, dejando que el agua mojara sus botas—. Pero tiene su belleza.
—Cualquier mundo es bello si usted está en él, Arturo —respondió Lancelot, quitándose el guantelete para tomar la mano de su rey.
—Lancelot... cuando regresemos, las cosas van a cambiar. No quiero más secretos. Galahad merece saber quiénes somos realmente.
Lancelot asintió, apretando su mano.
—A su lado, siempre.
—¡Chicos, está listo! —gritó Amy desde la distancia, agitando los brazos.
Las despedidas fueron variadas. Amy lloraba un poco, conmovida por el romance caballeresco. Sticks les advirtió que no se dejaran engañar por los espejismos del gobierno medieval. Knuckles les dio un apretón de manos firme, reconociendo en ellos a guerreros de honor. Tails les deseó suerte con una sonrisa brillante.
Shadow se mantuvo alejado, con un simple gruñido de despedida, mientras Sonic les daba la mano a ambos.
—Un placer, Su Alteza. Intenta no ser tan estirado la próxima vez —bromeó Sonic.
—Y tú intenta no volver loco a tu caballero —respondió Arturo con una sonrisa cómplice.
Arturo y Lancelot se tomaron de la mano frente al portal.
—¿Listo? —preguntó el rey.
—Siempre —respondió el caballero.
Cruzaron el umbral y, en un parpadeo, el aire salado fue reemplazado por el aroma a bosque y piedra antigua de Camelot. Aparecieron en el claro del Lago Encantado, donde Nimue los esperaba con lágrimas en los ojos.
No se detuvieron a dar explicaciones. Corrieron a través del bosque, pasaron por delante de unos estupefactos Percival y Gawain que montaban guardia en las puertas del castillo, y subieron las escaleras hacia los aposentos reales.
Entraron de golpe. El pequeño Galahad estaba sentado en su cama, jugando con una pequeña espada de madera. Al verlos, sus ojos dorados se abrieron de par en par.
—¡Papá! ¡Papi! —gritó el niño, saltando de la cama.
Arturo y Lancelot se arrodillaron al unísono, envolviendo al pequeño en un abrazo que sellaba todas las heridas de las últimas semanas.
—Te dije que lo traería de vuelta, pequeño —susurró Arturo, besando la cabeza de su hijo.
Lancelot miró a Arturo por encima del hombro de Galahad. El caos de otros mundos había quedado atrás. Ahora, en la paz de su hogar, el rey y su caballero sabían que, sin importar las dimensiones o el tiempo, su destino siempre sería el mismo: estar juntos.
—No pudo simplemente haber desaparecido —susurró Arturo, golpeando la madera con un puño tembloroso—. Él debe estar por ahí. Seguramente ustedes no buscaron bien.
Gawain, el robusto caballero de fuerza bruta, bajó la mirada con una mezcla de respeto y lástima.
—Revisamos hasta el último campo del reino, mi señor. No hay nada.
—¡No es suficiente! —gritó Arturo. Las lágrimas, pesadas y calientes, comenzaron a rodar por sus mejillas, perdiéndose en el pelaje azul de su rostro—. ¡Búsquenlo de nuevo! ¡Vayan a las tierras fronterizas, a los bosques prohibidos! ¡No vuelvan sin él!
Percival, siempre disciplinada y serena, bajó sus orejas de gata, sintiendo el dolor del rey como si fuera propio. Ella sabía lo que había entre ellos; todos en la corte lo sospechaban, pero ver al soberano tan roto era insoportable.
—Retírense —ordenó Arturo con la voz quebrada—. Por favor.
Cuando la puerta se cerró, Arturo se desplomó sobre la mesa. Fue entonces cuando Nimue, la Dama del Lago, emergió de las sombras con una mirada cargada de una dulzura maternal que apenas ocultaba su propia angustia.
—¿Crees que él esté bien? —preguntó Arturo, mirándola con los ojos cristalinos.
—Es mi hijo, Arturo —respondió Nimue, acercándose para poner una mano sobre su hombro—. Es tu mano derecha y el mejor caballero de este reino. Pero, sobre todo, es Lancelot. Él hará hasta lo imposible por regresar a tu lado.
—Tengo miedo de perderlo para siempre, Nimue. Siento que una parte de mi alma se fue con él.
Nimue suspiró, tomando una decisión que desafiaba las leyes de la naturaleza.
—Hay una forma. Un portal. Puedo rastrear su rastro de energía, pero es peligroso. Podrías terminar en un lugar del que no haya retorno.
Los ojos de Arturo se iluminaron con una determinación feroz.
—No me importa el peligro. Llévame con él.
Mientras tanto, en Seaside Island, la vida seguía un ritmo muy diferente. Sonic Boom, con sus vendas deportivas y su actitud cínica, acababa de terminar una pelea rutinaria con Eggman. Tras una parada rápida en Meh Burger, se internó en el bosque, sabiendo que alguien lo esperaba.
—Vaya, vaya, pero si es la "forma de vida suprema" —se burló Sonic, viendo a Shadow apoyado contra un árbol con los brazos cruzados—. ¿Qué pasa, negrura? ¿Me extrañabas tanto que no podías esperar a que terminara mi chili dog?
—Cállate, erizo insignificante —gruñó Shadow, abriendo un ojo rojo lleno de irritación—. Tu sola voz me produce migraña.
—Oh, vamos, Shads. Sé que te encanta.
La competitividad habitual escaló rápido. De los insultos pasaron a los empujones, y de los empujones a una pelea de alta velocidad que terminó con ambos rodando por la hierba. Sin embargo, cuando Shadow inmovilizó a Sonic contra el suelo, la tensión cambió. La agresividad se transformó en algo más denso, más íntimo. Sonic soltó una risita burlona, pero sus ojos brillaban con desafío.
—¿Vas a golpearme o vas a besarme? —provocó Sonic, acortando la distancia.
Shadow no respondió con palabras. Se lanzó sobre los labios de Sonic con una ferocidad casi violenta, una posesión que el erizo azul devolvió con la misma intensidad.
A unos kilómetros de allí, Lancelot caminaba desorientado. Había aparecido en este mundo extraño hace semanas, y aunque el equipo de Sonic lo había acogido, él se sentía como un fantasma. Había seguido una estela azul, creyendo ver a su rey, pero solo encontró a Shadow. La primera vez que se vieron, la confusión terminó en sangre: Shadow atacó sin control y Lancelot, con su técnica impecable, logró cortarle el brazo antes de que Sonic interviniera.
Desde entonces, Lancelot evitaba a Shadow y trataba de procesar el comportamiento de Sonic. El erizo azul de este mundo no era un rey; era un bromista descarado que no dejaba de coquetearle solo para ver cómo se ponía nervioso.
—Señor Lancelot, ¿otra vez pensando en las musarañas? —Sonic apareció de la nada, recargándose en el hombro del caballero—. Deberías relajarte. Shads está de un humor de perros porque dice que te pareces demasiado a él.
Lancelot se puso rígido, bajando la visera de su casco para ocultar el leve rubor en sus mejillas.
—Usted no entiende, Caballero Sonic. Mi mente y mi corazón pertenecen a otro lugar. A mi rey.
—Sí, sí, el Rey Arturo —Sonic rodó los ojos con una sonrisa—. Debe ser un tipo muy serio si te tiene así de tieso.
De vuelta en Camelot, Arturo no perdió el tiempo. Antes de cruzar el portal que Nimue había abierto en el Lago Encantado, el rey corrió hacia los aposentos de su caballero. Allí, un pequeño erizo plateado dormía plácidamente.
—Oh, mi pequeño —susurró Arturo, acariciando las púas de Galahad—. Papi irá a traer a tu padre. Cuida de la abuelita, ¿sí?
Galahad abrió los ojos dorados, frotándoselos con sueño.
—Papi... ¿vas a regresar de verdad?
—Claro que sí, mi niño. Te lo prometo por mi corona.
Arturo depositó un beso en la frente del pequeño y, sin mirar atrás, corrió hacia el portal turquesa. Al cruzarlo, el calor sofocante de Seaside Island lo golpeó como un mazo.
—¡Por las barbas de Merlín, qué calor! —se quejó Excalibur desde su mano—. Si sigo aquí, voy a terminar fundida.
—Cállate, Excalibur —dijo Arturo, escaneando el entorno—. He venido por una razón.
A lo lejos, divisó una silueta familiar. Su corazón dio un vuelco.
—¿Lancelot? —Arturo corrió a toda velocidad, pero lo que vio al acercarse lo dejó petrificado.
Vio a un erizo negro, idéntico a su caballero, pero sin armadura, siendo besado por un erizo azul que tenía el rostro de su propio reflejo. Arturo retrocedió, pisando una rama. El "crac" resonó en el silencio del bosque.
—¿Qué demonios crees que haces, idiota? —gritó Shadow, separándose de Sonic con el rostro rojo de furia.
—Pero se nota que te gustó —respondió Sonic con su típica arrogancia.
Shadow se giró hacia donde estaba Arturo, pero el rey ya había empezado a correr, dejando caer su capa roja en la huida.
—¡Sal de ahí, maldito espía! —rugió Shadow, lanzándose en su persecución.
Arturo se refugió en una cueva, la misma que Shadow usaba como hogar. No pasó mucho tiempo antes de que el erizo negro entrara, envuelto en una energía roja que Arturo no reconocía.
—¡Pelea, maldita sea! —Shadow se teletransportó y pateó a Arturo contra la pared.
Excalibur salió volando de la mano del rey. Arturo escupió sangre, tratando de levantarse.
—No puedo... —susurró Arturo, mirando a Shadow—. No puedo atacarlo cuando tiene su rostro.
—¡Tu maldita alimaña! —Shadow comenzó a cargar una flecha de energía—. ¡Verás lo que ocurre cuando te metes con la forma de vida suprema! ¡Chaos Spear!
—¡Shadow, espera! —gritó Sonic, entrando en la cueva a toda velocidad.
Pero el ataque no llegó a Arturo. Un choque de metal resonó en la cueva. Lancelot estaba allí, con Arondight bloqueando el ataque de Shadow.
—No tocarás a mi señor —sentenció Lancelot con una voz gélida.
Lancelot pateó a Shadow, alejándolo, mientras Sonic se interponía entre ambos para evitar una masacre.
—¡Jódete, erizo! —gruñó Shadow hacia Sonic—. ¡Los voy a matar a los dos!
—Shadow, cálmate —dijo Sonic con seriedad—. Fue una equivocación.
Lancelot no esperó a que terminaran. Se giró hacia Arturo, quien estaba apoyado contra las rocas, herido y aturdido.
—¿Estás bien, Artu...?
No pudo terminar. Arturo estiró la mano, levantó la visera del casco de Lancelot y lo besó con una urgencia desesperada. Fue un beso que sabía a reencuentro, a lágrimas y a alivio.
—Lancelot... ¿realmente eres tú? —preguntó Arturo, acariciando el rostro del caballero—. ¿O es otra alucinación de mi cabeza?
—Soy real, mi señor. Estoy aquí.
—¡Qué asco! —interrumpió Shadow desde el fondo de la cueva—. ¡Llévense a su bastardo de aquí antes de que pierda la paciencia!
—Tócale una sola púa a mi rey y te cortaré el cuello —respondió Lancelot, sin soltar a Arturo.
Sonic soltó una carcajada, tratando de aliviar la tensión.
—Vaya, esto sí que es intenso. Soy Sonic, por cierto. Y el gruñón es Shadow, mi novio.
Arturo se levantó, limpiándose la sangre de la comisura de los labios.
—Soy Arturo, Caballero del Viento y Rey de Camelot. Y creo que ya conocen a mi más confiable caballero.
Lancelot bajó la visera de nuevo, avergonzado por la exhibición de afecto frente a extraños.
—Bien, "Su Majestad" —dijo Sonic con un guiño—. Vamos con Tails. Si queremos que regresen a su época de castillos y espadas parlantes, necesitamos movernos.
En el taller de Tails, el joven zorro explicó que el portal estaba casi listo, pero necesitaba un núcleo de energía masivo. La solución fue simple pero peligrosa: asaltar una de las bases de Eggman.
La batalla fue rápida. Arturo y Lancelot lucharon codo con codo, mostrando una sincronización que dejó a Sonic y Shadow impresionados. Arturo usaba el viento para impulsar las estocadas de Lancelot, mientras Excalibur no dejaba de gritar consejos tácticos que nadie había pedido.
Tras recuperar la batería de energía, regresaron a la playa. Mientras Tails terminaba los ajustes finales, Arturo y Lancelot se alejaron hacia la orilla del mar. El sol se estaba poniendo, tiñendo el agua de un naranja fuego.
—Es un mundo extraño —dijo Arturo, dejando que el agua mojara sus botas—. Pero tiene su belleza.
—Cualquier mundo es bello si usted está en él, Arturo —respondió Lancelot, quitándose el guantelete para tomar la mano de su rey.
—Lancelot... cuando regresemos, las cosas van a cambiar. No quiero más secretos. Galahad merece saber quiénes somos realmente.
Lancelot asintió, apretando su mano.
—A su lado, siempre.
—¡Chicos, está listo! —gritó Amy desde la distancia, agitando los brazos.
Las despedidas fueron variadas. Amy lloraba un poco, conmovida por el romance caballeresco. Sticks les advirtió que no se dejaran engañar por los espejismos del gobierno medieval. Knuckles les dio un apretón de manos firme, reconociendo en ellos a guerreros de honor. Tails les deseó suerte con una sonrisa brillante.
Shadow se mantuvo alejado, con un simple gruñido de despedida, mientras Sonic les daba la mano a ambos.
—Un placer, Su Alteza. Intenta no ser tan estirado la próxima vez —bromeó Sonic.
—Y tú intenta no volver loco a tu caballero —respondió Arturo con una sonrisa cómplice.
Arturo y Lancelot se tomaron de la mano frente al portal.
—¿Listo? —preguntó el rey.
—Siempre —respondió el caballero.
Cruzaron el umbral y, en un parpadeo, el aire salado fue reemplazado por el aroma a bosque y piedra antigua de Camelot. Aparecieron en el claro del Lago Encantado, donde Nimue los esperaba con lágrimas en los ojos.
No se detuvieron a dar explicaciones. Corrieron a través del bosque, pasaron por delante de unos estupefactos Percival y Gawain que montaban guardia en las puertas del castillo, y subieron las escaleras hacia los aposentos reales.
Entraron de golpe. El pequeño Galahad estaba sentado en su cama, jugando con una pequeña espada de madera. Al verlos, sus ojos dorados se abrieron de par en par.
—¡Papá! ¡Papi! —gritó el niño, saltando de la cama.
Arturo y Lancelot se arrodillaron al unísono, envolviendo al pequeño en un abrazo que sellaba todas las heridas de las últimas semanas.
—Te dije que lo traería de vuelta, pequeño —susurró Arturo, besando la cabeza de su hijo.
Lancelot miró a Arturo por encima del hombro de Galahad. El caos de otros mundos había quedado atrás. Ahora, en la paz de su hogar, el rey y su caballero sabían que, sin importar las dimensiones o el tiempo, su destino siempre sería el mismo: estar juntos.
