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Amor en la porno

Fandom: Kengan ashura

Creado: 14/5/2026

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Devoción en el Escenario de Pecado

El aire en el estudio estaba cargado de un magnetismo denso, una mezcla de sudor, perfume caro y la electricidad que siempre emanaba de Ohma Tokita. Las luces de neón púrpuras y carmesí bañaban el set, diseñado para parecer un club nocturno de la zona más peligrosa de la ciudad. Ohma, sentado en un sillón de cuero sintético, observaba con ojos felinos a la figura que se contoneaba en el centro del escenario.

Setsuna Kiryu no estaba simplemente actuando; estaba ofreciendo un sacrificio. Para Setsuna, cada película, cada escena de sexo, cada gemido grabado era un acto de adoración hacia su "Dios". Ohma lo sabía. Sabía que Setsuna lo amaba con una intensidad que rozaba la locura, y últimamente, ese fuego estaba empezando a quemar también dentro de él.

La música retumbaba. Setsuna, vestido como un stripper de lujo, comenzó su rutina alrededor del tubo de acero. Se movía con una gracia sobrenatural, su piel pálida brillando bajo las luces. Con un movimiento fluido y cargado de intención, se despojó de la camisa, revelando un torso esculpido que parecía de mármol. Sus ojos, fijos en Ohma, nunca perdieron el contacto visual.

—Míralo, Yamashita-san... esto va a ser oro puro —susurró Kaede Akiyama, ajustándose las gafas mientras observaba el monitor.

Kazuo Yamashita asintió nerviosamente, limpiándose el sudor de la frente con un pañuelo. Detrás de ellos, Shion Akiyama y Tomoko observaban con una fascinación que rayaba en lo obsesivo.

—La química entre ellos es aterradora —comentó Shion, cruzando las piernas—. Ohma parece querer devorarlo vivo.

En el set, Setsuna se deshizo de los pantalones. Quedó solo en una tanga diminuta que apenas cubría su virilidad. Comenzó a gatear por el escenario, una pantera sedienta de atención. Los extras, hombres corpulentos contratados para la escena, le introducían billetes en la prenda, pero Setsuna apenas los registraba. Su objetivo era el hombre sentado en las sombras.

Se detuvo frente a Ohma. El "Ashura" no se movió, pero su mandíbula se tensó. Setsuna se arqueó, ofreciéndole su espalda, su trasero, su devoción. Ohma extendió la mano con una lentitud tortuosa, deslizó un fajo de billetes en la tela elástica y, de repente, la ficción se rompió para dar paso a la posesividad bruta.

Ohma le agarró una nalga con una fuerza que dejó marcas rojas instantáneas y, de un tirón violento, arrancó la tanga, dejando a Setsuna completamente desnudo ante las cámaras y los presentes.

Setsuna dejó escapar un gemido de sorpresa que se transformó rápidamente en un jadeo de placer sumiso. Ohma no esperó a que el director gritara "corten". Se puso de pie, agarró a Setsuna por el brazo y lo arrastró fuera del escenario, ignorando las protestas del equipo técnico, hasta meterlo en el camerino más cercano.

El portazo resonó en todo el estudio.

—¡Ohma! —exclamó Setsuna mientras era arrojado al suelo alfombrado.

Ohma no dijo nada. Su mirada era oscura, cargada de una lujuria territorial que no admitía réplicas. Se desabrochó el pantalón con manos rápidas y expertas. Setsuna, entendiendo el lenguaje de su Dios, no perdió un segundo. Se arrastró sobre sus rodillas y envolvió el pene de Ohma con sus labios, metiéndolo profundamente en su garganta.

—Mmm... ah... —gemía Setsuna entre las arcadas, esforzándose por complacerlo.

Ohma le pellizcó los pezones con fuerza, casi con saña, mientras con la otra mano comenzaba a masturbarlo rítmicamente. Al mismo tiempo, deslizó dos dedos en el ano de Setsuna, que ya estaba lubricado por la excitación previa.

Lágrimas de puro éxtasis y dolor dulce brotaron de los ojos de Setsuna. El contraste entre la invasión en su boca y la dilatación en su retaguardia lo estaba volviendo loco. Ohma se movía con una urgencia violenta, sus dedos buscando el punto exacto dentro de él.

—Trágatelo todo, Setsuna —ordenó Ohma con voz ronca.

Un momento después, Ohma eyaculó con fuerza dentro de la boca de Setsuna. El volumen era tal que parte del líquido blanco escapó por la comisura de sus labios, deslizándose por su barbilla. Setsuna, con una devoción religiosa, se lo tragó todo, limpiándose la boca con el dorso de la mano mientras miraba a Ohma con ojos suplicantes.

—Por favor... Ohma... mételo... te lo ruego —suplicó Setsuna, su cuerpo temblando por la necesidad de ser llenado.

Ohma no lo hizo esperar más. Lo giró y, sin preámbulos, lo penetró de una sola estocada profunda. El grito de Setsuna fue una mezcla de agonía y triunfo. Ohma puso sus manos sobre los pectorales de Setsuna, apretando y pellizcando sus pezones mientras embestía con una cadencia salvaje.

—Eres mío, ¿lo entiendes? —gruñó Ohma al oído de Setsuna—. No importa cuántas cámaras miren. Eres mi propiedad.

—¡Sí! ¡Soy tuyo! ¡Hazme lo que quieras, mi Dios! —gritaba Setsuna, sus uñas enterrándose en la alfombra.

Cambiaron de posición varias veces, cada una más intensa que la anterior. Ohma parecía querer dejar su marca en cada centímetro de la piel de Setsuna. Finalmente, Ohma se sentó y obligó a Setsuna a montarlo.

—Muévete —ordenó—. Rápido.

Setsuna comenzó a saltar sobre él, su rostro contraído en una máscara de placer absoluto. Cada vez que bajaba, Ohma le propinaba una nalgada sonora y violenta que hacía que Setsuna chillara y se estremeciera, apretando sus músculos internos alrededor del miembro de Ohma. El sonido de la carne chocando contra la carne llenaba el pequeño camerino.

—¡Ohma! ¡Voy a...! —Setsuna no pudo terminar la frase.

Ohma lo agarró por la cintura y lo hundió una última vez mientras ambos llegaban al clímax. Ohma eyaculó profundamente dentro de él, sintiendo el calor inundar el interior de Setsuna, mientras que este último cubría su propio abdomen con su simiente, colapsando sobre el pecho de Ohma, jadeando por aire.

Afuera, en el set, el silencio era sepulcral. Yamashita estaba rojo como un tomate, mientras que Kaede y Shion intercambiaban miradas de asombro.

—Creo que... —comenzó Tomoko, con la respiración agitada—... creo que esa ha sido la mejor toma de la historia del cine para adultos.

—Si sobreviven al camerino —añadió Shion con una sonrisa cínica—, tendremos un éxito de ventas.

Minutos después, Setsuna salió cojeando ligeramente, con una expresión de serenidad absoluta en el rostro, dirigiéndose a las duchas para limpiarse. Ohma esperó un momento, apoyado contra la pared del camerino, recuperando el aliento. Sus ojos seguían fijos en la dirección por la que se había ido Setsuna.

Había algo diferente hoy. No era solo sexo. Era una conexión que Ohma apenas estaba empezando a comprender, una posesividad que iba más allá del contrato de la productora.

Se enderezó, se ajustó la ropa y caminó hacia las duchas. Al entrar, vio a Setsuna bajo el agua, con los ojos cerrados. Ohma se acercó por detrás, rodeando su cintura con los brazos y pegando su pecho a la espalda mojada del otro hombre.

—¿Ohma? —Setsuna se giró, sorprendido pero encantado.

—No hemos terminado —dijo Ohma, su voz resonando en los azulejos húmedos.

—Pensé que ya habías tenido suficiente de mí por hoy —comentó Setsuna con una sonrisa provocadora, aunque sus manos temblaban de anticipación.

—Nunca es suficiente —respondió Ohma, besándolo con una ferocidad que prometía otra ronda de pasión violenta—. Eres el único que puede aguantar este ritmo, Setsuna. No dejes que nadie más te toque así.

Setsuna se derritió en sus brazos.

—Nadie más podría, mi Dios. Solo tú tienes el derecho de destruirme y volverme a armar.

Mientras el agua caía sobre ellos, el rodaje de la película quedó en el olvido. En ese espacio privado, lejos de los guiones y las luces de neón, Ohma y Setsuna continuaron su danza de dominio y sumisión, una que no necesitaba cámaras para ser real.

Yamashita entró al área de descanso, buscando a sus estrellas.

—¿Ohma? ¿Setsuna? El director dice que necesitamos una toma más de... —Se detuvo al escuchar los gemidos que venían de las duchas. Suspiró, resignado—. Kaede-san, mejor diles que se tomen el resto del día libre. No creo que salgan de ahí en unas cuantas horas.

Kaede apareció a su lado, cruzando los brazos.

—Es lo mejor. Shion ya está redactando los contratos de exclusividad. Después de lo que pasó hoy, no podemos permitir que Ohma trabaje con nadie más que no sea Setsuna. Se matarían entre ellos o matarían a cualquier otro compañero de escena.

—Es amor, a su manera retorcida —murmuró Tomoko, apareciendo de la nada con una cámara fotográfica en la mano y una chispa de locura en los ojos—. Un amor que quema.

En el interior de las duchas, ajenos a las conversaciones de negocios, Ohma volvió a reclamar a Setsuna contra la pared fría, demostrando que, en el mundo del Kengan y en el del deseo, él era el rey absoluto, y Setsuna era su súbdito más devoto y ardiente. La violencia de su acto era solo el lenguaje que ambos conocían para expresar algo que ninguno de los dos se atrevía a llamar amor, pero que se sentía exactamente como tal.

—Dilo —exigió Ohma, mientras sus dedos se enterraban en la cadera de Setsuna.

—Soy tuyo... —jadeó Setsuna, entregándose por completo—. Siempre tuyo, Ohma Tokita.

El sonido del agua golpeando el suelo se mezcló con el eco de su pasión, sellando un pacto que iba mucho más allá de lo que cualquier película pornográfica podría capturar jamás. Era una devoción escrita en sangre, sudor y deseo incontrolable.
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